Capítulo 23

SHISUI

Campeonato Nacional SCT (Serie del Campeonato del Tazón)

Estadio Rose Bowl, Pasadena, California

—¡Joder, Ōtsutsuki! ¡Lo hicimos! —grita Sasuke mientras corre en mi dirección después de anotar el touchdown de la victoria contra el Notre Dame.

—¡Lo hiciste, Bala! ¡Reclutamiento en la primera ronda con seguridad! —contesto, verdaderamente emocionado por mi mejor amigo. Con lo que él y su novia habían estado atravesando los últimos meses, el chico se lo merecía.

La frente de Sasuke se presiona a la mía, y dice:

—Nosotros dos, Ōtsutsuki, los dos conseguiremos salir de la mierda de este lugar y empezaremos nuevas vidas.

Asiento, pero respondo nada. Sasuke me da un golpecito en la mejilla, a continuación, pone toda su atención en su chica en las gradas. Sakura había regresado justo antes del partido, después de semanas de saber de ella. Ha regresado con Sasuke, a Bama, y nunca había visto a Sasuke jugar tan bien en toda mi vida.

Como si un imán tirara de mí, giro la cabeza para mirar al otro lado del campo detrás de mí, y allí, a través de la multitud separándose, está Pix, con sus ojos fijos en los míos. Un piccolo folleto oscuro, pienso... un pequeño duendecillo oscuro.

Sentí una abrumadora sensación de náuseas rodar a través de mi estómago cuando veo el dolor brillando en sus ojos. Se ve tan menuda en su uniforme de Crimson Tide, agarrando los pompones blancos en sus manos, su cabello rubio perfectamente rizado y sus labios rojos escarlata y sus ojos delineados con kohl de manera rutinaria. Fue cuando me doy cuenta de la esbeltez de sus brazos, de sus piernas. Tema inmediatamente cubre su pecho con sus brazos, y su mirada se queda en blanco y mira la hierba.

Mierda.

Me muevo para ir hacia ella, cuando su barbilla se levanta y lentamente sacude la cabeza. Esa acción me hace quedarme quieto, y antes de darme cuenta, Lyle llega a donde ella está, y como una actriz ganadora del Oscar, se convierte en ese personaje falso, se convierte en lo que todos conocen de ella: la llena de vida y alegre Tema. Me mata verlo, conociendo la verdadera belleza de la persona que siempre esconde.

Vi como coloca un beso en la mejilla de Lyle, Después corrió hacia Sakura en las gradas, donde Sakura inmediatamente envuelve a Tema en sus brazos. Observo a Tema tensarse, pero de nuevo, nadie más parece darse cuenta.

¿Todos ellos están tan malditamente ciegos de que su mejor amiga esté mal? Pero entonces miro a Karin y la mirada de intensa de preocupación en su rostro. Gracias a Dios, alguien más se preocupa. Me doy cuenta por su rostro serio, y su mirada de complicidad con Konan, que se dan cuenta de mi chica.

El comentarista se traslada al micrófono, y es la hora de la entrega del trofeo. Respirando profundamente, me muevo hacia el escenario y trato de parecer orgulloso.

Otro farsante para agregar al campo.

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Fiesta de Bienvenida del Campeonato Nacional

Tuscaloosa, Alabama

La fiesta está en su apogeo, y después de un desfile de bienvenida de todo el día por las calles de Tuscaloosa, mostrando con orgullo el trofeo, estamos de regreso en la casa de la fraternidad, celebrando la victoria. El lugar está repleto de estudiantes enterrando sus caras en licor... y para muchos, algo más.

Mientras observo la fiesta, tomo un sorbo de mi Peroni, comprobando que ninguno de los policías del campus haya venido a los jardines y que el decano no esté a la vista.

Nada, eso es bueno.

Oyendo una tos detrás de mí, me doy la vuelta para ver a un chico de primer año pareciendo nervioso, con los ojos disparándose por todo el lugar.

―¿Qué? —pregunto secamente.

―Se me pidió venir a verte para conseguir algo para la fiesta.

Comprobando que no somos observados, le digo:

―¿Qué quieres?

―E, cocaína, no importa. –Se encoge de hombros.

E: Éxtasis.

―Casa de verano, allí, detrás de los árboles. –Muevo la barbilla en la dirección en que tiene que ir.

Los ojos del muchacho se abren con entusiasmo, y justo cuando iba a alejarse, agarro su brazo.

―No le dirás a nadie quien te vendió esa mierda. —Golpeo la estrella en mi mejilla, y el chico sólo traga.

