Capítulo 16
TEMARI
—¿Qué quieres decir con que no puedes volar? —me pregunta Ino Yamanaka y escucho a Lyle silbando bajito a mi lado.
—Simplemente acabo de volver de mi fisioterapeuta y ella insiste que no puedo volar en las escenas acrobáticas pero que todavía puedo bailar. Mi espalda no se puede tocar debido a una contractura muscular. Los aterrizajes de las acrobacias serian demasiado. Pero puedo bailar sola al frente del equipo.
Mis mentiras saben a vinagre en cuanto se derraman fácilmente de mi boca pero no me puedo permitir sentir culpa.
«Bien hecho, Temari. No les dejes tocar tu espalda. Y nunca te sientas mal por mentir. Esto es lo que debes hacer. Sabes esto. ¿Qué es una pequeña mentira en el camino hacia la perfección?»
Enderezando mi espalda, me centro en Ino y digo:
—Lo siento Ino, pero esto es lo que hay. No hay otra opción.
Ino gruñe, su perfectamente pintado labio curvándose por enfado.
—¡Perfecto! El campeonato de la SEC está a la vuelta de la esquina, después el Campeonato Nacional y mi mejor voladora está de baja. Este año va hacia la absoluta mierda.
Con esto Ino se va enfadada para consultar a Tayuya, la segunda capitana, dejándome permanecer torpemente en su paso.
—Tema nena, ¿estás herida? ¿Por qué no me has dicho nada? —dice Lyle con un mohín mientras pone su mano en mi brazo.
Encogiéndome me aparto de su agarre y cruzo los brazos en mi pecho.
—Mi espalda ha estado haciéndome daño un tiempo y bueno, lo tengo revisado y tengo que tomar las cosas con calma para el resto de la temporada. Pero aún puedo estar con el equipo, solo nada muy extenuante.
Lyle hace un mohín dramáticamente.
—Pero tú eres mi voladora. No quiero a nadie más. Hemos sido tú y yo durante toda la temporada. —Haciendo un círculo con sus dedos índice y pulgar, ligándolos a través del mío—. Eres mi alegre langosta.
La culpa corta mi estómago y fingiendo una adorable sonrisa, tomo la mano de Lyle con mi mano libre y la aprieto.
—Estoy segura que vas a sobrevivir.
—Umm... —dice con un gesto exagerado de la cabeza y mira hacia otro lado, sólo para suspirar pesadamente y mirar hacia mí una vez más—. Ahí va otra vez —dice indiferentemente.
—¿Ahí va quién? —pregunto mirando en dirección a Lyle para ver que retenía su atención.
—Shisui Ōtsutsuki, mirándote otra vez.
La mano de Lyle todavía estaba en la mía. Cuando miro por donde estaba entrenando el equipo de futbol, Shisui estaba parado bebiendo una botella de Gatorade, mirando fijamente nuestras manos.
Claramente no le gustaba que Lyle fuera mi langosta.
Los celos en la oscura mirada de Shisui prenden un fuego dentro de mi estómago y le echo una pequeña sonrisa de apaciguamiento. Su cabeza se mueve sutilmente en dirección a la mesa a su lado. Entiendo lo que quiere, que me acerque a él... discretamente.
Tirando mi mano de la de Lyle, comienzo a alejarme. Lyle mira mi espalda en retirada.
—¿Y dónde vas ahora Tema, nena?
—¡Necesito una bebida! —le contesto por encima de mi hombro.
Cuando llego a la mesa, me estiro por una botella de agua y siento un casi insoportable calor radiando de repente a mi lado. Bajo la mirada hacia el agua de mi mano, fingiendo entonces mirar hacia el equipo de animadoras practicando sus nuevas piruetas... sin mí.
Una parte de mi murió por dentro. Estaba sacrificando mi pasión para bajar de peso... pero tenía que hacerlo. No podía soportar aquella sensación de toda la grasa en mi espalda.
—Ese tío que estaba encima de ti le gustan las pollas, ¿verdad? —pregunta Shisui discretamente, sacándome de mi envidia. Está justo a mí lado terminando el resto de su Gatorade azul.
La pregunta me hace reír y me giro hacia las gradas mientras desenrosco el tapón de mi botella de agua.
—Ehh... es gay, sí. ¿Por qué? ¿Estás celoso? —me burlo y entonces queda solo el silencio.
Comprobando a mí alrededor y asegurándome que nadie está escuchándonos, inclino mi cuerpo hacia él. Shisui en camiseta roja de entrenamiento y pantalón, está quitando la etiqueta de su botella con el ceño fruncido en su rostro.
—¿Estás bien? —pregunta y me acerca más. En cuanto inhalo pude oler el sudor de la piel de Shisui, el producto de sus sprints. Pero en lugar de empezar a alejarme me atrae más cerca todavía. Yo... yo... lo deseaba.
