Capítulo 18

TEMARI

El ambiente afuera es extraño después de una tormenta, como si la madre naturaleza se hubiera toma un muy ganado descanso después de destrozar el mundo. El viento desciende y el cielo se vuelve completamente gris negruzco y silenciosamente siniestro.

Mientras Shisui y yo caminábamos cautelosamente hacia la casa de verano, evitando ser vistos por ojos entrometidos, no había ningún respaldo del trinar de los grillos, ninguna lechuza ululando; todo está en calma, casi reflexivo en su tono. Incluso la voz en mi cabeza parece estar tomando un descanso de torturar mi mente.

Mirando hacia el balanceo del crepuscular cielo, las nubes se están moviendo lentamente, recuperándose de una noche turbulenta. Sé cómo se sienten ellos. Todavía estaba aturdida por el enfado de Kisame y Itachi dirigido hacia mí, pero más que eso, mi pecho estaba lleno de respeto hacia Shisui. Me ha protegido y cuidado. Eligió defenderme por encima de su hermano mayor.

Aunque me arriesgo a echarle un vistazo, por el rabillo del ojo, no puedo evitar sentirme sin aliento. Él está mirando fijamente a nuestros dedos entrelazados con un destello de incredulidad en sus negros ojos italianos. Como si no pudiese creer que estemos aquí juntos.

Aún sin saber que lo está mirando, Shisui casualmente levanta nuestras manos unidas hacia su boca y presiona un beso en la parte posterior de la mía. La piel de gallina rápidamente acosa mi cuerpo, cosa que no tiene nada que ver con la fría brisa en mi empapada piel, todo es mejor siendo querida y lo suficientemente digna para ganar la protección de Shisui.

Suspirando felizmente, pongo mi cabeza en sus gruesos bíceps.

Me hace sentir muy segura.

Mientras llegamos a la puerta de la casa de verano, Shisui comprueba a nuestro alrededor para asegurarnos que nadie nos está mirando y, dejando caer nuestras manos, busca la llave de su empapado y embarrado bolsillo del pantalón y silenciosamente abre la pesada puerta de madera.

Cuando entramos, Shisui levanta su dedo hacia mí para que esperase en la entrada y rápidamente se mueve alrededor de la larga casa y de sus largas ventanas para correr las pesadas cortinas y cerrarlas.

Miro a Shisui mientras se gira hacia mí, con esa misma expresión de incredulidad resaltando en su rostro por el reluciente cielo lleno de estrellas encima de nosotros, brillando a través del tragaluz.

Su camiseta negra estaba ceñida y resbaladiza sobre su definido y musculoso torso. Su jean húmedo no está mucho mejor. Su negro y desordenado cabello se había secado con un estilo casual, amontonándose y desordenado en todas las direcciones, lo que, si es posible, sólo lo hace más atractivo de una forma salvaje y fuerte. Sus tatuajes se doblan y flexionan a cada paso que da en mi dirección. Parece casi como si Jesús en su crucifijo estuviese respirando.

Mi corazón es como una mariposa en mi pecho, los golpes rítmicos bombean a través de mi cuerpo, tan fuerte que puedo sentirlos palpitando bajo mi piel desde mi cabeza hasta mis pies. Algo intensamente sexual brilla en los ojos negros de Shisui, e instintivamente, envuelvo mis brazos alrededor de mi pecho cómo si fuese a detener del desconocido enrojecimiento en mii misma, efecto de su atención.

Shisui se detiene justo ante mí, con su cálido aliento en mi rostro. Me quedo mirando el tatuaje de la paloma en su cuello, tratando de concentrarme en los detalles del trazado-de-las-plumas en sus alas extendidas, sólo para tratar de calmar mi frenético corazón.

Con un dedo aparta un mechón de cabello de mis ojos, suavemente baja por mi mejilla y a lo largo del puente de mi nariz. Atrapo el labio superior de Shisui sacudiéndose y curvándose en una sonrisa.

—La lluvia ha liberado a tus pecas, Pix —anuncia con voz áspera.

Mi estómago se tensa ante el hecho de que mi espeso maquillaje se había deshecho y empiezo a entrar en pánico al estar tan expuesta.

—Yo...

Antes de que pueda terminar lo que quería decir, Shisui se inclina y me da un suave beso en la punta de mi nariz, estremeciéndome en mi sosiego. Sus labios continúan hacia mis pecas a lo largo de mis mejillas hasta que llegan a mi oído, dónde susurra:

—Son preciosas. Me encanta verte sin tu pintura de guerra. Me gusta ver a la verdadera tú debajo de la armadura.

Olvídate de la poesía. Olvídate de sentimientos cursis, corazones y flores y de los hombres que saben cómo jugar con una chica con palabras. Solamente escuchando que le gusto a Shisui, la verdadera yo, la rota anoréxica chica bajo la capa de maquillaje, trae una ligereza a mi corazón que nunca antes he sentido.

