Capítulo 17
SHISUI
—Cualquier droga que se encuentre en alguno de los jugadores de los Tide hará que sea expulsado inmediatamente tanto del equipo como de la universidad. Llevaremos a cabo una política de tolerancia cero con las drogas en la universidad y NO se harán excepciones. El problema parece estar aumentando, y recuerden mis palabras; ustedes chicos son modelos a seguir para ésta universidad y para ésta comunidad, no permitiré un escándalo mientras esté a cargo. Somos un gran cuerpo estudiantil cristiano y nuestra reputación no será ensuciada por el uso de sustancias ilegales y potencialmente letales. ¿Ha quedado claro? —exige el decano. Todo el tiempo está centrado en mí y en mis reacciones.
Sasuke se ha encorvado a mi lado en el banco del vestuario, sin duda parece relajado con el decano y todos los demás mirando, pero el chico parece todo lo contrario. Me doy cuenta por sus miradas de reojo que estaba enojado con Itachi quien continua traficando en el campus, arriesgando mi puesto en el draft de éste año. Suigetsu sacude su cabeza de manera que también se encuentra molesto, pero ellos no lo entienden. La única razón por la cual mamá ha estado en un hospital de ricachones en las últimas semanas se debe a los ingresos de Itachi y Izuna.
Sasuke se gira hacia a mí después de que el decano se había ido, pero antes que abra la boca para hablar mierda de mi hermano, lo detengo con un movimiento firme de mi cabeza.
Como de costumbre, Sasuke se enoja conmigo y se desquita con las pesas antes de irse a ver cómo está Sakura, quién aparentemente no se sentía bien.
.
.
.
El sonido del picaporte me tiene mirando hacia atrás desde mi sitio en el sofá frente de la chimenea apagada. Un segundo después, entra Tema, vestida con un largo vestido negro y un gran suéter encima del top. Su ropa le está ahogada, pero fue su rostro lo que me hace saltar y correr a través de la habitación. Su rostro parece cansado y preocupado.
—¿Pix, qué pasa? —la interrogo.
Su boca se abre, pero no puede hablar.
—¿Pix? ¿Qué sucedió?
Tema niega lentamente mientras la guio hacia el sofá, tratando de no poner un dedo en su espalda.
Sus enormes ojos verdes azulados me observan y dice:
—Se supone que no debo decírtelo.
Sonrío.
—¿Otro secreto?
Los labios rojos de Tema se retuercen, pero responde:
—Esta vez no es mío para contarlo.
Me siento y trato de pensar que puede ser. Mis ojos se estrechan mientras miro a Tema jugando nerviosamente con las mangas de su suéter negro y la salida apresurada de Sasuke del entrenamiento inmediatamente se me viene a la mente.
—Algo pasó con Sakura —comento más como una afirmación que como una pregunta.
Con un suspiro que sale de su boca, sé que estaba en lo cierto.
—¿Qué le pasó? —insisto.
Tema cierra sus ojos un segundo y lentamente exhala.
—Está embarazada.
Mierda. No me lo esperaba. Eso significaba que Sasuke... ¿Sasuke iba a ser papá?
¡Mierda!
—Prométeme que no dirás nada. Deja que te lo cuente él mismo cuando esté preparado. Sakura se está volviéndose loca por ello y Sasuke estaba hecho un lio cuando los dejamos solos.
—No lo haré —aseguro. Llevando la mano de Tema hacia mi boca, la beso su palma.
Me doy cuenta del rubor en sus mejillas, no podía compadecer menos a mi Pixie. Me extraña que una chica de veintiún años aún se sonroje por un beso en la mano.
—Bueno, estoy seguro que lo solucionaran, Pix. Ahora mismo, sólo quiero olvidar todo lo que pasa allá afuera durante un rato. No necesitamos que nos agobie los problemas de los demás. Tenemos suficientes con los nuestros.
En ese momento, mi celular comienza a sonar en mi bolsillo. Inclino mi cabeza hacia atrás, mirando directamente al techo, suelto un suspiro de frustración.
—¿Vas a contestar? —preguntó Tema y niego.
—Dejemos que el mundo gire sin nosotros por un momento.
Apenas cortan, el celular comienza a sonar de nuevo. Ésta vez lo saco. Itachi solamente llamaba dos veces cuando era algo urgente.
—¿Itachi? —dudo mientras respondo la llamada.
—Chico, la mierda se está viniendo abajo ésta noche y mamá está mal, necesita sus medicinas.
—¿Qué mierda? ¿Dónde estás? —grito y Tema inmediatamente se queda quieta mientras aparto mi mano de ella y comienzo a caminar frente hacia la chimenea.
—Estamos en Heights. Los Kings acaban de provocar un tiroteo. Dos de ellos están muertos —declara Itachi como si no fuera nada, como si fuera el día a día en Heights.
La sangre se eleva a mi cabeza.
—¿Dónde demonios está Izuna?
Parecía como si hubiera pasado una eternidad antes que Itachi respondiera:
—El pequeño hijo de puta se fue por el camino fácil. Está en el remolque con mamá. Le pedí que se quedara allí hasta que llegues.
Asentí como si Itachi pudiera verme.
—Ella no se encuentra bien hoy, chico. Hay que recoger sus medicinas para el dolor. Rellené la descripción. Solo hay que buscarlas.
—Estoy en ello. Estaré ahí lo más rápido que pueda. —Pulsando el botón FINALIZAR del celular, escupo—: ¡Maldita sea!
Una mano suave toca mi espalda, me doy la vuelta para ver a Pix mirándome, había miedo en todo su rostro.
—¿Qué sucede, Shisui? ¿Está bien tu madre?
Su voz tiene un ligero temblor en ella. Me inclino hacia delante y le doy un fuerte beso en su boca, sorprendiéndonos. Solo necesitaba besarla.
—Necesito buscar las medicinas para el dolor de mamá y levarlas al remolque del parque. Está teniendo una de sus malas rachas.
—De acuerdo... ―dice, sus ojos están exigiendo más.
Apretando mi puño, agrego:
—Ha habido un tiroteo en Heights. Tengo que comprobar que todos están bien.
La pequeña mano de Tema comienza a golpear mis bíceps y sus dedos se me clavan.
—¡No! ¡No puedes! —grita.
Quitando su mano de mí brazo, espeto:
—Sí, tengo que ir, Pix. Es mi familia la que está ahí, ¡como blancos fáciles para los Kings!
No responde nada. Paso por su lado para llegar a la puerta y al instante me detengo.
—¡Mierda! —escupo en voz alta y oigo a Tema detrás de mí.
—¿Qué pasa ahora? —inquiere tímidamente.
—Necesito la camioneta de Sasuke. Tengo que llegar ahí con rapidez y no tengo tiempo para tomar tres autobuses hasta casa.
Tema se acerca y busca en su bolso, saca las llaves de su Prius. Doy un suspiro y voy a tomar las llaves, pero me las arrebata.
—Conduciré yo —dice energéticamente.
Riéndome en su cara, rápidamente pierdo el humor y respondo:
—¡Ni siquiera los pienses, maldita sea!
—Tienes que conseguir los medicamentos para tu madre ahora mismo, soy la única que puede llevarte sin que tengas que explicarle tu situación a nadie más. Y sé que no vas hacer eso. Sasuke está con Sakura. No puedes molestarlos. Así que soy lo único que tienes.
Mi sangre hierve por su actitud obstinada. Así que me acerco a ella, elevándome por encima de su pequeño cuerpo y la miro a los ojos. Tiene que entender ésta "situación", como ella lo llama, muy dentro de su cabeza.
