—Siempre supimos que una nueva generación llegaría antes está vez, que Seiya y sus hermanos nacieron para marcar el inicio de esta, por lo que la salida de su generación, es inevitable—explicó Athena con una mirada sería.

—Por supuesto mi señora—respondió Saga a las palabras de su diosa.

—No puede ser de otra manera—aseguró Aioros tras el.

—A pesar de ello, no podríamos estar más atrasados, peligros se aproximan y ni siquiera tenemos un sumo sacerdote aún—meditó la diosa, más para si misma que para sus caballeros—por eso están aquí, ustedes fueron las dos opciones predilectas para suceder al antiguo patriarca, por lo que es lo más apropiado respetar sus deseos, Aún así…

Los dos hombres la observaron atónitos, teniendo una sensación desagradable que pasó desde el primero de sus cabellos hasta los dedos de sus pies.

—Aioros, tú fuiste su elección final, sin embargo, y no es por menospreciarte en lo más mínimo, creo que esa decisión fue arbitraria, Shion dejo que la presencia que sentía en Saga lo asustara, y acabó por tomar una decisión desesperada, ¿Habrá sido la correcta?—Athena balanceó una de sus piernas mientras lo pensaba en profundidad.

Y no era la primera vez, la diosa estuvo meditando su decisión por meses, pero sencillamente no podía estar cien por ciento segura de ninguna de sus opciones sin sentir que desperdiciaba colosalmente a uno de estos, después de todo, si estos ya no tenían una función en el santuario, significaría que tendría que dejarlos partir.

—Virtud, valor y sabiduría—pronunció la diosa en voz alta—las principales características del sumo sacerdote. Los años han pasado, y ya no son los mismos adolescentes de antaño, me preguntó, luego de las guerras vividas, ¿Quién de ustedes las poseerá en mayor medida?, ¿Qué me dicen ustedes, los más justos, sabios y valientes de mis caballeros?—preguntó directamente con una mirada suplicante.

Ambos santos bajaron la cabeza, sintiendo el sudor bajar por sus frentes y los escalofríos recorrer sus espaldas, aquella situación, era justo como años atrás, antes de que la tragedias llegarán una tras otra.

—Mi señora, este puesto siempre le perteneció a Saga, todos lo sabemos. Desde el primer día él siempre fue el más virtuoso, el más valiente, y el más sabio, más justo también, y estoy seguro de que tanto las órdenes de oro, plata y bronce, como los soldados rasos y los civiles leales al santuario, estarían felices de tener a Saga en el lugar en el que siempre debió estar, por favor, elijalo a él—rogó el caballero de Sagitario sin subir su cabeza.

Saga lo miró sin poder moverse.

Después de permitir que el lemur tomara el control por sus miserables celos ante la inclinación que había tenido el patriarca por él, después de que cometiera crimen atroz, tras crimen atroz, y en su debilidad no se atreviera a acabar con su propia vida de ser necesario, ¿Aún pensaba que era el más digno?.

—Saga, ¿Estás de acuerdo con lo que dice Aioros?—preguntó Athena inclinándose hacia él.

—Diosa Athena, yo...—murmuró sin poder acomodar sus pensamientos.

La diosa se levantó de su trono y se arrodilló frente al caballero de Géminis, quitó sus manos de su pecho y las cubrió con las suyas.

—Se honesto Saga, en tu interior, ¿Concuerdas con lo que dijo Aioros?, ¿Piensas que eres el más indicado para este cargo de tal importancia?—le preguntó con un tono dulce y comprensivo.

El santo de Géminis sintió su mundo dar vueltas, sus recuerdos atormentarlo, sus propios monstruos luchar entre si, las dos miradas esperanzadas sobre su cabeza lo aplastaban, y aún así, respondió lo que siempre desde el fondo de si mismo, quiso pronunciar en voz alta.

—Considero que soy más justo, más valiente, y más sabio que Aioros, por lo tanto, yo soy quien debe ser el sumo sacerdote—sentenció con voz más fuerte de lo necesario.

Tanto Athenea como Aioros sonrieron resplandecientes, sintiendo que todo empezaba a encajar en su lugar.

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Saga daba vueltas en su cama, su cuerpo desnudo transpiraba y su boca daba murmullos de dolor desgarradores, cuando sintió que alguien tocaba su hombro saltó de golpe en la cama y le asestó un puñetazo fallido a quien lo había despertado.

—Saga, compañero, soy yo, ¿Me escuchas?—Aioros le susurró empujando los hombros del caballero de Géminis hasta pegarlos en la cama.

