Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Muy bien, vengo con este fic a cumplir con el reto que fue convocado por la talentosa Dita Hessefan en su página. Por lo tanto está dedicado para una persona en especial que espero le guste la temática de este fic y que pueda divertirse, reírse y disfrutarlo. Según el reto el fic tiene que estar subido por completo como mucho hasta el 6 de Enero, y está casi completo (me faltan dos capítulos), con lo cual tendrán una actualización cada 5 días porque tengo que cumplir si o sí). Son seis capítulos en total, espero les guste, lean por favor todas las notas correspondientes para entender de qué va esta historia.

Importante: ¿qué carajos es un mitómano?

Mitómano es un término utilizado para referirse a una persona inclinada a la mitomanía, es decir, a mentir compulsivamente. La expresión mitómano, al igual que mitomanía, es de origen griego. Se compone de la raíz mythos, que significa 'historia' o 'palabra', y del sufijo manía, que significa 'deseo desordenado'. En criollo, una persona que miente sin poder evitarlo, es como el alcohólico o el fumador, no puede parar de mentir incluso si no es necesario. Ya aclarado este punto podemos seguir adelante.

Por otra parte, tengan paciencia porque la relación entre Levi y Eren empieza very very lenta, de hecho Eren no aparecerá casi en el primer y segundo capítulo, así que PACIENCIA, valdrá la pena, espero ja. Recuerden que volvía Wattpad, búsquenme con el usuario Luna-De-Acero, estoy subiendo de a poco los fics porque los estoy revisando y corrigiendo (había demasiados errores), también estoy subiendo lo mismo en la plataforma Archive of Our Own (AO3), con el usuario: LunaDeAcero7, también pueden dejarme kudos y comentarios, y como siempre en Fanfiction: Luna de Acero, donde van a encontrar todos los fics originales y completos.

Para los que estaban esperando la actualización de Rudo, no la subí este sábado porque tuve visitas y cumpleaños familiares y realmente estuve a tope, mil, pero mil perdones. Esta noche se los subiré sin falta, ESTA MISMA NOCHE, no sean llorones. Ahora sí, al fic.

Cierto! La portada la hizo la talentosa Lindsey Lobo (FB), no es bellísima? Yo la amo con toda el alma, muchísimas gracias, preciosa!


Disclaimer: Los nombres de los personajes son del maestro Isayama Hajime, más el contexto de la historia, la trama y las personalidades son de mi completa invención, la historia está protegida con certificado internacional de Safe Creative, allí la guardé con nombres originales para los personajes, está prohibido reproducirla o adaptarla a otro fandom, gracias.

Advertencias: Lenguaje vulgar, palabras altisonantes, nada más

DEDICATORIA: Este fic está dedicado en exclusiva para Ak Bennington, corazón espero que este fic cumpla con tus expectativas, de verdad lo espero, un abrazo gigante!


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"Una mentira nunca vive hasta hacerse vieja".

Sófocles

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Se miró en el espejo luego de afeitarse y no pudo menos que pensar que era el espécimen más hermoso de todo el puto mundo. Tomó el gel y se peinó hacia atrás, secó sus manos en la toalla y se hizo el nudo de la barata corbata color rojo, su preferida de las tres únicas que tenía.

Salió del baño y encontró a Farlan durmiendo en el piso como un indigente, ¡qué remedio! El calor era agobiante en esa casucha de mala muerte que compartían desde hacía unos años, solo por eso estaba yendo a trabajar, porque la oficina estaba siempre fresca con el aire acondicionado.

Miró la hora cuando estaba en la parada del autobús, iba a llegar un poco más de una hora tarde, ¡qué joda! Se puso los lentes de sol, esos que había conseguido por cinco dólares a un vendedor ambulante y le miró el culo al hermoso joven que tenía al frente.

Mierda, ya llevaba demasiado tiempo en abstinencia. Jean estaba demasiado enojado con él –con justa razón, lo sabía-, así que no había manera que le dijera que sí, y ¡rayos, cómo le urgía conseguir una madriguera para la nutria! Ni modo, saldría el fin de semana a ver si pescaba algo. Tal vez probara suerte con Bernard, el chico que les iba a dejar los pesados bidones de agua a la oficina, se notaba que era aguantador, y tanto levantar esas cosas todo el día le habían esculpido un lindo cuerpito. Se relamió los labios de solo imaginarse una posibilidad. Sabía que no le era indiferente al muchacho.

Se pasó todo el viaje mirando por la ventana, no quería prender el celular porque estaba seguro que Erwin ya lo había llamado por lo menos unas tres veces y no tenía ganas de ponerse a pensar en qué decirle, todavía. Adoraba esa adrenalina de sentirse acorralado en una situación y poder salirse con la suya con alguna de sus elaboradas historias. Era una especie de leyenda en el lugar. Sonrió para sí mismo con complacencia.

