Capítulo 30
TEMARI
Draft de la NFL, Segunda Ronda.
Radio City Music Hall, New York.
Dos meses después…
—Y para los San Francisco 49ers… ¡Shisui Ōtsutsuki, de Alabama Crimson Tide!
San Francisco 49ers: «El equipo de fútbol americano, llamado así por los buscadores de oro de California en plena fiebre del oro».
Los ojos de Shisui se estrellan con los míos mientras nos sentamos detrás del escenario en la Radio City Hall y, sosteniendo mi mano, Shisui la lleva hasta sus labios. Estaba temblando.
—Pix... joder —se calla, y me inclino contra su hombro mientras sus ojos están cerrados rezando.
—¡Shisui! ¡Los 49ers! —grita Izuna y salta de su asiento. Shisui suelta mi mano y se levanta para abrazar a su hermano, los dos se aprietan, solo saboreando la magnitud este momento.
Shisui se aleja, aturdido, y camina hacia el oficial en el escenario para recibir su camiseta. Me siento mirándolo en la pantalla de televisión y no puedo alejar la sonrisa de mi cara.
—¿Cómo te sientes cariño? —pregunta Konan con preocupación.
—Estoy bien, solo un poco cansada, pero bien.
Ha pasado dos meses desde mi recaída, y ya he ganado veinte kilos. Es un proceso lento, pero estaba mejorando cada día... con la ayuda de Shisui. Y él también estaba mejor. Se las arregló para conseguir una casa para Izuna y el, lejos de Westside Heights, y nunca han vuelto a saber nada de la pandilla otra vez.
El sillón de repente se hunde a mi lado, y el rostro sonriente de Izuna mira en mi dirección
—¿Puedes creerlo, Tema? ¡Iremos a San Francisco!
Tocando su mano excitada en su regazo, le devuelvo la sonrisa
—Por supuesto que sí, cariño. Comenzaras de nuevo, harás algo realmente bueno de ti en California.
La sonrisa de Izuna cae e inclina su cabeza
—¿También vendrás, verdad? ¿También estarás allí con nosotros?
Bajo mis ojos antes de echar un vistazo alrededor de mis amigos. Todos habían decidido venir junto con el draft aquí en NYC. Sasuke fue el primero en ser elegido por el draft ayer y se estaba dirigiendo hacia los Seattle Seahawks. Habíamos celebrado con ellos anoche. Pero hoy era el turno de Shisui.
Mis amigos me miraban con simpatía mientras lucho con la pregunta de Izuna. La verdad es que, no estaba segura de estar lo suficientemente bien para ir a cualquier lugar fuera de Tuscaloosa justo ahora. Demonios, había tenido que rogar insistentemente al Dr. Lund para que me permitiera venir aquí durante unos días. Y además, Shisui no me había mencionado que iría con él. Después de tener una vida normal durante las últimas ocho semanas, después de años de agitación, no estaba segura de que quisiera llevar a su novia anoréxica de viaje. Solo era mucha presión para él.
—Solo vamos a disfrutar el día, cariño. Podemos ver como resultan las cosas más adelante en el camino.
Los ojos de Izuna se llenan con preocupación, pero no dura mucho cuando Shisui reaparece, agarrando su nueva camiseta de los Niners.
Su expresión es de completa incredulidad, pero sé que lo hará... Y estaba malditamente segura de que su madre también estaba viendo esto, bailando de felicidad una vez más. Sonriendo con orgullo hacia el hombre en el que se había convertido su hijo.
Sasuke se pone de pie y apretando a Sakura en su costado, dice:
—¿Vamos a salir a celebrarlo?
Shisui me mira, sé que está comprobando si me siento lo suficientemente fuerte para ir. Asiento:
—Puedo manejar un par de horas más.
La sonrisa de respuesta de Shisui casi me derriba.
Mi niño roto del parque de caravanas está recomponiéndose lentamente otra vez... tomando mi corazón y alma en el viaje.
.
.
.
