No midas la distancia, mide nuestro amor

Ya vamos por el día 3 de la Eremikaspanishweek! En este día me explayé porque supuse que todos tomarían el icónico ¿Qué soy para ti? (No los culpo, considerando que esa frase rompió el internet en su momento) en cambio yo, preferí irme por una angst más suave pero más inclinado a anhelo(?). Anyways, Eren y Mikasa se aman demasiado y pues no saben donde ponerlo.

Doscientos cincuenta y siete días.

Eso era lo que faltaba para que volvieran a verse.

A Eren le gustaba pensar que las primeras semanas habían sido las más duras de afrontar desde que Mikasa se fue de gira, encontrándose en la actualidad en el país natal de sus padres por el ballet para el que trabajaba. No era sencillo, un día tienes a la persona que concentra todos los buenos momentos en tu vida, y al día siguiente ya no. Un día tienes la constante favorita de tu rutina, y al día siguiente ya no.

Al principio no quería cometer el error de marcar cada día que pasaba en el calendario que su novia había colgado en la pared junto a su tocador en la habitación que compartían desde hace tanto tiempo. Justo por encima de todas las fotos que venían coleccionando desde que tenía memoria. Sabía que si comenzaba a llevar la cuenta, no podría seguir con su vida normal en su ciudad esperando a que ella regresara.

Bien le había dicho su hermano en medio de una de sus borracheras -las que iniciaba porque a veces la extrañaba demasiado- que vivir en el limbo de esa cuenta regresiva solo haría que el tiempo pasara mucho más lento de lo que anhelaba.

No es que pudiera evitarlo y es que, a pesar de todo, no es como si su despedida hubiera terminado de mala forma, o que él no haya comprendido lo importante que esto era para la carrera de su novia. No sabría qué hacer si ese hubiera sido el caso.

Fue algo simple, algo que él creía que era bastante común en todas las parejas.

Mikasa llevaba siendo bailarina profesional desde hace mucho tiempo, y dado que era malditamente buena en lo que hacía -cómo no iba a saberlo él, si se consideraba su más grande fan- le ofrecieron tomar el papel protagónico en su obra favorita y liderar una gira continental.

Ningún problema con eso, porque ese amor que se profesaban, sabía que era inquebrantable. De eso siempre ha estado seguro, tan seguro como ellos. Así que no dudó en abrazarla por al menos 7 minutos, gritar al cielo lo genial que era su novia, sin importar que la gente lo mirara de forma curiosa- -bien sabía que había hecho cosas peores- y comenzar a ayudarla en su proceso para trabajar por un año en el extranjero.

Tanta era la felicidad por ella y sus logros, que en toda la preparación por la que tuvo que pasar Mikasa para comenzar la gira -desde repasar algo del idioma de su madre, recordar cómo funcionaba el sistema de transporte al otro lado del mundo, y entrenar mucho más de lo que lo había hecho hasta ahora- nunca se sentó un minuto a darse cuenta que no la vería por un largo período.

No fue hasta que después de dejarla en el aeropuerto y cerrar la puerta de su departamento, notó que su mejor mitad -como solía decirle ese imbécil de Jean- lo había dejado solo en su hogar, que si bien no era tan grande, era perfecto para ambos. Y demonios, ahora parecía gigante. Esa realización hizo que comenzará a llorar como un niño pequeño en medio de la sala. La última vez que había llorado de esa forma fue cuando su madre lo castigó y le prohibió visitar a Mikasa porque no tuvo mejor idea que sucumbir ante ella para cortarle el cabello sin supervisión alguna porque estaba aburrida de tener que peinarlo cada día.

Aquel día descubrió tres cosas, todas relacionadas a la chica. Para mentir debía cubrir sus orejas porque su madre lo descubrió en un segundo cuando intentó protegerla, también que si quería estar cerca de ella debía ser cuidadoso y nunca lastimarla o sufriría los castigos de su hermano Levi, y por último nunca pero nunca sería capaz de decirle que no a Mikasa Ackerman.

El siempre se sentía más contento en su paso por el mundo, cuando una sonrisa honesta adornaba el rostro de esa chica.

A las dos semanas desde que Mikasa dejó el país, comenzó a entender porque las relaciones a distancia si eran algo a lo que había que tenerle respeto. A pesar de que siempre estaban en contacto -Dios bendiga los avances tecnológicos- sabía que el tiempo que podían dedicarse el uno al otro cambió radicalmente, no solo por la diferencia en el huso que los separaba, sino que ambos eran personas realmente ocupadas. Lo cuál era bueno mientras pasaba el día, porque honestamente a veces era incapaz de quedarse quieto en su trabajo como arquitecto. Aunque eso no quitaba el hecho de que cuando lo hacía, su cabeza se llenaba de recuerdos de ella, mientras que su corazón se apretaba dolorosamente al darse cuenta que por la tarde llegaría a su hogar y su novia no estaría ahí para abrazarlo e invitarlo a ver alguna serie aburrida para criticar su argumento hasta dormirse en el sillón y despertar con dolor de espalda al otro día, pero con el aroma de su cabello a su lado.