—Shisui... —susurro de vuelta y estira su brazo para tomar mi mano en una suya inclinándose hacia delante, pecho contra pecho, y cerrando la puerta detrás de él con su otra mano.

Es como si él pudiese sentir mi recelo a su cercanía y con un apretón de su mano, susurra:

—Vamos. Necesitamos conseguir secarte.

Shisui tira suavemente de mi mano y me hace a caminar a su lado. Nos dirigimos a una gran chimenea al fondo de la casa de verano, nuestro pequeño lugar ya que nos encontramos encerrados por las cortinas y la puerta. Al pasar junto al sofá, Shisui suelta mi mano y agarra los cojines y una manta roja, colocándolo todo encima de la alfombra de piel de oveja en el duro suelo de madera. Shisui se gira hacia mí y ahueca mis mejillas.

—Siéntate, Pix. Encenderé el fuego.

Tragándome mis nervios, bajo al suelo, tomo asiento en un cojín rojo mientras Shisui mueve los leños y empieza a apilarlos en el fuego uno a uno. Tomando una cerilla, Shisui la golpea contra la piedra de la chimenea y enciende los troncos apilados encima.

Serpenteando para arrodillarse ante mí, Shisui me mira a los ojos y pregunta:

—¿Tienes sed? ¿Hambre? Creo que hay agua en la nevera.

Mi corazón aletea ante la mención del agua. Recuerda que sólo bebo agua. No soda. Él todavía trata de hacer que me sienta cómoda. Siempre intentando hacerme sentir cómoda.

Levantando el brazo, pondo mi temblorosa mano en su áspera mejilla con barba incipiente.

—Estoy bien, Shisui. Sólo... sólo siéntate conmigo...

Esta vez lo pillo tragando, calor se instala en mi corazón cuándo me doy cuenta de que también está nervioso. Shisui baja hasta la alfombra junto a mí, levantando sus rodillas y envolviendo sus brazos alrededor de ellas.

Mirando hacia delante, mira las crecientes llamas de fuego, perdido en sus pensamientos. Los troncos crepitan y ese magnífico olor a fogata, que sólo se emite por la madera quemada, llena toda la habitación.

—Nunca debí haberte llevado allí esta noche, Pix. Y por eso, lo siento mucho —afirma Shisui finalmente. Me puedo dar cuenta por el profundo tono de su voz que lo dice enserio.

Su frase de disculpa me sobresalta. Shisui parece muy decepcionado y avergonzado por los eventos de esta noche. Los ojos de Shisui se cierran por mi tacto, viéndose exhausto, y lentamente empieza a inclinarse hacia mí, hasta que está tumbado sobre su espalda, con su cabeza descansando sobre mi pierna y de sus labios suelta un cansado pero contento suspiro. Me recuerda a mí estando de vuelta en el jardín del hospital en memoria de todas esas semanas pasadas.

Tan pronto como la nuca de Shisui golpea mi muslo, me tenso y los habituales pensamientos de pánico empiezan a zumbar en mi mente. ¿Mi muslo es demasiado gordo? ¿Está enfadado por cómo me siento por debajo del fino vestido? ¿Soy...?

Shisui está mirándome con sus negros ojos ébano, sólo me mira mientras lucho con mis demonios. Por alguna razón, su falta de respuesta a mi ansiedad me ayuda a que desaparezca. Shisui no se disculpa o se compadece por mi pánico interno como hizo en el pasado. Sólo se queda quieto y me deja sobrellevarlo, sólo con un paciente afecto hacia mí en su abierta expresión.

Fue en ese momento en el que me doy cuenta que nunca he estado tan cómoda con alguien en mi vida. Es lo más cercano a sentirme normal en años y mi corazón se llena con un fino velo de esperanza. Esperando que Shisui pudiese abrirse camino a través de la espesa pared de hierro alrededor de mi corazón. Que este desorden no pudiese privarme de lo que era sentirse enamorada... Esperando poder estar con alguien y que no me provoque caer en mis pensamientos de odio y desesperación hacia mí misma. Con la esperanza de que al abrir mi corazón, no lo lleve a romperse.

Estoy tan pérdida en mi cabeza que no me he dado cuenta de que Shisui está tocándome el rostro hasta que siento las ásperas yemas de sus dedos suavemente contra mis labios.

Mis ojos se estrellan contra los suyos suavizados con... ¿lujuria? ¿Excitación? ¿Puede este hombre realmente encontrarme atractiva? No... imposible...

—Eres tan jodidamente hermosa, Pix —calla, interrumpiendo mis cavilaciones, siento esas palabras resonando en la profunda y más oscura parte de mi alma... tomando recuerdos de los amenazadores insultos de la voz con ellas.

Mientras miro al tatuado y perforado chico debajo de mí, siento mi estómago contraerse de necesidad. En medio de mis muslos está hormigueando, mi respiración está acelerando y siento como algo dentro de mí está arañándome para liberarse.

El dedo de Shisui recorre hacia arriba y abajo de mi cuello, siento endurecerse mis pezones dentro de mi pequeño y húmedo sujetador. El dedo de Shisui pasa sobre el palpitante pulso en mi cuello y sus ojos caen en respuesta.

