Capítulo 11

TEMARI

—¿Y a dónde vas toda engalanada?

Miro hacia la puerta y Karin está apoyada contra el marco, con los brazos cruzados sobre su pecho.

Coloco mi pendiente de plata enriquecida en mi oreja, lo fijo de manera que no pueda salirse y luego tiro de la tela suelta de mi vestido negro, largo hasta el suelo, para comprobar que no se aferra a mi figura.

—Solo voy a salir con algunos amigos del equipo —le respondo, odiando decirle a mi mejor amiga una mentira tan descarada.

Karin entra en mi habitación y cierra la puerta, camina hasta tomar su asiento habitual en el sofá de dos plazas.

—Oh, bueno.

Suspiro ante su tono abatido y camino hacia ella y me siento en el borde de mi cama.

—¿Qué?

Karin se encoge de hombros y dice:

—Solo que siento que has estado alejándote de mí durante las últimas semanas. No pareces muy feliz últimamente. —Ella estudia mi reacción, pero mi expresión no cambia—. ¿Te ha pasado algo?

Sacudo la cabeza.

—No.

Karin se inclina hacia delante y pasa su mano por mi mejilla.

—Ya nunca comes con nosotros, nunca. Estás fuera todo el tiempo, y la Tema llena de vida que conozco parece estar perdiendo su espíritu.

—Karin...

—Eres mi mejor amiga, Tema. Has sido mi hermana durante más de tres años en esta universidad, y sé que algo pasa. Sakura y Konan están pasando por sus propias cosas, estudiando, otros grupos de amigos, pero tú y yo... bueno, siempre hemos estado unidas.

Mi estómago se revuelve por la culpa. Pero no puedo decirle que estoy luchando con la comida. Y definitivamente no puedo hablarle de Shisui.

Poniéndome de pie, apoyo mi mano en su mejilla y le digo:

—Karin. Estoy bien. Estás leyendo demasiado en las cosas. Estoy más ocupada este año con el equipo, y no estás acostumbrada a ello. También tienes a Suigetsu ahora. Nada ha cambiado, ¿de acuerdo? Lo prometo. Especialmente entre nosotras.

Karin me mira un segundo demasiado largo, y me preocupa que esté viendo a través de mi fachada. Pero cuando golpea su mano sobre su muslo y se levanta sonriendo, sé que había vuelto a ser la misma de siempre.

Lanzando sus brazos alrededor de mi cuello, tira de mí abrazándome. Mis ojos se cierran y me esfuerzo para no entrar en pánico. Karin de repente me tira hacia atrás y me mira raro.

—¡Mierda, chica! ¿Bajaste de peso? ¡Te juro que puedo sentir tus costillas de mierda!

Mi voz se queda atascada en la garganta, con miedo, y mi pulso empieza a acelerarse. Mi secreto ha sido descubierto. ¡Ha sido descubierto!

Por suerte, Karin desestima su comentario con un gesto y, saliendo por la puerta de mi dormitorio, grita:

—Conozco una hamburguesería increíble. ¡Vamos a hacer planes para salir y alimentarte! Demasiado ejercicio, chica. Simplemente baja el ritmo. No quiero que te enfermes.

Ella me deja allí de pie en medio de la habitación, tratando como el infierno de calmarme. Eso estuvo demasiado cerca.

Una vez que dejo de temblar, alcanzo mi bolso y me dirijo hacia la casa de verano, todo el tiempo pensando en un plan para escaparme de ir a comer hamburguesas.

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Shisui está esperándome fuera de la casa de verano y de inmediato me lleva a la camioneta de Sasuke. Tan pronto como entro, el olor de la barbacoa me golpea y el estómago se me revuelve con asco.

No puedo comer eso. Tengo que inventar una excusa. Digamos que ya he cenado o algo así. No puedo enfrentarme a comer con él.

Shisui entra y de inmediato frunce el ceño ante mi comportamiento extraño.

—¿Estás bien?

Coloco mi cabello hacia atrás y trato de ocultar mi ansiedad.

—Claro. Solo tengo curiosidad por saber dónde vamos. Y, umm... me temo que ya he comido.

Señalo a la bolsa de la barbacoa en la parte trasera.

Shisui se encoge de hombros.

—No hay problema. Lo recogí porque yo no lo he hecho, y solo vamos a dar un paseo. Me comeré tu parte también. No te preocupes.

Suspiro en silencio y trato de relajarme mientras salimos fuera del campus.

—Entonces, ¿dónde vamos?

—Fuera de la ciudad —fue todo lo que dijo.

Encendiendo la radio, Shisui sintoniza mi emisora de rock favorita. "Ever After" de Marianas Trench comienza a sonar a través de los altavoces.

—Me encanta esta canción —murmuro mientras miro por la ventana, viendo el mundo pasar.

—A mí también. Encantado de conocer a alguien que aprecia la música de verdad, no esa mierda rústica de la que no puedo conseguir jodidamente alejarme por estos lugares.

Mariposas se arremolinan en mi estómago, y no puedo evitar sonreír. No tenía ni idea de cómo sentirme aquí con Shisui Ōtsutsuki. Después de todo lo que había sucedido en las últimas semanas, se sentía... Correcto.