Cuenta Regresiva: 26.280 horas.
Ahogando los recuerdos.
Por la tarde, su padre la buscó en su laboratorio. Quería saber si se encontraba bien, ya que no había salido en todo el día, ni siquiera a comer algo. La encontró recostada sobre el escritorio de acero, garabateando en una libreta.
-Hola, querida… ¿qué haces? – preguntó con cautela.
-Ah, hola, papá… - respondió, levantando su vista un segundo, para saludar – Nada en especial…Solo diseño un arma…
Su padre la miró asustado
-Pero, cariño… ¡nosotros no nos dedicamos a eso!
-Lo sé… Pero no te preocupes, no es para humanos…
- ¿Y entonces? – preguntó el profesor estirando el cuello hacía lo que dibujaba su hija. En ese momento ella hizo un gesto lleno de maldad y le respondió, en voz baja - Es un paralizador para saiyajins… - su padre sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo, pero enseguida suspiró buscando paciencia y le recomendó – Hija, si estás molesta con Vegeta, no creo que esa sea la manera de arreglar las cosas…
- ¡No me importa ese idiota! - enseguida sintió un dolor en su pecho y su expresión cambió a una de tristeza - Papá, tu siempre sabes como arreglar las cosas… dime ¿cuál es la forma correcta de arreglar a Vegeta? Por qué si sigo pensando en cómo, se me va a secar el cerebro…
Él se sentó frente a su hija y encendió un cigarrillo con calma, mientras pensaba. La miró con ternura y le respondió – Querida, sinceramente creo que no debes forzarlo y que lo mejor es darle un tiempo a solas… Si realmente siente algo por ti, volverá.
Bulma se exasperó. Ella no quería esperar, ella quería que lo que sentía desapareciera y que no le doliera tanto la ausencia del saiyajin. De hecho, después de lo ocurrido, dudaba mucho que él siquiera sintiera algo de cariño o siquiera amistad por ella, por lo que le dijo, irónica - ¡Claro que volverá! Tiene que venir a derrotar a los androides y matar a Gokú… ¡No va a volver por mí!
Su padre colocó una mano sobre la de su hija, para tranquilizarla - Bulma, te aseguro que él volverá antes de eso…
- ¿Cómo lo sabes?
El científico estaba indeciso entre decirle o no de la conversación con Vegeta. Eso no pasó desapercibido por la agudeza de Bulma que de inmediato lo interrogó -¡Tú sabes algo! ¿Qué te dijo? - su padre negó - No, nada de eso, querida… pero lo deduzco por que ustedes parecen ser muy cercanos… Vamos, Bulma, sabes que no sacas nada con estar triste.
La peli turquesa, no muy convencida, miró a su padre pensando en que lo mejor sería olvidar y continuar por ahora. Ya vería como sacarse esa espina que tenía clavada en su pecho - Supongo que tienes razón… ¿Sabes? Me siento mejor después de hablar contigo…
-Que bueno… Oye, ya casi es hora de cenar. ¿Vamos?
Ella asintió con una sonrisa.
…
Vegeta, mientras tanto, se había instalado en un planetoide, bastante alejado del sistema solar y cuya gravedad era algo mayor que la de la Tierra. Esto, para poder llevar a cabo un exhaustivo entrenamiento que lo llevara a su transformación, sin tener que depender de la muchacha. Ya llevaba allí cerca de dos semanas, entrenando día y noche, casi sin descanso, con tal de aumentar sus habilidades y poder transformarse sin necesidad de la mujer. Pero sus esfuerzos resultaban infructuosos hasta ahora y eso lo descomponía. En más oportunidades de las que pudiera contar intentó usar como recurso sus recuerdos de cuando casi lo había conseguido aquella vez, en que tan solo de pensar en que ella estaba muerta, logró, por un instante, sentir esa nueva energía expandirse desde su interior. Pero lamentablemente no pudo llegar a sentir ese cóctel de emociones que por poco lo llevaron a su nuevo estado.
Dio una respiración cansada e iba a retornar a la nave a descansar cuando algo en el cielo llamó su atención. Era una enorme lluvia de asteroides que se dirigía hacia él, seguida de un enorme meteorito que podía apreciar a simple vista, lo que lo hizo sonreírse de lado. "Perfecto" pensó, preparándose para lo que ocurriría, sintiendo su corazón latir con fuerza y sus músculos tensarse con anticipación.
El ataque de las rocas comenzó y, aunque sabía que no estaba al cien por ciento de sus fuerzas en ese momento, se elevó y voló en dirección a ellas a toda velocidad. Por suerte ese tipo de entrenamiento no era nuevo para él, ya que desde que era un niño tuvo que enfrentarse muchas veces a planetas con climas aun más extremos que este. Así que destruyó sin problemas las rocas que amenazaban con dañar la nave por unos minutos, sin embargo, la cantidad de rocas aumentó y debió aumentar la velocidad para evitar quedarse sin medio de escape de ese lugar olvidado de los dioses. Cada vez que golpeaba una nueva piedra iba sintiendo como mermaban sus fuerzas pero esto aun no se terminaba ya que finalmente vio sobre él al asteroide. El enorme objeto se aproximaba a una velocidad sorprendente por lo que dejó de prestarle atención a las rocas y puso todo su empeño en detenerlo y destruirlo lo antes posible. Así fue que, con ambas manos, expulsó toda la energía que le quedaba, repeliendo el avance. "Mierda, no voy a morir aquí" pensó apretando sus ojos. Su ki ya no era suficiente para detener el inminente impacto, por lo que gritó con todas sus fuerzas haciendo un último intento, pero sin darse cuenta se le vino a la mente una imagen, la que evito verbalizar a toda costa, sin resultado "Bulma". Apretó sus dientes con impotencia e ira contenida y un halo dorado lo envolvió, logrando hacer volar la enorme roca en miles de pedazos. Pero fue solo un instante, lo suficiente para sacarlo del apuro en el que se encontraba, por lo que la explosión lo lanzó lejos, azotándolo de bruces contra las rocas del suelo, quedando inconsciente por un momento.
