¡Saludos!

Lo sé, lo sé, ha pasado bastante tiempo, pero más vale tarde que nunca, o eso es lo que dicen.

Sé que antes he prometido acabar con mis fanfictions, así que no más promesas.

Espero que haya valido la espera, todavía no es el capítulo final, pero no planeo alargarlo mucho, ese era el plan desde el inicio.

Con suerte sabrán de mí pronto, y espero que no sólo para terminar este fic, que como todo fic, merece ser concluido.

Steven Universe, al igual que todos los personajes que conforman la serie, no me pertenecen sino a Rebecca Sugar y Cartoon Network.


Capítulo VII, Sinceridad

-No se preocupen, yo lo mantendré ocupado mientras hacen los arreglos para la fiesta- susurró Steven a Lapis y Peridot.

Los tres estaban afuera del granero mientras que Steve esperaba a que el chico terminara de hablar con las gemas. Tenía que llegar para el desayuno y aprovechar todo el tiempo que pudieran ahora que las Gemas de Cristal habían aceptado recibir a Steve.

La impaciencia de Steve se hacía evidente con sus constante golpeteo de su zapato contra el suelo, mientras que Steven abrazaba a sus amigas antes de marcharse. Las dos gemas los vieron partir y se quedaron mirando en la misma dirección hasta que vieron el pilar de luz del portal desvanecerse.

A Steven le había parecido una buena idea organizar una fiesta para despedir a Steve y a la gema que lo acompañaría en su viaje por el país. Sin pensarlo demasiado había convencido a las Gemas de Cristal para que ayudaran con el plan, aunque fuese sólo distraerlo lo suficiente para que Lapis y Peridot pudieran arreglar el granero. Las dos aceptaron su papel en el plan de su amigo, pero ahora que estaba en él parecía una misión imposible.

Era la primera vez que estaban solas desde la llegada de Steve al granero y el ambiente entre ellas era tenso.

Lapis dejó de ver el cielo donde estaba el pilar de luz del portal y miró a Peridot, quien seguía con la mirada en ese punto. Desde la caminata en el bosque con Steve parecía que la estaba evitando, esquivandola e ignorando un poco cuando la llamaba. No consideró que le afectara tanto que ya no pudiera ver su "entretenimiento pre grabado", como lo llama ella, con Steve, pero no había sido su culpa, él fue quien pidió ir con ella al bosque. Y aunque parecía una buena oportunidad para entenderlo, terminó más confundida que al inicio.

Suspiró y volvió a mirar el cielo despejado. Parecía un hermoso día, uno que no había logrado observar en días.

-Bueno, tenemos mucho que hacer- exclamó Peridot, ahora dirigiéndose hacia el granero.

Le sorprendió escuchar la voz de la pequeña gema verde tan segura, con un tono como si nada hubiera pasado, aunque también le desilusionó escuchar esas palabras tan vacías después de días sin haber hablado

-Sólo lo dices porque Steven te dejó a cargo- respondió Lapis, mirando todavía el cielo.

Sabía que si miraba a Peridot ahora no podría ocultar su tristeza de esa fría interacción.

-Claro, porque tú eres una experta en estos rituales humanos…- respondió Peridot con aspereza.

La brisa fue lo único que se movió en esos momentos en los que una Peridot, arrepentida de sus palabras, calculaba el daño que le había provocado a su compañera de pelo azul y cuál podría ser su posible respuesta.

Era obvio que Lapis evitaba a toda costa hablar de ella misma, desde sus gustos hasta su pasado, no confiaba en ella, y eso era lógico. Pero no entendía si era suficiente justificación sentirse traicionada por ella por lo que vió en el bosque. Desde que había llegado a la Tierra y se unió a las Gemas de Cristal se había dejado llevar por una cantidad de sensaciones y sentimientos que no sabía que podía experimentar. Todo ese nuevo aprendizaje había sido enriquecedor y había tanto más por entender y conocer, pero había sido una tonta ahora. Se había dejado llevar por su enojo y algo más, algo que dió el empujón final para que terminara esa oración con ese tono en su voz, como si le estuviera reclamando algo a Lapis. Y sentía que era cierto, pero también sentía que había cruzado una línea como con Amatista.

Respiró profundamente y giró para ver a Lapis.

-L-lo que qui-quise decir…- balbuceó Peridot.

-No importa. Tienes razón- respondió Lapis, todavía dándole la espalda.

