Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Que me la chupe Wattpad... Ok, vamo a calmarno. Me tiene podrida esa plataforma, esa es la verdad, borraron 7 historias entre esas Lapsus (que si bien hace mención a algo que sucedió es cero explícito) que ni siquiera tiene contenido adulto. En fin, que se chupen un buen limón. En las otras plataformas seguiré jodiendo y escribiendo lo que se me cante. Bueno, listo, ahora sí al fic, Levi sigue haciendo de las suyas, espero lo disfruten!
Importante: ¿qué carajos es un mitómano?
Mitómano es un término utilizado para referirse a una persona inclinada a la mitomanía, es decir, a mentir compulsivamente. La expresión mitómano, al igual que mitomanía, es de origen griego. Se compone de la raíz mythos, que significa 'historia' o 'palabra', y del sufijo manía, que significa 'deseo desordenado'. En criollo, una persona que miente sin poder evitarlo, es como el alcohólico o el fumador, no puede parar de mentir incluso si no es necesario. Ya aclarado este punto podemos seguir adelante.
Recuerden que volví a Wattpad, búsquenme con el usuario Luna-De-Acero (o mejor léanme en las otras dos plataformas que no son tan quejicas), estoy subiendo de a poco los fics porque los estoy revisando y corrigiendo (había demasiados errores), también estoy subiendo lo mismo en la plataforma Archive of Our Own (AO3), con el usuario: LunaDeAcero7, también pueden dejarme kudos y comentarios, y como siempre en Fanfiction: Luna de Acero, donde van a encontrar todos los fics originales y completos.
Cierto! La portada la hizo la talentosa Lindsey Lobo (FB), no es bellísima? Yo la amo con toda el alma, muchísimas gracias, preciosa!
Disclaimer: Los nombres de los personajes son del maestro Isayama Hajime, más el contexto de la historia, la trama y las personalidades son de mi completa invención, la historia está protegida con certificado internacional de Safe Creative, allí la guardé con nombres originales para los personajes, está prohibido reproducirla o adaptarla a otro fandom, gracias.
Advertencias: Lenguaje vulgar, palabras altisonantes, nada más, al fin aparece Eren, no es una advertencia pero quería decirlo.
DEDICATORIA: Este fic está dedicado en exclusiva para Ak Bennington, corazón espero que este fic cumpla con tus expectativas, de verdad lo espero, un abrazo gigante!
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"Las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña".
Adolf Hitler
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Al otro día llegó a las nueve y media al trabajo y Erwin ya lo estaba esperando en la puerta, lo saludó con frialdad y caminó en silencio detrás de él hasta su despacho. Solo cabeceó dos veces para saludar a sus compañeros. El rubio cerró la puerta detrás de él y eso lo hizo ponerse nervioso, al parecer la suerte se le había acabado, ¿o no?
Erwin lo miró en silencio y de manera severa.
—Eh, ¿puedo hablar?
—Es lo que estoy esperando.
—Te explico, ya te dije que estoy cuidando a mi tío, ¿cierto? Que está quebrado de la cadera y todo eso, el pobre viejo no puede ni servirse un vaso con agua, ya sabes que nuestra situación económica es precaria.
—Levi, ganaste casi el triple de tu sueldo el mes pasado.
—Ya, tampoco es ¡uuf, qué sueldo! Es un sueldo bastante promedio, pero bueno, también debes saber que mi tío no tiene obra social, él era, mm, barrendero municipal y no sé qué pasó extraviaron su legajo en la municipalidad, la cosa que cuando se jubiló en el sistema estatal le salía que le faltaban cinco años de aportes jubilatorios, y ahí estuvimos con el viejo haciendo los reclamos pertinentes pero aún no se lo solucionan, mientras tanto el anciano está desvalido, sin ingresos, ni ayuda de ninguna clase, excepto la mía. Como sea, iré al punto no quiero aburrirte y sé que tampoco te importa demasiado la vida de mi familia —habló con seriedad mientras bajaba la cabeza y usaba una expresión compungida—. Pensar que el viejo ese solía matarme a palos cuando yo era chico, pero como sea me dio de comer y no me dejó en un reformatorio cuando mi madre eh... murió de... un aneurisma cerebral y bueno, se lo debo.
—Creo que en otra ocasión me habías dicho que tu madre murió de cáncer.
—Claro, de cáncer cerebral que le produjo un aneurisma, bah una hemorragia interna por el estallido de una vena, lo que produjo coágulos y bueno, el aneurisma. Como sea, el punto es que fui con el viejo anoche y bueno me dolía mucho la cabeza porque no cené, digo tenía cinco dólares y tuve que comprarle una cena al viejo, y como tuve que gastar fortunas en los putos medicamentos, dije, bueno tomaré algo para mi dolor, ¿no? Y yo creo que tengo que ir al oculista porque juro que pensé que el blister era de tafiroles pero resulta ser que era... uh, como te lo digo —se acercó y bajó la voz—, era viagra.
—¿Qué?
—Sí, bueno, confundí las tabletas, ¿sabías que eso no hace efecto de inmediato? Recién cuando llegué a mi casa empecé a sentirme raro, digo como taquicardia, me asusté, casi me voy a hacer atender al Hospital, pero claro no me iba a aparecer con una erección monumental ahí, me iban a arrestar por pervertido. Dios, qué vergüenza contarte esto.
—¿Cómo es que tu tío tenía viagra si no le alcanzaba para los remedios?