—Joder, Pix —murmura y gira su cabeza en mi regazo hasta que su boca está contra mi vientre. Puedo sentir su cálida respiración fluyendo entre mis piernas y, antes de que pueda detenerlo, un ligero gemido de placer se escapa de mi boca.

Mis dedos se aferran al cabello de Shisui, con mi puño de hierro indicando la gravedad de mi deseo. Empujándolo más cerca, Shisui acaricia con la boca la parte baja de mi vientre, besando mi ombligo a través de la fina tela negra de mi vestido. Siento como si me estuviese quemando y sé que no es por la chimenea ardiendo delante de mí. Es Shisui, el paciente, comprensivo, maravilloso y con cicatrices Shisui.

—Pix, joder, estoy muriéndome aquí... por tocarte y estar contigo... dentro de ti... —musita Shisui y baja la mano para arreglar la bragueta de su pantalón.

El calor envuelve mi rostro y aprieto mis ojos cerrándolos. ¿Podré hacer esto? ¿Puedo estar con él cómo quiero estar con él? ¿Puedo desnudar mi cuerpo? No, no puedo ir tan lejos... y no puedo tenerle tocándome... ¿Va a ser incómodo? ¿Pensará que estoy demasiado gorda? ¿Cómo iba a cubrirme lo suficiente para ayudarme a llegar al final? ¿Cómo...?

La dinámica de cómo puedo realmente tener relaciones sexuales está plagando mi mente. No soy una chica normal que podría enamorarse de un chico, besar, desvestirme, luego echarme sobre las sábanas y hacer el amor imprudente y pasionalmente. Hay más que eso. Hace falta coraje que no estoy segura de cómo poder reunirlo y aumentar la confianza que nunca he sido capaz de ganar.

«Temari, no puedes hacer eso. Para eso, por lo menos deberías perder unos cinco kilos. Y el chico nunca puede verte desnuda. Él se reiría. Te dejaría y nunca mirará atrás. Él podría...».

—No lo escuches, Pix. No dejes que te diga que no quiero tenerte debajo de mí en este momento.

La voz negativa se vapora, las palabras de Shisui suenan tan suaves como una nana. La canción de cuna toma su lugar y una sensación de paz llena mi corazón.

Respirando profundamente, abro mis ojos y bajo la mirada. El rostro de comprensión de Shisui es todo lo que puedo ver, y agrega:

—Porque te deseo... desesperadamente. Eres la persona más hermosa que conozco, por dentro y por fuera. Esa voz en tu cabeza no sabe una mierda sobre cómo somos tú y yo juntos. No sabe una mierda, pero intenta obligarte a no comer y quitarte todas tus oportunidades.

Respirando temblorosa y profundamente por su precisa evaluación sobre lo que mantenía tan escondido, sostengo mi mano contra la suya en mi pecho. Encontrando el coraje en algún profundo lugar dentro de mí, le confieso:

—Te necesito...

Shisui parece dejar de moverse... dejar de respirar... y me musita de vuelta:

—También te necesito.

Tomando los dedos tatuados en su mano, empiezo a bajarla hacia mi pecho... hacia mis senos, sin romper el contacto y esforzándome en presionar la punzante, amenazante y repetitiva voz en la parte trasera de mi mente. Cuándo la mano de Shisui toma mi seno izquierdo, por encima de mi sujetador, bajo la cabeza y la presiono contra la suya. Bordeando mi temblorosa mano hacia abajo sobre su camiseta seca, bajo el dobladillo de la parte inferior, hasta que mi mano está plana sobre su grandiosa cálida piel.

—Shisui, no creo que entiendas lo que quiero decir... No sólo te necesito... sino que... necesito que tú...

Vi moverse la manzana de Adam de Shisui en su garganta con su duro trago e imploro que me entienda con su mirada abiertamente seria.

—Te necesito... para estar conmigo... —Esta vez la intensidad de su mirada me perturba.

Tomándome por sorpresa, Shisui se sienta bruscamente, suavemente se apodera de mis caderas y me estira para los cojines queden debajo de mí, arrastrándose por encima de mi cuerpo tendido.

El torso de Shisui baja para encontrarse con el mío y sus labios rozan mi mejilla hasta que descansa contra mi boca, pero no se movió para besarme.

—En serio te necesito jodidamente demasiado, Pix. Cristo, es cierto.

El alivio recorre mi cuerpo como un rápido torrente blanco, una bienvenida inmersión en el agua, como si hubiera sido bautizada, renacida, revivida desde mi jaula de inseguridad para abrazar abiertamente al chico al que está sacrificando libremente mi corazón.

Los labios de Shisui de repente se encuentran con los míos y el beso lento y sensual que sigue derrite todos mis temores. Los labios de Shisui son tan suaves como una pluma tenue mientras se mueven contra los míos, un contraste con su aspecto duro e intimidante. Su lengua sondes la entrada de mi boca y se desliza en el interior para encontrarse con la mía. Me agarro con valentía sus abultados músculos de su espalda, saboreando el largo gemido que arranco de su garganta mientras su dura longitud presiona entre mis piernas.

