Capítulo 24
TEMARI
Un mes después...
—¿Así que vendrás a la inauguración de nuestra casa esta noche? —Sakura pregunta por teléfono. Sonaba tan emocionada, y mi pecho arde de felicidad por ella, pero tal vez había algo de celos.
—Yo... Yo no estoy segura, Sakura. Se supone que debo ir... —El pesado suspiro de Sakura me corta.
—Tema, ya casi no nos vemos. Siempre estás en casa con tus padres u ocupada haciendo algo con el equipo. Lo juro, tú y Shisui casi han desaparecido por completo de nuestras vidas.
Las dagas atraviesan mi corazón cuando menciona a Shisui. Hace tiempo que no hablaba con él, ni siquiera lo he visto. ¿Y en cuanto a pasar mucho tiempo con mis padres? Todos ellos estaban equivocados, mis padres todavía están lejos. Siempre estoy en casa sola, en la tumba de Daisy o en el gimnasio. Ya ni voy a mis clases. Ahora que he dejado a las animadoras y la temporada de futbol llegó a su fin. Tenía que ejercitar de algún modo. Escondiéndome en algún lugar a donde nadie fuera.
Estaba por debajo de los treinta y un kilos. Estaba cerca de la perfección.
—¿Tema? ¿Estás ahí, cariño? —pregunto Sakura.
—Sí, estoy aquí.
—¿Así que vas a venir? Queremos verte... Todos... Te extrañamos. Desde que me mude con Sasuke, veo a todos pero no a ti. Odio no ver tu encantadora y brillante sonrisa. —Su voz es un susurro al final, y me siento como la peor amiga en el mundo.
—Está bien, estaré allí, Sakura. ¿A qué hora?
—A las siete, ¿de acuerdo? —pregunta, y puedo oír el alivio en su voz.
—Voy a estar allí, Sakura. Estoy emocionada por ver tu nuevo hogar.
Cuando Sakura cuelga el teléfono, empiezo a planear que ponerme. Tiene que ser algo que oculte la cantidad de peso que he perdido, algo con lo que no sospechen. Debo doblar mis jeans y mis camisas para agregar más kilos. Si mi ropa abulta no se darán cuenta de la pérdida de peso.
«¿Pérdida de peso, Temari? No has perdido lo suficiente como para que ellos lo noten», responde la voz en mis pensamientos. Estaba en lo cierto. No había perdido suficiente para que ellos notaran nada. No me comprometía lo suficiente con mi pérdida de peso».
Me paso la mano por mi cabello asustada, y cuando tiré de mi mano hacia abajo, un mechón de cabello se viene con ella. Cuando esto sucedió por primera vez, retrocedí en shock. Ahora me hacía feliz.
Estaba muy cerca de alcanzar la perfección.
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Me detengo en el extenso complejo de apartamentos de color blanco, y mis ojos se abren. Este lugar es increíble. Sabía que Sasuke tenía un montón de dinero, pero esto es otra cosa.
Camino hacia el intercomunicador, presiono el botón en el número cuatro, y el timbre suena, abriendo la puerta.
Al entrar por las puertas principales, miro hacia el ascensor, pero decido ir por las escaleras. Cuatro tramos de escaleras quemaran una veintena de calorías. Pero cuando llego a la segunda planta, mi visón se torna borrosa y tengo que agarrarme del pasamano para apoyarme. Siento como si alguien estuviera apretando mis pulmones mientras mi respiración se hace fatigosa y mi cuerpo lucha por obtener oxígeno.
—¿Tema? ¿Estás ahí abajo?
Mi cabeza se levanta al oír la voz de Sakura, y me enderezo, respiro profundamente, y subo el resto de escaleras, encontrando una fuente de energía de algún lugar muy adentro.
El rostro sonriente de Sakura estaba en la cima. Ella se ve hermosa con un vestido amarillo floreado ajustado y su cabello rosa suelto. Pero cuando sus ojos se encuentran con los míos, esa sonrisa en su rostro parece vacilar. Al llegar a la parte superior, evito su abrazo entregándole una bolsa de regalo.