—¿Te sientes bien, Pix? —dice Shisui mientras entramos a nuestra habitación de hotel más tarde esa noche, estirándose y tomando mi mano en la suya.
Sonriendo, asiento y trago mi aprensión. Shisui y yo hemos pasado todos los días juntos en el último par de meses, pero aun temíamos hacer el amor otra vez. Fue a cada reunión que tuve, se quedó conmigo en el hospital, junto con Izuna, hasta que me dieron el alta y me enviaron a casa con mis padres, donde apareció cada día y solo se quedaba a mi lado, amándome.
Hacía dos semanas, que hablé con mis padres para pedirles que me dejaran volver a mi casa en la hermandad, pero esta era la primera vez que estábamos realmente solos.
Presionando un beso en la parte posterior de mi mano, Shisui me deja ir y comienza dirigirse hacia el baño, quitándose la chaqueta mientras lo hacía.
Lucia tan hermoso vestido, todo elegante con su traje negro, su cabello oscuro y coloridos tatuajes luciendo pecaminosos contra el corte caro de la tela.
Shisui mira hacia atrás, con su stidda luciendo menos grave en su mejilla.
—Solo voy a darme una ducha. Volveré pronto.
Tan pronto como la puerta del baño se cierra, camino lentamente hacia el espejo y, manteniendo mis ojos bajos, cuento hasta tres.
Uno... dos... tres...
Abriendo mis ojos, miro a la chica frente a mí y suelto una larga y profunda exhalación. Miro su cabello rubio, engrosándose lentamente después de la gran pérdida que había causado su recaída. Sus ojos verdes azulados estaban delineados de negro y sus labios pintados con un rojo oscuro y profundo.
«Nunca adelgazaras, Temari. Nunca lo harás. Nunca seremos lo suficientemente buenas para él, nunca seremos lo suficientemente hermosas».
Apretando mis ojos cerrados, dejé que la voz continúe hablando. Luego los abrí otra vez, miré el reflejo y susurro:
—Sí, lo eres. Eres hermosa pare él. No te rechazará. Eres hermosa, y punto.
La voz cae en mi subconsciente, y de repente siento calor en mi espalda y el olor de la lluvia llena mi nariz. Mirando en el reflejo detrás de mí, Shisui está allí, solo en bóxer, luciendo más allá de perfecto y oscuro, solo había adoración en sus ojos, y mis miedos desaparecen.
Shisui levantó su mano y desliza su dedo por mi mejilla, acariciando el hueco de mi mejilla, y besa lo largo de mi piel caliente.
Cerrando mis ojos, llego a la parte trasera de su muslo y lo acerco, sintiendo su dureza justo contra mí.
—Shisui... —susurro y siento una piscina de calor en mi núcleo.
—Pix... —dice con voz ronca, y me giro en sus brazos. Mi palma plana en su pecho, me levanto en las puntas de pies y beso suavemente el tatuaje de la paloma blanca en la parte inferior de su garganta.
Agarrando mi nuca, Shisui rueda sus caderas y gime:
—Joder... Pix... Te necesito...
Retrocediendo, tomo la mano de Shisui y lo llevo hasta la enorme cama. Shisui me está mirando confundido, le hago un gesto para que se siente en el borde.
Haciendo como le pido, Shisui se sienta a un lado de la cama, y paso mi mano por su cabello, sus ojos ruedan hacia atrás por mi tacto. Su reacción me llena de determinación.
Cuando se mueve para sostener mi cintura, yo me alejo, Shisui inclina su cabeza.
—¿Pix? ¿Qué pasa?
Incapaz de hablar con la intensidad de lo que estoy a punto de hacer, sacudo la cabeza y alcanzo el cierre en mi espalda de mí vestido. Los ojos de Shisui se agrandan, y mi mirada no deja la suya.
