El universo y los personajes de Fullmetal Alchemist son propiedad de Hiromu Arakawa, a mi solo me gusta jugar con ellos.
¡YA ES DOMINGO! Y por ende, habemus actualización, esta vez nos iremos hasta el día prometido, así que sobre mencionar que hay spoilers del anime. ¿Cómo creen que cambiarán las cosas? ¿Riza será capaz de hacer la transmutación humana?
¡Lo averiguaremos muy pronto!
Este es uno de mis capítulos favoritos y estoy muy emocionada en compartirlo con ustedes, ojalá me dejen conocer sus impresiones.
Mención de violencia y un poco de tortura, nada muy grave.
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Sacrificio
1915 - Ciudad central
El constante sonido de los disparos la mantenía alerta, era su forma de verificar que él estaba bien; si podía disparar, estaba vivo. Después de que Edward desapareciera de su vista, la actitud del doctor frente a ellos cambió. Se veía visiblemente molesto.
—Señorita, ¿por qué no ha acompañado al pequeño alquimista? —Cuestionó con irritación—. ¿Acaso usted no realizó una transmutación humana? —Se contrajo ante la sugerencia, se esforzó en seguir el paso a los intentos fallidos del King Bradley antes de verse acorralada.
—¿Por qué haría algo contra el orden natural de las cosas? —Replicó, manteniendo sus dedos en alto, chasqueando cada cierto tiempo para alejar los hombres de ella.
—Cielos, la gente allí arriba es tan poco confiable —siguió alegando—. Pensar que no pueden reunir cinco sacrificios para este día —se estremeció, haciendo conexiones rápidamente. Si Edward y Alphonse eran sacrificios, significaba que solo quienes conocen La Verdad, califican como tales. Los disparos dejaron de escucharse, se giró para ver a su teniente primero siendo sometido, levantó su mano lista para liberarlo.
—¡Pero tú! —Sintió una hoja cruzar su mano, rompiendo el guante— ¿Qué…? —Sus manos fueron separadas, evitando que pudiera hacer cualquier chasquido para inducir el fuego. Terminó sentada en el suelo, enfurruñada por estar atrapada. Dio una rápida mirada al panorama, revelar su secreto ante Scar no la pondría en peligro, o eso se atreve a creer. Cerró los ojos, enfocándose en la fricción que generaba con la tela de sus pantalones; escuchó la chispa y sonrió. Abrió los ojos, contando los objetivos y se concentró en ellos, el fuego empezó lentamente, afectando los brazos de sus atacantes y fue suficiente para que ella pudiera provocar nuevamente su chasquido.
—Pero, ¿cómo es posible que lo hagas sin círculo de transmutación? —Ignoró al doctor, centrándose en los hombres que habían apresado a Mustang y Scar. El fuego se avivó y ambos hombres quedaron liberados. Se colocó en posición defensiva, lista para atacar al doctor frente a ella cuando sintió un ardor recorrer su espalda, cayó de rodillas, la sangre escurriendo por su ropa—. Vaya, Hawkeye, así que no necesitas un círculo. Tu eres el círculo. —No sospechó que el brillo la delatara tan rápido. El tatuaje quemado en su espalda quedó expuesto y cortado. Chasqueó sus dedos otra vez, sin embargo, el fuego ya no apareció. El pánico recorrió su cuerpo cuando descubrió que Mustang y Scar fueron nuevamente sometidos. Escuchó los aplausos del doctor con horror.
—Vaya sorpresa, señorita. Eso explica porque la Verdad no la reclamó —comentó fascinado—. Bien, sosténganla ahí. Bien, ahora señorita Hawkeye, no tenemos tiempo. Te agradecería su cooperación. ¿Podrías hacer una pequeña transmutación humana y abrir la puerta por mí? —Abrió los ojos, asombrada e indignada por la petición.
—¿Qué? —Cuestionó incrédula.
