Cuenta regresiva: 26.280 hora

M.I.A.

Vegeta ingresó a la habitación, decidido a estar presente cuando ella recuperara la conciencia. Las luces estaban apagadas, pero aun así él pudo distinguir perfectamente donde estaba Bulma, gracias a la luz que se coló del corredor. La compuerta descendió tras él, e iba a avanzar hasta ella, pero prefirió quedarse en cerca de la entrada, junto al interruptor, ya que sabía de sobra que ella no tomaría a bien su regreso, ni mucho menos las circunstancias en la que se encontraba, por lo que seguramente comenzaría a gritarlo apenas despertara y, aunque moría de ganas de verla despertar de aquel letargo, sabía que se encontraría demasiado debilitada y prefería no correr el riesgo de que le pasara algo estando tan lejos de la tierra.

Cerró sus ojos y se concentró en el ki de Bulma, notando que este estaba estable y que en cualquier momento despertaría. Enseguida la sintió moverse en la cama, lo que le indicaba estaba en lo correcto, por lo que no pudo evitar sonreír a la espera de que ella abriera sus ojos al fin.

La muchacha se removió en la cama, incómoda, sintiéndose algo mareada y con dolor de cabeza, arrepintiéndose inmediatamente de beberse casi toda la botella de vodka. Se tomó un segundo para verificar que el sol no le estaba dando de lleno en la cara y por fin abrió los ojos, pero al hacerlo, se extrañó al darse cuenta de que no veía nada. Eso la alarmó de que algo no estaba bien, ya que su habitación siempre estaba iluminada tanto por la luz del día como por el reflejo de las luces del jardín. Comenzó a tantear, buscando su mesita de noche, para encender la luz, pero no la halló, en cambió sintió un tirón en su brazo y al tocarlo se dio cuenta de que tenía una aguja con una cánula conectada. Empezó a entrar en pánico e iba a gritar, cuando de repente la habitación se iluminó, obligándola a cubrirse hasta la cabeza con la manta por la molestia en sus ojos.

- ¿Mamá? – preguntó insegura, con su voz algo ronca.

- Intenta de nuevo…- respondió Vegeta, acercándose a la cama, mientras sonreía de lado.

Bulma bajó un poco la ropa de cama y con lago de dificultad al enfocar, vio al saiyajin, sonriéndole.

- ¡Vegeta!… ¿Qué haces aquí? – exclamó, sentándose y llevándose de inmediato una mano a su cabeza, por el dolor.

- Hablaremos al respecto después – respondió él, mientras agregaba con sarcasmo - Solo quiero agradecerte que me evitaras el dejarte inconsciente… Aunque déjame decirte que ¡hiciste un gran trabajo casi ahogándote en la bañera!

Ella abrió su boca para interrogarlo, pero se detuvo al instante, porque recién había notado que no estaba en su cuarto - No puede ser… - murmuró sorprendida. Luego se volvió a ver al saiyajin y su interrogatorio no se hizo esperar - ¡¿Cómo demonios es que estoy en la nave?! ¡¿Cuándo volviste?! ¡¿Dónde estamos?! ¡¿Dónde están mis cosas?! - se detuvo un momento y agregó, confundida - Espera, ¿cómo es eso de que casi me ahogo?

Vegeta se sonrió y avanzó hacia la puerta, diciéndole – si quieres saberlo, acompañame, porque hoy no hay servicio al cuarto y necesitas reponer fuerzas antes para que puedas seguir gritándome – enseguida salió, ignorando todas sus preguntas.

-¡VEGETA!... Uyyy ¡Regresa aquí en este instante!– gritó Bulma, pero al darse cuenta de que el saiyajin no le haría caso, decidió ir tras él, por lo que buscó con que vestirse, ya que estaba solo con una camisola. Por suerte encontró con la vista una bata sobre una silla, frente a un escritorio. Con cuidado retiró la aguja que tenía en el brazo y avanzó hasta el mueble con cuidado, ya que se sentía débil y algo mareada. Tomó la bata y se fijó en el escritorio - Lo recordó… - dijo, posando su mano en la superficie, agregando – seguramente debió pedírselo a mi padre… Pero entonces ¿Mis padres lo ayudaron?... Dijo que casi me ahogo en la bañera…¿será posible que… - se quedó de pie unos momentos, intentando pensar pero no recordaba nada, por lo que se dirigió a la compuerta para ir tras Vegeta por respuestas.