Miró como subía el inspector al vehículo y chistó en disconformidad, tenía una tarjeta para jubilados -obviamente conseguida en las sombras de la ilegalidad- que le permitía viajar gratis, pero tenía que tener cuidado de no toparse con la revisión. Debería haberse bajado, pero no lo hizo, se apostó a un costado haciéndose el dormido.

—Oiga, despierte señor, señor —el hombre lo zamarreó de un hombro y Levi se hizo el desentendido.

—¿Si?

—La tarjeta de viajes, por favor.

—Oh, oh, disculpe, lo que sucede es que no la había cargado y le pedí a la señora de violeta que pasara la suya —Se hizo el de mirar a la gente que estaba sentada a su alrededor y luego se hizo el sorprendido—. Joder, ¿dónde está? Estaba sentada en la primera fila, lo juro, ¡le di el dinero de mi pasaje!

—Lo siento pero si no tiene como comprobarlo le tengo que pedir que descienda de la unidad, señor.

—¡Pésimo servicio!

Se bajó una cuadra antes de la parada donde debía hacerlo, estaba acostumbrado a caminar. Llegó a la concesionaria bostezando y miró como el Renault 12 color gris opaco seguía con el cartel de oferta en el parabrisas, al igual que el Renault Clio rojo con el rayón al costado y el utilitario verde. Tres "ladrillos" invendibles, menos para él, claro estaba. Levi hacía posible lo imposible.

Observó de reojo la desvencijada marquesina que se prendía por las noches con ese odioso color amarillo fluorescente que dejaba ciego hasta a los insectos. "McCejas, tu automotor amigo", un nombre de mierda si le pedían su opinión, pero calzaba muy bien con el dueño, un tipo altísimo –aunque no lo admitiera en general todos eran altos a su lado-, de cabellera rubia y muy anticuado.

—¡LEVI! —lo escuchó rugir apenas pasó la puerta de entrada.

—Hola, guapo —lo saludó Petra guiñándole un ojo e inclinándose hacia adelante para mostrarle el escote de una manera poco discreta.

—Muñequita, ¿cómo estás? ¿Acaso nuestro Shrek rubio se levantó de malas?

—Algo así, ¿te voy preparando un cafecito?

—Claro, hermosa, voy a calmarlo y regreso.

Desde el pasillo podía sentir la mirada furibunda de su actual jefe, pero no se sintió amedrentado en lo más mínimo, entró con pie de plomo y una sonrisa ladina, quedó de pie frente al escritorio mientras Erwin lo observaba con severidad, las cejas como dos gusanos peludos que se enfrentaban en una colisión. La verdad es que intentaba concentrarse en la nariz del hombre porque esos apéndices velludos le daban un poco de impresión.

—Diez y cuarto, Levi —dijo con molestia contenida.

—Te voy a explicar —Comenzó a explicar balanceándose sobre sus pies mientras desviaba su mirada a un rincón de la oficina, justo sobre el potus ese que se estaba secando por falta de riego—. ¿Recuerdas que te dije la semana pasada que Farlan había adoptado un gato? Bueno, cuando estaba saliendo escuché los lamentables berridos –porque no se puede llamar maullido a eso-, del pobre minino. Así que fui a ver qué diantres le había sucedido, ninguna criatura del señor debería lamentarse con esa fuerza.

Su jefe se apoyó en el respaldo de su mulido sillón y lo escuchó atentamente, bien era sabido que el rubio era un amante acérrimo de ayudar a los animales y los gatos eran en especial criaturas de su devoción. Levi suspiró y puso una expresión muy acongojada y Erwin se preocupó.

—Resulta ser que el gatito no hacía popó desde ayer, y ya sabes que cuando los gatos no van de cuerpo, tarde o temprano se mueren. Es responsabilidad de Farlan, pero ya ves que no puede ni con él mismo.

—¡Ah! Es cierto.

—Ni qué decirte que mi poco lúcido amigo entró en pánico y siendo el único cerebro pensante de la casa, mojé un trapo limpio en agua tibia y le refregué la barriga, improvisé un enema con una jeringa –que habíamos comprado para darle de comer, claro-, y ahí me tienes, dale, que dale con las fricciones, y el enema hasta que el cachorro, maullando adolorido largó su mierda encima de mi —Erwin enarcó las cejas asombrado—. Tuve que cambiarme, lavarme las manos, lavar la ropa, usar el quitamanchas, en fin, así que si, he llegado tarde, pero he salvado una vida y no me arrepiento en absoluto.

—Ya veo. Bueno, no se puede evitar —Soltó con resignación y Levi sonrió por dentro—. Sin embargo, hace dos días que no vendes nada y eso sí es un problema.

—Pff, dos días, en un solo día te venderé esos tres clavos que tienes afuera, como que me llamo Levi.

