Capítulo 9
SHISUI
«Me asustas, Ōtsutsuki. Te tengo miedo. ¿Estás feliz con eso?»
El comentario de esa chica ronda mi cabeza mientras estoy tirado en mi cama, y me hace sentir asqueado. Ella me temía y yo ni siquiera sabía su maldito nombre. Y lo odiaba, todo este desastre de mierda. Mi madre me enseñó a no hacer nunca las cosas mal con una mujer, y aquí estoy, haciéndolo todo al revés en la cara de esa animadora, acechando sus movimientos, y agarrando su brazo. ¡Y todo por el bien del equipo! Mi vida está muy jodida.
Mi madre ciertamente estaría avergonzada. Pero tengo que proteger a mi familia. La última cosa que mi madre necesitaba era que alguno de nosotros fuéramos arrestados. ¿Quién la cuidaría entonces?
Justo después del partido, recibí una llamada de Itachi. Mamá estaba mal. Muy mal. La llevó a la clínica pública, y le prescribieron más medicamentos. Está teniendo una de sus crisis y nosotros no teníamos el efectivo para cubrir los gastos de los medicamentos todavía, así que Itachi tuvo que llevársela de la clínica adolorida.
Estuve esperando hasta que todos los jugadores se fueran de los vestidores, y luego destrocé el lugar. Y entonces ella entró, la maldita animadora gótica. Excepto que no lo parecía en ese momento. Me gustaba el look gótico; era oscura como yo. Pero sin maquillaje, se veía muy diferente... Se veía bonita, y mi corazón casi explota en mi pecho.
Pero últimamente, estaba viendo mucho de mí y mi familia. Y tuve que espantarla. Era el precio de ser un Ōtsutsuki.
Un golpe suena en mi puerta y entra Sasuke. Me saluda con cautela y se sienta en mi sofá. Todos los estudiantes de primer año estaban en el piso de abajo en nuestra casa de la fraternidad, organizándose para la fiesta, así que nosotros como seniors podíamos relajarnos hasta que la gente empezara a llegar.
Sasuke toma el mando a distancia de mi TV y la enciende; decide dejarlo en Sports Center. Con desinterés, miro a los presentadores recapitulando los partidos de la NFL del domingo pasado.
—¿Vas a hablar sobre la llamada que recibiste después del partido? —dice Sasuke sin quitar los ojos de la pantalla.
Lanzo una mirada en su dirección. Viste su habitual camiseta sin mangas de los Tide y jeans mientras se inclina sobre su mano. Debe sentir mi mirada, porque mira en mi dirección.
—¿Entonces? —presiona, me siento en el borde de la cama con mis codos apoyados en mis rodillas y paso mis manos por mi cabeza con frustración.
No podía hablar de mi madre. Era malditamente doloroso.
—Ōtsutsuki. Vamos hombre, algo está pasando y te está consumiendo. ¿Es tu madre? —Suspirando, miro a mi mejor amigo y el ceño fruncido en su rostro.
—Sí, está empeorando.
El rostro de Sasuke se ensombrece. Él amaba a mi madre hasta la muerte. Ella había sido una madre para él cuando su propia madre no lo quería conocer. Cuidó de él, escuchó sus problemas, y miraba cualquier partido de futbol en los que ambos jugábamos.
—¿Qué se puede hacer? —pregunta directamente.
Me encojo de hombros.
—No lo sé, necesita una píldora milagrosa.
—Entonces consíguela. ¿Cuál es el problema? —dice claramente.
Mi estómago se retuerce y lo fulmino con la mirada.
Sasuke se inclina hacia adelante y dice:
—Shisui, si es cuestión de dinero, ya sabes que yo podría...
—No —espeté—. Ni se te ocurra terminar esa maldita frase. No voy a tomar nada de ti. Sé que tus intenciones son buenas y todo, pero eso no va a pasar.
Sasuke se levanta y empieza a caminar por la habitación.
—¡Mierda, Ōtsutsuki! ¡No seas tan malditamente terco! Sabes que tengo dinero para gastar. Mis abuelos me dejaron millones... millones, ¡Ochenta y tres! Mierda, después de todo lo que tu madre hizo por mí de pequeño, con mucho gusto se los daría. No tengo nada más en qué gastarlos. Si mi padre se sale con la suya, estaré dirigiendo Uchiha Oil en poco tiempo, ¡y me convertiré en un maldito billonario!
Camino hacia Sasuke, pongo mi mano en su hombro, y él se detiene. Cuando me mira pude ver la angustia por mi madre en su rostro. Por su padre presionándolo para rechazar el reclutamiento de la NFL y hacerse cargo del negocio familiar, mi mejor amigo estaba sufriendo también.
Los dos estábamos jodidos.
—Uno: Tú no vas a dirigir Uchiha Oil. Vas a ser reclutado y convertirte en profesional. Sabes que serás elegido en la primera ronda de reclutamiento. Quédate con ese plan. Y dos: Por mucho que aprecie lo que estas tratando de hacer por mí, por mamá, con tu dinero, no va a pasar. Itachi no lo aceptará. Él, Izuna y yo manejaremos esta mierda. Lo conseguiremos.
Sasuke se burla y sacude su cabeza.
—¿Y cómo vas a conseguirlo? ¿Los Heighters? ¿Esa es la respuesta a tus problemas de dinero? ¿Cocaína? ¿Es así como vas a conseguirlo?
El hielo recorre mis venas.
—No te concierne, Bala.
Sasuke planta su mano en mi hombro.
—Ahí es donde te equivocas. Es mi maldito problema. No quiero ver a mi mejor amigo, mi hermano, encerrado por traficar con cocaína. Tu vida se arruinará. Y te lo estoy diciendo ahora, Ōtsutsuki, si te metes en ese camino, no te apoyaré. No puedo ver cómo te arrastran de nuevo a esa vida. Ahora tienes a la NFL en la mira.
Apartando su mano, vuelvo a la cama y me dejo caer en ella.
—¿Ōtsutsuki? ¿Qué mierda? —dice Sasuke enojado.
—No voy a traficar con eso, así que cálmate de una puta vez.
—Pero Itachi lo está —dice a propósito.