Avanzó por el corredor y vio, con asombro, que la nave ya estaba completamente terminada, con las conexiones cubiertas y la calefacción funcionando - ¡Vaya! Se ve mejor de lo que imaginaba y el sistema de calefacción funciona a la perfección… Supongo que mi padre hizo esto, pero ¿cuando? Esto claramente es trabajo de un día completo… ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? - subió por la plataforma y siguió su camino, deteniéndose frente a la habitación destinada a la cocina. Entonces respiró hondo y entró, viendo a Vegeta que llevaba, justo en ese instante, un par de tazas a la mesa. El saiyajin la miró y la invitó a sentarse, con un gesto de su mano. Ella aceptó, bastante incrédula de la situación, pero aun así avanzó hasta el sofá, sin quitarle la vista de encima al príncipe.

-Ya estoy aquí… ¿me vas a responder? – preguntó, una vez instalada.

-Sí, pero antes debes aclararme algo - dijo el saiyajin, bebiendo un sorbo de una de las tasas que había dejado en la mesa - ¿qué es lo último que recuerdas? - ella frunció y le respondió, algo molesta - No estoy para juegos de adivinanza, Vegeta… Acabo de despertar en la nave y no recuerdo como llegué aquí...

-Yo tampoco estoy para juegos, Bulma. Pero creo que es la mejor manera de que armes el rompecabezas que debes tener en tu mente…

Bulma suspiró, calmándose, antes de decir - Muy bien, por esta vez creo que tienes razón… A ver…- comenzó a hacer memoria, mientras decía - Recuerdo que estaba en la bañera… ¡Claro! Estaba odiándote y maldiciéndote a ti y a todos los hombres.

- Eso no me extraña… – respondió él, con algo de ironía, luego bebió un poco y continuó, burlón - ¿Qué más recuerdas? - ella intentó forzar su cerebro, sin muchos resultados, por lo que le dijo - No lo sé… creo que… después me fui a dormir.

Vegeta limpió su boca con una servilleta y le comentó - Hmn ¿Segura? - Bulma lo miró molesta para decirle - Sí ¿qué más se supone que debería recordar? A menos que te refieras a mi rapto. Dime ¿Mis padres te ayudaron o solo me sacaste de la casa como un vil ladrón?

Vegeta se sonrió de lado - ¿Crees que te rapte? Ja, ja, ja… Nada más alejado… Para tu información, yo no te traje sin autorización… Pero debes saber que estuviste inconsciente por dos días…

Bulma abrió muy grande sus ojos - Pero ¿cómo demonios ocurrió? -preguntó confundida.

En ese momento su estómago rugió, haciéndola sonrojarse un poco.

-Será mejor que ingieras algo de alimento – le indicó Vegeta, haciendo un ademán con su cabeza.

Bulma llevó la taza frente a ella y la olfateó, sorprendiéndose al darse cuenta de que era sopa de pollo, como la que le hacía su mamá, cuando estaba resfriada.

-No planeo envenenarte, así que puedes beberlo con confianza… - agregó él, ocultando su incomodidad, bajando su vista a la taza que tenía enfrente.

Ella asintió con la cabeza y bebió con avidez el humeante líquido. Vegeta aclaró su garganta, mientras observaba un punto cualquiera de la habitación, queriendo parecer desinteresado en ella. Bulma terminó de beber y le preguntó enseguida - Dime ¿qué fue lo que pasó, Vegeta? - el saiyajin la miró a los ojos un momento y enseguida volvió a desviar su vista, para decirle, mientras apoyaba sus brazos en el respaldo del sofá donde estaba – No hay mucho que contar… Regresé a la Tierra y casualmente te encontré en el baño, en medio de tu torpe intento de suicidio... Por si te lo preguntas o imaginas que regresé por ti, debo aclararte que lo hice por la armadura que faltaba…

Bulma apretó sus puños sobre la mesa y respondió - Oye ¡Yo no intenté matarme! Debió ser un accidente… Ya quisieras…- terminó diciendo entre dientes.