Sus compañeros de trabajo, al notar que a veces comenzaba a desconcentrarse más de lo habitual evitaban decirle que estaba pasando por su usual "recarga interna de Mikasa" dado que sabían que esta vez no lo hacía porque a veces solía irse del mundo por 15 minutos para pensar en lo bonita que era su novia, sino porque estaban al tanto de la distancia y sabían que este viaje sería menos esperanzado y mucho más melancólico.

Todos sus conocidos tenían algo que decirle respecto a su situación. "Ya vas a ver que el tiempo pasa volando" profesaban los más positivos, "Deberías agradecer que en los tiempos de ahora puedes tenerla cerca incluso a miles de kilómetros gracias a la tecnología, antes solo se vivía de las cartas con suerte" eso siempre venía de los ancianos de su edificio que notaban que el chico alto de ojos verdes del 211 no volvía con su bonita novia asiática por las tardes.

Antes de salir del trabajo ese día, su jefe de la nada se acercó y le dijo "Sientes como si te desgarra cuando te quedas quieto por un minuto, y seguro no quieres oír el típico: Sí su amor es lo suficientemente fuerte, podrán con la distancia, pero si cada día das lo mejor de ti y piensas que ella está haciendo lo mismo porque ambos quieren un mejor futuro, te darás cuenta que en estos casos es mejor contar cada kilómetro en base a sus mejores recuerdos juntos"

Que curioso. Ese hombre solía gritarle todo el tiempo cuando olvidaba ingresar datos en el sistema, pero había logrado darle esa cuota de esperanza que necesitaba para terminar el día.

Al volver a su departamento, con una bolsa ya tibia de comida que pasó a comprar al negocio de la ancianita de enfrente -que también extrañaba que no fuera Mikasa a comprar sus mejores gyozas por las tardes- se detuvo por un minuto a mirar lo solitario que se sentía ese lugar que tantas veces lo había cobijado cuando estaba su chica esperándolo ya sea en la puerta, en el sillón o desde la bañera con sus mejores sales y velas con aroma a mandarinas cuando sabía que se había molestado en el trabajo.

Demonios, la extrañaba tanto.

Justo cuando estaba desempacando su paquete extra de hamburguesas con queso que había comprado para comer rápido, ducharse, marcar el calendario y esperar a que la cuenta disminuyera en un día, sintió ese tono de llamada que desde que descubrió que podía personalizarlos, hacía que su corazón se acelerara.

"Amor mío" El solo oír su voz hizo que su corazón se partiera en mil pedazos. Eso lo llevó a comenzar a llorar desconsoladamente mientras sus nudillos perdían color al apretar su teléfono cerca de su rostro para escucharla mejor.

La nostalgia había sido dura con él ese día.

"Te amo tanto y en serio quiero verte, quiero tocarte. Lo que más deseo ahora mismo es que me mires feo porque acabo de comprarme comida rápida para cenar a pesar de que se que mañana me sentiré como el carajo por comerla. ¿Cómo diablos voy a hacerme ese té de hierbas que usas para cuando hago estas estupideces, si no va a servir lo suficiente mientras no estés aquí para quitarme el cabello del rostro y masajear mi estómago? Eres tan malditamente perfecta y te mereces cada logro que tienes en tu carrera, lo juro. Pero demonios, la espera me está matando, extraño tu rostro, tus ojos, tu sonrisa tan efímera pero tan bellísima. No me cansó de contar los días, de marcar los jodidos números en el calendario que pegaste sobre todos nuestros recuerdos. Más vale que esos malditos estén disfrutando la obra de mi diosa porque no puedo esperar para verte, mi amor. Voy a pedir vacaciones para cuando llegues y vamos a recuperar todo el tiempo, que no es perdido porque es por nuestro futuro, lo sé...Juro que lo sé, pero duele como el carajo, Mikasa"

Si iba a necesitar ese té, porque con lo mucho que dolía ahora mismo, estaba seguro que mañana le iba a costar levantarse.

Después de unos segundos en los que no escuchaba nada del otro lado, y luego de pensar que estaba imaginando todo, porque el cansancio lo estaba matando, escuchó el sonido más familiar que conocía. Sutil y tranquilizador como las brisas de su colina favorita en Shiganshina. Podía perder la vista, y aún así encontrarla de inmediato solo por su voz.

"Hoy una anciana que fue a ver el show me regaló un bouquet de flores y me preguntó si no me molestaba charlar un rato, porque dijo que le recordaba a su antigua yo así que le dije que sí. Dijo que sabía que no soy de este lugar, porque a pesar de que compartimos lo rasgado de los ojos, luce como si otro mundo me hubiera moldeado, que lo notaba en mi forma de actuar, en mis pausas mirando al vacío buscando por algo mucho más allá del tamaño del teatro.