Asiento hacia Sasuke y se sienta a mi lado, ambos miramos a lo lejos.
No decimos nada durante varios segundos.
—Y ahora Izuna —digo de mala gana.
Inmediatamente, Sasuke se congela.
—¿Izuna? ¿El jodido Izuna de catorce años? ¡Cristo, Shisui! ¡No! Tú dijiste que él solo estaba al margen de los Heighters. ¡No traficando para ellos! —grita, esta vez mucho más enojado. A Sasuke le gustaba mi hermano pequeño. Él quería más para él.
—Sí, hombre. Mi hermano pequeño. Izuna es lo suficientemente mayor ahora para ayudar. Itachi lo sacará cuando todo esto termine. Los Ōtsutsuki conseguimos esa mierda de la única manera que sabemos hacerlo.
—Ilegalmente —murmura Sasuke.
Le disparé una mirada de mierda.
—No importa cómo, Sasuke, siempre y cuando mamá se libere del dolor. Ambos sabemos que no será para siempre. Un par de miles de dólares ahora, y luego yo trabajaré para sacarnos a todos.
Sasuke se gira hacia mí.
—Shisui, te lo suplico. Déjame pagar por el tratamiento. Nada de préstamos o reembolso. Déjame solo regalártelo... por su bien.
Le palmeo la espalda, mi garganta estaba obstruida por la gratitud.
—No va a pasar, hombre. Pero nunca olvidaré lo qué me ofreciste. Es más de lo que cualquiera ha hecho alguna vez por mí.
Tal vez suene terco, pero no iba a tomar ningún dinero de mi mejor amigo. Ni un centavo. Mamá no lo querría. Ella es una mujer orgullosa... y yo soy igualmente de orgulloso.
Sasuke y yo nos sentamos en una silenciosa contemplación por un instante antes de que se levantara y caminara hacia la puerta, la atmósfera entre nosotros ahora estaba calmada.
—Te quiero abajo en diez minutos, tú y yo necesitamos un trago —dice Sasuke, y me relaja sabiendo que nuestras diferencias han pasado.
—Claro, hombre.
Sasuke abre la puerta. Justo cuando está a punto de salir, le pregunto:
—Esa chica inglesa con la que has estado pasando tiempo...
—¿Sakura? —Sasuke responde—. ¿Qué pasa con ella?
—Esa pequeña chica gótica con la que pasa el rato, la animadora...
Los ojos de Sasuke se estrecharon mientras trataba de crear una imagen de la chica a la que me estoy refiriendo, y un minuto después, una expresión de reconocimiento cruza por su rostro.
—¿Sí?
Miro hacia abajo, sin mirarlo a los ojos.
—¿Sabes su nombre?
Sasuke estuvo en silencio por un momento, y cuando miro hacia arriba, está pensando. Encogiéndose de hombros, responde:
—Tessa, Tezuna, Tere, algo así. ¿Tal vez Tema? Sí, creo que es Tema. —Su ceño se frunce—. ¿Vas a contarme por qué quieres saberlo?
Lo miro fijamente. Sasuke se ríe y golpea la puerta dos veces.
—Me lo imaginaba. Estoy fuera.
Una vez estoy solo en mi cuarto. La primera cosa en la que pienso fue en su rostro, Tessa, Tezuna, Tere, ¿Tal vez Tema? Lo que sea, e inmediatamente me siento como la mierda.
«Me asustas, Ōtsutsuki. Te tengo miedo...»
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Una hora después la casa de la fraternidad estaba llena de gente. Estoy de pie cuidando mi cerveza en la esquina de la sala con Sasuke. Sasuke es como un maldito drogadicto, crispado, balanceándose de un pie al otro mientras se apoya en la pared junto a mí observando la puerta. Ya ha rechazado a cada fan que ha ido por él. Sasuke era un jugador de principio a fin, y encuentro malditamente hilarante su repentino desinterés en el sexo opuesto.
Esa chica inglesa, Sakura, estaba realmente llegando al chico.
Sasuke está hablándome sobre temas sin importancia cuando de repente veo a Konan, la prima de Sasuke, entrando a la casa seguida de la chica de SH, Karin, quien parece completamente borracha.
No me doy cuenta al principio, pero detrás estaba ella. Tessa, Tezuna, Tere, tal vez Tema —como maldita sea se llame— vestida totalmente en negro: una camiseta de manga larga que mostraba su pequeña cintura, tan pequeña que probablemente podría caber en una mano alrededor de ella, una minifalda negra, medias negras, tacones altos, su cabello rizado de lado como Dita Von Teese, —a excepción del color de pelo—, con los ojos delineados de negro y lápiz labial rojo oscuro.
Dita Von Teese: es una modelo erótica, actriz y bailarina de neo-burlesque estadounidense.
Mierda. Para mi enojo, ella se veía bien.
Estaba sonriéndole a Karin moviendo su boca cuando, de repente, mira hacia arriba, sus ojos color verde azulado pálido miran en mi dirección. Nos miramos unos segundos antes de que recordara sus palabras de antes. Necesito que me dejes sola. Apretando mi cerveza, giro y me abro camino a través de la masa de jugadores de los Tide y fans borrachos hasta que salgo fuera hacia el aire húmedo de la noche.
—¡Shisui! —escucho mi nombre desde un lateral. Naruto estaba sentado en la fogata con el resto de los jugadores de primer año. Muevo mi barbilla y me dirijo hacia el mariscal de campo suplente de estilo surfero de cabello rubio y actitud relajada, tirando mi ahora vacía lata de Coronita en la basura.
Tan pronto como estoy delante a él, Naruto me entrega una nueva lata y el corredor de línea novato junto de él, Collins, se aparta para dejarme sentar.
—¿Todo bien, hombre? —Naruto pregunta sonriendo ampliamente. El chico está realmente bien. Yo simplemente no podía hablarle como podía hacerlo con Sasuke y SH. Se requería de personas realmente especiales para que las dejara entrar, para contarles sobre mi vida.
Palmeando su hombro, asiento, diciéndole que estaba bien. Naruto se gira para hablar con Raiga Korosuki, un joven receptor, sobre Tayuya, la vice-capitana de las animadoras que se pavoneaba al otro lado del césped. Los dejo, no quiero hablar sobre una pelirroja falsa cuyo único problema es qué debería usar para ir a clases el lunes.
