Capítulo 14

SHISUI

Quince minutos más tarde, entramos en mi habitación de hotel. Tema se apoya contra la puerta cerrada mientras yo me siento en mi cama. Se balancea sobre sus pies, observando la habitación doble estándar.

Inclinándome hacia el mini bar, saco una Coca-Cola.

―¿Quieres algo de beber? ―pregunto, y Tema mira la lata de Coca-Cola. De hecho, miro mi mano para ver si había cogido otra cosa por error.

―¿Qué? ―pregunto confundido.

Tema envuelve sus brazos sobre su estómago.

―¿Tienes agua? ¿Simple y sin sabor?

Asintiendo lentamente, me inclino de nuevo sobre el mini bar y saco un San Pellegrino, ofreciéndosela para que la tome.

Tema vacila, y me río de lo extraña que está siendo.

Joder, ¿cuál era su problema?

―Vamos, Tema. No muerdo ―digo, mientras ella permanece inquietantemente quieta.

Tema mira hacia el suelo, con esa expresión en blanco en su rostro otra vez. Me doy cuenta de que la tenía mucho últimamente, en la universidad, cuando estábamos con nuestros amigos... en el banquillo de los partidos.

―¿Tema? ―digo y dejo las bebidas en la mesita de noche. Pero sus cejas rubias se fruncen y sus manos se aferran a un lado de su cabeza. Sus ojos verdes azulados se cierran y una expresión de dolor llega a su rostro.

Saltando de mi asiento, corro hacia dónde está y, sin saber dónde poner mis manos, finalmente la agarro por los brazos. Los ojos de Tema se abren y el pánico es evidente en su mirada. Sus manos se deslizan lentamente por sus mejillas para descansar directamente en sus costados y sus dedos tiemblan durante todo el camino.

―Joder, Pix. ¿Estás bien?

El labio inferior de Tema empieza a temblar y las lágrimas llenan sus ojos.

―Lo siento ―susurra―. Lo siento mucho. Es un mal día. Es realmente un mal día para mí, eso es todo. –Ella repite la frase unas tres veces más.

La miro fijamente, completamente sin saber qué hacer. ¿Está teniendo un ataque de ansiedad? ¿Está deprimida? Fuera lo que fuese, me asusta jodidamente.

La guio pasando la cama de Sasuke hasta la mía, y me las arreglo para sentarla. Agarrando la botella de agua, la vierto en un vaso, se la entrego, y observo como comprueba que hay en su interior, aparentemente aliviada cuando ve que solo es agua.

Reacción rara número dos.

Tema toma pequeños sorbos del vaso, y parece estar volviendo en sí gradualmente. Cuando solo ha bebido un cuarto del agua, deja el vaso sobre la mesita de noche y nerviosamente mira en mi dirección.

―Estoy muy avergonzada ―susurra, y me arrodillo en el suelo delante de ella.

―¿De qué iba todo eso? ―pregunto, y ella gira la cabeza hacia otro lado.

Agarrando su barbilla entre mi pulgar y mis dedos, la traigo de vuelta para que me enfrente.

―¿Qué pasa, Pix?

Tema empieza a tirar las mangas de su vestido negro sobre la palma de sus manos y baja sus ojos para evitarme. Levanto su barbilla de nuevo.

―No, Pix, no mires a otro lado. Estuviste para mí en el hospital hace unos días. Déjame estar para ti ahora. ¿Qué te pasa?

Más silencio. Eso me molesta.

―¿Por qué la pintura de guerra, Pix? ―la presiono.

Ella niega, y sus ojos se llenan de lágrimas.

―No lo hagas, Shisui. Por favor no me preguntes eso nunca más. ¡No puedo soportarlo!

Inclinando hacia abajo mi cabeza, me rindo.

―Estoy cansada ―dice Tema de repente, y se levanta abruptamente.

Poniéndome de pie rápidamente, alcanzo sus manos, entrelazándolas con las mías.

–Entonces acuéstate. ―Hago un gesto hacia la cama detrás de mí.