Que seguro había alguien al otro lado del océano, de donde vengo, esperándome con lo que cientos de personas se pasan buscando y a mi me sobra. Que a pesar de lucir tan estoica, luce como que el amor que siento se me escapa en cada coupé que doy en el escenario" Pudo escucharla hacer una pausa para limpiar sus lágrimas, cómo le dolía escucharla llorar, pero mentiría si dijera que no sentía un peso menos en su pecho al saber que ambos estaban compartiendo esta carga.

"Cariño a veces se siente como si me hubiera traído todo el amor que nos tenemos, y no supiera dónde ponerlo en mi cuerpo porque se escapa. Es demasiado amor mío, es más de lo que ambos podemos llegar a imaginar así que no tuve más opción que hablar más de lo que lo he hecho desde que llegué aquí y comenzar a contarle a la ancianita acerca de ese hombre perfecto que espera por mi. Le dije que estás loco, cielo. Que eres la persona más intrépida, atrevida y valerosa que he conocido. Que me haces sentir como la mujer más valiosa del mundo, que haz estado conmigo desde que comencé a bailar en el salón de nuestra escuela con las zapatillas que compramos con nuestros trabajos de medio tiempo, le conté cómo te peleaste con el vendedor porque no quería respetar el precio de descuento y no podíamos pagar más que eso. Le hablé de la vez que estuviste conmigo toda una noche pegando flores de fantasía en la corona de mi traje para esa final en Shiganshina, la que no gané pero que aún así me esperaste bajo el árbol en el patio de tu casa con pudines que pagaste en el local de Hannes porque la "chica más linda de ese concurso" merecía una categoría propia y ese era mi premio.

Cada logro y talento innato que la gente pudo haber visto en mí en estas semanas no es nada más que la acumulación de la fuerza que me han dado cada uno de los momentos que he vivido contigo, Eren. Todo lo que soy es el cúmulo de lo que vivo a tu lado, y cada día que despierto sola, lejos de ti, y lloró o río pensándote, siento que cada día falta menos, que ya pronto volveré a verte y que cuando eso pase todo volverá a equilibrarse en mí, todo estará completo, correcto"

"¿No sientes que después de esto seremos capaces de hacer todo lo que queramos, juntos y de la mano, Eren?

"Por supuesto que sí, mi amor. Hoy y siempre"

"Cuando vuelva quiero hacer tantas cosas junto a ti, todo de nuevo, volver a tener todas mis primeras veces a tu lado. Hacer, rehacer, crear, transformar... Honestamente lucía como que esa anciana podía entender el grosor de lo que siento por ti mientras me escuchaba. Seguramente ama de la misma forma ¿Quién si no un loco de amor como nosotros podría comprenderlo?

Te amo, Eren y no puedo esperar para verte, quiero sentirte, quiero abrazarte, quiero regañarte por la comida rápida y acariciarte hasta que tu estómago deje de doler. Quiero hacer todo y nada contigo, porque a pesar de los kilómetros, eres la única persona en este planeta con la que puedo imaginarme levantando este castillo, mi príncipe."

Ya eran más de las diez para él, se imaginó que para ella no iba a ser muy bonito salir a trabajar con esos bellos ojos algo hinchados por tanto llorar. Además, sabía que su novia se sentía agotada cada vez que lloraba así que sería un día intenso para ambos, pero lo valía. Se sintió como si está conversación hubiera despejado toda la presión que sentía acumulada desde que se había marchado. Estaba listo para seguir resistiendo, esperando su regreso.

"Eres lo mejor que me ha pasado, Mikasa. El tiempo avanza sin perdonar a nadie, y ya sea lento o rápido llegará ese día en el que vuelva a tenerte aquí conmigo. Y cuando eso pase, estaremos juntos para siempre comenzando nuestra nueva vida juntos. Gracias por esto, en serio lo necesitaba, no solo tu voz, también necesitaba saber que sientes esa desesperación de no saber dónde guardar este amor que nos tenemos, cariño. Inquebrantables, juntos, siempre. ¿No es así?"

"Por supuesto que sí, mi amor. Hoy y siempre"

Para cuando terminaron de hablar acerca de lo que habían vivido cada uno en sus respectivos trabajos, además de los chismes que les gustaba comentar acerca de la vida de sus cercanos, Eren ya se estaba quedado dormido en su cama -a la cuál se mudó para escucharla más cerca- mientras abrazaba la manta que Mikasa había tejido para él cuando aún eran mejores amigos rotando alrededor del otro como esa fuerza magnética que tienen todas las cosas en este mundo.

Lo último que oyó antes de sucumbir al cansancio fue su novia diciéndole lo mucho que lo amaba -nunca se cansaría de escucharlo- y por último miró el reloj en su lado de la cama indicando las 00:01.

Doscientos cincuenta y seis días y contando.