—Aioros...—murmuró con alivio al ver un rostro conocido, y no a un feroz enemigo—estoy… estoy nervioso, amigo mío—le susurró en respuesta, quitando las manos de sus hombros—seré patriarca en una semana y los miedos no paran de consumirme—rio de forma amarga y a Aioros le pareció más un llanto que otra cosa.

—No hay nadie más digno que tú, harás un trabajo maravilloso, traerás la paz, no hay nada que temer—el santo de Sagitario se arrodilló junto a la cama y le sonrió con seguridad.

—No lo entiendes, Aioros, yo ya fui patriarca, yo ya traje la paz, por trece años, pero bien sabes que en esa paz había una oscuridad perversa, había sangre y había injusticia, actuaba como un ser divino, pero apenas me descuidaba, El lemur tomaba el control y hacía de las suyas, porque soy débil, siempre fue porque soy débil, Kanon se aprovechaba de eso y el lemur también, tomaban mis ambiciones y las usaban como carnada para sus propios deseos, y no puedo evitar preguntarme—Saga giró la cabeza hasta su amigo y le dio la mirada más desconsolada que Aioros presenció jamás—¿Qué sucederá cuando

alcance esas ambiciones?, ¿Qué será de mi?, ¿Y si esos deseos en los que tanto insistían mi hermano y ese demonio de Ker eran reales?.

—El mismo Kanon en admitió que te juzgo mal, que intentó convencerte para que ejecutaras su propia voluntad debido a su cobardía, se arrepintió y se convirtió en un hombre diferente, estoy seguro de que jamás intentaría convencerte de algo malvado y en dónde está, no puede hacerlo. Y Ker... ya no puede hacerte daño, ella ya cumplió su misión y ahora descansa con sus hermanos, no le interesas, no quiere nada de ti. Eres libre para ejecutar tu propia voluntad como en tu infancia, esa pura y bien intencionada voluntad casi divina, que te hace parecer un misericordioso dios.

—No soy dios, soy una persona egoísta e impulsiva, no necesito de ninguna fuerza externa para cometer errores mortales… tengo tanto miedo—tapó su rostro con sus manos.

Aioros bajo sus cejas con pesar y acarició el cabello de su amigo para tranquilizarlo, que supiera que no estaba solo con sus sombras.

—¿Cómo seré capaz de tener mis ambiciones bajo control, si ni siquiera puedo convencerme a mí mismo de que sigo siendo el buen hombre que recibió la armadura de Géminis?—soltó Saga casi en suspiro, sin revelar su rostro.

—No estarás solo, tendrás a Athena para guiarte por el buen camino con su amoroso y cálido cosmos—Aioros siguió con sus caricias dándole una sonrisa cálida y honesta.

Saga solo tembló de miedo y se acurrucó más en la suave cama, de ser posible.

—También me tendrás a mí para apoyarte si es lo que deseas—le susurró el santo de Sagitario.

Saga quitó sus manos de su cara y se apoyó en la cama con sorpresa.

—El sumo sacerdote siempre deseó que trabajemos en colaboración por una razón, y si es lo que deseas, me quedaré junto a ti y te cuidare de ti, no habrá Ker, ni demonios internos que puedan dañarte ni dañar a otros en mi presencia—le aseguró con una sonrisa triste.

—¿Qué cosas dices?, Tú no puedes hacer eso, tu hermano no para de hablar de los viajes que tendrán, de las experiencias que vivirán, él está muy contento porque por fin podrán estar juntos en paz—dijo Saga incrédulo.

—Por supuesto que también deseo vivir ese sueño pero, mi lealtad está con Athena y la de él también, lo entenderá, incluso se alegrará por mi—cortó con sus impedimentos en un instante—¿Qué dices, amigo mío?, ¿Quieres que me quedé como tú fiel servidor?—preguntó agachando su cabeza.

—No...—murmuró pensativo—No habría honor más grande—soltó Saga en lo que pareció un chillido.

Y antes de que pudiera notarlo, era un mar de lágrimas siendo consolado por Sagitario.

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Desde que revivieron luego de la guerra contra Hades, su relación nunca volvió a ser la de antaño a pesar del perdón, y era entendible, las heridas eran demasiado profundas para sanar, talvez nunca lo harían, y no se podía hacer otra cosa que aceptarlo.

Pero desde que Saga aceptó a Aioros como su servidor, está se fue recuperando poco a poco con una velocidad milagrosa.

Sagitario era diligente en toda regla, no dejaba al futuro patriarca solo con sus pensamientos más tiempo del necesario, y se encargaba de una gran cantidad de tareas para su sucesión que debería estar haciendo el mismísimo Saga, no podría estar más agradecido de contar con tal apoyo.

