Nota: Juro que tengo un amor sano por esta parejita, de veras.
Shō a pesar de su apariencia cansada y personalidad taciturna, viéndose desinteresado o lejano a lo que le rodea. Incluso, aburrido de su entorno.
La verdad es, que él siempre está pensando.
Ya sea en las mañanas con una taza de café negro, en las tardes en la enfermería con un cigarrillo en mano o con una botella de whisky o una lata de cerveza en las noches.
Siempre, está pensando.
Pensando mientras investiga acerca de las Maldiciones y una forma de entender exactamente su naturaleza y cómo eliminarlas.
Pensando en lo exhausto que es que otro hechicero muera, harto de perder a alguien cercano a causa de este sucio trabajo sin créditos.
Pensando en cuanto le gustaría dormir y no despertar hasta el mes entrante, sintiéndose hastiado de sólo dormir a lo mucho d horas para volver al trabajo.
Pensando mientras se fuma un cigarrillo, en lo mucho que echa de menos los tiempos de su adolescencia. Cuando las cosas eran relativamente fáciles y podía hacer la vista gorda a los problemas.
Pero quien mayormente se lleva parte de sus pensamientos, es la casi siempre atolondrada de su mejor amiga, Satō Gojō.
Pues aunque ciertamente podía concentrarse más en las disecciones, papeleo e investigaciones (que consumían sus horas de sueño y le hacían entrarle más a los vicios) y estar tranquilo o en paz.
La verdad era que, si no fuese por ella, estaría descuidándose terriblemente. Tanto en su apariencia física, higiene personal como su salud; mental y física.
Porque muchas veces llegó a quedarse dormido en el escritorio de la enfermería sobre los papeles, en una posición incómoda. Y era ella, quien al colarse en la enfermería, le levantaba y le decía que se tomara un descanso; haciendo que se recueste en una de las camillas, asegurándole que lo despertaría.
Y muchas veces, ni lo despertaba.
Pero no sólo era eso, sino también le llevaba comida. No siempre las tres comidas, pero apreciaba el esfuerzo que ella hacía, entendiendo que al ser una Hechicera de Grado Especial estuviera bastante ocupada.
(Aunque luego sabía, que le iba a dejar algunas de sus misiones a sus queridísimos alumnos).
Sin contar, que le mantenía controlados sus vicios o si no era eso, le acompañaba a salir para desestresarse a los Izayaka. A pesar de que Satō no consumía alcohol, en parte porque detestaba el sabor y en parte, porque era malísima tomando.
Y cada que podía, le hacía burla por ello. Ganándose un gruñido o un chasquido de lengua que le sacaba una pequeña sonrisa.
Pero habían veces en las cuales eran confundidos con una pareja que estaban teniendo una cita, ya sea por las miradas de ajenos o murmullos que oía (no era su intención prestar atención, pero a veces era inevitable captar un comentario cuando ibas caminando entre las personas). Y no sería realmente un problema, de no ser porque Satō muchas veces hacía uso de este malentendido.
Ya sea para obtener algún producto en promoción o para alejar a pretendientes indeseados. Aunque tal vez, también era culpa suya porque incluso llegó a usar esto a su favor para lo mismo; aunque últimamente, había algo que le molestaba y no comprendía.
Era una sensación que sólo aparecía cuando Gojō estaba cerca, sensación en la cual no prestó atención por estar pensando en más cosas; pero que fue imposible de ignorar cuando, tal parece, incrementó más.
Por más que buscara una razón para esta anomalía, siempre tenía que ser interrumpido con algo. Ya sea por órdenes de la directora, por trabajo o porque la causante venía de improvisto canturreando su nombre.
- Shō~.
Como ahora, que estaba revisando los reportes que iba a falsificar sobre el estado de uno de sus alumnos y Satō, ella sólo vino por detrás y le abrazó. Quedando su cabeza entre sus pechos, detalle que decidió ignorar y se concentró en los papeles en mano así como en el cigarrillo que se estaba fumando.
- ¿Mmm?
- ¡Vamos a comer sushi esta noche! Y no vale decir que no, ¿De acuerdo?
-… Sólo si el papeleo me lo permite – responde en un murmullo, antes de levantar su mirada y verla a la cara –, y también, si no estás ocupada.
Gojō hace un mohín, frunciendo ligeramente el ceño –. Mucho trabajo no es bueno, Shō… ¿Qué voy a hacer si te mueres y me dejas?
Y él sólo sonríe divertido, mientras muerde levemente el cigarrillo –. Como si me permitieran morir, Satō. Y también, como si te fueras a deshacer de mí tan fácilmente.
Satō lo mira fijamente o eso cree, no es como si pudiera ver a través de esos lentes oscuros que a veces usa –… Te tomaré la palabra, sólo no te tardes.
Y tras dejarle un breve beso en la frente, se marcha. Un gesto que no tiene nada de raro, porque el cariño y la confianza entre ellos se han fortalecido en estos años.
Pero lo que le deja en vilo es la pregunta que vino de pronto: ¿Y si en realidad Satō me gusta más allá de ser mi mejor amiga?
(Se acercan noches de posible insomnio).