Había sido peor de lo que esperaba Peridot. Deseaba poder llamar a Steven por ayuda pero no podía hacerlo. Era la primera vez que tendría que resolver este problema por su cuenta, porque la única otra gema con la que contaba para ayudarla, ahora estaba molesta con ella.

-Lapis…- fue lo único que pudo decir.

-¿Qué es lo primero que tenemos que hacer?- preguntó Lapis con calma, mirando ahora a Peridot.

La seriedad en el rostro de Lapis dejaba claro que no quería hablar del tema. Peridot no pudo hacer más que aguantar sus ganas de confesar lo que había ocurrido, eso tendrá que esperar. Corrió rápidamente hacia el granero para alcanzar su primitiva bitácora de papel donde había anotado instrucciones específicas de Steven para organizar la fiesta. Lapis la había seguido y ahora se encontraban dentro del granero.

-Bueno… podríamos iniciar con el ambiente. Por algún motivo incomprensible para mí les encanta poner objetos ridículos en el lugar, algo que considero un intento de una decoración mal planeada. Luego está el entretenimiento. Los vi jugando con una red y unos palos golpeando una especie de pelota pequeña, demasiado primitivo para mi interés. Considerando el extraño metabolismo humano conseguir combustible que puedan ingerir será lo más difícil, aunque recuerdo algo muy importante que se llamaba "pastel", creo, aunque desconozco su origen parece ser una parte importante de esta clase de ritual- terminó de leer su lista Peridot.

No tenía idea de cómo cumplir con las instrucciones tan vagas que le había dejado Steven. Ahora que las había leído y considerado, parecía que no podrían cumplir con lo pedido. Empezó a murmurar con la mirada fija en el papel, proponiendo escenarios y posibles soluciones para poco después desmantelar esa idea.

Lapis la miró un poco. Seguía molesta con ella por su comentario de hace un momento. No era necesario que le recordara que todavía tenía mucho por entender de este mundo. Aunque ella no supiera lo del espejo no significaba que tuviera razón de echárselo en cara, como si ella le hubiera hecho algo.

Se preguntaba si las cosas serían diferentes si le hubiera contado sobre la Guerra y el espejo. Peridot sabía que había estado en la Tierra desde el inicio de la Colonia y la Guerra, pero en el Planeta Madre no había registros de lo que había sucedido con ella después. Le había preguntado durante su interrogatorio antes y durante su viaje de regreso a la Tierra, pero no le había dicho nada. Para Peridot simplemente había sido una rebelde que no quería revelar información al enemigo, pero ahora que estaban juntas en el granero la situación había cambiado.

"Todo cambia" le había dicho Steven para convencerla de quedarse, y había empezado a creer que tal vez Peridot era diferente a la de antes, pero entonces llegó Steve y lo cambió todo de nuevo. Parecía que había regresado a la nave, y aunque Lapis no estaba cautiva ahí, no habían tenido una conversación real desde ese día en el que conocieron a Steve. Parecía extrañamente lejano, como si nunca fuera a regresar.

-¿Lapis?- preguntó Peridot acercándose cautelosamente a su compañera de cabello azul.

Lapis se sorprendió al sentir sus ojos humedecidos. Apenada, desvió la mirada hacia el suelo, se limpió lo mejor que pudo con su mano y levantó la cabeza sonriendo lo mejor que pudo en ese momento.

-No es nada, sólo estaba pensando en mañana- respondió rápidamente Lapis, tratando de desviar la atención de la pequeña gema verde.

-Sí, será mejor que hagamos esto bien para despedir a Steve…- fue lo único que pudo responder Peridot.

-Eso, y que una de las dos se irá- la sonrisa de Lapis se borró al decir estas palabras.

Peridot había olvidado eso por completo. Las implicaciones de los eventos del día siguiente cambiaban todo. No era sólo despedirse del humano que había cambiado el ritmo de vida en el granero, sino que incluso después de su partida todo volvería a cambiar. Peridot no quería que Lapis se fuese, no así. Temía que no pudiera aclarar las cosas si ella se fuera, porque ya no sería la misma Lapis con la que estaba empezando a congeniar y parecía que la estaba aceptando, a quién ella, Peridot, deseaba enseñarle la dicha de Campamento Pinos y Corazones. y por qué Pierre y Percie son la mejor pareja, quien la había protegido contra las Rubís y contra el desconocido Steve sin titubear.

