Capítulo 10
TEMARI
Un mes más tarde...
Querida Daisy:
Peso: 43, 600 kg
Calorías: 1500
Hoy me he visto en la televisión animando a los Tide.
No podía creer que fuera yo.
Cuando me miro en el espejo, veo los defectos en la chica que me devuelve la mirada. Pero verme en la pantalla me hace retroceder casi con asco. Me veía tan gorda, Daisy, demasiado grande. Y no puedo sacar esa imagen de mi mente.
Necesito estar más tonificada.
Necesito recortar la comida... solo por un tiempo... solo para verme bien en el campo. He perdido un par de kilos, pero aún no es suficiente.
Conté mis costillas hoy. Solo podía contar seis. Es todo en lo que puedo concentrarme. No puedo purgarlo de mi mente.
Seis. Seis. Seis.
Y peor aún, Konan me abrazó hoy, y te juro que pensó que estaba gorda. Es como si no pudiera soportar que la gente me toque. Los abrazos tendrán que detenerse o voy a perder la cabeza. Nadie puede tocarme hasta que haya perdido más peso.
Todavía estoy jugando con éxito mi papel de amiga-amante de la diversión. Ninguno de mis amigos sospecha. Todavía mi secreto está a salvo.
A solo unos pocos kilos, Daisy, y luego todo estará bien.
.
.
.
—¿Y piensas mucho en Daisy?
Cierro los ojos con fuerza y trato de bloquear el dolor por la muerte de mi mejor amiga.
—Tema. Responde a la pregunta —el doctor Lund insiste.
Asintiendo con la cabeza, le contesto:
—Sí. Pienso en ella todo el tiempo.
—¿Y qué piensas de ella? —Puedo escuchar al doctor Lund garabateando en su cuaderno, tomando notas sobre lo que tengo que decir.
—Pienso en que ella siempre sonreía a pesar de que se estaba muriendo por dentro. Pienso en cómo cada vez que tocaba fondo, ella estaba allí para mí, hablándome... recogiéndome para levantarme. —Las lágrimas brotan de mis ojos y le digo—: Y pienso en sus últimos minutos, cuando me cogió la mano y se escabulló silenciosamente, pero no antes de rogarme que no sucumbiera a la enfermedad. Para no... Morir también.
—¿Alguna vez envidiaste lo delgada que estaba?
Cada parte de mí se tensa, y me quedo con la mirada en el suelo.
—Sí... —le susurro—. Envidio que ella alcanzó la perfección. Consiguió su peso ideal.
El doctor Lund pone su portapapeles sobre la mesa junto a él y se inclina hacia delante con las manos entrelazadas.
—Tema. ¿Entiendes que su severa pérdida de peso fue lo que la mató? ¿Que su corazón no soporto la presión?
—Sí, lo entiendo. Pero me preguntaste si yo envidiaba lo delgada que estaba. Y lo hago. Envidio su peso final.
—¿Has tenido pensamientos no saludables acerca de tu peso en los últimamente? ¿Cualquier cosa que debamos discutir?
Sacudo la cabeza y empiezo a tocar mis uñas.
—No. He sido buena.
«Ahora, Temari, estás mintiendo. Y a tu médico, nada menos. Sabes que me estás permitiendo más. Me estás dando control. ¿Qué es lo que has perdido en las últimas semanas? ¿Un par de Kilos? Yo estoy aquí contigo mientras estás parada en la escala, regocijándote en tu logro. Todo lo que tienes que hacer es darme las riendas... Darme el control... Puedes ser como ella...».
Mis dedos comienzan a dolerme, y cuando miro hacia abajo, están agarrándose a los brazos de mi silla. Mis nudillos están blancos por la tensión.
«Temari, dame el control... Temari, déjame entrar... Temari, solo unos pocos kilos más...».
—¿Tema? —Una voz profunda suena a mi lado, tirando de mí de nuevo a la realidad.
Sigo el sonido de la voz y mi estómago inmediatamente cae.
—Doctor Lund —digo, recordándome dónde estoy: en la consulta.
—Has perdido algo de peso —dice el Dr. Lund directamente—. Estás perdiendo más la concentración, y estoy empezando a preocuparme.
—No creo...
—Es muy notable, Tema. Eres menuda, para empezar. Unos pocos kilos de pérdida de peso son muy notables en tu pequeño cuerpo.
Mi cabeza instintivamente se agacha, y no puedo mirarlo a los ojos.
—Es solo porque he estado muy ocupada, te lo juro.
«Sí, Temari, mantenlo alejado de la verdad. Mantenlo alejado de saber que has comenzado a reducir las calorías porque crees que estas demasiado gorda en tu uniforme de animadora. Ese pensamiento de Daisy en su peso ideal te está volviendo allí también. Y tienes razón. Estás gorda. No es más que un par de kilos lo que has perdido. Un par de kilos no son nada. Tal vez deberías perder un poco más, solo para estar segura... para estar absolutamente segura...».
—Tema, nuestro tiempo se ha acabado, pero te puedo esperar en el grupo esta semana, ¿no? —Asiento—. Creo que tenemos que discutir lo de ser animadora. Sabes que es tu principal detonante. Tal vez es demasiado en estos momentos. Yo nunca estuve totalmente convencido de que estuvieras lista para dar ese paso de nuevo en primer lugar.
Asiento sin contestar, me muevo de mi asiento y prácticamente salgo corriendo fuera de la habitación, haciendo una pausa para apoyar mi espalda contra la pared.
Sé que las animadoras es mi detonador, y estoy muy preocupada por verme gorda en el campo.
La voz está bien, ¿no es así? Y el doctor Lund no lo sabe todo, ¿verdad? Estará bien perder unos pocos kilos, solo para estar segura de que no parezco demasiado grande ante la cámara. Después de todo, la cámara añade cinco kilos, así que voy a hacerlo hasta equilibrarlo. Puedo parar después de cinco kilos. Va a ser fácil. Soy más fuerte esta vez. Voy a ser capaz de parar muy bien. No va a salirse de control. Voy a sentirme mucho más sana al perder un poco de peso. Con mucha más confianza.
Va a ser fácil.
«Sí, Temari, sí. Deja que te guíe a la perfección. Puedo hacer que sea muy fácil para ti...».