―¡NO! ―dice Tema, un poco más fuerte de lo que pienso que pretendía, y levanto mi ceja ante su respuesta―. Tengo que volver a mi habitación ―dice, con sus ojos muy abiertos volando hacia la puerta.

Pero yo no quiero que vuelva a su habitación. Le pasaba algo, y ella sola, actuando así, me hace sentir muy incómodo dejarla sola.

Acercándome más, suelto su mano y ahueco sus mejillas.

―Quédate conmigo. Solo quédate conmigo aquí. Solo nos tumbaremos y hablaremos. Tenemos que llegar a conocernos, ¿recuerdas? ¿Por qué demonios estás huyendo?

Puedo ver la indecisión en su mirada. Me inclino hacia delante para acercar mi boca a su oreja.

―Quédate conmigo. Prometo que ni siquiera te tocaré si no quieres que lo haga. Simplemente no puedo dejarte ir así de esta manera.

Mientras hago esa promesa, me doy cuenta de que quiero tocarla. Mucho. El pequeño duendecillo se estaba metiendo bajo mi piel.

―Si prometes mantener cierta distancia, me quedaré un rato más ―susurra Tema, y liberando su rostro, suspiro de alivio.

¿Entonces, no quiere que la toque? Al menos algo está claro en este lío.

Rodeando a Tema, me subo a mi cama, descanso mi cabeza sobre la almohada, y miro en su dirección. Ella se ve tan jodidamente bonita de pie en medio de la habitación, mirándome acostado en la cama, con su vestido demasiado grande para su cuerpo de solo un metro y medio, sus botas demasiado grandes para sus piernas flacas, su cabello rubio rizado y que moldeaba su rostro como una chica de los años 1920, y sus brillantes labios rojos fruncidos.

Me siento como una especie de bestia malvada intentando atraer a una inocente virgen en su guarida.

―Pix, no voy a hacerte nada que no quieras. Así que vamos, ven aquí y túmbate de una maldita vez ―digo, e incluso para mí, con mi voz sonó ronca.

Parece que caminara kilómetros mientras que daba cuatro pasos hacia adelante y se arrodilla sobre el colchón a mi lado. Poniendo sus piernas rectas, yace frente a mí, sin dejar de mirarme.

―¿Estás cómoda? ―pregunto.

Asintiendo, su labio se tuerce.

―Sí.

―¿Has estado alguna vez en la cama con un chico? ―Sonrío cuando ella se sonroja.

—No. Nunca. Nunca he estado con chicos realmente, y punto.

―¿Y en el instituto? ―pregunto. Ella debió ser una animadora en aquel entonces también. Eso significa que un montón de jugadores de futbol estaban a su alrededor todo el maldito tiempo.

Sus ojos caen.

―Me educaron en casa durante el último par de años del instituto. Dejé en suspenso lo de ser animadora hasta hace unos meses.

Frunzo el ceño.

―¿Recibiste educación en casa? ¿Por qué demonios querrías eso?

Tema deja escapar una carcajada sin humor alguno.

―No quería ser educada en casa, Shisui. Me obligaron. El instituto era... demasiado difícil para mí. Era la única opción realista.

Cada vez más cerca, la presiono.

―¿Te maltrataban o alguna mierda de esas?

Tema niega y empieza a juguetear con un trozo de lino blanco de las sábanas de la cama. Agarro su dedo, pero sus ojos no se levantan para encontrarse con los míos. Ella está ocultando algo. Algo que yo realmente quería saber.

―Mírame, Pix ―exijo severamente.

Suspirando, hace lo que pido.

―¿Fuiste maltratada? ¿Es por eso por lo que nunca fuiste al instituto?

Tema no responde nada. Por lo que espero. Espero durante dos minutos, dos largos minutos, todavía sosteniendo su mano, observándola mientras ella busca una explicación.

—Tuve algunos problemas... en el instituto ―confiesa finalmente. Su explicación no es suficiente. Quería detalles. Quería saber cómo fue herida y, preferiblemente, quién era el responsable. Me sentía del todo protector respecto a este pequeño duendecillo emocional. Un extraño conocimiento que me era difícil de procesar, pero sin embargo, cierto.