—No importa quién sea —restó importancia con una mano—. Un padre o una madre que hayas perdido, un amante, un amigo. El que era tan amigo tuyo… ¿Cómo se llamaba? ¿Hughes? —Se estremeció ante la posibilidad, sintiendo la bilis subir por su garganta. Forcejeó con más intensidad ante la sugerencia. Ella conocía mejor que nadie lo que significaba hacer una transmutación humana; la sola idea le provocaba arcadas—. Él servirá también. Te prepararé las cosas allí —deseó tanto poder zafarse y quemarlo.
—¿Soy uno de los sacrificios? —Se atrevió a preguntar luego de alcanzar esa realización.
—Sí —confirmó calmadamente—. Aquellos que han abierto la puerta pueden ser sacrificados. La hemos observado, Hawkeye; realizar alquimia sin sus guantes o un círculo visible, lo que la volvía el sacrificio perfecto hasta que descubrimos su oscuro secreto —sintió cómo su chaqueta y blusa eran rasgadas, dejando más de su tatuaje a la vista—. Quién pensaría que ya venía con el círculo en la piel. —No se dejó aminorar ante la revelación. Mustang ya había visto su tatuaje, e incluso la cuidó cuando se quemó así misma, sin embargo… se sentía expuesta. Respiró profundamente, buscando desviar la atención.
—¿Por eso los hermanos Elric fueron elegidos? —Inquirió.
—Así es —confirmó el doctor.
—Me dijeron que no se podía hacer la transmutación humana —yo lo descubrí después de perder a mi padre—. ¿Qué clase de tonto la haría sabiendo que fallará? —Sabiendo lo que perdería.
—Sí, tienes razón. Verás, sólo tienes que abrir la puerta y regresar. —Aquello la enfureció.
—¡No! ¡Nunca haré una transmutación humana ni abriré la puerta! —Gritó enfadada. El precio a pagar era demasiado alto y las ventajas eran absurdas; cuando conoces la Verdad, pierdes una parte de tu humanidad. Edward perdió su pierna y su hermano, Alphonse perdió su cuerpo; su padre sufrió un fallo en el corazón. Ni siquiera quería imaginarse que le arrebatarían a ella.
—Te dije que no teníamos tiempo. —Escuchó el sonido de una hoja atravesar la piel, con miedo, se giró en el momento exacto en el que uno de los hombres cortaba el cuello de Roy. Vio sus ojos apagarse al tiempo que escuchaba el aire escapando de sus labios; el hombre al que más amó estaba desangrándose frente a ella y no podía hacer nada para salvarlo.
—¡Teniente! —Gritó desesperada, viendo con impotencia cómo la sangre de su rey cubría el suelo—. ¡Teniente! ¡Roy Mustang! —Lo llamó repetidamente, anhelando una respuesta que parecía nunca llegar.
—¿Ahora quieres intentar abrir la puerta, Hawkeye?
—¡Tú! —Gritó llena de impotencia, enojo y desesperación. Hughes había muerto por su causa y ahora Mustang se desangraba frente a ella porque querían que hiciera una transmutación humana. Solo causaba daño y desgracia a las personas que amaba. Se calló cuando vio cómo arrastraban su cuerpo hasta un círculo de transmutación que no tardó en reconocer—. Teniente, ¿me oye? ¡Respóndame!
—Ahora haz la transmutación humana y conviértete en la quinta —pidió el doctor con una sonrisa que Riza despreció—. Vamos, si no te das prisa, el hombre morirá. Ah, ya sé. ¿Quieres tansmutarlo luego de que muera? Eso está bien también.
—No puedo morir. No tengo permiso para hacerlo —se estremeció al escuchar su voz tan débil cargada de burla. Reaccionó inmediatamente con esperanza. Aunque él era fuerte, el miedo latente de perderlo no se desvanecía—. Mi coronel me ordenó sobrevivir y si mi reina lo pide, yo lo cumplo —agregó con la sombra de una sonrisa. Aquello le recordó la petición que hizo horas atrás y un extraño calor lo reconfortó.