Mi ritmo cardíaco aumenta a medida que mi emoción crece, y empiezo a hacer un plan. Me gustaría hacer más ejercicio, sí. Eso debería bastar. Podía correr más, ir al gimnasio más. Y tal vez debería cortar unos cuantos carbohidratos más... ¿no? ¿Cierto? Le pregunto a la voz en mi cabeza.
«Ese será un comienzo, Temari». La voz contesta con aprobación, y deja que me relaje. Sólo por un momento, me dejo llevar.
«Sí, Temari, tomaré las riendas con mucho gusto».
Era reconfortante no luchar contra la voz. Estaba cansada de la lucha, del esfuerzo para ser fuerte... para ser normal... para estar curada. Cuanto más tiempo estoy sin Daisy, más fácil era para la voz entrar como un gusano en mi cerebro.
Registrando que la costa estuviese despejada, me dirijo a la sala privada de familiares, dos pasillos hacia abajo. Necesito un poco de tiempo a solas para reponerme antes de regresar a la casa de la hermandad, antes de volver a tener que actuar como si todo estuviera bien delante de mis amigos. Pero cuando estoy a punto de entrar, un hombre sale por la puerta y comienza a correr por el pasillo. Sus pesadas botas negras hacen eco en las baldosas del suelo estéril, haciendo que mire su camino. Mi pulso empieza a acelerarse cuando me doy cuenta de quién es. Todo vestido de negro, tatuajes, piercings, dilatadores negros en los oídos y cabello negro.
Shisui Ōtsutsuki.
Cuando Shisui desaparece de mi vista empiezo a moverme, mi padre sale de la habitación de familiares vestido con su bata blanca, sus ojos buscan por el largo y solitario pasillo en la dirección en que se fue Shisui.
Mi padre no me ha visto allí de pie, mirando la escena que se desarrollaba, estaba demasiado preocupado por Shisui corriendo a lo lejos. Sacudiendo la cabeza, aparentemente sufriendo, vuelve a cerrar la puerta de la sala y finalmente, me mira.
Las cejas de papá se arquearon por la sorpresa.
—¿Tema? —dice, pareciendo desconcertado. Apenas he visto a mis padres en los últimos dos meses. Papá siempre está ocupado con sus pacientes, mamá estaba ocupada con su negocio de costura, y yo he estado ocupada con la universidad.
—¡Hola, papá! —digo alegremente mientras me muevo hacia él—. No sabía que estarías aquí esta noche.
Mi padre inclina su cabeza para darme un beso en la mejilla.
—No me di cuenta que estabas aquí esta noche, cariño —dice y mira nerviosamente por el pasillo una vez más.
—Estaba con el doctor Lund. Tuvimos que cambiar la cita, ya que tengo un partido.
Los ojos de mi papá se ensombrecen con mi respuesta, y suspira pesadamente.
—¿Y cómo te fue?
Tirando de mis largas mangas hacia delante a lo largo de mis manos, me encojo de hombros.
—Estoy bien, supongo.
Mi padre se acerca a mí y calma su voz.
—¿Seguro que estás bien? Parece que has perdido algo de peso.
La ira hierve en mis venas.
—¡Estoy bien! ¡Creen que no puedo hacerle frente! ¡Estoy bien! ¿Por qué no me deja en paz todo el mundo? —le espeto.
Entonces oigo la voz en mi cabeza.
«Pero no estás manejándolo bien, ¿verdad, Temari? Estas lentamente volviendo a mí. Quieres estar aquí también. Y te quiero de vuelta. Te echo de menos...».
—¿Temari? —susurra mi padre con tristeza y levanta la cabeza interrumpiéndole antes de que pueda decir algo más. ¡No podía oír nada más!
—¿Con el que hablabas ahí era Shisui Ōtsutsuki? —suelto, tratando de cambiar de tema, señalando a la sala de estar.
Cambio de rumbo, la mayor herramienta de una anoréxica.
Mi padre se balancea sobre sus pies y su rostro enrojece. Eso significaba que lo era.
—Confidencialidad médico-paciente, Tema. Sabes que no puedo decírtelo.
Asiento y miro con nostalgia por el pasillo una vez más.
Papá se aclara la garganta.
—¿Conoces a Shisui Ōtsutsuki, Tema? Nunca lo has mencionado antes —pregunta con cautela. Quería rodar mis ojos. Era porque él era un Heighter. Pero no estaba segura de que Shisui fuera tan malo como parecía. Al menos, el Shisui que estuvo esa noche en la casa de verano. Una parte de mí se pregunta si vi a su verdadero yo esa noche.
—Lo conozco de las animadoras —le contesto—. Él juega para con los Tide. Es un receptor. Pero no lo conozco bien, no.
Papá exhala un suspiro reprimido de —supuse— alivio y se frota la frente con la mano. Está estresado. Extiendo la mano y tiro de la manga de su bata blanca con una sonrisa orgullosa. Él es un médico muy excepcional porque se preocupa profundamente por sus pacientes. Es, en pocas palabras, un ser humano excepcional. El doctor Rasa Sabaku No es el principal oncólogo en el distrito de Tuscaloosa a causa de su compasión y bondad por las personas, desde cualquier ámbito de su vida. Se ofreció como voluntario para las clínicas gratuitas solo para que las personas que no tienen seguro no tuvieran que sufrir con el dolor. Va de hospital en hospital para ayudar donde pueda.
Mi estómago se revuelve con miedo repentino. Mi padre es un oncólogo, eso significaba... ¡Oh, no! Eso significaba que alguien en la familia de Ōtsutsuki debía tener cáncer.
—¿Quién es? —le susurro, con la empatía profunda obstruyendo mi garganta. Fijo mis ojos en papá.
—¿Quién es qué? —pregunta confuso.
—¿Quién en la familia de Shisui está enfermo? ¿Quién tiene cáncer? —Mi voz ha adquirido un tono de pánico. Por alguna razón, saber que alguien en su familia estaba enfermo hace que su comportamiento, e incluso sus opciones de vida, solo un poco más comprensibles. ¿Su hermano vende drogas porque estaba pagando las facturas médicas de alguien? ¿Es por eso me amenazó tanto para que yo no hablara?
Mi padre me mira fijamente pensando. Sé que se pregunta por qué estoy tan preocupada. Le restó importancia a su preocupación y le pido que me conteste. Papá suspira derrotado.
—Yo no soy su médico, Tema. Kabuto Yakushi, el jefe neurólogo del hospital, es su médico. Kabuto tuvo que ir al otro lado de la ciudad para una emergencia y me pidió que informara a Shisui de algunas... noticias.
