Capítulo 25
SHISUI
—¿Terminaste la tarea, chico?
Izuna levanta la vista de sus libros de historia de América y asiente con la cabeza. Está masticando su pluma cuando pregunta:
—¿Sabes algo de Itachi?
Suspirando, alboroto con mi mano su cabello y le digo:
—Nada aún, chico. Nada aún.
Era lo mismo todos los días. Había sido la misma respuesta cada día durante más de un maldito mes. Itachi había desaparecido la noche que escapó de la policía, y no teníamos ni idea de dónde estaba.
Maldición.
Unas linternas brillantes iluminan el remolque, y mirando por la ventana, veo un enorme camioneta Dodge girando. Algunos ricos chicos universitarios, sin duda, que vienen por una dosis. Desde la noche de la sobredosis de Kamiruzu, hemos tenido que hacer negocios desde nuestro territorio. Kamiruzu está todavía en estado de coma, y hasta que despierte, los policías tenían a Itachi como el principal sospechoso de la comercialización. Itachi, quien se dio a la fuga.
—Izu, tengo asuntos que atender. Revisa a Mamma en quince minutos, ¿sí? Ella necesita su siguiente dosis de medicamentos.
Izuna asiente y me observa dejar la caravana con una expresión triste en su rostro. Odiaba que vendiera, odiaba que hubiera reemplazado a Itachi como la mano derecha de Kisame.
Tan pronto como salto de la caravana, la puerta de la camioneta se abre y Sasuke Rome Uchiha sale, sorprendiéndome como el infierno. La puerta de la caravana detrás de mí se abre de golpe, y Izuna pasa corriendo.
—¡Sasuke! —grita, y Sasuke sonríe ante el saludo entusiasta de mi hermano.
Sosteniendo su mano y la pone en su pecho, Sasuke dice:
—Izu, amigo mío. ¿Cómo estás?
Izuna asiente y se encoge de hombros.
—Estoy bien, supongo. Itachi está perdido, pero Shisui está más alrededor ahora. Mi Mamma... ella no está demasiado bien.
—Lo sé, chico. Pero trata de mantenerte fuerte, ¿sí?
—¿Terminaste la tarea, chico?
—Sí. —El rostro de Izuna se ilumina—. Estuviste impresionante en el partido del campeonato, Sasuke. ¡Ese Touchdown ganador fue una locura!
Sasuke se ríe y le dio puñetazo juguetón a Izuna en el brazo.
—Gracias, chico. No estuvo nada mal.
—Izu —digo mientras miro a los dos—. Entra. Necesito hablar con Sasuke a solas
—Pero...
—Adentro. Ahora —digo con severidad, y, dándole a Sasuke una última mirada, Izuna se dirige adentro.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí en el culo del mundo? —le digo mientras camino hacia Sasuke, buscando en el parque alguna señal de Kisame. No quiero que mi mejor amigo se meta en problemas.
Ni siquiera lo veo venir, pero Sasuke camina con propósito hacia mí y me da un puñetazo directamente en el rostro. Tropiezo de nuevo, pero me recupero lo suficiente para enderezarme y empujarlo hasta que su espalda golpea la parte trasera de la camioneta.
—¡Qué mierda, Sasuke! —susurro y escupo sangre de mi boca.
Sasuke sólo quita mis manos de su camisa y se enfrenta a mí.
—¿Qué demonios estás haciendo, ochenta y tres? —dice en voz baja, con los ojos clavados en los míos—. ¿Esta es tu vida ahora? —dice, señalando a mi alrededor con la mano—. ¿Esto es lo que eliges ser?
—¡Vete a la mierda, Sasuke! ¡No sabes una mierda!
—Lo que sé es que mi mejor amigo, un chico que veo como mi hermano, está cavándose a sí mismo en un agujero del cual no va a ser capaz de salir. No te he visto en semanas, ¡no tienes idea de qué coño está pasando en tu vida!
Dejando caer mi cabeza, doy un paso atrás y pongo mis manos en la cintura.