Bajando el cierre, cierro mis ojos y con una respiración profunda, dejo que la tela negra caiga en el suelo. Atrapo a Shisui respirando dolorosamente, y mientras abro mis ojos otra vez, está apretando las sabanas en sus puños, mirando fijamente mi sostén y bragas como si no pudiera resistir, su dura longitud abultando en la tela de su bóxer.
Subiendo mis manos hasta el cierre frontal de mi sostén, mi corazón golpea en mi pecho, lentamente libero mis pechos y dejo caer el sostén al suelo. Sintiéndome pequeña y débil, casi vacilo en mi acción, hasta que un gemido frustrado escapa de los labios de Shisui mientras recorre con hambre mi cuerpo casi desnudo.
Inhalo una respiración afilada.
No le estoy dando asco... lo estoy excitando...
Las manos me tiemblan con la importancia del momento, engancho mis pulgares en los lados de mis bragas negras y las empujo hacia abajo por mis piernas.
Mientras me enderezo, miro a Shisui directamente a los ojos, y las lágrimas llenan su oscura mirada italiana.
—Pix... —susurra, estirándose por mi mano, tirando de mí a su pecho y pasa sus manos por mi pecho y estomago—. Eres tan jodidamente hermosa —dice con voz ronca—. Tú, así... perfecta...
La perfección... la meta que siempre me esforcé en lograr.
Casi derritiéndome en el interior por sus palabras honestas, respondo:
—Soy hermosa... contigo...
Y entonces me doy cuenta: ya no tengo miedo con Shisui. No tengo miedo de desnudar mis miedos, todos mis secretos... mi alma... a mí misma.
De pronto, envolviendo sus manos alrededor de mi cuello, Shisui tira hacia debajo de mí sobre él y estrella su boca con la mía.
Estaba perdida en su toque.
Mis manos se aferran a los mechones desordenados de su cabello, y su lengua empuja entre las comisuras de mi boca, en duelo con la mía como si quisiera meterme en mi piel.
Separándome de su boca, uso las manos en el colchón para arrastrarme lentamente por su cuerpo, besando la piel caliente de su estómago, sus músculos teniendo espasmos y tensándose debajo.
—Pix... Cristo, eso se siente bien... —murmura y se apodera de mi pelo.
Al llegar a la cinturilla de su bóxer, hundo mis dedos en ellos y los deslizo por sus muslos y fuera de sus tobillos, deshaciéndome de ellos en el suelo con mi ropa.
Estamos piel contra piel, y ambos nos detenemos, asimilando lo que esto significa. He conquistado mi mayor temor. Estoy desnuda ante Shisui. Finalmente soy completamente yo misma, con Shisui.
Es perfecto.
Haciéndome rodar sobre mi espalda, Shisui abre mis piernas y se apoya en mi entrada. Su lengua lame a lo largo de la ardiente piel de mi garganta y sus dedos recorren mi torso, todo el camino hasta que rozan mi núcleo. Los escalofríos atormentan mi cuerpo cuando Shisui deja un rastro húmedo de besos sobre mis pechos, por mi estómago, y a través de mis caderas. Con sus manos apretadas en la parte interior de los muslos, y, mirándome, Shisui empuja mis piernas y mueve su cuerpo hacia abajo en la cama hasta que su boca se cierne en el vértice de mis muslos.
—Cariño, tengo que probarte. He estado queriendo lamerte durante demasiado tiempo.
Tragándome de nuevo mis nervios, Shisui agacha la cabeza y su lengua recorre mis pliegues lentamente. Mi cabeza se echa hacia atrás y un largo gemido escapa de mis labios cuando Shisui rodea y me chupa con sus labios y lengua caliente.
Instintivamente, mis caderas se agitan contra su boca, y me siento como si estuviera flotando en el aire, alcanzando un cielo que nunca había tocado antes.
—Joder, Pix, que sabor tan bueno. Malditamente bueno —Shisui murmura contra mi carne, y el calor quema mi piel.