El beso se hace más profundo, cuanto más tiempo dura, más furiosos se convierten nuestros movimientos. Shisui me inmoviliza debajo de él, sus dedos se aferran a mi cabello y agarrando el dobladillo de su camisa, empiezo a levantarlo por su espalda, el aire cálido en la casa de verano que se aferra a la piel húmeda de Shisui.

Separándose de mi boca con un grito de asombro, Shisui jadea con fuerza y mira mis ojos con su mirada oscura. Puedo ver que está asegurándose de que estoy bien, y al ver que lo estoy, se sienta en cuclillas y se quita su camisa, exponiendo su torso desnudo, coloridamente tatuado para que lo devore.

Levantando mi mano, paso los dedos hacia abajo, por las alas de la paloma en su garganta, hasta su esternón, por la gran cruz italiana en su pecho y sobre las secuencias complejas de las frases tatuadas sobre sus duros abdominales en la parte baja de su estómago. Su bronceada piel oliva, los contornos de su físico tonificado destacan por el naranja ardiente de las llamas, glorioso.

—Pix, como que me estás matando ahora mismo —asegura Shisui con una voz rota y grave mientras mi dedo índice se deslizaba a lo largo de la cintura de su pantalón, su estómago se tensa y se contrae en respuesta.

Los ojos de Shisui perezosamente pasan por encima de mi cuerpo, pero esta vez no siento vergüenza como pensé que lo haría. En cambio, muevo mi mano al botón de la parte superior de su cremallera y sacándolo a través del agujero, liberándolo.

La cabeza de Shisui vuelve a caer con un siseo mientras mi dedo roza su dura punta y, cae hacia adelante, estrellando sus labios contra los míos una vez más, el usa su grueso muslo para levantar mis piernas abiertas, acostado en el medio, y comienza a mecerse contra mí... ahí.

—Shisui... —gimo en voz alta y mi espalda se arquea en el suelo.

—Joder, Pix —exclama Shisui a través de los dientes apretados—. Tengo que estar en ti... necesito sentirte...

Luego, las palabras de Shisui dan en el blanco, y siento como si se inyectara un enorme cubo de agua helada en mis venas.

Shisui inmediatamente nota el cambio en mi estado de ánimo y, levantándose en sus brazos, baja la mirada hacia mí con temor.

—¿Pix? ¿Estás bien? —Él todavía está sin aliento, un tinte erótico enrojece su hermosa piel latina.

Bordeando más abajo mi cuerpo y acariciando el dorso de su mano por mi rostro, susurra:

—Dime lo que pasa. Háblame, Pix. Me estás jodidamente desconcertando.

Incapaz de enfrentarme a él, me centro en las reconfortantes flores de lis en su cuello y torpemente admito:

—Tengo miedo de reaccionar mal a tu tacto.

Shisui suspira y cierra los ojos, siento una gran dosis de vergüenza sobre mi piel. Pero me sorprende cuando toma mi rostro y me obliga a mirarlo... a mirarlo realmente.

—Pix, sé que nunca has hecho esto antes. Sé que fui tu primer beso... tu primer algo con un chico. Y joder, sé que no soy digno de nada de eso.

Shisui pasa su pulgar hacia arriba y abajo de mi mejilla y, como siempre, con una dulzura cariño que no se puede esperar de un gran chico, musita:

—Pero si tú estás deseando estar conmigo... realmente estar conmigo, como yo quiero estar contigo, no voy a hacer una mierda para lastimarte. No voy a tocarte donde no quieras que te toque. No voy a hacer que te quites la ropa si es algo que no puedes hacer conmigo todavía. —Shisui aprieta su frente contra la mía y promete—: Si no estás lista para acostarte conmigo, ni hacer nada en absoluto, no me voy a ofender. Sólo tienes que decirme dónde estás en este momento, porque si esto no va a ninguna parte, voy a tener que dejar de... Es un poco doloroso para mí en este momento... —Dejó caer la cabeza hacia el hueco de mi cuello. Podía sentirlo jadeando agresivamente con tensión.

Mientras mis manos recorren arriba y abajo su espalda, trato de hacer a un lado mis inseguridades. Quería demasiado esto. Quería mucho estar con Shisui. Por esta noche, no quería ser Temari Sabaku No un monstruo y anoréxica. Quería ser valiente. Deseaba ser la chica que estaba cayendo perdidamente enamorada de este chico que conocía mi secreto más grande... quien podría estar tan roto como yo... que decía que me necesitaba tanto como yo lo necesitaba a él. Quería ser normal. Anhelaba ser amada por mí misma, por mi yo normal.

—Shisui —susurro, mirando las llamas reflejadas bailando en el techo de madera. Él asiente contra mi cuello para hacerme saber que estaba escuchando, paso mi mano por su cabello—. Hazme el amor.

Los músculos de Shisui se tensaron.