Cuando recobró totalmente el conocimiento levantó su cabeza y observó sus ensangrentadas manos
-Demonios… -dijo golpeando el suelo con uno de sus puños - Así jamás podré superar a Kakaroto… "No sirve de nada si sé que ella no está dentro de la nave… (suspiró, sintiendo su pecho apretarse) ¡Mierda! ¿Qué me está pasando? Soy el heredero de la sangre más poderosa del universo… No tengo por qué depender de una hembra para alcanzar mis objetivos…"
Una enorme impotencia comenzó a embargar su corazón, por lo que se levantó lentamente y apretó sus puños, mientras sentía como sus ojos se llenaban de lágrimas. Levantó su rostro para evitar que salieran, mientras maldecía su suerte "Se supone que soy el príncipe una raza guerrera y que es mi destino convertirme en el hombre más fuerte del universo sin tener que depender de nada ni de nadie" Apretó sus dientes haciéndolos rechinar "¿Qué mierda me pasa? Me he convertido en el hazme reír de mi raza… No puedo convertirme en el súper saiyajin y en lo único que puedo pensar en este momento es en que la necesito a mi lado… (volvió a mirar sus manos) ¿será posible que yo… el gran Vegeta… esté realmente…" No se atrevió a terminar la pregunta nuevamente. A pesar de llegar siempre a la misma conclusión, no podía, no quería y no debía aceptarlo, por lo que negó con todas su fuerzas, apretando aun más fuerte sus puños mientras que una ira ciega comenzaba a formarse en su pecho. Ira contra sí mismo por dejar que las cosas hubieran llegado hasta ese punto, por no poder sacar de su mente a la mujer escandalosa esa, por haber comenzado a tener extraños sentimientos por ella, pero, por sobre todo, porque se dio cuenta de que no podía estar sin ella nunca más. Respiró hondo, dejó de pensar y solo se dejó llevar por aquel sentimiento, que tanto había renegado. Su respiración se calmó y su corazón comenzó a latir con fuerza, como si no cupiera en su pecho. Finalmente, de su garganta salió un grito
- ¡AAAAAAAAAAAHHH!
Y entonces sucedió. Su cuerpo, de golpe, se envolvió en un halo dorado, su cabello cambio a rubio y sus ojos cambiaron a un azul verdoso, mientras sentía un nuevo poder emanar de manera constante desde su centro. Comenzó a respirar algo agitado y observó sus manos sorprendido - ¿?... ¿Acaso… es esto lo que se siente? ...Kakaroto, ¿es esto lo que ocultabas?… esta sensación… este sentimiento… ¡Al fin soy un súper saiyajin!… - una sonrisa comenzó a formarse en sus labios – Pensé que jamás lo conseguiría… - volvió a fruncir, levantando su vista al cielo y comentó con lago de melancolía – Hmn… ella estaba en lo correcto…Ahora lo comprendo.
Volvió a la normalidad, soltando un suspiro e intentó nuevamente transformarse. Se concentró con todas sus fuerzas en aquel sentimiento y volvió a conseguirlo con algo más de dificultad, pero ya tenía la clave y solo era cosa de practica. Por lo que soltó una carcajada relajada - Ja, ja, ja… ¿Quién lo diría?... Ya no la necesito para esto… Ahora solo debo concentrarme en mi entrenamiento y en mejorar mis técnicas…
Deshizo la transformación y avanzó lentamente hasta la nave. Observó que había una abolladura cerca de la entrada y frunció- ¡Tsk! fallé uno…- enseguida sonrió - ¡Bah! Ahora soy un súper saiyajin ¿Qué me importa si me reclama esto?
Ingresó de una vez y se dirigió a su habitación, no sin antes pasar por el baño y asearse.
El agua estaba realmente fría, pero eso nunca le había incomodado, de hecho, antiguamente sus duchas no eran de otra forma.
Mientras restregaba su adolorido cuerpo, sonrió. Pensaba en lo divertido que sería cuando los idiotas de la tierra lo vieran convertido en súper saiyajin. Y ella. Al pensar en ella, no pudo evitar que cierta idea volviera a rondarlo. Frunció con intensidad al recordar lo dicho por ella "…No me quedaré tranquilamente esperando a que vuelvas de tu "viaje"…" gruño por lo bajo, ya no requería de ella para su transformación, sin embargo, esas palabras taladraban su cabeza una y otra vez. A regañadientes pensó que algo que no soportaría de ella sería la traición, además la mujer, aunque él no lo quisiera reconocer abiertamente, era su compañera. No era algo definitivo, pero no podía negarlo. Ella le pertenecía.
Se apresuró en terminar y salió solo con la toalla pero en vez de ir a su habitación, se dirigió a los controles.
No podía sosegarse pensando en qué estaría haciendo Bulma en esos momentos y de esa forma no podría entrenar con tranquilidad. Definitivamente si seguía así terminaría enloqueciendo. Al poner su mano sobre los controles dudó una última vez y desistió, arrepentido de dejarse llevar por aquel impulso. Él era un guerrero de élite, podía lidiar con cualquier cosa, inclusive con una mujer vengativa.
Volvió a su cuarto y se vistió con calma, mientras meditaba qué hacer. Finalmente pensó que había solo una solución. Volvería por ella, era la única manera de entrenar en paz, y después de todo aún tenían un asunto pendiente entre ambos, pero antes practicaría su transformación hasta poder controlarla por completo. Era momento de buscar otro lugar, uno más tranquilo y que sirviera sus propósitos.
…
Hoy se cumplían tres semanas desde que el saiyajin dejó la Tierra y Bulma aun no dejaba de extrañarlo, pero se había prometido a sí misma no deprimirse por lo ocurrido. Después de todo, la vida era muy corta para sufrir por amor. Además, si pensaba en lo dicho por su padre, Vegeta pronto la extrañaría o la necesitaría y esto lo haría venir por ella. Aunque no era muy esperanzadora la premisa, era lo único que tenía para darse ánimos y por lo menos hasta ahora le había funcionado.