—Si la gente pudiera obtener un cuerpo inmortal, no sería muy justo —le recrimina a Mustang antes de girarse hacia ella—. Hawkeye, ¿qué decides? Tu valioso hombre está por morir —Apretó los dientes con fuerza—. Si no haces nada, pronto se desangrará hasta morir. Sin embargo, soy un doctor que puede usar alquimia e incluso tengo una piedra filosofal. O sea, podría salvar la vida de este hombre con toda seguridad —sentía las lágrimas arder en sus ojos ante cada palabra—. Pero si muere antes de que decidas, entonces, no podré hacer nada. ¿Eh? —Su atención se desvió a Mustang—. Está muy quieto. ¿Murió? —Se estremeció ante la sola posibilidad. No podía perderlo, no a él, no ahora.
—Coronel —aun con la mano tratando de detener su hemorragia, Mustang le habló a través de su dolor—. No es necesario que haga una transmutación. No moriré —Sus palabras eran lentas y torpes por el esfuerzo. Deseó tanto ser capaz de soltarse y salvarlo. Ese doctor imbécil no era el único que sabía de alquimia medicinal.
—Lo harás, ¿cierto, Hawkeye? —Sintió la presión en cada respiración. El hombre que la aceptó y decidió seguirla incluso al infierno, yacía a varios metros de ella, desangrándose porque fue incapaz de protegerlo. Él le pidió que no lo hiciera, pero… ¿cómo podía pedirle cordura cuando se encontraba en su lecho de muerte?—. ¿Y bien? —Sus miradas se encontraron. Años juntos les enseñó a leer al otro mejor que a sí mismos. Era una señal sutil, apenas perceptible para el ojo humano pero con un mensaje muy claro; le pedía que confiara y no se arriesgara. Así que bajó la cabeza en señal de resignación y derrota. Ya no había más alternativas.
—Está bien —cedió con el dolor que implicaba la posibilidad de dejarlo atrás.
—Ah, ¿lo harás? —La voz del doctor desprendía victoria por su misión cumplida.
—Está bien, teniente. No haré la transmutación —aseguró con renovada determinación. La boca del doctor se abrió de sorpresa antes de suspirar y encogerse de hombros.
—¿Lo abandonarás? Qué frío de tu parte.
—¿Abandonar? —replicó indignada—. Lo dice alguien que sacrifica a sus hombres como si fueran peones. —Aunque era la reina, coronó a Roy como su rey antes de darse cuenta, sería incapaz de sacrificarlo, por eso prefería seguir confiando en él antes que perderlo.
—Están felices de servir como peones de sacrificio —corrigió el doctor—. Sus padres los abandonaron, yo los alimenté, habrían muerto sin mí. —Un escalofriante recuerdo la atrapó; ella entregándole un bebé a Grumman, pidiéndole que cuide de él. Ella no era muy diferente a los padres de estos hombres; ella también abandonó a su hija. No. Ella lo hizo para asegurarle un buen futuro, Isabella crecía como una niña fuerte, sana y amada, no como estos hombres criados como cerdos en el matadero—. Les di una educación de primera clase, una razón para existir. Me están agradecidos. —La sonrisa de Isabella cruzó por su memoria, el brillo de sus ojos y la diversión en su voz. Su decisión fue el sacrificio más grande; le dio la felicidad que no podrían tener juntas. Ese era el verdadero agradecimiento. Sintió un peso caer de sus hombros.
Durante años fue incapaz de concebir sus propias acciones que podrían ser tildadas de inhumanas, sin embargo, después de conocer a Elicia, a Nina, los hermanos Elric y a Winry, comprendió que no estaba obligada a amar. El amor es una elección que se toma todos los días. Puede despreciar el origen de su hija, pero ahora solo ve la bondad y amabilidad que transmite a través de sus ojos rojos. Una renovada energía la invadió, si salía viva de ese fatídico día, le contaría la verdad a Roy y más adelante, a Isabella también. Se daría el lujo de elegir amarla.
—Por eso te atraparán desprevenido —anunció con diversión después de escapar del pasado.
—¿Qué quieres…? —Sonidos provenientes de la parte de arriba lo alertaron. Desapareció en un parpadeo. La única evidencia fue la piedra filosofal que cayó del techo.
