Capítulo 12
TEMARI
Una hora más tarde, y aparentemente en el medio de la nada, Shisui para la camioneta, se detiene junto a un río y salta fuera.
—Estamos aquí, Pix.
Examino el exterior por la ventana y frunzo el ceño. No tenía ni idea de dónde era "aquí". No había nada "aquí".
Shisui aparece en mi puerta, y tomando mi mano, me saca y me lleva atrás de la camioneta. Iba a poner sus manos en mi cintura para levantarme, pero inmediatamente doy un salto atrás, Shisui se sobresalta por la sorpresa, yo me encojo de hombros y digo:
—Puedo subir sola.
Si él estaba cuestionando mi extraña reacción, no deja que se note.
Mientras estoy detrás de la camioneta, veo una manta fuera y, cuando me giro para sentarme, mi respiración está acelerada.
La camioneta se mece cuando Shisui sube conmigo y se pasa la mano por el cabello, está nervioso mientras permanece de pie a mi lado mirando fijamente la vista que me tenía cautivada.
—Shisui... la luna. ¿Por qué es tan grande? —le susurro con temor.
Una luna gigante y naranja parece sorprendentemente enorme e increíblemente muy cerca. Tan cerca que casi puedo tocarla; con un reflejo nebuloso que abarca todo el ancho del río delante de nosotros, ya que está asentada felizmente en el horizonte.
—Es la cosa más hermosa que he visto en mi vida.
—Es una súper luna. La luna está en su órbita más cercana a la Tierra esta noche. Su tamaño y cercanía es una ilusión para nosotros aquí en la Tierra.
—¿Cómo?
—Cuando la luna baja en el horizonte, parece enorme para nosotros, pero no es más grande que lo que vemos todas las noches. —Shisui señala la luna delante de nosotros y yo no puedo dejar de parpadear hacia él con sorpresa.
—¿Es por lo que hemos venido tan lejos de la ciudad? ¿Para poder ver esto?
Shisui se remueve con vergüenza y asiente con un movimiento brusco.
—Las súper lunas no suceden a menudo y para apreciarla realmente es necesario alejarse de la ciudad y de toda la contaminación lumínica.
Luego hace un gesto hacia las estrellas del cielo. Un cielo tan lleno de diamantes que parece como si no hubiera espacio para un llano de oscuro cielo nocturno. Cada parte está llena de estrellas. Nunca había visto nada igual.
—Shisui... es hermoso. Yo... yo no puedo creer lo que estoy viendo. Es como un sueño.
Sintiendo su intensa mirada en mí, inmediatamente miro hacia abajo, sonrojándome. Shisui se aclara la garganta y se sienta sobre la manta, y abre su bolsa de barbacoa.
Me uno a él en la manta y envuelvo mis brazos alrededor de mis piernas. Tomando un enorme bistec, Shisui se apoya contra el costado de la camioneta y me mira a los ojos. No puedo evitar sonreír.
—¿Qué? —pregunta Shisui con cautela.
—Nunca habría pensado te gustara todo esto. —Hago un gesto hacia el cielo—. La astronomía, súper lunas, estrellas.
Shisui parece avergonzado y se encoge de hombros. No responde nada.
—¿Seguro que no quieres algo de esto? —Me tiende la bolsa grande de comida y sacudo la cabeza. Shisui tira la bolsa al lado, se chupa los jugos de los dedos e inclina la cabeza para disfrutar de la vista. Yo hago lo mismo.
—¿Cómo está tu madre?
La respiración de Shisui se engancha por un momento, pero luego responde:
—Aún en el hospital. Pero la vi hoy y se está sintiendo un poco mejor.
—Siento que este tan enferma, Shisui. A veces la vida no es justa.
Shisui baja la cabeza para mirarme y pregunta:
—¿Sí? ¿Y cómo sabes que no es justa, Pix?
Cada músculo de mi cuerpo se tensa con su pregunta. Trato de relajarme, pero me doy cuenta por la expresión inquisitiva de Shisui que había notado mi aprehensión.
—Solo lo sé, Shisui. Lo que se ve en la superficie no siempre es la realidad.