Como todas las semanas, se dio un tiempo para ir al departamento de Yamcha, para regar las plantas. Muchas veces pensó en dejar algún sistema de riego automático, pero ir a ese lugar le servía para hacer un quiebre en su rutina. Además, no le tomaba más de quince minutos hacerlo y ella lo había prometido.
Abandonó el lugar, verificando que todo quedara bien cerrado. Luego se fue al centro comercial y realizó algunas compras, además de pasear y comer allí. Al finalizar, salió por el estacionamiento subterráneo, pero al llegar ahí vio que éste estaba casi vació. Nunca le había gustado la oscuridad y en ese momento el lugar le pareció poco iluminado y hasta lúgubre, así que se dio ánimos subiendo y bajando los hombros varias veces y se dirigió a su vehículo, con un montón de bolsas colgadas en sus brazos. Se sentía algo nerviosa, y tenía la sensación de estar siendo observada, por lo que apresuró su paso. Estaba por sacar las llaves de su automóvil, cuando escuchó que la llamaba una voz muy ronca.
- ¿Bulma Briefs?
Se volteó a ver hacia la voz y al instante palideció. Frente a ella estaba un hombre, vestido muy elegantemente, bastante atractivo, alto y de mediana edad, que le insistió - ¿Qué ocurre? ¿Ya no saludas a tus viejos amigos?
La muchacha tragó duro y se armó de valor para decir entre dientes, mientras intentaba en vano meter la llave en la cerradura de la puerta - Tú no eres ni amigo, ni conocido, ni nada ¡¿Qué mierda haces aquí?! ¿Te aburriste de vivir a la sombra de tu padre?
El hombre la miró de arriba abajo, con lujuria poco disimulada, antes de responder - ¡Vaya! ¿quién lo diría? Te has convertido en toda una mujer… y en una con mucho carácter… Solo vine a la Capital por negocios… ¿No te lo dijo tu padre?
Bulma sintió un vacío en su estómago. Quiso creer que estaba teniendo una pesadilla y deseo con todas sus fuerzas despertar., pero no ocurrió, por lo que lo miró altiva, mientras decía con sarcasmo – Pues, fijate que no. No me lo dijo. Para que veas que no eres más que una basura insignificante...
El sujeto dio un par de pasos hacia ella - Vamos, no te pongas así… Vine a la Capital para comprar unos vehículos. Lo hubiera hecho por teléfono, pero tu padre insistió en que viniera para poder platicar y elegir los modelos…Además, no me hubiera perdido por nada el placer de volver a verte…
-Para mí es de todo menos un placer. Para serte sincera ya ni me acordaba de ti…Eres tan poca cosa… Supongo que tu padre murió esperando que hicieras algo con tu patética vida… - el sujeto alzo sus cejas sorprendido un momento, pero al siguiente le sonrió - Te seré honesto, heredé el negocio familiar y una gran fortuna. No me quejo, las mujeres me llueven y puedo vivir con comodidad hasta dos vidas más... Pero volviendo a lo nuestro, debo confesarte que yo guardo lo que pasó entre nosotros, en el fondo de mi corazón, como un recuerdo muy querido… ¡Y qué recuerdo! – terminó su frase al tiempo que metía sus manos en sus bolsillos, para agregar – Lamento que no haya funcionado, después de todo yo no estaba listo para un compromiso y tú… bueno, no eras más que una chiquilla…
-¡Maldito! ¡Tú te aprovechaste de mi inocencia! - le gritó ella, sin tapujos.
- Bulmita, aclaremos algo. En ese entonces yo tenía veinticinco años, y no buscaba precisamente una relación platónica y tú… Bueno, hay que decirlo, estabas tan "dispuesta" … Debo reconocer que fue un buen revolcón, pero no más que eso. Si las cosas no resultaron entre nosotros como querías, no fue mi culpa porque ¿Quién en su sano juicio compra la vaca si tiene la leche gratis?... Ahora, si es que estás disponible podríamos volver a salir… Pero ¿Sabes? Prefiero que las mujeres sean más jóvenes e inexpertas… Si me comprendes ¿verdad? - le cerró un ojo, buscando complicidad en la mujer, pero al verla reacia, acercó una de sus manos al cabello de Bulma, como para acariciarla. Esta apartó su rostro - ¡No te atrevas a tocarme, bastardo degenerado! - le gritó con rabia - Y no te importa, pero estoy en una muy buena relación en este momento… Y ¡no volvería a salir contigo, aunque fueras el último hombre sobre la tierra!
Él volvió a guardar la mano en su pantalón, diciéndole enseguida con hipocrecía - ¿Alguien que conozca? Bien ¿Qué te parece si me lo presentas en la cena? … Podríamos tener una conversación de lo más interesante… Y podría darle un consejo o dos sobre como llevarte a la cama, si es que aun no lo hacen - hizo un chasquido con su boca, que a Bulma se le hizo asqueroso y agregó - Nos vemos más tarde, pequeña Bulma – comenzó a alejarse y se despidió de espaldas a ella con una de sus manos en alto.
Bulma, con los puños apretados, esperó a perderlo de su campo visual, para dejarse caer de rodillas, al lado de su vehículo. Temblaba entera, intentando ahogar los sollozos con su mano sobre la boca. Volvió a sentirse como una niña indefensa, siendo usada y vulnerada en todo sentido "Bastardo desgraciado… ¡Lo odio!"
….