―¿Qué tipo de problemas? ―pido saber.

Los ojos de Tema se cierran fuertemente, y cuando se vuelven a abrir, dice en voz baja.

―Problemas de salud. Tuve un par... ―suspiró y añadió―. Tuve algunos problemas de salud.

Desconcertado, miro hacia abajo y examino su pequeño cuerpo, tratando de pensar cómo alguien como ella podía tener problemas de salud. Ella era pequeña... firme, atlética, pero se veía muy bien, puede que un poco demasiado delgada, pero preciosa y jodidamente especial, sin embargo.

Tema, al notar mi interés en su cuerpo, arranca su mano de la mía y cruza sus manos sobre su estómago, acurrucándose en una posición fetal. Sus ojos verdes azulados se abren con miedo.

―¿Tema? ¿Qué demonios...?

―¡No me mires así! ¡No puedo soportar que me miren de esa manera! ―dice de manera histérica.

―¡No lo hacía! ―digo con los dientes apretados. Sus ojos se entrecierran ante mi mentira―. Bueno, está bien, lo hacía. ¡Pero estaba intentando adivinar por qué demonios tenías problemas! No te estaba escrutando, Pix. No soy tan imbécil.

Sus ojos cerrados y el enrojecimiento en su rostro me dice que no me cree. Acercándome de nuevo, estoy casi contra su cuerpo.

―Pix, cuéntame por qué recibiste educación en casa.

―No puedo...

―Dímelo ―la interrumpo.

―No, no puedo.

―Por el amor de Cristo, Pix, ¡dime por qué demonios fuiste educada en casa! ―grito un poco demasiado alto.

—¡Porque era anoréxica! ¡Ahí lo tienes! ¿Feliz? ―gritó y golpea mi camisa―. Porque era anoréxica ―dice por segunda vez, las lágrimas llegan a sus ojos―. Era anoréxica... ―Se interrumpe y esas lágrimas empiezan a brotar de sus ojos.

¿Anoréxica?

Joder, no tenía ni idea de qué decir.

La frente de Tema encuentra mi pecho, y llora contra mi camiseta. Quería abrazarla, pero había prometido no tocarla. Pero cuando Tema solloza, no puedo resistirme. Por lo tanto, levanto mis manos y lentamente las envuelvo en su cabello y la sostengo contra mí.

Tema ni siquiera se ha estremecido por mi tacto indeseado. Eso hace que mi corazón palpite un poco más fuerte en mi pecho.

―Shhh, Pix, tranquilízate. Está bien ―intento reconfortarla.

―No lo está, Shisui. Nada de esta mierda está bien ―susurra―. Estoy demasiado harta de luchar contra ello. ¡Contra él! Estoy a punto de rendirme.

Eso me congela y separando su cabeza de mi pecho, encuentro sus ojos inyectados en sangre.

―¿Luchando contra qué? ¿Rendirte de qué?

Tema hipa de llorar tan fuerte y dice:

―La tentación de la voz interior... la desesperada tentación de volver ahí, dejar las riendas libremente.

El pánico corre por mis venas por el tono desolado en su voz.

―¿Quieres decir que sigues luchando contra esta mierda? Cuando mencionaste el instituto, pensé que te referías a que estabas curada.

La cara de Tema se congela y dice entre dientes:

―No se puede curar. ¡Odio esa palabra! No estoy curada. No con esto, este maldito trastorno es horrible.

―Pero...

―Es como tú y los Heighters. Tu conexión con ellos nunca termina. Te metiste en esa pandilla de joven y permanece contigo de por vida. Lo dijiste tú mismo. ―Su declaración me detiene en seco―. ¿Qué fue lo que dijiste cuando mencioné quitarte los tatuajes con láser, sobre abandonar los Heighters? Ah, sí, que no funciona de ese modo. Es lo mismo conmigo y la comida. La tentación de evitar comer está siempre ahí. Y siempre lo estará.

Pensé de nuevo en la rareza de Tema con Karin sobre su abrazo después del partido. Su reacción ante mi oferta de una bebida y, específicamente, a la manera a la que miró a la maldita lata de Coca-Cola.