Recostado contra el banco, miro hacia arriba, al cielo lleno de estrellas, e inhalo. ¿Por qué es que cuando te enfrentas a billones de pequeñas luces de la galaxia, sientes un reconfortante sentimiento de insignificancia, como si tus problemas no fueran nada? Que más hay en la vida, en el mundo, de lo que tú piensas, como que todos los humanos somos parte de un gran plan que Dios diseñó para que lo llevemos a cabo. Pero tan pronto como apartas la mirada de esa gran manta de diamantes, todos tus problemas golpean en casa una vez más, y toda la mierda que estás pasando te aplasta. Todos los problemas que tienes te apuñalan en el pecho, y todo se ilumina.
—¿A dónde va? —Escucho decir a Naruto mientras miro la lima que flotan en mi cerveza Mexicana. Un codo golpea mi costado. Levantando la mirada, veo a Naruto apuntando hacia Sasuke atravesando la calle en dirección a una casa de hermandad (femenina). Naruto todavía está mirándome esperando una respuesta, así que me encojo de hombros.
Echo un vistazo a través del patio veo a Konan, Karin y Suigetsu pasando el rato junto a la parrilla. Pero la animadora estaba fuera de la vista.
Cuando la conversación a mi alrededor cambia a los planes de fin de año, sé que es la hora de irme. No podía permanecer aquí, hablando de la mierda de la caravana pobre entre las rosas, mientras que los chicos hablan de sus casas lujosas y de sus vidas perfectas, compartiendo regalos y toda la jodida alegría de la navidad.
—Me voy —le digo a Naruto mientras me levanto y camino hacia el jardín de la casa de verano de la fraternidad. Sólo Sasuke y yo teníamos la llave de este lugar. Bastante jodido para nosotros, lo sé, pero hasta para el miembro de más alto rango de los Tide, como de la fraternidad, nuestra palabra era ley. Sasuke pocas veces venía por aquí, así que esto era en su mayoría mío. Cristo sabía que tenía que alejarme algunas veces.
Alcanzando las llaves en mi bolsillo, las saco y abro la puerta de madera, decido no encender las luces. Si lo hiciera, los estudiantes borrachos vendrán tratando de usarla para echar un polvo, no quiero lidiar con eso ésta noche.
La casa de verano era pequeña pero impresionante, con paredes y suelos de madera, gruesas cortinas rojas en las ventanas, dos sofás de cuero marrón, una chimenea, una pequeña cocina, un televisor, y la joya de la corona, una gran jodida claraboya en el techo, inundando solo el centro de la casa con luz. Otro ejemplo de cómo los futbolistas somos tratados en ésta ciudad.
¿Qué chico de veintiún años de la fraternidad necesita una maldita casa de verano?, pero yo paso mucho tiempo aquí. No podía soportar fiestas como ésta, viendo a los chicos jugar ver ponga y tratando de enamorar a las chicas cuando su madre podría estar en su tráiler, tumbada de dolor o mis hermanos podrían estar recibiendo un disparo en un tiroteo. Tenía que intentar pasar desapercibido y enfocarme en el draft. Ese era mi papel en este desastre. Concentrarme en el draft para salvarnos a todos.
Sin presión.
El fútbol era mi salida.
Era mi respuesta.
Era la respuesta a todas las oraciones de los Ōtsutsuki.
Sentado en el sofá, saco el teléfono. Itachi me ha escrito:
Itachi: Conseguí suficiente dinero para las medicinas de mamá ésta noche. Izuna lo está haciendo bien en las calles, recogiendo buena mercancía. Mamá está mejor que hace unas horas. Arreglando las cosas para llevarla a dormir. Estamos consiguiendo que se haga a la manera de los Ōtsutsuki, Shisui. Vamos a mantenerlo en marcha.
Pongo mi teléfono de nuevo en mi bolsillo, sintiéndome entumecido. El infierno se desató fuera. Al ver destellos de sombras en las paredes de madera de la casa de verano, me levanto de un salto y cierro las cortinas, dejando suficiente espacio para ver a través de ellas lo que estaba pasando. Esta casa estaba bastante lejos y escondida entre la sombra de los árboles, por lo que debería estar a salvo de lo que pasara fuera.
Entonces vi uniformes.
La policía del campus junto con policías de verdad, sostienen a los perros con sus correas, irrumpiendo en la fiesta. Algunos estudiantes están escapando, y otros están demasiado borrachos para darse cuenta de lo que está sucediendo. Y luego veo al decano salir al patio con sus ojos examinando a la multitud mientras se pavoneaba en su traje gris caro a medida.
Joder, ese tío me odia.
Los policías alinean a los estudiantes de la fiesta uno por uno, y los perros comienzan su búsqueda. Mierda, ¡los K-9! Siento mi estómago removerse cuando me doy cuenta de lo que estaban haciendo, buscan drogas.
Varios estudiantes corren por las calles, tratando de escapar de la redada, los policías están persiguiéndolos. Estaba agradecido de haber elegido venir a esconderme aquí, pero entonces oigo un golpe en la puerta de la casa. Cerrando las cortinas, echo un vistazo a la perilla y veo que estaba sin llave.
Mierda
Antes de que tener la oportunidad de cruzar la habitación para bloquear a quien quiera que estuviera entrando, la puerta se abre y alguien se desliza en el interior. Me congelo, inmóvil, mientras cierran la puerta y quien entra presiona su espalda contra la puerta y suspira de alivio. Donde me encuentro está completamente oscuro, ni siquiera saben que estoy aquí.
A penas pude ver el reflejo de una figura pequeña. Era una chica. También puedo oler su perfume, a menos que uno de los jugadores de los Tide hubiera decidido usar Coco Chanel en su trasero, definitivamente es una mujer.
Acercándome a los bordes oscuros de la habitación, hago todo lo posible para estar en silencio. Quien quiera que fuese no podía gritar y revelar donde estábamos, tenía que asegurarme de ello. La última cosa que necesitaba era al decano preguntándome por las drogas. El hijo de puta ya pensaba que yo era el responsable de la cocaína en el campus. Siempre ha habido problemas aquí en la UA en los últimos tres años, y siempre me ha echado la culpa, solo que ésta vez, él tenía razón.