Desde un recoveco del estacionamiento, una sombra bastante conocida, había sido testigo de ese encuentro. Había vuelto al planeta la noche anterior, pero dejó la nave en el desierto para no ser descubierto, apagando, además, el sistema de rastreo. Tenía la intención de saber si la humana le sería infiel, tal como lo había amenazado, así que estaba vigilándola desde la mañana. Cuando la vio ir al departamento de la sabandija, se molestó. Pero desde fuera pudo comprobar que ella se encontraba sola y que solo se estaba dedicando al mantenimiento de algunas plantas. Después la siguió al centro comercial, verificando que no se encontrara con ningún humano. Como no ocurrió nada, se tranquilizó, mientras se decía a si mismo lo patético que se debía ver vigilando a la mujer. Iba a retirarse, cuando algo lo hizo cambiar de opinión. Había notado que en ese subterráneo había un sujeto cuya presencia era tan asquerosa como la de Freezer, pero con un bajísismo poder de pelea. Lo observó bajarse del automóvil cuando Bulma pasó frente a él y enseguida vio como se le acercaba y parecía conocerla. No logró oír mucho desde donde estaba, pero no era necesario ser un sabio para darse cuenta de lo que había ocurrido. Una parte de su ser intentó obligarlo a actuar, pero como no ocurrió nada, decidió quedarse donde estaba "Así que ese asqueroso humano es el responsable…Hmn …interesante…" Desde donde estaba siguió con la vista al sujeto y lo vio subir por el ascensor, al centro comercial. Se concentró en seguir su débil e insignificante ki y entonces, cambio de objetivo. Era momento de aclarar cierta duda que tenía desde hace mucho.
Lo siguió sigilosamente, tratando de no ser visto por los demás humanos. El hombre había abandonado el centro comercial por una puerta lateral, donde lo esperaba un vehículo negro, con vidrios polarizados. Siguió la van por algunos kilómetros hasta que salieron de la ciudad, para llegar a un edificio abandonado. Vegeta esperó a que el sujeto saliera, pero como no hubo movimiento durante unos quince minutos decidió ir a averiguar en qué andaba. Ingresó al lugar y comenzó a escuchar un llanto y al hombre que gritaba obscenidades. Continuó avanzando por el pasillo, ahora guiándose por su oído y se encontró con un sujeto, que debía ser un guardaespaldas o algo por el estilo, en frente de una puerta. Lo noqueó sin problemas y miró la puerta frente a él, notando que los gritos y jadeos se oían ahora muy claramente.
Vegeta supo de inmediato de que se trataba ya que no era primera vez que oía eso. Sintió su estómago revolverse ante los recuerdos y de un golpe echó abajo la puerta. La escena le fue totalmente desagradable, arrugó su nariz y una furia descontrolada lo invadió. Las luces del ocaso eran las únicas presentes e iluminaban apenas una improvisada cama sobre la cual estaba el sujeto, solo con su camisa, encima de una chica de unos once o doce años. Ahora no eran sus subordinados o algún soldadillo raso quien lo hacía, era el miserable que había abusado de Bulma, cuando esta apenas dejaba de ser una niña.
El hombre se quedó estático en su lugar y la chica solo atinó a decir un "Ayúdeme, por favor" entre lágrimas. Vegeta avanzó y tomando al sujeto por el cuello lo elevó en el aire, a pesar de la diferencia de tamaño. El sujeto comenzó a suplicar por su vida, mientras la chica recogía sus pertenencias y salía huyendo.
-Po-por favor…no me mates… t-te lo ruego… -suplicó el sujeto, con un hilo de voz.
- ¿Por qué debería perdonarte tu miserable existencia?
-A-A ella me la consiguió otro sujeto… te lo juro… Y-yo...es primera vez...
Vegeta no respondió, en cambio, le dio su más maligna sonrisa. Ansiaba partirle el cuello.
El hombre abrió sus ojos como platos y logro decirle - No lo hagas… tengo mucho dinero… - Vegeta al oírlo, escupió a un lado y le respondió - Eso no me interesa, desgraciado. No eres más que una mierda degenerada y un desperdicio de oxigeno para los demás habitantes de este planeta.
-…. – los ojos de terror del hombre no se hicieron esperar y el saiyajin continuó - ¿Así que te gustan jovencitas? Dime, miserable ¿con que te las vas a tirar ahora?
Sin esperar respuesta, Vegeta agarró los genitales del hombre y los arrancó de cuajo, sacándole un grito
de dolor y espanto al sujeto que se debió oír a varios metros a la redonda.
Una vez hecho esto el príncipe lo arrojó a un costado, con asco y le advirtió, antes de salir volando por una de las ventanas - Más te vale que te alejes de tu asqueroso vicio… Te encontraré donde sea que te escondas, para terminar lo que empecé…- diciendo esto se envolvió en un brillo celeste y salió disparado por la ventana, terminando de quebrar los vidrios de ese lado del edificio.
…
Cuando por fin llegó a su casa, Bulma se negó a bajar a cenar, sobre todo después de que su padre le confirmara que tenían un invitado que ella conocía. Se encerró en su habitación, diciéndoles a sus padres que la excusaran, que se sentía enferma y muy cansada. Su madre también estaba impactada con la visita y le dijo a su marido que lo mejor era que saliera a comer con él fuera, ya que era un asunto de negocios. Esto, aunque le pareció extraño al profesor, le pareció mejor idea, ya que de todos modos solo estarían hablando de temas que les concernía a ellos.
Bulma no supo de esto. Solo quería estar a solas y olvidarse de todo. Para esto se preparó un baño caliente y, para acompañarlo, sacó una botella de vodka que había comprado de camino a casa. Ahogaría sus recuerdos en agua y alcohol, como hace mucho no hacía. Una vez dentro de la bañera, encendió un cigarrillo y se sumergió entre las burbujas.
-Y pensar que fue mi primer amor… Yo no era más que una chiquilla llena de ilusiones y sueños de amor… ¡Maldito el día en que su padre hizo negocios con la Corporación! ¡Maldito el día en que acepté ir a su habitación de hotel!… Pero pensé que el me amaba...Era tan lindo y amable pero ¡Solo lo hizo porque quería mi virginidad! ¡LO ODIO! ¡ESPERO QUE SE MUERA DE ALGO HORRIBLE! - terminó llorando por largo rato, hasta que se calmó un poco. Fue entonces que tomó la botella y comenzó a beber de ella mientras seguía deseándole lo peor al culpable de su despertar sexual.