—Tengo que hacerlo, hombre. Tengo que mantener a mi familia. Itachi está en alguna parte. Mamma está empeorando.
Sasuke inclina hacia atrás su cabeza y dice:
—¿Sabes que el decano está convencido de que tenías algo que ver con la sobredosis de Kamiruzu? Él está buscando en el campus por cualquier persona que pueda vincularte con la venta. Estando aquí, obviamente, vendiendo coca con los Heighters, no va a hacerte ningún favor.
—¡Mierda! Lo sé, pero...
La mano de Sasuke de repente me toma del brazo y levanta las cejas con sorpresa.
—Mira, ochenta y tres, no estoy aquí para decirte algo nuevo sobre la venta, la pandilla. Entiendo lo que estás tratando de hacer. Estoy aquí para decirte que Te…
—¡SHISUI! ¡SHISUI! —Mi sangre se hiela mientras la voz de Izuna penetra en la tranquilidad de la noche, cortando a Sasuke, y me giro a verlo espigado desde el remolque, pálido como el infierno y con lágrimas en sus ojos.
Corro hacia él, y mientras sostengo sus brazos, su cuerpo tiembla como una hoja en un vendaval.
—¡Es Mamma, Shisui! ¡No puedo despertarla! ¡Ella no va a despertar!
Siento a Sasuke detrás de mí y lo escucho maldecir. Pero mis pies ya estaban entrando en el remolque y al cuarto de mi Mamma. Parece que está dormida, pero cuando me acerco a su cama, puedo ver que está extrañamente quieta y su pecho apenas se mueve.
Es su respiración.
Al oír un crujido en la puerta, giro mi cabeza para encontrar a Sasuke allí, mirando, con su brazo alrededor de Izuna mientras mi hermano menor llora.
—Ella no va a despertar, Sasuke. ¿Qué coño hago?
Sasuke traga pero, entrando en la habitación, dicie:
—Sacarla de la cama. Vamos a llevarla a la sala de emergencias.
—¡Pero... mierda! No tengo el dinero. No he hecho suficiente dinero para su cuidado. Itachi se fue con todo, y no he sido capaz de reponerlo todo.
El rostro de Sasuke se endurece.
—¡Olvídate de esa mierda y solo llévala a la maldita camioneta! ¡Vámonos!
No necesitaba más convencimiento y, tomando a Mamma en mis brazos, me zambullo en la parte trasera de la camioneta, con Izuna a mi lado, y Sasuke quemando sus gomas saliendo del parque.
Con mi Mamma inconsciente sobre mi regazo, agarro la mano temblorosa de Izuna. Mirando arriba hacia sus ojos llorosos, engancho finalmente mi brazo alrededor de su cuello, tirando de él a mi lado.
Sus sollozos se hacen más fuertes.
—¿Es el final, Shisui? ¿Va a morir?
No tenía ni puta idea de cómo responder a esa pregunta. Ni yo mismo quería pensar en ello.
—¿Shisui? —Izuna pregunta de nuevo.
—No sé, chico. Pero creo que mejor nos preparemos para todo.
Izuna inhala y mete su rostro en mi camisa.
—No quiero que se vaya. Yo no quiero estar solo.
Luchando con el nudo en mi garganta, le doy un beso en su cabeza.
—Nunca vas a estar solo, chico. Siempre me tendrás mí.
Cruzando con los ojos preocupados de Sasuke en el espejo retrovisor, agarro a Izuna más fuerte y miro a mi Mamma.
—Resisti, Mamma. Resisti... ti prego. Resiste, Mamma. Resiste... te lo ruego.
.
.
.
Mamma fue trasladada a una habitación en el cuarto piso. Después de una mirada del doctor, la ingresó inmediatamente.
Al salir de emergencias, me dirijo a la sala de espera y de inmediato me detengo. Todos mis amigos están allí, y Izuna asoma la cabeza a mi espalda y lentamente se mueve a mi lado.
Mientras miro hacia la fila de rostros, están todos tristes y tranquilos. Sasuke me ve entrar y, lanza una mirada de preocupación a Sakura, que se enfrenta a mí.