—Eran muestras médicas, eso me dijo él. Como sea, lo que sucedió fue horrible.
Levi se cubrió los ojos y se mordió el labio inferior, parecía en verdad atribulado.
—Joder, ¿qué sucedió, entonces?
—¡Erwin! ¿Cómo me preguntas eso? Hay una sola manera de arreglar una situación así, ¡Jesús de la cruz! Bueno, dos si estás acompañado, pero yo estaba solo, así que no quedó otra que apretarle el cuello al ganso, por decirlo de una manera fina.
—¿Fina?
—Como sea, el problema fue cuando después de la primera volvió a ponerse, ya sabes... coftiesocof, y ya me dije, Levi esto no es normal, no que no sea normal tener dos erecciones seguidas, pero así sin estimulación, es como raro, yo no tenía ninguna musa conmigo entonces empecé a dudar, pero bueno, la situación apremiaba y... tuve que pulir la flauta otra vez, y como una pesadilla Erwin, ¡pum! Firme como estaca otra vez, y yo: "no de nuevo", no de nuevo decía, como esa propaganda, ¿sabes de la que te hablo?
—Sí, bueno, entiendo la situación.
—¿La entiendes? ¿Te ha pasado?
—Oh, no, no a mí directamente, yo no tengo problemas con mi virilidad, pero le ha sucedido a un amigo muy cercano.
—Aaaah, claro, bueno, ahí me tienes jefe, hasta las tres de la mañana dale que dale a la macarena, no tienes idea lo que me duele el abdomen, los abdominales se me marcaban y me dolía el brazo y-
—Sí, sí, bueno, ya entendí.
—Así que dormí un poquito, tú me ves así entero y atractivo como soy siempre, pero estoy destruido por dentro.
—Pero es que esto ha ido demasiado lejos, Levi, cada día tienes una excusa diferente para justificar tus llegadas tarde. Entiendo que te pueda pasar una o dos veces al mes, ¿pero todos los días?
—Me eché siete pajas en total, la tengo casi en carne viva, lo juro —dijo haciendo una cruz sobre los labios—, si quieres te la muestro para que me creas.
—No, suficiente, vete a tu escritorio, no quiero escuchar más.
—Me siento un poco anémico, ¿puedo ir a comprar un poco de pan?
—Toma —dijo aventándole una bolsa con unos bizcochos caseros.
—Dios te bendiga, jefecito, que ricor —Aduló Levi sonriendo y abriendo la bolsa de la que se desprendió un exquisito aroma.
—Marie me los hace todo el tiempo, es una excelente cocinera y me apena tener que decirle que no lo haga más así que se los acepto, pero lo cierto es que todos los días comer carbohidratos está haciendo mella en mi figura —Comentó preocupado mirándose el estómago.
—No te preocupes, puedo ayudarte con esto todos los días si quieres.
—Para eso debes empezar a llegar a horario.
—Claro, amo, no se preocupe, como un reloj, mañana estaré a las nueve menos cinco, gracias.
—Vende algo.
—¿Si vendo algo antes del mediodía me comprarás el almuerzo?
—Solo si es el Renault 12.
—Ugh, es un desafío hasta para un vendedor de mi calibre.
—Oh, que pena, justo hoy pensaba pedir camarones fritos con salsa de ajo.
Levi lo miró de reojo desde el dintel de la puerta y se retiró en silencio a la cocina para poder desayunar y aprovechar el botín cosechado. Se hizo un té porque Petra estaba atendiendo clientes y le daba flojera batirse el café, después le pediría uno y se fue comiendo las masitas que estaban deliciosas, Dios bendiga las manos de la novia del cejudo. Claro que su tranquilidad fue interrumpida por Oluo que se apareció con su cara de oler mierda y se dirigió a un estante para tomar una taza y prepararse un café. El lugar era estrecho así que no le quedó otra que rozar a Levi con el torso.
—Bueno, si quieres tocarme no necesitas una excusa tan pobre, bombón —Lo molestó como siempre y su compañero lo miró enojado alejándose de inmediato.
—Cómo si quisiera tocarte.
—Lo hiciste, tu mano me rozó "el paquete" descaradamente.
—¿Qué? ¡Ci-cielos! ¡Deja de decir ba-barbaridades, i-inmoral!
—Oh, pobre cosita, ¿te puse ne-nervioso? —Se burló descaradamente mientras imitaba el tartamudeo de su colega.
—Cállate, no creas que puedes ma-manipularme-e como haces con P-petra.
—Oh, vamos Oluo, aquí nadie nos escucha, no voy a delatarte, admite que apenas llegas a tu casa lo primero que haces es una buena paja pensando en mí, acéptalo.
Levi solo lo estaba jodiendo y disfrutaba demasiado ponerlo incómodo, pero grande fue su sorpresa cuando Oluo se puso color carmín, quedó mudo y con la boca abierta.
—¡No me jodas! ¡¿Really?!
El hombre salió corriendo del recinto, y de la sucursal también, se escondió en un rincón del estacionamiento afuera para fumarse un cigarro. Cuando Levi salió de la cocina, Petra, que estaba con gente, hizo señas para que le dijera que había sucedido con Oluo, pero el vendedor solo se encogió de hombros.
Joder, así que el amargado gustaba de él y se hacía pajas en su nombre, ¡qué descubrimiento! Ahora tenía más ganas que antes de molestarlo, pero primero lo primero, tenía que vender esa carcacha y asegurarse el almuerzo. Los camarones fritos eran sus favoritos.
