Capítulo 15
TEMARI
Querida Daisy,
Peso: 43 kilos
Calorías: 1200
Ayer por la noche fue el momento más surrealista de mi vida.
Dormí toda la noche junto a un chico.
Sí, yo estaba vestida completamente.
Sí, mi maquillaje estaba todavía intacto.
Pero fue un progreso. De hecho, hice algunos progresos.
Y él me besó. Shisui Ōtsutsuki, el chico italiano del lado equivocado de las vías, me dio un beso. Y fue mágico. Me hizo sentir segura y, durante una noche gloriosa, me hizo sentir hermosa.
Pero lo mejor de todo fue que, Shisui logró acallar la voz, para robar sus burlas y, en el proceso, creo que simplemente robó mi corazón también.
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―¿Y el ser animadora, Tema? ¿Cómo está afectando tu confianza?
Me siento mirando por la ventana del doctor Lund a las hojas doradas que bailan en la brisa ligera mientras escribe en su portapapeles, sus notas sobre mi recuperación.
El incesante rascado de su lápiz en el bloc de papel fue rayando en mis nervios, rascado, rascado, rascado, dejando marca en mi cerebro.
―El ser animadora va bien, doctor Lund. Es mi pasión. Siempre ha sido mi pasión. Cuando bailo, me siento libre.
―Estás bailando sobre una espada afilada, Tema. Sabes que fue tu detonante en la escuela secundaria. ¿Qué pasa si sucede lo mismo otra vez? ¿Qué pasa si otro chico que te gusta te llama gorda en uniforme? ¿Serás capaz de manejar ese tipo de crítica? ¿Eres lo suficientemente fuerte como para manejar cualquier burla dirigida a ti?
—Sí ―le digo con severidad, pero mi estómago se encoge con la culpa. Ya está sucediendo. No las burlas de los jugadores de fútbol, sino de la voz interior.
«Vuelve a mí, Temari. Si vuelves, si pierdes más kilos, nunca temerás ser animadora de nuevo. Nunca tendrás que mentir al equipo, como sabes que estás a punto de hacer. Sabes que el ser animadora está empezando a pasar factura».
Respirando a través de las palabras de la voz, trato de concentrarme en las preguntas del doctor Lund.
―¿Y tu vida personal? ¿Cómo está? ―continúa.
―Está bien ―le contesto y comienzo a picar el esmalte negro en mis uñas.
―¿Algún novio? ¿Has logrado hacerte vulnerable a alguien todavía, o es que sigue siendo un área que no puedes explorar?
Mis ojos se abren por la vergüenza y se fijan en el doctor Lund. Él se echa hacia atrás, sorprendido, sus cejas oscuras se levantan.
―Esa fue una reacción interesante, Tema. ¿Te importaría hablar de por qué esa pregunta ha provocado una respuesta tan fuerte?
Bajando las dos manos, agarro los brazos de madera de la silla.
―He... He conocido a alguien ―le confío mientras siento la oleada de rubor sobre mi rostro.
―¿Y cuándo fue esto, Tema?
―Hace un par de meses.
Las cejas del doctor. Lund se arquean, una vez más.
―¿Un par de meses atrás?
Asiento y observo la desaprobación en su rostro.
―Hemos tenido no menos de seis sesiones en las últimas ocho semanas, ¿y hablas de esto solo ahora? Esto hace que me preocupe, Tema. ¿Qué estás escondiendo de este muchacho?
Aparto la mirada a la ventana y siento un apretón en mi corazón mientras miro dos niños jugando en el parque infantil exterior, la niña trata alcanzar al niño y besarlo. Estaba llena de confianza.
Rezo para que esa misma niña rubia no crezca con inseguridades. Para que no cuente calorías religiosamente antes de poner una cucharada de comida en su boca, compruebe la información nutricional en los envases de los carbohidratos, los azúcares, las grasas saturadas. No oculte su verdadera belleza porque no pueda soportar la vista de su rostro natural. No se asuste cuando ese mismo niño al que ella está mostrando tanto cariño como un niño de seis años de edad, crezca y quiera darle un poco más que un beso... no crecer para dejar que un comentario de usar y tirar de ese chico que le gusta le robe su infancia y triture su autoestima.
―Tema, concéntrate ―dice el doctor Lund severamente, mientras mira por la ventana hacia lo que ha capturado mi atención.
Frotando mis manos por mi rostro, respondo:
―Nosotros... tuvimos un... inicio lleno de baches. Él tiene... problemas también. Pero últimamente, las cosas se han vuelto más serias entre nosotros. ¿Creo? No estoy segura. Realmente no hemos hablado de lo que somos el uno para el otro todavía. Nunca he tenido un novio, o... bueno, lo que sea que seamos el uno al otro, antes, así que no por eso le he dicho nada al respecto a usted. Todavía estoy tratando de entender todo yo misma.