—¿Has traído a todos aquí por mi Mamma? —le pregunto a Sasuke, y él sacude la cabeza con pesar.
Mis cejas se fruncen con confusión, y atrapo mirándome a una Karin ceñuda desde el fondo de la sala.
—Entonces, qué...
—Es Tema, Shisui —dice Sasuke tranquilamente.
Mi estómago se desploma y mis manos comienzan a temblar. El rostro de Sasuke está blanco, y veo a Konan y Sakura secarse las lágrimas de sus ojos.
—¿Q...qué le pasa a Tema? —dice Izuna apartándose de mi lado, y oigo el pánico en su voz. El chico la idolatraba, esa reunión quedó grabada para siempre en su cabeza.
Sasuke se pasa la mano por el rostro, extiendo mi mano y lo tomo del brazo.
—¿Qué pasa con ella?
—Ella se desplomó sobre nosotros esta noche. Ella... Joder, Shisui, ella está gravemente anoréxica. Ha sido internada.
Me siento como si alguien me hubiera hecho un agujero en mi pecho. Había tenido una recaída. ¡Mierda! Había recaído. Vi los signos, pero pensé que sin todo el estrés de los Heighters, estaría bien... ¡MIERDA!
—¿Dónde está?
Sasuke mueve su barbilla.
—Sala de quince. Pero ella está mal, Shisui. Se ve realmente muy grave.
—¿Qué es anoréxica, Shisui? —pregunta Izuna, y miro su rostro petrificado.
Suspirando profundamente, le digo:
—Ella se muere de hambre, Izu. Se prohíbe a si misma alimentarse.
Las cejas de Izuna caen hacia abajo confuso.
—¿Por qué... por qué iba a morirse de hambre?
Poniendo mi brazo alrededor de sus hombros, le digo:
—Porque tiene una enfermedad. La ha tenido una durante mucho tiempo. Ella no se ve a sí misma como la vemos... hermosa... perfecta.
Karin salta de su asiento y me mira cara a cara.
—¿Ella ha estado qué?
Frunciendo el ceño y repito mis palabras.
—Ha sido anoréxica desde que tenía dieciséis años. Ella lo superó al llegar a la universidad, pero este año ha tenido problemas de nuevo.
—¿Y cómo demonios lo sabes tú? —dice Karin indignada, como si la hubieran dejado fuera de una gran conspiración.
—¡Porque hemos estado juntos durante meses, y ella me lo dijo! Nos dijimos todo. Caray, yo sólo la dejé porque yo no soy bueno para ella, Karin. Quería salvarla de la mierda peligrosa en la que estoy siendo obligado a hacer por mi familia. ¡Pero malditamente la amo! ¿Es esta una suficiente buena respuesta para ti? ¡La dejé porque la amo!
El labio inferior de Karin se sacude y las lágrimas llenan sus ojos.
—¿Tú la amas?
—Karin, malditamente la adoro. Ella es todo para mí. Pero mi vida está muy jodida. No quería arrastrarla conmigo también.
Levantando mi cabeza, acerco a Izuna.
—Quédate aquí con Sasuke. Tengo que ir a ver a mi Pix.
Sasuke toma el brazo de Izuna.
—Quédate con nosotros, chico.
Sakura se levanta y pone su brazo alrededor de los hombros de Izuna, pero Izuna me mira.
—Mamma y Tema están aquí, Shisui. —Sus ojos caen al suelo—. ¿Qué pasaría si perdemos a las dos?
Me acerco a Izuna y lo miro directamente a los ojos.
—Yo no voy a mentirte, chico. Mamma está muy mal. Sabíamos que este día llegaría. Pero Pix... —Respiro larga y profundamente logrando contener mis lágrimas—. Voy a hacer todo lo posible para llegar a Pix.
El labio inferior de Izuna se estremece, y susurra:
—¿Lo juras?
Exhalo.
—Lo guiro.
