¡Saludos!

Estoy realmente emocionado por lo que he logrado ver del Steven Bomb.

Y estoy muy feliz por ver que mi historia ha sido bien recibida aquí, o por lo menos eso es lo que parece. Espero no equivocarme.

Disfruté haciendo este capítulo y espero que también disfruten leyéndolo.

Steven Universe, al igual que todos los personajes que conforman la serie, no me pertenecen sino a Rebecca Sugar y Cartoon Network.

Capítulo II, Accidentes

- ¿Quién es él? – preguntó Peridot con curiosidad a Lapislázuli.

- ¿Cómo lo voy a saber? – cuestionó ella algo molesta.

La luz de la luna era lo único que podía dibujar las siluetas de las gemas que llevaban arrastrando al humano adentro del granero. Mientras discutían no dejaban de mirar hacia el frente, pensando que tal vez se encontraban en un predicamento pero para solucionarlo no era necesario entablar mayor contacto que ese. Por un lado, Peridot creía que podría molestar a Lapis si ella notaba que intentaba acercarse a ella en una situación como aquella. Por el otro, Lapis no se sentía en condiciones de comportarse amistosamente después de herir a aquel humano.

- Bueno, considerando que lo atacaste sin dudarlo ni un instante, y aparentemente lo eliminaste, se podría suponer que lo conoces. De no ser así, ¿por qué otra razón lo hiciste? – razonó la cansada gema verde justo antes de dejar caer la pierna del humano que ella sujetaba.

- Lo hice porque pensé que otra cosa, alguien más… - respondió su compañera de cabello azul, soltando de igual forma la respectiva pierna que cargaba. Si la situación no era ya lo suficientemente extraña, mencionar a Jasper tampoco la mejoraría en nada -Cuándo te vi parecías asustada- continuó ella ahora mirando a la pequeña gema verde. Sabía que a ella le incomodaba que la miraran fijamente, pero lo hizo para distraerla un poco y dejara de cuestionarla.

- ¡No estaba asustada! – grito Peridot, un poco sonrojada al percibir la mirada de Lapis. - Simplemente consideré la posibilidad de que se tratara de…- y el silencio las rodeo mientras ella desviaba la mirada a otro lado. Desconocía cuál sería la reacción de Lapis con la simple mención de Jasper. Era suficiente con el problema actual del humano como para empeorar las cosas esa misma noche - ¡un oso! – terminó Peridot con la voz algo temblorosa, intentando sonar lo más convincente posible.

- Como sea – decía la gema de cabello azul mientras dirigía su mirada al humano. Ahora que estaba más calmada pensaba que solamente existía una forma de solucionar eso. – Iré por Steven, él sabrá qué hacer – viendo directamente a la pequeña gema verde a los ojos.

La gema de cabello azul extendió sus alas y empezaba a caminar hacia la entrada del granero cuando escucho a la gema verde gritar detrás de ella.

- ¡Espera Lazuli! No creo que sea una buena idea – dijo Peridot antes de dar un paso hacia donde se encontraba Lapis. - ¿Qué le dirás exactamente? Espero que no sea algo como: "Querido Steven, creo que herí, o tal vez maté, a alguien de tu misma especie. ¿Podrías ayudarme con eso?"- terminó Peridot con una voz chillona, tratando de imitar la voz de su compañera de cabello azul.

- Yo no habló así – dijo algo molesta Lapis. ¿qué le hacía creer a Peridot que podía burlarse de ella de esa forma? – Además, él es una gema como nosotras – poniéndose de frente a ella, aún con sus alas extendidas. Ambas estaban a un lado del humano, con la mirada en los ojos de la otra.

- Para tu información es un híbrido – dijo desafiante la gema verde, intentando demostrar que ella sabía más cosas que su compañera de cabello azul. -Pero ese no es el punto. No puedes ir a su casa y decirle que por tu culpa tenemos a un humano inmóvil en el granero el primer día que nos dejaron completamente solas- sentenció ella, pero lo que realmente pensaba era que tal vez las Gemas de Cristal simplemente las habían dejado ahí, esperando que cometieran un error como ese para eliminarlas y encerrarlas en una burbuja para siempre.

Ese último pensamiento la hizo retroceder un par de pasos y dirigir su mirada al humano que permanecía en su misma posición. Le parecía un ser curioso con su camisa verde que cubría su torso y unos pantalones, o así le había indicado Steven que se llamaban, azules que le llegaban hasta las rodillas. Aunque la pálida luz de la luna no era muy intensa, fue suficiente para que la gema verde logrará ver el tono café claro de la piel y el cabello negro alborotado, posiblemente consecuencia del golpe y ser arrastrado, de aquel humano. Estaba a punto de rendirse y dejar que su compañera de cabello azul fuera por su amigo híbrido cuando un pequeño reflejo la hizo mirar la cara del humano. Poseía unos visores bastante compactos y aparentemente frágiles enfrente de sus ojos, los cuales le hicieron pensar que todo esto había sido culpa de esas cosas que habían atraído la atención de ella en primer lugar.

La mirada fija de Peridot hizo que Lapis volteara a ver al humano. Al igual que su compañera, Lapis se concentró en los cristales que tenía él enfrente de sus ojos, recordando todo antes del accidente, pero Lapis siguió examinando al humano hasta ver que en una de sus manos había un objeto en una de ellas, una especie de cilindro color negro que tenía pegado a un extremo una caja rectangular del mismo color y un cristal en su otro extremo.

Al estar a su alcance, Lapislázuli se acercó un poco y levantó el objeto con ambas manos, observándolo con extrema curiosidad.