Pero de alguna forma, el ver a Aioros moverse con naturalidad y astucia entre la interminable burocracia del santuario para hacer el mejor trabajo posible para él, no pudo evitar sentir que estaba siendo desperdiciado como un simple sirviente.

No pudo evitar sentir que su lugar era en el trono del patriarca. Lo cual desencadenó otro problema.

—No me digas que ni siquiera te han ascendido y ya tienes el síndrome del impostor—cuestionó Shaka con preocupación.

Síndrome del impostor.

Sonaba tan inquietante.

Sentía que no se merecía ese cargo, qué no se merecía estar entre ellos, ¿Merecía realmente la nueva oportunidad que le dieron los dioses?.

Si estos hubieran elegido a Kanon, este hubiera tenido la armadura de Géminis, y a falta de rivales, Aioros hubiera sido el patriarca, él solo tuvo suerte de ser el elegido.

—No lo sé, creo que solo estoy muy agradecido por el sacrificio que hace Aioros por mi, y no puedo evitar verlo como si de un ser superior se tratase—Saga intentó organizar su cabeza en voz alta.

—Quizás, pero piensalo de esta forma: ¿Tú harías lo mismo por él?—interrogó Shaka con una ceja alzada.

—¡Por supuesto!—aseguró sin siquiera pensarlo.

—Entonces es todo, las cosas deben ser justo como son, tú eres el indicado, eres el más fuerte, listo y decidido de ustedes dos, eres el único que sería capaz de alzar nuestras armas en el momento necesario, como debe hacerlo el patriarca—le explicó con

tranquilidad—así que dedícate a superar esta pequeña crisis tuya y encárgate de mantener en paz este lugar, ¿Te parece?—preguntó irónicamente, abandonado la casa de Géminis.

Sabía que Shaka no era una buena opción para desahogarse, se sentía igual de nervioso.

En sus tiempos de impostor, Shaka siempre fue capaz de poner sus ojos en su lugar en los momentos críticos, hacer rodar cabezas cuando debía suceder aunque lo detestaba, pero ahora, su objetividad sólo lo había enfadado por su desensibilización.

—Ya tengo la túnica para la ceremonia, y tu máscara estará lista mañana—informó Aioros entrando por sorpresa a la casa de Géminis con una sonrisa—tendrías que ver cómo se encuentra Rodorio, todos están fascinados con la noticia de tu ascenso—su voz sonó emocionada.

Aioros bajo sus cejas al ver el rostro consternado del santo de Géminis—¿Hay alguna cosa que no se encuentre en orden?, ¿Necesitas algo?—cuestionó con preocupación.

Saga observó el rostro de su amigo y negó con una sonrisa.

—No, no necesito nada más, mi querido amigo—respondió con seguridad.

Y es que así era, así debían ser las cosas, justo como lo dijo Shaka, él haría lo mismo por Aioros, y su hermano ahora gozaba en los campos Elíseos.

Él no podía arruinar todo por semejante tontería, era digno de ser el sumo sacerdote.

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La noche anterior a ser ascendido fue un calvario.

Se sacudió con desesperación y negó mientras lloraba como si de una cascada se tratase, y es que había descubierto lo que para ese punto era una tragedia.

—¡Saga!—gritó Aioros con preocupación al entrar a la habitación.

Corrió hasta su amigo y lo abrazo indicandole como respirar.

—Sé que es difícil, pero ya te dije que todo estará bien, confío en ti, eres Saga de Géminis y…

—¡No soy un Dios!—le gritó sin dejar de llorar.

—Lo se, amigo, lo se, nadie te está presionando, tú...—intentó calmarlo fallidamente.

—¡No soy un ser divino!, ¡No soy un alma pura!, ¡Y no soy el niño que asesinó al patriarca por un ataque de celos!—se separó de Sagitario bruscamente—Ya no soy ese chico, yo he cambiado, Aioros, ya no soy un Dios, ni un alma pura, ni un ser divino, yo ya no veo las cosas de la misma forma y siempre lo supe—puso sus manos en el suelo con dolor—Ya no

soy más justo, más sabio y más valiente que tú, pero mi ego se negaba a admitirlo, yo me volví un hombre más que intenta ser un buen caballero, pero tú, tú sigues siendo un ser divino, Aioros.

—¡No te permitiré decir eso!—el santo de Sagitario lo levantó del suelo por la fuerza y le mostró los dientes—¡Tu destino no ha cambiado, Saga!, ¡Eres la mejor persona que conozco!, ¡Mírame!, ¡Tú te mereces ser el patriarca!—se aferró a sus hombros con fuerza, soltando suspiros que llegaban a asemejarse a gimoteos—tú… tú te lo mereces.

