Nota: Quería algo lindo de amor adolescente (?).
—... Entonces, ¿Yo te gusto?
— Sí.
— ¿Te gusto como mujer y no como amiga...?
— Sí.
— ¿...Del tipo de gustar como que piensas en mí casi siempre y en lo que te gustaría hacer conmigo?
— Sí.
— ¿...Más allá de una manera sexual?
— Sí...
— Ya...
—... No es necesario que me correspondas o que me des una respuesta, Satō — exhaló el humo del cigarro con aparente calma, cuando calma era lo que menos tenía.
Se sentía nervioso, un poco ansioso pero sobre todo, vulnerable. Y esto último, es lo que menos le gustaba.
Pero le dijo lo que hace un tiempo se guardaba en silencio, rindiéndose en ocultar lo evidente.
A sabiendas de cómo era Satō Gojō y, que estaba la posibilidad de ser rechazado. Aunque lo que más le atemorizaba perder, era su amistad con la chica.
Pues Satō, no consideraba a cualquiera un amigo. Y él, por así decirlo, tenía esa fortuna de serlo.
Pero parece que quiero ser algo más que eso, se burló de sí mismo con media sonrisa resignada.
Era un egoísta y posiblemente, un codicioso también.
— Te estás haciendo el cool, Shō — le molesta Satō, picándole el hombre con un dedo mientras sonríe burlona.
Shō desvía la mirada —. No me estoy haciendo el "cool".
— Te pones así, fingiendo ser distante y tranquilo cuando estás nervioso — Shō no dijo nada, pero mentalmente se estaba maldiciendo por ser obvio. O más bien, porque Satō lo conocía tan bien y odiaba eso —... ¿Tienes miedo de que te rechace, Shō?
Sí, Satō, tengo bastante miedo de que me rechaces y eso me hiera. Pero no tanto, como perder tu amistad.
— No quiero perder tu amistad por esto.
— Pero no vas a perder mi amistad, siempre vas a ser uno de mis mejores amigos al igual que Suguko — aquello le alivió y dolió por partes iguales, aunque no lo externara —, pero...
La miró de reojo, esperando a que terminara su frase o lo que fuese a decir. Aunque no esperó que Satō también le mirase de reojo y le sonriera, con su característica sonrisa.
— No sé de dónde sacas que te voy a rechazar. Y antes de que digas que «Es obvio», déjame decirte que no — se cruzó de brazos, recargándose en su hombro con el ceño fruncido —. ¿Por qué, te preguntaras? Pues es simple, Shō. Tú también me gustas.
Pero no sabía cómo decírtelo, fueron las últimas palabras que no fue capaz de decir. Tanto por orgullo como por vergüenza.
Porque no estaba acostumbrada a sentirse atraída por alguien más allá del físico y también, no acostumbrada a estar atada a una sola persona tanto tiempo.
Pero si era Shō...
—... Entiendo — sonrió de medio lado, apagando el cigarrillo en la piedra del escalón en la cual estaban sentados ambos —, aunque conociéndote, esto podría ser difícil para ti... Así que, ¿Quieres ir poco a poco?
—... No estaría mal.
— Y cuando estés lista, bueno, te preguntaré si... todavía quisieras ser mi...
— ¿Ser tu...?
—... "Eso".
— ¡Hey, no es justo! ¡Tienes que decirlo bien!
— ¿Para qué si ya sabes lo que quise decir, Satō? Dame unos minutos para procesar — miró hacia otro lado, sintiendo el rostro arder.
Satō hizo un puchero, bufando —... Shō.
— ¿Sí...?
— Sé mi novio.
Shō resopló, sonriendo al final. Al parecer eso de "ir lento", no era una opción para la albina; y estaba bien —. De acuerdo.