- ¿Qué es eso? – cuestionó la gema verde. '¿Cómo no me fijé en eso antes?' pensaba mientras veía el objeto con el mismo interés que la gema de cabello azul. - ¿Qué crees que haces? ¿Qué tal si es un arma? – continuó preguntando la curiosa gema verde, acercándose un poco a su compañera. La verdad era que ella también quería ver aquel objeto de cerca.

- Si lo fuera se hubiera defendido con esto– respondió Lapis sin despegar los ojos del objeto.

- Bueno, sea un arma o no, deberías entregármelo a mí inmediatamente, y así podré averiguar el propósito de esa cosa – sentenció Peridot estirando el brazo hacia Lapis, esperando que con lo que acaba de decir y su gesto fueran suficientes para convencerla de entregarle el artefacto.

- Mmmmm, no. Creo que me lo quedaré – replicó la gema de cabello azul con un tono juguetón. Estaba demasiado distraída para notar que estaba realmente platicando con su pequeña compañera verde.

Sus ojos recorrieron cada centímetro de aquel artefacto. Aunque no podía ver muy bien con la luz de la luna logró observar que en uno de los lados de la caja había algo escrito. Tuvo que colocar el artefacto de tal forma que el cristal del cilindro terminó apuntando a Peridot y la caja estaba del lado de Lapis a la altura de sus ojos, donde pudo finalmente leer lo que tenía escrito. "¿Steven? ¿Esto le pertenece a él?" pensó Lapis, y una ligera ola de ira recorrió su cuerpo al mismo tiempo que se sentía aliviada. Si aquel humano le había robado aquel objeto a su amigo entonces ella ya no se sentía culpable por haberle hecho daño.

Este pensamiento hizo que sus músculos se tensaran un poco y uno de sus dedos oprimió uno de los botones de la caja, el que estaba cerca del cilindro. Entonces emanaron un par de sonidos del artefacto y las dos gemas escucharon un "clac". La parte trasera de la caja de repente se iluminó y Lapis pudo observar a la pequeña gema verde dentro de ésta.

La atónita gema azul borró toda expresión de su rostró y simplemente miró la caja hasta que desapareció aquella imagen y en su lugar estaban letras y números blancos en un fondo negro. La pequeña gema verde la estaba observando con extrañeza.

- ¿Lázuli? – preguntó Peridot al notar que la gema de cabello azul parecía estar en un trance. ¿Qué tal si aquel objeto era una especie de máquina hipnótica y había esclavizado a su pobre compañera? Aunque el temor recorría su cuerpo por completo, Peridot dio un paso hacia Lapis, dispuesta a ayudarla de alguna forma.

El sonido del artefacto chocando contra el piso hizo que Peridot se detuviera. Lapis lo había soltado y ahora caminaba lentamente a la entrada del granero. Al estar afuera comenzó a volar sin un rumbo fijo, simplemente trataba de alejarse lo más rápido y lo más lejos posible de ese lugar.

"¿Por qué se aleja de esa forma?" pensaba la pequeña gema verde al acercarse a la entrada del granero. Ya no podía ver a Lapis y el sentimiento de soledad la invadió de nuevo. ¿Qué había pasado? Todo fue tan rápido que la confundida gema no entendía lo que había sucedido.

Decidida a ayudar a su compañera, Peridot regresó por el artefacto que parecía ser la fuente de aquel comportamiento extraño de Lapis, pero al tenerlo en sus manos se dio cuenta que el humano se empezaba a mover lentamente. Mientras él se levantaba la temerosa gema verde repasaba rápidamente sus opciones; aunque saber que el humano no había muerto la aliviaba un poco, tampoco lo conocía y al ser la única en ese lugar, él le atribuiría el ataque anterior a ella, lo cual podría ponerla en peligro; no conocía todas las capacidades y limitaciones de lo humanos y, por lo tanto, no sabía si realmente estaba en peligro; y la más importante, para ella, cómo podría ayudar a Lapis si ahora tenía que lidiar con aquel humano.

El humano poco a poco fue levantándose, apoyándose con ambas manos para recobrar el equilibrio. Era mucho más alto que Peridot, incluso más alto que Lapis, y su sombra llenó de temor a la gema verde que ahora no podía moverse de su lugar, justo a un lado de él. Mientras se levantaba ella pudo oír la voz algo grave pero un poco suave del humano que decía:

- ¿Qué rayos fue eso? ¿Por qué me atacó? – dijo el humano al estar totalmente de pie y se llevó una de sus manos a la cabeza. -Bueno, por lo menos tengo buenas fo…- se detuvo y vio que ambas manos no tenían nada. - ¡Dónde está mi cámara? – gritó al palmar su cuerpo con ambas manos sin encontrar lo que buscaba.

Recorrió con la mirada el granero, buscando su preciada cámara. Mientras se preguntaba por lo bajo dónde se encontraba él, se topó con una pequeña niña con su pijama verde y su cabello amarillo en forma de triángulo. Aunque notó que estaba asustada, su mirada se desvió rápidamente a lo que sostenía en sus manos: ¡era su cámara!

El joven puso una de sus rodillas en el piso para estar a la misma altura que la niña, se acercó un poco y extendiendo una mano dijo:

-Hola pequeña. ¿Podrías devolverme mi…? – pero antes de que pudiera terminar su pregunta notó un destello que provenía de la frente de la niña. Era una piedra brillante justo en medio de su frente.

- ¿T-Tú e-eres una de e-ellas? – logró decir el joven antes de desmayarse otra vez.