—No trates de morder más de lo que puedes.

—¿Ah, no me crees capaz? Dame un incentivo y te vendo hasta el potus muerto ése que tienes allí.

—No está muerto. Vende al menos dos de esas carcachas y te daré un bono extra.

—¿De cuánto hablamos? —dijo interesado mientras sus ojos se llenaban de avaricia.

—¿Qué tal de no despedirte por tus constantes llegadas tardes y la falta de documentación a presentar?

—Qué aburrido, señor McCejas, como sea, iré a vender, piensa en mi bono.

Salió bostezando por el pasillo y dobló para entrar en la minúscula cocina donde Petra lo estaba esperando con una taza de café caliente y espumoso. Le guiñó un ojo y aceptó la taza para apurar la bebida lo antes posible.

—¿Sabes? Tengo dos entradas para este viernes para ir a ver "It 2" al cine —Le sugirió melosa mientras lo arrinconaba un poco.

—Oh, qué pena no me gustan las películas de terror, verás soy bien cobarde, prefiero las románticas y de finales felices, evitemos el sufrimiento.

—Bueno, siempre podemos ir a mi casa a ver lo que tú quieras —Continuó mientras le agarraba la corbata con una mano.

Carajo, cada vez se le hacía más difícil esquivarla, gracias a Dios Oluo se metió para prepararse una taza de té, aunque era obvio que su intención era vigilarlos, pero le venía como anillo al dedo.

—Petra, hay gente en la recepción, no deberías dejarlos solos.

—Ya voy —Respondió con desgano, luego miró a Levi con lujuria—. Luego arreglamos, guapo.

—Mmm, bsnsi.

Oluo lo miró por el rabillo del ojo e hizo una mueca de desagrado, o algo así, era difícil de saber porque la cara del hombre de por sí parecía estar en una eterna expresión de asco.

—Deja de ser tan hijo de perra y no la ilusiones a lo tonto —Le advirtió en voz baja.

—¡Ay, por favor! ¿Escenas de celos?, ¡esquiusmi!

—No seas más hijo de puta de lo que ya eres —Lo regañó con naturalidad.

—Oh, ¿así que me celabas a mí y no a Petra? —Devolvió con veneno el más bajo pero no esperó réplica alguna que dio un coletazo más antes de retirarse de la cocina—. Lo siento bebé, pero no me gustan los feos.

Terminó el contenido de la taza y la dejó en algún escritorio, ya alguien se haría cargo, ignoró de plano los reclamos de Oluo a sus espaldas. Seguro Petra la lavaría por él, de hecho Petra hacía muchísimas cosas que él detestaba, como imprimir la documentación, arreglarle sus metidas de pata, cubrirlo si se echaba una siesta por las tardes calurosas, prestarle dinero y hasta compartirle el almuerzo muchas veces. Se sentó en su escritorio y encendió la computadora, solo para ponerse a navegar en alguna página para "comprar" trajes de baño masculinos, necesitaba recrearse la vista. Ya había cumplido las exigencias del día: Aplacar a la bestia de su jefe y su enojo, mantener viva la chispa de Petra, hacer renegar a Oluo, ¿qué faltaba? Oh, sí, vender.

Justo entró un hombre que había estado mironeando afuera sobre los vehículos, antes de que le dijera "hola", Levi lo había escaneado con sus ojos grises e inteligentes y había sacado mucha información. Seeee, bastaba confirmar que tuviera unos dólares ahorrados y lo atraparía como un pichón.

—Buenas —dijo el hombre que caminaba un poco encorvado, con cara de haberse levantado recién y aplomo de tortuga.

—Estimado, bienvenido al hogar de su futuro auto.

—Quería saber cuánto cuesta ese de allá —Señaló con pereza a un sector del estacionamiento que Levi ni se molestó en verificar.

—Veamos, primero usted cuénteme qué es lo que anda buscando, ¿quiere algo ligero para pistear, algo familiar o un barco pirata que zarpe de noche con rumbos inciertos? —Invadió el espacio personal del cliente afirmándose de su hombro y sacando esa sonrisa de diablo (según palabras de Oluo) que lo favorecía tanto.

—Eh, bueno, yo…

—Venga conmigo, no hay mejor manera de elegir un vehículo que en el face to face, uno elige con la mente y luego con el cuerpo, venga.

Lo semi arrastró hasta el Clio rojo del lado que estaba impecable.

—Mire caballero, una joyita, impactante presencia, imponente trompa, el rojo es el color del deseo, ¿lo sabía?

—No —El hombre se acercó y tocó el auto dejándose llevar por las palabras del vendedor—. Pero no sé, no creo que me alcance para uno así, es demasiado lindo.