La chica estaba jadeando pesadamente, inmóvil contra la puerta cerrada. Parpadeando, tratando de concentrarme, extiendo la mano y accidentalmente toco su brazo. La chica comienza a gritar, así que agarro su hombro y le doy la vuelta, tapando su boca con mi mano para ahogar su grito.
Sus piernas comenzaron a patearme y sus manos golpearon mis brazos. Poniendo mi boca en su oído, susurro:
—Cállate perra, no te voy a hacer daño, solo deja de gritar joder.
Sus piernas dejan de agitarse y agarra mi mano, tratando de alejarla de su boca. Necesitaba asegurarme de que no iba a gritar. No podía dejarla ir hasta asegurarme que no causaría una maldita escena.
—Quitaré mi mano de tu boca cuando esté seguro que no llamarás la atención. ¿De acuerdo? —digo en voz baja, tratando de hacer mi mejor esfuerzo para no sonar amenazador. Pero no soy estúpido, un chico susurrando a una chica en una oscura casa de verano, no es exactamente como si fuera a sentirse segura. Duras respiraciones fluyen de sus fosas nasales mientras trata de calmarse, y sus uñas, que estaban clavadas en mi piel, se aflojan un poco.
—Bien. Ahora cuento hasta tres y quitaré mi mano. Solo recuerda, no te voy a dañar. Estoy escondido aquí también. ¿Me das tu palabra de que no gritaras de nuevo? —pregunto.
Su cabello suave roza la piel desnuda de mi cuello mientras asiente de acuerdo, liberando un pequeño gemido agradable.
—Bien, uno... dos... tres...—digo en voz baja y lentamente quito mi mano. La chica respira hondo, se aleja y se da la vuelta para mirarme. Incluso en la oscuridad, puedo notar un par de ojos enormes de color verde azulado pálido, casi turquesa mirando hacia mí.
Joder, conocía esos ojos.
Estaba hipnotizado por esos ojos.
La chica al ver mi reacción, da un paso más cerca todavía. Una luz se mueve fuera, arrastrándose desde el hueco debajo de la puerta, creando un resplandor en la casa de verano. Desde esta corta distancia, puedo ver su rostro. Era ella, y por su reacción, sabía que se había dado cuenta que era yo.
—¿S-Shisui? —tartamudeó interrogando. No parece feliz por mi presencia. Bueno, porque yo tampoco estoy exactamente feliz por la de ella.
—N-No sabía que estarías aquí. Simplemente no quería que el decano me interrogara de nuevo. Vi este lugar y decidí esconderme hasta que se termine, l-lo siento. Me iré...
Sin pasar por donde estaba, y haciendo caso omiso a su tropiezo, y a su terrible disculpa, silenciosamente me dirijo al sofá y me siento. Joder esto era todo lo que necesitaba.
Desde donde estaba puedo ver que está todavía de pie junto a la puerta, balanceando su pie, claramente incómoda y probablemente pensando en salir e ir con el decano después de todo.
Suspirando, agito mi mano en su dirección.
—Será mejor que te sientes. El decano no será rápido con esto. Necesitas mantenerte alejada de ese bastardo por el bien de todos. Así que me temo que no tienes otra opción que esperar aquí conmigo.
Al igual que un personaje de dibujos animados, su cabeza va de mí a la puerta y de nuevo, a la puerta y de vuelta una vez más.
—No voy a lastimarte. Demonios, incluso no hablaré contigo si eso ayuda —digo bruscamente y centro la mirada en la mesa de madera que estaba delante de mí, la luna a través de la claraboya funcionaba como foco justo encima donde estoy sentado.
Escuchando tacones en el suelo de madera, sé que ha elegido quedarse.
Bien. No era estúpida, entonces.
El sofá se hunde a mi lado, y se sienta en la punta del sofá como si estuviera en algún colegio privado suizo, con rodillas juntas y su espalda recta. Ésta vez resoplo una carcajada, y ella se gira en mi dirección.
—¿Qué? —susurra, con un poco de veneno en su pequeña voz.
Mis cejas se levantan con sorpresa por su actitud. Siempre ha estado muy tranquila las veces que la he visto. Pero esta noche estaba mostrando algo de carácter.
Me doy la vuelta para mirarla, extendiendo mi brazo izquierdo por el respaldo del sofá.
—Pareces como si tuvieras un maldito palo clavado en el trasero sentada así.
Su boca se abrió con sorpresa, y casi río en voz alta mientras me mira de manera extraña, luego se inclina lentamente hacia atrás contra el cojín, claramente tratando de relajarse. Luego nos quedamos en silencio de nuevo, era malditamente incómodo.
De repente, los perros comienzan a ladrar afuera. Me muevo del sofá, corriendo hacia la ventana y aparto la cortina solo un poco, entonces veo el patio de la fraternidad.
—Mierda —escupo a lo que estaba viendo.
—¿Qué pasa? ¿Qué están buscando? —la chica pregunta desde el sofá.
No respondo, estoy muy ocupado viendo a los estudiantes, no sabía que habían comenzado a esposarlos y arrestarlos por la policía. El decano estaba caminando a lo largo de la línea de estudiantes, haciendo preguntas, mientras que otro policía levanta un paquete blanco y un estudiante está siendo arrestado.
Joder. Reconocí la marca. Era la marca de los Heighters.
MIERDA.
Unos suaves pasos suenan en el suelo detrás de mí.
—Shisui, ¿que están buscando?, me estoy volviendo loca aquí.
Soltando la cortina, me giro para ver un rostro de porcelana mirándome.
—¿Cómo te llamas? —pregunto sin rodeos.
La chica parecía desconcertada.
—¿Qué? —pregunto de nuevo, confundido por su extraña reacción.
Sacude su cabeza con nerviosismo, mientras su barbilla y cabello rubio se balanceaba de atrás hacia delante.
—S-Sólo me sorprendiste, eso es todo. Nunca antes habías preguntado cómo me llamo. No pensé que quisieras saberlo después de las últimas semanas.