Ahora ella sentía sus ojos preparados para dejar salir las lágrimas. ¿Por qué ahora? Fue una pregunta que ella no se podía responder, sólo dejó que salieran un par de lágrimas antes de llevarse las manos a la cara para evitar seguir llorando. No era tan sólo saber que no podría demostrarle que había cambiado, sino que ahora se sentía un poco mejor porque Lapis también se había entristecido al pensar en eso, o por lo menos eso creía, y era lo único que necesitaba creer por el momento, que estaban compartiendo algo.

No fue difícil encontrar lo que necesitaban, o algo parecido, dentro de las muchas curiosidades que albergaba el granero. Peridot fue escogiendo lo que pudiera ser útil y le indicaba a Lapis dónde y cómo colocarlo. Poco a poco los adornos empezaron a realmente dar un ambiente diferente al granero.

Peridot estaba satisfecha con su trabajo, habían logrado lo que consideraba imposible hace unas horas. Le gustaba estar ocupada, sintiéndose útil y ocupada, parecía que estaba cumpliendo con su motivo de existir, por más pequeña que fuera la tarea. La limpieza había sido lo más exigente para ella, pero con la ayuda de Lapis terminaron más rápido de lo que ella nunca habría podido hacer. No quería que acompañara a Steve, pero sabía que ella quería conocer el mundo, por algún motivo que no alcanzaba a entender todavía porque ella llevaba mucho tiempo en la Tierra, le sorprendía que hubiera cosas que no conocía.

Lapis disfrutaba las pequeñas tareas de igual manera, la mantenían distraída de lo que había sucedido esos días, sólo eran ellas dos haciendo cosas insignificantes, y eso la reconfortaba. De no poder hacer nada en el espejo a estar todo el tiempo luchando por mantener a Jasper contenida, la sensación de hacer algo así de sencillo pero con libertad y gusto le parecía fascinante. Además, admiraba la estética que le estaba brindando Peridot a las cosas aleatorias que habían encontrado en el granero. Todo estaba empezando a encajar con una armonía poco esperada de una gema tan técnica como la pequeña gema verde.

El día había avanzado demasiado rápido para el gusto de las dos, y no sólo porque todavía no terminan la lista de Steven, pero sentían que les estaba faltando tiempo para compartir más cosas, aunque realmente no habían dicho mucho durante todo ese tiempo. Los tonos anaranjados en el cielo parecían la primera llamada para el final de este día tan ordinariamente perfecto para las dos. Y así ambas consideraron la posibilidad de que hubiera sido así sin el ansiado viaje que ahora las atormentaba. Sin intercambiar más que miradas fugaces las dos gemas estaban resignadas a su destino.

Pero no fue otra quien la gema de cabello azul quién recordó algo importante, algo que podría salvar la situación y darles una oportunidad de poder hablar. Le parecía algo ingenua su idea al inicio, pero era la única oportunidad que tenía para hablar con Peridot las dos solas.

Sin más convicción que su intención de resolver esa tensión que había sentido antes entre ellas dos Lapis se acercó rápidamente a Peridot, quien estaba arriba, en frente de la "televisión", buscando algo que pudiera contener música humana, ya que Steven le había pedido que no considerara transmitir C.P.H. como entretenimiento en la fiesta.

-No puedo creer que después de escuchar la magnificencia de este entretenimiento pregrabado todavía dude que es una buena fuente de entretenimiento- se quejaba ella mientras removía las cosas de las cajas en busca de ese otro dispositivo de almacenamiento que se llamaba "disco compacto".

Demasiado concentrada en su tarea que no escuchó cuando Lapis aterrizó justo detrás de ella. Sólo sintió una mano sobre su hombro y saltó de la sorpresa.

-¡Lapis! ¿Por qué hiciste eso? ¿Es una especie de "broma humana"?- cuestionó Peridot todavía con la voz agitada del susto.

-Lo siento, Peridot- se disculpó rápidamente ella-, pero te veías tan concentrada en lo que hacías que no quería interrumpir tus ideas-

-Bueno, al final lo hiciste- se quejó la pequeña gema verde-. ¿Qué es lo que se te ofrece? ¿Ya encontraste algo que los humanos puedan consumir para la fiesta?-

-Mmmmmmm no realmente- contestó la gema de cabello azul- y sé que debería de estar buscándolo, pero estaba pensando si tomábamos un descanso. Creo que lo merecemos- dijo con voz suave, tratando de sonar lo más calmada y serena posible.