Mis ojos se amplían. Deseaba a un chico. Pero...
—No estoy acostumbrado sentir celos, supongo —admite Shisui de mala gana.
Todos los malos pensamientos que estaban inevitablemente pasando por mi cabeza sobre cómo diablos me iba a acostar alguna vez con Shisui se pararon y casi jadeo por el choque de su confesión. Shisui solo sonríe por mi reacción pero rápidamente regresa a su sobrio estado de ánimo.
—Algo más te está molestando —digo.
Tirando su botella vacía dentro de la papelera, Shisui disimuladamente alcanza mi mano por debajo y la agarra firmemente.
—El decano ha venido a nuestro entrenamiento esta mañana, advirtiendo que las drogas están en el campus y esto le presionan a aproximarse a grado de tolerancia cero. Advirtió que si un futbolista era visto vendiendo o tomando algo, estaría terminado. El puto gilipollas estuvo mirándome todo el jodido tiempo, Pix. Sabe que yo sé algo. Pude ver la acusación en sus pequeños malvados ojos.
Estresada por toda la maldita situación, aprieto su mano y digo:
—Shisui, tienes que parar a tu hermano y proteger tu futuro aquí en la universidad. Está yendo demasiado lejos. Se está acercando demasiado a ti para ser pillado. Podría arriesgar todo tu futuro.
Shisui quita su mano de la mía con su rostro adoptando una fría expresión.
—Déjalo Pix. Esta mierda no es asunto tuyo.
Sintiendo como si me hubiera abofeteado le espeto:
—Por lo menos ahora sé mi lugar.
Intento girar para irme cuando Shisui agarra mi mano.
—Mierda Pix, no debí decírtelo así. Es solo... solo...
Suspirando, giro otra vez hacia él, murmurando:
—Solamente... me preocupo por ti, eso es todo.
La profunda y oscura mirada de Shisui se fija en mí y veo en ellos un destello por mis palabras.
—Está bien, déjame empezar de nuevo. No existe ninguna jodida manera en que puedas estar algún lugar cerca de toda esta mierda, a esta parte de mi vida, Pix. Tienes que mantenerte fuera de los Heighters. Ellos no son un grupo de mariquitas y no quieren que nadie fuera de la familia conozca sus asuntos. Si Itachi y Kisame alguna vez se enteran sobre tú y yo...
Tragando con agitación, comienzo a alejarme sin desear oír el resto aquí fuera en público. Entonces escucho:
—Reúnete conmigo esta noche en la casa de verano. Al Anochecer.
Apretando mis ojos me permito mirar atrás hacia Shisui. Mi corazón se encoge. El gran, tatuado y de aspecto amenazante receptor de los famosos Crimson Tide estaba suplicándome con sus oscuros ojos.
Inclino la cabeza asintiendo, Shisui parece relajarse solo hasta decir:
—¿Porque no saltas en las acrobacias, Pix? Estuve observándote decirle a Ino que estabas terminada.
Mi sangre se hiela. Shisui se acerca y susurra:
—Estas atravesando esa mierda, tienes pensamientos malos, puedes decírmelos. No te juzgare.
Su ofrecimiento brota en mi pecho y antes de que las lágrimas llenen mis ojos, él susurra de vuelta.
—Está bien.
No lo haré sin embargo. Shisui no lo entendería.
Suelta un resoplido y se extiende para acariciar mi cabello hacia atrás. Ni siquiera me inmuto y me pregunto: ¿Desde cuándo exactamente es que Shisui toca mis "zonas seguras" como el doctor Lund las llama, es aceptable? ¿Desde cuándo atraviesa mis muros?
Permitiendo el simple tacto de los dedos de Shisui sobre mi frente, digo bajito:
—Esto se aplica a ti también. Cuando estés atravesando esa mierda me lo dices. No dejes que te entierre vivo.
Shisui parece sinceramente desconcertado con esto, como si nadie alguna vez le hubiera ofrecido esto. No responde verbalmente pero puedo ver por la tensión en su fuerte mandíbula lo que mis palabras significan para él.
—¡Ōtsutsuki! ¡Pesas! ¡Vamos! —grita alguien por detrás y cuando miro por encima del hombro de Shisui, Sasuke Uchiha está a lo lejos con los brazos cruzados en el pecho, mirándonos.
Shisui se da la vuelta y le da una mirada molesta.
—Tema —saluda Sasuke y mueve su barbilla en mi dirección.
—Hola Sasuke —le devuelvo el saludo alegre, fijando una gran sonrisa en mi rostro y llenándome de falsa energía.
—Mierda Pix —murmura Shisui y me sonríe.
—¿Qué?
—Modera el puto tono alegre de animadora. Es jodidamente raro en ti.
