Capítulo 28
TEMARI
—¿Por qué nunca nos lo dijiste, Tema? —pregunta Karin, su personalidad beligerante habitual ha quedado reducida a una niña tímida.
—He luchado durante tanto tiempo que cuando llegué a la universidad, quería hacer amigos que no supieran acerca de mi pasado.
—Entendemos eso, cariño —dice Sakura y besa la palma de mi mano—. Pero, ¿por qué nunca nos hablaste de Daisy? ¿Acerca de perder y estar en duelo por tu mejor amiga?
Me encojo de hombros, bajo mis ojos y digo:
—Daisy y yo nos conocimos en el hospital. Las dos teníamos dieciséis años. Ella era tan cercana a mí como una hermana. Infiernos, durante años, ella fue todo mi mundo. Entendía lo que era vivir con este trastorno. Podríamos fortalecernos la una a la otra, pero podríamos también rompernos la una a la otra. Nos apoyábamos la una a la otra para no comer, incluso animándonos a morir de hambre. Cuando ella murió, ya no sabía cómo lidiar con esta enfermedad yo sola... y no quería agobiaros, chicos, con mi sufrimiento. Supongo que pensé que entrar a las animadoras de nuevo, podría distraerme. Ayudarme... me equivoqué.
—Sabes que estamos aquí para ti siempre, para siempre, ¿no? —dice Karin a través de su garganta apretada.
Aclarando mi garganta obstruida, le digo:
—Lo sé ahora... lo sé.
—¿Y cómo llegaste a esto? —pregunta Konan—. ¿Cómo llegaste a ser... de esta manera?
Cierro los ojos, simplemente recordando ese día.
—Yo estaba animando en la universidad, y un chico que me gustaba jugaba para el equipo de fútbol. Después del partido, estábamos todos alrededor y se acercó a mí y me dijo: "Tienes que dejar de comer chocolate, Tema. Estás empezando a engordar". —Abro los ojos y respiro hondo—. Fue tan simple como eso. Un comentario como ese y cambió toda mi vida. Me fui a casa esa noche mortificada y le dije a mi madre que no me sentía bien y me salté la cena. Cinco meses después, me hospitalizaron por severa anorexia nerviosa y no me anime otra vez... hasta el año pasado. —Suspiro y sacudo la cabeza—. Supongo que pensaba que era más fuerte de lo que en realidad era.
Miro los rostros de apoyo de mis mejores amigos y les digo:
—Aunque yo actuaba como si fuera una chica amante de la diversión alrededor de ustedes, eso no significaba que no confiara en ustedes. El personaje falso, el maquillaje gótico, era acerca de tratar con mi desorden. Era mi máscara, mi escudo. Esto no quiere decir que no los ame. Que no aprecie su amistad.
—Las lágrimas de un payaso —dice Sakura tristemente en respuesta. Cierro los ojos. Ella entiende exactamente lo que yo estoy tratando de explicar.
—¿Qué demonios significa eso? —dice Karin con su habitual efervescencia.
—Los payasos pintan las expresiones en sus rostros con maquillaje, ¿no? Y todos sabemos que esas expresiones no son reales, las lágrimas pintadas, por ejemplo. Todos sabemos que no están realmente llorando, las lágrimas son falsas. Nadie puede ver el verdadero rostro debajo de la máscara del payaso. Representan su papel debidamente gracias a su maquillaje: tristeza, felicidad, diversión, etcétera. Disfraza su verdadera personalidad al mundo. Su maquillaje esconde como realmente son... Por lo tanto, las lágrimas de un payaso.
Los ojos de Karin se llenan de lágrimas y vuelven su atención de nuevo a mí.
—Así que si no eres la divertida y alegre tonta Tema que todos conocemos, si eso era tu máscara de payaso... ¿quién eres?
—No... no lo sé. He estado fingiendo durante demasiado tiempo, creo que todavía estoy tratando de averiguar eso yo misma. He cambiado mucho como para ser la Tema de mi adolescencia, y este desorden me ha definido durante tanto tiempo que he perdido el sentido de mi verdadero yo.