―¿H-Heighters? —susurra y casi se caga encima. Asiento lentamente, y, agachando la cabeza, murmura―: No lo haré, Ōtsutsuki. No voy a decir nada.

Lo vi desaparecer de la vista y supe que a Itachi le encantaría este volumen de intercambio. El dinero que haríamos esta noche sería suficiente para que mi madre se mantenga el resto de sus días de la manera correcta, pero odiaba jodidamente hacer esta mierda en mi territorio, con todos mis compañeros de equipo alrededor.

―¡Ōtsutsuki! ¡Ven aquí, maldita sea!

Escuchando mi nombre, me giro para ver a Sasuke sentado en un sofá, con Sakura en su regazo, con todo el resto de la banda rodeándolos. Bueno, todos excepto Tema. No tenía ni idea de dónde estaba.

Al acercarme, Sasuke, todo lleno de sonrisas, me hace un gesto para que me siente.

―¿A dónde sigues desapareciendo, Ōtsutsuki? Nunca estás cerca —pregunta, y me encojo de hombros.

―No he estado yendo a ninguna parte. Estás demasiado liado con tu chica para fijarte en mí —bromeo.

Los ojos de Sasuke se estrecharon ligeramente, y sé que detectaba que algo está pasando. Sakura, sin embargo, sólo atrae a Sasuke para un beso. Karin y Suigetsu están inusualmente tranquilos. De hecho, todo el grupo lo estaba.

Atrapo a Sakura empujando Sasuke en el costado y él asiente hacia ella.

―Nos mudaremos juntos —dijo él orgullosamente, y todos nos quedamos asombrados ante ellos en respuesta.

―Ah, quiten esas miradas de sus malditas caras. ¿Me están diciendo que después de todo lo que hemos pasado, vivir juntos es una sorpresa?

Cuando todos nos miramos los unos a otros, me encojo de hombros. El tipo tenía razón. Su relación se movía a la velocidad del rayo. Tenía sentido que estuvieran viviendo juntos pronto. Joder, estaba sorprendido de que él no se le hubiera propuesto antes.

Tomando un sorbo de lo que fuera que había en su petaca, Karin se inclina hacia adelante, poniendo toda su atención en mí.

—Así qué, Ōtsutsuki... –Suigetsu trata de retenerla con la mano en su brazo. Pero ella se lo sacude, totalmente seria por una vez―. ¿Qué está pasando contigo y mi chica Tema?

Mi corazón golpea en mi pecho y, de repente, todos los ojos están puestos en mí.

―No pasa nada –le contesto evasivamente.

―¡Lo que tú digas, Ōtsutsuki! Algo pasa con ella, y pienso que sabes más de lo que estás diciendo.

—¿Dónde está ahora? –pregunto, y Konan arrastra los pies, incómoda en su asiento. Mis ojos se posaron en ella.

Espero a que ella hable, y suspirando, ella dice:

–Nunca está por ahí. Siempre fuera corriendo o con Lyle, o al menos eso dice... –Su voz se desvanece. Estaba claro que se preocupaba, lo que pone a mi mente a correr.

Inclinándome hacia adelante, miro a Konan y la animo para que siga adelante. Sé que ella está analizando algo. Algo que ella piensa que estaba mal. Puedo ver que Karin está a punto de decir algo también. La tensión en el grupo casi me ahoga.

―¡Ōtsutsuki! ¡Ahí estás! —Oigo, detrás de mí y veo a Sasuke, Naruto, y Suigetsu fruncir el ceño. Konan desestima lo que iba a decir y comienza a masticar sus uñas. La atención de Sakura está en ella mientras parece demasiado preocupada por lo que iba a decir Konan.

–Kamiruzu, ¿qué mierda te pasa? –espeta Sasuke.

Kamiruzu está prácticamente saltando sobre sus pies. Joder, pienso. Está desquiciado con la cocaína.

Saltando desde mi asiento, trato de alejarlo.

–Vamos –le digo y empujo su pecho.

Kamiruzu abre los brazos ampliamente.

—¡Ōtsutsuki! Resulta que no te necesito de todos modos. Tu hermano gemelo, me vendió un poco de nieve.

Todos a mí alrededor se quedan en silencio, y Sasuke se levanta.

―¿Cocaína? ¿Estás malditamente bromeando? —suelta Sasuke y, agarrando mi brazo, me da la vuelta para enfrentar su dura mirada.

Los ojos de Kamiruzu estaban brillantes y sus labios rodaron sobre sus encías. Está todo drogado, y yo iba a matar a Itachi cuando lo viera. Le dije una y otra vez, ningún jodido jugador de los Tide.

―¡Kamiruzu! —grita Suigetsu y salta de su asiento, tomándolo por los brazos.