Asiento para que continuara, pero sacude la cabeza y pone una mano en mi hombro. La acción hace que me paralice, y rápidamente me alejo.
—No puedo decir nada más, cariño. Caray, ya he estirado el código ético en sí. Sólo déjalo estar.
Le dirijo una sonrisa de apaciguamiento y asiento. Pero todo en lo que puedo pensar es que Shisui estaba hablando con un neurólogo. ¿Qué demonios podía estar mal?
—Está bien, cariño, tengo que ir a ver unos pocos pacientes más antes de ir a casa. Largo viaje. Ven a cenar pronto, ¿de acuerdo? Mamá te echa de menos.
—Lo haré, papá —digo y, agitando mi mano en despedida, camino casualmente en la dirección opuesta, pero en la dirección exacta en la que Ōtsutsuki huyó.
Comprobando por encima de mi hombro que papá no está a la vista, agacho mi cabeza y corro por el pasillo intentando seguir el camino de Shisui. Después de buscar en cada grieta, salida, y puerta, el pasillo llega a un abrupto final, y sólo quedaba la puerta de la entrada al santuario del jardín. Este jardín fue creado para los pacientes, un espacio privado para ellos a fin de reflexionar, estar solos... llegar a un acuerdo con las malas noticias. Yo lo sabía. Había pasado más de una noche aquí con Daisy en mi adolescencia cuando habíamos sido hospitalizadas.
Al presionar mi mano sobre la madera de la puerta, inclino la cabeza, con mi mente en un conflicto de pensamientos mientras leo la placa en la pared.
Uno está más cerca del corazón de Dios en un jardín que en cualquier otra parte del mundo
Dorothy G. Gurney.
Probablemente no debería interrumpirlo. Pero Shisui parece estar solo. Y si está molesto, no debería estar solo, ¿o sí?
Cinco minutos más tarde, mi obstinada curiosidad me hace girar la perilla de la puerta del —afortunadamente—vacío santuario ajardinado.
Un pequeño oasis en el desierto sin defectos del sufrimiento del hospital.
Mientras asimilo la belleza del jardín, me siento sin aliento. Entonces, como un ángel caído maravillosamente oscuro, Shisui aparece de detrás de la cubierta de la fuente de agua de querubín y se hunde hacia abajo en el pequeño banco de metal blanco debajo del manzano, meciéndose hacia adelante y hacia atrás con la cabeza entre sus manos.
Mi respiración se detiene en mi garganta.
Shisui Ōtsutsuki está llorando. Un inquieto, atormentado llanto. Nunca he visto algo tan desgarrador en toda mi vida.
Meciéndome sobre mis pies, miro hacia arriba a un cielo lleno de estrellas. Era fácil creer que nos habían transportado a otro mundo en este paraíso botánico, uno lleno de asombro y admiración, como si hubiéramos caminado a través del armario hacia Narnia, un lugar mágico en medio de la oscuridad en la bahía.
Una tierra sin nada de sufrimiento, solo paz.
Pero Shisui sufre. Un eviscerado dolor por el aspecto de las cosas.
El aire de la noche no se siente, y en este pequeño pedazo de cielo solo estamos Shisui y yo, dos impostores en un jardín artificial del Edén.
Y él estaba tan roto, y que el Señor me ayude, no podía dejarlo solo, sin importar si probablemente es lo que tenía que hacer.
Durante las últimas semanas, las cosas no han ido según lo planeado. Sakura y Sasuke estaban ahora juntos, y Shisui y yo nos vimos obligados a estar en compañía de los demás más de lo que quisiéramos. Hemos fingido ser civilizados cuando tenemos que estar juntos. Pasamos el rato en clubs y fiestas en casa con nuestros amigos como si no tuviéramos ninguna preocupación en el mundo, incluso fingimos una amistad. Descubrí que Shisui es tan buen actor como yo. Ninguno de nuestros amigos tiene ni idea, no había ninguna sensación de malestar entre nosotros. Pero, en realidad, Shisui y yo somos más fríos el uno con el otro que un invierno ártico.
Me entristece, ya que me gusta un poco. Hubo veces en las últimas semanas que casi cedo. Recuerdo la casa de verano, recuerdo a Shisui protegiéndome de los policías, sosteniéndome con su cuerpo mientras estamos tumbamos en el suelo de madera dura, hablando sobre las estrellas. Pero luego me acuerdo de su hermano, Itachi, recuerdo los Heighters, recuerdo la advertencia de Shisui y eso me hace encogerme de nuevo en mi concha... volver al silencio y el aislamiento.
Suspirando, obligo a mis piernas a caminar y me traslado junto a Shisui en el banquillo. Silenciosamente me siento, tiré de las mangas de mi top negro sobre mi palma de la mano, un movimiento que hago cuando estoy nerviosa. Shisui no había sentido mi presencia. No ha oído el crujido sutil del banco por encima del volumen de su dolor.
Cuando otro sollozo arranca de su garganta, pongo mi mano en su espalda, tengo que tocarlo. Estuvo mal de mi parte, fue sin invitación, pero tenía que hacerlo simplemente. Algo dentro de mí me empuja a ser de apoyo. Shisui es fuerte, pertenece a una peligrosa banda, tiene un pasado oscuro, pero debajo de su armadura de tatuajes, siento que también tiene un alma pura, y que está en peligro.
Con el tacto de mi mano, Shisui salta del asiento y se da la vuelta hacia mí, con los puños apretados y preparándose para atacar, sus brazos tatuados completamente de colores saltones debajo de su ajustada camisa negra.
Me protejo con mi brazo, pero al mismo tiempo que el puño de Shisui se acerca a mi mandíbula, él la retira.
Poco a poco bajo el brazo descubriendo mi rostro, Shisui inclina su cabeza a un lado, con la niebla de rabia levantándose de sus ojos de color ébano inyectados en sangre.
—¿Tema? ¿Qué dia...? —dice con una cortante voz rasposa.
Shisui se tambalea hacia delante hasta que se deja caer de rodillas sobre el pedazo de césped bien cuidado a nuestros pies. Mis manos cubren mi boca y las lágrimas llenan mis ojos. Parece agotado.
—¿Shisui? ¿Qué pasa? —le susurro con temor. El escudo en el que normalmente oculta sus emociones se ha agrietado y astillado. No tenía ni idea de qué hacer.