Con Oluo fuera de juego atendió a una señora mayor que le hizo perder mucho tiempo, aunque al final pudo venderle un Fiat 600 restaurado color durazno, luego entró un señor panzón y en extremo desagradable en el trato que no tenía un centavo. Para entonces ya faltaba una hora para la una de la tarde y realmente le urgía el almuerzo. Entonces, como un ángel bajado de los cielos, apareció esta mujer menuda, de treinta o menos, tímida y de hablar suave. Su león interno rugió complacido.
Se acercó solícito y hablando pausado, tranquilo para no apabullarla. Aprendió que se llamaba Celeste, que se había echo la manicura ayer, que le gustaban las azaleas y el perfume a lavanda. Vieron un par de modelos de autos, ella estaba interesado en algo "moderno", el Renault 12 tenía 28 años, pero sabía perfectamente como convencerla, para cuando fueron a ver el vehículo ella ya hablaba con ingenua confianza con Levi, sin embargo cuando se acercaron al vehículo en cuestión una mueca de disgusto hizo que el vendedor se diera cuenta que se iba a complicar, pero imposible era solo una palabra.
—Mmm, no lo sé, es un poco anticuado me parece.
—Bueno eso depende, señorita, ¿ya ha visto como ha crecido la delincuencia en estos días? Le roban a uno en cualquier parte, por un puñado de dólares son capaces de arrebatarle a uno la vida, más una joven como usted, indefensa, delicada, sería una presa fácil.
—Oh, Dios mío, ¿por qué me dice eso?
—No me malinterprete, Celeste, es que quiero concientizarla, un auto ostentoso, llamativo como ese que a usted le gustó primero es una trampa mortal también. Al ladrón no le va a importar si usted trabajó de sol a sol para poder pagar su vehículo, ellos están viendo un cartel que resalta llamándolos al atraco. En cambio mire esta humildad —dijo señalando el auto viejo—. Usted lo ve ahí estacionado, modesto, sencillo, sumiso ¿A usted le gustan los animales?
—¿Los animales? Bue-bueno, los perros, sí.
—Bien, y si usted viera un perrito veterano de la calle en apuros, ¿le negaría su ayuda solo porque no es de raza o porque está entrado en años?
—No, no, claro que no.
—Exacto, porque esta horrible sociedad nos ha enseñado a segregar todo aquello que no se amolde a los estándares impuestos, que la edad, que la figura, que la ropa que llevamos, que las preferencias de pareja, todo es analizado y juzgado, nos desmembran, nos desmenuzan como un lomito de atún si es que no cumplimos con todas esas normas y etiquetas espantosas. Por eso uno debe ser más inteligente que la sociedad, más criterioso, debemos usar a nuestro favor aquellas características que parecen vetustas pero que en realidad pueden ser potenciales ganancias.
La mujer lo miraba deslumbrada, asintiendo cada tanto a sus explicaciones.
—Entonces, Celeste, basado en todos estos juicios de valor superficiales con los que somos criados la mayoría, ¿quién en su sano juicio atentaría contra su vehículo? ¿Eh? Piénselo, un ladrón no trataría de robarlo, por el tiempo de vida útil que tiene el valor de la patente es bajo, igual con el seguro, que de hecho ni lo va a usar porque los otros conductores no van a querer chocar con usted, ¿sabe porqué?
—¿Por qué?
—Policarbonato, Celeste. Mire esos vehículos —dijo señalando unos cuantos al frente—, tan lindos y brillantes, pero es pura apariencia, usted los mira feo y ya se rayan o se arrugan, el policarbonato es un material económico y que luce bien desde afuera por eso es el más empleado en la fabricación de vehículos, ya no los hacen como antes, toque, toque —Pidió a la vez que le agarraba una mano y la apretaba contra el capot del auto—. Sienta esa firmeza —Le dijo entre susurros muy cerca del oído logrando que la chica se sonrojara un poco—, ¿puede apreciar esa dureza? Está hecho de chapón, el policarbonato nada puede hacer contra este material noble.
—Y-ya veo.
—Esto no es un auto, Celeste, es un seguro de vida. Si usted protagoniza un choque, Dios no lo permita, a su auto no le va a pasar nada, los otros conductores quedaran con sus vehículos hechos añicos. Además es un auto con historia, que ha protagonizado los cambios más notables de nuestra ciudad, que conserva su temple; le cuento más, ayer vinieron dos coleccionistas a comprarlo, pero no se los vendí, por favor Celeste, que esto quede entre nosotros que si me jefe se entera me mata —Lo último lo dijo bajando la voz y mirando a los costados como para que no lo escucharan en la concesionaria.
—¿No lo vendió?
—No, y le voy a revelar la razón. Yo no quiero que sea un trofeo guardado en un garage para siempre, que solo lo saquen a relucir en alguna exposición y vuelva a quedar confinado a su prisión de chapas por siempre. Esta belleza pide carretera, quiere vivir, quiere que lo amen, una dueña que pueda cuidarlo y darle un buen uso el resto de su tiempo. Se lo merece —dijo contagiando el sentimiento a la mujer—. Venga, vamos a dar una vuelta para que pueda apreciarlo mejor.