Muevo mi barbilla y la insto a responder la pregunta con mis ojos. La veo tragar, su cuello era tan delgado que podía ver todos sus movimientos.
—Tema —dice tan suave como una jodida pluma—. Mi nombre es Tema Sabaku No.
Sasuke tenía razón.
No sé porque, pero conocer su nombre la hacía parecer más humana, y me siento como un capullo por la manera en como la he tratado. Es tan menuda. Parece tan frágil. Como si a la más mínima pudiera destruirla.
No puedo dejar de mirarla, y aquí, entre las sombras de la habitación, solo un foco de luz de la luna en tonos azules llega donde estábamos, dándole un aspecto como si hubiera salido de un cuento de hadas. Su piel es ligera y suave, su cabello del color del sol, y esos labios rojos. Sus ojos verdes azulados me recuerdan al mar, un tranquilo mar de verano durmiendo bajo una apuesta de sol.
Es malditamente hermosa.
Sintiéndose inquieta torpemente por mi mirada fija, envuelve sus brazos alrededor de su estómago e insiste:
—Entonces, ¿qué está pasando fuera?
Mis dientes mordisquean mi labio inferior mientras la contemplo. Pero, ¿qué sentido tiene?, además de Sasuke, solo la pequeña Tems sabe en lo que estábamos metidos, lo que mis hermanos hacían para ganarse la vida, el verdadero Shisui Ōtsutsuki fuera del campo de fútbol.
—Los perros —dice en voz baja y mira hacia mí, pareciendo un poco asustada—. Están buscando droga, ¿no es así?
Asiento con cautela.
Respirando con fuerza, retrocede hasta el sofá y se sienta en el borde, jugando con sus dedos, su cabeza echada hacia abajo. La observo reflexionar, eso fue hasta que ella levanta la vista a través de sus largas pestañas y valientemente pregunta:
—¿Debo suponer que las drogas las suministró tu hermano?
Un instinto de protección despierta en mí.
Salto hacia delante, alzándome por encima de ella gruño:
—Nada de eso es asunto tuyo, tú... —Pero me detengo a media frase, y me callo. Mientras inclino mi cabeza hacia arriba para mirar el cielo nocturno sin nubes, me pregunto por qué escondérselo a ella. Ella ya se había figurado esta mierda, había visto a Itachi en acción. Ella sabe que no puede hablar, por su propia seguridad, así que, ¿por qué cojones debo molestarme en mentirle?
Cuando calmo mi temperamento, aflojo mis puños y miro al sofá. Tema está presionada contra el respaldo del sofá, toda ella con sus enormes ojos aterrorizados, mirándome como si Jack el Destripador estuviera a punto de destriparla.
«Me aterras, Ōtsutsuki. Tengo miedo de ti...»
Un sentimiento parecido a una patada en el estómago me inunda cuando sus palabras de esta mañana pasan por mi cabeza. Ya no seré ese nunca más.
No quería ser ese yo.
Me desplazo al extremo opuesto del sofá, y mientras tanto, que Tema observa mis acciones como si estuviera a punto de abalanzarme sobre ella o a pegarla en cualquier momento.
Suspirando, inclino mi cabeza en su dirección, pero no pude hacerle frente. Soy un cobarde bastardo, y no puedo hacer frente al desprecio en sus ojos.
—No debería haber hecho eso —digo rápidamente.
Noté su rápida inhalación. Apretando mis ojos cerrados, imagino el rostro lleno de dolor de mamá, y quería decirle por qué estaba actuando así... pero lo más importante, por qué necesitaba que mantuviera la boca cerrada.
—Yo solo... yo solo tengo que proteger a mi familia, y tú tienes el poder de separarnos ahora mismo. Has visto demasiado, Tema. Y realmente me gustaría que no lo hubieras hecho, por ti y por mí. No es algo que quiera para ambos... pero es lo que es.
Escucho su profunda inhalación e imagino que está relajándose un poco. Todavía no podía mirarla.
—¿Es por eso que te estás escondiendo aquí? —pregunto ella con vacilación.
Asiento de mala gana.
—¿Tú eres... eres un traficante de drogas también?
Esta vez mi cabeza se mueve en su dirección.
—Joder, no. No lo soy. No he hecho esa mierda en años, a pesar de lo que hayas oído. Ya no soy un pandillero. No desde que vine aquí con los Tide.
Los últimos rastros de tensión parecen desvanecerse de ella.
—¿Pero tu hermano todavía lo es? —pregunta nerviosamente.
Asiento lentamente. Estoy agradecido de que no hubiera dicho hermanos. Me hace pensar que ella no había visto a Izuna en el patio también. Eso es bueno. Jodidamente bueno.
—Él se parece a ti —dice un minuto más tarde y hace un gesto hacia mi cabello oscuro y mis tatuajes, especialmente a la estrella en mi mejilla izquierda—. Tu hermano. —Su cabeza se inclina hacia un lado con ojos inquisitivos—. ¿Son gemelos?
Me encuentro con su mirada y contesto a regañadientes.
—No, él es mayor. Solo nos parecemos, eso es todo.
—¿Puedo preguntar por qué él tiene este estilo de vida y tú no? ¿Cómo saliste? —pregunta, y su rostro pálido se enrojece de vergüenza. Ella sabe que está preguntado algo que no debe.
Mi ceja derecha perforada se levanta.
—Puedes preguntar, pero no te daré una respuesta.
Su labio superior se tuerce ante mi respuesta.
El silencio que se produce esta vez no es tan malo. Los minutos pasan, y escucho con atención por si alguien se acerca a la puerta. Todavía hay policías en la casa. Puedo oír el profundo murmuro de voces detrás de la gruesa madera de las paredes.
Tema me ha estado observando todo el tiempo, pero yo no quería hablar demasiado. Ella no merecía meterse más profundo de lo que ya estaba.
Recostándome en el sofá, decido intentar relajarme, pero según lo hago, siento a Tema inclinarse más cerca. Mis ojos se estrechan y le lanzo una mirada inquisitiva.
—¿Qué demonios estas mirando tan de cerca? —pregunto. Estoy siendo un capullo, pero ella casi está sobre mi regazo mientras intenta mirar algo en mi cuello.