Shisui no podía hablar, no puede levantar la cabeza, está demasiado abrumado por, ¿dolor? ¿Sufrimiento? ¿Miedo? No lo sé. Las lágrimas caen al suelo desde sus ojos bajos, y lo único que puedo hacer es mirarlo.
—Shisui, ¿por favor? —le pido una vez más, casi haciendo una mueca por lo fuerte que mi voz suena en la tranquilidad del jardín—. Háblame. ¿Estás bien?
—No puedo... No puedo, Tema... —se las arregla para decir a través de sus lágrimas y el nudo en la garganta.
Shisui sigue sin levantar la cabeza, así que me dejo caer cuidadosamente de rodillas para estar al mismo nivel que él. Extiendo mi mano para ser de consuelo, pero me alejo de nuevo.
«No lo toques, Temari. Él va a querer tocarte de vuelta. Sentirá la grasa, sentirá la capa de grasa que cubre tu espalda y tus costillas. Sentirá repulsión por lo grande que te sientes...».
Retirando de mi mano de golpe, la acuno contra mi pecho, justo como las palmas de Shisui golpearon la vibrante hierba verde, su amplia espalda temblaba mientras lucha por controlar su respiración errática.
—Solo vete, Tema... déjame en paz... —suplica, sin levantar la cabeza.
Moviendo mis ojos a la puerta de salida cerrada, contemplo dejarlo, pero ver a Shisui en el suelo me hace cambiar de opinión.
—No lo haré —le digo con más autoridad de la que siento—. No creo que sea correcto que estés solo en este momento.
El puño de Shisui se estrella contra la suave hierba, sonando un ruido sordo.
—¡He dicho que me dejes jodidamente solo! —grita con veneno, haciendo que me estremezca alejándome él y golpeando mi espalda en el borde de metal del asiento del banco.
El aliento se apresura fuera de mi pecho, pero mi objetivo nunca deja de ser Shisui. Resuelta, me mantengo firme.
—No voy a dejarte así, Shisui —digo, aplacándole—. No te voy a dejar en este estado, tratando con lo que sea que estés pasando. ¡No soy una perra insensible!
Los brazos de Shisui comienzan a debilitarse, los codos bajan con tristeza. Y un instante después, Shisui cae hacia adelante, con la frente golpeando mis rodillas mientras me sienta en el suelo.
Me quedo inmóvil, y un oleaje de náuseas estrella contra mis entrañas. Mis manos se levantan en el aire mientras sienten cómo las lágrimas de Shisui empapan mis vaqueros negros desgastados.
Uno, respira... dos, respira... tres, respira... cuento en mi cabeza. Él me estaba tocando. Shisui Ōtsutsuki me estaba tocando.
Está bien, Tema, me digo a mi misma. Está sufriendo. Está...
Me estremezco cuando los enormes brazos tatuados de Shisui se entrelazan alrededor de mi espalda, deslizando las rodillas hacia delante hasta que su cabeza está a ras contra mi estómago, sus manos aprietan alrededor de mi columna vertebral, y su cálido aliento se impregna en la fina tela de mi top. Estaba envuelta en él. Sus manos me tocan... Puede sentir, todo de mí... sentir la grasa... demasiada grasa...
Pero Shisui no se da cuenta de mi angustia. No se da cuenta de que no soporto que me toquen. Está demasiado consumido por la pena, y yo estoy siendo consumida por él.
Cierro los ojos con fuerza, como si me lastimara, los vuelvo a abrir para ver que se ha levantado su camisa negra, revelando una inscripción tatuada en la parte baja de su espina dorsal que dice: Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Trato de concentrarme en la oración solo para distraerme de mi detonante.
Uno, respira... dos, respira... tres, respira... Repito mi mantra, una y otra vez en mi mente hasta...
—Tema... Tema... —murmura Shisui, y me preparo para su ira, su rabia, pero luego susurra—. Abrázame... por favor...
El conteo se detiene.
Las náuseas se detienen.
Todo mi mundo se detiene.
Mis manos están suspendidas en el aire mientras miro los músculos tensos en el cuello de Shisui, escucho los gritos suaves de dolor que se escapaban de su garganta, y sin darme cuenta, bajo mis brazos hasta que mis palmas tocan su cabello negro ondulado. Ha crecido un poco en las últimas semanas, y le sentaba bien, le hacía parecer menos severo.
Tan pronto como mis manos hacen contacto con él, Shisui se apodera de mí con más fuerza, robándome la respiración. Pero mi respuesta habitual a su contacto ha disminuido. Me recupero más rápido. Los sofocos de miedo son más cortos, y me quedo mirando con asombro la enorme figura de Ōtsutsuki.
«No te engañes, Temari. ¿Crees que los dedos de Shisui no están rastreando las costillas? ¿Crees que él no está pensando en lo grande que eres para tu altura? ¿Para una animadora de los Tide?». La voz se burla.
Me tenso ante las palabras de la voz, mis manos se deslizan desde la piel caliente de Shisui cuando él me agarra cada vez más estrechamente, con la cabeza girando ligeramente hacia un lado. Él respira hondo.
—Tema... no me dejes ir... por favor. Joder, no me dejes solo con esta mierda. No puedo lidiar...
Era su necesidad contra la mía, y mi culpa sobre ese hecho me tiene en conflicto. Pero cuando Shisui inclina su cabeza y sus ojos oscuros se encuentran con los míos, me encuentro asintiendo y enrollando mis brazos alrededor de su cuello. Los ojos de Shisui se cierran mientras que una oleada de paz pasa a él a través mi toque.
Estimulada por su reacción, trazo el pequeño tatuaje rojo de una flor de lis en su nuca. Vago ociosamente por lo que representa.
«Temari, no. No te acerques demasiado. Él va a pensar...»
¡No! Ahora no, grito mentalmente, acallando las palabras. Empujando la voz a los rincones de mi mente, me vuelvo a enfocar en el movimiento de mi pulgar, el movimiento circular, el acto pacifico de la meditación.
La corriente de agua que proviene de la fuente, acompañada por un búho cantando su canción desde el manzano. Trato de dar sentido a lo que está pasando. Estoy con Shisui Ōtsutsuki, consolando a Shisui Ōtsutsuki en el hospital, el lugar que más odiaba en la Tierra.
Finalmente, las lágrimas de Shisui cesan y su respiración se calma, pero mi pulgar se sigue moviendo. Es lo único que me impide enloquecer.