Prácticamente salgo corriendo de sala, dirigiéndome hacia el corredor hasta que llego a la habitación quince. La puerta estaba cerrada, y mi respiración se hace más ruda.
Tres pasos.
Tres pasos hasta atravesar la puerta.
Tres pasos hasta enfrentar a Pix... mi chica con anorexia severa.
Pensamientos de cómo se vería rondaban mi mente, pero cuando en un segundo, empujo la puerta, nada de lo que he estado pensando me hubiera preparado para esto.
Ahogando un sollozo, me congelo en la puerta, mirando a la chica en la cama. La chica que no era más que un esqueleto con piel, cabello rubio con parches y delgado, con sus labios de un azul pálido sin vida.
Las maquinas estaban sonando alrededor de ella, y bolsas de suero clavadas en su piel. No creí poder soportar verla así, pero absorbiendo algo de coraje del fondo de mi estómago, obligo a mis pesadas piernas a moverse un paso a la vez.
Uno... dos... tres... cuatro...
Las lágrimas llenan mis ojos mientras miro fijamente a Pix en la cama. Il mio piccolo folletto rotto... Mi pequeña duendecillo roto.
Los ojos de Pix están fijos en un lugar en la esquina más alejada de la habitación, y me dejo caer en la silla a lado de ella, mirando fijamente su pequeño cuerpo, estirando mi dedo sobre su mano. Ni siquiera se encoge. Ni siquiera mira en mi dirección.
—Pix —susurro, mi silenciosa y controlada voz suena como un grito en la habitación estéril.
Esta vez tomo sus manos entre las mías, casi encogiéndome de lo frías que están contra mi piel. Podía sentir cada hueso, cada nudillo. No podía creer lo rápido que había decaído en las últimas semanas. No debió de haber comido nada.
—Pix, por favor... mírame —ruego, y finalmente, Tema gira su cabeza hacia mí, y casi caigo de espalda en shock.
Sus pálidos ojos verdes azulados están más apagados de lo habitual y se ven demasiado grandes en su delgado rostro. Parches de piel seca marcan severamente sus hundidas mejillas, tan agudas que parece como si hubiese usando un rubor negro sobre sus huesos. Los tendones en su cuello son visibles, y su clavícula sobresale en un ángulo casi mortal.
—Pix... joder. Pix... —susurro mientras las lágrimas bajan por mi rostro. Pero no hay nada detrás de sus pálidos ojos. Ni un destello de emoción, ni siquiera reconocimiento.
—Háblame, Pix.
Aún nada, y un pitido incesante suena y ella aparta su cabeza.
Entrando en pánico, me levanto y, con mi dedo, muevo su rostro para que me mire.
—Háblame, Pix, por favor. Lo siento. Jodidamente lo siento. Te dejé porque pensé que era lo mejor para ti. ¡No pensé que esto pasaría! ¡Trataba de prevenir esto!
El sonido de la puerta abriéndose me hace dar un paso atrás, y un hombre en bata blanca se acerca. Sus cejas se sacuden cuando me ve a lado de su cama.
—Lo siento, hijo. No me di cuenta que Tema tenía una visita. Solo se le permite a la familia está aquí.
—¿Es usted su doctor? —pregunto con desesperación.
Estira su mano.
—Soy el doctor Lund, el psiquiatra de Tema.
Tomando su mano, pregunto:
—¿Ella va a estar bien? Por favor dígame que va a estar bien.
Su cabeza se inclina a un lado, dándome una rara expresión, y, echando una mirada a Tema aun recostada sin moverse en la cama, se mueve para que me una con él fuera.
Dudo sobre qué hacer. No quiero dejar a Pix sola. Quería quedarme con ella... consolarla, pero el doctor Lund me da una palmada en la espalda.
—Estará bien durante unos cuantos minutos, hijo.
Al llegar al pasillo, veo a mis amigos afuera, Sasuke parece preocupado.
—¿Qué relación tienes con Tema, hijo? —pregunta el doctor Lund. En realidad no sabía cómo responderle. Jamás nos habíamos puesto un nombre. Pero sabía en mi corazón lo que ella significaba para mí... cada jodida cosa.