Hay una pausa incómoda, luego Shisui dice:
—Estás predicando a los conversos, Pix.
Shisui hace un gesto con la mano y se tumba sobre la espalda.
—¡Túmbate en el suelo! la vista es mejor.
Lamiendo mis labios con nervios, poco a poco me deslizo sobre mi espalda y miro el cielo nocturno.
Shisui señala con los dedos un grupo de estrellas.
—La Osa Mayor.
Sigo su dedo índice mientras trazó la constelación.
—Vaya —le susurro, sintiendo el momento surrealista.
—Osa Menor —Shisui continúa y yo sigo su demostración con gran atención—. Osa Mayor, Casiopea, Draco... —Y sigue, me guía como Virgilio a través del complejo mar de estrellas. No me toma mucho tiempo dejar de seguir su mano apuntando hacia el cielo, y observo la expresión alegre y despreocupada en su rostro, por lo general dura y sin emociones.
Era hermoso... y había mucho más de él de lo que nunca imaginé.
Tomando una respiración profunda, Shisui baja la mano, sus dedos encima de los míos. Un suspiro de satisfacción se escapa de sus labios carnosos y me siento conmovida cuando comienza a hacer patrones en la parte posterior de mi mano con la punta del dedo. Estaba fascinada cuando mira hacia abajo y ve el movimiento de su caricia.
—¿Por qué te gustan tanto las estrellas? —le susurro, tratando de calmar los temblores frenéticos de mí brazo.
—Niente puo 'essere paragonato alla bellezza delle stelle. —El italiano de sus labios era tan suave como el terciopelo.
—¿Qué significa eso?
—Nada se compara con la belleza de las estrellas.
Mientras lo miro, más cerca, simplemente no puedo averiguar cómo alguien como él podría unirse a una pandilla. Era tan talentoso en el fútbol, pero este lado de él, esta parte sensible, casi poética de su personalidad, era divina.
—¿Shisui?
—¿Mmm?
—¿Cómo te involucraste con los Heighters? —El suave toque de su dedo en mi mano se detiene y la máscara dura en su rostro vuelve a su lugar.
Acercándome más a él, pongo mi mano en su brazo y le digo:
—No estoy juzgándote, solo trato de entenderlo.
Suelta el aliento reprimido a través de sus labios y rueda sobre su costado para mirarme. Yo hago lo mismo, quedándonos frente a frente.
—Donde me crie, a muchos niños no les va bien, Pix. La mayoría de ellos tienen gente en casa que bebe, o se droga, hay prisa por conseguir dinero en efectivo. Afortunadamente éramos diferentes. Teníamos a la mamma. Ella intentó evitar con todas sus fuerzas que nos fuéramos por ese camino. —Shisui cierra los ojos y sé que es porque está imaginando a su madre enferma. Estiro mi mano sobre la suya y nerviosamente envuelvo mis dedos alrededor de los suyos.
Los ojos de Shisui se abren y muerde su labio. No puedo apartar los ojos de la carne, ahora brillando por la humedad, de su boca.
—Mi hermano, Itachi, siempre estuvo involucrado con los Heighters. A él le encantaba, pero yo era diferente, así es mi hermano pequeño, Izuna. —Agarrando mi mano con más fuerza en la suya, continúa—: Pero entonces mi madree enfermó y todo cambió. Necesitábamos dinero. Y eso fue todo, me inicié y comencé con prisa por cualquier cantidad de dinero en efectivo que pudiera conseguir.
—Y... ¿y cómo terminaste jugando para los Tide?
—Yo era bueno en el fútbol y el entrenador me reclutó.
—Eso no es lo que yo... —trato de decir, y Shisui me corta.
—Lo sé. ¿Quieres saber cómo fui capaz de salir de la pandilla?
—Sí.
La mandíbula de Shisui se aprieta y cierra los ojos, como si estuviera reviviendo un recuerdo.