—¡Shisui! —grito cuando inserta su dedo dentro de mí, presionando contra ese lugar perfecto dentro de mi canal. La sensación de caer me inunda y, cuando Shisui aumenta la velocidad de su lengua, me corro contra de su boca, Shisui gime acariciando su longitud, mientras lo hace.
Levantando la cabeza, los ojos de Shisui están determinados mientras se alza sobre mi sonrojado y su cuerpo desnudo saciado. Mientras se posa a lo largo de mi humedad, tensándome. Shisui inmediatamente lo hace también.
—¿Pix? —pregunta con voz tensa.
Me tomó la cara con las manos.
—Quiero... —Tomo una respiración fortificante—. Quiero estar... en la parte superior. Tengo que tomar las riendas de esta noche...
Los ojos de Shisui se abren y lo veo tragar.
—¿Segura?
Asintiendo, levanto mi pecho, y Shisui nos acomoda, por lo que estoy a horcajadas sobre él entre sus muslos.
—¿Condón? —le pregunto con valentía, pero sé que mi cara está ardiendo con mi rubor.
—En el cajón de arriba —responde, e inclinándome, saco un paquete de papel dorado y lo abro con los dientes.
Shisui toma el condón de mis manos, y observo como lo hace rodar por su longitud.
Acariciando mis pantorrillas, se detiene cuando se posan en mis muslos.
—¿Estás lista, Pix? —pregunta, y sus ojos están de repente preocupados.
Inclinándome hacia adelante, encuentro sus labios con los míos, degustándome a mí misma en su lengua, y bajando mi cuerpo, tomo su longitud en la mano y lo guio en mi interior.
Al empujar su dureza dentro de mí hasta la empuñadura, Shisui rompe el beso con un jadeo, con sus manos firmes casi dejando marcas en mis muslos.
Sentándome, chillo cuando Shisui se empuja dentro de mí, haciéndome sentir tan increíblemente llena, pero no lo suficiente. Quería ser poseída por él, consumida por él, y cuando bajo la mirada a sus ojos italianos, puedo sentir esa necesidad en él también.
Aquietando mis caderas, el cuello de Shisui se tensa y su pulgar acaricia con dulzura en mi muslo.
—¿Qué pasa, nena?
Tomando un suspiro tembloroso, me agarra de sus manos y las sostengo delante de mí.
—Quiero que me toques.
Frunciendo el ceño, Shisui me pregunta:
—¿Dónde, Pix? ¿Dónde te toco? Sólo dime... sólo dime dónde.
Cuando mis manos empiezan a temblar por los nervios, Shisui muerde la esquina de su labio inferior, y yo con cautela guio sus manos alrededor de mi espalda.
Shisui se congela y trata de retroceder.
—Pix, no. No. No tengo que tocarte allí. Está bien. No quiero activar tu detonante.
Mi corazón da un vuelco ante su consideración, y respondo:
—Quiero que me toques ahí. Quiero ser tuya, y quiero que seas mío en todos los sentidos, sin obstáculos en nuestro camino. —Bajo los párpados con vergüenza y susurro—: Es el último de mis muros... y... y...
Los dedos de Shisui se enroscan con los míos, y dice:
—¿Qué, Pix?
—Quiero que seas el que finalmente quiebre ese detonante. Todo esto comenzó con el rechazo de un chico que me gustaba... Y quiero que termine con la aceptación del chico al que amo.
Sus fosas nasales se abren y asiente de acuerdo.
Manteniendo la mirada fija en la mía, guio sus manos a mi espalda y, cerrando los ojos, los aplano sobre mi piel.
En un primer momento, las palmas de Shisui se sentían como planchas de hierro, y no podía respirar... ¡No puedo respirar! ¡Está sucediendo otra vez! Yo... yo...
—Shhh, Pix. Está bien —Shisui me tranquiliza y comienza a mover sus manos arriba y abajo de mi espalda con un movimiento lento y rítmico. Me concentro en el movimiento de sus manos, y, minutos más tarde, mi respiración se ha calmado y mis ojos se abren de golpe.
Está tocando mi espalda... Está tocando mi espalda.
