Mini fic
Amor en los Rosedales
Por Mayra Exitosa
Reto Paladines
Historias de Albert y Candy
Miraba lo que había sido antes el jardín más extenso y hermoso, ahora no era la primavera que deseaba encontrar, aun se podía salvar y que fue lo que hicieron, ocultárselo, como si no estuviera acostumbrado a las malas noticias, no había visto una sola buena en varios años. Regresar era solo el comienzo, al parecer quienes dejaron que pasara ya habían sido demandados y hasta se habían escapado huyendo de los resultados, lo seguro era que Johnson no se lo quería decir, lo había estado viendo muy entristecido, la partida de su madre había sido un golpe fuerte hacía tiempo pero coincidir con la fecha en el hospital fue recordarla y saberla ausente, como la echaba de menos, pero si habían contratado a una mujer, lo mejor era que él ya había llegado, esa chica no debía saber nada de jardines y él le conocía todo a sus tierras, incluso la hiedra, las hortensias y hasta la glicina, debían haber sobrevivido muchas, solo era cuestión de revisar bien. Tomaba su café y decidió salir con ropa sencilla por si le tocaba entrar a tomar las plantas, sus guantes de jardinería y unas cortadoras pequeñas, eran parte de sus herramientas personales, dejaba la taza y caminaba dos pasos para ver a la rubia pequeña moverse con agilidad dando instrucciones y moviendo a todos al son de su energía, al verla bien, era que la reconocía, no había crecido mucho, su mirada era del verde de las hojas y se notaba muy animada y apresurada, no podía creerlo era aquella niña perdida que deseaba ir al bosque, ¡vaya! Ahora era una mujer preciosa.
Era un hermoso día, ese lugar sería mucho más bello en cuanto se pusieran manos a la obra, ver a los hombres ir llegando de dos y tres en deshora, la hizo enfadar y el último que se asomaba, la dejaba sorprendida, era el niño aquel que la había ayudado a pasar por los alrededores de los jardines, él si debería haber conocido los rosedales desde antes, apenas lo vio y supo por su mirada, su forma de nariz y esa forma de mirar tan triste, era algo que compartían habían conocido ese lugar en la mejor época y ahora no era nada de lo que antes fue. - ¿ya estás listo? No creo que sean horas de llegar, tenemos mucho trabajo y no voy a desilusionar al dueño porque tengas que llegar a estas horas, comienzo temprano, antes del amanecer hago los planes, nada de quedarse a dormir hasta que la cama te aviente, o te pones listo o mejor no vengas a trabajar, el señor Johnson me prometió hombres de trabajo y tu pareces muy distraído. - ¿yo? - Ni modo que yo, comencé a las siete de la mañana, esto tenía las doce plagas y un poco más, le pusieron tierra barata y cobraban de la cara, definitivamente todo se les plagó, no eran jardineros y lo mejor era que salieran huyendo si me toca verlos te juro que los pongo en la lista negra para que nadie les de trabajo. - ¿doce plagas? - Sé que estás triste y te reconocí de inmediato, eres el hijo de los jardineros que me ayudo una ocasión, así que debes conocer este jardín como lo fue antes, y en cambio a mi nunca me dejaron entrar a verlo completo, así que me vendría bien tus recuerdos para colocar este lugar como lo fue hace mas de doce años, es el tiempo en el que deje de verlo, y venir para mi siempre fue un sueño que nunca pude cumplir, bueno, tu me mostraste solo un pedacito, pero esos guardias de traje obscuro, creo saber de que talla calzaban porque siempre me rechazaron y aventaron lo más lejos que pudiera. - No lo sabía. ¿te hicieron daño? - No estanos aquí, para saber si todavía tengo marcas en mis pompas o no, vamos a trabajar que aquí no se gana el sueldo conversando, hay que arar la tierra nueva y aun llegaran cinco camiones, debemos estar listos con el sistema de agua central, así que únete y no vuelvas a llegar tarde. - Muy bien.
Anthony se reía, no podía creer de todo lo que se había dado cuenta, ella nunca lo relacionó con la mansión y eso le agradaba, ahora lo trataba como un empleado de Johnson, esto sería ideal, y ella no le había dicho todo aquella ocasión por lo que se daba cuenta, ella solo deseaba conocer el lugar de las rosas y no la dejaron ni una sola vez, y ahora lo tenía de empleado, algo debía estar pagando, porque si estaba con ella, al menos le diría como era antes, aunque parecía saber muy bien lo que se requería, estaba revisando todo a detalle y le daba gusto que sea ella precisamente quien se hiciera cargo. - No sé tu nombre, pero apúrate, aquí no es para ver, imítame de perdido amigo, que estas muy lento. - Si, disculpa.
