Admiraba su nuevo palacio. En realidad, aún no podía dejar de lamentar la perdida de méritos que se habían simplemente quemado con la destrucción de la antigua capital, sin embargo, el nuevo palacio no estaba nada mal. Una decoración exquisita, con los mejores materiales, algunos donados por sus mas fervientes creyentes, otros comprados a los más exclusivos mercaderes, sin escatimar en costos.
Había recurrido (como todos excepto un dios marcial, quien no había tenido necesidad de pedir) a el generoso préstamo otorgado por Hua Cheng.
Nadie hablaba de aquello, sin embargo, todos habían recurrido al generoso Hua Chengzhu de la ciudad fantasma. Él había sido discreto, en realidad nadie sabía cuánto debía el otro, adaptando las diversas condiciones a los montos y capacidad de cada dios. Aunque las cantidades solicitadas no habían sido bajas, nadie había sido rechazado en sus solicitudes, ese hombre parecía tener méritos ilimitados, a juzgar por las nuevas y esplendidas construcciones que rodeaban la nueva avenida marcial y la avenida del saber. Hasta los dioses de la literatura se habían dado ciertos lujos.
Suspiró.
Odiaba haber recurrido a él (como todos) sin embargo lo había conocido un poco en el monte Tonglu, y si bien seguía sin comprender del todo que había pasado, supo que el sería discreto, incluso justo al momento de otorgar sus favores.
Había firmado un documento en donde constaba la deuda, y el hombre le había dicho que pagara cuando pudiera, llevando un claro y trasparente registro de los pagos, el cual podía ser consultado en cualquier momento, si buscabas a Yin Yu.
Sabía que antes ya algunos dioses habían recurrido a él, ya sea para pedir méritos u otros artículos de dudosa pprocedenca y el hecho que ninguno se quejara y además que todo simplemente fueran rumores imposibles de confirmar, evidenciaban que se podía confiar al menos en esa materia en él.
Había escuchado que ya estaba atormentando a algunos dioses menores, solo a algunos y jamás sin motivos. Coincidentemente aquellos que solían hablar mal de Taizi Dianxia antes de que todo el problema estallara, es decir antes de que el príncipe que complació a los dioses se volviera el dios marcial número uno en los cielos. Bueno quizás no era coincidencia.
Pei Ming volvió la vista hacia las majestuosas ventanas del costado. Una briza lo había alertado. En ese momento, pudo ver a un hombre alto y elegante, vestido de rojo sonriendo de una forma un tanto mecánica.
- Xueyu TanHua- quien mas si no él podría entrar al palacio sin ser detectado. Había implantado un buen sistema de seguridad, pero no le sorprendían las habilidades del otro para entrar en donde no había sido invitado.
El hombre vaciló solo un segundo antes de dirigirle una sonrisa un tanto falsa y mecánica (más de lo que comúnmente era) y le devolvió el saludo con una inclinación de cabeza. Era lo más cercano a un gesto de respeto que conseguirá el general.
-No es necesario que venga a cobrar mi deuda, tengo muy claras mis obligaciones- continuó Pei Ming. No esperaba que también el fuera a ser atormentado, pero en consideración al trato frio que le había dado a Xie Lian en el pasado, lo consideró justo.
Antes de conocer de forma cercana al dios, no tenía muchas buenas referencias, más allá de que era la burla de los cielos, el dios de la plaga y el inmortal recolector de chatarra.
-no vengo por eso- contestó el otro. Había algo extraño en esa mirada dura y fría, llena de orgullo y elegancia. Tras unos instantes de vacilación, pareció recobrar su aplomo.
-Necesito hablar con usted- dijo el fantasma. Su voz era dura y agresiva, como siempre… quizás un poco más agresiva que de costumbre. - sin embargo, quiero dejar en claro que esta conversación….
-Jamás ocurrió- completó el general. No era estúpido. El temido rey fantasma estaba actuando totalmente fuera de carácter. Quizás un dios menor, aterrado hasta los huesos no lo notaría, pero el lo había visto en el monte Tonglu y podía advertir que nada lo alteraba… bueno solo una cosa, y supongo que de eso quería hablar. O más bien una sola persona podía causar esa reacción.
Pei Ming lo invitó a seguirlo y lo llevo a un pequeño estudio, decorado con la simplicidad de una carpa militar, pero con un gusto exquisito. A un costado, colgadas unas bellas espadas, al otro unos biombos elegantes y finamente decorados con pinturas de garzas y bosques, solo podían describirse como magníficos.
Ambos hombres se sentaron y a un gesto, apareció un subordinado, detrás del separador, impidiéndole ver con quien estaba su maestro.
Minutos después una bandeja de te y algunos dulces fueron depositados y Pei Ming los colocó en la pequeña mesa. Todo esto con una discreción y precisión militar.
-Bueno Hua Cheng… de que quiere conversar.
El fantasma de rojo, parecía estar luchando con sus propios pensamientos. Su mirada y facciones transmitían esa aura asesina y terrible que hacía temblar a los cielos, pero ahora parecía mucho más oscura y siniestra.
Pei Ming, como buen general, supo esperar. Muchas veces las batallas no se ganan en el campo, y si bien la diplomacia jamás había sido su especialidad, tampoco era estúpido.
- Yo… quisiera pedirle consejo-
Esas palabras abandonaron los labios del fantasma casi como un suspiro.