Tenía trece años cuando lo conoció. Ella era muy inteligente y despierta, pero él era un chico muy guapo, atento, muy cariñoso con ella, además de ser amigo de la familia. El joven comenzó a llevarle regalos cada vez que iban de visita, y se quedaban conversando mientras sus padres hacían negocios. Ella nunca se había sentido atraída por ningún compañero de clase o amigo, pero él, tan maduro y caballeroso, comenzó a despertar en ella sentimientos que nunca había experimentado.
Así fue como comenzó a enamorarla, primero una caricia, luego un beso furtivo, para, tiempo después, pasar a decirle que estaban predestinados y que a él le encantaría que ella le expresara su amor de la manera que lo hacen los adultos. Bulma no lo dudó siquiera. Ella estaba enamorada, además de que nunca se sintió de la edad que tenía, debido a sus amplios conocimientos, pero ni todos los libros del mundo pudieron advertirle lo que ocurriría a continuación. Lamentablemente ella nunca tuvo una relación cercana con sus padres, sino hasta mucho después, cuando recién pudo curar sus heridas por lo que no tuvo ninguna advertencia.
Así fue como se pusieron de acuerdo para encontrarse en el centro un día, y después de pasear él le dijo que aprovecharan la oportunidad para demostarse su amor finalmente.
Llegaron al hotel donde él estaba alojado y subieron directo a su habitación. Una vez dentro, él comenzó a besarla y a decirle lo hermosa que era, hasta que consiguió su cometido. Bulma lloró, sí, pero él la tranquilizó diciéndole que era normal, que era un sacrificio que hacían las chicas por los hombres y que las siguientes veces ya lo pasaría mejor, pero no fue así. Después de ese día, el joven desapareció del mapa. Los negocios con la Corporación se habían terminado de cerrar el día anterior y su amor se había marchado sin dejar ni siquiera una dirección donde ubicarlo. Esto lo supo porque ella misma fue a averiguar al hotel y también le preguntó a su padre, disimuladamente. Pero nadie sabía nada de él.
Guardó silencio por mucho tiempo, sin atreverse a decirle nada a sus padres hasta que un día lo vio en los periódicos y supo donde encontrarlo.
Ya habían pasado cerca de dos años desde su encuentro en ese hotel y quiso el destino que en ese mismo lugar se alojara esta vez. Así que Bulma se vistió muy elegante y se dirigió a su encuentro, pensando en que solo se habían alejado por cosas del trabajo del padre de él.
Llegó a su habitación y golpeó la puerta. Esperó por unos segundos y se iba a marchar, pensando en que no estaba cuando la puerta se abrió.
Él la saludó algo incómodo y ella tuvo que detener su impulso de besarlo. No la invitó a pasar, atendiéndola en la puerta y diciéndole que había cometido un error con ella y que dejara de buscarlo porque él ahora tenía otra novia. Eso rompió el corazón de la muchacha, lo que no impidió que le gritara que era un tonto y un desgraciado, intentando también agredirlo. Terminaron sacándola los de seguridad, enviándola a casa solo con una advertencia.
Fue entonces que Bulma se dio cuenta de todo. Ese hombre, que le había propinado tantas palabras de amor, solo se había aprovechado de ella y ahora no era más que una tonta que había entregado su cuerpo a un imbécil con muy buena labia.
-¡Qué estúpida fui en confiar en él! - terminó exclamando, luego de varios tragos.
El agua de la bañera comenzó a enfriarse y la botella ya estaba a la mitad, pero a pesar de ello, no sentía deseos de salir de ese sopor. Pensó en que si estuviera Vegeta, sin duda le hubiera solicitado que eliminara al causante de su dolor. Pero al recordar al saiyajin, deseo poder olvidarlo también y volver a su vida a como era antes. A cuando tenía una relación estable y amorosa, cuando siempre era ella la que ganaba las peleas, donde su pareja la amaba de verdad y le rogaba que lo perdonara hasta por lo más mínimo. Regresar a cuando su vida era más sencilla y ella llevaba las riendas, siendo ama y señora de su tiempo.
Continuó fumando y bebiendo, mientras poco a poco sentía como sus ojos se volvían más pesados con cada pestañeo, producto del alcohol y del relajo de su cuerpo, tras la tensión de la tarde. "¡váyanse a la mierda todos los hombres!... Necesito olvidar… olvidarlos a todos, solo sirven para hacer sufrir a las mujeres, es para lo único que fueron hechos… ¿por qué Kami- Sama?… mmm… si tan solo fuera tan sencillo… borrarlos… Vegeta…"
No supo cuándo, pero de un momento a otro dejó de sentir y sucumbió a un profundo sueño. Lo último que escuchó, fue el sonido, lejano, de la botella quebrándose sobre las baldosas del baño.
…
Vegeta volaba en dirección a la propiedad, aun sintiendo nauseas por lo que había presenciado. Pero después de ello, ahora estaba convencido de llevarse a la humana con él. Y tenía un buen plan para ello. Entraría, la dejaría inconsciente para que no abriera la boca y dijera algún disparate que lo hiciera arrepentirse y se la llevaría sin más, junto con las herramientas necesarias para que se mantuviera ocupada durante el viaje, dejándole una nota a los padres de ella para que no lo acusasen nuevamente de llevarse cosas de la casa sin permiso.