—¿Entiendes que esto no son vacaciones en el parque, verdad Pix? ¡Comprendes que hay dos pandillas que se pelean por los territorios y que puedes recibir un disparo. ¡Un Disparo! Los tiroteos son reales. Las personas mueren. ¿Entiendes todo eso?
Observo mientras traga lentamente, pero alza la barbilla y dice entre dientes:
—Sé perfectamente como es la situación en tu casa. Ya me lo has explicado, muchas veces. Pero quiero ayudar a tu madre. Me gusta y soy la única que puede llevarte ahora mismo. Así que vámonos —dice y se dirige directamente hacia fuera de la casa de verano, dejándome en el medio de la sala como un gatito estupefacto.
Apretando mis puños, casi hago un agujero a través de la pared de vidrio. Nunca quise que Tema se acercara a esa parte de mi vida. Era jodidamente embarazoso. Y ella, un dispuesto cordero caminando hacia la guarida de los leones, estaba tomando esa decisión apartándome.
Pero era mi única oportunidad para llegar y tenía que volver a casa.
Maldición.
Éste día estaba empeorando a cada jodido minuto.
.
.
.
Mientras nos dirigimos lentamente bajo el antiguo y deteriorado cartel del Westside Heights, un metal rojo rectangular lleno de mierda colgando de sus bisagras a un lado, las siniestras nubes oscuras se mueven por encima de nosotros en el cielo. Las gotas de lluvias comienzan a caer de forma esporádica en el parabrisas del Prius, los limpiaparabrisas chirrían mientras automáticamente tratan de quitarlas del camino.
Me aferro a las medicinas de mamá en la bolsa de papel blanco, echo un vistazo a Tema. Sus ojos verdes azulados se abren de horror mientras va por la jodida calle, ante una increíble vista de la casa de mi infancia.
Un trueno retumba por encima de nosotros, sonando como una bomba escondida en el suelo. Tema salta, contiene el aliento y con los nudillos blancos, se aferra al volante con todas sus fuerzas.
Todo lo que siento es una gran vergüenza por lo que estaba viendo: las oxidadas y grandes caravanas de mala calidad alineadas de lado a lado, camiones hechos polvo y autos viejos de los años sesenta para arriba amontonados. Para rematar éste hermoso paraíso, agujas usadas, jeringas y latas de cervezas esparcidas por toda la calle, algunas flotando por el río que fluye al otro lado del parque. Este lugar era una jodida mierda y me maldigo por dejar que Tema venga a éste basurero de mala muerte.
Aclarando mi garganta, exclamo:
—Gira aquí a la derecha. Es el viejo remolque color crema que está al final, el número veintitrés.
Los ojos de Tema me miran nerviosa, y giro para revisar el sitio ante cualquier señal de las pandillas. Quería sacar a Tema de éste lugar antes de que Itachi, Kisame o sus criados con cabezas feas se dieran cuenta que ella está aquí. Eso sólo causaría problemas. Estoy seguro que en este momento Itachi ya se lo ha dicho a Kisame, hasta ahora la pequeña estudiante gótica, que fue testigo del asunto en el campus, la rata la habían llevado a testificar con el decano. Itachi nunca le guardaba información vital a Kisame por mucho tiempo.
El normalmente ocupado sector este era un desierto, en realidad, afuera era un desierto. Varias cortinas de los remolques rotos o destartalados estaban abiertos por las personas que nerviosamente revisaban las calles, el habitual comportamiento como consecuencia de los tiroteos de los Kings. Mi corazón palpitaba en mi pecho mientras nos acercábamos a mi casa de la infancia, pero como en todas partes, estaba en silencio y tranquilo.
—Detente aquí —le digo a Tema y se estaciona junto al remolque. El auto de Itachi no estaba en la entrada. ¡Grazie a Dio!
Mientras el motor se apaga y los parabrisas se detienen, el cielo se abre y la lluvia comienza a caer contra el metal del auto. Los recuerdos de mi juventud pasan por mi mente. Cuando era niño, me gustaba estar dentro de un auto cuando se acercaba una tormenta. Alguien me dijo cuando tenía seis años que el lugar más seguro para pasar una tormenta era un auto. Al parecer, los neumáticos actúan como aislante de los rayos, así que incluso si recibías uno, estabas a salvo.
Siempre que me sentía asustado de niño (cuando los negocios de los Heighters salían mal, los borrachos ensuciaban el parque y gritaban furiosos o de un tiroteo) subía a los asientos del antiguo chevy sin motor de papá en la parte trasera y me acurrucaba, escuchando las gotas de lluvia caer sobre el techo, cerrando los ojos, tratando de bloquear el dolor.
Era extraño volver aquí con el comienzo de otra tormenta, y con Temari Sabaku No junto a mí, de todas las personas... Mi pequeña pixie emo.
Espera... ¿Mi pixie emo?
—¿Vamos a entrar o planeas sentarte aquí afuera toda la noche? —indaga Tema de repente, sacándome de mis recuerdos, de mi consternación por la posesión que sentía por ella. Su voz es un poco insegura mientras trata de bromear, lo que sólo sirve para alimentar a mis instintos protectores.
—Sí —respondo y me enfrento a Tema mientras está sentada en el asiento del conductor, con su rostro casi presionado contra el vidrio de la puerta y las mangas tocando sus palmas a medida que muerde nerviosamente la uña de su pulgar.
—Vete, Pix. Encontraré la forma de volver —le comento.
Se gira hacia a mí con el ceño fruncido.
—No, esperaré por ti. Hay una jodida tormenta justo encima de nuestras cabezas por si acaso no lo has notado.
Suspirando por su sarcasmo, abro la puerta del auto y salgo, inclinándome para decir:
—Sal del auto, Pix. Estarás más segura allá adentro. Aquí afuera... —Me callo, moviendo mi barbilla hacia el parque, dejando que saque sus propias conclusiones acerca de lo que estoy tratando de decirle.
Volviéndome a la entrada de la caravana , escucho sus pasos apresurados detrás de mí y sonrío por la rapidez con la que se ha movido. Puede que haya sido sarcástica y seca hace un minuto. Pero todo eso ha desaparecido en el momento que se queda sola.
Mientras alcanzo el picaporte, la puerta se abre de repente. Izuna estaba pe pie delante de mí, dirigiendo sus grandes ojos alrededor del vacío camping, apresurándome para que entre con un saludo.
Eso, inmediatamente, pone mis pelos de punta. El chico está asustado como la mierda.
—Izu —digo serio mientras paso más allá de él a través de la puerta. Cuando miro su rostro, me detengo.
—¿Estás jodidamente bromeando? —pronuncio, mi voz suena tan ardiente como el mismo infierno. Colocado en la parte izquierda de su mejilla estaba recién tatuada una stidda, la pequeña estrella negra siciliana de los Westside Heighters. Todos los Heighters eran sicilianos de herencia. La stidda era un gesto de respeto a los Stiddari. Una rama de la Mafia Siciliana.
Tomando la camiseta de Izuna, lo acerco y le pregunto:
—¿El chico vivió o lo mataste?
Izuna se columpió incómodamente sobre sus pies y murmura:
—Vivió. Sólo fue alcanzado en su hombro.
Soltando la camiseta de Izuna, cierro la palma sobre la pared detrás de su cabeza.
—¡Demonios!
—¿Esa estrella significa que has matado o disparado a alguien? —La voz sobresaltada de Tema suena a mi lado y casi maldigo de nuevo. Había olvidado que había excluido esa parte de la explicación. Olvidé que ella no sabía nada sobre esta vida.
Observando su aturdido rostro, admito:
—La consigues cuando disparas por primera vez a un miembro de los Kings. No importa si sobrevive o muere. Se trata de disparar por la banda. Probando que estás en esta vida al cien por cien.