—¿Y usted no merece uno lindo? Para ganar hay que invertir, escuche, yo le puedo hacer una promoción muy interesante por este bello vehículo, aunque a usted no le alcance la casa le financia con un préstamo personal lo que falte en comodísimas cuotas, y ya. Un auto habla del estatus de un hombre, realza su imagen y lo hace distinguido entre el resto, llevaría la ventaja en ámbitos como… la conquista, por dar un ejemplo.

Los ojos del cliente se abrieron un poco y su pupila se dilató, Levi se relamió de antemano.

—¿Cuánto cuesta?

—Oh, para lo que es ¡muy poco! Se lo digo y es una locura, ¿cuánto quisiera pagar usted por un buen auto? Sea generoso, que lo que uno arroja es lo que uno cosecha.

—Pues vaya, no lo sé, ¿dos… dos mil?

—Arroje un poco más, no sea tacaño.

—Pues, bu-bueno, ¿tres mil?

—Qué suerte tiene usted, esta belleza sale cinco mil novecientos pero solo por hoy puede llevarlo a cuatro mil quinientos. Súbase, súbase, iremos a dar una vuelta —ofreció, abriéndole la puerta, no tuvo que entrar a la oficina porque Petra salió para tirarle la llave a las manos—. ¿No le dije? Este bebé, atrae mujeres por montones, ¿cómo me dijo que se llama?

—Gastón.

—¡Gastón! Definitivamente es nombre de ganador —Le puso las llaves en las manos y sacó sus anteojos de sol baratos para colocárselos y disfrutar del paseo.

Anduvieron por unos diez minutos y el cliente cada vez más y más convencido de los beneficios de la máquina.

—Pero es que yo no tengo cuatro mil quinientos —Se sinceró una vez que regresaron del paseo.

—¿Y cuánto tiene?

—Tal vez llegue a cuatro cuando mucho.

—Ya veo, no se preocupe Gas, le haremos un crédito personal por los quinientos faltantes y seguro que podrá pagar diez cuotas de cien dólares, o veinte de cincuenta, ¿qué le parece? Es su día de suerte, esta misma noche puede llamar a su novia y sacarla a pasear orgulloso en su nuevo y flamante auto.

—No, no tengo suerte en el amor —dijo el hombre con una sonrisa que quería ocultar su tragedia.

—Ah, pero quién necesita el amor cuando puede tener sexo, usted tranquilo mi amigo, que esta noche le caerán de a dos cuando arranque.

—Con unita me conformo, je.

—No se diga más, esto no es un auto, es una caravana del amor, estimado. La adquisición que va a mejorar su vida a partir de ahora.

Bajó con el cliente feliz, a los abrazos y las risotadas hasta que el hombre vio el reflejo del vehículo del otro lado.

—Un momento —El cliente se acercó y examinó el rayón enorme que iba desde la trompa hasta la segunda puerta, tendría unos dos centímetros de largo—. ¿Y esto?

Levi no perdió el temple, al contrario, se mostró completamente seguro.

—Esto, mi estimado es un rayón como podrá ver, no vendemos autos nuevos, ¿pero quien se va a dar cuenta?, es una cosa de nada.

—No, una cosa de nada, no, es enorme.

—Mire, enorme puede ser un grano de arroz para una hormiga. Las palabras se las lleva el viento, yo le digo como lo veo yo, alguien saliendo en este auto me parece una persona… valiente, que no le teme al qué dirán —Se puso en pose como si estuviera manejando y se dirigiera a los otros—. "¿Qué miras, idiota? Ya te gustaría tener una nave como esta, envidioso, arrugado, PEATÓN".

El hombre miraba asombrado al otro.

—Hermano, este es un auto con personalidad, ¿me entiende? No es el típico autito de juguete que uno suele ver que al final son arreglos con photoshop, este auto es un soldado, que sobrevivió batallas, que un rayón no lo define, sino que él mismo define al rayón. "No lo quito porque no se me canta los cojones, yo sí quiero salgo con dos rayones si hace falta", ¿entiende? Un rayón es como... como una cicatriz. A veces visibles, no muy estéticas, ¿pero que representan las cicatrices?

Levi miró al hombre que negó con la cabeza y alzó los hombros.

—Las cicatrices representan batallas ganadas, compadre. Dígame, ¿usted no tiene cicatrices, acaso?

—Eh, bueno, del apéndice —Respondió señalando su abdomen.

—Y cuando va a intimar ¿se la cubre? ¿Reniega de esa cicatriz? ¿Le parece humillante tenerla?

—No…

—Es exactamente lo mismo con su auto, rayón menos, rayón más el motor es una delicia, cumple su función que es llevarlo a donde usted necesita, cubrirlo de las inclemencias del tiempo, darle estatus, nivel, protegerlo. Es lo mismo que usted se postulara a un banco y lo rechazaran por su cicatriz de apéndice, ¿le parecería justo?

—No.

