Aoi se pregunta a veces, cuando hace los quehaceres de la finca, en sus descansos o cuando está investigando y estudiando lo que Shinobu dejó atrás.
Aoi se pregunta seriamente, la razón por la cual ha comenzado a interesarse un poquito más en Inosuke.
En el salvaje, grosero, gritón e impulsivo chico del grupo Kamado.
No lo entiende, puesto que la persona que le interesaba y posiblemente, le gustaba, era Tanjiro.
Era Tanjiro el que la hacía suspirar de vez en cuando y quien se colaba en sus pensamientos sin querer. No Inosuke, él solamente era un conocido y a quien llegó a tratar por sus heridas además de rehabilitarlo.
Pero de alguna manera, Inosuke empezó a colarse en sus pensamientos y también, comenzó a acercarse más a ella.
Notándolo inusualmente tímido o nervioso, comportamientos que nunca antes había visto en el chico. Pero que no le desagradaba tanto, pues era un poco más dócil y fácil de tratar; sin contar que hacía las cosas que le pedía sin rechistar demasiado y cuando las cumplía, se lo recompensaba con porciones de comida extra.
Sonriendo satisfecha al saber que su comida era lo suficientemente buena para el gran Inosuke.
Y aún así, ella seguía preguntándose por qué Inosuke.
Y es que, tampoco quiere decir que fue por despecho. Por un amor no correspondido y por haberse hecho a un lado al darse cuenta de cómo Tanjiro y Kanao se miraban.
Aoi no quiere pensar en esa posibilidad, no quiere pensar en que Inosuke fue su segunda opción y que solamente comenzó a fijarse en Inosuke por despecho.
Pero.
Tal vez y las acciones de Inosuke fueron las que apaciguaron el dolor que hubo en su corazón, y el brindarse la oportunidad de convivir y conocerlo más a fondo, fue tal vez, una de las razones que la llevó a interesarse en Hashibira Inosuke.
Y las cosas detonan una tarde de otoño, cuando han salido a pasar al bosque por insistencia de Inosuke. Cuando entonces, Aoi tropieza en una colina e Inosuke con tal de protegerla, la abraza mientras ruedan cuesta abajo.
Y es ella quien queda debajo, un poco adolorida pero llegando a una conclusión.
O más bien, una declaración que se hace a sí misma en su mente mientras mira fijamente a Inosuke a los ojos.
A sus orbes esmeraldas, que relucen de preocupación, culpa y temor.
Sentimientos que ella aplaca cuando extiende una de sus manos a su mejilla con una pequeña sonrisa.
Me enamoraré de ti en otoño.
Es la frase que resuena en su mente y le hace sonreír dichosa. Riéndose al final por la mirada confundida del chico sobre ella.
— ¿...Aoko?
— Estoy bien, Inosuke-san.
Tal vez, no está tan mal fijar sus ojos en Inosuke.
Y si hubiera algún problema, se las arreglaría para resolverlo. Y si debía acoplarse a su ritmo como él lo hacía con ella, entonces lo haría.
Tenía todo otoño para ello.