La palma de Tema, cubierta por la manga, se eleva hacia su boca y sus ojos crecen del tamaño de la luna.
—¿Has... tú has... matado a alguien? —Su concentración estaba en la stidda de mi mejilla, como si pudiera ver la respuesta si observaba lo suficiente.
Cerrando mis ojos, trato de mantener la calma respirando muy lento por mi nariz.
—Disparé a alguien en el pecho. Nunca supe si lo maté o no.
—¿No te quedaste para averiguarlo? —susurra ansiosa.
Ojeo a Izuna vigilándome por mi respuesta también y me encojo de hombros.
—No hacía falta. Itachi le disparó entre los ojos antes de que me diera cuenta. Era un miembro clave de su banda y necesitaba ser eliminado.
El agua se acumula en los ojos de Tema, siento a Izuna dejar caer su cabeza. ¿De vergüenza, decepción? No quería saberlo.
—Hola, debes ser Izuna —dice Tema, dejando atrás lo que ha descubierto y se dirige a mi hermano. Observo a Tema sonreírle con fácil aceptación. Izuna se sonroja y asiente. Cuando ella agita su mano, él muerde el borde de su labio inferior como siempre hace cuando está nervioso.
Me agacho hacia Tema y deposito un agradecido beso en su cabeza. Estoy agradecido de que sea tan amable con mi hermano, pero más aún a Dios al saber que tras otro elemento de mi jodido pasado, ella no ha cortado los lazos y huido.
—Sí, lo soy. ¿Quién... quién eres tú? —interroga tranquilamente Izuna a Tema, y entro para quedar en la privacidad de la caravana y lejos de ojos entrometidos.
Mientras observa a mi hermano de catorce años tropezar y balbucear su presentación, mi pecho se llena de arrepentimiento. El chico delante de mí estaba vendiendo coca. Este niño nervioso y torpe estaba afuera, en las calles, vendiendo nieve a unos drogadictos. Poniendo su joven vida en peligro para que mamá pueda vivir libre de dolor.
Todo sobre su vida, esta vida, está tan jodidamente equivocado y no tenía ni idea de cómo arreglarla para él.
—Mi nombre es Tema —responde Pix y deja ir su mano.
Izuna me mira sobre la cabeza de Pix, luego a ella de nuevo, ese mismo sonrojo cubre sus mejillas. Izuna no era como Itachi. No estaba lleno de seguridad, no era arrogante o grosero, pensando que podía hacerse cargo de alguien sin importa qué fuerte sea. No era como yo, todo hastiado, furioso con todo el maldito mundo y pesimista hasta el extremo. Izuna era un pensador; era silencioso, casi no decía una palabra si no se le forzaba a ello. Prefería escuchar y aprender que ser el centro de atención. Tenía la habilidad atlética más natural que alguien que conozca. Y era listo. Jodidamente listo. Y como necesitábamos dinero para Mamma para vivir el resto de sus días en comodidad relativa, estaba forzado a trabajar en las calles y ponerse a sí mismo peligro.
—¿Eres... la novia de Shisui?
Mi aliento se detiene ante la inesperada pregunta de Izuna mientras espero a lo que Pix pudiera decir. Cuando sólo le sigue el silencio, siento mi estómago caer hacia el hoyo vacío de la decepción.
Izuna me mira.
—¿Lo es, Shisui? ¿Es tu chica?
Caminando hacia los dos, coloco mis manos en los hombros de Izuna y anuncio:
—Ella es mi Pix. Es todo lo que necesitas saber.
Veo el ceño fruncido con confusión de Izuna, pero oigo la rápida inhalación del aliento de Tema detrás de mí y giro para ver una dulce y pasmada expresión en su rostro.
El satisfecho susurro de felicidad fue todo lo que necesitaba. Sentía mi pecho abierto, exponiendo sin tapujos mi corazón.
—¿Shisui? —la voz apenas audible de mi madre llega desde la habitación y, como siempre, me siento débil al instante. No era un pandillero y posible jugador de la NFL de veintiún años en este momento. Era un desesperanzado joven cuya madre está muriendo lentamente. Ver a la Mamma empeorando cada día me estaba matando completamente.
—Sí, Mamma. Sono qui. Estaré allí con tus medicinas en un minuto —grito de vuelta, entonces, bajo el volumen de nuevo—. ¿Qué demonios pasó anoche, Izu? Eres un jodido desastre.
Por primera vez desde que entramos, miro realmente el rostro de Izuna. Apretando mis dientes, pongo los dedos bajo su barbilla y alzo su cabeza gacha. Toda su mejilla derecha está roja y rasguñada, su piel embarrada con sangre seca.
La rabia cubrió mi cuerpo.
—¿Fuiste el blanco en el tiroteo? —Realmente no estaba preguntando porque sabía la respuesta. Él claramente se tiró al suelo y tenía en su rostro los arañazos de la gravilla como evidencia.
—Al menos no me dispararon, Shisui. Seba y Meizu lo fueron. Meizu en su brazo, pero Seba... justo en su pecho. Ahí es donde está Ita ahora, en el hospital con Kisame, viendo si Seba se recupera. Por eso el sitio está tan silencioso. —Los ojos de Izuna se llenan de lágrimas—. No estoy seguro que lo consiga... Había mucha sangre y dejó de respirar cuando todos se fueron. —Izuna bajó su cabeza de nuevo y, mientras seguía sus ojos, vi en sus antes zapatillas blancas ahora manchadas con sangre.
Mis dedos duelen de lo apretados que estaban mis puños. Y, girando, tuve salir del salón de la caravana para tener un poco de espacio. Tenía que... tenía...
Una amable manó cubre mi hombro, distrayéndome de mi ira, y lentamente exhalo. Sabía que era Tema. He llegado a reconocer esa pequeña caricia de su mano en mi espalda, esa reacción de calma que mi cuerpo adopta cuando está cerca. Esa completa y total paz que sólo consigues de alguien en quién confías absolutamente.
—¿Estás bien, Shisui? —consulta suavemente.
Cayendo al sofá rosa-rojo descolorido, paso mis manos por mi rostro y miro a Tema, luciendo sumamente fuera de lugar en este descompuesto palacio de hojalata.
—Mi hermano pequeño, quien no podía hablar a causa de la vergüenza cuando te conoció, acaba de evitar que le disparen, ¿por cuánto? ¿Unos cuantos metros? —Mis dientes se aprietan instintivamente por el recuerdo, y repito—: Un disparo, Pix. Un maldito disparo.
Tema baja la mirada hacia mí con ojos simpáticos y se mueve para sentarse a mi lado, con su pequeña mano envolviendo la mía.
—Honestamente no sé qué decirte ahora mismo, Shisui. No tengo recursos con esto. Sabía que la banda era mala. Inocentemente siempre pensé que no era tan malo como las noticias hablaban, pero viendo a Izuna esta noche, oír más... de tu pasado. Dios, es peor de lo que jamás pude imaginar.
No sabía por qué, pero eso me hace sonreír. Ella era más fuerte de lo que pensaba, enfrentándose a toda esta porquería como un pequeño soldado.
Izuna frunce el ceño ante mi reacción.
—¿Por qué sonríes?
—Tú, Pix. Solamente tú.
Mientras Tema deja caer su cabeza, una enorme luz alumbra fuera, iluminando la parte trasera de la caravana . Estoy agradecido por esos dos segundos de neón amarillo, porque me permite atrapar el contento sonrojo que inundan sus perfectas mejillas.
No podía dejar de observar su belleza y, por una vez, deseé que no llevara tanto maquillaje. La única vez que la había visto libre de ojos khol muy maquillados, labios rojo oscuro y base pálida gótica fue ese día en las taquillas cuando presenció mi colapso. Había estado preciosa, toda mejillas rosadas y pecas, y me destrozaba que no pudiera verlo también.
