Capítulo 8

TEMARI

Diez minutos más tarde, me ducho y me visto. Sabiendo que todo estaba libre y todos; entrenadores y jugadores se han ido por la noche, salgo de los vestuarios.

Apretujando mi bolso contra mi pecho, todavía sintiéndome vulnerable y expuesta, camino lentamente por el pasillo, arrastrando los pies. Cuando estoy a mitad de camino, un enorme estruendo me hace casi tropezar por el susto. Mi cabeza se gira en dirección al ruido, hacia los vestidores de los jugadores.

Mi corazón late con fuerza en mi pecho por el miedo, y estoy girándome para irme, cuando un profundo sonido, un rugido de agonía resuena por el pasillo y capta mi atención. Quienquiera que gritaba, estaba herido. Atormentado. Como si estuvieran arrancando su alma.

Al instante me siento atraída por el sonido. Después de todo, el dolor atrae al dolor.

Antes incluso de tener la oportunidad de darme cuenta, mis pies están llevándome hacia el vestuario de los jugadores de los Tide... hacia la persona que parece más rota que yo. Hacia alguien a quien podría entender.

Cuanto más me acerco a la puerta, más estruendos incrementan, hasta que sobreviene el silencio y un grito de dolor rasga la garganta de alguien, rebotando en el metal de las taquillas. Cuando llego a la puerta, me pregunto si debería tomar más medidas. Esa persona podría querer estar sola. Probablemente yo la estaba molestando. Pero no era capaz de darle la espalda.

Me quedo mirando la puerta del vestuario cerrada.

Estoy a tres pasos más.

Tres pasos más para girar el manija y cruzar la puerta para ver quién está herido.

Tres pasos más para tal vez, tal vez, pueda de ayuda.

Acercándome más la bolsa de gimnasio hacia mi pecho, como un escudo, doy el último paso y entro por la puerta e inmediatamente me paralizo ante quien está delante de mí.

Ōtsutsuki.

Shisui Ōtsutsuki en el suelo, su marcado y musculoso torso sin camisa, mostrando un intricado collage dos oscuros y coloridos tatuajes. Está apoyado de espaldas contra la puerta de un armario frío, con su cabeza entre las manos, respirando con dificultad.

Observo en silencio mientras lucho con lo que debo hacer. Ōtsutsuki está claramente sufriendo, pero soy yo. Él me odia, me ha amenazado. Probablemente soy la última persona a la que querría ver.

Resuelta a dejarlo silenciosamente sólo con su dolor, levanto mi pie para girar cuando la cabeza de Ōtsutsuki se alza y me encuentro congelada en estado de shock.

Los ojos ébano de Shisui están inyectados en sangre del estrés, sus oscuras mejillas sin afeitar rojas de donde, obviamente, se ha frotado repetitivamente la piel. Pero su tristeza mengua cuando me ve, y su mandíbula se aprietan con molestia.

Oh, mierda. He cometido un error.

Un error muy grande.

Las manos de Shisui golpean el suelo de baldosas y bruscamente se impulsa para levantarse. Su metro noventa de altura parece cernirse sobre mí, incluso desde su lugar al otro lado de la habitación. Nuestras miradas estaban fijas, y mis manos y piernas empiezan a temblar.

Él está enojado...

Y yo asustada.

Era un pandillero, un Heighter. Había sido arrestado varias veces. Su hermano había estado en el correccional. Y ahora estaba a solas con él. A solas con él y estaba echando humo. Su ira parece dirigida hacia mí. No hay nadie más allí para ayudarme.

Ōtsutsuki comienza a moverse hacia adelante, pero se detiene a unos pasos de distancia. Irradiaba peligro y oscuridad de la misma forma que el sol irradia calor. Es como un campo de fuerza a su alrededor, un aura, y eso solo sirve para asustarme aún más.

Sus ojos negros, se entrecierran mientras Shisui estudia mi rostro, aprieto mi bolsa de deporte con más fuerza. Pero algo en su expresión cambia cuando sus cejas se levantan, y frunce el ceño.