―La Coca-Cola ―susurro en voz alta, y Tema deja escapar una pequeña risa.

―Sí, la Coca-Cola. Trescientos cincuenta mililitros de refresco. Ciento sesenta calorías. Cero gramos de grasa, pero cuarenta y dos gramos de carbohidratos y cuarenta y dos gramos de azúcar. Si se consume, tardaría veinte minutos de carrera el compensarla. Pero no solo me detendría con eso. Tendría que correr otros diez minutos para asegurarme de que no he hecho mal algún cálculo. Además, entonces estaría sobre cien calorías en negativo. Porque diez minutos de correr muy rápido quema cien calorías, y cuantas más calorías quemas significa que hay más kilos fuera de la escala. Yo vivo por la medida de esa escala.

Aturdido, mis manos se deslizan de la cabeza de Tema, y ella sonríe ante mi reacción, dejando su mano cubrir su boca con la manga tirada hacia abajo de su camiseta.

―Genial, ¿no lo es, Shisui? Vivir así. Pensando en esto sobre todas las cosas: comida, bebida, ejercicio, cada parte de cada día, para siempre. Odiando cepillarte los dientes cada mañana y noche porque la pasta de dientes probablemente tiene calorías, ¿no es así? Así que después de lavarte tus dientes, te pones contra las baldosas frías del suelo del cuarto de baño y haces cincuenta flexiones de brazos y cincuenta abdominales por si acaso algunas de esas calorías se deslizan hasta tu estómago y ponen tu meta en peligro.

―Joder, Pix. ―Era todo lo que podía ofrecer como respuesta a su arrebato. Ella parecía no tener aliento por el esfuerzo de su confesión.

―Bienvenido al espectáculo de los horrores, Shisui. Estoy aquí toda la semana ―dijo con tristeza.

La miro con simpatía.

―Tienes razón. Eres un bicho raro ―digo sin rodeos y el dolor que transforma su rostro casi me corta.

Tema se mueve inmediatamente para salir de la cama, pero agarro su brazo para impedirlo. Es la primera vez que me doy cuenta de lo frágil que es bajo mi mano. Podía sentir claramente el hueso bajo mis dedos, y no había mucha carne a su alrededor.

―¡Dije que no me tocaras! ―chilla, intentando soltar su brazo, y, perdiendo los papeles, salto de la cama, observándola, y procedo a rasgar mi camiseta, dejando mi pecho al descubierto.

―¿Qué... qué estás haciendo? ―preguntó Tema, petrificada, mientras sus ojos se mantienen fijos en mi pecho, y de nuevo vuelven a mi dura mirada.

Agarrando sus manos, las aplasto contra la piel de mi torso y las dejo ahí hasta que está a un milímetro de distancia de su boca.

―Sí, dije que eras un bicho raro. ―Tema se estremece al oír mis palabras, pero añado―: Pero yo también lo soy, joder.

Jadeando, las pestañas de Tema se agitan nerviosamente. Empiezo a presionar sus manos a lo largo de las llanuras de mi estómago, mi pecho, y poco a poco las deslizo hasta mis caderas y a través de la piel justo por encima de la cintura de mi pantalón.

Un rubor de color rosa se extiende por las mejillas de Tema, y digo suavemente:

―Tengo cicatrices, un maldito puñado de ellas.

Tomando su dedo índice y medio, los pongo justo por encima de mi tatuaje del Día de Todos los Santos sobre mis costillas.

–Hecha por una navaja de un rival de la pandilla a los quince años por invadir su territorio. ―Las yemas de los dedos de Tema tocan la cicatriz elevada, y contiene el aliento, sorprendida. Moviendo sus dedos sobre mi pecho hacia la parte exterior de mi brazo izquierdo, digo—: Una herida de bala en un tiroteo. A los dieciséis. Roza la parte exterior de mi bíceps. Tuve suerte. Otro miembro de la pandilla no la tuvo.

Una brisa de aire caliente flota sobre mi pecho, la procedencia: una exhalación fuerte de los labios entreabiertos de Tema.

