Mini fic
Amor en los Rosedales
Por Mayra Exitosa
Reto Paladines
Historias de Albert y Candy
Había sido un día extenuante y era el último trabajo que tendría de la mansión de los Hilton, debía conseguir más trabajos como ese, con el pago había actualizado todas sus deudas y se sentía motivada, inspirada Candy White llevaba años dedicándose al paisajismo inspirándose e bellas pinturas que veía y soñaba últimamente, cada que salía al campo, se multiplicaban esas imágenes mentales y hacía sus bocetos, una y otra vez pausadamente suspirando en tener más clientes que no solo la dejaran sentada en su vivero por semanas. - ¡Candy! - Si, Jenny. - Las rosas están por abrir, - ¡No me engañes! - No puedo jugar una broma, ya has de haberlas ido a ver, pero no, tienes una llamada y esta en la línea. - ¡Jenny! No juegues con los clientes, estamos requiriendo más, pásame la llamada por favor.
Candy se quitaba los guantes, mientras recogía los costales sin soltar de su hombro a su oído esperando a la llamada que le pasaría Jenny en la línea, cuando una voz varonil le hacía detenerse, su pecho se agitaba y todo lo que llevaba lo soltaba en esos instantes. - Señorita, necesito que se reporte conmigo en una hora, estaré en la mansión Andrew, en Lakewood, me urge que llegue lo antes posible. - ¡Por supuesto! Ahí estaré.
Se presionaba en dejar todo limpio y concluido. El hombre que esperaba que finalizara le hacía firmar un recibo y le entregaba el ultimo cheque del trabajo, ella guardaba el pago, para luego tomar la camioneta pick up Chevrolet antigua que usaba para el trabajo y que se la había comprado hacia un año en un deshuesadero de autos mas viejos que serían próximos a enviar a recicle, por lo que tenía algunas abolladuras y hasta carcomida las laminas cercanas a las llantas.
Su llegada fue algo que ella meditaba, había estado hacía tantos años en esos lugares, su afición por el paisajismo se inspiró en ese lugar hermoso y radiante cuando era una pequeña, ahora debía estar mucho mejor, tenía años de no ir por ese rumbo, pero la voz del asistente la reconocía como si fuera de su propio padre, el que nunca tuvo. Lo escuchaba cuando daba ordenes al personal de la gran mansión y ella se escondía entre los arboles para ver las rosas floridas y hermosas ellos jardines exclusivos que tenían, era verla y soñar con caminar entre ellas, el personal de seguridad muchas veces le habían sacado de intentar entrar, pero solo podía verlas a distancia desde lo alto de las ramas, para ilusionarse en ese lugar cuidando de esos hermosos rosedales, tenía de todo, no había un lugar ahí que no pudiera ser hermoso, un vivero exclusivo, unas flores exóticas y hasta no entrar a los rosedales larguísimos que te encaminaban al lago, era como ir al cielo y volver ilusionado de más de todo eso.
- Buenas tardes, me llamó usted. - Es usted la encargada del vivero Rosa Alegre, - Si, usted me llamó esta mañana. - Si, pase, necesitamos hablar. - bien. El estudio era un lugar extra lujoso, el hombre de negocios que vivía ahí había dejado a su único hijo y este tuvo un accidente hacia meses, que había salido en los noticieros y ahora debía estar por regresar, pero al ver los ventanales y asomarse a los rosedales, era como si todo el color se hubiera ido, como si la tristeza entrara a los jardines y no hubiera nada por salvar. - ¿Qué sucedió? - Parece que conocía este lugar antes, ¿o me equivoco? - Lo conocía y muy bien. Era maravilloso. - Tuvimos a unas personas atacando este lugar, lo digo con esa expresión porque en vez de regar y cuidar debidamente, dejaron morir todo lo que pudieron y ahora que regresamos es una sorpresa, que solo se hayan llevado una demanda y hayan salido del país huyendo. - Para esto me ha llamado, supongo. - Me temo señorita que usted es la decimosexta que llamo esta semana, nadie quiere el trabajo, sabemos que es demasiado y tenemos el personal de jardinería contratado, pero requerimos de su visualización como paisajista, el valor agregado es que, si ya había visto el lugar antes, al menos es un punto más a mi favor, el joven Anthony Brown Andrew, estará aquí en dos semanas. - ¿Dos semanas? Esto se llevaría meses.