—Tema... —su voz se fue apagando.

Mientras agarro su cabello, lo presiono:

—Shisui, hazme el amor. Sólo... Sé amable... Hay una posibilidad de que pueda romperme...

Labios suaves comienza su ascenso hasta mi cuello y siento su toque hasta el final de mis huesos. Mientras Shisui llega a mi mejilla, paso mis manos por su espalda y me aferro a sus hombros desnudos.

—¿Estás segura? —susurra al pasar por mi oído.

Asiento, incapaz de hablar a través de la intensidad del momento y oigo su largo suspiro de liberación. La cabeza de Shisui se levanta y me mira a los ojos. Todo lo que veo es adoración, completa e incondicional adoración.

—Me dices si hago algo mal, ¿entendido? Lo haremos de acuerdo a lo que necesites.

Respirando profundamente, susurro:

—Por favor, no toques mi espalda. No puedo dejarte tocar mi espalda. Sigue siendo un no, ahí para mí.

Shisui inclina la cabeza y roza un beso en mi cuello, apartando el cabello de mi rostro.

—No te habría hecho eso de todos modos. Recuerdo todo lo que has dicho.

Mis ojos se cierran cuando la mano de Shisui flota alrededor de la parte exterior de mi pecho y mis pies se curvaron ante la extraña sensación que sube entre mis piernas.

—Y no puedo quitarme el vestido tampoco... Por favor... sólo trata de trabajar alrededor de él... No estoy lista para desnudarme por completo ante ti todavía.

Shisui comienza a cambiar.

—Tema, si no...

Tomo su rostro, deteniéndolo.

—¡No! Por favor, quiero demasiado esto. Sólo tenemos que abordarlo de manera diferente de lo que has hecho con otras chicas.

Shisui me mira una fijamente con una expresión de pensamientos conflictivos durante varios segundos de expectación, pero finalmente cierra los ojos y exhala por la nariz.

—Está bien —replica y sus ojos se abren de golpe.

Shisui se balancea sobre una mano y empieza su exploración por mis pechos, bajando la cabeza para chupar y tirar de la piel por debajo de mi vestido.

Mis manos sostienen su cabeza, y no puedo parar los gemidos de placer que salen de mi boca.

—Quiero probarte —murmuró Shisui y levantó su mano para enganchar sus dedos debajo de los tirantes de mi vestido. Mirando hacia mí a través de sus pestañas negras, levanta la ceja, pidiendo permiso.

Mi pulso es escandaloso, pero el descubrimiento de mis senos no me llenaba de pavor, como me temía. Eran un promedio de copa B y nunca habían sido un motivo de preocupación. Quería mostrarle al menos esa gran parte de mí misma.

—Por favor... —Gimo—. Tómalo lentamente. Pero deja que me quede de espaldas... No puedo dejarte ver mi espalda...

Shisui gime y, haciendo lo que le pido, poco a poco me baja los tirantes hasta que mi sujetador negro aparece a su vista. Los ojos ébano de Shisui se ensanchan y procede a deshacer el cierre frontal de las pequeñas copas, tirando hasta que mis pechos pálidos se deslizan a la vista, mis pezones erectos como si quisieran alcanzar el toque de su boca.

—Malditamente perfecto —murmura Shisui, dejando mi vestido y el sujetador envuelto alrededor de mi cintura, se cierne sobre mi pecho y comienza a pellizcar juguetonamente la piel previamente sin besarla. Mis manos se estrellan en la nuca de Shisui, y mis piernas instintivamente se envuelven alrededor de su cintura mientras me frota contra mí misma la tela rígida de sus vaqueros.

Mi respiración hace eco en mis oídos mientras un fuego ardiente se enciende entre mis piernas, y cuando Shisui besa mi pezón izquierdo, lamiendo la punta con su lengua húmeda, siento ganas de gritar de frustración por las sensaciones que asaltaban mi cuerpo sin experiencia.

—Joder, Pix, sabes tan bien —precisa Shisui alrededor de mi pecho. Cuando chupa el pezón con su boca y al mismo tiempo se mece entre mis piernas, una luz estalla detrás de mis ojos, lo único que puedo ver son las estrellas. Una gran sensación de euforia me envía volando hasta el cielo con un placer incontenible.

—¡Shisui! —chillo mientras llego a mi punto álgido y jadeo sin aliento en su cabello, sintiendo humedad entre mis piernas.

Con un último golpe de su lengua, Shisui levanta la boca de mis pechos y me sonríe todo rojo emocionado y avergonzado. Pero Shisui no hace un comentario mientras sus fosas nasales se dilatan con la vista; solamente me mira con falta de profundidad, bordeado por mis piernas, y en silencio, levanta la parte inferior de mi vestido largo. Mientras se pone de rodillas delante de mí, puedo ver la extensión de su necesidad tentando su pantalón, la cremallera deshecha y exponiendo la tela tensa de sus bóxer negros.

