Capítulo 31
SHISUI
Florencia, Italia
Un año después...
—¿È tua moglie quella?
¿Es tu esposa? La anciana de la pasticceria me pregunta cuando estoy parado en el mostrador pagando la cuenta.
Observo a Temari mirando a las gente de Firenze entrando a la Piazza della Signoria con una sonrisa en su rostro. Mi pecho se encoge ante la vista. Su dulce rostro curtido por el fuerte sol de invierno de la Toscana, sus labios de un color rosa oscuro debido al lápiz labial ridículamente caro que constantemente lleva, y sus hermosos ojos verdes azulados pálidos abiertos ampliamente con intriga. Ama Italia. Diablos, ama la vida de nuevo.
Mi pequeño duendecillo emo que ya no es tan emo. El cabello de Tema todavía es corto hasta la barbilla, se negó a desprenderse de esa parte, pero ya no llevaba los colores oscuros como armadura, ya no se embadurna con maquillaje blanco y delineador kohl para ocultar lo que encontraba repulsivo, de ella misma.
Observo como un chico tras otro la mira descaradamente cuando pasan por su mesa Típico, malditos italianos, pienso apreciando su pequeña pero llena figura, mostrada por su vestido corto y rojo de verano. Extraño, pero no me molesta mucho. Me encantaba verla así, libre de sus demonios por un tiempo, tomando de nuevo el control día a día. Todavía tiene sus momentos, días de tropiezo, pero siempre estoy ahí, para traerla de regreso, y ella siempre está para mí, cuando mi jodido pasado juega con mi mente.
La anciana se aclara la garganta, con una sonrisa entrañable en su rostro. Agachando la cabeza con vergüenza al ser descubierto mirándola fijamente, sonrío y respondo:
—No, é la mia fidenzata.
No, es mi prometida.
La anciana sonríe ampliamente y pone su mano en el pecho, mirando por encima de mi hombro a Tema.
—Ah, giovane amore.
Amor joven.
Una mano suave se posa en mi hombro.
—È preziosa, tesoro. Proteggi il suo cuore.
Es Hermosa, querido. Protege su corazón.
Asiento, acariciando los consejos de la mujer, y respondo:
—Sempre. Sempre. È l'amore della mia vita. —Siempre, siempre. Es el amor de mi vida.
Camino de vuelta con Tema al otro lado de la repleta terraza al aire libre y pongo mi mano en su nuca. Unos grandes y bellos ojos me miran, y me sonríe.
Todavía me robaba el aliento.
—¿Estas lista, Pix? —le pregunto y le tiendo la mano para que la tome. Tema cubre mi mano con la suya, y me inclino para darle un beso a su anillo de compromiso, un diamante negro de cuatro quilates engarzado en oro negro de dieciocho quilates, nada mejor para mi chica gótica. No era muy grande, ni demasiado lujoso, pero con encajes a los bordes y es completamente ella.
Sonrojada, se levanta y envuelve sus brazos alrededor de mi cuello. Su rostro está repentinamente serio.
—Estoy lista, cariño. ¿Seguro que tú lo estás?
Inhalo profundamente, le doy un beso en los labios a Tema, retirándola solo para decirle:
—Lo estoy.
Caminamos de regreso a nuestra villa privada en una impresionante colina en una aldea apartada, me aferro a la mano de Tema como si pudiera darme coraje. No responde nada. Sabe que hoy iba a ser un día difícil para mí, o Izuna, pero siempre es mi apoyo silencioso. Diablos, ¿ha sido así todo el tiempo, o no? Manteniendo mis secretos, manteniendo los suyos.
Tema se ha mudado conmigo a San Francisco. Y en el último año, juntos hemos abierto un centro de tratamiento para jóvenes con trastornos alimenticios. Lo llamé «La sonrisa de Daisy», y estaba malditamente orgulloso de ella. Ayudaba a los demás, a pesar de que todavía estaba recuperándose a sí misma.
No podía esperar para casarme con ella, tenerla como mi esposa, pero acordamos que el día llegaría cuando se sintiera completamente cómoda de nuevo. Sentirse como ella misma de nuevo. La recuperación de Tems sería un proceso largo, y quería darle algún día la boda de sus sueños, no una nublada por sus inseguridades. Realmente no me importaba esperar. La veo como mi alma gemela, mi vida, independientemente de que un pedazo de papel nos diga lo que somos legalmente.
Diez minutos más tarde, después de un ritmo lento y constante, Tema y yo entrabamos a través de la puerta de la villa, Tema estaba sin aliento por el exceso de ejercicio. Todavía está débil, pero cada vez más fuerte con el tiempo.