—Para la inauguración de tu casa —le digo. Sakura la toma sin mirar su interior.
—Gracias, cariño —dice, sin dejar de mirarme, me indica que entre en el apartamento.
Es hermoso, todo blanco, paredes inmaculadas y mobiliario moderno. Oyendo el murmullo de voces que viene de lo que supuse era la sala de estar, camino para ver a Sasuke, Karin, Naruto, Suigetsu y Konan.
No estaba Shisui. No estaba segura si estaba feliz o triste por ese hecho.
—Hola, chicos —digo con la voz alegre cuando me doy cuenta que nadie me ha oído entrar. Todos los ojos se fijan en mí, el silencio llena la habitación.
Vacilantemente me tambaleo sobre mis pies, un poco mareada por subir las escaleras. Todos me miran... y miran... y miran... antes de que finalmente, Konan se deslice y golpee el cojín a su lado.
—Ven, siéntate, cariño —dice ella.
¿Por qué ella está actuando de manera extraña?
Metiendo un mechón de cabello detrás de mí oreja, tiro de las mangas sueltas de mi suéter sobre las palmas de mis manos y, encorvándome para ocultar mi gordura, me siento.
—¿Cómo estas, Tema? —dice finalmente Sasuke y se inclina hacia adelante.
—Estoy bien. Ocupada con mis estudios —le contesto, y fijo mi mirada en el suelo de madera. No puedo soportar el escrutinio, la atención—. Este lugar es precioso, Sasuke. Debes estar muy feliz.
—Sí, es jodidamente perfecto —responde, y el silencio una vez más llena la habitación.
—¡Aquí vamos, chicos! —La voz de Sakura llama nuestra atención, y ella sale de la cocina llevando un enorme pastel de chocolate. Mis manos comienzan a temblar, mis palmas comienzan a sudar, y mi estómago gruñe como si pudiera saborear el buen sabor del chocolate en mi lengua.
«No cedas, Temari. Sal de la habitación. No dejes que te alejen de tu meta». El pánico me recorre como un arrollador torrente de agua, y mis ojos se mueven por toda la habitación mientras trato de pensar en una excusa para irme. Cuando levanto mis ojos, todos mis amigos me miran, los ojos de Sakura están brillando con lágrimas.
Una tos proviene de Karin y dice:
—Tema, esto no es la inauguración de la casa.
Puntos negros empañaron mi visión, mi ansiedad era insoportable.
—¿Qué... qué quieres decir?
Karin respira hondo.
—Creemos que tienes un trastorno alimenticio, Tema.
Niego con la cabeza profusamente.
—¡No, yo no! Es solo...
—Entonces come el pastel —dice Karin, y adopta su dura actitud de nada de mierda.
No puedo, no puedo, no puedo...
Siento como todo el mundo se congela, y la tensión en la sala se torna asfixiante.
—Cariño, por favor solo quedemos ayudarte. Has adelgazado mucho y todos nosotros te amamos tanto que eso nos asusta muchísimo. Siempre estás sola, evitando pasar tiempo con nosotros. Tema, pienso que debes ir a ver a un médico. —Konan lleva su mano a mi espalda, tratando de apoyarme. La acción me hace sobresaltar. Me levanto del sofá y, en el proceso, golpeo el pastel de la mano de Sakura.
—Tema —susurra Konan y se levanta para tratar alcanzarme.
Me estremezco de nuevo y rodeo la mesa de café, enfrentando a mis preocupados amigos.
—¡No me toques! —grito—. ¡Que ninguno de ustedes me toque!
Mis ojos recorren las expresiones de preocupación de mis amigos, pero fue la de Karin, mi más vieja amiga, la que me asusto más.
Karin dio un paso adelante.
—Tema, está bien, chica. ¿Qué está pasando? Háblame. ¿Te estás matando de hambre?
La habitación parece inclinarse y no puedo respirar. ¡Dios, no puedo respirar! Me aferro al pecho, tratando de retroceder y casi tropiezo.