- Si, lo sé, pero cuenta con cincuenta personas a su cargo, sin limite de compra, ni de gastos, el jardín perteneció a la madre del señor, comprenda que, si regresa, en su estado y todavía enfrenta esto, quedaría devastado. - Me dijeron que tuvo un accidente ¿Cómo se encuentra el señor? - Bien, totalmente recuperado, pero anímicamente desmoralizado, me temo que, si ve el jardín así, podría terminar en un funeral antes de tiempo. - No diga eso ni de broma, el señor no merece encontrar su hogar de esta forma, acepto, solo dígame cuando empiezo. - Hoy mismo, le daremos habitaciones de servicio, lo que haga falta, pero es urgente reparar los daños. - Bien, hare una lista luego e ver cada detalle dentro de los rosedales y los caminos, le hare un pedido y vere la cotización, para que cite a los trabajadores mañana a primera hora. – No hemos hablado de sus honorarios, pero no se limite, aceptaré si puedo contar con usted. - Eso es un problema, si no aceptaron los demás es posible que sea porque no es un trabajo de dos semanas, usted lo sabe, necesito ver los detalles y los daños ocasionados como le dije y si me llego a requerir más tiempo, no quiero que me niegue esos días. - Comprendo, debo enfrentar a mi señor, y lo haré, así que tome todo el tiempo que sea necesario, pero comience cuanto antes.
El hombre se notaba nervioso, al parece el debía haber dado vueltas a la mansión y revisar los trabajos mientas el señor de ese lugar estuviera fuera, su accidente había anticipado su regreso, y eso Candy lo lamentaba, el lugar estaba irreconocible, tenía que hacer maravillas uy con libertad de contratación e empleados era algo que al igual que no tener limite de gastos podía ser muy interesante para ella, había deseado decir si, conocía de manera completa el lugar, pero el interior de los rosedales nunca fue así, porque sus bestias policiacas, siempre me negaron el paso libre.
La tarde aquella que la sacaron, se tuvo que regresar por la orilla del bosque, así había conocido al joven que la dejo caminar junto a él, le mostraba las rosas y le dio un paseo que jamás olvidaría, no sabía quien era, pero debía trabajar para los jardineros de aquel entonces, porque vestía como tal y conocía el lugar mejor que nadie, le había enseñado un pasadizo para salir del camino y le alcanzó a ver un par de guantes en su bolsillo que eran de jardinero, era un chico genial, nunca supo su nombre, pero ese día que la habían tratado tan mal, le levantaría el animo y le devolvería la fe de ver los jardines más bellos aunque solo fuera por las orillas, se porto tan caballeroso que todavía recordaba su mirada azul y su porte de bien educado. Ojalá lo volviera a ver.
George Johnson manejaba el auto rumbo a Chicago, había estado temblando de enfrentar esas ideas, pero al menos ya había conseguido quien dijera si, y era muy lista e inteligente, mejor que los tontos a los que había estado ofreciéndoles hasta la camisa, ella no se había exagerado en sus honorarios y aunque ella puso mucho menos, se le pagaría más si lograba evitar que Anthony viera los jardines de su hogar de esa manera, tenía que hacer tiempo luego e su vuelo y su regreso en la mansión con la familia, haría todo tipo de citas y lo entretendría mas de un ms de ser necesario, entre los negocios y sus familiares sería suficiente tiempo para que no regresara a su casa.
En un auto, con media sonrisa sin darse cuenta cruzaban ambos autos, el de Johnson y el de Anthony Brown, quien se dirigía a su hogar luego de haber estado hospitalizado y herido de cuidado, le habían dado de alta y sin mirar ni hablar con nadie, se había salido con su previa autorización en regresar a américa para descansar unos meses en su hogar, ya no volvería a Europa en lo que restaba del año y si podía lo evitaría. La vida era mucho mejor en casa, los negocios ya lo tenían estresado y saberse a salvo luego de ese choque, ese atentado y para colmo ese intento de saboteo ya era suficiente, esa mujer no se saldría con la suya, era una encajosa, no podía ni quería volver a cruzarse una sola vez más. Si pudiera no lo localizarían y tendría que ingeniárselas para que su equipo de seguridad atrapara a esos tipos, no podía ser posible que lucraran con lo que no les pertenecía y salieran ilesos, había dejado tanto trabajo que le estarían reportando pro las noches, ya no quería estar presente.
Entrar a la mansión fue algo extraño, no se olía como antes y al girar a ver todo estaba mal, al parecer también le habían dado donde más le dolía, hizo una seña y el personal asustado corría para bajar maletas del auto y este entregaba las llaves para que lo guardaran en el garaje. Entraba y las atenciones del mayordomo fueron de espanto. - Tranquilos, todo está bien, la orden es, no estoy aquí, que nadie sepa que he llegado, cierren todo y los guardias de seguridad que se pongan en la entrada, mañana llegara Johnson, supongo. - No mi señor, el acaba de irse, contrató al personal que reparar todos los jardines, ella esta en las habitaciones de servicio, diseñando los bocetos y ya mandaron pedir el primer camión de todo lo que se ocupara para reparar lo que hicieron a los jardines, -¿Ella? - Si la paisajista que contrato. - Bien, no le digan que estoy aquí, mantén mi estancia hermética Charles.
Continuará...
Gracias por leer comentar y apoyar a nuevas historias con los personajes
sinceramente,
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