—Si, estamos agradecidos. Después de todo, pudimos atraparte con la guarda baja —reconoció la voz como uno de los acompañantes de Acero.
—¡Suéltame! —La voz desesperada del doctor inundó la habitación.
—Suelta a todos o ya verás —advirtió.
—¡Soy el único doctor que puede usar alquimia ahora! —Trató de buscar alguna salida segura que evitará la muerte—. ¡Si me matas, jamás salvarás al hombre! ¿Entiendes?
—No me vengas con eso, doctor. —En ese momento, la pequeña niña de Xing junto al otro soldado, bajaron y atacaron a sus captores, permitiéndole a Riza una apertura para soltarse y escapar. Se apresuró desesperada hasta Roy.
—¡Muévete! —Gritó colérica cuando uno de los hombres se atravesó. Chasqueó sus dedos sin dudarlo, manteniendo la mirada en Mustang—. ¡Teniente! —Lo llamó desesperado cuando por fin alcanzó su cuerpo, envolviéndolo en sus brazos—. Resiste. ¡Mustang, abre los ojos! —suplicó—. ¡Teniente! —Repitió tres veces, esperando una respuesta e ignorando completamente su alrededor. En ese momento de mayor necesidad, pareció olvidar cualquier conocimiento previo sobre medicina—. ¡No te mueras! ¡Teniente, quédese conmigo! ¡Tienes una promesa que cumplir!
—¡Esto es prioridad! ¡Me encargaré! —Reconoció la pequeña figura de May dibujando un círculo en el suelo con la sangre de Roy—. Por favor, pónganlo en el centro —pidió después de lanzar sus kunais y una luz azul iluminó el lugar. Se quedó a la expectativa hasta que escuchó una suave queja del hombre.
—¡Teniente! —Rápidamente lo volvió a tomar en brazos, abrazando su cuerpo y agradeciendo que aún estuviera con vida. Disfrutó del contacto que pocas veces compartían. Una extraña calma la embargó.
—Detuve la hemorragia por ahora, pero debe ver a un doctor —indicó la pequeña. Riza dejó de escucharla, centrada en el maravilloso sonido de los latidos del hombre junto a ella.
—Gracias, te debo una —le sonrió en apreció. Básicamente le salvó la vida a Roy Mustang, aquello era una deuda jamás podría saldar. La suave sonrisa se quedó en sus labios hasta que escuchó la queja de su teniente.
—Hawkeye, lo siento —se disculpó. Deseó ser capaz de reírse por las inverosímiles palabras de Mustang—. No tenía intención de desobedecerte.
—No hables. Descansa —pidió, aunque tan terco como era, continuó hablando.
—Me alegra tanto… que haya entendido mi mirada —sus facciones se relajaron, dándole esa apariencia tan juvenil que la cautivó siendo adolescente. Suavizó su expresión también.
—Es porque estamos juntos desde hace mucho tiempo —y no solo se refería al tiempo en servicio—. Además, tu mirada decía: "Haga la transmutación y le dispararé". —Aquella afirmación arrancó una sonrisa sincera de Roy, quien cerró los ojos aliviado de que aun en una situación así, Riza pudiera bromear con él. Le ayudó a levantarse y caminaron lentamente para unirse a los demás—. Gracias a todos por la ayuda.
—No hay problema.
Y como si fuese un mal presagio, King Bradley apareció en la puerta. El silencio inundó la sala, pero notó un pequeño detalle; sus heridas ya no se regeneraban.
—Tanto tiempo, Hawkeye.
—Tanto tiempo, señor —respondió con determinación, sin dejarse aminorar—. Le mentiría si le dijera que se ve tan bien como siempre. —Escuchó una suave risa a su lado, al final el horrible sentido del humor se contagia. Sintió como la mirada de Bradley se desvió de ella para centrarse en Roy.