-¡Pero todavía no hemos terminado con los preparativos para la fiesta! Está a punto de oscurecer y nos faltan dos puntos de la lista, no es tiempo para descansar, tenemos que terminar- respondió Peridot con voz alterada, ahora por la ansiedad de no tener las cosas listas.

-Lo sé, pero quería ver el atercerder… contigo- esa última parte le había costado más trabajo de lo que había esperado. Era algo demasiado sincero para ella aceptar algo así, pero era la verdad, quería hacerlo, quería compartir con ella un momento tan efímero como la rotación de la Tierra con ella.

Peridot fue la primera en sonrojarse, seguida por Lapis al notar el cambio de color de su compañera de greanero. La primera por escuchar esa propuesta tan desinteresada y arbitraría. No tenía ninguna lógica su petición porque no habían concluido con sus tareas asignadas, pero recordó la primera vez que Steven intentó explicarle cómo "apreciar las cosas", que incluyó una canción que ahora no recordaba por completo. Eso la relajó, tal vez si necesitaban descansar después de estar trabajando en los detalles para la fiesta. Entonces pensó en esa última palabra que dijo Lapis: "contigo". No había duda de que la había escuchado decir eso, pero las implicaciones de algo así eran inconmensurables para la pequeña gema verde. Era la confirmación de que Lapis estaba aceptándola, aceptando que había cambiado y a su nueva "yo". Sin embargo, eso no explicaba la sensación de calor que sentía en su rostro y ahora en su cuerpo, ese cosquilleo de tan sólo pensar en Lapis se había convertido en una sensación que no sabía que no quería dejar de sentir hasta ahora.

Por su parte, la segunda se sonrojó como reacción al ver a su compañera sonrojarse. Sabía que era una señal clara de que no le desagrada la idea de estar con ella, pero qué tanto significaría que realmente le agradaba, que sin importar estos días en los que se habían distanciado parecían ser días tan lejanos como los días de la guerra. Lapis no aceptaba que le importaba tanto Peridot porque la había tratado mal, se habían distanciado y de todos modos Peridot le tenía cariño, un cariño que tal vez Lapis no sentía que merecía. ¿Cómo podría quererla si no la conocía? Y aún con todas sus inquietudes a flote sabía que, por lo menos, era un buen inicio para cambiar, como lo había hecho la Tierra en su ausencia, como lo había hecho Peridot en estos meses con Steven. Tal vez podría ser una mejor versión de ella misma para que pudiera sentirse mejor con ella misma, para que pudiera sentir que puede ser feliz otra vez, gozar de las pequeñas cosas, tal vez amara y sentirse amada. Sólo tal vez, las cosas podrían cambiar para mejorar.

-Te espero afuera- fue lo único que pudo decir Lapis sonriendo antes de bajar y dirigirse a la entrada del granero, tan rápido como le fue posible.

Por su parte Peridot estaba terminando de procesar la primera parte de lo que había dicho para ahora entender que tenía que apresurarse y alcanzar a Lapis, algo que jugó en su contra al no poder volar y tener que correr, tropezando un par de veces en el camino por la emoción del momento.

Lapis la esperaba sentada en el mismo lugar de la última vez, con la espalda ligeramente recargada en la pared del granero. Peridot tragó saliva al verla. Recordó lo que sintió al ver esa imagen en el aparato de Steve, su compañera sentada en el techo del tejado y detrás de ella el cielo empezaba a mostrar las estrellas, el calor que presedía al cambio de color en su rostro, su estraña necesidad de no dejar de mirar esa escena porque en cualquier momento se podría acabar. Pero había algo diferente, ya no parecía tan solitaria Lapis como en esa imagen, con la mirada fija en el horizonte.

La gema de cabello azul volteó a ver a la gema verde que estaba parada en la entrada del granero. Con un ligero movimiento de su mano invitó a la otra a acercarse y sentarse al lado de ella. Lapis ya no pensaba en lo que había sucedido los días anteriores entre ella dos, sólo le importaba que Peridot se sentara con ella y vieran juntas el atardecer. Tal vez tendría que hacer las preguntas difíciles en algún momento, pero este instante era para ellas dos, para que lo disfrutaran, sin importar que tan irrelevante les pareciera presenciar la rotación de un planeta, sin importar que fuera la Tierra, lo único que necesitaba ella era no sentirse sola, y por algún motivo que todavía no entendía, no se sentía así junto a Peridot.