Mirando el rostro del doctor Lund, simplemente digo:
—Ella es mi Pixie rota, y yo soy su pedazo de escoria del campamento de caravanas.
El doctor Lund me observa peculiarmente, después veo a otro doctor corriendo aproximándose desde atrás —el doctor que todos esos meses nos daba las noticias de que mi Mamma solo tenía algunos meses de vida— agarrado de una señora con cabello rojo.
Es el padre de Tema y lo que parece ser la Mamma de Tema.
—¿Nigel? Llegamos tan rápido como pudimos —dice el Dr. Sabaku No mientras se detienen a nuestro lado, tomando la mano de la mujer y veo que el reconocimiento paso a través de su rostro mientras me mira.
—Sr. Ōtsutsuki —dice firmemente.
—Hola, señor —respondo de vuelta y bajo mi cabeza.
—Acaba de decirme el doctor Yakushi que tu Mamma ha sido ingresada. Lamento escuchar eso, hijo. Debes encontrar esto muy difícil.
—Gracias, señor —digo entrecortadamente pero mantengo mi mirada en el mosaico.
El doctor Lund tose torpemente y se gira hacia la madre y padre de Tema.
—Shisui, me estaba contando que Tema y él están... involucrados.
Veo la sorpresa revolotear en los rostros del doctor y la señora Sabaku No, y sus cejas se fruncen con preocupación.
—Ella sufre de anorexia severa, Shisui. ¿Sabías eso? —dice el Dr. Sabaku No fríamente.
—Sí, señor —contesto—. Me conto su historia tiempo atrás.
El doctor Sabaku No asiente y él y su esposa cambian miradas de intensa sorpresa.
—¿Sabes que ha recaído? —pregunta su madre con apenas un poco de voz—. ¿Puedes decirnos porque?
Sacudo mi cabeza, sintiéndome como un pedazo de mierda mientras su madre rompe en llanto.
—Solo acabo de verla. No la he visto durante un tiempo. Yo no... yo... —Me fui apagando, incapaz de continuar.
El doctor. Sabaku No pone una mano compasiva en mi hombro. Miro hacia abajo por el simple gesto, y mis piernas casi se desploman. Nadie me había consolado así antes... nadie excepto Pix. Todos me temen por la banda a la que pertenezco.
El doctor Sabaku No se vuelve hacia el Dr. Lund.
—¿Cómo está?
El doctor Lund suspira.
—Indiferente. Cerrada. No está cooperando, Rasa. Para nada. En este punto, ni siquiera está hablando. Le ha estado mintiendo a sus amigos y se mantuvo escondida durante el último mes para evitar que alguien se diera cuenta que privaba a su cuerpo de comida.
Mi corazón late muy despacio mientras escucho las noticias. Indiferente. Cerrada. Ni siquiera está hablando. Se mantuvo escondida. Privaba a su cuerpo de comida.
—No tenemos idea de cómo tratar con esto, Nigel. No puedo creer que estemos de regreso aquí. —El padre de Tema se ve roto, y toma a su esposa bajo su brazo. Su esposa, quien está inconsolable.
El doctor Lund mira al doctor Sabaku No y dice:
—Justo como la última vez, Rasa. Tenemos que darle tiempo. Ambos sabíamos que el perder a Daisy podía motivar una recaída como esta.
—¿Daisy? ¿Quién es Daisy? —Se me escapa, y los ojos del doctor Sabaku No saltan a toda velocidad a los míos.
—Era la mejor amiga de Tema, Shisui. Fueron diagnosticadas de anorexia al mismo tiempo, hospitalizadas juntas. Eran inseparables.
Un miedo intenso me recorre con lo que el doctor Lund ha dicho.
—¿Usted... usted dijo que la perdió? ¿Se refiere a que ella...? —No podía decir la palabra.
—Daisy murió el verano pasado. Recayó, se lo escondió a todos... exactamente como lo que ha estado haciendo Tema... —la señora Sabaku No rompe en lágrimas, interrumpiendo al doctor Sabaku No. La acerca hacia él y presiona un suave beso en su cabeza.