¿Qué está viendo que es tan impactante?

Y luego lo recuerdo. No me he vuelto a maquillar. He estado tan conmocionada por la facilidad con que la voz había llegado hasta mí que sólo había querido salir huyendo.

Siento vergüenza, una vergüenza intensa porque me estuviera viendo tan vulnerable e imperfecta. No podía entender por qué me molestaba tanto. Él me odia, y yo le temo. Pero me importaba. Me importaba muy profundamente que hubiera visto mi verdadero yo.

La chica que no está a la altura.

La chica con demasiados defectos.

—¿Qué demonios estás haciendo aquí? —dice Ōtsutsuki fríamente, rompiendo mis pensamientos, con su expresión impasible de nuevo firmemente en su rostro.

—Yo... y... yo

Shisui da un paso más hacia adelante. Desde su cercanía, puedo oler su aroma, un profundo almizcle amaderado, el olor de un partido muy jugado. Solo sumado a su oscuridad.

—¿Yo... y...yo qué? —Se echa a reír, sin sentimientos—. ¿Por qué siempre apareces en donde no te quieren? ¿Cuándo no te quieren? ¿En lugares en los que se supone que no deberías estar?

Me trago nervios y trato de retroceder, pero él extiende su mano, agarra mi brazo y tira de mí hacia adelante.

Dejo escapar un pequeño grito. Su toque no fue doloroso. De hecho, apenas me está tocando, pero me ha sorprendido, y renuentemente lo miro fijamente.

—¿Le dijiste algo al animador hoy? —susurra en voz baja.

Incapaz de encontrar mi voz, simplemente sacudo la cabeza frenéticamente "no".

Los dedos de Shisui se aprietan en mi brazo. Instintivamente trato de apartarme.

—¡Respóndeme! ¡Me ha estado mirando con miedo todo el maldito partido!

Inhalando profundamente, me las arreglo para chillar.

—No le dije nada.

Los ojos entornados de Shisui me dicen que no me cree.

—Te lo prometo, no lo hice. Lo juro. No le dije al decano nada cuando me llamó. Y Lyle... Lyle se dio cuenta que me mirabas un par de veces y me advirtió sobre ti. Eso es todo. —Arrancando de nuevo mi brazo, me froto la piel sensible.

Shisui pasa las manos por su cabello oscuro y exhala un suspiro de alivio. Pero sus ojos no se apartan de mí ni por un segundo.

Mientras lo miro, parece que está luchando contra algo en su interior. Pero luego su rostro helado aparece. Su intimidante máscara Heighter está de vuelta en su lugar.

—Será mejor que no cuentes lo que viste —me advierte fríamente—. Te estoy vigilando.

Encontrando la fuerza de algún lugar desconocido, me muevo directamente delante de él, y esta vez, se queda quieto.

—Te dije que no iba a decir nada, y no lo haré. Sé lo que es tener un secreto, que alguien revele algo que deseas mantener bien escondido. Créeme, lo sé. Así que no voy a decirle nada a nadie, pero tú estás haciendo que la gente hable. Tú lo estas estropeando todo, al mirarme como si me quisieras matar, obteniendo la atención de la gente cuando el decano ya sospecha que he visto algo. No ocultas con éxito tus emociones.

No responde nada, y aparto mis ojos de su intensa mirada, sólo para encontrarme cara a cara con un enorme crucifijo tatuado en su pecho desnudo, una María llorando, La madre de Cristo en su base, y María mirando a Jesús agonizando, con el rostro destrozado por el dolor al ver a su hijo colgado en la cruz... muriendo.

Están en todas partes, los tatuajes religiosos, cubren casi cada centímetro de la parte superior de su cuerpo, y tiene los brazos llenos. La mayoría son religiosos, algunos en un idioma extranjero. Parece italiano.

Los enormes brazos de Shisui de repente se cruzan sobre su pecho y su nariz se dilata por la ira.

