Capítulo 22
TEMARI
Querida Daisy,
Peso: 37.6 kilos
Ingesta de calorías: 250
Me gustaría que estuvieras aquí. Señor, como desearía que estuvieras aquí.
Los últimos días han sido tan duros, y siento como que estoy perdiendo contacto con la realidad, en mi forma de comer... en todo.
Sakura perdió a su bebé. Una de mis mejores amigas casi muere. Y para empeorar las cosas, ella nos dejó. Se fue sin decir una palabra. Sabemos que ha regresado a casa, a Oxford, pero ni siquiera nos dijo adiós. Sasuke está angustiado. Todos lo estamos. Y nosotros ni siquiera sabemos si ella alguna vez va a volver.
Y Shisui... Shisui está traficando con drogas y de nuevo con los Heighters. Realmente ya nunca lo veo, él no me quiere, y siento como si mi corazón se estuviera rompiendo, lenta, y tortuosamente.
No era suficiente para él. Mi mayor temor se hizo realidad.
Me estoy ahogando con esto, Daisy. La voz es mi único consuelo, y con cada día que pasa, me entrego a él aún más. Ya nunca me siento fuerte. Ni siquiera puedo mirar el espejo. Odio a quien veo tanto que casi rompo el cristal con mi puño para que no tener que hacer frente la gorda y fea monstruosidad que me mira de vuelta.
Corro kilómetros al día, pero nunca es suficiente.
Mi ingesta de alimentos es casi inexistente, pero eso nunca es suficiente.
Me estoy cayendo a pedazos, Daisy.
Cayendo a pedazos completamente.
Te echo de menos.
¿Por qué tuviste que dejarme sola?
Una lágrima salpica la página de mi diario mientras firmo, la tinta acuosa corre por el papel. Giro mi cabeza para mirar afuera por la ventana y suspiro. Es invierno. El crepúsculo. Y todas las estrellas están brillando. Las vacaciones de navidad son oficialmente mañana, y me iré a casa para nada.
Mis padres se han ido a regañadientes por el trabajo de mi padre. Se han ido durante las próximas seis semanas, mientras que él monta una nueva sala de oncología en Mobile. Ellos odian dejarme en vacaciones, pero piensan que me voy a Texas con Karin para navidad.
He mentido. Iba a estar sola en casa de mis padres. Y eso es muy bueno. Necesitaba estar sola, lejos de la gente que me pueda obligar a comer.
Es un cóctel extraño de felicidad y tristeza mientras miro hacia el cielo nocturno. Shisui siempre se quedaba mirando las estrellas. Hablaba de ellas todo el tiempo mientras agarraba mi mano, presionando besos en mi piel. Eso siempre me hizo sentir querida.
Miro abajo hacia mi mano y envuelvo mi puño ante el recuerdo. Es casi como si pudiera sentir los dedos tatuados de Shisui envueltos alrededor de los míos. Pero eso se acabó ahora. Hemos terminado; de eso estaba segura.
Desde la noche que hicimos el amor, habíamos sido extraños virtuales. Yo era demasiado para que él hiciera frente. Siempre supe que lo sería. Desde luego toda su vida es demasiado para que él le haga frente. Un niño roto lleva el peso del mundo sobre sus hombros.
Los dos estamos demasiado perdidos para estar el uno con el otro en la forma en que necesitábamos estar. Dos estrellas fugaces que se quemaron demasiado rápido, sin alcanzar completamente el cielo del otro.
Me siento junto a mi ventana durante horas, viendo las oscuras nubes pasar, antes de que la lluvia comience a caer, salpicando contra el cristal y oscureciendo mi visión. La casa de la hermandad está tranquila. Demasiado tranquila. La mayoría de las personas se fueron a casa para las fiestas. Estaba aquí sola.
A solas con la voz.
Encontrando mi dormitorio demasiado sofocante, decido ir a dar un paseo. Lanzando mi chaqueta con capucha sobre el pantalón negro de mi novio y la camisa Nightwish desgastada y de gran tamaño, camino hacia fuera de la casa y que mis pies me llevaran adonde quisieran ir.
Con mi capucha levantada, me sorprendo al darme cuenta de dónde estoy: la casa de verano. Lanzando una mirada a mí alrededor, todo está tranquilo en la casa de la fraternidad, y pruebo el pomo de la puerta. Está abierto.
Cautelosamente entro nerviosa, me quito de encima la lluvia, levanto la cabeza, y de repente me sobresalto tan fuerte que el latido de mi corazón retumbaba en mis oídos. Allí, ante la rugiente chimenea abierta está Shisui, las manos planas sobre la repisa de la chimenea y la cabeza hundida, contemplando las llamas.
Los nervios me abordan mientras lo miro. Sus músculos son enormes debajo de su camisa negra y pantalón, su cabello oscuro desordenado. Y sus hermosos tatuajes están orgullosamente expuestos. Él es la perfección, y el dolor en mi estómago me recuerda lo mucho que le echaba de menos... cuanto ha crecido mi necesidad. Y él ha arrancado esa necesidad.