Cuando Peridot se acomodó junto a Lapis ya faltaba poco para el atardecer. La tarde era tranquila, sólo algunos pájaros cantando a lo lejos se podía escuchar. La brisa era suave y el cielo estaba tan limpio de nubes que se podían ver las primeras estrellas en él.

-¿Siempre ha sido así de hermoso el atardecer?- preguntó Peridot en voz baja.

No había querido hacerlo, pero le pareció una pregunta genuina, y aunque no hubiera una respuesta ella sabía la respuesta.

-Tal vez, pero hoy es especialmente hermoso- contestó Lapis, mirando a Peridot.

Al encontrarse sus miradas Lapis rió ligeramente y volteó al frente, viendo como el sol se empezaba a encontrar con el mar.

Peridot no pudo guardar la compostura, por más que lo intentó. Se movía constantemente en su lugar, jugaba con los pies y no mantenía las manos en un sólo lugar. Esa mirada y esa risa fueron la cereza del pastel. Sabía que no habría otra forma más que preguntarle a Lapis lo que necesitaba saber, pero antes de poder hacerlo el sol estaba en su punto más bajo.

Los pocos rayos de luz que quedaban dibujaban las largas siluetas de los árboles y el tono del cielo se mantenía en una extraña combinación de colores que Peridot no podía clasificar con exactitud.

El espectáculo duró poco para el gusto de las dos gemas, ya que al estar completamente fuera de su vista el sol, el cielo nocturno se hizo presente. El aire, ahora frío, parecía que corría entre los árboles y en el granero, soplando con fuerza y llevando consigo los sonidos nocturnos de los insectos y algunos animales.

Ninguna de las dos se levantó hasta que Peridot explotó.

-¡Lapis! Tengo quego que preguntarte algo- gritó la pequeña gema verde, ahora de pie y mirando a Lapis.

Sorprendida, Lapis no dijo nada, se quedó mirando a Peridot con los ojos bien abiertos.

-Lapis, y-yo, quería saber… algo que tal vez no debería de saber, p-pero que he querido preguntarte desde hace un tiempo sin encontrar el momento adecuado p-para que pu-pudiéramos hablar- logró decir Peridot nerviosa, ahora mirando hacia el suelo.

No podía acobardarse ahora. había logrado llegar hasta ese momento y tenía que saber lo que pensaba Lapis.

-¿Q-qué pasó entre tú y S-steve?- preguntó finalmente.

-¿A qué te refieres, Peridot?- contestó Lapis, confundida.

-¡Tú sabes!- volvió a alzar la voz Peridot-. El día que fueron al bosque. Sé que algo pasó porque… ninguno de los dos habló después del tema, y tú empezaste a evitarme y Steve ya no quiso ver más Campamento Pinos y Corazones., así que supuse que algo sucedió-

-Bueno, no estoy muy segura de qué es lo que sucedió. Ni siquiera entiendo lo que sucedió- respondió Lapis, alzando la voz y poniéndose de pie-. No entiendo por qué es importante ahora-.

-¿A qué te refieres?- ahora Peridot no entendía lo que intentaba decir su compañera de cabello azul.

-Lo que dije- respondió Lapis, un poco avergonzada de tener que admitir que no entendía algo que le parecía tan trivial al inicio-. Todo iba bien al inicio, intentamos hacer una conversación, luego empezó a hacer preguntas sobre mí y lo que había hecho en la Tierra todo este tiempo. Yo no quería responder sus preguntas, así que trate de no hacerlo. Entonces se cayó de una manera muy graciosa y me reí, y luego él también se río, y las cosas se tranquilizaron un poco, hasta que…- se detuvo Lapis.

-¿Qué pasó, Lapis?- preguntó Peridot, sabiendo lo que seguía.

-Es la parte que no entiendo- confesó Lapis-. Nos sentamos un momento y luego él se acercó a mí y me preguntó si conocía algún ritual humano. Pensaba decirle que sí para que pensara que había pasado tiempo con algún humano antes, pero no pude, así que el me dijo que me enseñaría uno, que era algo que compartían con personas con las que realmente te importan de una manera especial-

-¡Y ya? ¡Sólo porque te dijo era un ritual especial dejaste que él lo hiciera contigo!- alzó la voz de nuevo Peridot.

-Claro qué… espera, ¿tú cómo sabes eso? Que intentó hacerlo conmigo- preguntó Lapis.