Como si sintiera mis ojos observarla, Tema alza la mirada hacia mí a través de sus largas pestañas rubias ahora cubiertas de negro, siento como si mi pecho fuera desgarrado y mi corazón estuviera expuesto. Es ese momento del que la gente habla. Ese momento donde miras al mismo par de ojos que has visto unas miles de veces antes, sólo que en esta oportunidad ves algo más en sus profundidades. Esta vez, es como si miraras a través del objetivo o de unas gafas de espionaje y pudieras ver el alma del otro... y parece que ser una sola con la tuya.
—¿Shisui? Mamma está llamando por ti. —La voz tímida de Izuna me arranca de mi fijación en Pix y levanto mis ojos molestos hacia él.
Mi hermano, al menos, parece arrepentido por la interrupción.
Izuna se balancea nervioso en sus pies y murmura:
—Está con mucho dolor.
Simplemente así, mi mal humor se evapora y lo único que siento es tristeza.
—¿Puedes... puedes darle tú las pastillas esta vez, Shisui? Creo que he tenido más de lo que puedo aguantar hoy... Ha sido duro para Mamma... para la banda... y para mí...
Tema, viendo a mí hermano pequeño a punto de romperse, estira su mano y Izuna mira a bajo como si fuera un objeto desconocido. Sus ojos negros se alzan hacia el rostro de Tema y ella sonríe para animarlo, asintiendo para que tome su oferta de apoyo.
En este punto, me siento como el peor hermano de planeta mientras veo la reacción de Izuna ante el gesto no familiar de consolación. El chico realmente no conoce el amor. Sólo tenía siete años cuando Mamma fue diagnosticada y supongo que se perdió ver a Mamma cuando cantaba y bailaba para nosotros durante horas, distrayéndonos del mundo desastroso justo al otro lado de la puerta de la caravana .
Para cuando Izuna fue lo suficientemente mayor para entender algo, Mamma era casi incapaz de permanecer sin apoyo y su energía empezó a desaparecer. No había más canto de Mikoto Ōtsutsuki, antigua cantante soprano italiana. No más bailes que nos hiciera sentir vivos.
La realidad de Izuna fue dura; él no tenía ni idea cómo era la Mamma sana, y miraba a Tema como si fuera María, la Madre de Cristo, apareciendo ante él. Como si fuera la reencarnación de la esperanza. Y en ese momento, no vi a un más alto niño de catorce años con una premiada stidda bajo su ojo izquierdo. Vi a un pobre niño perdido quien tuvo que luchar ante la adversidad con toda su triste vida, no conocía otra vida que la de angustia, violencia y dolor, no tenía ni idea que hacer con el afecto incondicional.
Izuna traga y, con la mano temblando, levanta los dedos para agarrarse a Tema. La escena delante de mí se pone borrosa. Fue ahí cuando me doy cuenta que lágrimas llenan mis ojos mientras veo a mi hermano pequeño tomar consuelo con el toque de una extraña.
Oyendo el susurro de un gemido detrás de mí, giro la cabeza. Mi corazón flaquea mientras veo a mi débil y consumida Mamma en su nueva silla de ruedas, sentada en la entrada de su habitación mirando a Izuna agarrarse en mi Pix con expresión de asombro pero aterrorizada en su rostro. Las lágrimas caen sobre las pálidas mejillas de la Mamma, pero no hace ningún movimiento para quitárselas. No estaba seguro si no podía reunir energía o si estaba tan derrotada por la emoción que ni había notado que estaba llorando tan fuerte.
Caminando hacia ella en silencio, los ojos oscuros de Mamma caen sobre mí finalmente. Estaba vestida con su largo camisón blanco sin mangas y sus manos temblaban con el forcejeo de sus sollozos.
Mientras quito un mechón sudado del cabello largo de la frente húmeda de la Mamma, su atención se vuelve de nuevo a Tema y Izuna sobre mi hombro y puedo escuchar a Tema preguntar:
—¿Quieres un té dulce, cariño? ¿Algo para comer?
—Sí, señorita —tomo la respuesta de Izuna y el orgullo llena mi pecho ante Pix. Se está preocupando por mi hermano mientras yo hago lo que puedo con esta mierda. Se preocupaba por Izuna desde la bondad de su corazón.
Alzando en brazos a mi Mamma, me enderezo y tomo la bolsa de sus medicinas de la mesa. Mientras la llevo a su cama, aparto las sábanas y la tumbo. No nos decimos nada. Caminando hacia la mesita de noche para tomar el vaso de agua de la Mamma, echo un vistazo furtivamente a su rostro. Todavía estaba mirando hacia la puerta como si pudiera ver a través de las paredes de papel.
—¿Mamma? Toma esto —le digo mientras le alcanzo a mi Mamma los calmantes solubles de color naranja claro. A causa del ELA, su garganta no funciona como antes y el ahogarse ahora es un riesgo real. Actualmente tenía que tomarse las medicinas mediante intravenosa o bajo la lengua y, en breve, toda la comida tendría que ser líquida.
Mamma no abre la boca, pero me mira y dice:
—¿Trajiste... a tu... piccolo folleto... aquí, con nosotros?
Suspirando, me siento en la cama al lado de su cama y sonrío al recuerdo de cuán cabezona había sido Tema cuando le mencioné que iba a casa.
—Necesitaba recoger tus medicinas y para eso, necesitaba un auto. Ella tiene uno, pero no me dejaba venir solo.
Los labios de Mamma se sacudieron divertidos.
—Ah, mio caro... ella te ha... robado el corazón.
Iba a discutir, pero tenía la extraña sensación de que la defensa era como una traición a mi Pix, pero Mamma cerró los ojos e intenta agitar la cabeza.
—No... necesito... oír... tu respuesta para... saber... que es verdad. —Sus párpados se agitan abiertos y lo que parecía felicidad brilla sobre ellos, eso envía un escalofrío a mi piel—. Tú eres mi... hijo... carne de... mi carne... parte de tu... alma... vive... conmigo. —Mamma alza débilmente su mano y la ubica en su corazón—. Siento el... cambio... en ti. Eres... libre... con ella... —Mamma toma una larga, profunda respiración y añade—: Trae... vida... una paz a... mi corazón.
—Mamma... —voy a contestar pero deja caer su mano sobre la mía.
—Tesoro, Shisui... Tema è un... tesoro. Una bendición... un tesoro de los cielos... hecha solo para... ti...
Lanzando una mirada rápida hacia a la puerta de la habitación entreabierta me enfrento a Mamma nuevamente y le susurro:
—Ella tiene problemas Mamma. Verdaderos problemas con ella misma. Me gusta... mucho. Admito eso, pero no tengo idea de cómo tratar eso con ella. Si soy siendo honesto eso asusta a la mierda. Eso la tiene entre sus garras.
Mamma suspira y mira por la ventana absorta en sus pensamientos. Ella ha estado haciendo eso mucho últimamente como si estuviera acariciando el mundo, comprometiéndose a observar para recordar.
—Veo su problema Shisui... Soy una mujer... Veo lo que... otros no. Ella no ve... belleza en... sí misma...
Dejo caer mi cabeza y siento el miedo de la verdad ante eso. No quería que tuviera problemas con su aspecto.
Ella es hermosa.
La Mamma se aclara la garganta torpemente se inclina hacia delante y dice:
—Todos tenemos secretos... Secretos bien enterrados. Hasta que... encontramos un alma que... hace que la carga... de esos... secretos... sea sólo un poco... más fácil de... de... llevar.