—Fue Itachi, él me sacó. Lo recuerdo con mucha claridad. Yo lo estaba haciendo bien en las calles y el líder de la pandilla, Kisame, se impresionó. Esto fue bueno porque nos dieron más dinero para mamá, pero malo porque me hizo útil para él. Muy útil para dejarme ir. Acababa de terminar un acuerdo con un grupo de adictos y volví de nuevo al parque de caravanas, cuando Kisame me llamó a su remolque. «He estado oyendo algunas cosas sobre ti, Ōtsutsuki». me dijo con frialdad. Mi estómago cayó. Recuerdo que miré a la puerta de la caravana , rezando porque Itachi se diera prisa a casa para que me ayudara. Kisame me aterrorizaba. «Escuché que has estado por la escuela secundaria. Siendo la gran estrella de fútbol. ¿Es verdad?». Yo sabía que él no podía saber acerca de la beca. En ese momento sólo mi familia lo sabía. Y definitivamente no contaba a Kisame como mi familia. «He oído que los Tide te han ofrecido una beca. ¿Ibas a mantener la boca cerrada acerca de eso también?». Supe entonces que él había estado haciendo algo de investigación sobre mí. Me había convertido en alguien demasiado valioso para él como para irme. Kisame se movió alrededor de la mesa de la cocina y se puso justo en mi cara. «¿Crees que puedes irte y dejar a tus hermanos? ¿Crees que puedes simplemente dejar esta vida detrás?». Empezó a reírse de mí, riéndose justo en mi cara. «No es así como funciona, amiguito. Juraste al entrar. Te tatuaste. Eres un Heighter para toda la vida.». Sinceramente, pensaba que me iba a matar, Pix.
—¿Que sucedió después? —le pregunto, pendiente de cada palabra que dice.
—Kisame me empujó, golpeándome la espalda contra la pared de la caravana. «¿Estas escuchando pequeño idiota? ¿Crees que eres mejor que yo, porque puedes correr más rápido?» Estaba jodidamente muy enojado conmigo. Yo sabía que me mataría antes que dejarme ir. Pero entonces oí: «¡Kisame, hombre, déjalo malditamente en paz!» Kisame se congeló en mi rostro y mi corazón empezó a latir de nuevo. Era la voz de Itachi y Kisame se apartó bruscamente de mí. Se lanzó al pecho de Itachi, pero Itachi era más grande, musculoso, y lo más importante, era letal en una pelea, que es la razón por la que Kisame mantiene a Itachi tan cerca. Un hijo de puta y medio, mi hermano. «¿Tú sabías que él consiguió una maldita beca de fútbol de los Tide y no dijiste una mierda?» Kisame le gritó a Itachi. Itachi me miró a mí, y mis ojos cayeron al suelo. Yo quería esa beca muchísimo y él lo sabía, mamá quería muchísimo esa beca y él la quería también. Pero no tenía ni idea de cómo podría tomarla. Kisame estaba en lo cierto. En esta vida, la vida de mierda que me dio con la mano, lo que yo quería no importaba. Tener verdes y a tus hermanos cuidándote la espalda era el único código de honor en un lugar que no tenía ningún maldito orgullo.
—Shisui... —susurro, sin saber qué decir. No podía creer que esa fuera su vida. Que él tuviera que pasar por todo eso para ir a la universidad. Para seguir sus sueños.
—Itachi arrastró a Kisame fuera de la caravana , dejándome en el interior para que pudieran "hablar". Se sintió como toda la vida mientras estaban por ahí "hablando". Finalmente, la puerta se abrió y Itachi regresó sin Kisame. Él se unió a mí en el suelo. Luego dijo las palabras que nunca pensé que oiría: «Estás fuera, hermanito» no sabía qué decir, así que me limité a mirarlo con mi maldita boca abierta. Itachi se rió de mí. «Estás fuera. Kisame no te va a causar ningún problema de mierda». Le pregunté cómo lo consiguió, qué le había prometido a Kisame, pero él sólo dijo: «Eso no es asunto tuyo, chico» Unos meses más tarde me fui a la universidad.
Me quedo en silencio aturdida por la historia que Shisui acababa de revelar. Sus ojos negros brillan al revivir el recuerdo y pregunto:
—¿Y qué hizo? ¿Qué le prometió a Kisame?