La señorita aceptó de buena gana y se subieron de inmediato, Levi ya tenía la llave en sus bolsillos. Arrancó a la primera aunque maniobrar con el volante era un poco complicado, además los cambios eran con palanca arriba y eso la confundía un poco.
—Oh, la dirección está un poco dura.
—Claro, es que hidráulica, pero con esto tonificará sus brazos, se ahorrará la membresía en el gimnasio —Le aseguró con una sonrisa—, aunque permítame el atrevimiento pero usted ya tiene unos brazos muy bellos.
—Ah, que galante, gracias.
—Por otro lado, ¿cuánto tenía pensado usted invertir en una máquina de transporte?
—Bueno, eso, tengo cinco mil en mi cuenta, pero puedo conseguir más, por eso estaba viendo los otros.
—¿Pero para qué malgastar, Celeste? Éste vale tres mil, con los otros dos puede seguir haciéndose su bonita manicura —La mujer se volvió a ruborizar y sonrió mientras volvían a la concesionaria—. Incluso, usted se dará cuenta quienes la quieren de verdad, un auto bonito siempre atrae compañías indeseables, gente que quiere un aventón, sus parientes la llamarán para que los lleve aquí o allí, ¿se da cuenta de la enorme cantidad de problemas que se ahorraría con este hermoso auto?
—Vaya, en realidad no me había puesto a pensar, pero es muy cierto lo que usted me dice.
Una vez que llegaron y estacionó, la mujer miró a Levi con intensidad.
—Usted, ¿aceptaría salir a cenar con una mujer que conduce un vehículo como este?
—¡Qué pregunta! La respuesta es obvia, madmoiselle, claro que aceptaría, un verdadero interés no se da por lo material sino por la persona en sí, ¿no cree que eso es mucho más honesto?
—Me caes bien, Levi. Supongamos que lo compro, ¿aceptarías una cena conmigo?
—Oh, que halagado me siento, señorita, cómprelo y entonces... yo le daré mi número telefónico para que arreglemos los detalles, ¿que le parece?
La mujer rió encantada y asintió. Levi entró escoltándola y soltándole uno que otro halago hasta que la transacción estuvo completa y lista. Una vez que la chica se retiró de la sucursal Petra se fue a su escritorio.
—¿Cómo haces Levi Ackerman? No lo puedo creer, realmente lo vendiste, y no solo eso, esa mujer estaba muy feliz.
—Bonita, lo que se ve no se pregunta, soy el mejor, ahora ¿no me harías un rico café de tus talentosas manos? Cada vez que intento prepararme uno solo creo veneno.
—Claro, guapo, ya mismo.
El hombre miró de reojo a Oluo que bajó la cabeza y se hizo el ocupado en su computadora. Se puso de pie y fue al despacho de Erwin, solo tuvieron que mirarse.
—Eres un jodido dios de las ventas, bien, marchen unos camarones fritos para ti.
—Y además soy económico me conformo con un simple almuerzo, ¿qué más puedes pedir, Er?
—¿Que tal que llegues temprano?
—Ouch, eres un tirano, ten compasión, estoy cuidando a un anciano muy enfermo —dicho lo cual se dió media vuelta, agarró la taza con el café recién hecho, dejó un beso en la mejilla de Petra y se sentó en su escritorio.
Era un muy buen día.
La semana pasó tranquilamente, Levi vendía de a uno o dos autos por jornada y Erwin no podía estar más feliz, hasta que llegó el lunes. Se apareció con la ropa un poco arrugada y un moretón en una de sus mejillas.
—Buenos días, Levi, ¿qué te pasó?
—Hola, jefe, solo digamos que alguien con mucha gentileza quiso matar un mosquito que se me asentó en la cara. Pero, eh, necesito hablar en privado contigo, ¿tienes unos minutos?
—Si, pasa y cierra la puerta.
Levi se sentó frente a Erwin e inspiró profundo.
—Erwin, quiero decirte que yo... amo mi trabajo, me siento cómodo, la paso bien aquí y sé que soy de utilidad para ti, pero ha surgido un grave problema en mi familia.
—Cuéntame.
—Verás, mi tío se está muriendo Al parecer un virus intrahospitalario de una bacteria comecarne que le llegó a uno de los alvéolos del corazón.
—¡Puta madre!
—Sí, oh, es tan triste, nada se puede hacer, el viejo se nos va y bueno, me ha pedido como última voluntad conocer Cuba.
—¿Eh?
—Sí, él siempre fue un acérrimo fanático del Che Guevara y de Fidel Castro, así que quiere conocer la tierra que ellos amaron antaño antes de dejar este mundo. Tal es su deseo que vendió hasta la dentadura para poder pagarse el viaje, ¡hasta su dentadura, jefe!
Erwin estaba impactado con toda la historia, mientras Levi se lamentaba y sus ojos se llenaban de humedad.
—Yo no pude cumplir el último deseo de mi madre y no puedo permitir que su único hermano, que me daba de palos pero también me crió, fallezca sin conocer esas tierras. Así que... lo siento pero me iré con él, no puedo dejarlo a su suerte. Si quieres despedirme lo entenderé, pero mañana partimos y eso no puede ser modificado.
—¡MAÑANA!
—Sí, es temporada baja y los pasajes salen más baratos, sino aprovechamos ahora nunca lo haremos. Debo irme Erwin, a cumplir este último pedido. Espero sepas comprender.
—Pe-pero, así, tan de repente, hombre.