Izuna inmediatamente nos recibe en la puerta, deseoso de que nos pusiéramos en marcha. El chico se veía bien en estos días. Se había arreglado. Su cabello negro, corto y con estilo, juntos con sus ojos negros y profundos con acento sureño, tenía a las chicas de California humedeciendo sus bragas por su trasero de Bama. Conseguimos eliminar su stidda también. Renaciendo de nuevo. No necesitaba las marcas de su pasado sobre él.
Desde que nos mudamos a San Francisco, tenía a Izuna en una buen instituto privado, una buena escuela de futbol y había obtenido calificaciones altas. Estaba centrado en el futbol, y tenía a casi todas las malditas universidades del país queriendo que jugara para ellos en un par de años —era el receptor con más talento que he visto nunca.
Por supuesto, Izuna quería jugar para los Tide, el equipo de casa, pero él no va a volver a Tuscaloosa. No puedo permitírselo. Se fue de la banda, y no va a acercarse al territorio de los Heighters nunca más.
Estaba condenadamente orgulloso del chico... Mamma también estaría orgullosa del hombre que se está convirtiendo.
—¿Ya nos vamos? —pregunta nervioso Izuna, y Tema deja mi mano y se mueve para darle un abrazo. Izuna envuelve sus desgarbados brazos y los aprieta alrededor de su espalda. Me doy cuenta de su sutil estremecimiento, pero era Izuna, quien la adoraba. Se había convertido en una especie de madre para él, asegurándose de que no estuviera nunca más perdiendo una figura parental en su vida.
Pix tenía un corazón de oro.
—Vas a estar bien, todo estará bien, cariño. Estamos aquí para ti —dice Tema mientras se echa hacía para atrás y le frota los brazos a Izuna.
—Lo sé, Tema. ¿Solo que va a ser raro, sabes? —Izuna se encoge de hombros y se mueve hacia adelante, lo tomo en mis brazos, tirándolo hacia atrás solo para poner mis manos en sus mejillas.
—Andrà tutto bene, fratellino mio. Te lo guiro.
Todo estará bien, hermanito. Te lo juro.
Tema camina hacia nuestro dormitorio, dándonos un momento de privacidad, y minutos más tarde, reaparece sosteniendo la pequeña urna dorada de manera protectora entre sus brazos.
Su pequeña sonrisa alentadora me dice que es el momento.
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.
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La Mamma me contó que creció en El Ponte Vecchio y que era su lugar más preciado en la tierra, el Puente del siglo trece que pasa por encima de la puerta superior de Fiume Arno, el rio Arno. Eso simbolizaba su casa, Firenze, sus raíces, y soñaba con mostrarnos toda su belleza algún día.
Nunca tuvo esa oportunidad.
Cuando la Mamma murió, esparcir sus cenizas en Alabama no pareció lo correcto. Este era su hogar; Italia fue su alma, su corazón. Y ya era hora de que regresara permanentemente.
Tema, Izuna, y yo caminamos lentamente a lo largo de Ponte Vecchio, con las manos de Tema sosteniendo las nuestras, nuestra roca en este momento tan intenso.
La simbólica atracción turística estaba desierta extrañamente en invierno pero hoy era un día soleado. Es como si Dios supiera lo que íbamos hacer y quisiera presentar sus respetos, dándonos un poco de intimidad para decir nuestro adiós final a su hija.
Pasamos por una hilera de casitas que se estaban al lado del viejo puente y me pregunté a cuál pertenecía a la familia de mamá. Su nonna vivió en una de las históricas casitas diminutas hasta su muerte algunos años atrás, y Mamma me dijo que no había lugar más bonito para crecer.
Miro hacia las casitas, el puente, con asombro y me imagino a mi Mamma corriendo aquí cuando era niña, jugando con sus amigos, cantando para los lugareños en su perfecto tono de soprano, con sus caderas bailando extendidas contra la brisa.
Ese pensamiento me da paz.
Cuando llegamos al punto central del puente, me inclino sobre el antiguo muro de piedra y miro hacia abajo, el flujo del agua corre debajo. Siento la mano de Tema en mi espalda baja.
Es el momento.
Retrocedo enderezándome, miro a Izuna y engancho mi brazo alrededor de su cuello. Los ojos de Izuna se encuentran con los míos. Sus ojos llenos de lágrimas, pero como un campeón, mi hermanito se mantuvo.