—Sólo vete malditamente de aquí —ordena con frialdad.

Sin dudarlo, me doy la vuelta para irme, girándome solo para decirle con valentía:

—Me aterras, Ōtsutsuki. Tengo miedo de ti. ¿Estás contento con eso? Sé quién eres, de que familia vienes, de dónde vienes. He sido informada de forma fiable. Así que puedes parar con las amenazas, las miradas asesinas. Entendí que eres malas persona. Lo entiendo. Soy incapaz de dormir por la noche con el miedo. Sé que eres peligroso y que probablemente no tendrías ningún remordimiento por hacerme daño, si hablo. No soy tonta. Así que te ruego, por favor, simplemente déjame en paz. Nunca voy a hablar de lo que vi. Pero necesito que me dejes en paz.

No me quedo para ver su reacción. Sólo echo a correr todo el camino de regreso a la casa de la hermandad de chicas, hasta mi habitación en el cuarto piso.

Justo al pasar por la puerta abierta de Karin, la voz de Konan grita:

—¡Tema! ¡Ven aquí, cariño!

Frenándome en seco, se me cae la bolsa y me dirijo a la habitación, enfundándome mi habitual sonrisa falsa. Karin y Konan estaban sentadas en su cama.

—¡Hola, chicas! —canté, luciendo como la chica más feliz del mundo.

—Aghh —Konan chilla y salta para abrazarme—. ¡Estuviste increíble hoy, cielo! ¡Estoy muy orgullosa de ti! —Mientras Konan se retira, su boca se abre.

Inmediatamente soy consciente.

—¿Qué? —pregunto.

—Te ves hermosa, querida. Nunca te he visto sin todo tu maquillaje oscuro antes.

—Diablos que sí lo estás, chica. ¡Malditamente atractiva! —añade Karin desde su cama donde estaba bebiendo su jarra llena de licor casero. Ella es una pueblerina de cabo a rabo.

Jugueteando con mi cabello húmedo, murmuro aún renuente.

—Gracias.

Yo no soy hermosa. Están tratando de ser agradables. Además de ser muy hermosa, Konan sabe cómo ser agradable. Pero no podía soportar la idea de recibir comentarios desleales. No podría soportar que me mintieran.

—Entonces, ¿qué pasa? —pregunto, pasando a sentarme en el borde de la cama de Karin y apartando la conversación de mi apariencia. Agito mi mano negando la oferta de Karin de tomar un sorbo de alcohol ilegal.

—Sasuke dará una fiesta en su fraternidad, y vamos a ir —dice a Konan. Mi estómago se revuelve. Eso significa que Shisui estará allí. Vive en la misma casa de la fraternidad que Sasuke. Lo que significa que no sería bienvenida.

—Creo que voy a pasar, chicas. Estoy hecha polvo —trato de decir, pero Karin me interrumpe saltando de la cama, tropezando mientras sus pies tocan el suelo de madera.

Perfecto. Ella ya estaba a medio camino para derrumbarse, lo que significa una noche de cuidar de ella.

—¡Ni siquiera pienses en ello! ¡Vas a venir! Sakura ya se zafó, ha decidido quedarse aquí y estudiar. Nada de lo que Konan y yo digamos va a cambiar su obstinada mente inglesa. Así que no nos vas a dejar plantadas

Konan cruza los brazos sobre su pecho, sonriendo a Karin, quien extiende su mano hacia el escritorio para apoyarse.

Rodando mis ojos por su estado de embriaguez, le digo:

—Está bien. Tengo que prepárame. —Me levanto y me dirijo hacia la puerta.

—Así es, Sexy Tema, ¡ponte gótica de una puta vez! ¡Esta noche va a ser épica! —Karin grita a mi trasero en retirada.

Recojo mi bolsa del gimnasio, me dirijo hacía mi habitación para prepararme. Épico y una mierda, pienso. Más bien como un maldito desastre esperando a suceder.