Mientras sigo, los dedos de Shisui empiezan a bordear a lo largo de mi espina, arriba y abajo.
¿Está contando mis vertebras? ¿Están lo suficientemente pronunciadas? ¿Ha él... ha...?
—¿Tema? —la ronca voz de Shisui corta a través de mi pánico, y mi pulgar instantáneamente se detiene.
—¿Si? —respondo nerviosamente.
—No le menciones esto a nadie, ¿de acuerdo? —Shisui se reclina hasta que puedo verlo completamente, y siento como podría perderme en sus hipnotizantes ojos italianos. Son tan oscuros que casi desprenden un azul nacarado. Su oscuro cabello ahora está lo suficientemente largo para que un mechón caiga sobre su doblemente perforada ceja con aretes seguramente diseñados, a través de su piel aceituna.
—Es nuestro secreto, lo juro —prometo.
El labio de Shisui se curva en una tímida sonrisa.
—Solo otro secreto al que añadir en nuestra ya sepultada lista, ¿eh?
—Parece que es lo mejor que sabemos hacer. —Suspiro.
Él sonríe y mis labios se crispan también, feliz de que pudiera encontrar un poco de humor en esta situación mientras que obviamente está preocupado por alguien que está enfermo. Estoy desesperadamente curiosa por saber de quién.
Sin pensarlo, estiro la mano y quito la hebra de cabello rebelde de su rostro e inmediatamente me congelo por la acción.
Quito mi mano, ruborizándome.
—Lo-lo siento.
Shisui quita el cabello de su rostro el mismo.
—¿Así está mejor? —dice en tono brusco. Mi estómago se vuelca. Él nunca ha sido de esta manera conmigo antes... casi amigable.
Miro otra, más decorativa, flor de lis en el otro lado del cuello de Shisui admirando las intrincadas hojas del lirio, y pregunto:
—Me encanta este símbolo. ¿Qué significa para ti, para haberlo grabado en tu piel?
Los ojos de Shisui brillan.
—Es el emblema de Firence... lo siento, es Florencia, Italia, para ti. Mi... madre es de allí.
Por alguna razón su respuesta me entristece. Es probablemente el eco de dolor en su voz mientras habla con vacilación de su madre.
Oh no... todo esto debe ser por su madre...
Miro brevemente hacia el jardín, miro hacia Shisui y trato de levantar el humor pesado.
—Entonces, ¿vas a salir de mi regazo?
Inmediatamente me arrepiento de haberlo dicho.
El rostro de Shisui adopta una expresión avergonzada, y levanta su torso, desenrollando sus brazos de mi espalda. Instantáneamente siento la pérdida.
Se arrastra de nuevo para descansar su espalda contra el banquillo y levanta su cabeza al cielo. Sus ojos parecían ir lejos.
—Malditas estrellas.
Tratando de ver lo que le molestaba, miro hacia el cielo también. Era solo el típico cielo nocturno. No entendía como él podría estar enojado por las llameantes bolas de gas, pero Shisui era realmente un enigma... a pesar de ser un duro ex-Heighter en la superficie, con tatuajes de pandilla incluidos, claramente puede amar lo suficiente como para estar tan preocupado por alguien cercano que está enfermo.
Todo el tiempo que Shisui se sienta allí observando, lo observo. Realmente robaba el aliento. Desde sus oscuros rasgos italianos hasta su intrincado cuerpo de lienzo cubierto de tatuajes... de su amplia gama de perforaciones a sus prominentes ojos negros evaluadores. Son mis favoritos. No sé por qué, pero siempre he tenido algo con los chicos con expansiones. Siempre he preferido las oscuras, torturadas almas, supongo. ¿Tal vez los opuestos se atraen?
Paso mi mano por la hierba, tomo una hoja y la levanto hacia el cielo, el vibrante verde acentuado por la luz de la luna.
—¿Por qué estás aquí? —la voz ronca de Shisui me obliga a mirar en su dirección.
Miro nerviosa el suelo mientras pregunta. Me encojo de hombros, dándole la vuelta la hoja entre mis dedos.
—Solo viendo a alguien —respondo evasivamente. No quiero hablar de la consejería. Eso llevaría a muchas preguntas sobre mi pasado.
Shisui inspira y vuelve la cabeza, aparentemente paralizado por el querubín de piedra en la fuente que sostiene un jarrón de agua fluyendo.
—¿Y tú? ¿Por qué estás aquí Shisui?
En lugar de darme una respuesta, Shisui extiende su mano y pone sus dedos tatuados bajo el chorro. Una sonrisa tira de sus labios.
—¿Por qué las fuentes tienen que tener pequeñas mierdas de bebés gordos? ¿Y por qué siempre están desnudos?
«Pequeñas mierdas de bebés gordos. ¿Escuchas eso Temari? Shisui nota que la gente está gorda. Él es un atleta, después de todo. Un atleta con un cuerpo perfectamente esculpido, a diferencia del tuyo. ¿Crees que cuando él te estaba sosteniendo hace un rato no estaba pensando en la misma cosa? ¿Por qué Temari Sabaku No es tan gorda?».
—¡Oye! ¡Tema! —la voz de Shisui me trae de nuevo al presente. Con sus cejas oscuras fruncidas—. ¿Por qué haces eso? —pregunta.
Empiezo a entrar en pánico.
—¿Hacer qué?
—Irte. Te quedas en blanco por un momento, mirando al vacío.
No le respondo. En su lugar lo miro con ojos muertos.
—¿Por qué estás aquí, Shisui? ¿Por qué estás tan roto?
Shisui traga duro y veo su manzana de Adán moviéndose bajo un tatuaje de una paloma con las alas abiertas en su garganta.
Mi sangre se hiela.
Una paloma.
Eso me llevó al día en me ingresaron —contra mi voluntad— en el hospital. Rápidamente me deshago del pensamiento.
Shisui se inclina hacia adelante, dobla sus piernas, y envuelve sus brazos a su alrededor como si se protegiera. Sus ojos están firmemente pegados al suelo mientras murmura:
—Mi madre está en nivel cinco. Fue admitida está noche.
—Shisui... —trato de decir algo, pero su aura era como una pared de ladrillos. Claramente no quiere mi simpatía. Era muy orgulloso para eso.
Shisui mira hacia el suelo, perdido en sus pensamientos.
—Un doctor con bata blanca me apartó de la cama de mi madre, me llevó a una maldita sala privada, y me dijo que solo le quedan meses de vida. Meses, Tema. Ella no va a vivir para verme entrar en la NFL.