Entró sigilosamente a la habitación por el balcón, seguro de que estaría allí, pero no la encontró en su cama. Esto le pareció extraño, pero supuso que estaba en el baño, por lo que se sentó en la cama a esperarla. En eso estaba cuando sintió un objeto quebrarse y agudizó sus sentidos, a la espera de alguna palabrota de ella, pero nada ocurrió lo que lo hizo ponerse en alerta. Pasaron unos segundos y no se oía nada. Puso mayor atención y entonces su pecho se apretó al sentir el ki de Bulma debilitado, al extremo de ser casi inexistente. Como un rayo se levantó y derribó la puerta, encontrándola sumergida en la tina, con un brazo fuera. Se quedó petrificado unos segundos, sin saber qué hacer. Comprendió en un instante que la vida de la humana estaba en sus manos, por lo que su orgullo de saiyajin intentó detenerlo de cualquier intento de salvarla, gritándole que era lo mejor que podía ocurrirle, porque él era un asesino y un conquistador de mundos y no un idiota , pero Vegeta lo suprimió de un golpe, procediendo a inclinarse, sacando a Bulma de la bañera en brazos, notando entonces que ella no estaba respirando, por lo que de inmediato la sacó del cuarto de baño y la recostó en el piso alfombrado de la habitación. Enseguida se arrodilló junto a ella y comenzó a abofetearla suavemente, para hacerla reaccionar. Él era bueno muy asesinando seres, por lo que resucitarlos estaba muy lejos de su nivel de experticia. Por suerte recordó uno de los tantos libros que había leído durante su primera estadía en la Tierra: un libro sobre primeros auxilios. Así que cerró sus ojos un momento y procedió a actuar según lo explicado allí para una situación como en la que estaba.
Un grito desgarrador se oyó en toda la Corporación, junto con un remezón completo de la casa.
Vegeta respiró hondo y, sin dudarlo un segundo más, comenzó a presionar el pecho de la muchacha con ambas manos, teniendo cuidado de no romperle ningún hueso. Luego se detuvo, para poder insuflar aire en sus pulmones, repitiendo un par de veces la operación, mientras los padres de la muchacha entraron a la habitación alertados por su grito. El profesor al darse cuenta de la situación, se lanzó al suelo a tomar el pulso de la muchacha, mientras la señora llamaba una ambulancia. Vegeta no los oía, debido a que estaba concentrado en su labor "Mierda, Bulma, no puedes hacerme esto… no ahora… Reacciona, maldición… Te necesito, tal como lo piensas, mujer escandalosa" Un par de insuflaciones más y la muchacha comenzó a toser. Vegeta la ladeó, para facilitarle la expulsión de líquido de sus pulmones, percatándose de que el ki de Bulma subía levemente, lo que lo hizo soltar el aire que tenía contenido en sus pulmones desde que la vio toser. Luego se dejó caer a un lado, exhausto, apoyándose en una de sus manos, ya que, presionar el pecho de la muchacha, sin ejercer demasiada fuerza, había sido demasiado agotador para él. Enseguida levantó la vista hacia el anciano, que aun sostenía la muñeca de su hija, y pudo notar el rostro de alivio del hombre. Bunny, por su parte, trajo una toalla para cubrir la desnudez de su hija y luego canceló la ambulancia.
-Su pulso ya es estable – comentó el profesor dando también un suspiro de alivio. Enseguida miró a al saiyajin y le dijo, con los ojos llorosos - Vegeta… ¡No sabes cuánto te agradezco que hayas salvado la vida de mi hija!
El saiyajin solo atinó a preguntar, suavemente con lago de incomodidad - ¿Por qué no despierta?
El hombre acarició el rostro de su hija, mientras decía - Al parecer no alcanzó a estar un minuto bajo el agua, no tiene los labios morados por lo que no creo que sea debido a un daño neurológico… Seguramente debe ser por el alcohol que ingirió… No te preocupes, ella estará dormida por bastantes horas…. Pero lo mejor es que la traslademos a la enfermería.
Vegeta ayudó en todo lo que se le solicitó, sin objeciones, ya que, por decirlo de alguna manera, estaba choqueado, tanto así que era primera vez que acataba órdenes de alguien que no fuese su padre o Freezer o, por qué no decirlo, de Bulma.
Después de que la muchacha estuvo instalada, donde mismo estuvo él hace un tiempo, y al cuidado de sus padres, subió a su cuarto y se puso ropa seca, ya que su uniforme había terminado totalmente empapado.
Mientras se vestía no pudo evitar pensar en la situación "¿Lo habrá hecho a propósito? Esto es muy extraño… Supongo que tuvo algo que ver el sujeto con el que se encontró en el centro… Ese asqueroso insecto nunca más volverá a fornicar ni a violar niñas… no era más que un degenerado…" Una sonrisa se dibujó en sus labios con el recuerdo "Espero que haya aprendido la lección. No mentí cuando le dije que regresaría para finalizar mi trabajo..."
Terminó de vestirse y bajó a la enfermería, encontrándose a los padres de la muchacha. Bunny le dijo que le traería algo de cenar, ya que seguramente no había comido bien fuera y el profesor le dio una palmadita en la espalda antes de abandonar la habitación, mientras le decía – Eres un buen muchacho, Vegeta… Mi hija hizo bien en elegirte.
El saiyajin abrió sus ojos sorprendido, pero no se giró ni respondió nada. Solo se quedó en su sitio, mirando a Bulma dormir, recordando cuando tuvo el accidente en la nave y que a la primera persona que había visto al despertar era a ella, concluyendo de inmediato que lo había estado cuidando durante toda la noche.
Una vez solo avanzó hasta la camilla y frunció - Supongo que es mi oportunidad de devolverte el favor, humana… - susurró, tomando enseguida asiento en la misma silla que ocupara ella aquella vez.
…
Poco después, la madre de Bulma le trajo alimentos y el profesor pasó a ver a su hija antes de ir a dormir, diciéndole al saiyajin - Vegeta, sé que Bulma no terminó las conexiones. Si quieres mañana traes la nave y terminaré el trabajo.
-Hmn… Has lo que creas pertinente…
-Yo ayudaré con las cosas que le faltó guardar para el viaje… - dijo la señora, mientras sostenía un pañuelo, cerca de su rostro.
-Está bien… gracias - respondió Vegeta sin mirarlos.
Ambos ancianos se miraron, extrañados por el comportamiento del saiyajin. Luego el anciano le asintió a su mujer y dijo - Muchacho, creo que Bulma estará en muy buenas manos contigo... Si es que decides llevártela contigo. No tenemos ninguna objeción.