—¡Tema! —grita Sakura, estiro mis manos, manteniendo a distancia a mis amigos. Pero Karin salta hacia adelante y se las arregla para agarrar mis muñecas, y todo parece congelarse.
Veo como los ojos de Karin se agrandan y su boca se abre en estado de shock. Trato de zafar mi brazo pero el fuerte agarre Karin es como un tornillo.
—Karin, suéltala. ¡Ella necesita calmarse! —dice Konan desde atrás, pero puedo ver la determinación en el rostro de Karin.
Apretando los labios, Karin toma mi manga y la levanta. Gimo en respuesta, pero no tan fuerte como el jadeo de Karin. Como todos los jadeos de mis amigos.
—¡DÉJAME IR! —grito, pero Karin se lanza hacia adelante y levanta mi suéter.
—¡Mierda! ¡Tema, mira tus malditas costillas! ¡Mira tus jodidas costillas!
Tiro del borde de mi suéter de sus manos, me tambaleo hacia atrás de nuevo, golpeando la pared detrás de mí. Un mar de rostros conmocionados me miran, y Konan da un paso hacia adelante, los chicos no tienen ni idea de que decir.
—Te estás matando de hambre —ella susurra entrecortadamente.
Lagrimas fluyen de mis ojos y mis piernas ceden mientras me deslizo por la pared hasta el suelo. Envolviendo los brazos alrededor de mi estómago y gimo.
—¡No puedo comer! ¡No puedo comer! ¡Estoy muy gorda y él no me deja comer!
—¿Quién no te deja comer? —pregunta Karin confundida, inclinándose frente a mí—. ¿Quién te obliga a no comer?
—¡La voz! —chillo—. La voz en mi mente. Me impide comer. Me está llevando a la perfección. —Mis ojos se vacían y comienzo a perderme en la niebla—. ¡Él se llevó a Daisy lejos de mí... y también se llevó lejos a Shisui! Él vio un exceso de grasa.
—¿Daisy? —dice Karin—. ¿Quién es Daisy, cariño?
—¿Y Shisui? ¿Shisui Ōtsutsuki? ¿Mi mejor amigo?
Miro hacia arriba a través de mis ojos llorosos, veo que Sasuke ha dado un paso adelante, con una expresión severa en su rostro.
—Yo lo amo... lo amo de hecho, Sasuke. Pero él me dejó. ¡Me hizo el amor y me dejó! Le disgusté. ¡Él lo hacía bien, me hacía mejor, pero me dejó porque soy demasiado gorda! ¡Soy una monstruosidad... una maldita MONSTRUOSIDAD! ¿Quién puede culparlo por haberme dejado...?
—Tema, lo que dices no tiene sentido —dice Sakura y se agacha delante de mí—. ¿Tú y Shisui juntos? ¿Hace cuánto?
Los dedos de Sakura recorren mi cabello, y mientras baja su mano, cae hacia atrás en estado de shock, con un mechón de mi cabello en su mano.
—Tema, ¿qué...? —exclama Sakura y me mira con horror.
—Soy casi perfecta, Sakura. Estoy cerca... —Trato de sonreír.
Sakura se arrastra hacia adelante y trata de tocarme, pero nuevamente me muevo hacia la esquina, y ella deja caer la mano en su pecho.
—Me estás asustando, Tema. Me estás asustando tanto.
—Ojala no le hubiera disgustado... Ojala lo hubiera conocido antes. ¿Por qué no lo conocí antes? Él podría haberme salvado. Podría haber detenido la voz en mi cabeza.
—¿Shisui, cariño? ¿Hablas de Shisui Ōtsutsuki, nuestro amigo? —pregunta Suigetsu, y lo miro sin comprender.
—No puedo continuar más, SH… estoy cansada... muy cansada de vivir así... —Mi voz se apaga y la habitación comienza a dar vueltas.
—Tema, ¡TEMA! —Oigo a Karin gritar con pánico, pero un túnel negro se está formando en mis ojos y mis músculos son demasiado pesados.
—Lo siento... tanto, tanto... no pude mantener mi promesa a Daisy... —susurro.
Entonces todo se vuelve negro.