Por último, paso sus dedos por mis abdominales y llego hasta detenerme de forma abrupta sobre la cintura de mi pantalón. Los dejo ahí por un segundo y cierro mis ojos. Mi cuello se tensa mientras lucha para controlar mi respiración. La pequeña Pix me lo está poniendo jodidamente difícil, y yo estoy jodidamente tratando de tranquilizarme.

―¿Shisui? ―Tema suspira, y abre mis ojos una vez más, volviendo a tomar sus dedos y recorriendo con ellos la cicatriz de ocho centímetros de largo que cruza mi bajo vientre.

―Me atacó un drogadicto con un pedazo de vidrio, todo por una raya de coca. Tenía dieciséis años.

―Shisui... ―dice Tema, casi en silencio mientras que una lágrima solitaria cae de su ojo.

―Así que ya ves, Pix, también tengo cicatrices. Es solo que las mías están en el exterior donde todo el mundo las puede ver.

Tomándome por sorpresa, Tema lanza sus brazos alrededor de mi espalda y su mejilla descansó al ras de mi torso. Sus uñas se clavaron en la carne de mi espalda y con cuidado descanso mi mejilla en la parte superior de su cabeza.

Ella olía tan bien.

Se sentía tan bien.

No estoy seguro de durante cuánto tiempo estuvimos así, dos jodidos críos confesando emotivamente sus pecados, pero el tiempo suficiente para que me diera cuenta de una cosa: me estaba enamorando de este pequeño duendecillo oscuro.

Realmente. Y jodidamente. Fuerte.

Me llega tan de repente. Me siento inundado por la emoción.

Siento el calor que venía de la cercanía de Tema entrando en mi cuerpo, y susurro:

―Pix, de verdad que necesito besarte ahora mismo.

Cada parte de su cuerpo se tensa, y ella susurra:

―Nunca me han besado antes. Nunca he hecho nada con un chico. ―Como si fuera la cosa más vergonzosa en el mundo.

Mis ojos se cierran con fuerza y me siento como un capullo. Por supuesto que nunca la habían besado, ni había tenido sexo. No se había rodeado de chicos durante la mayoría de su adolescencia, demasiado ocupada pasando hambre para estar delgada.

Era un imbécil de primer grado.

Pero entonces siento sus labios suaves rozando mi esternón, y casi perdí el sentido.

Lentamente guio su cabeza hacia arriba con mi mano, mis labios rozan su cabello y hacen su camino por su mejilla.

―Pix, te necesito ―digo con voz áspera una vez más.

Inclinando su barbilla, responde.

―Creo... creo que yo también te necesito.

Si no estuviera muriendo por la anticipación de su sabor, habría sonreído, pero en cambio, me inclino hacia abajo hasta que nuestros labios se juntan. Al principio, simplemente dejo que se acostumbre a mí, el movimiento del beso, pero no pasa mucho tiempo antes de que mis manos se enrosquen en su cabello y abra sus labios con mi lengua.

Expulsando un quejido, Tema aprieta mis brazos y, un segundo después, siento su lengua caliente encontrarse con timidez con la mía.

Puede que nunca hubiera besado antes, pero me está haciendo perder la cabeza. Es valiente, es todo lo que nunca pensé que una chica podría ser.

Cada segundo que la toco solo me hace quererla más, pero como un copo de nieve, ella es frágil y necesita que vaya despacio.

De mala gana rompí el beso, me eché hacia atrás un poco, lo suficiente para captar el brillo del agua en sus ojos. Inmediatamente me invadió una ráfaga rápida de culpa.

La había presionado demasiado. Ella me había dejado muy claro que no le gusta que la toquen. He roto mi promesa, todo al servicio de mi polla.

―Shisui... ―Tema suspira, y miro hacia ella, esperando que pueda ver la disculpa y la vergüenza en mi mirada. Su brillante labio superior teñido de rojo se dobla en una sonrisa tímida, y me mira como si yo fuera de pronto todo su mundo. Siento que esa mirada va derecha a mi corazón. Nunca antes nadie me ha mirado con una mirada tan tolerante, con esa confianza antes, y me siento abatido de que ella me hubiera elegido a mí para darme tal regalo.