Peridot sintió como si estuviera a punto de poofear, o llegó a desear que pasara. Ahora Lapis la veía atentamente, esperando a escuchar su respuesta. Mentir no era una opción, no tan sólo porque no podría elaborar algo lo suficientemente convincente en tan poco tiempo, sino que podría tener graves consecuencias en la débil y renovada confianza entre ellas dos. Por otro lado, al decirle la verdad también dañaría la confianza de Lapis. Ninguna respuesta parecía la correcta, pero tenía que escoger una y hablar.

La pequeña gema verde se movía en su lugar, pensando lo más rápido que podía en calcular la respuesta que generaría menos daño a Lapis y a su relación con ella.

-Bueno, existe la pequeña posibilidad de que yo…- tartamudeo al inicio Peridot-... que yo, haya decidido… no fue mi intención al inicio, lo juro… pero ya no podía regresar estando en el bosque… entonces, siguiendo el orden lógico… me dediqué a seguirlos-

Peridot se cubrió rápidamente con sus brazos. No quería estar desprevenida si se acercaba el ya conocido puño acuático de Lapis.

-¿Por qué nos seguiste?-

Peridot abrió los ojos y separó alejó sus brazos lentamente de su rostro. Vio a Lapis con una duda que no había visto antes, como si intentara leer su mente.

-Me dije a mí misma que era para… estar segura de que estarías bien. pero cuando dejó de parecer una buena idea ya estaba bastante adentro en el bosque- respondió apenada Peridot.

-¿Si estaría bien?- Lapis seguía sin entender lo que estaba escuchando.

-¡Sí! No es que no confiara en ti o en Steve, pero… -Peridot volvió a evaluar las respuestas que tenía disponible-...pero no quería que te lastimara. Y no me refiero a un daño físico, sé perfectamente que de nosotras dos eres la única que tiene una habilidad útil para el combate cuerpo a cuerpo. Quería asegurarme que no te hiciera sentir dolor como esa noche con la "cámara"-

Lapis no respondió. Recordar ese primer encuentro con la tecnología humana todavía la ponía tensa. No esperaba una respuesta así.

-¡Así!, justo como acabas de reaccionar en este momento- puntualizó Peridot. -Claro, que ese no es el punto ahora- terminó aclarando un poco la garganta al ver que había cometido un error al hacerle recordar eso.- Lazuli, lo siento. Sé que seguirte podría interpretarse como una traición o desconfianza de mi parte, pero la verdad es… que todo ha cambiado desde esa primera vez que vimos el atardecer juntas. Desde ese día sé que no te pienso de la misma manera. ¡No! Espera, eso sonó terrible, creo que puedo replantearlo mejor. ¿Considero, veo, analizo? No, nada funciona igual…-

Peridot empezó a murmurar rápidamente para sí misma. Lapis había estado recordando el espejo hasta que escucho a Peridot decir:

-Lo que intento decir es que la cosas han cambiado, yo he cambiado, y sé que ahora tú eres importante para mí, muy importante. Según Steven y Campamento Pinos y Corazones considerar compartir las cosas importantes contigo y desear pasar la mayor cantidad del tiempo disponible contigo son una señal clara de que me importas a un nivel muy alto y muy especial. Y aunque eso no me da permiso de querer evitar que pases ese tiempo con alguien más, como por ejemplo Steve, he tratado de manejarlo lo mejor posible, pero no he podido. Y por eso los seguí ese día. ¿Qué pasaba si volvías a enfrentarte a algo sola y decidías volver a huir?- Peridot soltó un par de lágrimas- ¿Qué tal si esta ocasión no regresabas?-.

-Peridot….- Lapis trató de acercarse pero ella se alejó.

-Y luego los vi haciendo ese ritual humano, acercando sus rostro, él preparando sus labios…- dijo Peridot molesta. -Tal vez podría entender ya no verte de nuevo, pero ¿que te interesara de esa manera alguien más que yo? Eso no lo podría soportar-

Había decidido hablar con la verdad, lo que había estado en su mente todos estos días, pero aún faltaba descubrir si había sido la elección correcta.

-Peridot, tengo mucho que procesar- dijo Lapis antes de levantarse y volar hacia el bosque.

-Lapis- fue lo único que pudo decir Peridot antes de perder de vista a la gema de cabello azul, sin notar que se acercaban sus invitados para la fiesta.