Shisui me miraba como un halcón mira a su presa. Sabía que era por alguna señal de pánico que sus acciones hacia mí podrían desencadenar, pero seguí nuestra mirada y asentí, animándole a ir más lejos.

Cuando mi falda llega a mis rodillas, dejando al descubierto las pantorrillas, un malestar se instala en mi estómago, pero asiento una vez más para que siga adelante. Shisui levanta la tela negra lentamente hasta mis muslos, y sólo entonces la fuerza de mis temores se convierte en algo demasiado difícil de soportar.

—¡Espera! —exclamo frenéticamente y Shisui se detiene, entrecerrando los ojos ligeramente con preocupación. Inclinando su cabeza hacia atrás para mirar por el tragaluz a la luna, trato de concentrarme en calmarme y no en los malos pensamientos que giran en mi mente... y de lo que Shisui pueda pensar sobre mis muslos.

¿Va a ver la celulitis? ¿Va a pensar que son de gran tamaño? ¿Verá...?

El rostro de Shisui aparece de repente delante de mí, sus labios bajan para besar suavemente los míos.

—Nosotros no tenemos que ir más allá, Pix. Sólo di la palabra.

Corriendo mis dedos por la aspereza de su mejilla sin afeitar, los paso alrededor del pabellón de la oreja y de las pequeñas dilataciones negras de sus lóbulos.

—Eres tan hermosa, Pix. Me robas el aire cada vez que miro como estás.

Esta vez, cuando mi corazón palpita, es por lujuria y adoración, no por temor. Llegando hasta tomar la mano de Shisui, pongo la mía en la parte superior de la de él y la guió por mis pechos, por mi estómago y por la parte superior de mis muslos.

Shisui gime.

—Pix...

—Sigue adelante, Shisui. Quiero que sigas adelante... Siénteme... Muéstrame lo que se siente...

La frente de Shisui cae sobre mi hombro y su cabeza comienza a temblar.

—No estoy tan seguro de que esta sea una buena idea, Pix. No quiero perder el control y asustarte.

Las lágrimas llenan mis ojos y giro la cabeza hasta que mis labios rozan su mejilla, respirando el mismo pequeño espacio de aire.

—Sé que soy difícil de comprender. Pero quiero que me hagas el amor... Por favor, no me hagas rogar.

Shisui fija su mirada en la mía y rueda encima de mí, con sus brazos sosteniendo mi cabeza sobre la almohada.

—Pix, lo que siento por ti es maldito miedo. Pensé que eras preciosa desde la primera vez que te vi de pie en el estadio vacío como un duendecillo oscuro perdido en un sueño extraño. Pero entonces lo que sentí por ti rápidamente se fue a la mierda. Me preocupé durante semanas que me destruyera, a mi familia, por la forma en que mis hermanos hacen dinero.

Respira profundamente, y las llamas del fuego se reflejan en sus ojos.

—Y tú me has destruido, Pix, pero nunca cómo pensé. Has destruido el muro que construí para mantener a la gente fuera. Has destruido el personaje rudo que usaba como un escudo. Pero aun más que eso, destruiste cualquier reticencia que tenía de encontrar consuelo en otra persona. Me destrozaste, Pix. Tú, mi pequeño duendecillo oscuro, hiciste que todas mis defensas se desmoronan haciéndose añicos.

Los labios de Shisui se estrellan contra los míos y lo sujeto fuertemente contra mi boca, nuestra necesidad casi rozando la fiebre. Pero Shisui se aparta, con el rostro completamente serio, y termina:

—Tengo algo que quiero decirte, Pix. Dos palabras que casi salen de mi pecho. Dos palabras que nunca le he dicho a nadie antes. Pero hasta yo que sepa que te tengo que totalmente y tú me tienes de mí, sin secretos, sin barreras en nuestro camino, no voy a decirlas en voz alta. Pero quiero que sepas que estás en mi corazón de todos modos.

Mi pecho está lleno, tan repleto de emoción por su honestidad y me esfuerzo por pensar en las dos palabras que quería decir. ¿Es amor? ¿Me ama? ¿Lo amo? ¿Puedo amarlo? ¿O estamos a la vez demasiado destruidos para alguna vez ser buenos para el otro?

La mano de Shisui comienza a acariciar la cara interna de mi muslo, disparando escalofríos a mi centro, y todo el aire escapa fuera de mis pulmones mientras más se acercaba a la cúspide de mis muslos.

Shisui suspira temblorosamente y comenta:

—Así que dime qué tan lejos quieres ir ahora mismo. Porque quiero todo de ti. Es tu decisión, Pix. Es sobre ti.

Veo a Shisui bajar la mirada para observar su mano en mi muslo pálido y puedo ver la pasión en sus ojos, ver la división sutil de sus labios cuando ve mis piernas desnudas. Me llena de conmoción al darme cuenta de que él no parece rechazarme. De hecho, fue todo lo contrario. Estaba sonrojado, encendido y... me desea.

Era casi imposible que yo comprendiera.

—Shisui —susurro y aparta la mirada de la parte inferior de mi cuerpo para mirarme a los ojos—. Tómame. Toma todo.