Karin asiente y me lanza un guiño alegre.
—Entonces vamos a tener un montón de diversión arrancado las capas y descubriendo quién eres. ¡Sexy Tema!
Por primera vez en mucho tiempo, una risita libre y auténtica sale de mi boca.
—Estamos contentos de que lo estás haciendo bien —Konan añade, alegremente sacudiendo la cabeza hacia Karin mientras acaricia mi mano.
Karin suelta una tenue carcajada.
—Por supuesto que se va a poner mejor. Logró enganchar a Ōtsutsuki, quien está malditamente loco por ella. ¡Ese tipo es pecado en un palo! ¡Guau!
Los cuatro nos detuvimos y lanzamos nuestras miradas la una a la otra antes de estallar en carcajadas.
Se sentía bien reír. Se sentía bien abrazar la vida.
Habían pasado dos días desde Shisui me había traído de nuevo a él, y me siento un poco más fuerte. He reiniciado a mis sesiones con el Doctor Lund, y era de esperar, que podría conseguir que las cosas funcionaran lento pero seguro de nuevo.
He estado rezando todas las noches, rogando para tener la fuerza para llevarlo a cabo.
No quiero morir, suplicaba. Quiero que el sueño de Shisui para ambos se haga realidad.
—Te hemos echado mucho de menos, Tema —dice Sakura, y sorbe las emociones provocadas.
—Prométeme que nos lo dirás si te sientes así de nuevo. Y quiero esa promesa con un pacto de sangre, si es posible —Miro a Karin y trato de prometerle cruzando mis dedos débiles. Las cuatro nos sentamos en silencio por un momento, disfrutando de nuestra cercanía.
Un golpe en la puerta suena, y Sasuke entra, su rostro está desolado y su atención se centra en mí.
—Es el momento.
Mi buena sensación pronto se desvanece, y al instante intento incorporarme, pero inmediatamente vuelvo a caer.
—¡Vaya, chica! ¿Qué estás haciendo? —dice Karin con miedo, y mis amigos se levantan todos de un salto, tratando de regresarme de nuevo a la cama.
Les tiendo la mano.
—¡No! Shisui me necesita. No puedo dejarlo hacer esto solo.
Sakura mira a Sasuke, quien asiente.
—Dame un minuto. —Con eso, sale de la puerta, sólo para volver minutos después con una silla de ruedas y una enfermera, quien de inmediato comienza a desengancharme de la máquina de intravenosa y adjunta la bolsa a la parte posterior de la silla de ruedas.
Avanzando hacia mí, Sasuke pregunta:
—¿Puedo levantarte para acomodarte en la silla?
Luchando contra el pánico habitual con el hecho de que alguien me toque, especialmente mi espalda, rápidamente asiento, y Sasuke me levanta en sus brazos y me coloca en la silla, contengo la respiración y cierro los ojos.
Esto es por Shisui.
Por Izuna...
Por Mikoto.
Yo sólo tenía que llegar a Shisui.
—¿Estás segura de que estás lo suficientemente fuerte para esto, querida? —pregunta Konan, y asiento mientras Karin comienza a empujarme por el pasillo hacia la habitación de la madre de Shisui. Haciendo una pausa en la puerta, asiento a Sasuke para abrirla.
Karin me lleva, e inmediatamente veo a Izuna y a Shisui a cada lado de la cama, ambos angustiados y cada uno agarrando las manos inertes de su madre mientras el médico se sitúa en la cabecera de la cama.
Los ojos de Shisui saltan a los míos y su rostro se contorsiona por el dolor. Se desliza de la cama y corre hacia mí, de rodillas en el suelo, coloca su cabeza en mi regazo. Cansadamente levantando mi mano, paso los dedos por su cabello oscuro desordenado.
—No creo que pueda hacer esto, Pix —dice a través de un espeso nudo en su garganta.