—Exacto, una cicatriz no lo hace menos hábil para sus funciones, entonces lúzcalas con orgullo, como solo un verdadero macho se anima.

—Bueno, c-creo que tiene lógica.

—Claro que si. Venga conmigo, hay que firmar cuanto antes.

—Eh, espere, señor, es que quisiera consultarlo con mi hermano, él es mecánico y sabe mejor de estas máquinas.

—Claro, claro, puede hacerlo, ¿su hermano está cerca?

—No, tengo que ir a verlo a su casa, capaz mañana podemos venir los dos.

—Ah, no, es que le digo Gastón, tenemos dos problemas, primero, hace una hora estuve hablando con un cliente que vino antes que usted, ¿sabe? El ofreció incluso los cuatro mil quinientos juntos, pero por motivos de salud va a venir por la tarde y el segundo es que la oferta es solo por hoy amigo, mañana vuelve a su precio regular de siete mil.

—¿Siete mil, no era cinco mil novecientos?

—Cinco mil novecientos de contado, siente mil financiado. No le digo, ¡es un ofertón imperdible! Gastón, usted puede irse de aquí como el simple peatón, de vida triste que entró a buscar la felicidad o… Gastón, el matador del auto rojo con personalidad, que lo compró en una oferta por casi la mitad del precio normal, ¿qué va a elegir?

El hombre se refregó las manos y volvió a mirar el auto.

—La caravana del amor, Gastón —Le susurró Levi con mirada cómplice y fue el empujoncito que el cliente necesitaba.

—¡Qué rayos! Vamos a hacerlo.

—Eso es amigo, qué buena elección, acompáñeme.

Llenar los papeles llevó cerca de una hora más, al igual que la transferencia del dinero y el arreglo por el faltante. En el transcurso Oluo vendió una moto pistera bastante bien conservada. Una vez que los clientes se retiraron, Levi pasó frente al escritorio de su compañero.

—Charlatán —Escupió por lo bajo el hombre mientras ocultaba la palabra con una fingida tos.

—Envidioso —Le devolvió Levi con una mueca triunfal.

Le pidió a Erwin que al menos le comprara el almuerzo por la primera venta del día, una vez que se aseguró que así fuera, volvió a su escritorio. Petra se acercó a charlar y le extendió los documentos ya completos y sellados.

—Gracias, primor. Si el mundo tuviera más Petras, sería el paraíso.

—Adulador —Soltó ella sonrojándose y saludó para retirarse.

Oluo salió detrás de sus pasos, no sin antes mirar con rencor a su compañero que le guiñó un ojo y le tiró un beso volado.

—¿Por qué eres tan malo con Levi? —Lo regañó la jovencita cuando ya llevaban un trecho lejos del negocio.

—¿Por qué todos lo apañan? Es solo un aprovechado.

—Será aprovechado, pero está que se cae de bueno —dijo con ensoñación.

—Y un mentiroso. Erwin siempre lo perdona, le deja pasar todos sus errores.

—Es cierto que debería ponerse más firme con ciertas cosas, pero no puede desmotivar a su vendedor estrella.

El hombre apretó los labios molesto.

—Lo siento, Oluo, pero es la verdad, Levi vende cinco veces más que tú.

—Porque miente, miente descaradamente.

—Bueno, tal vez tú deberías intentarlo también, ¿no crees?

—Jamás seré como él, antes muerto.

Después de comerse una sabrosa porción de fideos con albóndigas de carne que le trajeron de una casa de comidas cercana -a cargo de su jefe, claro-, Levi fue a tirarse en el sillón de la oficina de Erwin. Se quitó los zapatos y se acomodó allí muy complacido. Pero a un paso de dormirse comenzó a sonar con estridencia su celular, por un breve segundo estuvo a un paso de no responder, pero lo cierto es que a su celular personal solo podían llamar tres personas. O Farlan, que no lo hacía nunca a menos que estuviera en peligro de muerte, su jefe que seguro no era y su tío.

Joder, ojalá Farlan estuviera a punto de morir. Abrió un ojo y notó el reluciente nombre de "KENNY CABRÓN", en la pantalla. Atendió de inmediato.

—Hola, hijo de puta —fue el familiar saludo, Levi rodó los ojos.

—Tío.

—Señor Ackerman, para ti, escoria y no me tutees.

—Señor Ackerman, ¿a qué debo su llamado?

—Esta noche te quiero a ti y a tu esperpento de novio en la casa del jardín grande, a las nueve.

—Joder, eso está al otro lado de la ciudad, no haré tiempo salgo de trabajar a las ocho.

—Uno de mis chicos te buscará a la salida de tu horrendo trabajo de mierda, te quiero listo a las ocho y media —y cortó.