Era el sentimiento más extraño.

Lo que todos ven cuando me miran era la basura blanca, ex pandillero miembro de la famosa Heighters con sus caravanas a través de la ciudad.

Pero ella no.

Sin saber por qué jodida razón, pero Pix veía más. Incluso después de todo en lo que la había metido.

―Shisui... gracias... ―murmura, y una vez más esa vergüenza engulle su rostro.

–No, gracias a ti ―respondo, inclinándome hacia abajo, pongo un casto beso en sus labios, entonces, agarrando su mano, beso la parte posterior de sus dedos.
–Quédate conmigo esta noche, Pix. Nada de sexo ―digo, y sonrío. Ella palmea mi pecho amonestándome juguetonamente con toda la fuerza de un mosquito―. Solo quédate conmigo. Duerme a mi lado. Quédate a mi lado.

―Está bien ―accede y, tomando su mano, la llevo a la cama, y volvemos a tomar las posiciones de antes. Pero nuestras manos no dejan ir las del otro. Nos habíamos movido a un lugar diferente.

Ese pensamiento me hace retroceder. Puede que estuviéramos juntos ahora, puede que no. No me importaba cómo lo etiquetáramos. Ella podía hablar conmigo y yo con ella. Los títulos de novio/novia no tenían lugar entre los que estábamos verdaderamente jodidos. Solo que había alguien más como tú, alguien que te comprendía. Alguno de nuestros secretos enterrados había salido, y se sentía como si un enorme peso en mi pecho hubiera sido liberado.

―¿Shisui? ―pregunta Tema y lame su labio inferior.

―¿Mmm? ―respondo, siguiendo el movimiento de su lengua, mi polla se retuerce dolorosamente en respuesta.

―¿Podrías besarme otra vez?

Mis puños se cierran en mis costados. En realidad quería hacer mucho más que besarla, chupar sus tetas, degustar su clítoris con mi lengua, tomar su virginidad, pero sabía que eso no iba a suceder.

―Acércate aquí ―digo, y tiro de su mano. Ella se acerca más aún. Me estiro para envolver mis manos alrededor de su espalda cuando ella se quedó inmóvil.

Aparto mi cabeza.

―¿Qué hice?

Tema levanta su mano tímidamente, y la deja descansar sobre mi mejilla.

―Tengo unas zonas críticas.

―Esta bieeen ―digo lentamente, sin saber qué significa "zonas críticas".

Sentándose, ella me mira y baja la barbilla.

―Mi espalda. Toda mi espalda es mi zona crítica.

Mis cejas se levantan por la sorpresa, y Tema aclara su garganta.

—No puedo dejar que toques mis vértebras o las costillas de mi espalda.

El dolor en su voz cuando hablaba de ella misma de esta manera me destroza.

―Es la parte que más odio. Me... me causa mucho estrés. ―Los ojos avergonzados de Tema me miran con cautela, y tiro de ella hasta que descansa contra mi pecho desnudo.

―Pero, ¿puedo tocarte todo lo demás? ¿El resto es vía libre? ―pregunto y paso un dedo por el delgado cuello de Tema.

—Dentro de lo razonable ―responde sin respiración.

―Explícate mejor, Pix. Estoy algo desesperado por tocarte como quiero ―la insto mientras mis dedos empiezan a tocar por encima de la tela de su manga.

—No... no lo sé ―dice, mientras mis dedos se cierran en el dobladillo de su vestido negro y sus dedos se cierran de placer, un rubor rojo cubre su rostro de duendecillo.

―¿No sabes qué? ―Esta vez mi voz suena apagada. La manera en que está tumbada demasiado cerca de mi polla me hace perder la cabeza. Deteniendo mis dedos, espero a que responda.

―No lo sé. Nunca he estado con un chico antes. Ni siquiera cerca de uno. No sé qué es lo que va a incomodarme, aparte de mi espalda. No sé si voy a asustarte.