—Bueno Erwin, la muerte no te anda preguntando si tienes tiempo o no, le dieron como mucho dos semanas de vida, lo enterraré allá, así tenga que vender mi culo en las calles yo... cumpliré con su sueño —Habló completamente emocionado y a un paso de llorar, el rubio se sintió afectado.
—Es que, tan repentino, pero entiendo, ¿cuánto tiempo necesitas?
—Un mes.
—¿Un mes? ¿No acabas de decir que le quedan dos semanas de vida?
—Erwin, por favor, eres un témpano de hielo, ¿qué si el viejo vive un poco más? Si me voy por dos semanas justas, y no se ha muerto aún, ¿qué, lo asfixio? Un poco de coherencia y respeto, joder.
—Oh, lo siento, de verdad no pensé en esa posibilidad.
—Solo somos dos Ackermans en este mundo cruel y pronto... seré yo solo. Me quedaré solito en este mundo.
—Jesús, bueno, tendría que ver, podría darte tus dos semanas de vacaciones por adelantado y dos semanas de licencia sin goce de sueldo. Aunque esto afectará muchísimo a las ventas.
—¿Sin goce de sueldo? ¿Really? Que poca consideración, pero bueno, mientras conserve mi trabajo tendré que someterme abnegadamente a tus exigencias —Soltó con voz lastimera.
—¿Prefieres renunciar?
—No me lo creo que en una situación tan extrema seas capaz de preguntar tal cosa.
—¿Al menos puedo ir a despedirlos al aeropuerto? Quisiera conocer a tu tío.
—Sí, claro, que sí, te enviaré los datos del vuelo mañana, partiremos pasado mañana, pero tengo que hacer muchos arreglos antes de irme, ni siquiera hice las valijas.
—Bien, al menos trata de vender todo lo que puedas hoy.
—Ten por seguro que lo haré, si vendo cuatro, ¿me pagas la cena mía y la de mi tío, eh?
—Hecho.
—Gracias, Cejas, eres un gran tipo.
Luego se puso de pie y se fue mientras bostezaba, se cruzó con Oluo en el pasillo que todos esos días lo había evitado como la peste.
—¿Cómo anda esa mano vigorosa? —Le soltó con burla mientras hacía una seña obscena de masturbación.
—I-inmoral —Escupió el otro, enojado, caminando apresurado para perderlo de vista.
Levi fue hasta su escritorio, tronó sus dedos y se dispuso a hacer la mejor venta del año ese mismo día.
Llegó completamente fulminado a su casa, Farlan estaba roncando en el sillón, pero todo estaba limpio y reluciente. A pesar de que Farlan era flojo para trabajar, no lo era para el aseo, mientras tuviera la casa en condiciones e hiciera la cena, Levi se arreglaba con el resto. Levantó la tapa de la olla que estaba encima de la estufa, guiso de fideos con pollo, estaba bien. Todavía estaba tibio, se sirvió una buena porción, y se sentó mientras tomaba una hogaza de pan.
Farlan roncó un poco y luego tosió, se despertó y fue a sentarse frente a su amigo.
—¿Que tal está?
—Rico, pero el fideo un poco pasado de cocción.
—Es que te estaba esperando y bue, es del barato por eso no aguanta.
—Ya. Es que tuve que pasar por lo de Jean y... ya sabes que me demora.
—¿No te dio de comer siquiera?
—Al ganso solamente —Farlan rió con desgano y bostezó.
—Ya no se esmera como antes.
—Ah, es que lo hice enojar muchas veces. Ya sabes que no ando buscado una relación.
—Supongo que lo sospecha, pero si no paras de engatusarlo y no le dices las cosas como son, todo seguirá empeorando.
—Pero si le digo la verdad no querrá coger, y es bueno en la cama. La verdad solo complica las cosas.
—¿Abro un vino?
—Sí, estaría bien. Hay que prepararse, mañana tenemos que estar temprano allá y queda lejos, deberemos tomarnos como dos autobuses.
—Carajo, deberían venir a buscarnos.
Farlan se puso de pie y abrió la alacena, había una puerta de fondo falsa, la golpeo y saltó, detrás había una selección de vinos finos, sacó uno de los mejores y volvió a colocarla. Esa reserva era de uso exclusivo de ellos dos, si venían visitas a la casa simplemente decían que no tenían nada y el invitado tenía que levantarse y comprar o traer bebida para compartir, si ellos ponían la casa que al menos los que vinieran pusieran las bebidas, eran sus reglas.
Farlan armó un *porro con cosecha fresca -como solían llamarle-, tenían una plantita en el patio de la casa -la única planta viva porque ni el pasto sobrevivía en ese lugar-, que Farlan cuidaba con esmero y cariño, la habían bautizado con el nombre de "Claudia" -Farlan relacionó una novia que tuvo que siempre usaba medias de color verdes y por algún motivo Levi coincidió en que estaba bien el nombre-, a la cual estimaban y le hablaban bastante.
—¿De Claudia?
—Clarines, la más linda y la más sana.
—Quiero uno.
—Te convido.
—Nah, siempre mojas el pitillo y me da asco —Refunfuñó Levi—, hazme uno no seas tacaño que te proveo techo y comida.
—Y moriré en la casa de tu tío el delincuente.
—Eso no lo provoqué yo.
—En fin, ya te armo, ten paciencia.