Luchando contra mis propias lágrimas, le digo:
—Sí puedes, cariño. Tienes que ser fuerte. —Cuando miro hacia arriba, miro hacia Izuna en el lado de la estrecha cama de su madre, viéndose perdido allí, sentado completamente solo.
Sosteniendo mi mano, le sonrío a Izuna, quien traga en respuesta.
—Ven aquí, cariño —digo.
Izuna da un paso vacilante antes de detenerse y preguntar:
—¿Estás... estás bien ahora, Tema? ¿Sigues muriéndote de hambre? Te ves tan delgada...
Resistiendo la risa ante sus palabras contundentes, le susurro:
—Lo voy a estar, cariño. Lo voy a estar...
Izuna entonces agarra a mi mano como si fuera su fuente de fuerza, sus dedos tiemblan contra los míos.
Shisui levanta la cabeza cuando el médico se aclara la garganta.
—Shisui, Izuna, la frecuencia cardíaca de su madre está desacelerando ahora. Es hora de decirle adiós.
Shisui me mira, y suelto la mano de Izuna. Shisui se levanta y tomando a Izuna de la mano, lo acerca hasta la cama.
La mano libre de Shisui sobresale junto a él, buscándome, y Sasuke me lleva hacia él mientras el resto de nuestros amigos estás de pie en la pared del fondo, silenciosa y respetuosamente.
—¡Espera! —Shisui dice entrecortadamente y busca en el bolsillo su iPhone. Confundida, veo lo que estaba haciendo. Al presionar reproducir en una canción de su lista de música, coloca el teléfono junto a la cabeza de su madre.
EL "Ave María" comienza a sonar suavemente a través del teléfono, y Shisui mira con tristeza el rostro sereno de su madre.
—Ella nunca duerme bien sin escuchar esto. Siempre la hace sonreír... y siempre debe encontrarte con Morfeo sonriendo.
Lucho duro para no romperme con ese acto desgarrador.
—Izu, dile adiós a mamá, chico —dice Shisui bruscamente, tratando de ser fuerte, y Izuna se acercó más a ella y deposita un suave beso en su mejilla.
—Benedica ti Dio, Mamma. Ti voglio bene.
«Que Dios te bendiga, mamá. Te amo».
Izuna se mueve de nuevo y Shisui ocupa su lugar. Izuna está llorando, estiro mi mano y tomo la suya, trayéndolo de vuelta a mi lado.
—Mamma... —Shisui llora, y el médico da un paso adelante, presionando una mano en su espalda.
—Tienes un minuto, hijo.
Shisui asiente y, moviendo su iPhone más cerca, le dice:
—Itachi no está aquí ahora, mamá. Pero él quiere que te diga que te amaba. Todo lo que alguna vez hizo fue para nosotros. Entiendo eso ahora, incluso aunque él tuviera una manera endiabladamente divertida forma de demostrarlo. Espero que algún día te sientas orgullosa de él. —Suspira temblorosamente cuando el monitor de su corazón comienza a disminuir a una velocidad aterradora, una cuenta regresiva angustiosa hasta el final de la vida de Mikoto Ōtsutsuki—: Eras demasiado buena para esta vida, Mamma. Siempre perteneciste en el cielo. Debes estar con los ángeles y lejos de esta vida de mierda. —Shisui se rompe con un grito de dolor, y aprieta su mano en la mía y no puedo evitar sollozar junto con él.
Inclinándose hacia adelante, Shisui acaricia el cabello negro azabache de su Mammá de nuevo, justo cuando Andrea Bocelli alcanza un crescendo y en el monitor del corazón resuena con un largo y continuo pitido, diciéndonos a todos que Mikoto Ōtsutsuki ha fallecido.
A medida que el médico apagaba el monitor y el silencio llena la habitación, Shisui le da un beso en su cabeza y le susurra por última vez:
—Buona notte, e dormi bene, mia cara. Ti voglio bene.
«Buenas noches y duerme bien, querida. Te amo».