Una lenta sonrisa aliviada se extiende en el rostro de Shisui y de inmediato se levanta por encima de mí, presionando un beso en mis labios. Colocando los dedos en el interior de mis bragas, comenzó a bajarlas por mis piernas hasta que quedo completamente expuesta a sus ojos.

Lanzando mis bragas al suelo detrás de él, Shisui me besa en la boca, con dulces besos suaves y de repente siento sus dedos deslizarse suavemente a lo largo de mis pliegues.

—Shisui... ah... —susurro y comienzo a mover mis caderas ante su toque. Nunca he sido tocada allí antes, pero me gusta lo que Shisui me estaba dando. Cayendo sin remedio bajo su hechizo.

—Estás tan lista, Pix —asegura Shisui cuando uno de sus dedos se desliza dentro de mí, mis ojos se abren en estado de shock.

—Silencio, Pix. Sólo estoy preparándote. Va a lastimarte al principio, pero te prometo que voy a hacer que te sientas bien. Te prometo que te vendrás.

—¿Qué... qué hay de ti? —pregunto. Entonces, de repente, grito, cuando la mano de Shisui tocó algo sensible dentro de mí... algo que se siente... demasiado bueno para describir.

—Voy a hacerlo bien, Pix. Es todo acerca de ti esta noche.

Levantando las manos, agarro del cabello a Shisui.

—Te necesito. Te necesito ahora mismo. Casi no puedo soportarlo.

El pecho de Shisui se levanta y cae, apartando los dedos dentro de mí, se pone de pie y se dirige a un conjunto cajones al otro extremo de la habitación. Observo su espalda desde mi lugar en la almohada mientras abre el cajón superior y saca un condón.

Shisui se volvió hacia mí avergonzado y se encoge de hombros.

—Sasuke solía utilizar mucho este lugar antes de Sakura.

Tratando de respirar a través de los nervios, la emoción, y la vista del absoluto arte vivo que estaba a punto de tomar mi virginidad, sonrío. Shisui es perfección pura, perfección artística. Todo lo que veía cuando se miraba a sí mismo era un ex pandillero, alguien sin nada que ofrecer. Pero alguien sin nada que ofrecer, no habría traído a alguien como yo a este lugar desconocido de aceptación. Alguien con nada más que ofrecer no estaría jugando en uno de los mejores programas de fútbol del país y sin duda no sería tan creativo para mostrar un hermoso collage de arte, de las cosas que eran claramente importantes para su alma.

Shisui Ōtsutsuki era un muchacho pobre de un parque de caravanas con un corazón de oro puro.

—¿Estás lista, Pix? —pregunta Shisui y asiento lentamente.

Colocando el sobre del condón dorado en su boca, Shisui comienza a tirar hacia abajo la cintura de sus vaqueros, revelando plenamente su bóxer negros.

El calor aborda todo mi cuerpo mientras admiro su forma atlética y perfectamente musculosa, con el cabello todavía ligeramente alborotado de cuando lo recorrí con mis dedos y el gran bulto debajo de su bóxer.

Tragando con fuerza, Shisui mete los dedos en el borde de su bóxer y poco a poco comienza a tirar de ellos hacia abajo también.

No puedo quitar mis ojos mientras se revelaba ante mí y me doy cuenta de que está nervioso cuando me mira tímidamente a través de sus pestañas imposiblemente largas de ébano.

Shisui comienza a acercarse a mí y observo un tatuaje en la longitud de su muslo de dos manos juntas en oración, un rosario delicado cayendo de unos dedos entrelazados. Estaba más nerviosa que nunca.

Arrodillado en el suelo a mis pies, sosteniendo el condón ahora en su mano, Shisui comienza a arrastrarse sobre mi cuerpo, su rostro tenso-con-necesidad se encuentra con el mío. El lado de su labio inferior sobresale mientras sus ojos se oscurecen de placer.

Apartando un mechón de cabello de mi rostro, veo que mi mano tiembla. Lo mismo la de Shisui, y capturándola en la suya, se la lleva a los labios.

—¿Estás lista, Pix? —pregunta con una voz tensa y siento el roce de su larga erección contra mi muslo desnudo.

Asintiendo, incapaz de hablar, Shisui se pone de rodillas, arrancando el paquete del condón con los dientes y enfundándose el látex.

Tomando cada una de mis manos, entrelaza sus dedos con los míos y los lleva por encima de mi cabeza, ajustando sus fuertes muslos entre los míos.

Shisui me mira a los ojos mientras se preparaba en mi entrada y mi corazón retumbaba en mi pecho como un tambor. Con un suave beso en mis labios, empuja hacia adelante, con los dedos apretando los míos, sus labios moviéndose más rápido, casi como si me distrajera de la prisa repentina de plenitud.

Entonces se detiene, respirando ligeramente contra mi boca, sin decir una palabra. Liberando sus dedos, rodea con sus brazos mi cabeza, los codos en la alfombra, casi como si me estuviera protegiéndome de lo que estaba por venir.