La respiración de mamá se estaba volviendo dificultosa, así que tomo los calmantes una vez más y le imploro con una mirada severa que abra la boca. Pero justo antes de que ella lo haga, susurra:
—Si la amas bien... ese amor... la sanará... pero si no... La destruirá... mio caro. Si le das a ese amor... y luego se lo quitas... eso... será algo que nunca va a superar...
Una lágrima cae de sus ojos y mi pecho se siente tan fuerte que pienso que mis pulmones se habían apagado. Mamma se está refiriendo a mi padre. Tajima Ōtsutsuki la había destruido en los últimos años, pero ella todavía lo amaba ferozmente. Ella no quería que me convirtiera en a mi padre con Tema. Quería que fuera el único para sanar a mi Pix, y no destruirla.
Finalmente, haciendo lo que le pido, Mamma deja que las pastillas se disuelvan bajo su lengua y todo el tiempo sus ojos oscuros observan mi rostro.
—¡Itachi! Sabes lo que esto significa. Tenemos que traerlo. Reúne a todos los que tengamos. Es la maldita guerra, hermano. Tenemos que proteger nuestro territorio. Si perdemos eso, perdemos todo nuestro dinero y sé lo que eso significa para ustedes muchachos Ōtsutsuki.
—Caspico Kisame.
—Oye Itachi, ¿has estado levantando autos de nuevo? ¿De dónde viene este pedazo de mierda Prius?
Las voces suenan ruidosamente fuera de la caravana. Rápidamente empiezo a meter a mi Mamma dentro... cuando su mano agarra mi brazo.
—Ve... No dejes que... Izuna lidie con ellos...
Asintiendo, me levanto para salir de la habitación, cuando Mamma dice:
—Envíala... dentro... quiero... hablar con tu... folletto.
Eso me hace callar, y miro hacia la sala de estar, Tema está hablando tímidamente con Izuna y sus enormes y radiantes ojos le devuelven la mirada. El chico ya estaba enamorado de ella; podía decirlo por su sonrisa tonta de regreso.
—¿Perché? —pregunto a mi Mamma, sin dejar de mirar la hermosa chica que está robando mi corazón, haciendo a mi hermano pequeño se sienta querido... apreciado.
—Shisui, mio caro... envíala... dentro... Es entre yo... y tu tesoro...
Un poco nervioso por lo que pueda ser dicho en mi ausencia, entro en la sala de estar para ver a Tema ayudar a Izuna con lo que parecía ser la tarea de matemáticas. Cuando me acerco a la pequeña mesa de café están agachados alrededor, sacudo mi cabeza para que ella se acerque a mí.
—Así que completa las preguntas tres y cuatro, voy a comprobar si son correctas en tan sólo un minuto. Vuelvo enseguida.
Tema se pone de pie y comienza a caminar hacia mí. Izuna se gira de color rojo brillante ante mi expresión de complicidad y se ocupa de trabajar en su álgebra.
Tomo la mano de Tema, tiré de ella hasta la cocina, para mantenerla fuera de la vista. Antes de que tuviera tiempo de hacer preguntas, ahueco sus mejillas con mis manos y tiro de su rostro más cerca y aprieto mis labios contra los suyos.
Un gemido entrecortado escapa de su boca y sus pequeñas manos aprietan mi camisa. Tan pronto como esa lengua suya se asoma a través de sus labios y en mi boca, me pierdo. Girando alrededor de Tema, la empujo contra el mostrador y gruño mientras sus brazos rodearon a lo largo de mi espalda, haciendo que mi entrepierna se presione contra la suya. Mi pene está duro y puedo sentir el calor del cuerpo de Tema arrastrándose en oleadas.
A medida que los segundos pasan, el cuerpo sin experiencia de Tema empieza a relajarse, cada vez más ante mi tacto. Cuando sus manos se deslizan hacia arriba y se enroscan en mi cabello, ya no estoy pensando bien y envuelvo mis brazos alrededor de su espalda, golpeando su cuerpo apretado contra mí pecho hasta que está al ras con el mío.
A medida que un rayo de un enorme de trueno sacude los cimientos de la caravana, Tema se queda inmóvil como si hubiera recibido un disparo. Sus labios de repente se congelaron en los míos y sus manos se deslizan de mi cabello. Sus gemidos se volvieron más duros ahora, y a través de la niebla loca por el sexo que está nublando todo pensamiento racional, me parece que es un signo de placer, hasta que siento la humedad en sus mejillas.
A medida que me aparto, me doy cuenta de las silenciosas lágrimas que caen por las mejillas de Tema. Sus ojos de color verde azulado pálido se habían vuelto vacíos y me hiela la sangre.
Ella está en su lugar oscuro, partiéndome en dos de nuevo.
Mientras me voy retirando de nuestro abrazo, me toma un momento darme cuenta de donde mis manos estaban: planas en su espalda, mi pulgar frotando inconscientemente en su columna vertebral.
¡Mierda!
Apartando mis brazos lejos y manteniéndolos en el aire, le susurro:
—¿Pix? ¡Pix! Regresa a mí. Estoy fuera de ti. Sólo regresa a mí.
Sé en el momento en que mi voz se ha roto cuando ella comienza a jadear y revolotear sus pestañas, sacándola de su trance. De esa jodida voz que dice que constantemente la tienta y la atormenta.
—Pix. —Quiero hablar, pero ella tira de las mangas negras de su suéter sobre sus palmas y las cierra sobre su boca.
—Tocaste mi espalda —susurra ella—. No me puedes tocar en la espalda. ¿Por qué tocaste mi espalda? Debe haber diez, pero sólo hay siete. No es suficiente. Él tiene razón. Es que no es suficiente... —Su voz es frenética mientras habla mal de sí misma y se eleva en un tono agudo.
Tema se tambalea hacia atrás, hasta que golpea el mostrador, pero su incesante murmullo no se detiene.
Lanzando mis ojos hacia la puerta, escucho las voces que provenían de afuera cada vez más cerca y como el infierno que quería a Itachi supiera que Pix estaba aquí... especialmente actuando de esta manera. Él no iba a entender nada de eso. No iba a aprobar que esté con ella.
Con una cautelosa marcha lenta hacia adelante, atrapo a Tema con mis brazos y presiono mi frente con la de ella.
—Pix, respira. Uno... dos... tres... cuatro... —Sigo y veo el momento en que Tema está de vuelta, con su pecho tratando de seguir el ritmo por mi cuenta—... cinco... seis... siete... ocho...
—Itachi, busca al chico. Tenemos que hacer nuestro movimiento.
La voz de Kisame atraviesa mí cuenta y miro la puerta, esperando pacientemente a que se abra, tratando de pensar cómo puedo ocultar a Pix.
—Estoy tranquila. Estoy tranquila... —La voz tranquila de Tema atrae mi atención de nuevo hacia ella.
—Mierda, lo siento, Pix —susurro y meto mi cabeza en el hueco entre su hombro y su cuello, sólo respirando el aroma que era toda ella.
Tomo la mano levantada de Tema, sacudiéndose furiosamente mientras se mueve detrás de mí. Me sorprende cuando aterriza en la parte posterior de mi cuello y suelto un suspiro que ni siquiera me he dado cuenta estoy sosteniendo.
—Está bien. Está bien. Sólo entré en pánico —dice Tema lentamente y sabía que estaba tratando de convencerse a sí misma tanto como estaba intentando convencerme.
Retrocediendo mi cabeza, le doy un beso en los labios con vacilación, hablando contra su boca.
—Me olvidé, Pix. Sé que es una terrible excusa. Pero me olvidé.
Tema cierra los ojos, inhalando profundamente por la nariz, y cuando sus párpados se abren, ella parece un poco mejor.
—¿Shisui? —La débil voz de mi Mamma flota en el remolque mientras el viento comienza a aullar fuera y las ramas de los árboles comienzan a arañar las ventanas con la tormenta.