-Eso no me interesa por ahora…
Con esa respuesta se dieron por satisfechos y dejaron solo al príncipe con su hija.
Una vez solo, se puso de pie y acomodó la silla junto a la camilla. Tomó asiento nuevamente y posó una mano sobre una de las mejillas de la muchacha, al tiempo que la acariciaba con el pulgar. Mientras lo hacía, comenzó a interrogarse
-Debí dejarte morir… Eso es lo que hubiese hecho un digno representante de la raza guerrera de los saiyajin…
...
Comenzaba a amanecer y el saiyajin aún permanecía sentado al lado de la camilla, con sus ojos cerrados, de brazos y piernas cruzadas. Sin embargo, el cantar de las aves lo despertó., por lo que abrió sus ojos y observó por enésima vez a la humana, que aún permanecía inconsciente. Luego se estiró en su lugar, para después ponerse de pie y tronar su cuello. Avanzó en silencio y se quedó de pie frente a la camilla, mientras veía aparecer los primeros rayos del sol, por detrás de la delgada cortina.
No podía dejar de pensar en ese momento en lo incomprensible que era para él quitarse la vida, y peor aún, por cosas tan insignificantes como una mala experiencia, ni menos sentimental, eso era totalmente irracional. Bien lo sabía él, que su vida no había sido precisamente un jardín de flores. Al pensar en ello, recordó todos los abusos y vejaciones a los que había sido expuesto desde que era tan solo un niño. Apretó los puños y alejó el pensamiento de su mente, eso ya era parte del pasado.
Pasaron unos minutos y bufó, pues consideró que, después de todo, era posible morir por alguien. Sus subordinados por obligación debían dar la vida por él, después de todo era su príncipe y le debían el mayor de los respetos. Pensó en que sus entrenamientos y algunos combates también podían catalogarse de tal, pero de ahí a terminar la vida de forma tan deshonrosa era incomprensible para él.
- ¡Tsk!
Volvió a cruzarse de brazos y cerró sus ojos. Recordó que en la Tierra había sido testigo de un suicidio, cuando aquel enano blanco había hecho el ridículo, intentando derrotar a Nappa, en un ataque kamikaze. También cuando el propio Kakaroto se sacrificó para matar a Raditz. "¿Qué honor hay en morir junto con el enemigo?"
Abrió sus ojos y observó nuevamente a la muchacha "Estás demente, mujer… ¿en qué demonios estabas pensando cuando te metiste a la bañera a emborracharte?... ¿?... Hmn, actuaste igual que cuando supiste lo de la sabandija… Acaso ¿lo hizo porque la dejé?... (sonrió)… No, seguramente para mí tiene preparada alguna sutil venganza… Torpe humana… ¿realmente deseabas la muerte?... ¿por qué no pude dejarte morir? ... Era tan sencillo y me ahorraba de paso todos tus molestos reclamos... Supongo que debía pagar mi deuda... ( Volvió a fruncir) ¡Por mil demonios! Solo conseguí ponerme en evidencia delante de los viejos... Ahora creerán que de verdad me importas. Eso es imperdonable para alguien como yo, soy un saiyajin de élite... ¡Qué patético me he vuelto!... sin embargo, yo… lo que siento a pesar de ser quien soy es... ¿?" Giró su vista de golpe hacia la puerta de entrada., sintiendo a alguien aproximarse. Se dirigió a la mesa y destrabó el cerrojo de la ventana, absolutamente ni un alma debía saber que estuvo allí toda la noche. Miró una última vez a Bulma y salió, saltando sobre la mesa y escapando por la ventana.
…
Los primeros rayos del sol iluminaban la mitad superior de las ventanas cuando Bunny entró a la enfermería. Sonrió un momento al ver que el suero había sido reemplazado y que algunos objetos habían caído desde la mesa.
Se aproximó a la cama y acarició la frente de hija. No podía creer que su niña, tan alegre y apegada a la vida, hubiera intentado matarse. Enseguida recordó el asunto de la visita del día anterior, su expresión cambió a una de profunda tristeza. Se sentía culpable en el fondo, de lo ocurrido años atrás. Ella debió sospechar que su hija estaba viéndose con un hombre mayor, pero Bulma había ocultado muy bien sus huellas. De haberlo sabido, jamás lo hubiera permitido, ya que el joven tenía mala fama y por el mismo padre de éste, sabía que tenía más de un problema faldas.
Cuando Bulma le confesó la verdad, ya no había mucho que más que hacer que apoyar a la muchacha. Bunny conoció toda la historia y acompañó las lágrimas de su niña. Su hija vivió su primera ilusión, pero desgraciadamente fue con el tipo equivocado. No lo denunciaron a las autoridades por petición de la propia muchacha, quien no quería armar un escándalo para su padre y porque el joven en cuestión le había puesto una orden de alejamiento por el escándalo provocado en su hotel, amenazándola con culparla de acoso si insistía con su versión.
Su marido la sacó de sus pensamientos, al ingresar a la habitación.
- ¿Cómo sigue?
-Bien, querido – dijo, pestañeando un par de veces, contrariada - Está estable, pero creo que demorará un poco más en despertar…
-Mmm, lo suponía… Nuestra pequeña no se había estado alimentando muy bien, ni tampoco ha descansado lo suficiente.
- Es verdad… - comentó ella – estuvo bastante deprimida por lo del viaje… ¿Has visto a Vegeta?
-Sí. De hecho, acabo de encontrarme con él en la cocina… Ahora debe estar buscando la nave… Me arrepiento de no haberle instalado un sistema de encapsulamiento, pero para una nave espacial de sus dimensiones es un riesgo - el profesor hizo un alto y agregó con algo de inseguridad - Con respecto a Bulma, creo que lo mejor será mantenerla sedada para que se recupere por completo, de lo contrario querrá ir a ayudar si despierta.