Yo no me había dado cuenta que él estaba aquí, en la universidad. Por lo que pude comprobar, siempre estaba con su Mamma en el parque de caravanas. Incluso en la práctica de fútbol, hacía sus carreras y se iba. Nunca miraba en mi dirección, pero yo siempre estaba mirándolo. Viéndolo de lejos.
Inclinando la cabeza, empiezo a retroceder hacia la puerta, cuando mi pie presiona sobre una tabla suelta, un fuerte chirrido hace eco alrededor de la habitación.
La cabeza de Shisui se gira hacia mí y su rostro se suaviza de inmediato cuando me mira en la puerta.
—¿Pix? —susurra Shisui con voz áspera.
Mirando hacia atrás a la puerta abierta, me decido a salir, pero Shisui dice:
—Por favor, Pix... no te vayas.
Suspirando, me doy la vuelta y me encuentro a Shisui justo delante de mí. Su olor se apodera de mí como una brisa bienvenida en un caluroso día de verano y su dedo corre por mi mejilla. Él siempre hacía eso. Yo nunca estaba segura de por qué... extrañaba eso también.
—Estaba pensando en ti... siempre estoy malditamente pensando en ti, Pix.
Ha estado bebiendo. Puedo oler el fuerte aroma de whisky en su aliento.
Inmediatamente levanto mi barbilla y me encuentro con sus ardientes ojos oscuros... cansados ojos rodeados por anillos oscuros. Mi mano se levanta hasta su rostro y me acerco aún más.
—Shisui... —susurro y casi caigo al suelo mientras acaricia mi palma con su rostro, buscando mi toque. Su barba áspera raspa mi piel.
—Sólo necesitaba adormecer el dolor, Pix... todo está muy jodido —dice con voz casi inaudible, y levanto su barbilla para mirar a sus desenfocados ojos, ojos llenos de lágrimas.
—Shisui, no llores —le digo entrecortadamente.
Inhalando una respiración estremecida, las lágrimas comienzan a caer de sus ojos, con los hombros agitándose, y tiro de todo su metro noventa y dos hacia mis brazos. Su frente está en el hueco de mi cuello, y siento las gotas saladas correr por mi piel.
Incluso roto de esta manera, él sabe que no debe tocar mi espalda, sus brazos están apretados alrededor de mi nuca.
—Shhh, cariño, está bien —lo tranquilizo.
Su cabeza se sacude, y casi me caigo bajo el enorme peso de Shisui.
—No, Pix... nada está bien. Todo se ha ido a la mierda... todo... tuve que alejarme, ¿no lo ves?
Incapaz de aguantar el tono destrozado de su voz, comienzo a llorar con él, tratando desesperadamente de quitarle su dolor.
—Shisui, ven aquí. —Levantando su cabeza de mi cuello, agarro su mano y lo llevo hasta el sofá. Shisui se deja caer en el asiento primero y, tirando de mi brazo, tira de mí para sentarme en su regazo. El pánico llega rápido y apresurado, pero Shisui, percibiendo claramente mi ansiedad, nos gira hasta que estábamos tumbados cara a cara.
El resplandor de la luz del fuego destaca la cara mojada de Shisui, y agarrando la parte posterior de mi cabeza con una mano, atrae sus labios hacia los míos. A medida que nuestras bocas se fijaban en un lánguido y hermoso abrazo, pruebo la sal de sus lágrimas en sus labios, la quemadura caliente del whisky en su lengua y me fundo en el contacto que he estado anhelando durante tanto tiempo.
Alejándose con un jadeo, Shisui no libera mi cabeza.
—Pix, lo siento mucho —susurra.
—No, Shisui —insto—, no tienes nada por lo que disculparte. No puedes luchar contra lo que siempre estuvo destinado a ser.
Suelta resoplando una carcajada, pero esta queda atrapada en su garganta y es liberada como un dolorido sollozo.
—Háblame. —le presiono. No podía soportar que estuviera tan triste—. ¿Es tu Mamma? ¿Ha empeorado?
Una sombra oscura parece nublar los ojos de Shisui y se muerde la esquina de su labio inferior. Conocía ese movimiento. Lo conozco lo suficiente como para saber que estoy en lo cierto.
—A ella sólo le quedan semanas, Pix. Es un maldito desastre. Realmente no puede hablar. Izuna es un desastre también. Nunca abandona su lado.
Mi estómago cae, y aprieto su mano en apoyo.
—¿Dónde... dónde has estado? Nunca estás en la universidad —le pregunto nerviosamente.
La mirada de Shisui golpea la mía y traga con aprehensión.
—He estado por ahí, Pix. Estoy siempre por ahí.
—Y nosotros ya no somos más... —No es exactamente una pregunta o una afirmación. Simplemente es lo que era. La realidad, supongo.
La siguiente cosa que se, es que Shisui suspira y rueda encima de mí, sosteniéndose sobre sus brazos para evitar aplastarme. Me mira durante una eternidad antes de aplastar sus labios en los míos. El beso es cálido, ardiente y desesperado, y me consume. Cada célula de mi cuerpo se enciende con deseo... deseo de ser todo lo que él necesita.