Si el tiempo estuviera representando el estado de ánimo de una situación, entonces, no podría haber sido más apropiado como está en este momento.
—¿Si, Mamma? —le contesto, pero nunca, ni una vez alejo la mirada de mi Pix. Los ojos de Tema se quedan fijos en los míos también.
—Tema... quiero... que ella venga aquí —grita y empieza a toser debido al esfuerzo.
Me doy cuenta de las cejas fruncidas de Tema, pero, agachando la cabeza, ella se lanza a caminar a mí alrededor, y levanto mi brazo para agarrar su mano.
Tema pone su todavía agitada mano en mi mejilla y asiente que está bien.
Maldición, pienso mientras me trago mi culpa.
Mientras observo a Tema caminar tímidamente hacia la habitación de mi Mamma, con los brazos envueltos alrededor de su estómago, el pomo de la puerta delantera lentamente comienza a girar.
Corriendo hacia la puerta, empujé la perilla, la puerta se abre de golpe con la ayuda del fuerte viento. Mirando hacia mí, en estado de shock, estaban Itachi, Meizu y Kisame. Meizu sostenía firmemente sus bíceps. Recuerdo que Izuna dijo que había recibido un disparo. Parece que fue sólo un rasguño, otra raspadura con la muerte para los Heighters.
—¡Shisui! —dice Itachi, instantáneamente feliz. Caminando desde el remolque hacia el parche de grava del patio, cierro la puerta detrás de mí y entro en la fuerte y turbulenta tormenta y, extrañamente, en la compañía de mi pesado y turbulento grupo.
—Ita. Kisame. Meizu —saludo, asegurándome de que la puerta de la caravana está cerrada, pongo mis manos en los bolsillos, con el viento rasgando a nuestro alrededor como un huracán.
Itachi se pavoneaba hacia mí y cuelga su brazo alrededor de mi hombro.
—¿Conseguiste los medicamentos de mamá, chico?
—Sí, acabo de dárselos.
Atrapé a Kisame sonriéndome y señala el Prius.
—¿Conseguiste eso de algún estudiante de trasero rico?
Encogiéndome de hombros, me libero de mi deseo de dejar caer su trasero en el suelo.
—Sólo lo tome prestado de alguien que conozco.
Itachi se echa hacia atrás y me mira raro.
—¿A quién diablos conoces que conduzca un puto Prius?
—¿Algunas de las admiradoras de los Tide que te estés tirando? —dice Meizu, con una enorme sonrisa.
—Claro —le contesto con evasivas y miro de nuevo a Itachi—. Seba, ¿está bien? Izu dice que recibió uno en el pecho.
El rostro de Itachi se ensombrece de tristeza y sacude su cabeza.
—Falleció en la sala de emergencias. Otro hermano muerto. —Itachi se santigua sobre su pecho con la mano y vi a Kisame hacer lo mismo.
Suspirando fuertemente, me froto con la mano la frente.
—Tenemos que hablar, Shisui —dice Kisame en serio, y miro en su dirección—. Te necesitamos de nuevo en el equipo, sólo hasta que podamos conseguir el mejor de los Kings. Ya tomó tres kilómetros de territorio en cuestión de semanas y ahora están buscando tomar el campus de la UA. —Me mira durante unos momentos de silencio, y luego añade—: Ellos saben que estás ahí y están hablando de acabar contigo.
—¡Joder! —susurro. Kisame se adelanta y mueve su barbilla hacia Itachi. Este último metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y saca una pistola 9mm. No, tacha eso, mi vieja pistola 9mm.
Itachi la tiende para que la tome.
—Tu famiglia te necesita, chico. Tenemos que mantener el césped para hacer billetes. Los tratamientos de mamá sólo van a costar más a partir de ahora. Eso es lo que somos, los Ōtsutsuki juntos.
Miro las cortinas de la habitación de la Mamma y mi corazón se ensombrece cuando veo que la ventana está ligeramente abierta. Habrá escuchado todo lo que acababa de decir.
—Mira, Ita, vamos a pensar en otra cosa. Voy a tragarme mi maldito orgullo, lo haremos y le pediré a Sasuke que nos ayude con las cuentas de mamá.
—No, joder, ¡no lo harás! No recibiré limosnas de caridad de esos ricos de mierda. ¡Odio al idiota! Lo haremos de la manera Ōtsutsuki, la manera italiana. La forma de la calle.
Mis dientes se aprietan juntos y doy un paso hasta Itachi.
—Esta es la última vez que dices algo en contra de Sasuke. Es tan cercano para mí como un maldito hermano.
Itachi había empezado a sonreír hacia mí, hasta que expuse la última parte, y entonces, todo lo que vi fue fiebre e ira en su rostro.
—Vamos a aclarar esto ahora mismo. Sasuke puto Uchiha no es tu hermano, niño —escupe—. No es más que algún jugador de fútbol de trasero rico ya sabes, un jugador de fútbol de trasero rico que está usando su trasero de mierda blanco y pies rápidos para llegar a la NFL. No conoce esta vida, no entiende lo que se necesita para sobrevivir aquí en el oeste. Y a partir de este día en adelante, estarás traficando en el campus junto a mí y trayendo tu trasero universitario aquí en los Height cada vez que te llame. A la mierda el fútbol, chico. Esta mierda es acerca de nuestro futuro. Se trata de la famiglia. Ahora. —Itachi golpea mi 9mm en mi pecho, poniendo toda su impresionante fuerza detrás de ello—. Sé un hombre de una puta vez. Tenemos trabajo que hacer.
Agarrando el arma en mi mano, sintiendo el familiar metal rayado bajo mis dedos, mi corazón cae cuando Itachi se gira hacia la puerta de la caravana. Itachi mira hacia atrás a Kisame.
—Iré a buscar a Izu. Luego, vamos a dar un paseo más allá de los Kings. Esta noche es en la que mi pequeño hermano se ganara el derecho a usar esa Stidda en la mejilla. —Itachi luego me mira—. Eso va para ti también, chico. Tú vas a venir también.
Como si todo cambiara a mitad de movimiento, dos pensamientos instantáneamente pasan a través de mi cabeza. El primero es que Pix está en ese remolque, y si Itachi la ve, él iba a echarla. El segundo era que no había manera en el infierno de que Izuna entrara en eso, maldición. Ya había tenido un roce con la muerte esta noche. No iba a buscar otro.
El miedo y el instinto de protección me hacen decir las palabras que me prometí a mí mismo no volver a decir de nuevo.
Justo cuando Itachi comienza a abrir la puerta, doy un paso hacia delante y tiré de él hacia atrás.
—Iré contigo, traficaré coca de nuevo con ustedes, con una condición.
Itachi mira sobre mi cabeza hacia Kisame y, cuando obtengo su atención otra vez, lo miro con una mirada mortal. Esto es entre la familia de verdad, sangre de verdad.
—Izu no traficará, ya no. No irá de patrulla y definitivamente no irá armado. Me vas a dar tu palabra ahora por este acuerdo y me tendrás de vuelta.
—¿Estarás de vuelta? ¿A cien por cien? —pregunta Itachi, con un brillo emocionado en sus ojos oscuros.
—Cien por cien —contesto, mi promesa parece que está rompiendo mis sueños mientras se desliza de mis labios. Cuándo Itachi y Kisame tienden sus manos, casi flaqueo en el trato. Pero mientras cierro mis ojos y pienso en Izuna nerviosamente tomando la mano extendida de Tema y a mi Mamma llorando lágrimas de felicidad mientras lo ve encontrar consuelo en ese toque, todas mis dudas se desvanecen.
Dos apretones de manos después y, parado en medio de la lluvia torrencial, siento un pedazo de mi alma morir.