Pei Ming se atoró con el té que estaba bebiendo y tosió suavemente mientras miraba a ese hombre.
El impulso de burlarse fue bastante, sin embargo la mirada hostil y terrible del señor de la ciudad fantasma era suficiente para disuadirlo.
-En que lo puedo ayudar
-….- un silencio pesado cayo en la habitación. Era obvio que fuera lo que fuera le costaba muchísimo a ese hombre ser expresado.
-Olvídelo!- Hua Cheng se levanto un tanto furioso consigo mismo, como re considerando que hacía en ese lugar, con un suave carmín en las orejas, su mano temblando en la empuñadura de E-Ming, dispuesto a retirarse tal como había llegado. Y Pei Ming lo entendió
-Quédese- le dijo suavemente- ¿es sobre Taizi Dianxia no?-
Hua Cheng lo miró y asintió levemente.
-No se preocupe, seré discreto-
Hua Cheng volvió a tomar asiento y comenzó a jugar distraídamente con la tasa en frente suyo
-vera…. Es muy difícil para mi solicitar su consejo, pero … no se a quien más puedo recurrir- las palabras del fantasma saliendo de su boca con una timidez que no era propia de su seguridad. Ese era el Rey Fantasma que hacia temblar a los tres reinos con solo una mirada y sonrisa. Aquel que sabía todo al punto de que los dioses civiles lo admiraran secretamente, que con solo desearlo podría cubrir los cielos con un gesto y destruirlo todo a su paso sin motivo, solo porque estaba aburrido….. y sin embargo en ese momento, no era más que un adolescente de 18 años con más inseguridades que estrellas en el cielo.
Y Pei Ming volvió a tener la certeza de a que vino ese fantasma. Sonrió de una forma un tanto paternal y de pronto recordó lo que Ling Wen había insinuado hace unos días en una conversación, que el trasfondo del rey fantasma era el de un hombre enamorado que perdió a su persona amada, además de la de un niño atormentado con su apariencia, además la de un guerrero que perdió una guerra, además de la de un dios que rechazo los cielos (y le clarificó con total certeza que TODAS ELLAS eran ciertas).
- Puedo saber por que recurre a mi- las intenciones del general eran bajar la tensión. Esto no iba a ser un tema fácil de abordar.
-En el reino fantasma solo los supremos pueden dirigirme la palabra- dijo con un tono tan confiado y altanero que no dejaba lugar a dudas – y consultar esto con otros fantasmas de la ciudad solo implicaría soluciones un tanto … -Hua Cheng hizo un gesto vago con su mano
- un tanto primitivas y básicas? - terminó Pei Ming levantando una ceja mientras tomaba un poco más de su té.
- iba a decir derechamente vulgares- dijo el otro. Suspiró antes de continuar- por otro lado, la idea de romance de Black Water implica acabar con el hermano de su interés y torturarlo sin razón aparente…- Pei Ming abrió los ojos al escuchar aquello, jamás se le habría ocurrido y pensó en abordar ese tema en otro momento- Y Bai Wuxiang… no quiero ni siquiera verlo…. Si me acerco probablemente termine matándolo, y se que en el fondo GeGe no quiere eso, aunque lo tiene más que merecido.
-Por otro lado – continuó el fantasma con la mirada fija en sus manos que sostenían la taza- de los dioses, quienes más conocen a GeGe no están precisamente a favor de … lo nuestro- una sonrisa apareció en ese rostro por una milésima de segundo.
-yo no he estado jamás con un hombre- dijo Pei Ming.
El cuerpo de Xueyu Tanxua se tensó de forma notoria.
-Sin embargo, puedo decirte lo que a mí me gusta, quizás guiarte con mi experiencia- continuó sin una pizca de vergüenza ni burla el general. - Asumo que no tienes experiencia y el tampoco. Además, me doy cuenta que en tu cabeza te preocupa eso mismo. Arruinar lo que puede pasar.
Déjame preguntar… ¿ustedes aún no duermen juntos?
Las palabras de Pei Ming hicieron que el fantasma se levantara nuevamente con violencia. Podía ver sus venas en las manos con los puños apretados, la mandíbula tensa y los ojos llenos de furia, mientras a su lado E-Ming reaccionaba a los instintos asesinos de su dueño
Sin embargo, el general no se dio por aludido y continuó
- para nadie es un secreto que YO soy el experto en relaciones en el cielo- soltó una risa traviesa- y también desde el principio sospeche de sus intenciones con Taizi Dianxia, por lo que es natural que me consulte.
Aun así, yo solo quiero saber eso, para poder ayudarte. Hasta donde han llegado y hasta donde quieres llegar. Cada amante es un mundo distinto, pero todas las relaciones para ser franco implican transparencia y comunicación. Se que es algo que quizás no quieras hablar, pero si me pediste ayuda en esto, es porque estás desesperado
Hua Cheng contuvo su ira mientras el otro hablaba. Agradeció internamente que no se burlara de él. En realidad, sabía (pues en el reino fantasma se habla y mucho) de su fama de hombre conquistador. Todos decían que el gran Rojo conquistaría a cualquier mujer a su paso, y varias fantasmas y demonios (incluso algunas humanas) aseguraban haber pasado la noche en sus brazos. Pero el general Ming Guang había visto la verdad. Él solo había tenido pensamientos para su GeGe y jamás había deseado a nadie más.