―¡Mierda! —escupe Sasuke, y cuando miro a Kamiruzu, la sangre se derramaba de su nariz.

Mierda, mierda, mierda...

―Kamiruzu, ¿estás bien? Háblame –dice Suigetsu cuando los ojos de Kamiruzu se giran, con su cuerpo convulsionando y espuma saliendo de su boca.

―¡Llamen al 911! –grita Naruto, y los estudiantes comienza ron marcar de sus celulares.

―¡Muévanse! ¡Policía del campus! –grita una voz baja masculina, y abriéndose paso entre la multitud llega el uniformado policía del campus y el decano detrás.

Los ojos del decano se fijan en los míos, y juro que el hijo de puta está sonriendo en señal de triunfo.

―¿Qué ha tomado? —pregunta el decano, y el amigo de Kamiruzu, Cooper responde―: Cocaína. Aspiró cocaína.

A medida que más policías del campus se presentan, el decano dice:

―Busquen en los terrenos. ¡Encuentren a los distribuidores! ¡Esto va a terminar esta noche!

El pavor golpea mi estómago, y Sasuke de repente está a mi lado.

―Sal de aquí, Ōtsutsuki, ahora.

―Pero, Ita...

Sasuke agarra el cuello de mi camisa y me arrastra hacia atrás, y alrededor de la esquina fuera de vista. Sujetando su muñeca, arranco su mano de encima de mí y le doy la vuelta a Sasuke hasta que su espalda choca contra la pared.

―Aléjate de mí, Sasuke –gruño, y luego Sasuke me empuja hacia atrás.

―Tú necesitas sacar tu puta cabeza fuera de tu trasero, Shisui. Deja a Itachi. Está acabado. ¡Y lo ha jodido regiamente esta vez! ¡Él ha vendido drogas y alguien tuvo una sobredosis! Eso es pena de prisión, Shisui. ¿Qué parte de este desastre no entiendes?

Condena en prisión. ¡Mierda!

Con mi corazón latiendo en mi pecho, me aparto y le digo:

―Tú no lo entiendes, Sasuke. No tienes ni puta idea. –Entonces corro, dejando a mi mejor amigo pasándose la mano por su largo cabello con preocupación. Corro todo el camino hasta el autobús, el que sale de mi parada.

Me toma cuarenta minutos llegar a casa, y cuando lo hago bajo el aviso de Westside Heights, el auto de Kisame de repente se detiene y él salió por la puerta.

—¿Dónde está Itachi? –pregunto con pánico.

―Los policías lo atraparon, pero se las arregló para escapar. El maldito está desaparecido, Shisui. Necesita mantenerse escondido. Le dije que no hiciera contacto por un tiempo.

¿Desaparecido?

¡No!

Inclinando mi cabeza hacia atrás mirando al cielo, me quedo mirando las estrellas y paso mis manos por mi rostro. Joder, él tenía todo mi dinero. Todo el dinero de las medicinas de Mamma.

Una mano da una palmada en mi hombro... Kisame.

―Tenía todo nuestro maldito el dinero –expreso mi preocupación en voz alta. Kisame asiente como con simpatía, pero puedo ver la chispa de emoción en sus ojos.

—Entonces conseguiremos más –dice simplemente.

Mirando hacia mi caravana, veo a Izuna observándome desde la ventana, su rostro magullado ahora más amarillo. Lo miro a los ojos y veo la súplica en su mirada. Pero entonces miro a la ventana del dormitorio de la Mamma, y sé lo que tengo que hacer.

―¿Necesitas un hombre de confianza hasta que Itachi vuelva?

Una amplia sonrisa de Kisame ocupa todo su rostro siciliano.

—Es hora de hacer algunos verdes, Shisui. Tú y yo vamos a arrasar.

Una pregunta que me había estado persiguiendo durante años me viene a la mente.

―¿Kisame?

―¿Sí?

―¿Cómo hizo Itachi para sacarme de la pandilla cuando tenía diecisiete años? ¿Qué te prometió?

Kisame señala a Izuna de pie junto a la ventana y mi corazón se hunde.

―A él. Itachi me prometió a tu hermano menor tan pronto como llegara a los catorce años.

Una rabia como nunca antes se apodera de mí. ¿Por qué Itachi era tal maldita decepción? ¿Y por qué siempre tenía que poner a esta maldita pandilla en primer lugar?

—Vamos, muchacho. Tenemos negocios –dice Kisame, haciéndome señas. Y con la mano de Kisame alrededor de mi hombro, lo dejo que me lleve a su remolque.

Yo era ahora el hombre número dos de los Heighters.

Maldición.