Una parte de mí sabe que era la peor decisión que he tomado en mi vida. La otra estaba sólo agradecida de que mi hermano pequeño ahora tuviese una oportunidad de más. De hacer algo de sí mismo. Para salir de esta vida.
—Meizu, ve a buscar el auto. Esta noche actuamos —ordena Kisame, y Meizu, todavía agarrando su brazo herido, empieza a caminar en dirección al remolque de Kisame para tomar su viejo Challenger.
Itachi pone su mano en mi hombro mientras Kisame casi vibra de emoción por la venganza contra los Kings.
—Entonces éste es el plan...
El sonido de la puerta de la caravana se abre y golpea contra la pared hace que me dé la vuelta sorprendido, ahí de pie está Tema en la parte superior de las escaleras, jadeando fuertemente y con los enormes ojos verdes azulados llenos de miedo.
Como si ella no estuviese mirando a nadie más, su mirada se concentra en la mía y su voz temblando, dice:
—No Shisui, no lo hagas. ¡Por favor no lo hagas!
Kisame se adelanta y silba.
—¿Quién es esa perra?
Me enfurecí.
Saltando hacia delante, me lanzo hacia Kisame, dándole un puñetazo en la mandíbula, este cae sobre el mojado y embarrado suelo. Pasando por encima de su despatarrado cuerpo en el suelo, hago un movimiento para llegar a Pix, cuándo Itachi me agarra del cuello de mi camisa y me golpea contra el capó del Prius.
—¿Qué diablos hace ella aquí? —habla bruscamente, su voz gutural con rabia y su rostro a sólo unos centímetros de la mío.
Pataleando, trato de lanzarlo fuera, pero no tengo suerte. La posición en la que me tiene le asegura que no pueda moverme. Atrapo a Tema gritándole para que me deje ir, aunque, eso casi me mata.
—¡Déjala! —grito.
Las cejas de Itachi se elevan con sorpresa y parecía genuinamente desconcertado por mi reacción.
—¿Te acuestas con la perra? ¡La maldita perra que presenció el trato y no tuvo dudas para delatarme al jodido decano!
Levantando la cabeza, me disparo hacia delante, golpeando mi frente en la nariz de Itachi. Este último se retira, con sus manos cubriendo su rostro y tomo la oportunidad para levantarme. Cuando mis botas aterrizan en el barro, mis pies resbalan en un charco. Mis manos golpean el sucio suelo y, cuándo miré hacia arriba, Kisame se había levantado y estaba yendo hacia Tema, que estaba congelada en la puerta.
—¡NO! —grito y me echo a correr, mientras Itachi me aborda desde atrás, tirándonos a ambos al barro.
—Kisame, si la tocas, ¡te mataré! —le amenazo tan alto como puedo bajo el pesado peso de Itachi.
Kisame me mira y toma la navaja de su bolsillo, una raya de brillo se refleja en su hoja a lo lejos.
—¡No! —Trato de girar la cabeza hacia Itachi, pero su hombro me tiene sujeto—. Itachi, apártate de mí maldita sea. ¡Le va a hacer daño a Pix!
—¿Pix? ¿Qué demonios significa eso? —escupe en mi oído.
—¡Ella es mi puta chica, imbécil! ¡Ella es mi chica! ¡Y si algo le pasa a ella, te pondré en el jodido suelo, hermano o no! —le amenacé.
Itachi se inmovilizó, y podía escuchar la mísera lluvia contra el suelo y la pesada respiración de Itachi... eso y los repentinos gritos de Tema.
Ajustando mi cabeza hacia el rostro de Pix, grito con frustración cuándo Kisame la agarra por su cabello y la arrastra por el inundado patio, obligándola a mirar hacia mí. Las lágrimas están cayendo por su rostro, pero esas lágrimas se secan pronto como Kisame rasga a través de la costura de la parte posterior de su suéter, liberándolo, presionándose el mismo en su espalda, sonriendo en mi dirección.
—¿Es tu chica, Shisui? ¿La puta que vio mis negocios en la UA?
Me congelo, y a través de mis apretados dientes, afirmo:
—¿Así que le hablaste de ella, Itachi? ¡Te aseguré que lo tenía controlado! Esperaba que por una vez no fueras una perra y le contases todo a Kisame. —Itachi no dice una mierda en respuesta y la traición de mi hermano sólo parece añadir más combustible a Kisame.
—Sí, Shisui. Itachi aquí me lo contó todo. Le advertí que si tú me tocabas otra vez, pagarías por eso. Y parece que este monstruo feo es tu talón de Aquiles. —Kisame lanza el suéter hecho trizas de Tema al suelo y recorre su dedo índice a lo largo de su columna vertebral, todo el tiempo con esa maldita espeluznante sonrisa en su rostro. El rostro de Tema se queda vacío y mi corazón se parte en dos. Ella estaba en su lugar malo. Se ha dejado... todo porque la están tocando en su jodida espalda.
Mis ojos se cierran y le aseguro a Itachi:
—Tienes cinco segundos para quitarte de encima, Ita, no es broma, hemos terminado.
Pillo la fuerte respiración de Itachi. Nosotros podríamos no compartir los mismos códigos morales o éticos en la vida, pero lo quería. Era mi sangre y entendía el significado de lo que estaba diciendo.
—¡Quítate de encima de ella, maldita sea! —Escucho el terror de una voz masculina gritar, y al abrir los ojos, veo a Izuna de pie en frente de Tema, con los brazos extendidos hacia Kisame. Al principio no veo la pistola, pero cuándo Kisame levanta sus manos, con su rostro enmudecido, vislumbro el brazo temblando de Izuna mientras él estaba por encima del cuerpo encorvado de Pix, con sus ojos fijos completamente en el suelo. Ella estaba murmurando para sí misma; se encontraba escuchando a la voz.
—¡Maldición! —silba Itachi, y de repente estaba fuera de mi espalda y arremetiendo contra Izuna. Este ve a Itachi acercarse y agita el arma entre Kisame y nuestro hermano.
Mientras me impulso desde el suelo, con mi camisa negra y mi pantalón ahora manchado de barro, me acerco a Izuna lentamente.
—Izu, cálmate —articulo con cariño. Los ojos negros de Izuna están enormes por la adrenalina y me indica con la punta de su barbilla que me acerque hacia él y Pix.
Dejando escapar el aliento contenido, bajo hasta el suelo y la subo hacia arriba, la levanto en mis brazos, el agua de la lluvia se desliza por su fría piel.
Con un enorme suspiro, los dedos de Tema se agarran a mi piel y sus ojos se fijan con fuerza en los míos.
—Shisui... —susurra y miró hacia abajo, retorciéndose en mis brazos como si acabase de entender que la estaba sosteniendo en el aire—. Shisui, por favor, soy muy pesada —dice avergonzada.
Mi corazón se hunde por cómo ella se expresa con preocupación, y, atrayéndola hacia mis labios, le susurro:
—No eres ninguna carga para mí, Pix. Tu peso no es nada. Estás a salvo en mis brazos, tú me perteneces maldita sea.
Los labios de Tema comienzan a temblar y sus ojos se llenan con lágrimas frescas.
—Ita, necesitas hablar a tus hermanos antes de que se olviden a quien están jodiendo. —Kisame está mirando a Itachi, y por una vez, veo lo que parece miedo en la expresión de Kisame. Sé que sin Itachi, su maldito grupo se vendría abajo. Itachi era el espeso pegamento que mantenía a los chicos Heighter bajo control. Y sin importar cuánto amara Itachi a su pandilla, sabia, no, rezaba para que hubiera una cosa que amara más: nosotros.