Desenganchando del todo mí brazo de Izuna, sostengo la pequeña urna con las dos manos, apenas notando a la gente de las casas que circula al vernos decir nuestro adiós.
Al acercarme a la pared, miro por encima de la ciudad medieval y siento una sensación de paz a través de mí. Esta ciudad es una parte de mi a través de. Il Duomo di Firenze, Palazzo Medici Riccardi, todo ello. Tengo la sangre de Bama corriendo por mis venas, y tengo el orgullo de pertenecer a la verde, blanca y roja también.
—¿Cariño? —Tema susurra y apoya su cabeza en mi hombro—. ¿Quieres decir algunas palabras? ¿Ya sabes, para la ocasión?
Agarrando la urna, apretándola más en mi mano, no puedo apartar los ojos del dorado que refleja el sol. Giro la cabeza hacia un lado, presiono un beso en la cabeza de mi prometida, respiro su dulce aroma y lo utilizo para recuperar las fuerzas.
Respirando profundamente, me quedo mirando la urna, con mis nudillos blancos alrededor de ella, hablo directamente de mi corazón.
—Mamma, sabía que este día llegaría pronto. Durante un año he planeado esto, trabajo duro para que te sientas orgullosa... —miro a Izuna, que había colocado un brazo alrededor de mi espalda, agarrando a Tema con fuerza con su otra mano, lo miré a los ojos—. Y también Izuna.
Mi garganta se obstruye, pero me la aclaro tosiendo y me las arreglo para seguir adelante.
—Ha pasado un largo tiempo desde que nos dejaste, Mamma. He hecho tu sueño realidad y ahora soy de los San Francisco 49er. Soy bueno, Mamma. Realmente bueno. Llegamos a la Superbowl este año, pero perdimos contra los Seahawks. Contra Sasuke, Mamma. Hubiera querido que nos hubieras visto a ambos en el partido.
Dejo escapar una pequeña sonrisa al recordar, a Sasuke palmeándome en la espalda y diciéndome: «El próximo año».
—Izuna está en una buena escuela y está trabajando duro en ella, y Itachi.
Mis manos comienzan a temblar al pensar en Itachi. Todavía estaba dentro, después de haber cumplido un año de su condena de diez por distribución de drogas de clase A. lo visito cuando puedo y le hice una promesa, cuando él esté fuera, se mudará con nosotros.
Nueve años.
Nueve años hasta que salga y comience su nueva vida.
—Ita, también lo está haciendo bien. Está manteniéndose discreto y alejado de los problemas ahí dentro. Y está estudiando. Mamá. Itachi va a graduarse en empresariales. ¿Puedes creerlo? Va a conseguir ser alguien, eso es seguro. Va a hacerte sentir muy orgullosa también.
Mis ojos se llenan de lágrimas cuando una brisa fresca nos envuelve. Parece como si la Mamma me estuviera oyendo, y me encuentro con la jodida realidad de lo difícil que es dejarla ir.
—¿Cariño? Lo estás haciendo muy bien. Ti amo —susurra Tema y de alguna manera encentro las fuerzas para seguir adelante.
—Fuiste engañada en esta vida, Mamma. Tenías un corazón de oro y recibiste una vida difícil. Pero nunca te quejaste. Hacías lo mejor de lo poco que tenías y solo amabas a tus muchachos con más amor de lo que nadie fuera posible soñar. Sabías que Bama nunca fue tu casa, Mamma, y que siempre quisiste volver aquí, volver corriendo entre los cipreses, cantar en el centro del escenario del Teatro di Verona, y repartiendo el pan con su familia. Pero Dios tenía otros planes para ti. Sabía que habías dado demasiado, demasiado joven y quería que tomarás tú lugar con él en el paraíso. Pero de una típica manera, antes de que te fueras, te aseguraste de que estaríamos bien, que íbamos a estar bien, que iba a estar bien. Reconociste mi milagro cuando estaba demasiado ciego para verlo por mí mismo.
Oigo una aspiración a mi lado y miro hacia abajo para ver a mi hermosa prometida, su corazón se rompe pero todavía me alentaba, con una enorme sonrisa.
Cristo, la amo.
Levanto la cabeza hacia el vasto cielo azul sin nubes, me imaginé a la Mamma mirando abajo hacia a nosotros en paz ahora que los chicos Ōtsutsuki lo están haciendo bien, con Tema a mi lado. Todos estamos fuera de problemas, haciendo las cosas bien.