La tomo por la barbilla y acaricio su rostro con la palma de mi mano. Pero entonces su cabeza se inmoviliza y dice:

―Sé que nunca seré capaz de estar desnuda con un chico. Nunca seré una compañera sexual normal. Nunca seré libre y sin restricciones. Pienso que nunca estaré muy cómoda conmigo misma. ―Suspira y añade―. Corre ahora, Shisui. Corre lejos, lejos de una chica con demasiado equipaje.

La cabeza de Temari todavía está contra mi mano, lejos de mi rostro, por lo que digo:

―Y yo soy extremadamente pobre, todavía atado a una pandilla metida en el negocio de las drogas a cambio de dinero, y tengo un hermano que hará lo que sea para proteger a sus compañeros. Tengo una madre que se está muriendo y un decano que me quiere fuera de la universidad. Estoy lleno de cicatrices desde la cabeza a los pies, y, lo creas o no, solo he estado con tres chicas en mi vida. Y ninguna de ellas conocía mi verdadero yo.

La cabeza de Tema se gira hacia mí con interés.

―¿Ninguna de ellas fue tu novia?

Me encojo de hombros y con el pulgar recorro de arriba abajo su mejilla.

―Supongo que Izumi Tripodi fue mi novia, durante una semana. Vivimos a tres remolques de distancia durante toda nuestra vida. Sus padres eran inmigrantes sicilianos, como mi padre.

―¿Y qué pasó?

―Nos colocamos y acabamos follando en el suelo de su baño. Perdí mi virginidad esa noche. Izumi perdió la suya mucho antes.

―¿Cuántos años tenías?

En esta ocasión me tocó avergonzarme a mí.

–Trece.

Los ojos de Tema se abren más.

―¿Y qué pasó con ella? Esta Izumi... Izumi...

–Tripodi ―termino.

―Sí, Izumi Tripodi.

―Sufrió una sobredosis hace tres años. Heroína.

Tema se sacude y frunce el ceño.

—Shisui, es horrible.

Me encojo de hombros.

―Solo otra víctima de Wetside Heights ―digo con ironía.

Tema se inclina atrevidamente hasta que su boca se cierne sobre la mía.

―¿Y las otras dos chicas?

―Rollos de una sola noche. No conocía a esas chicas. Ellas sabían que jugaba con los Tide. Follamos. Se fueron. Y esa es toda mi vida sexual.

―Pero mírate ―dice Tema, señalando mi pecho desnudo―. Eres perfecto. Podrías tener a quién quisieras.

Me río.

―La perfección es relativa, Pix. La belleza es relativa. ―El retorcimiento de su boca me dice que no me cree.

―¿A ti te gustan mis tatuajes? ―pregunto, y ella sonríe.

―Sí. Me encantan ―confiesa y mira fijamente con asombro la paloma y la flor de lis tatuada en mi cuello.

―Pero no a todo el mundo le gusta ―le confieso, y me gano su atención una vez más.

Tomando sus dedos de nuevo, los pongo sobre la cicatriz de la herida de bala sobre mi brazo.

―¿Te asquean mis cicatrices?

Tema salta antes eso y sacude su cabeza con ganas.

―¡No! ¿Por qué me iban a dar asco tus cicatrices? No son lo que eres. Son de tu pasado. No me molestan para nada. Cuentan la historia de tu vida.

Le sonrío y muevo mis manos para sostener sus brazos. La respiración de Tema se detiene y miró hacia abajo desesperadamente, sus brazos se tensan mientras respira.

―Al igual que tu peso no me preocupa. Tú eres lo que eres. Me importa una mierda tu peso o altura. Yo miro a la gente verdadera. Personas reales. Tú eres real, Pix. Lo eres con creces.

El rostro inexpresivo de Tems me hace pensar que se ha perdido de nuevo, pero con una sacudida de cabeza, vuelve a mí más rápido esta vez. Y antes de darme cuenta, sus manos se han plantado en mis mejillas y sus labios se estrellan contra los míos. Instintivamente, mis manos acariciaron sus brazos, y tengo presente evitar su espalda.