Luego de beber dos vinos y fumar dos porros, al otro día llegaron tarde como era de esperarse, pero era algo que Kenny tenía previsto de todas maneras. Cuando entraron a la residencia notaron que la mayoría de los lacayos del hombre estaban guardando cosas, el dueño de la residencia estaba impecablemente vestido en un traje negro con camisa negra y su consabido sombrero de tango, también negro por si alguien quería saber. Prendió un puro con parsimonia mientras no dejaba de mirar a los dos incompetentes frente a él.
—Oiga, señor Ackerman —Le habló su sobrino acercándose a su escritorio—. Déjenos la mitad de la paga por lo menos.
—¿Para qué? Ya les dije que no saldrán de la casa hasta dentro de un mes.
—Joder, para pedirnos unas pizzas aunque sea, me obligó a dejar mi trabajo, estoy desempleado ahora —Y tiró de sus bolsillos hacia afuera para reforzar el punto de que no tenían ni un céntimo.
Kenny sonrió de medio lado y largó una bocanada de humo.
—¡Traute! Dale a estos dos perdedores cincuenta grandes.
La mujer asintió y se perdió dentro de la casa.
—Muy bien, mi avión saldrá en unos momentos, les voy a repetir las reglas de la casa, aunque "mis chicos" harán que se cumplan de todas maneras: Regla número uno, ustedes no pueden abandonar la casa hasta que yo regrese de viaje, regla número dos, nada de traer gente desconocida aquí, está absolutamente prohibido, regla número tres, especialmente para ti rata hija de puta, NO TOQUEN NINGUNA DE MIS COSAS, ¿han entendido?, regla número cuatro...
Levi y Farlan estaban cuchicheando y riéndose porque Traute les había entregado un pequeño bolsito con el dinero y les pudo más la emoción, pero al notar el silencio de Kenny se callaron y lo miraron serios.
—Regla número cuatro, nunca, jamás de los jamases se te ocurra decir que tú y yo tenemos la misma sangre, perro, ¿está claro?
—Sí, sí, todo claro, señor Ackerman, ¿cómo debería llamarme entonces?
—Chupaculos.
Farlan largó una carcajada y luego trató de disimular, aunque ya era tarde, mientras Levi, muy serio, lo miraba de soslayo.
—¿Verdad que ese apodo le sienta bien? —continuó Kenny con un dejo de burla y luego se puso de pie, se cerró el saco mientras sostenía el cigarro con los labios y se dirigió a la salida, antes de irse se giró y miró a Farlan—. ¿O deberías ser chupa pitos?
—Ah, no lo sé, a mi nunca me chupó nada —Respondió el rubio ceniciento con diversión.
Una vez que el viejo se fue Levi se cruzó de brazos.
—Hijo de mil puta. Como sea, esperemos que salga su auto y vamos a husmear, primero hay que desactivar las cámaras de la casa, las internas al menos —Le habló en voz baja y tapándose los labios, Farlan respondió de igual manera.
—¿Mañana?
—Así es, averiguaremos donde llevan los circuitos, solo por hoy nos portaremos bien.
—¿Y luego? ¿Qué tienes en mente?
—Haremos una hiper mega fiesta, mi estimado, vamos a reventar el lugar con todo, comida y bebidas tenemos de sobra.
—¿Hago una lista de invitados?
—Nah, llama a todos, incluso los de la lista negra.
—Estás loco, bro.
—Ojo por ojo, dice la biblia, vamos a dejar el lugar hecho un tiradero.
Se dirigieron a la cocina y se encontraron con Traute de frente, quien les cerró el paso.
—Kenny me dijo que les diera estos presentes —habló mientras les entregaba sendas cajas de relojes.
Eran dos relojes Citizen de hombre modelo Supertitanium, a Farlan casi se le salen los globos oculares de sus cuencas al verlos. Ambos estaban nuevos.
—Úsenlos, ahora —Ordenó la mujer y ambos se los colocaron.
El de Levi era de fondo negro y el de Farlan de fondo plateado. Una vez que la mujer se aseguró que los tenían puestos se retiró para subir en el auto de Kenny, ella manejaba.
—Carajo, es un reloj precioso.
—Mmm, es curioso, ese hijo de puta nunca se acordó de ningún cumpleaños mío, sin embargo viene y nos da dos costosos relojes, que puta generosidad.
—No te preocupes —dijo Farlan cubriendo su boca—, luego tiraremos los chips.
—Sí, una vez que desactivemos las putas cámaras. Como sea, vamos a embriagarnos y hacer desmadre, no quiero decepcionar a mi querido tío, seguramente es lo que espera de dos ratas de alcantarilla como nosotros —luego sonrió mirando a una de las cámaras del pasillo.
Se dirigieron derecho a la bodega en el sótano, seleccionaron algunos licores y volvieron arriba. Farlan puso algo de reggae en el amplio y sofisticado sistema de audio de la casa, mientras Levi iba a ver a Eva, la cocinera, y le pedía un kilo de camarones fritos con otro medio kilo de mayonesa de ajo. Oh, sí, iba a vivir como un rey el tiempo que le durara la estadía.
Se tiraron en los amplios, cómodos y mullidos sillones del comedor, mientras Farlan pegaba alaridos entonando las canciones, bebían de los picos de las botellas, prendieron un cigarro de marihuana y se rieron como dos idiotas. Una vez que Eva les dejó la bandeja con el pedido, ambos la abrazaron y bailaron con la mujer que se puso colorada y no paraba de reírse. Comieron como dos cerdos y se echaron una siesta de tres horas. Luego se fueron al patio y se desnudaron para darse un chapuzón en la piscina, siempre bajo la atenta mirada de los dos vigilantes que estaban en el techo.