Aferrándome a su cabello, furiosamente nos comimos la boca el uno del otro.
—Shisui —gimo, y siento la cremallera de mi chaqueta con capucha abrirse, y en segundos, es un montón en el suelo.
Mi pantalón fue lo siguiente, y con un solo movimiento fluido, Shisui los arrastró hacia abajo, llevándose mis bragas con ellos. Un destello de preocupación corre por mi mente al pensar en Shisui mirando mis piernas más delgadas, pero mi corazón me está diciendo que esto es algo más, algo más grande, y la necesidad triunfa sobre la inseguridad y sólo lo deja hacer.
Arrodillándose y a horcajadas sobre mis piernas, Shisui se quita la camisa y la lanza al suelo, con sus músculos tensos y fuertes a la vista.
Buscando en su bolsillo, saca un condón. Me doy cuenta en ese momento que él no ha intentado quitar mi camisa, y me derrito aún más cuando sé que es porque entiende mis límites. Él sabe mucho sobre mí, pero nunca logramos superar las cosas ocultas más profundas... en ambos lados.
El pesado silencio entre nosotros se siente como electricidad en la habitación. El fuego crepita y escupe, los búhos ululan afuera en los árboles, los grillos cantan a ritmo, y todo eso es ahogado por el sonido de la cremallera de Shisui bajando y el desgarro de la envoltura del condón.
Una vez hecho esto, Shisui se arrastra por encima de mi cuerpo, separa mis piernas, se coloca entre ellas, y con un movimiento rápido, me llena hasta la empuñadura. No hay ninguna preparación, ni marcha lenta. Es sólo la necesidad desesperada sujetándose.
No hago ruido esta vez, y él tampoco. Todo en este momento se siente diferente de alguna manera, tal vez conmovedor, y nos abrazamos con fuerza, respirando con dificultad en el cuello del otro.
El fuego que he llegado a reconocer se construye en mi interior, y Shisui se mueve más rápido mientras envuelvo mis piernas alrededor de su cintura. De mala gana, Shisui levanta la cabeza y me mira a los ojos, y casi me calmo cuando veo las lágrimas cayendo de sus largas pestañas. No son lágrimas de dolor, o incluso de felicidad para el caso. Ellas me hacen pensar en una despedida... un adiós.
Mis manos instantáneamente caen de los amplios hombros de Shisui a su rostro. Adiós... este era nuestro adiós...
En conflicto, mi cuerpo corre hacia el sentimiento explosivo de nuestro clímax, mientras mi corazón se acelera ante la devastación y el dolor. Las emociones embriagadoras son demasiado para soportar, y grito mientras mi orgasmo me atraviesa, casi electrizándome de adentro hacia afuera, también me estremezco por la pérdida y la comprensión de que el chico por el que he caído tan profundamente enamorada se está alejando de mí para siempre.
Sin romper nunca mi mirada, Shisui se tensa, su cuello y los músculos sobresalen mientras le da la bienvenida a su liberación. Luego, con una fuerte exhalación, se desploma sobre mi pecho.
Me quedo mirando por la claraboya y arriba al hombre en la luna mientras siento el corazón de Shisui latir rápidamente en su pecho. Por un lado, estoy entumecida, pero por otro lado, sintiendo cada punzada de rechazo y decepción que es humanamente posible. Cerrando mis ojos fuerte contra el dolor en mi pecho, me permito una caricia final por el cabello de Shisui y paso mi mano por su espalda.
Al llegar a la parte baja de su espalda, Shisui levanta la cabeza, con las lágrimas brillando, y dice:
—Nunca fui lo suficientemente bueno para ti, Pix. Soy una mierda; tú eres oro. No voy a arrastrarte a este pedazo de mierda de mundo de basura en el que vivo. Tú mereces más que yo, más de la vida. Jodidamente mucho más. Yo solamente voy a arrastrarte hacia el fondo.
No digo nada en respuesta. Shisui se mueve hacia mi lado y, uno frente al otro, tira de la manta de la parte de atrás del sofá sobre nuestros cuerpos. Nos besamos, nos abrazamos apretados, y no recuerdo cuando me quedé dormida. Pero recuerdo despertar a una habitación vacía, sintiendo el vacío que la ausencia de Shisui ha dejado.
Mientras miro los rescoldos del fuego, unas ligeras y suaves manos empiezan a masajear mis hombros, y siento como me relajo.
«Entrégate a mí, Temari. Libremente pásame las riendas. Puedo hacerte sentir mejor. Puedo darte control en tu vida donde actualmente no tienes ninguno. Estamos casi en la perfección, Temari. Entrégate a mí de una vez por todas. Déjanos finalmente lograr nuestro objetivo. Vamos a llegar a la perfección...».
Cerrando los ojos, dejo que las palabras de la voz se filtren en mi mente. Siempre estuvo ahí para mí. Siempre haciéndome sentir querida, dándome un propósito.
Mientras una brisa se abalanzaba y se llevaba toda mi lucha, siento que me relajo y susurro a la silenciosa sala:
—Toma lo que quieras. Hazme perfecta. Me entrego libremente. Ya no tengo la fuerza para luchar contigo...