—Cada día que viva, voy a tratar de hacer que te sientas orgullosa. Has estado sola sin ningún hombre que cuidara de ti, pero me enseñaste lo que era ser fuerte, lo que era ser un hombre. Amo a Pix con todo lo que soy, y un día si tenemos niños, los amaré tanto como nos has amado tú.
Esta vez, no puedo contener las lágrimas, y el agua salada comienza a correr por mis ojos y mejillas.
—Que duermas bien, Mamma. Espero que estés cantando allí con una sonrisa en tu rostro.
Dejando escapar un sollozo, Izuna se acurruca en mi pecho y sacude con intensidad su dolor. Tema toma la urna de mis manos para que pueda envolver a mi hermano en mis brazos.
—Shhh, Izu. Todo estará bien.
La mano de Izuna agarra la parte posterior de mi camisa mientras se libera de la pena de todo el año:
—La extraño, Shisui. Maldita sea la extraño demasiado. No puedo hacer esto.
—Lo sé, Izu. Lo sé.
Dejo que se desahogue y miro a Tema, que está luchando con todas las emociones. La agarro de un brazo, y la envuelvo, uniéndose a nosotros, los tres recordando a una de las mujeres más grandes que ha existido.
Cuando Izuna se calma, lo tomo de sus brazos y lo miro a los ojos.
—¿Vas a decir algo, chico? A la Mamma le hubiera gustado que lo hicieras.
Los ojos de Izuna van hacia los de Tema en busca de apoyo, y ella le aprieta el brazo.
—Puedes hacerlo cariño. Estamos aquí contigo.
Izuna asiente y toma la urna, la mira fijamente con tristeza, pero logra enderezar sus hombros. Casi me rompo al verlo tan fuerte.
—¿Shisui? —pregunta Izuna.
Pongo una mano en su espalda y levanto la barbilla.
—¿Si?
—¿Crees que puedo decir una oración en su lugar? Te... tengo una que creo le podría gustar.
Mi pecho se aprieta, y siento a Tema tomar mi mano y apretarla como apoyo.
—Claro que sí, Izu. A la Mamma le hubiera encantado esto.
Izuna se mueve a la derecha de la pared y equilibra la urna sobre la antigua piedra. Inclina la cabeza y oigo a Tema jadear cuando los lugareños alrededor de nosotros hacen lo mismo, presentan sus respetos a una mujer que nunca conocieron.
"L'eterno riposo, dona a loro, o Signore,
e splenda ad essi la luce perpetua,
possano le anime dei fedeli defunti,
Attraverso il ricordo di Dio, risposare in pace,
Amen."
Izuna habla en perfecto italiano, la oración suena más como una canción en sus labios.
Los deseos de Dio ti benedica de la gente local, Dios los bendiga, se hace un eco a nuestro alrededor, y Tema se acerca un poco más.
—¿Eso fue hermoso, pero que fue lo que dijo?
Poniendo mi boca en su oído, susurro:
"Concédeles el eterno descanso, Oh Señor.
Y que la luz perpetua brille sobre ellos.
Que las almas de los fieles difuntos,
a través de la memoria de Dios, descansen en paz,
Amen".
—Oh, Shisui. Es hermoso —dice Tema mientras mete la cabeza en mi pecho y derrama sus lágrimas por la mujer que conoció tan brevemente, pero que amaba tanto...
Coloca un beso en la cabeza de Izuna, presiono mi frente contra la suya y cierro los ojos. No hay palabras que decir. Sé que estoy orgulloso de él...
Tomo la urna dorada, desenrosco la tapa y como una unidad, todos nos movemos hasta el borde de la pared para finalmente liberarla.
Miro a Tema, y digo:
—Ti amo tantissimo.
Ella pone un beso en mi brazo.
—Te amo, también, cariño.
Echando un vistazo a Izuna, asiento, asegurándome de que está listo. Reuniendo un poco de coraje de muy adentro, mi pequeño hermano de quince años, asiente como respuesta. Está listo.
Otra ráfaga de viento se filtra a través del puente cerrado, y cierro los ojos y suspiro feliz.
Sé que estas aquí, Mamma. Te siento con nosotros.
Al abrir mis ojos, me inclino hacia adelante, y al contar hasta tres, dejo caer las cenizas de mamá al rio.
Cuando la urna está vacía, la dejo caer en las profundidades del Arno y contengo la respiración viendo como Mikoto Ōtsutsuki baila libremente en la brisa.
Exhalando suavemente, sintiendo el amor de Izuna y Tema a mi lado, susurro:
—Benvenuta a casa, Mamma. Benvenuta a casa.
Bienvenida a casa, mamá, bienvenida a casa.