Desde que regresamos de Tennessee, me he reunido con Shisui cada noche. Todas las noches. Su madre acaba de ser dada de alta del hospital, pero mientras ella todavía estaba aquí, Shisui visitaba a Mikoto y yo iba mis sesiones. Luego, pasábamos un par de horas en nuestro jardín, tomados de la mano y besándonos inocentemente bajo las estrellas.
Shisui sabe dónde puede tocarme ahora. Descubrimos que mi clavícula también era un detonante, pero Shisui simplemente maniobra alrededor de mis áreas problemáticas, nunca me hace sentir pena o vergüenza acerca de mi desorden.
El doctor Lund se inclina hacia adelante y pone su portapapeles en la mesa junto a él, con las manos en forma de campana mientras los codos descansaban sobre sus rodillas.
―¿Y estás a gusto con él, Tema?
Desplazándome incómodamente en la silla, asiento.
―Lo estoy. No hemos hecho nada demasiado lejos, por supuesto. Pero nos hemos besado algunas veces... tocado otras...
―¿Y? ―El doctor Lund me presiona, pareciendo sorprendido por lo abierta que estoy siendo.
―Fue difícil al principio... ya sabe, a causa de mis detonantes, pero le hablé de mi pasado, y él respeta mis límites. Se está haciendo más fácil con él. Día a día, está derribando mis muros.
El doctor Lund de repente se endereza en su asiento y frunce el ceño.
–¿Qué? ―le pregunto en respuesta a su reacción peculiar.
El Dr. Lund me mira extrañamente antes de preguntar:
―¿Le hablaste de tu pasado?
Asintiendo lentamente, le contesto:
―Sí.
Una lenta sonrisa se dibuja en el rostro del doctor Lund. Él tenía muchas expresiones: serio, preocupado, intrigado, pero nunca abiertamente impresionado.
―Tema, hemos estado teniendo estas sesiones durante años. En ese tiempo, las personas que han tenido conocimiento de tu trastorno, las personas a las que le contaste sobre tu trastorno, puedo contarlas con una mano: tu padre, madre, Daisy, por supuesto, y yo. No se lo has dicho a tus mejores amigas en la universidad, Sakura, Karin, y Konan, ¿porque...? ―El doctor. Lund calla y espera a que responda.
Jugando con el borde de la manga de mi camiseta, confieso:
—Porque yo no quiero que me vean débil. No quiero que me vean como una víctima por la que tengan que caminar sobre cáscaras de huevo. Quería ir a la universidad y ser otra persona distinta a la de Temari Sabaku No, anoréxica.
El doctor Lund asiente pensativo, como solo los psiquiatras pueden. Llevando sus manos a los labios, pregunta:
―Pero se lo contaste a este muchacho, después de conocerlo solo un par de meses. ¿Qué lo hace tan diferente de tus amigas?
Encogiéndome de hombros, sigo mi enfoque hacia abajo. No le quiero decir al Dr. Lund que siento una conexión espiritual con Shisui. No quiero decirle, que a veces, alguien puede tropezar sin previo aviso en el choque de trenes que es tu vida y empezar a sacar los enormes escombros que pesan sobre tu pecho. No quiero compartir que Shisui conoce las dificultades también. Que, pesar de que nuestros respectivos problemas son polos opuestos en la naturaleza, somos almas gemelas en la lucha para no dejar que estas dificultades nos destruyan como personas.
Shisui está trayendo el color a mi vida en escala de grises.
Es preciado para mí.
Es mi secreto, otro que no estaba dispuesta a compartir.
―Tema, no tienes que hablarme sobre él de inmediato, es una muy nueva etapa en tu recuperación, pero me gustaría que consideres lo que hizo a este caballero diferente de cualquier otra persona. Estoy seguro de que entiende la gravedad de tu confesión, y eso me agrada. ―El doctor Lund se recuesta en su asiento, y poco a poco levanto la mirada para encontrarme con que su expresión de felicidad se ha convertido en verdadera preocupación―. Pero me preocupa demasiado. Has puesto tu confianza en alguien, te has abierto a alguien después de años de esconderte detrás del maquillaje oscuro y la ropa.
―Entonces, ¿qué le preocupa? Pensé que había dicho que era una progresión ―le pregunto en voz baja.
―Que esto puede desembocar en dos caminos.
―No entiendo.
―Tema, este chico podría sacarte de tu caparazón, ayudarte con tus inseguridades, te dará un verdadero sentido de valor, uno que no se mide por una báscula. O podría levantarte solo para derrumbarte de nuevo, y podrías encontrarte en un lugar mucho más oscuro del que estabas hace solo unos pocos años. Tienes que decidir si vale la pena el riesgo.
Considero lo que está diciendo el Dr. Lund, pero, francamente, en las últimas semanas, me he enamorado de Shisui tan fuerte que no podría soportar la idea de no hablar con él. Shisui es la única persona con la que puedo ser yo enteramente. Sin falsedad, sin actuar a su alrededor; éramos solo él y yo.
Shisui vale la pena el riesgo.