Frunció el ceño, ¿para qué carajos quería Kenny que él fuera a su casa?, o mejor dicho a una de sus tantas casas. Solo esperaba que no le pidiera ningún encargo raro, de hecho se suponía que ellos ya no eran familia, al menos desde esa vez que Kenny lo echó a patadas por embriagarse con ese costoso licor que había traído de no sé dónde y él había sacado de su escondite secreto. Recordó amargamente cuando le puso la pistola en la sien y gracias a Dios al gatillarla se le atascó el casquillo, porque con seguridad no la estaría contando. Viejo demente. Le mandó un mensaje a Farlan que estuviera a las ocho a la salida de su trabajo que los pasaban a buscar, que era a pedido de Kenny.

"Mierda, pa ké nos kiere ver? Viejo loko"

"Solo ven, no me jodas"

Luego apagó el aparato y se hundió en un profundo sueño reparador al menos por las siguientes dos horas ya que ni bien llegó Erwin lo sacó a los tumbos de su oficina. Levi bostezó, se fue al baño para lavarse la cara y los dientes –tenía su cepillo en la oficina donde pasaba muchas horas-, meó y salió a buscar a los siguientes compradores.

Por la tarde siempre era más concurrido que por la mañana. Encontró a un hombre mayor algo tacaño que le gustó el utilitario y luego de renegar y negociar bastante por el precio, al final se lo terminó encajando. Pusieron las rejas, acomodaron y al fin cerraron el lugar.

—¿Te acerco? —Ofreció Erwin, seguro porque estaba feliz de haberse sacado dos de los tres autos maltrechos que no se vendían por nada.

—No, hoy tengo planes –Indicó Levi con las manos en los bolsillos.

—Mañana te quiero a las nueve, no aceptaré ninguna excusa, descansa bien.

Levi le hizo un fuck you cuando Erwin le dio la espalda y saludó sin ganas. Se sentó en un escalón de la vereda y como la zona era algo oscurita sacó un pequeño cigarrillo de marihuana. Apenas lo prendió Farlan llegó para sentarse a su lado.

—¿Sentiste el olor y viniste? —dijo largándole el humo en la cara.

—Dame una pitada —Pidió el rubio y tomó el mismo para disfrutarlo—. ¿Te dijo algo?

—Solo que quiere vernos, en la casa del jardín grande, no me acuerdo cuál es esa.

—¿No es la que estaba en el barrio Paraíso?

—Ni idea, igual nos vienen a buscar.

—¿Es seguro?

—No.

—Puta madre.

Se quedaron mirando el vacío mientras les comenzaba a hacer efecto la fumada.

—Limpié la casa —dijo Farlan con voz pastosa.

—Yo también.

—Pero te hablo de hoy, idiota.

—Ah, claro —Y comenzaron a reírse como dos tontos que eran.

—¿Sabes qué me gusta mucho, mucho? —dijo el rubio al que ya se le habían puesto los ojos colorados.

—¿Las tetas?

—Aparte, cuando mezclas el detergente con la lavandina hace como una espuma ¿no? Y ese olor te perfora la nariz pero en cierta manera es estimulante.

—Te vas a morir intoxicado cualquier día de estos, Far. Pero primero hay que hacerte un seguro de vida, o dos... mejor tres.

Un auto negro se estacionó al frente del negocio y los desconcentró de su charla, descendió el vidrio del acompañante, era Trauten, solo los miró y se levantaron de donde estaban. Subieron sin decir nada y el viaje se hizo en silencio. Levi conocía perfectamente de lo que era capaz esa mujer por lo que prefería evitar su trato.

Efectivamente la casa quedaba en el country Los Paraísos, una mansión de dos plantas, con piscina y un salón precioso, por fuera estaba adornada con lajas en diferentes tonos beige y marrón claro, por dentro las paredes de color cálido desentonaban completamente con el dueño. Descendieron y pudieron a notar dos de los chicos de Kenny custodiando el techo y otro más la puerta, no llevaban armas visibles, pero ellos sabían que las tenían ocultas en la ropa o el cuerpo. El tipo alto vestido de negro de la puerta de entrada les abrió y cabeceó indicando que entraran.

—Levi —Susurró Farlan cerca de su oído—, me estoy cagando encima.

—Te la aguantas, caray, había olvidado que siempre te pasa después de fumar.

Kenny estaba sentado detrás de una especie de escritorio, estaba tecleando en una notebook y los miró con desaprobación una sola vez para luego volver la vista a la pantalla y seguir con lo que fuera que estuviera haciendo.

—Señor Ackerman —Saludó Levi tratando de pararse derecho.

—Realmente ustedes son dos mamarrachos —dijo el hombre mientras sacaba un puro cubano de uno de los cajones, con una pinza rompía la base y procedía a prenderlo.

Levi odiaba el olor de esas cosas.

—¿Qué necesitas de nosotros?