Tema se entrega más. Sus pequeños pechos presionan contra mi pecho y su pierna roza contra mi pene. Al contacto, gimo. Tema echa la cabeza hacia atrás.

―¿Estás bien? ―pregunta sin aliento.

―Sí, estoy bien ―digo con los dientes apretados―. Solo estoy tan excitado que no puedo pensar claramente.

—Oh ―dice Tema y mira hacia abajo. Cuando se da cuenta de lo ajustados que están mis vaqueros, se sonroja, aparta sus ojos, y repite un exagerado―. ¡Oh!

Riéndome, tiro de ella para que me mire y, esta vez, agarra mi mano.

―Gracias, Shisui ―susurra un minuto más tarde.

―¿Por qué? ―pregunto, escuchando el confortante sonido de un búho ululando fuera de la ventana.

Encogiéndose de hombros, responde:

―Por ser amigo de un bicho raro, supongo. ―Sus dedos aprietan los míos―. Por no hacerme sentir como una fracasada. Como una tonta sin experiencia.

―No eres una fracasada, Pix, ni una tonta. En todo caso, eres una maldita heroína. Sobreviviste a algo que podría haberte matado.

―Ese es el caso, Shisui. Algún día todavía podría pasar. Yo... ha sido difícil para mí últimamente. Siento que estoy cayendo de nuevo. La voz interior, la anorexia... está intentando romper las barreras. ―Tema resopla y me mira con los ojos muy abiertos―. Esta es la primera vez que se lo he admitido a alguien... puede que incluso a mí misma.

Retiro un mechón rebelde de cabello de su cara y digo:

―Esta enfermedad no te quitará lo mejor de ti, Pix. No lo permitiré.

Las cejas rubias de Tema se levantan y pregunta:

―¿Y cómo te asegurarás de eso?

Encogiéndome de hombros, digo:

―Supongo que no apartaré la vista de ti por un tiempo.

Riendo, Tema responde:

―Ten cuidado, Ōtsutsuki, eso suena aterradoramente como una declaración de compromiso.

―Llámalo como quieras, Pix. Todo lo que sé es que me gustas. Quiero verte más. Soy un Heighters desde siempre con antecedentes penales...

―Y yo una emo anoréxica virgen que no deja que la toquen―termina por mí.

—Una pareja perfecta, ¿eh? ―digo con un guiño.

―¿Qué podría salir mal? ―Tema bromea.

A pesar de que era una broma, ambos contemplamos esa pregunta en silencio. La verdad es que una tonelada de mierda podría salir mal. Ella podría recaer, los Heighters podrían joderme y arruinar mis sueños. Demonios, Itachi, mi sangre, me condenaría a muerte si supiera que estoy acercándome a Pix, la única chica que podría echar a los Heighters del campus.

Pero en este momento, no quería pensar en lo que podría salir mal para nosotros, no quería pensar en mi hermano mayor, en mamá o Izuna. Solo quería dormir al lado de esta pequeña oscura duendecilla y olvidar todos nuestros problemas por una noche.

Bostezando, Tema se acomoda mejor sobre el colchón y la observo mientras cierra sus ojos.
Con nuestros dedos todavía entrelazados, me quedo mirando su hermoso rostro y susurro:

―¿Por qué la pintura de guerra, Pix?

Tema respira hondo y exhala realmente despacio. Sus ojos no se abren, y una lágrima rueda lentamente desde esas largas pestañas negras y su mano aprieta la mía firmemente.

―Porque no puedo soportar a la chica que hay debajo ―susurra de vuelta. Mi corazón da un vuelco, y llevo su mano a mi boca, besando la fría piel.

—¿Por qué los tatuajes? ―Tema pregunta, y mis ojos se chocan con los suyos.

El iris de color turquesa está clavado en los míos, así que digo:

―Porque no puedo soportar ver las cicatrices de mi pasado.

Los ojos de Tema se llenan de lágrimas y otra lágrima de comprensión baja por su mejilla. Inclinándome hacia adelante, beso la gota salada secándola.

Y así es como nos quedamos.

Dormidos.

Confiados...

Enamorados uno del otro.