—El cuerpo de Daisy no pudo luchar más contra la anorexia y murió de un fallo cardiaco. Estaba muy delgada y su cuerpo colapsó. —El doctor Sabaku No pone una mano en mi hombro—. Shisui, Tema estaba con ella cuando murió. Sostuvo la mano de Daisy hasta su último aliento. Me temo que Tema también está en grave peligro.
¡Dios! Pix... ¿qué has pasado? ¿Y porque diablos no me lo dijiste?
Sasuke de repente aparece detrás de mí.
—Shisui, el doctor de tu Mamma justamente estuvo arriba. Quieren los detalles de tu seguro.
Dejo caer mi cabeza en mis manos.
—Joder, Sasuke. No lo puedo pagar. Pero tampoco puedo dejar a Pix. ¿Qué diantres se supone que debo hace? Estoy perdido.
Sasuke se acerca más y susurra:
—Ya me hice cargo, hombre. Sé que no te iba a gustar, pero necesitas ayuda. Lo único que tienes que hacer es estar aquí por tu familia y tu chica. Créeme, se cómo se siente esta mierda.
Mi cabeza se levanta de golpe y trato de negarme a su ayuda. Sasuke engancha su mano alrededor de mi nuca tirando de mí más cerca, y dice:
—No es momento de ser orgulloso, Ōtsutsuki. Apóyate en tus amigos. Apóyate en mí. En este momento puede que tengas que despedirte por última vez de la mujer que te dio la vida y de inspirar esperanzas a la mujer con la que quieres compartir el resto de tu vida.
Esta vez unas lágrimas gruesas llegan rápidas, y me agarro a Sasuke como si me fuera la vida en ello, descargando la mierda de dolor reprimido.
Después de uno o dos minutos, las lágrimas se secan, Sasuke me palmea en la espalda y, volviéndome hacia el doctor y la señora Sabaku No, les digo:
—Tengo que ver a mi Mamma. Regresare pronto, ¿está bien? Díganle a Pix que regresaré.
Ambos asienten mientras Sasuke renuentemente me lleva al pabellón al fondo del pasillo. Mis amigos están todos esperando afuera: Karin, Suigetsu, Konan, Naruto, y Sakura, sosteniendo fuertemente a mi hermano menor.
Izuna levanta su cabeza, con los ojos agrandados por el miedo, mientras regreso y le invito a unirse a mí.
—Tenemos que ver a la Mamma, chico —digo con una voz desolada y áspera.
Izuna se pone de pie, con una valentía que jamás hubiese creído posible, se une a mí y juntos entramos en la habitación. El doctor Yakushi estaba ahí cuando entramos, y nos da una sonrisa compasiva.
Ver a mí Mamma conectada a varias máquinas casi me mató, y sé que esto es el final. Ahora es cuando Mikoto Ōtsutsuki es liberada de su jaula, de los confines de su cuerpo maltrecho.
—Shisui, Izuna, lamento decirles esto, chicos, pero no hay nada más que podamos hacer. Su madre no sobrevivirá de esta semana. Es hora que se despidan.
Un llanto de dolor desgarra del pecho de Izuna, y al unísono caemos al suelo esterilizado con lysol, y lo envuelvo en mis brazos. Varios pies caminando sobre el mosaico del hospital suenan detrás de mí, y mis amigos se nos unen en el suelo, apoyándonos mientras nos rompemos.
Mire a la Mamma en la cama, y casi la puedo oír decir:
«La Famiglia no siempre es de sangre, mio caro. La Famiglia está construida por puentes de amor. La Famiglia está ahí para ti sin condición. La Famiglia te apoya en tus momentos más oscuros de necesidad».
Izuna y yo jamás estaríamos solos. Estos aquí son nuestra famiglia. Con una excepción enorme. Pero estaría maldito si mi Pix no sentiría también este amor. Solo tenía que descubrir primero como rescatarla de sí misma.