—Shisui... —murmuro mientras las lágrimas caen de mis ojos.
Levantando su torso, nuestros estómagos ahora carne con carne, Shisui aplasta sus labios con los míos, y comienza a mecerme sobre él.
El calor se construye entre nuestros cuerpos, nos movemos más rápido, y con cada caricia de la mano de Shisui en mi espalda, me siento profundamente enamorada, disfrutando de la confianza total que se está edificando, junto con nuestra liberación cuando agarro su pelo oscuro y desordenado.
Jadeando, Shisui se separa de mis labios y deja escapar un largo gemido, interminable.
—Pix... me voy a correr. Voy a correrme con fuerza, cariño.
Jadeando sin aliento, me agarré fuerte al pelo de Shisui y presioné mí frente a la suya.
—Yo también... Voy a... ah... Shisui... Ya voy... Dios... estoy...
Cerrando mis ojos, las luces explotan, y siento a Shisui tensarse, con sus uñas clavándose en mi espalda, y gime con fuerza en mi cuello.
Aún unidos, nuestros cuerpos ahora resbaladizos por el sudor, nos aferramos juntos mientras bajamos de nuestro mutuo éxtasis... desde el momento en que nuestras vidas cambian... de desnudar nuestras almas... de romper mi detonante finalmente.
El aliento caliente de Shisui resuella contra mi cuello, y cuando levantó la vista, veo el amor puro brillando a través de ellos.
—Ti amo —susurra, sus pestañas largas como la tinta húmeda por la emoción—. Ti amo, Pix.
Acariciando su mejilla, le contesto:
—Ti amo. Ti amo tantissimo.
La sonrisa al responderle a Shisui podría haber opacado al sol por ser tan brillante.
—¿Puoi Parlare Italiano, Pix? —¿Puedes hablar italiano? dice Shisui entre besos en mi cuello.
—Ci sto provando. —Estoy tratando, le digo a cambio.
Soltando una carcajada y pasando sus labios sobre la mis pechos, Shisui se retira, enroscando mi mano con la suya, me dice:
—Ven conmigo a San Francisco. Ven conmigo y Izu. Sé nuestra familia.
Golpeando mi mano libre en mi pecho, comienzo a sacudir la cabeza.
—No quieres eso, Shisui. Todavía me estoy recuperando de esta enfermedad, y no necesitas distraerte conmigo cuando intentas abriste camino en el mundo.
—Te necesito —dice con severidad—. Te necesito tanto. Y podría estar allí para ti... para ayudarte.
—¿Qué... pasa si recaigo de nuevo? Sería demasiado...
—Entonces estaré allí para ayudarte a atravesar eso. No quiero jugar fútbol en California si no te tengo. Te necesito... Te necesito jodidamente mucho. Me salvaste de mí mismo... y salvaste a Izu también.
Sonrío ante el repentino destello de un recuerdo.
—¿Qué? —preguntó Shisui, sonriendo también.
—Esa noche, en el parque de caravana cuando tu madre quiso hablar conmigo, me dijo algo similar.
Asimilando la profundidad de la mención de su madre, Shisui susurra:
—¿Lo hizo?
Asentí y poniendo mi mano en su mejilla y le digo:
—Me dijo que solía pensar que serías tú quien salvarías a tu familia, con el fútbol. Pero después de conocerme, supo que sería yo quien te salvaría a ti.
Shisui trata de apartar las lágrimas parpadeando, pero una se le escapa y corre por su mejilla abajo.
—Dijo que mi alma igualaba la tuya.
—Tenía razón, Pix. —Levanta la mirada rápidamente como rezando silenciosamente antes de fijar su atención en mí—. Así qué, ¿qué dices? Te mudarás conmigo. Te juro que nunca te dejaré caer de nuevo.
—Está bien —le digo con una sonrisa feliz—. Me iré a vivir contigo.
Al presionar su frente a la mía, Shisui suspira y dice:
—Maldición si.