—Conociéndola, pensé que cuando alguien querido cayera ante sus ojos, no dudaría en realizar una transmutación. ¿Será que Mustang no era lo suficientemente importante o…? —Dejó la duda caer sobre ellos, antes de rematar con una sórdida sonrisa—. ¿O debí de traer a esa hija bastarda tuya para asegurarme que lo hiciera? —No cedió ante la provocación e ignoró deliberadamente la reacción de su teniente ante la revelación. Este no era el momento de sacar el pasado a flote.
—Lo habría hecho antes —aseguró, el agarre en el brazo de Roy se intensificó—. Sin embargo, ahora tengo gente que me detendrá y me mostrará el camino correcto.
—Y yo que pensaba que eran criaturas patéticas que nunca aprenderían, pero existen esos como ustedes que pueden cambiar en poco tiempo. La cosa con los humanos es… que me enfurecen que no actúen como creo que lo harán. —Todos estaban ante la expectativa de sus palabras.
—¿Qué pasa? —Cuestionó Scar cuando vio el sobresalto de la pequeña May.
—Está debajo nuestro, justo debajo —murmuró con el semblante conflictuado. Riza se hacía una idea de lo que sus palabras significaban. La quimera que tenía retenido al doctor, cayó del techo bañado en sangre—. Viene algo. Algo terrible.
Selim Bradley apareció.
—Disculpa —pidió Riza a uno de sus compañeros—, cuida al teniente —le pasó el cuerpo de Roy con suavidad, ignorando el suave apretón que este le dió. Solo esa fracción de distracción fue suficiente para que Bradley se fuera contra ella, se apresuró a chasquear sus dedos pero el führer alcanzó a esquivarlo, saltó, cayendo sobre ella y encajando las espadas en sus palmas, evitando que pudiera hacer otro chasquido. Ahogó el grito de dolor cuando las hojas atravesaron sus manos hasta instalarse en el suelo.
—¡Hawkeye! —La voz de Roy salió desesperada. Se esforzó en unir sus dedos. Desistió, enfocándose en otras formas de generar fricción para obtener una chispa que la saque del apuro—. ¡Suéltala!
—Bien hecho, Bradley. Eres el mejor chico que crié. —Ni bien terminó de hablar, el doctor fue apuñalado por Selim, o mejor dicho, orgullo. Observó con horror como fue devorado y segundos después, un círculo de transmutación humana fue creado debajo de ella.
—Coronel Hawkeye, es la quinta —anunció Selim.
—La última —completó Bradley.
Las particulares luces azules se hicieron presentes. No, no podía ser posible.
—No quería recurrir a esto, pero no hay opción. No tenemos tiempo —se estremeció ante la posibilidad de que sus peores miedos se hicieran realidad.
—La obligaremos a abrir la puerta, Coronel Hawkeye.
—No haré la transmutación —sostuvo su determinación. Jamás accedería a tal acto, no después de ver como consumió a su padre y afectó a los hermanos Elric.
—No importa si no quiere —restó importancia Bradley—. Orgullo ha asimilado a un alquimista que sabe lo suficiente sobre ella. Tiene la fórmula para realizarla. —En ese momento sintió como estaba atada al suelo. Ellos… no debería ser posible. ¡Era injusto obligar a alguien a realizar un acto tan desesperado!
—Está sujeta. Retrocede, Ira. —Sintió el dolor paralizar su cuerpo cuando las espadas fueron retiradas y aunque luchó, fue incapaz de moverse.
—Me pregunto qué le quitarán. —El odio, la desesperación, la ira misma movían a Riza para escapar de ahí, pero todo parecía en vano. La terrible idea del peaje la abrumó. Y todo empezó. El dolor consumió su cuerpo y la verdad sobre el mundo apareció antes ella.
¿Cuál era el precio a pagar por romper el tabú contra su voluntad?
¿Cuál creen que sea el efecto secundario de la transmutación? Siento mucha curiosidad por las posibles hipótesis, me encantaría conocerlas. También saber que les han parecido los capítulos hasta ahora, su retroalimentación es lo que me impulsa a seguir y lo agradezco mucho.
Pd: Gracias a kaoru240 y Yo. Atzin por sus comentarios, significan mucho para mi.