Apretando los dientes, empuja hacia adelante y hago una mueca cuando un dolor agudo recorre la mitad inferior. Shisui se queda inmóvil cuando me llena por completo y me centro en el rápido latido de su corazón en contra de mis pechos desnudos, su pesada respiración en mi oído y mis piernas tensas comienzan a relajarse.

La mano derecha de Shisui flota por mi lado hasta que se apodera de mi muslo, enganchándolo sobre su brazo doblado. Con la cabeza todavía escondida en el hueco entre mi cuello y hombro, empieza a mecerse hacia adelante a un ritmo lento y constante.

Pronto el dolor parece desvanecerse y cuando Shisui toma velocidad, un nuevo tipo de presión recorre mi espalda. Me aferro a la piel húmeda de la espalda de Shisui sólo para anclarme al levantarme del suelo.

Pequeños gemidos comienzan a deslizarse de mis labios y Shisui gime en respuesta.

A medida que mis uñas se clavan en la espalda de Shisui, levanta la cabeza, su cabello, hacia adelante, cayendo en su frente de una manera adorable y sus ojos se dilatan mientras mira a los míos.

—Shisui... —murmuro y arqueo la espalda cuando una sensación muy feroz recorre mi cuerpo.

Un gruñido bajo resuena en el pecho de Shisui y empuja su cadera más fuerte y más deprisa, hasta que mis labios se abren y una sensación indescriptible posee mi cuerpo, apoderándose de cualquier atisbo de pensamiento racional de mi mente.

Me rompo en diminutos pedazos.

Soy etérea.

Lucho para aferrarme a Shisui y me encuentro con sus ojos oscuros fuertemente cerrados y su boca abierta. Cuando su cuerpo se queda inmóvil, sus músculos tensos y un siseo bajo se desliza entre sus labios carnosos.

Con los brazos temblorosos, Shisui cae encima de mí, con las manos aún a mis costados y nuestros cuerpos resbaladizos por el sudor. Rodando mis ojos hacia el norte, puedo ver la luna llena brillando en medio del claro panel de la claraboya, y puedo una vez más distinguir los sonidos de la leña crujiendo cuando mi cabeza comienza a despejarse.

Momentos más tarde, Shisui levanta la cabeza y me mira fijamente durante lo que parece una eternidad. Con los ojos brillantes, pregunta en voz baja:

—¿Por qué la pintura de guerra, Pix? —Su pulgar recorre mi mejilla y fue entonces cuando me doy cuenta de que estoy llorando.

Echando un vistazo a lo lejos, siento como si él estuviera hablando directamente a la parte más profunda de mi alma, le aseguro:

—Porque quiero ser otra persona. Alguien que no soy.

Shisui se estremece como si lo hubiera herido, y responde:

—Esa no es la única razón. Todavía me estás escondiendo quién eres. Hay alguna otra razón. Algo más grande.

Mi corazón da un vuelco. Quiero decirle la verdadera razón, pero no puedo hacerlo. No podría incluso admitirlo a mí misma todavía. Así que simplemente callo.

—Pero es la única que te puedo dar en este momento.

Shisui se inclina y deposita un beso en mis labios, y me retiro para preguntar:

—¿Por qué todos los tatuajes?

La mandíbula de Shisui se aprieta y se aclara la garganta, mirando lejos en el fuego por lo que parece una eternidad. Con un suspiro, finalmente comenta:

—La gente alguna vez pensó que era una chusma italiana. Después de intentar tan fuerte durante tanto tiempo hacerles pensar diferente, pensé que igual mejor vivir a la altura de sus expectativas y parecer realmente una chusma italiana también.

Entrecierro los ojos mientras mi estómago se revuelve y susurro:

—Esa no es la toda la razón tampoco. Todavía estás escondiéndote de mí también.

Shisui suspira y acaricia su mejilla contra la mía.

—Pero es la única que te puedo dar en este momento.

Resoplo una pequeña risa ante nuestras respuestas evasivas a propósito y me pregunto si alguna vez llegaremos a un lugar donde todos nuestros secretos son puestos sobre la mesa. Pero rápidamente los aparto, tratando de aceptar la seriedad del momento, aquí y ahora.

Envolviendo mis brazos alrededor de su cabeza, beso su cabello y le digo:

—Gracias, Shisui. Gracias por hacerme sentir tan especial.

Las lágrimas corren libremente esta vez por mis mejillas y Shisui levanta la cabeza, con el rostro lleno de asombro.

—No, gracias a ti, Pix. Gracias por ser tan especial por querer estar con un maldito desastre como yo. No tengo ni idea de por qué te trajeron a mi vida, pero doy gracias a Dios todos los días.

Veinte minutos más tarde, envueltos en una manta delgada y en frente de un fuego vivo, un chico y una chica desastrosos se duermen bajo las estrellas, sosteniéndose mutuamente entre sus brazos... y por primera vez en sus vidas turbulentas, se sienten totalmente expuestos y completamente entendidos.