Perdiendo mi sonrisa con la carcajada de Shisui, observo mientras se gira y corre por el campo hacia Sasuke, Suigetsu y Naruto juntándose desde atrás cuando se dirigen hacia el gimnasio. Mientras miro el grupo de amigos pienso en los diferentes que son los cuatro. Especialmente Shisui. Era como si estuviera viviendo una doble vida: estrella de futbol con amigos WASP de clase media por un lado y pandillero en el parque de caravanas cuyo hermano era un líder de Los infames Heighters entre otras cosas. Todo el mundo en Tuscaloosa temía a los Heighters. Yo ya no temía más a Shisui.
De hecho era todo lo contrario.
—¡Tema! —escucho mi nombre desde las gradas y cuando miro, Konan estaba de pie en el primer escalón, haciendo gestos en mi dirección. En cuanto empiezo a andar hacia ella, no lo pude evitar pero me río de los futbolistas restantes que estaban terminando sus sesiones, todos mirando hacia Konan con sus lenguas colgando fuera. Envidiaba las miradas hacia Konan, pero no la atención. Odiaba esta especie de foco.
Konan Uchiha es impecable. Y también una de las más cariñosas, más preocupadas personas que había conocido alguna vez. Lo tenía todo, aunque extrañamente nunca tuvo un novio fijo, afirmaba que no tenía suerte con los chicos. Encontraba esto incomprensible considerando que lucía como una maldita modelo y rezaba para que algún día pudiera encontrar su príncipe encantado. Se merecía ser tratada como una reina.
Cuando me acerco le grito de vuelta:
—Hola chica, ¿qué estás haciendo aquí? ¿Vas a reunirte con el equipo para el campeonato? —bromeo.
Konan ensancha sus españoles ojos con fingido horror y dice:
—Diablos, no podría ponerme este uniforme ni aunque me pagaran.
Riéndome, le pregunto:
—Entonces, ¿qué pasa?
—Karin acaba de llamar. La profesora de psicología de Sakura acaba de llamar. Sakura está enferma. Karin tuvo que ir a recogerla. Pensamos que podríamos reunirnos todas juntas y cuidar de ella. Sabes, porque no tiene ningún familiar.
—Oh, no, pobre Sakura.
—Entonces, ¿vas a venir cariño?
—Seguro que sí.
Un minuto más tarde, estoy corriendo hacia el vestuario. Agarro mi bolsa de gimnasio y me reúno con Konan fuera. Está mirándome con expresión preocupada mientras camino rápidamente hacia ella.
—¿Estás bien Konan? —pregunto cuando empezamos a andar una junto a la otra hacia nuestra casa de la hermandad—. ¿Estás preocupada por Sakura?
—Sí... quiero decir no... quiero decir... —está nerviosa pero después recorre con sus ojos mi cuerpo y pregunta—: ¿Has perdido peso cariño? No quiero sonar fuera de lugar pero estas pareciendo realmente delgada con ese pantalón de entrenamiento. ¿Está todo bien contigo? ¿El equipo no ejercita demasiada presión en ti para perder peso o sí? Ino puede ser una real perra con sus acróbatas para que estén realmente flacas y pequeñas.
Los nervios casi hacen vacilar mis pies con sus palabras. ¿Sospecha ella algo? Pero rápidamente me recupero.
—No chica, estoy totalmente bien. Probablemente solo es todo el entrenamiento de animadora y estrés de la universidad. Mi clase de economía está pateando mi culo. —Añado con una forzada sonrisa solo para sonar más convincente.
Konan me observa un rato antes de que una amplia sonrisa se extienda en sus labios. Exhalo como si hubiese aguantado mi respiración una eternidad.
—Me siento como tú, chica. Mi profesor de historia está siendo un maldito tirano. Sigue diciéndome que si quiero convertirme en directora de museo y obtener mi doctorado necesito conseguir notas perfectas y esforzarme más en clase. Como te lo digo, ¡es un demonio disfrazado bajo esa chaqueta de tweed!
Forzando otra risa hacia Konan sé que he desviado su atención cuando empezó a hablar felizmente sobre cómo tuvo que hacer un voluntariado en el museo local para el final de su grado.
Entonces la voz surge en mi cabeza.
«¿Has oído eso Temari? Konan observó que has perdido peso. Bien hecho... Bien hecho... ¿Y Ino preguntó si sus acróbatas perdieron peso? Pero no te preguntó a ti lo que quiere decir que piensa que estás delgada. Tienes que seguir haciéndolo. El dulce aroma de la victoria está casi rodeándonos».
Esta vez no necesito fingir la feliz actitud por la que mis mejores amigas me conocían. Saber que parecía más delgada, que Ino pensaba que estoy delgada y que finalmente estoy llegando a mi meta, me da el natural resorte en mis pasos.