-Estoy de acuerdo, cariño. Ella siempre quiere ayudar.
La señora se acercó al estante donde estaban los suministros médicos y sacando algunas cosas volvió donde su hija e hizo lo solicitado, mientras le consultaba a su marido - ¿Qué pasó con tu cena de negocios de ayer? - el señor Briefs se cruzó de brazos, mientras miraba a su mujer, pensando en si decirle o no, pero finalmente habló - Con lo ocurrido se me había olvidado comentarte, querida. ¿Recuerdas que anoche intenté comunicarme para cancelar? Pasó algo terrible… Hace un momento me devolvieron las llamadas y su asistente me dijo que este muchacho fue víctima de un asalto y que está grave en el hospital… es una lástima…
Bunny, aun de espaldas a él, abrió muy grandes sus ojos. Enseguida se recompuso y dijo - Sí, que pena ¿no?… - después agregó como ida, mientras se giraba – Si me disculpas, amor, iré a alimentar a los animales…¡Los pobrecitos deben estar hambrientos!
Su esposo la miró extrañado, Bunny siempre se compadecía, y mucho, por los demás, pero dadas las circunstancias no le dio mayor importancia a la frialdad de sus palabras. La siguió, tomando después dirección a su laboratorio, para ir a buscar las herramientas que necesitaría para trabajar en la nave. Estaba decidido a terminar lo que había dejado pendiente su hija.
…
Vegeta avanzaba a toda velocidad, pasando montañas y valles. Seguía maldiciéndose por haber vuelto, pero en el fondo sabía que era absolutamente necesario. Sin embargo, él no contaba con lo que ocurriría a su regreso. Él no la había salvado por que quisiera, su cuerpo lo había traicionado, reaccionado casi automáticamente y para ser sincero consigo mismo, su mente también. Para él no había sido más que una estúpida coincidencia.
"Debí dejarla morir…"
Llegó al desierto y divisó la nave. Descendió junto a ésta y sacó de un bolsillo la llave, no pudiendo evitar sonreírse ladino, pensando en la forma cómo la había obtenido. Se aproximó a la entrada, pero se quedó un momento observando una abolladura que había en un costado. Colocó su mano sobre esta y amplió su sonrisa, al recordar que se produjo cuando alcanzó su tan ansiada transformación. Enseguida suspiró "Esa es la única razón… La necesito conmigo… De otra forma no podría concentrarme, no sabiendo que su seguridad está en peligro… ¡Maldito instinto!… Ella no debe morir porque me pertenece… " reflexionó, ya más tranquilo consigo mismo.
Ingresó a la nave, activó los controles y emprendió rumbo de vuelta a la Corporación. Necesitaba dormir con urgencia, pero tenía curiosidad por saber si el anciano había hecho lo que le solicitó.
…
Bunny preparaba unas cajas, con algunas cosas que, según ella, podría necesitar el saiyajin en su viaje, ya que su marido le había dicho que lo más probable era que el príncipe volviera al espacio para completar su entrenamiento.
Miró la hora y decidió que era tiempo de preparar una merienda. Dejó lo que estaba haciendo y con premura se dirigió a la cocina. Estaba segura que Vegeta haría una escala en ese lugar. Además de que había sentido aterrizar la nave hace unos segundos.
Efectivamente, cuando llegó, lo encontró con la cabeza metida en el refrigerador. El hombre al sentirla frunció su ceño - Hmn… ¿ya se murió? – preguntó, haciéndose el desinteresado.
- ¡Tan bromista, Vegeta!… Me alegro de que estés de mejor humor… Bulma se encuentra descansando aún…
Vegeta cerró sus ojos, evaluando lo que había dicho la señora.
Bunny al no recibir respuesta alguna del saiyajin, decidió preguntar - ¿Quieres comer algo? Puedo prepararte alguna cosa si quieres… ¡Debes estar exhausto!
Vegeta levantó una ceja, asomándose para poder ver a su interlocutora - Supongo que es mejor que hacerlo yo mismo… - dicho esto, cerró el refrigerador, se dirigió a la mesa y tomó asiento, mientras veía que la señora le servía un refresco y preparaba una pila de sándwiches. Bunny al finalizar dejó las cosas sobre la mesa y Vegeta, sin decir nada, comenzó a atacar la comida.
La señora se sonrió y le comentó - Vegeta… no pude encontrar tus guantes para lavarlos junto con el traje…
El saiyajin tragó lo que tenía en la boca de una vez. Supo exactamente hacia donde iba la cosa, por lo que le dijo - Se estropearon y tuve que tirarlos… – gruñó, manteniendo su vista en los emparedados
- ¡Oh! Ya veo… - comentó, secándose las manos en su delantal – debiste realizar un entrenamiento extraordinario esta vez…
-Hmn… Por supuesto – respondió, no dando más información.
-Quería comentarte que el resto de tu traje está impecable y listo para que lo vuelvas a utilizar.
Vegeta no se atrevió a mirarla al darse cuenta de que la señora algo sabía de su incursión. Aún así, agradeció internamente que su hija no hubiera heredado ese "defecto".
La señora lo miró con ternura, mientras agregaba - Si me disculpas, tengo que ir a terminar de empacar algunas cosas para el viaje… ¡Ah! Se me olvidaba ¡Gracias, Vegeta!
- ¿Hum? – hizo, con cara de loco.
- Ay, querido… por lo de Bulma… ¡te portaste como todo un caballero!
- No diga estupideces… Solo fue una coincidencia que fuera a fastidiarla justo en ese momento…
-Sí, como digas…Bueno, no te quito más tiempo. Aún tengo mucho que hacer… ¡Nos vemos, apuesto y valiente Vegeta! – terminó diciendo cantadito, mientras abandonaba la cocina.
El príncipe estrechó sus ojos por el tono chillón de la mujer., prosiguiendo enseguida a terminarse la torre de alimentos. Una vez satisfecho se dirigió a los laboratorios, ya que él también tenía mucho que hacer antes de descansar.
…
Continuará...