Levi salió desnudo y mojado y caminó por el borde de la piscina.
—Hola, hola —les gritó a los hombres y captó su atención un momento—. Uf, esos uniformes se ven apretados y calurosos, vengan muchachos, refrésquense un poco, ¡vamos! Los invitamos a beber un poco, la cerveza está fresca o si prefieren champagne.
Ambos no respondieron y se giraron para ir a vigilar el frente de la casa.
—¿No pierdes el tiempo, eh? —Le preguntó Farlan mientras salía también y se sacudía las gotas como un perro.
—Ya caerán, ya verás.
—¿Entonces cuando hacemos la fiesta?
—Mmm, este sábado.
—¿Pasado mañana?
—Yes.
—¿Y seremos los capos de la fiesta?
—Claro que sí, por cierto, estás hablando con Kenny Ackerman —dijo mientras tomaba una toalla para secarse el resto de las gotas antes de tirarse en una de las reposeras a un costado de la piscina tal como Dios lo trajo al mundo, Farlan solo sonrió y se tiró en la de al lado.
Luego de descansar un poco, Levi se levantó, se vistió y caminó hasta el frente de la residencia, pero enseguida sonó su celular, era Kenny.
—Hola, puto —Saludó su tío.
—¿Ya me extrañabas?
—No te hagas el listo, rata, pon un pie fuera de la estancia y Luis te pondrá una bala en la cabeza.
—Solo estaba mirando, nadie pretende irse, ¡que dramático!
—Traute se olvidó de avisarles, no se vayan a quitar los relojes, porque tienen un sistema que los hace, mmm, bueno, digamos explotar un poco.
—Oh, qué considerado de tu parte avisar cinco horas después. El mío tiene mal la hora, ¿si trato de correr el minutero también volaré en pedazos?
—No es para tanto, es solo si se los quitan, tiene un sistema que mide tus pulsaciones y si no las mide de inmediato ¡pum!, de hecho veo que en este momento acaban de subir, y por cierto, si salen de la residencia también explotarán. No es una explosión como para matarlos, pero probablemente se quedarán con una mano menos o tal vez un brazo.
—Lo que ha avanzado la tecnología, bueno luego te pediré otro para un ex mío. Ahora, de haber sabido que esto podía dejarme manco, lo hubiera colocado en la muñeca de la mano que no uso para jalármela, tch, que mal —dijo con fingida preocupación.
—No te mueras antes que vuelva, perro —Y cortó.
Levi fue a avisarle a Farlan sobre las novedades. Al otro día se la pasaron de jolgorio otra vez, o eso parecía, descubrieron que la central de los sistemas no estaba en la casa, que los cables iban por fuera de la residencia a través de un sistema de cableado bajo tierra. Levi sabía que Kenny era un viejo zorro y astuto, pero él también sabía unas cuantas cosas. El cuarto de su tío estaba con llave, de manera que entraron a su despacho (el cual claramente estaba limpio) y usaron una laptop que estaba ahí, con la misma y algunos cables que sacaron del home theatre Farlan intervino la señal y la dejaron reproduciendo las últimas veinticuatro horas en continuado.
—Joder, pollito, no has perdido tu toque, mi amor —Halagó Levi guiñándole un ojo.
—Uy, ponte un par de tetas, dame unos tragos y te daré toda la noche —Respondió el rubio mientras se reía entre dientes.
—Nah, a mí me gusta meterla. Ahora vamos a la habitación del viejo, cuida mi espalda.
—Claro.
Farlan se quedó al inicio del pasillo, fumando tranquilamente y tirando la ceniza sobre el parquet lustrado. Levi se acercó a la puerta, tenía doble cerrojo y uno con botón en el picaporte. Sacó un clip de cabello que tenía escondido en su cabeza y dobló una de sus puntas, con agilidad y destreza logró destrabarlo y se encargó del otro con una tarjeta de crédito y el mismo clip. Una vez todo abierto, volvió a enderezar su herramienta y la ocultó en su cabello otra vez. Silbó y Farlan se volvió para entrar con él.
Estuvieron un buen par de horas revisando todo, el viejo tenía la habitación más grande de la casa, toda alfombrada con arabescos, cortinas pesadas de color peltre, paredes en degradé desde un terracota fuerte a un tiza claro cerca del suelo. Todos los muebles en color negro, lustrados y brillosos, ostentando opulencia, una cama de tres plazas con varios juegos de almohadas, candelabros llenos de caireles de cuarzo auténtico. Levi encontró una caja fuerte digital dentro de una pared falsa en el ropero, ya se encargaría de husmear eso. Sacó un par de trajes y se los probó, excepto que los pantalones le quedaban un tanto largos (y algunas mangas de las camisas) la ropa le quedaba como anillo al dedo. Se probaron de todo un poco y seleccionó un par de trajes. Abrió uno de los cuatro joyeros y se probó unos enormes anillos de oro macizo con piedras, eligió una de color rojo muy llamativa y se lo colocó en el dedo medio, pulseras y un collar grueso con un colgante con una "K" grande. Se probó algunos anteojos y sombreros.
—¿Cómo harás?
—Unas pinzas aquí y allá y quedarán como a la medida, en todo este despilfarro indecente debe haber un par de agujas e hilo.