Lagrimas se acumulan en mis ojos como las de él.
—Y no puedo volver allí. No puedo entrar en el maldito ascensor y mirarla postrada en la cama, tratando de ser fuerte, tratando de forzar una sonrisa, sabiendo que para el próximo año, ella se habrá ido. —Entonces Shisui me mira, como si tuviera todas las respuestas, como si supiera que decir—: ¿Cómo se supone que debo hacerlo, Tema? ¿Cómo mierda debo hacer esto... cuidar de mi madre, la universidad, el futbol, mierda, tratar con el imbécil de mi hermano?
—¿Qué le sucede a tu madre? —pregunto cautelosamente. No estoy segura de sí me diría esa información.
—ELA —responde, pero mi rostro debe de haber mostrado que no sé lo que es eso—. Lou Gehrig. Enfermedad en las neuronas motoras, Tema. Sus nervios están jodidos. Ya no puede caminar, apenas puede hablar. Pronto no va ser capaz de levantar sus brazos. Luego finalmente, no va a ser capaz de tragar. ¿Pero quieres saber cuál es la verdadera mierda de todo esto? —Cierro mis ojos ante la devastación en su voz—. Que su mente no está afectada. Ni siquiera un poco. Mentalmente sigue siendo exactamente la misma, pero su cuerpo se está deteriorando. Imagina eso, querer hablar pero ser incapaz de mover los labios, querer bailar pero incapaz de mover sus pies. Está en una prisión, una puta prisión en su propio cuerpo, y yo solo tengo que esperar y ver qué pasa. Puta A, ¿No crees?
Poniéndome de rodillas, me apresuro hacia adelante y me siento al lado de Shisui contra el banco. La mano de Shisui está plana en el suelo. No tengo palabras para consolarlo, así que extiendo mis dedos, mi índice enganchan el de Shisui en apoyo. Lo atrapo observando la acción, pero no responde.
Este era un gran paso para mí.
Extrañamente, sé que esto es un progreso.
¿Quién pensaría que Shisui Ōtsutsuki sería el que me ayudara en mi recuperación?
—Disculpa por ser un gran puto marica ahora. Sigues viéndome en mis peores momentos —dijo Shisui, rompiendo la tensión.
Mi boca se abre ante su brusco lenguaje.
Causa que me ría y sacuda la cabeza.
—Está bien, y no fuiste un... puto... marica, como lo pusiste.
Shisui sonríe y mi corazón da un salto completo en mi pecho. Casi presiono mi mano contra él por miedo de que me dé un ataque cardiaco. La sensación me impresiona. Nunca antes he sentido algo como eso... esa hermosa sonrisa...
—Sí, lo fui. Pero desde ya que eres muy buena guardando secretos, supongo que no importa demasiado.
—¿Shisui? —digo nerviosamente.
—¿Mmm?
—El doctor con el que hablaste...
Shisui se mueve para encararme, pero nuestros dedos lo mantienen donde está.
—¿Qué pasa con él?
—Es mi padre.
La mandíbula de Shisui se tensa y aparta la mirada.
—Mierda.
—No va a decir nada. No puede decir nada. Te vi salir corriendo de la sala. Ni siquiera sabe que vine a por ti —digo, protegiendo la profesionalidad de papá.
Shisui se da la vuelta hacia mí ante eso y sus ojos se estrechan.
—¿Y cómo lo tomó papi cuando le dijiste que me conocías?
Ruborizándome, voy a hablar, pero rápidamente cierro mi boca.
La ceja perforada de Shisui se levanta.
—Eso está bien, ¿eh?
Una risita vino por mi garganta, y cubro mi boca con mi mano. Parecía mal reírse en este jardín, pero, extrañamente, era fácil reírse con Shisui.
Shisui resopla una risa también.
—No sufras. Soy un ex–Heighter que no estaría en la cima de la lista de aprobación de amigos.
Mi humor decae.
—¿Por qué te defines por el pandillero que solías ser?
Shisui me bloquea con una mirada.
—Porque eso es lo que la gente siempre ve. Ellos no miran más allá de la superficie. —Tapa el tatuaje de la estrella en su pómulo izquierdo y luego la palabra Heighter en su cuello.
—Podrías quitarlo con cirugía láser —sugiero.
Shisui echa la cabeza hacia atrás y da una carcajada. Frunzo el ceño. Shisui deja de reírse.
—Nah, no puedo, Tema.
—Pero...
—Tema, no puedo hacer que me los quiten. No es así —dice, dando por seguro que no continuaría con el tema.
Shisui mira a lo lejos, claramente pensando en un tiempo más oscuro, y suspiro.
—Bueno, yo veo más, veo mucho más. Veo a un chico que cuida de su madre prácticamente solo. Veo a un chico roto porque ella está enferma. Veo a un chico que sale de una situación sin esperanza y está tratando de ir por un camino mejor —susurro en voz baja.
Shisui no responde nada, y, como una cobarde bajo los ojos.
Shisui se levanta lentamente, y yo levanto la cabeza para verle mirar fijamente la puerta. Pero no se mueve.
—Tengo que ir a decirle a mamá buenas noches —me dice en voz baja.
—Bueno. Espero que ella se sienta mejor —le digo, pero no me muevo. Quiero esperar aquí hasta que se haya ido. Ha sido muy intensa la noche.
Pero Shisui no se mueve, como si sus pies estuviesen arraigados en el suelo.
—Shis...
—¿Quieres acompañarme? —pregunta de pronto, y casi me echo hacia atrás en estado de shock.
Mis cejas se surcan y mi falta de respuesta hace que Shisui se gire hacia mí, con una expresión expectante.
—¿Quieres que vaya contigo? —le pregunto con dudas.
—Eso es lo que he dicho, ¿no? —dice de manera cortante y se pasa la mano por debajo de la parte inferior de la nariz con nervios.
Shisui no quiere estar solo en este momento, pero se siente avergonzado por ello también.
Mientras me levanto, una calidez se extiende dentro de mi estómago. Shisui me está esperando. Grande, amenazante Shisui... y él me necesita a su lado.
Mientras me muevo ante él, Shisui mete las manos en sus bolsillos y mueve su barbilla hacia la puerta. Lo sigo en silencio.