Jugueteando con su cabello rubio, se sonroja. Eso solo me hace sentir más curiosidad.
—¿Qué? —pregunto de nuevo y cruzo los brazos sobre mi pecho.
Un dedo índice huesudo señala a un lado de mi cuello. Frunzo el ceño confuso.
—Ese tatuaje —responde con expresión culpable con su rostro de duendecillo lleno de inocente interés.
—Tendrás que ser más específica —digo haciendo un gesto hacia la parte superior de mi pecho, mostrando la piel completamente cubierta de tatuajes por encima de mi camiseta negra, en mis mangas y mi cuello.
—Ese —presiona de nuevo, y su dedo apuntando más cerca. La miro incrédulo. Ella no está ayudando exactamente. Intento pensar qué tenía en ese lugar, pero podría ser alguno de los que me hice a los quince años.
Sus dientes se aprietan molesta y presiona sobre mi cuello con la punta de sus uñas pintadas de negro.
—¡Ese! ¡El que dice Heighters!
Mi humor se ensombrece. Al igual que la expresión molesta de Tema y baja su mano.
Recuerdo cuándo me hice ese tatuaje. Tenía catorce años, la misma edad que Izuna. Acababa de vender mis primeros gramos de coca, y fui iniciado en la pandilla. Kisame le había ordenado a Gozu, su hombre de confianza, que me marcara. Justo en el cuello, donde todos pudieran ver con quienes me juntaba. Y la estrella, la Stidda, en mi mejilla mostraba nuestra conexión con la pandilla siciliana.
Era una declaración visible que yo era un Heighters para toda la vida.
Me habían dolido como el infierno, y, todo el tiempo que la aguja había rasgado mi piel, Itachi había mostrado una sonrisa petulante hacia mí. Era probablemente el momento de mayor orgullo de su vida, observando a su hermano pequeño unirse a la pandilla que encontraba tan sagrada. Su familia. Gozu fue asesinado en un tiroteo poco después de eso, y ahí es cuando Itachi había sido ascendido, tomando el cargo de mano derecha de Kisame.
La tos de Tems me devuelve al presente. La miro a los ojos otra vez y espeto:
—Los consigues cuando te unes oficialmente a la pandilla. Y nunca te lo cubres. Les perteneces. ¿Contenta?
Tema mira abajo hacia sus manos con culpa.
—Solo sentía curiosidad. Nunca he conocido a alguien que estuviera en una pandilla de verdad. Me produce interés.
Casi escupo sangre al escuchar sus palabras.
—Una advertencia, nunca tengas curiosidad sobre los jodidos Heighters. La vida de los pandilleros no es un picnic o un cuento de hadas para entretener a una pequeña niña rica.
Los labios pintados de Tema se separan ante mi comentario, y sus ojos se estrechan, pero, de pronto, las voces suenan fuera de la casa de verano y los destellos de las linternas brillan a través de las rendijas de las cortinas. El instinto me hace escapar hasta el suelo para esconderme detrás del sofá. Tema deja escapar un grito sordo de pánico por los policías que están justo ahí afuera, y sin pensar tiro de su brazo, echándola al suelo a mi lado. Rápidamente estábamos fuera del camino de la luz de la luna y dentro de las sombras, con su cuerpo contra el mío, mis manos sobre su boca y mi boca en su oído.
—¡Estate quieta! —gruño advirtiéndola, y su cuerpo rígido se relaja contra el mío.
—¡Busquen en la casa de verano! —ordena alguien, y los perros de búsqueda empiezan a ladrar en la puerta desde fuera. Tema extiende la mano y la pone en mi muslo con sus dedos agarrando mis vaqueros.
—Solo quédate quieta. La puerta está bloqueada. No tienen ninguna razón para pensar que hay alguien dentro mientras no hagamos ruido y nos quedemos aquí en las sombras —digo en un tono apenas audible.
Tema asiente entendiendo.
—¡Intenta abrir la puerta! —grita alguien, y reconozco la voz del decano—. Él tiene que estar aquí en alguna parte. No hay forma de que haya cocaína en el campus y ese maldito criminal de Ōtsutsuki no tenga nada que ver.
Siento la cabeza de Tema levantarse, y no había ninguna duda de que me está mirando. Pero no miro hacia ella. Estoy demasiado malditamente molesto por eso. Sabía que ese imbécil iba a intentar meterme esta mierda.
Ha estado esperando esta oportunidad durante tres años.
Durante más de mil días ha querido a esta basura italiana fuera de su universidad.
El pomo de la puerta empieza a girar y las luces inundan a través del ojo de la cerradura, pasando de cerca por donde estábamos. Acerco más a Tema, para asegurarme de que estábamos bien metidos en la oscuridad, con su trasero ahora a ras contra mi polla bajo mis vaqueros.
—Parece vacía, señor —una voz le dice al decano, y escucho un fuerte suspiro.
—Joder, se ha escapado. Ōtsutsuki estaba en esta fiesta. Tenemos testigos que lo sitúan aquí. Sasuke Uchiha también se ha ido. No es una coincidencia. Probablemente se han ido juntos. Donde encuentren a uno, estará el otro. Por qué un buen chico como Uchiha huye con ese pedazo de basura está por encima de mi entendimiento.
Hago un esfuerzo sobrehumano para no salir volando por la puerta y romper su maldito cuello. Le enseñaré quién es basura.
—¿Y ahora qué, señor?
—Tengan a alguien patrullando por los alrededores hasta que amanezca. Si intenta volver, podremos interrogarlo. La cocaína que les encontramos a los cuatro estudiantes esta noche proviene de los Heighters. Reconocí el símbolo de la estrella siciliana en el paquete. Tuvimos problemas con esa pandilla involucrada en el tráfico de drogas hace cinco años. Ōtsutsuki es la conexión más cercana que tenemos con ellos estos días. Diablos, por lo que sabemos, él es el que lo está distribuyendo, consiguiendo un suplemento de dinero.
Cierro mis ojos con fuerza. Iba a matar a Itachi. ¡No tenía un respiro, joder! El decano me tenía como el principal sospechoso por la presencia de drogas en el campus.