—¿Sabes coser?
—¡Qué pregunta! Sé hacer de todo, coser, bordar y abrir la puerta para ir a jugar. Es una lástima que Jean me haya cancelado, pero bueno, ya encontraré algún postrecito sabroso en la fiesta, después de todo ¿quién le negaría algo a Kenny Ackerman? —dijo mirándose en el espejo con total seguridad.
—¿Y qué haremos con los bichos de la vigilancia?
—No te preocupes, mi preocupado amigo, ya me encargaré yo de convencerlos sobre irse, tengo todo fríamente calculado.
Esa misma noche fue a llevarles unas botellas de vino fino y excesivamente costoso, Luis y Carlos, los que vigilaban aceptaron el presente, Levi era naturalmente conversador y aunque fueron parcos y duros en un principio en menos de media hora ya los tenía riéndose con él. Les dijo que había descubierto que su tío tenía pensado dejarlos de cebo para un grupo de mafiosos y que si bien él y Farlan no podían dejar la residencia, ellos deberían aprovechar para no estar al día siguiente porque se suponía que iban a llegar esos tipos, que ellos se iban a rajar esa misma noche. Los hombres le creyeron todo y para cuando era de mañana ya no estaba ninguno. Si bien le sorprendió que hubieran caído a la primera, se felicitó mentalmente por ser tan inteligente.
Su tío lo llamó por la tarde varias veces pero no lo atendió, a esas alturas con seguridad estaría en la India -aunque tenía sus dudas de que realmente hubiera viajado allí-, así que lejos como se encontraba nada le podía hacer. Llenó el jacuzzi y estuvo ahí metido con Farlan mientras tomaban champagne y llamaban a sus contactos para tener un buen DJ que animara la fiesta, unos capoeiras que bailaban y hacían un show genial, un par de barmans y barwomans, y servicio de catering -solo consiguieron dos patas de cerdo con sus salsas porque ya estaban muy sobre la hora, por lo que a una pastelería le pidieron varias tortas y masitas para hacer una mesa dulce-, y un par de conocidos para que oficiaran de mozos. Toda la joda les salió alrededor de diez mil dólares -sin contar toda la bebida que le iban a usar al viejo-, pero a ellos nunca les preocupó tener que gastar hasta el último céntimo en jodas.
Ese sábado, vestidos de lujo, fueron los mejores anfitriones del lugar.
El fiestón era tremendo, asistieron al menos unas doscientas personas y tuvieron algunos problemas con la seguridad en la garita que estaba a la entrada del lujoso country, pero Levi los arregló con un par de miles de dólares e hicieron la vista gorda y no dijeron más nada. Levi estaba orgulloso de haber logrado semejante jolgorio. Él y Farlan eran el centro de atención de los invitados, lo único molesto era la cola de mujeres que lo atosigaban por todas partes, mientras él solo buscaba hablar con algún hombre apuesto, ¡joder!
En algún momento de la noche, pasadas las dos de la mañana probablemente, dijo que quería ir a cagar y se fue escaleras arriba, quería fumarse un porro y despabilarse un poco de todo el alcohol ingerido, había un par de chicos lindos con los que había coqueteado y parecía que iba a poder acomodar su gusano en alguna cuevita. Orinó, se lavó las manos y caminó un poco mareado para ir a tomar aire a uno de los balcones que daba a la piscina donde la mayoría de los asistentes bailaban, bebían y se metían mano. Entonces quedó estupefacto al encontrarse con la criatura más hermosa que alguna vez hubiera tenido a dos palmos de distancia.
Un bellísimo joven, de piel levemente morena, enormísimos ojos verdes jade, melena amarronada, semi larga y lacia que bebía un margarita mientras miraba aburridamente hacia abajo. Llevaba una camisa blanca de Dolce & Gabanna con los tres primeros botones abiertos, un pantalón de vestir azul marino y unos zapatos azules charolados también, apenas se acercó lo invadió un exquisito aroma, seguramente Valentino, lo envolvió como un pañuelo de seda atrayéndolo sin remedio. Definitivamente era un modelo, o un dios del olimpo que había perdido su rumbo. Se giró y sus ojos se encontraron, a Levi se le aflojaron las piernas. SANTOS CLOROS DE LAS SIETE ESCOBAS.
—Ho-hola —Tartamudeó un poco pero luego carraspeó y recompuso su voz—. ¿Qué hace un Arcángel como tú en un infierno cómo éste?
El hermoso hombre levantó una ceja intrigado y luego su semblante se relajó un poco. Apoyó un codo en la baranda del balcón y le sostuvo la mirada sin abrir sus labios.
—¿Puedo hacerte un poco de compañía?
Solo movió sus hombros como toda respuesta y Levi sonrió seductoramente.
—¿Cuál es tu nombre?
—¿Debería decírselo? —Respondió con una profunda, bella voz que acompañaba a todo el conjunto hermoso que era.
—Vaya, que lástima que no conozcas al que organiza la fiesta, es un poco desconsiderado de tu parte ¿no crees? Soy Kenny, Kenny Ackerman, dueño de esta propiedad por si no lo sabías.
El muchacho pareció reaccionar al nombre y tomó la mano que el otro había estirado, dándole un apretón enérgico pero sin ánimos de lastimar.
—¿Con que usted es el famoso Kenny? Es un verdadero placer. Soy Eren, para servirle...
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By Luna de Acero.-