—¡Cierra tu maldita boca, K! —espeta y se acerca lentamente a Izuna—. Izuna, baja el arma. No voy a tocar a la perra de Shisui. Él ha tomado su decisión.
Izuna tiembla.
—¡Se llama Tema!
Los dientes de Itachi se aprietan y dice:
—Está bien. No voy a tocar a... Tema.
Izuna mira hacia mí, asiento para que baje el arma. Bajando cuidadosamente sus brazos, Izuna mete la pistola en la cintura de sus jeans y Itachi suelta un maldito suspiro de alivio.
Kisame pasa rápidamente por nuestro lado hacia su Challenger mientras las luces se aproximan.
—Controla a tus malditos hermanos, Ita, o yo mismo voy a lidiar con ellos. —Abriendo de golpe la puerta del pasajero, Kisame sube, el chirrido de los neumáticos húmedos rocía todo el lodo sobre nuestro remolque color crema
Un trueno resuena a lo lejos mientras los tres chicos Ōtsutsuki llegan casi a punto muerto, bajo un aguacero, conmigo apretando a mi Pix contra mi pecho, Itachi y Izuna mirándose con odio.
Lanzando una mirada hacia mí, Itachi frunce el ceño mientras me ve besar en la cabeza a Tema y se ríe sin humor.
—¿Así que estas jodiendo a la perra que nos vio traficando? ¿La única perra que podría testificar lo que estábamos haciendo en el campus?
Aprieto mis dientes mientras Tema, quien aún está entre mis brazos, comienza a temblar de frio. ¿O era miedo de Itachi? Probablemente una combinación de ambas.
—¡Eso no es de tu maldita incumbencia! Pero es mía; no te equivoques sobre eso.
Esta vez Itachi si se ríe.
—Joder, chico. ¿Actúas así por un pedazo de coño Mierda, hijo, ¿en qué demonios estás pensando?
Tema se estremece como si hubiese recibido una bofetada, me giro hacia Izuna.
—Ve a buscar su bolso de adentro. Necesito sus llaves. Voy a llevarla a casa.
Izuna corre dentro de la caravana sin preguntar y, sólo unos segundos después, pulsa la llave por lo que el auto se abre automáticamente. Bajo a Tema hasta el asiento del pasajero y, poniendo las llaves en la ignición, enciendo el termostato a todo volumen. Tema se acurruca en el asiento y sus ojos petrificados recorren el estacionamiento.
Nunca me perdonaré por traerla aquí.
Dejándola dentro, miro a Izuna.
—¿Cómo está Mamma?
—Está dormida —dice y deja caer su cabeza para mirar el suelo.
—Vieni qua —digo y Izuna caminó lentamente hacia mi hasta que está a unos pocos pasos y, agarrando la parte de atrás de su cabeza con mi mano, lo acerco hacia mi pecho—. Grazie, fratello.
Vieni qua: «Ven aquí».
Grazie, fratello: «Gracias, hermano».
Izuna envuelve sus brazos alrededor de mi espalda y sólo para mis oídos dice:
—Me gusta. No la ahuyentes. No quiero que se vaya.
Un nudo bloquea mi garganta y asiento contra la cabeza de Izuna.
—Entra. Cierra la puerta de la caravana, todas las cerraduras y no le contestes a nadie. Tengo mi celular conmigo. Llámame si me necesitas. En cualquier momento, ¿entiendes? Me quedaría, pero necesito llevar a Pix de regreso a la universidad. Ella no pertenece aquí. No merece toda esta mierda de Kisame y Itachi. La dejaré y volveré.
Izuna retrocede, mirando a Tema sobre mi hombro, la saluda, luego se mete en el remolque. Escucho las cinco cerraduras cerrarse detrás de él. La Mamma y él estaban a salvo.
—Estas jodido, niño —dice Itachi detrás de mí ahora que estábamos solos, me giro para enfrentarlo. Estaba limpiando la sangre que aún chorrea debajo de su nariz.
Caminando hacia él, empujo su pecho y le suelto:
—No. ¡Tú estás jodido! Qué clase de maldito hermano eres para Izuna y para mí, ¿eh? ¡Esperas hasta que seamos lo suficientemente mayores y luego nos metes en esa pandilla! —Pincho su amplio pecho—. Así que soy yo quien dice que tú eres quien está jodido Itachi. ¡Tú!
Empiezo a alejarme, cuando Itachi dice:
—Me importa una mierda lo que pienses de mí, Shisui. Cuando papá se fue y Mamma enfermó, hice lo que tenía que hacer para que sobreviviéramos. No espero que lo entiendas, súper estrella.
Jodidamente odiaba cuando me llamaba así.
Acercándome a Itachi lo miro directamente a sus ojos negros y exclamo:
—Izuna esta fuera. ¿Escuchaste? El chico no tiene el estómago o el corazón para esta vida. Merece más, más que tú y yo como hermanos.
Itachi negó, pero pude ver por la palidez de su rostro que llegué a él.
—Izu se queda en la pandilla, lo siento, hermano, pero tú también volverás. Puede que tengamos quejas el uno del otro, pero los Kings y las cuentas médicas de la Mamma aún estarán apilándose sobre nuestras cabezas mañana.
Lo miro sin decir una palabra, luego giro sobre mis talones y me alejo.
—¿Shisui?
Mis pies se detienen y digo cansadamente:
—¿Qué, Ita?
—Me quedaré con el niño y Mamma esta noche. Los protegeré. No es necesario que vuelvas. Lo prometo.
Exhalo a través de mi nariz y comienzo a caminar hacia el auto.
—Bien. Preferiría no tener que enterrar a mi Mamma y a mi hermano en el mismo jodido año.
Unos segundos después, escucho a Izuna dejar que Itachi entre en el remolque y las cinco cerraduras cerrarse de nuevo.
Saltando dentro del Prius, no me lleva mucho tiempo salir del parque de caravanas y empezar a acelerar por la carretera de regreso a la universidad.
La lluvia había comenzado a detenerse, y miro a Tema, que está mirándome, con la mayor parte de su pesado maquillaje corrido por la abundante lluvia.
Amaba esas pecas que salpicaban su nariz. Joder, estaba empezando a amar todo de ella, punto.
Mientras aprieto el volante bajo mi mano, digo:
—Pix, lo siento mucho.
Tema no dice una palabra, y mientras la miro otra vez, ni siquiera ha cambiado su expresión.
—Pix, por favor, sé que estas herida, pero solo quiero decir...
—Ve a la casa de verano, Shisui.
Miro dos veces a Tema, completamente confundido.
—Te voy a llevar de vuelta a la casa de la herman...
—Ve a la casa de verano —repite, con severidad.
—¿Por qué Pix? —indago y contengo el aliento, esperando la respuesta.
La pequeña mano de Tema se extiende nerviosamente por los asientos y aterriza en mi muslo.
—Porque nunca me sentí más segura en mi vida que contigo. Quiero estar contigo en el lugar que me mostraste por primera vez los verdaderos colores. —Me mira a través de sus largas pestañas—. Porque aún no estoy lista para dejarte.
Bajo mi mano sobre la de ella y añade:
—Porque te necesito Shisui. No hay nada más que eso. Te necesito. Eso debería ser razón suficiente.
A pesar de mi ropa mojada, la tela helada pegada a mi piel, todo lo que siento es calor mientras las palabras de Tema fluyen por mi cuerpo.
—Joder, Pix —digo con voz ronca, y aprieto sus dedos más fuertemente con los míos.
—¿Eso está bien?
—Más que bien —digo con una risa.
—¿Y por qué? —cuestiona tímidamente.
Llevando sus dedos a mis labios, presiono un sólo beso en su palma, todo el humor desaparece.
—Porque yo también te necesito malditamente mucho. Jodidamente mucho para luchar contra con ello.