Shisui no habla en todo el camino hasta el ascensor, pero se queda a un centímetro de mi lado. Podía oler su colonia como si estuviera recién perfumado y siento el calor que irradia su piel. Sólo hay silencio.
Espera. Solo hay silencio.
La voz en mi mente no ha dicho nada desde hace rato. Por primera vez en varios días, tengo un breve respiro de sus incesantes tentaciones y burlas.
El sonido del ascensor me hace saltar, y las pesadas puertas de acero se abren en nuestro piso. Salgo a la sala... sola.
Las pesadas puertas comienzan a cerrarse, meto mis manos entre ellas para que vuelvan a abrirse, y vi a Shisui que está de pie en el mismo lugar que antes. Por segunda vez esta noche, mi corazón se rompe por él.
Caminando delante de él, acerco con cautela mi mano y la pongo sobre su brazo. Los ojos oscuros fijos en los míos.
—¿Estás bien? —le pregunto con una voz suave.
Se aclara la garganta y asiente. Sonrío como estímulo, y Shisui me guía por el pasillo hasta llegar a una puerta cerrada.
Una puerta que permanece cerrada.
La cabeza de Shisui cae, y con su dedo pulgar se pellizcó el puente de su nariz.
—¿Qué diablos pasa conmigo?
Apretando mis manos con indecisión, al final levanto una y la pongo plana en la espalda de Shisui.
—Estas molesto. Es perfectamente natural dada la situación.
Levantando la cabeza y moviendo su cuello de lado a lado, me mira a través de sus largas y oscuras pestañas. Su expresión agradecida me roba el aliento.
—Gracias, Tema.
Acariciando su espalda, ando hacia atrás cuando Shisui abre lentamente la puerta. Inmediatamente fijo mis ojos en una bella mujer tendida en la estrecha cama del hospital, y mi corazón se derrumba.
La madre de Shisui.
—Ciao. ¿Stai bene, mamá? —Shisui le dice a su mamá en italiano, y mis ojos se abren en estado de shock. No me había dado cuenta de que hablaba italiano. Otro secreto que acababa de enseñarme.
—Sto Bene... mio caro. —La señora Ōtsutsuki susurra suavemente, su embelesada atención todavía en mí. Y yo no estoy inmóvil, extasiada al ver a Shisui con esta luz. Es hermoso con su mamá. Estoy empezando a pensar que puede ser hermoso, y punto.
Shisui se traslada junto a la señora Ōtsutsuki y le da un beso en la cabeza. La señora Ōtsutsuki levanta la mano débilmente y la pone sobre el brazo de Shisui.
—Shisui... ¿è chi?
Los ojos de Shisui se trasladan a la puerta... y a mí que todavía estaba ahí, inmiscuyéndome en su vida privada, incapaz de moverme, de mirar fijamente. Espero su ira. Lo que me da es una tímida sonrisa.
—Esta es Tema, mamma. Ella es mi... ¿amiga? —La palabra "amiga" la dice más como una pregunta que como una declaración, sin embargo, las mariposas revolotean en el estómago lo mismo—. Ella estaba aquí viendo a alguien, y yo la vi en la planta baja. Me ha acompañado de vuelta.
—Vieni... qua, cara mía... —dice la señora Ōtsutsuki hacia mí, y miro a Shisui para la traducción.
Shisui se pone de pie y camina hacia mí, deteniéndose en el extremo de la cama de su madre.
—Quiere que te acerques.
Shisui tiene una expresión un poco estupefacta en su rostro, y sonrojándome, entro en la habitación, y luego me quedo bastante torpemente junto a Shisui.
Al oír una risa tranquila a mi lado, miro hacia arriba, a Shisui, y él mueve su barbilla hacia su madre.
—Adelante. Ella quiere conocerte.
Bajando la cabeza, me dirijo a la parte superior de la cama, para contemplar a una mujer con el cabello negro brillante hasta su espalda, una hermosa piel aceitunada y ojos del color del ébano. La señora Ōtsutsuki era impresionante.
—Tema, encantada... de conocerte —dice la señora Ōtsutsuki suavemente con una voz con fuerte acento italiano, haciendo una pausa entre las palabras. Puedo ver que es una lucha para que ella hablar. Me siento muy mal por ella.
—Encantada de conocerla también, señora.
—Mikoto —ella presiona.
Sonríe.
—Encantada de conocerte, Mikoto.
—Ah... lei è bella —dice a Shisui, que se ha trasladado al otro lado de la cama, y ella deja escapar una risa sibilante—. Un piccolo... folletto oscuro...
Shisui sonríe a su madre y me mira, con humor en sus ojos.
—Sí. Lo sé.
Reduciendo los ojos, le pregunto:
—¿Qué?
Shisui sacude la cabeza y esconde su sonrisa con la mano.
Frente a mí, una vez más, la señora Ōtsutsuki pregunta:
—¿Conoces a... mi... Shisui de la universidad?
Me calmo y, echo un vistazo a Shisui, veo exagerar un movimiento de su cabeza, diciéndome que diga que sí. No quería que mencionara a los Heighters; eso estaba claro de ver.
—Sí, señora. Estoy en el equipo de las animadoras de Crimson. Animo todo los partidos de ida y vuelta de los Tide.
La señora Ōtsutsuki sonríe, pero sólo el lado derecho de su cara se levanta. Ella seguía siendo una de las mujeres más hermosas que había visto nunca, incluso con esa leve pérdida del control muscular.
—Ah, el fútbol. Yo estoy... muy orgullosa. Shisui es... tan talentoso...
Haciendo una mueca, la señora Ōtsutsuki trata de mover su posición en la cama, y Shisui saltó para ayudar a su madre girarse ligeramente a un lado.
—Grazie... mio caro —dice con los dientes apretados y ladea la cabeza para mirarme—. Scusami, Tema... estoy cansada... esta enfermedad... no es buena...
—Duerme, mamma —dice Shisui y tira de las mantas hasta los hombros—. Voy a volver pronto.
—Está bien... lleva... a Tema a casa ahora. Es tarde... protégela.
—¡Oh, no, gracias, voy a estar bien! —digo desde atrás—. Tengo mi au...
La señora Ōtsutsuki levanta su mano temblorosa en mi dirección, y de inmediato dejo de hablar.
—Shisui te... llevará... a casa segura. Lo hará bien... porque... ¿Está bien, mio caro? —le dice entonces a Shisui.
Lanza una mirada larga, indecisa en mí, Shisui luego fija una sonrisa a su madre.