Shisui bajó la cabeza.
—No tengo jodida idea. Itachi no me lo dirá. Pero voy a averiguarlo algún día. Necesito saber qué le debo.
Todo se volvió muy claro. Fue por eso que estaba protegiendo a su hermano. Fue por eso que estaba tratando de mantener el tráfico en el campus tan oculto. Sentía que se lo debía por sacarlo de la pandilla.
Aprieto su mano en la mía, sintiendo un destello de comprensión y Shisui lentamente se sienta.
—Deberíamos irnos, Pix. Es un largo viaje de regreso.
Mientras me levanto y salto fuera del borde de la camioneta, absorbo la visión de la súper luna y rezo para recordar su belleza para siempre.
Al oír el rugido del motor, abro la puerta de la camioneta y me siento en el asiento del pasajero, notando de repente las manos de Shisui congeladas en el volante.
—¿Estás bien, Shisui?
—Nunca... nunca le he contado eso a nadie.
Mi respiración se agita por su confesión, mientras levanta la vista con la cabeza inclinada hacia un lado.
—Se siente de alguna manera bien sacarlo fuera de mi pecho... Se siente bien hablar contigo.
Soltando un suspiro tembloroso, le digo:
—Me puedes decir cualquier cosa. Nunca voy a juzgarte o traicionar tu confianza. Ya sabes, la gente en casas de cristal...
La cabeza de Shisui se hunde y sus manos aprietan el volante con más fuerza.
—Sí, Pix. Estoy empezando a darme cuenta de que eres linda de esa manera.
A medida que nos alejamos de la majestuosa súper luna y nos dirigimos de nuevo a la escuela, las palabras de Shisui ruedan alrededor de mi mente. Estoy empezando a darme cuenta de que eres linda de esa manera...
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—Vas a Tennessee esta semana, ¿no? —Shisui pregunta mientras caminamos por el camino a mi casa de la hermandad. Me estaba acompañando a mi puerta de nuevo.
—Sí, por supuesto. El equipo de animadoras Crimson va a todos los partidos como visitante.
Shisui lanza sus ojos hacia mí y asiente.
—Bien.
Mi labio se tuerce con felicidad.
—Sí, bien.
Cuando estamos a unos cien metros de distancia de la hermandad Shisui tira de la manga de mi camisa, haciendo que me detenga mientras mira a nuestro alrededor. Pareciendo feliz de estar a solas, dice:
—Voy a ver desde aquí como llegas a tu casa.
Estamos escondidos detrás de un buzón.
—Está bien.
Shisui me mira un segundo demasiado largo para ser sólo platónico y da un paso más cerca, tan cerca que puedo oler un toque de menta en su aliento, el olor del agua de lluvia en su piel.
Tragándome de nuevo mis nervios, casi me pierdo por completo cuando me mira a los ojos.
—Gracias... —Shisui baja la cabeza y se aclara la garganta—. Gracias por esta noche. Por la noche anterior. Como que perdí mi mierda allí durante un rato, llorando como un idiota.
—Las gracias no son necesarias, Shisui. Estoy feliz haber conocido este lado de ti. Ya sabes, cuando estás siendo tú mismo como fuiste esta noche, no eres tan temible como lo eres normalmente.
Tragando saliva, Shisui tira hacia atrás el cabello desordenado de su cabeza y pregunta:
—Así qué... ¿aún te atemorizo?
Esa pregunta me hace dar un paso atrás.
Shisui se acerca y agarra mis dedos. Doy un grito ahogado por la electricidad que se dispara por mi brazo.
—Antes, hace semanas. Me dijiste que te aterraba. —Me recuerda.
Estaba realmente sorprendida de que recordara eso. No podía creer que incluso hubiera carcomido su mente.
—Eso depende —le contesto.
—¿De qué?
—De si vas a continuar amenazándome para que mantenga mi boca cerrada o de si nuestra nueva amistad terminará tan pronto como entre por mi puerta.