Jodido I.
Las voces empiezan a desvanecerse mientras los policías se alejan de la casa de verano. Pero estarán aquí toda la noche. El decano se había asegurado de eso. Lo que significa que estaba atrapado aquí hasta mañana... y Lexi también.
Una vez que estuvieron fuera del alcance de mi oído, quito la mano de la boca de Tema y la pongo en el suelo al lado de su cabeza.
Puedo sentir su respiración fuerte. Está asustada. No la culpaba. Sospecho que no está acostumbrada a esta mierda, la vida de los perdedores. Y por la forma que el decano había hablado de mí a los policías, probablemente pensaría que yo soy el enemigo público número uno.
—¿Qué hacemos ahora? —dice la diminuta voz de Tema en mitad de la quietud de la habitación.
—Vamos a tener que esperar aquí hasta que abandonen los jardines de la fraternidad.
—De acuerdo —susurra de vuelta y se dispone a apartarse mantenernos de mí. La alcanzo, agarro su cadera y la atraigo de nuevo. No se va a mover de aquí. Necesitamos estar ocultos.
No anticipé su reacción.
—¡Quítate de encima! ¡No me toques! —dice presa del pánico, su voz estridente suena como un grito en una película de terror contra la tranquilidad de la casa.
Maldito psicópata Norman Bates de mierda.
—Joder, puta, ¡me quedo encima de ti! —espeto de vuelta y hago callar su trasero histérico—. Tienes que quedarte aquí abajo. Puede que vuelvan, y te verán si no te escondes detrás del sofá. ¡El resto de la habitación está demasiado abierto e iluminado con el puto tragaluz!
Aquí en la oscuridad de las sombras no pueden verla, pero podía sentirla sacudirse.
¿Qué cojones?
Levanto mis manos hacia mi cabeza para demostrar que no la iba tocar de nuevo. No podía enfrentarme a este nivel de locura ahora mismo.
Podía sentir el calor que irradiaba como si fuera un maldito aparato de calefacción. Y cuando se desliza de nuevo dentro de un rayo de luz de luna, su mano está sobre su pecho como si estuviera intentando calmar su corazón desbocado.
—Está bien... Está bien —dice casi sin aliento y se deja caer a mi lado—. Me quedaré aquí.
Esta vez ella se enfrenta y sus ojos nunca dejan mis manos, como si quisiera asegurarse de que no iba a intentar tocarla. Me pregunto qué demonios está pasando con esa mierda. Pero no iba a entrometerme. Tenía demasiado de lo que ocuparme como para estar preocupado por sus malditos problemas de emocionales también.
Los grillos cantan fuera, y cada quince minutos, el sonido de las radios de los policías del campus llena la casa. Están haciendo rondas, como si fueran las buenas putas del decano, la luz de sus linternas iluminan la habitación, excepto aquí detrás del sofá, donde tenemos nuestro pequeño refugio.
Las horas pasan en silencio, y yo me acosté de espaldas simplemente mirando una vez más a las estrellas a través del cielo, el cielo brilla con el amanecer, la habitación oscura ahora está iluminada por un resplandor anaranjado.
Escucho a Tema suspirar a mi lado y pregunto:
—¿Qué piensas cuando miras a las estrellas?
Consigo ver la cabeza de Tema inclinarse a un lado y sus ojos estrecharse examinando. Los minutos pasan y ella observa en silencio el cielo de la noche.
—A veces me pregunto qué deben hacer en nuestro mundo —susurra en voz baja. No creía que respondiera—. ¿Las fascinamos o las asqueamos? ¿Miran abajo hacia nosotros de la misma manera que miramos hacia arriba y piensan lo mismo que nosotros? ¿Ven todos nuestros problemas? ¿Ven nuestras tristes excusas para vivir con una creciente sensación de lástima? ¿O acaso nos envidian por tener una vida, buena o mala?
Su respuesta me sorprende. ¿Tristes excusas para vivir?
—¿Alguna vez las miras y te sientes inferior, pequeña? —añado, realmente queriendo escuchar su respuesta.
Tema se remueve a mi lado, levantando sus manos para hacer un marco con sus dedos, su ojo izquierdo se cierra mientras estudia el Cinturón de Orión como si estuviera mirando a través de un telescopio. Pero sus manos caen abruptamente y descansan sobre su estómago con una sórdida expresión en su rostro.
—No necesito mirar a las estrellas para sentirme inferior, Shisui. Todo lo que tengo que hacer es abrir los ojos y mirarme en un espejo.
Mi atención se vuelca en ella y un extraño sentimiento se asienta en mi estómago, ¿simpatía?
Tema bosteza a mi lado y sus párpados empiezan a caer, pero lucha para mantenerse despierta, sin apartar los ojos de las estrellas. No puedo dejar de mirarla. Algo sobre ella me intriga. O quizás es el hecho de que ella sabe sobre mí, lo que era, lo que me atrae. No tenía que fingir aquí, en este momento.
—Duérmete —digo después de su tercer bostezo consecutivo, y se centra en mí de nuevo. Ella me está malditamente cansando, y necesito estar alerta.
Tema simplemente sacude la cabeza, y envuelve sus brazos alrededor de su pecho, luchando contra otro bostezo.
Maldita chica testaruda.
—Tema, duérmete, joder. Vamos a estar aquí toda la noche de todas formas —ordeno, y observo cómo sus ojos cansados se ensancharon.
—¿Tú vas a dormir? —pregunta, y frunzo el ceño. ¿Por qué le importaba esa mierda?
—Probablemente, en algún momento —respondo y me encojo de hombros.
—En ese caso, está bien. Pero... —sus labios se fruncen—. Pero por favor no me toques. No... no soporto que me toquen... me quedaré aquí escondida, solo... no me toques.
—No lo haré —digo con vehemencia y los dientes apretados. ¿Ella piensa que voy a manosearla mientras duerme o alguna mierda por el estilo? ¿Qué demonios piensa de mí?
Los ojos de Tema se cierran, y en segundos está dormida, acurrucada en posición fetal sobre el suelo de madera. Parece un duendecillo roto y caído.