—Ehh... Certo, mamma. Voy a llevarla a su casa segura. Lo guiro.
—Tan... buen chico. —Los ojos de la señora Ōtsutsuki se cierran y susurra—: Ti voglio bene... Shisui... Ciao, Tema... encantada... de conocerte... vuelve pronto... —Y entonces ella se queda dormida.
La ternura en el rostro de Shisui cuando mira dormir a su madre enferma, casi me hace llorar. Y cuando se traslada a un viejo tocadiscos en la esquina de la habitación y lo enciende, una lágrima perdida escapa de mi ojo y baja por mi mejilla. Las voces calmantes de la "Ave María" suenan desde el pequeño altavoz, Shisui me mira y se encogió de hombros, avergonzado.
—Hace que sonría. —Es todo lo que dice.
He perdido un pedazo de mi corazón con él en ese momento.
Shisui me hace un gesto hacia la puerta con la mano, y yo secretamente me limpio la mejilla. Cuando se cierra la puerta del cuarto de su madre, sacudo con torpeza mis pies.
—Le gustas —dice Shisui después de unos tensos segundos de silencio, con el labio elevado en la comisura de su boca.
Por alguna razón, gustarle a su madre me hice sentir feliz.
—También me gusta. Es hermosa —le contesto.
Shisui asiente, pero parece que no puede hablar. Es como si casi pudiera oírle añadir: «pero ella no va a estar mucho tiempo más».
—Fuiste realmente dulce con ella —le digo y pongo una mano en su hombro voluminoso.
—¿Dulce? —dice Shisui, mirándome horrorizado.
—Sí, chico duro, fuiste dulce.
—Bueno, supongo que mi cariño tendrá que durar un poco más, ¿no es así?
Comienza a caminar hacia los ascensores y echó un vistazo por encima del hombro.
—¿Vienes, Pix?
Envolviendo mis brazos sobre mi pecho, le pregunto:
—¿Pix? ¿Por qué me llamas Pix?
Shisui aprieta el botón del ascensor y echa la cabeza hacia un lado.
—Mi madre pensó que parecías un pequeño duendecillo oscuro. —Él me mira fijamente, con una chispa de humor de nuevo en sus ojos—. Y tengo que estar de acuerdo.
Trato de actuar ofendida, pero lo único que puedo pensar es que los duendecillos son pequeños y delgados. Ellos son pequeños y delgados. ¿Shisui y su mamá piensan que soy delgada?
Ese comentario me hace sentir estar a tres metros de altura.
Las puertas del ascensor se abren, y Shisui y yo entramos en el interior vacío.
—Entonces, ¿dónde has estacionado? —preguntó.
—Estacioné en el subsuelo. ¿Dónde estacionaste?
—No lo he hecho. Me trajo el autobús aquí. Yo no tengo un auto como algunos.
Jugando con las mangas de mi camisa tensas sobre mis palmas, le pregunto:
—¿Quieres que te lleve de vuelta a la universidad?
Shisui levanta la mano y colgando de sus dedos estaban mis llaves del auto. Sonríe.
—Yo conduzco, por lo que técnicamente, voy a llevarte yo a ti.
Mi boca se abre, y registro mi bolso que estaba junto a mi cuerpo. La parte superior está abierta. Miro hacia atrás para ver a un Shisui sonriente.
—¿Cómo...?
—¿Crecí en un parque de caravanas, tenía que robar dinero y comida, y estaba en una pandilla. Créeme, Pix, recogerlas de tu bolsillo no fue demasiado difícil. —Mira hacia abajo a las llaves y sacude la cabeza con decepción antes de mirarme de nuevo, y luego añade—: ¿Pero un Prius? ¡Joder, Pix! ¿Con un médico como padre, no podrías al menos tener un Porsche?
Trato de parecer enojada. Realmente lo hago. Pero me estoy divirtiendo malditamente mucho para importarme realmente.
Y con Shisui Ōtsutsuki de todas las personas. ¿Quién lo hubiera imaginado?
.
.
.
El auto se detiene en mi estacionamiento asignado en el campus y Shisui apaga el motor. Casi no hemos hablado realmente en todo el camino hasta aquí, sólo escuchado a Lacuna Coil en amigable silencio. Una de mis bandas favoritas.
—Vamos —dice Shisui y sale del auto.
Abro la puerta, salgo y hablo sobre el techo.
—Puedo ir caminando desde aquí. Estoy bien.
Shisui observa a su alrededor, con el rostro serio. Mi estómago se tensa un poco. Me pregunto si él está buscando por cualquier Heighters.
—Te voy a acompañar hasta tu casa de la hermandad. No hay peros.
Me encojo de hombros y me uno a él en la acera. Me doy cuenta de que me gusta.
Unos minutos más tarde, Shisui me toma por la manga, y me da la vuelta para ver una extraña expresión en su rostro.
—¿Entonces qué... nos veremos mañana por la noche? —dice, sin mirarme a los ojos.
La sorpresa llena cada célula de mi ser.
—¿Mañana por la noche?
Acercándose, huelo su aroma único. Me recuerda al agua de lluvia. Ese adictivo olor que se obtiene después de una tormenta de verano, cuando la lluvia ha golpeado contra el asfalto caliente. Era fascinante.
—Sí. Tú. Yo. Lejos de aquí. Solos.
Inhalo fuerte y le digo:
—¿Cómo... cómo una cita o algo así?
Shisui se queda inmóvil y su mirada se estrecha en la mía.
—Simplemente nosotros sin más. Solos tú y yo, por nuestra cuenta... como lo hicimos esta noche. No es una maldita cita. Yo no tengo citas.
No pensaba que fuera una buena idea.
—Umm... Yo no.
—Solo quiero salir de nuevo. Hablar.
Un hormigueo recorre mi columna vertebral y mi cabeza se siente ligera. Yo sé que me hace sonrojar profundamente, pero asiento lentamente en respuesta y le susurro:
—Sí. Me gustaría verte mañana.
Shisui parece exhalar aliviado, se aparta de mí, y comienza a alejarse, haciendo una pausa sólo para gritar de nuevo:
—En la glorieta. A las siete de la tarde.
Con mis dedos jugando por encima de mi boca nerviosa, asiento de acuerdo y me dirijo a mi puerta.
Shisui Ōtsutsuki ha sido el primer hombre en mi vida que me ha preguntado alguna vez para salir... mmm... sea como sea que lo etiquetemos.