—¿Yo? ¿Necesitar algo de ustedes? Pobre par de maricas idiotas.

—Yo no soy marica, solo Levi —Aclaró Farlan y el otro le tiró un codazo sin disimulo.

—Cállate —dijo con su voz de hierro y esa mirada de asesino que hacía parecer a Hitler un cachorro en apuros—. Hablarás cuando yo te lo diga, perro. Ahora, tengo asuntos que arreglar afuera del país, quiero que se queden aquí el siguiente mes, tienen prohibido salir de la propiedad en mi ausencia, van a tener bebidas en abundancia, la cocinera se va a encargar de darles algo para masticar y hay papel higiénico en abundancia, ¿preguntas?

—¿Qué? —dijo Levi con los ojos bien abiertos—. No, espera no puedo quedarme aquí, tengo un trabajo por si no sabes y no voy a perderlo.

—No te estaba preguntando, te estoy diciendo que te vas a quedar aquí. Tómalo como una oportunidad para volver a ser de la familia.

—No entiendo, tienes mucha gente a tu cargo, podrías dejar a alguno de ellos, ¿por qué nosotros?

—No confío en ellos.

Levi lo miró tratando de descubrir qué tramaba ese hombre, sabía perfectamente en la mugre que andaba metido y con la clase de personas con las que se relacionaba, nada de esto olía bien.

—Lo siento, no puedo aceptar, a ver si esta vez aprietas el gatillo y me la rajas.

—Oh, ¿todavía me guardas rencor?, ¡vamos! No tenía balas, ya te lo dije.

—Dijiste que se había trabado la pistola y fuiste a buscar otra, solo por eso sigo vivo.

—Bueno, ¿qué tal esto? Les daré cincuenta mil dólares por quedarse en mi mansión viviendo como reyes, si eso no es un buen trato no sé qué lo sea —Luego tomó una honda bocanada y Farlan sonrió deslumbrado por el ofrecimiento.

—Espera —Levi agarró de un brazo a su amigo y lo alejó un momento—. Hay algo raro aquí.

—¿Tú crees? Solo hay que quedarse aquí, no es la gran cosa y a fin de mes tendremos cincuenta grandes, ¡cincuenta grandes Levi!

—No lo sé, ¿por qué no le pide a Traute?

Kenny se levantó y se acercó hasta ellos que dejaron de hablar y lo miraron.

—Escucha enano, te diré la verdad, van a traerme un paquete y necesito que alguien de mi familia lo reciba, también van a retirar otro paquete y es lo mismo. Nada va a suceder, te voy a dejar a la guardia aquí, así que deja de pensar tanto.

—¿Qué tienen los paquetes?

—Nada que tengas que saber.

—¿Dices que nos darás cincuenta a cada uno?

—Ah, como siempre sigues siendo la misma mierda codiciosa que mi hermana cagó en navidad, de acuerdo idiota, cincuenta para cada uno de ustedes que no lo valen. Pero estando fuera necesito que esta operación salga bien.

—¿Es así? ¿Solo recibir y despachar, nada más?

—Tienes mi palabra —Respondió sonriendo ladinamente y Levi sintió escalofríos, pero joder, cincuenta mil...

—¿A partir de cuando?

—En una semana, el próximo Martes quiero sus dos culos instalados aquí.

—¿Adónde te vas?

—Fuera del país, a ningún lugar que te importe.

—¿Cómo me comunicaré contigo si algo no sale bien?

—Tienes mi número de celular, así será, pero no quiero que me llames, de todos modos no hará falta. Ahora lárguense, Traute los llevará de regreso, no quiero ver sus feas caras hasta el próximo Martes.

Dicho lo cual se dió media vuelta y se fue escaleras arriba. Ambos salieron en silencio y del mismo modo subieron al auto hasta que estuvieron dentro de su propia casa. Recién entonces Farlan comenzó a brincar como cabrito mientras gritaba eufórico de la felicidad que sentía, Levi se lo tomó con más calma, sacó un cigarrillo de los normales -la marca más barata que se podía conseguir—, y lo prendió mientras pensaba. Ese viejo zorro andaba en cosas turbias, él lo sabía mejor que nadie, obviamente el dinero le venía más que bien, pero sabía que nada era gratis y le parecía un escenario demasiado bueno para ser cierto. Ni modo, tampoco podía negarse, cuando Kenny quería algo lo conseguía a como diera lugar. Terminó de fumar y fue a acostarse, ya era tarde, se comió tres pequeñas bananas pasadas de maduración que ya tenían un par de mosquitas fruteras sobrevolándolas, no tenía ganas de cocinar, ya mañana desayunaría con algo suculento.