Mi respuesta lo hace reír. Y su risa profunda y gutural hace que mis muslos se aprieten en necesidad. Casi me desplomo por la nueva sensación. Me siento excitada, como si estuviera ardiendo por todas partes.
—No, nada de más amenazas —dice Shisui sinceramente—. Sé que mis secretos se quedan contigo.
—Entonces no, ya no me aterras. Tu hermano, sí, pero tú, no —digo con toda honestidad. No quiero cruzarme en el camino de Itachi nunca más de nuevo. Shisui dijo que su hermano era letal. Solo rezo para que lo haya persuadido de parar de traficar en el campus.
Shisui da un paso más cerca de mí, y la forma en que me mira me hace temblar.
—Itachi podría ser un problema para nosotros. Él te quiere completamente fuera del radar de los Heighters. Así que tenemos que mantener nuestro "conocernos" entre nosotros. Nuestro "hablar más"... entre nosotros.
—¿Otro secreto? —bromeo, mi corazón salta porque él quiere mantenerme alrededor, punto.
—Otro secreto —dice Shisui con toda seriedad.
Bajo mis ojos.
—¿Así que quieres hablar más conmigo? ¿Llegar a conocerme más? —La vista de nuestros pies más cerca no está ayudando exactamente con los nervios.
—Sí. Sí, lo quiero —dice Shisui con voz áspera.
Levanto mis ojos, veo a Shisui inclinarse hacia mi rostro. Cada músculo de mi cuerpo deja de moverse. Su cabeza baja, tan cerca que puedo sentir el pequeño rastro de barba áspero de sus mejillas contra la mía. Shisui está respirando con dificultad, donde mi respiración parece haberse detenido. La piel de gallina estalla por toda mi piel, y mis brazos duelen por la tensión mientras yacen rígidos a mis costados.
Incapaz de hacer frente a la cercanía, aprieto los ojos cerrados, el cálido aliento de Shisui roza junto a mi oreja.
—Buona notte, Pix —susurra Shisui. Siento sus labios rozar mis labios. Luego él se aleja.
Cuando abro mis ojos de nuevo, Shisui permanece de pie un par de metros delante de mí, con una expresión indescifrable en el rostro.
—Continua ahora, Pix. Voy a esperar que llegues segura.
Asintiendo aturdida, me doy la vuelta, solo para mirar hacia atrás y decir:
—Tan mala como fue anoche para ti, me alegro de haber estado allí, ya que nos llevó a esta noche.
Shisui asiente, con un corto gesto estoico.
—Nos vemos más tarde, Pix.
Corro por el camino a mi casa hermandad, cuando oí que Shisui grita:
—¿Pix?
Deteniéndome en seco, me doy la vuelta, y él se traslada desde las sombras hacia la luz de la luna. Mi corazón se contrae por la hermosa vista.
—¿Por qué la pintura de guerra?
Aparto mi cabello rubio corto y le respondo:
—¿Por qué los tatuajes?
Shisui sonríe ante mi respuesta, con sus dientes blancos iluminados, y sacude la cabeza, agitando dos dedos como en señal de adiós.
Me pongo en camino de nuevo y, cierro la puerta principal de la casa de la hermandad en silencio, me apresuré a mi habitación. Camino hacia el baño rápidamente hasta que me miré en el espejo y todo mi entusiasmo recién descubierto se desvanece.
Mi reflejo es una monstruosidad.
Casi me olvido de todos mis problemas esta noche. Pero mi reflexión trae todo de vuelta con un golpe.
Extendiéndome por mi neceser, saco mis toallitas cosméticas y comienzo mi rutina nocturna. Mientras mi maquillaje oscuro desaparece, todas las inseguridades se arrastran de vuelta.
«Parece que al chico podrías gustarle, Temari, pero puedo hacer que le gustes más. Esos cinco kilos que necesitamos perder harán que te quiera como a nadie antes. Imagínate lo impresionado que estará si eres un poquito más delgada».
Mientras escucho la voz, siento estar de acuerdo. Shisui estaría impresionado si bajo más.
Cinco kilos menos harían todo en mi vida simplemente mucho mejor... Cinco kilos menos me guiarían hacia la perfección...