No sé por qué lo hago, pero me inclino y susurro:
—Este no soy yo, Tema. No soy el frío e insensible capullo que piensas que soy. Solo quería que supieras eso sobre mí.
Suspirando profundamente, saco mi móvil y le mando un mensaje a Itachi:
Yo: Redada en la casa de la fraternidad esta noche. Producto 'H' encontrado. El decano sabe que es de los Heighters. Me busca para interrogarme. Me estoy escondiendo. ¡Esta mierda necesita terminar lo antes posible! No puedo poner en peligro el fútbol.
Itachi responde inmediatamente:
Itachi: Estoy en ello. ¿Esa puta le dijo algo al decano? ¿Necesito cerrarle la boca? Tenemos que atar todos los cabos sueltos.
Lo que sentía como pánico se abre camino hasta mi garganta cuando leo el mensaje de Itachi y miro a Tema. Ella es inocente en todo esto, pero sé que Itachi no lo iba a dejar pasar. Mirándola dormir, tan pequeña, siento el impulso de protegerla. Ella me recordaba a la Mamma, arrastrada a esta situación de mierda por causas ajenas.
Deslizo mis pulgares por el cristal de la pantalla y escribo rápidamente:
Yo: Ella no dijo nada. Me aseguré de ello. Esto es culpa tuya por no ser discreto. Resuélvelo. Rápido.
Apago mi móvil. No podía hacer frente a Itachi ahora mismo. Estaba furioso. Dejo caer mi cabeza en el suelo de madera frío, miro el rostro de duendecillo de Tema, toda oscura y gótica, pero debajo de toda esa pintura de guerra, ella parece aterrorizada. De qué, no tenía ni idea, pero estaba luchando con algún demonio interior. Reconocía los síntomas.
Cierro los ojos, e intento relajarme.
En cuestión de minutos, estoy dormido.
Me levanto con el sol atravesando el tragaluz con Tema todavía a mi lado. Durante la noche, ella se ha dado la vuelta, sus dedos tocan la punta de los míos. Es la primera vez que he pasado realmente toda la noche con una chica. No me malinterpreten. He follado con algunas fans, pero nada serio, nada que les hiciera pensar que podían dormir a mi lado en la cama después.
Se siente extraño.
Retiro mi mano de la de ella y Tema empieza a moverse. Sus ojos se abren lentamente y se fijan en mí, la expresión confusa en su rostro muestra que estaba tratando adivinar qué hace aquí, a mi lado.
Sin hablar, empiezo a moverme para averiguar si la costa está vacía fuera. Observando el recinto a través de las cortinas, todo está tranquilo. Miro al reloj sobre la chimenea, son las diez de la mañana. Los policías del campus se habían ido hacía una hora al menos. Ellos cambian los turnos a las nueve y media, y no patrullaran de nuevo hasta las once. Durante el primer año aprendí bastante deprisa a estudiar sus horarios, los viejos hábitos difícilmente mueren.
Siento a Tema antes de verla, y cuando me doy la vuelta, sé que está justo detrás de mí. Nuestros ojos se encuentran, y casi me río. Todo su maquillaje negro está manchando su cara, pero sus ojos están una vez más brillantes con curiosidad.
—¿Podemos irnos ya? —pregunta nerviosamente.
—Sí —contesto, pero ninguno de nosotros se mueve del sitio junto a la ventana, como si no quisiéramos ir a lo que sea que nos estuviera esperando fuera. Nuestras desastrosas realidades al otro lado de esa delgada pieza de madera.
Pero tenemos que hacerle frente, ¿no? No podemos permanecer en el consuelo tranquilo de la casa de verano para siempre. La vida sigue, y nuestros asuntos están aquí para quedarse.
—¿Tema? —ella levanta la cabeza, instándome a continuar hablando—. Tienes que mantenerte alejada de mí.
El rostro de Tema palidece y su respiración se detiene.
—De acuerdo. Si eso es lo que quieres. —Ella se da la vuelta, y agarro su hombro antes de quitar mi mano y de nuevo dejarla a mi lado. Ella no quiere que la toque. Me he olvidado de eso.
—Mi hermano está haciendo preguntas sobre ti. No es seguro que hablemos, que estemos el uno alrededor del otro. Si me ves por el campus, camina sin decir nada, y yo haré lo mismo. Los Heighters sospechan que has hablando de ellos al decano...
—¡No lo he hecho! ¡Lo juro! No dije nada... —interrumpe, enloqueciendo, y detengo su protesta con una mano levantada en el aire.
—Lo sé. Se lo he dicho. Pero necesitas ser cuidadosa. Mi hermano no será el único que vendrá a por ti para mantenerte callada, y no quieres conocer al sádico hijo de puta que lo hará. —La veo tragar con fuerza y sé que mi advertencia ha tenido éxito—. Mantente a salvo, mantente fuera del patio por la noche, y si el decano te pregunta algo más sobre esto, mantén la boca cerrada. Nadie sabe que tú sabes algo excepto Itachi y yo. Y me aseguraré de que siga siendo así.
Tema asiente con aprensión y, se mueve hasta la mesa de café, toma su bolso. La veo irse, con su ajustado top y su corta minifalda de bailarina mostrando sus piernas delgadas.
¡Cristo! No podía gustarme esta chica. Ella es demasiado pasiva. Justo cuando Tema llega a la puerta, me surge una pregunta. Por alguna razón necesito conocer la respuesta.
—Eh, ¿Tema?
Ella se gira hacia mí.
—¿Sí?
—¿Por qué la pintura de guerra?
Adoptando una expresión glacial, responde simplemente:
—¿Por qué los tatuajes? —señala hacia mis brazos y cuello tatuados.
Ninguno dice nada y nos observamos el uno al otro lo que podía haber sido una eternidad. Podía ver en sus ojos que el maquillaje oscuro era su escudo. Al igual que mis tatuajes eran el mío, pero ninguno de los dos iba a admitirlo.
Tema suspira y pone una mano sobre su corazón.
—Todos tenemos secretos, Shisui. Los de algunas personas son más grandes que los de otras, eso es todo. ¿No estás de acuerdo?
Mi falta de respuesta lo dice todo.
Sí. Sí que lo estaba.