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Los santos estaban formados, de rodillas, esperando regocijados a que la ceremonia diera inicio y jurarán ante su nuevo sumo sacerdote.

Los caballeros dorados sonreían tranquilos, sabiendo que su era estaba quedando atrás, las otras órdenes contenían el aliento con expectación, Athena esperaba de pie a que el sucesor llegará a escena, y se inclinó en señal de respeto hacia el recién llegado, forrado en las prendas sagradas.

Todos se sintieron congelar al identificarlo, nada menos que Aioros, el caballero dorado de Sagitario.

—¿Dó… dónde está Saga?—murmuró Mu con nerviosismo, siendo secundado por sus compañeros.

Más sus dudas se vieron respondidas rápidamente cuando Saga apareció tras él, con las ropas mundanas que usaba generalmente y las cejas fruncidas.

—Santos, soldados y devotos, lamento con mi alma decepcionarlos, pero no seré yo quien sea ascendido—aseguró con una mirada determinada—Si no el santo dorado de Sagitario, Aioros.

La noche anterior, luego de que Aioros se negara a aceptar sus preocupaciones, se levantó con un temple que había perdido hace semanas y llevó del brazo a Aioros hasta Star Hill, gracias a la fuerza que poseía.

—Mira hacia las estrellas, Aioros, mira hacia donde va Géminis, se aleja cada vez más, tan lentamente que es casi imperceptible, mientras que Sagitario se acerca, con un brillo superior al de todos los días—explicó con una sonrisa—mi destino no es ser ascendido ni nada tan brillante, mi destino es humilde, lleno de sanaciones y retribución, pienso que estuvimos colosalmente equivocados todo el tiempo, porque mi destino es ser tu leal servidor—Saga le sonrió complacido—si tan sólo hubiera pensado en esto desde un principio, hubieras tenido más tiempo para prepararte.

—esto no es posible...—murmuró escéptico.

—te enseñaré a leer las estrellas, y podrás confirmarlo por ti mismo, pero eso será luego, hay mucho que hacer, hablaremos con Athena y le pediremos a la servidumbre que arreglen

las prendas ceremoniales y...—Aioros dejó de escuchar los planes de su amigo y se lanzó al suelo.

—¡Mi destino no es ser el patriarca!, ¡Mi destino es seguirte!, ¡Siempre lo ha sido!—le gritó Sagitario con frustración.

—Al contrario—Saga se arrodilló frente a él—mi destino siempre ha sido seguirte, ¿Me lo permites amigo mío?.

Y ahí estaban ahora, frente a todos los seguidores de Athena, cambiando completamente los planes previstos.

—He decidido que mi conciencia no está lo suficientemente limpia como para ocupar tal cargo, que mi mente no está lo suficientemente serena y sobre todo, que aún tengo muchos errores que expiar por mi cuenta, en lugar de solo permitir que Athena cargue con ellos, por eso, cuando sea el momento de dejar mi armadura, dedicaré mi vida al santuario, como un leal servidor de Athena y el patriarca, dando lo mejor de mí por ustedes, nuestra diosa y el mundo, siento haberles hecho perder el tiempo, me retiro a las filas doradas—avisó colocándose su armadura en un segundo y ubicándose en su puesto junto a sus colegas, quienes lo veían impactado.

La ceremonia siguió sin más contratiempos, Aioros juro frente a Athena y ella lo aceptó, más cuando llegó el tiempo de que los santos y devotos juraran ante él, este los detuvo.

—Yo no soy Saga—dijo con voz firme—no puedo ser comparado con un dios, u otra criatura divina, no tengo un alma purificada ni soy la manifestación de la bondad y la justicia, pero sé que soy un buen hombre, le pertenezco enteramente al mundo, al santuario y a Athena, y mis energías se irán exclusivamente a protegerlos, y asegurar su bienestar. No soy Saga, no esperen que lo sea, así que piensenlo bien y no me juren lealtad sin estar convencidos, me ganaré su confianza poco a poco y lo haremos cuando consideren que sea digno.

—Que ridículo eres, Aioros—Aseguró Shura poniendo sus dos rodillas sobre el piso, y su mano en el corazón—no hay ninguna confianza que ganarse.

—¡Porque nosotros ya confiamos nuestra vida en ti!—se río Aioria imitandolo.

—Desde siempre—Saga los siguió.

—¡Desde siempre!—Seiya, Shun, Ikki, Hyoga y Shiryu gritaron a la vez.

—¡Desde siempre!—y para cuando Aioros se dio cuenta, todo el santuario estaba arrodillado frente a él, recitando el juramento.

Una nueva era había empezado, y sin duda alguna, no podrían tener un patriarca más digno que el salvador de Athena.

Nadie más digno que Aioros de Sagitario.