Trabajar con ella era un gusto, era veloz y estaba muy concentrada, su movimiento certero para las plantas y como salvaba todo cuanto podía, y movía con agilidad y destreza, cada detalle, revisaba las raíces, y extraía la tierra contaminada, definitivamente era una mujer conocedora y se notaba muy atareada, ya hasta lo había presionado en tres ocasiones, llegar a los rosales, hizo que se detuviera en seco, la vi y al parecer recordaba algo que habíamos pasado al salir del lugar, ahí estaban las rosas más blancas que había en todo el jardín y ella revisaba tramo a tramo los pedazos de los tallos, se notaba preocupada, - Será mejor que este lugar me lo dejen a mí, ustedes vayan por el sector de las hortensias, deben estar deshidratadas y por lo que veo, habrá que desmontar, ustedes al invernadero, sacaremos lo que sirva y le daremos un nuevo auge a ese lugar y ustedes a los areneros, ahí no me cortaran las plantas que todavía gritan por ser salvadas. - ¿Y yo? - Tu puedes quedarte, debes ayudarme a buscarla, el tallo es único, no es fácil de confundir, pero había de otros colores y debemos salvarlas todas hasta ver el brote. - Me parece muy buena idea, salvaremos todas las que podamos. - Gracias, no me perdonaría si pierdo la que me diste una vez. - ¿lo recuerdas? - Esa vez fue la última que estuve aquí. - No lo sabía ¿vives cerca? - No, estaba muy lejos de aquí, a tres colinas al norte -¿tres colinas? son como veinticinco kilómetros, - si los caminaba a diario con tal de ver las rosas y los jardines, mira vez aquellos árboles, desde ahí arriba los veía. - Lamento saberlo hasta hoy, te hubiera mostrado los jardines si me lo hubieras pedido. - Y que te llamaran la atención, no. Sé lo que es eso, no me perdonaría que te regañaran por mi culpa. Sabes, lo mejor de no haber entrado fue que después me motivó para estudiar botánica y hacerme paisajista, así que estuvo bien, ahora hago paisajes nuevos y diseños mucho mejores de los que alguna vez creí ver. - ¿En serio? - Te mostrare por la tarde mis bocetos, pero antes tenemos que hacer todo esto, solo tengo dos semanas antes de que regrese el dueño, luego será mas complicado ver a un hombre triste por lo que no encontrará, las rosas vendrán desde varias partes, son las mejores que pude traer, no quiero que recaiga el dueño de la propiedad. - ¿Por qué? ¿lo estimas? - Tuvo un accidente y no sé que tan grave haya sido, pero no quiero que se ponga triste como me pasó a mi cuando llegue y vi todo este desastre. - Comprendo.
Anthony no podía dejar de verla, de cómo en tiempo récord, avanzaba por metros y metros con una agilidad incomparable, ni él cuando estaba cortado los brotes secos, le había sido tal velocidad, y ella era una mujer brillante, salvaba todo como si fueran a sonreírle las plantas en cualquier momento, mostraba una alegría y parecía incansable, era una mujer extraordinaria, y como no lo había notado, siendo tan niña y sola por el bosque debía haberle invitado desde aquella ocasión a tomar una limonada o darle un paseo por las rosas del centro.
La hora de comer llegaba y todos salían a almorzar, ella lo mandaba y se iba a supervisar lo que habían estado haciendo los demás, dejándole sin saberlo, espacio para que él no fuera visto y comiera dentro de la mansión. - Si Charles, ella piensa que soy un empleado, así que no me llamen mientras me encuentre con ella. - Como usted quiera, sabe bien que el personal de la mansión no sale a los jardines, tiene demasiadas ocupaciones y más con su llegada y su seguridad, se han estado incrementando mayores trabajos. - Gracias.
La fue a buscar, no había ido a comer, estaba entretenida en el invernadero, donde ahora estaba salvando los brotes y les ponía música de fondo, atendía a otras plantas que estaban en malas condiciones, apenas podía verla cuando recordó a su madre sentada exactamente en el mismo banco, mirando con ternura las hojas pequeñas y dándole sonrisas, como si les susurrara un secreto, fue tal que su corazón saltó emocionado al ver en ella el reflejo de la que había realizado el jardín más bello de todo Chicago. - Disculpa, no has comido, te traje algo. - Gracias, me distraje ahora fui yo la que no se concentra en las actividades, mira estas plantas crecerán en dos semanas, estarán listas para ser sembradas a media sombra, veras que serán hermosas y no se volverán a ir nunca más, buscaré cuidarlas, aunque no me dejen entrar.
- Te dejaran, si ya estás haciendo un milagro al reparar tanto, en tan poco tiempo. -¿lo crees? - Por supuesto, dime que le hacías cuando te acercabas a la planta. - Le estaba diciendo que no la iba a abandonar, que estaría aquí junto a ellas, cuidándolas y que confiara en mí. - ¿en serio? ¿crees que te escuchen? - Por supuesto, aquí ella estaba triste, vio a muchas de sus compañeras partir, sufrieron mucho, pero dice que alguien las trajo, les prometió que las cuidaría y las amaría por siempre, ahora tendremos que ver que esa promesa se les cumpla.
Continuará...
Muchas gracias por leer y comentar esta historia, espero sea de su agrado,
Un abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