―Tómate algo de tiempo, Tema. Piénsalo, y podemos hablar de ello cuando estés lista.
El doctor Lund garabatea las últimas notas en su portapapeles y la cierra con un golpe.
—Se acabó el tiempo.
Levantándome me muevo para salir de la habitación, cuando el Dr. Lund dice:
―Ah, y, Tema, una cosa más. Si sigo viendo evidencia de pérdida de peso, me veré obligado a presentarte para una evaluación. Uno o dos kilos puede ser comprensible con la cantidad de ejercicio que estás haciendo en los últimos días. Pero más que eso, y será una señal de alerta de que estás cayendo en los viejos hábitos.
Miro con frialdad al doctor Lund, salgo rápidamente de su habitación, y me dirijo al cuarto de baño en el pasillo. Mi corazón está golpeando en mi pecho.
Pasando a la fila de lavabos, me obligo a mirar mi reflejo en el espejo.
Había perdido peso.
Ahora estoy en cuarenta y tres kilos.
Más de lo que el doctor Lund sospechaba.
Una lenta sonrisa comienza a propagarse en mi rostro. Levantando mis dedos, rozo mi cuerpo. Mi clavícula está cada vez más pronunciada, como a mí me gusta. Mis mejillas están definidas, cetrinas y marcada en forma, y levantando mi vestido largo, suelto y haciendo caso omiso de la instantánea repulsión al ver las capas de grasa en los muslos con hoyuelos, veo que la brecha entre mis muslos está aumentando. Era leve, pero estaba allí. El hueco entre los muslos era todo para mí, era por lo que medía mi pérdida de peso. Era la prueba de triunfo sobre la voluntad.
Sin embargo, no era suficiente. Todavía había demasiada grasa. Aprieto mi mandíbula y mis manos en puños a mis costados.
«Hay demasiada grasa, Temari. Tienes razón. Lo has hecho bien hasta ahora, pero puedes hacerlo mucho mejor. Sabes que puedes. Has perdido algo de peso, es cierto, pero vamos a seguir luchando por más. Vamos a seguir luchando por la perfección».
Alcanzando para agarrar el borde del lavabo, casi me siento fascinada por la voz, pero mientras me imagino la tarea delante de mí, las semanas en las que tendría que recortar la comida en secreto, haciendo más ejercicio de lo que ya estaba haciendo, el rostro de Shisui revoloteaba en mi mente... y de repente, las palabras persuasivas de la voz son silenciadas.
Al mirar hacia el espejo, a la chica con el rostro pintado, la chica que lleva una máscara. Empuja con fuerza para purgar a mí misma de mis dudas mientras recita:
«Eres hermosa, Tema. Eres perfecta tal como eres».
Repetí el mantra del doctor Lund una y otra vez hasta que un pozo se forma en mi estómago. Quiero ser más fuerte. Quiero ser más fuerte para Shisui. Pero el mantra no está funcionando, y todo en lo que puedo pensar es en mi espalda y el número de costillas que puedo contar.
No puedo sacar ese pensamiento de mi cabeza. Es implacable, ya que gira alrededor de mi mente.
Combatiendo con mis mejores intenciones, finalmente me arranco el vestido y comienzo el conteo de mis costillas en la espalda como si fuera de memoria.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete... siete, siete, siete...
Siete. No es suficiente. No lo suficiente. Debería ser capaz de contar diez. Debería haber diez costillas, claramente definidas y libres de grasa.
¿Qué pasaba si las cosas progresaban con Shisui? Quería estar cómoda con él... conmigo misma. Quería ser digna de él. Solo podía hacer eso si estaba más delgada. Necesitaba estar más delgada. Es la única manera de que puedo estar contenta conmigo misma. Es la única forma de que poder hacer el amor.
«Temari, entrégate a mí. Voy a llegar a tu meta. Shisui te amará cuando hayamos tenido éxito. Se sentirá impresionado por ti. Haz lo que debas y asegúrate de que nadie sospeche nada. El secreto es la clave. El Dr. Lund no será capaz de forzar a la báscula mientras los kilos caen de tu carne. No eres de su propiedad para que te ordene, ni su títere para controlar. Me perteneces a mí y esa es siempre la forma en que va a ser. El doctor Lund es un obstáculo. Es una barrera para la perfección...»
Mientras miro a la chica reflejada en el espejo, las lágrimas llenan mis ojos a la verdad de la monstruosidad ante mí.
No, soy digna. Me faltaba mucho. No hay una reina de belleza mirando de regreso, no hay características reseñables en su rostro liso y gordito. Solo el exceso de grasa que envuelve sus características y la fealdad, la fealdad allí para que todos la vean.
Resuelta, tomo mi decisión. Haré lo que la voz ordena, perderé unos cuantos kilos más. Con unos cuantos kilos perdidos, me detendría. No sería ir demasiado lejos. Nadie sospecharía nada. Sería fácil.
No podía ver otra manera.
Sería fácil detenerlo...
Fácil de parar...
Una vez que sea más delgada.
