Nota: ¿Está fumado? Pues sí, pero es trabajo honesto.
— Entonces... ¿Sigues enojado?
Fue la pregunta que Six le hizo a Mono, inclinándose ligeramente hacia él para verlo y también, entrar en su campo de visión.
¿La razón por la que están teniendo esta conversación? Porque Mono (siendo ahora el Hombre Delgado) entró a las Fauces por medio de uno de los televisores del sitio. Y cómo Six (siendo La Dama ahora), se estaba recuperando del bucle —donde su versión más joven devoraba su cuello y la mataba— y da la casualidad que ellos se encontraron.
En un tenso e incómodo silencio, hasta que ella rompió ligeramente con este (como si el silencio fuese hielo y sus palabras el picahielos) al acercarse y con timidez —miedo al rechazo, más bien—, tomó su mano como en los viejos tiempos y lo llevó a su habitación.
Siendo ahora sí, que él terminara sentado en un silla pequeña (para su alta complexión) en lo que ella terminaba de tratar con sus heridas.
Nadie dijo nada en ese silencio, y eso lo volvía todo más incómodo.
Al menos, hasta que harta se acercó y le hizo la pregunta que rondó por su mente en ese momento.
Mono pareció meditarlo, realmente pensarlo.
¿Qué si él seguía molesto? ¿Molesto con Six por su traición al soltarlo, verlo caer e irse como si nada?
Se sintió ofendido cuando volvió a pensar en su pregunta. E incluso más molesto; y se lo hizo saber al cruzarse de brazos, apartar la mirada y encogerse en su asiento mientras bufaba.
Six no necesito más, la respuesta era demasiado obvia y su pregunta había sido demasiado estúpida.
Pero si tan molesto seguía con ella, ¿Entonces por qué había venido hasta aquí?
— De acuerdo, ya entendí... Pero entonces, ¿Por qué viniste si estás molesto conmigo?
Nuevamente el silencio se hace, pero dura menos. Pues es ahora Mono quien acaba con este.
— Quiero que te disculpes.
Ahora es Six quien lo medita seriamente. Pues, ¿Cómo decir «perdón» cuando no se arrepiente sinceramente?
Y tampoco es como que le apetezca mentirle. No tiene ánimos para ello, probablemente por las heridas (marcas de dientes) en su cuello.
— Mono — suspira —... No puedo hacerlo.
— ¿Por qué?
—... Porque yo... yo no me arrepiento de lo que hice.
La molestia del hombre adulto se torna en tristeza, aunque ella no puede ver su expresión.
Y ahora es él quien suspira —. Sí... me esperaba una respuesta así — mira al suelo de madera, dolido —. Creo que esperé demasiado... aunque, tampoco puedo culparte — junta sus manos sobre su regazo, entrelazando sus dedos —. Después de todo, éramos niños intentando sobrevivir y de huir de un mundo cruel y aterrador.
— Lo peor es que terminamos siendo nuestras propias pesadillas.
— En cada bucle.
— Sí... — concuerda Six, resignada.
—... Six — la llama Mono, por primera vez desde que llegó. Su voz se escucha cansada como un murmullo, suave —... Tú... ¿Podrías prometerme algo?
— ¿Prometer...? — no sabía si sería capaz de prometer algo, y mucho menos sabía si podría tener la confianza de Mono o él la suya. Se sentía insegura pero una ínfima parte de ella, quería hacer lo que él quisiera que ella hiciera —, ¿Prometerte qué?
— Prometerme que... en el siguiente bucle, no soltarás mi mano.
Se sumieron en un melancólico silencio, dónde uno tenía dudas y el otro, esperaba asustado una respuesta.
Sólo el sonido de sus pasos resonó en esa habitación, donde Six volvió a acercarse a Mono. Hasta estar enfrente y esperar a que él la mirase.
La mirada de la mujer adulta tras la máscara blanca era suave, tan melancólica como el silencio en el cuarto. Y la mirada del hombre adulto, era exhausta y por supuesto, melancólica.
Ella extendió su mano hacia él, lentamente.
— Lo haré, sólo si tú haces lo mismo. Aquí y ahora.
(¿Podrías sostener mi mano ahora?)
Él miró su mano unos largos segundos y, reticente, la acercó. Y cuando sus manos se tomaron, Six le brindó un suave apretón.
Mono miró sus manos, tomadas y una tenue sonrisa apareció en sus labios.
(Tomaré tu mano las veces que quieras).