Justo cuando iba a ponerse el pijama su celular recibió un mensaje de Jean, seguía enojado claramente, pero le bastaron un par de maniobras para que el ardiente joven le ofreciera ir a pasar la noche. Joder, tenía que llegar temprano al trabajo mañana... que Erwin se jodiera. Se puso una campera y metió la corbata roja en uno de los bolsillos. Farlan lo vió salir por la puerta y meneó la cabeza, ya conocía sus costumbres.

Al día siguiente llegó a su trabajo casi a las once, con una brillante y resplandeciente sonrisa. Su jefe le gritó y se apersonó en su despacho. "Deberían hacer una película de terror con las cejas de Erwin", pensó mientras desconectaba su mente a medida que la reprimenda escalaba de intensidad.

—¿Tienes algo para decir? —preguntó el hombre con el rostro colorado.

—Sí. Ahora que me dejas hablar, al fin, te contaré lo que sucedió. Juro por esta luz que me alumbra que no fue mi culpa —Comenzó a balancearse sobre sus pies como hacía en esas ocasiones—. Anoche tuve que ir a ayudar a mi tío que se quebró la cadera, ya sabes bañarlo, prepararle comida y todo eso que no puede hacer ahora, pobre tipo, así que cuando llegué a mi casa como a eso de la una de la mañana estaba reventado, Farlan, mi compañero de casa estaba borracho porque había estado bebiendo con los amigos, culpo al cansancio, no sé, pero tiré las llaves de la casa sobre la mesa del comedor, con tanta mala suerte que cayó dentro de un vaso con agua que estaba ahí.

Erwin lo escuchaba en silencio, al menos el color rojo de sus mejillas ya había bajado un poco.

—Entonces qué sucedió, yo no lo sé, lo único que sé es que desperté a las ocho, sé que era sobre la hora, pero estuve ayudando a mi única familia viva, estaba cansado, así que corrí a buscar las llaves y no vas a creer, Erwin, el puto vaso de agua no estaba sobre la mesa. Lo busqué por todas partes, no me quedó de otra que ir a despertar a Farlan, lo tuve que zamarrear un buen rato, hasta que más o menos se despabiló, igual no fue de ayuda, para entonces ya eran las ocho y media y yo no sabía qué hacer más que llamar un cerrajero, pero el único que me atendió estaba ocupado hasta las diez, así que le dije que no y traté de abrir la puerta por mis medios.

—¿Rompiste la puerta de tu casa?

—No, ¿cómo crees? Esas cosas son costosas, en fin, que agarro un cuchillo, un alambre y ahí estaba luchando contra el reloj.

—¿Por qué no llamaste para avisar?

—Me quedé sin batería, mira —dijo sacando su celular del bolsillo—. Pero espera, espera, aquí viene la mejor parte, le pregunté a Farlan donde estaba su juego de llaves y no sabía, así que ahí estamos, un borracho que no puede ponerse de pie y yo tratando de buscar una maldita llave, en fin, en mi desesperación abro la heladera, y a qué no sabes.

—No, no lo sé.

—El puto vaso de agua estaba en el freezer, yo no sé en qué momento, bajo qué circunstancias pero Farlan había metido varias cosas en ese lugar, entre esas un cucharón y una ollita que usamos para hervir huevos.

—Al punto, Levi.

—Ah, y bueno, el agua estaba congelada, y ya sabes que mi calefón no funciona, tuve que poner la tetera a calentar para poder descongelar el vaso y derretir el hielo para poder salir, y bueno, eso pasó.

Erwin suspiró y se refregó las sienes, luego enarcó una ceja cuando un mensaje entró al celular de Levi y éste vibró sobre su escritorio.

—¿No qué no tenías batería?

—Te explico, es que me da vergüenza admitirlo pero, eh, me cortaron la línea por falta de pago. O pagaba mi boleta del celular o le compraba el ibuprofeno a mi tío para aliviar su dolor, ya ves, no quería que te enteraras por eso dije que no tenía batería.

—Ve a trabajar, Levi y más te vale que vendas algo, como mañana no vengas a horario, considérate despedido, ¿me escuchaste?

—Entendido, me voy. Por cierto, eh, ¿no te habrá sobrado alguna galleta o un pedacito de pan de tu desayuno, eh? Ayer no cené, por ir a mi tío ya sabes y no tengo efectivo —usó su mejor mirada de persona necesitada y consiguió lo que quería.

Cuando llegó la bandeja con un increíble desayuno de una cafetería cercana y fue depositada en la mesa donde estaba Levi, Oluo se le fue al humo indignado.

—¿Viste, compa? Así se hace, ahora págame los diez dólares, yo gané, no solo el jefe me perdonó también me compró el desayuno.

—Eres el hijo de puta más grande que he conocido —Le soltó en voz baja pero enojadísimo.

—Sí, sí, págame

Guardó los diez dólares y endulzó su café con leche mientras sonreía victorioso. Sí, definitivamente la fortuna estaba de su lado.

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By Luna de Acero.-