- Como digas… - respondió él, cerrando sus ojos - El asunto es que después de tu "accidente" estuviste en la enfermería un día completo y otro, en la nave. Hasta ahora…

Bulma lo miró con extrañeza - ¿Y dices que mis padres te dieron permiso para llevarme aún inconsciente? - Vegeta se encogió levemente de hombros y volvió a mirarla – Ellos sabían que ya estabas bien… Además, les pedí que te sedaran…

Bulma golpeó la mesa con ambas manos, poniéndose de pie - ¡¿Me sedaron?! - él levantó una ceja, mientras observaba la reacción de la muchacha, después volvió a fruncir y le dijo - ¿Acaso quedaste sorda? Por supuesto que lo hicieron. De lo contrario, hubieras hecho un escándalo por todo, como lo estás haciendo ahora – cambió su tono a uno burlón y agregó - Por cierto, eres capaz de cualquier cosa con tal de llevarme la contra… ¿o me equivoco, Bulma?

- ¡¿De qué demonios hablas?!

Vegeta se cruzó de brazos y le dijo - ¿De qué crees, mujer? No fuiste capaz de terminar las mejoras a la nave que tu misma te comprometiste a hacer con tal de acompañarme. De no ser porque tu padre finalizó las conexiones, aún estaría duchándome con agua fría. Además, la loca me entregó tus pertenecías y me indicó donde estaban los víveres que habías adquirido para el viaje. Y para que veas que yo no soy un inútil como tú, traje la armadura, tus herramientas, repuestos y artículos de enfermería.

- ¡Oh, ya veo que te ocupaste de todo! – replicó ella, con sarcasmo.

El volvió a mirarla a los ojos, mientras sonreía de lado - Por supuesto. Alguien debía ocuparse de lo que tu dejaste inconcluso, humana holgazana…

-¡Sabes que no fue mi intención! Tú te enojaste primero y…

-Ja, ja, ja… - rio, interrumpiéndola - No cambies los hechos, embustera... Tú te molestaste por una simple pregunta y te fuiste sin siquiera darme tiempo a replicarte…

Bulma iba responderle pero se sonrojó, al recordar que efectivamente ella se había molestado porque él la había pillado en una mentira. Entonces se dio cuenta de que su pelea había sido nada más que un malentendido y que el saiyajin siempre había querido llevarla consigo y que de no ser por esa tontería, las cosas hubiesen sido diferentes y no se habría quedado ni encontrado con ese imbé ó que Vegeta había vuelto por ella, aunque no lo admitiera y que, al llevarla consigo, admitía de manera tácita que la quería con él en este viaje. Además, el destino lo había llevado a encontrarla inconsciente en la bañera, salvándole de un suicidio no programado, sin mencionar que la estuvo cuidando mientras estaba inconsciente en la nave.

El saiyajin la miró intrigado, mientras ella volvía a tomar asiento y bajaba su vista, diciéndole casi en un susurro, con sus manos en las rodillas – Yo... creo que te debo una disculpa, Vegeta… y creo que debo darte las gracias, también...

El saiyajin asintió y le comentó - No me lo agradezcas… O, mejor dicho, después verás cómo me lo agradeces. Recuerda que ya casi se cumple el plazo… - ella frunció y lo miró molesta - ¿Tenías que echar a perder el momento?

-Déjate de estupideces… Te he dicho que esas cosas solo están en tu imaginación… Ahora si me disculpas, saldré a entrenar – dijo, levantándose de la mesa.

- ¡¿Qué?! No. Espera, Vegeta… Solo una pregunta más… ¿Por qué me trajiste?

El saiyajin apretó sus dientes, pero no dejó de sonreírle. Bulma encontró este gesto de lo más seductor, pero duró solo hasta que él decidió hablar - Supongo que eres un mal necesario - le respondió – No confío cien por ciento en su tecnología… Además, ya estás aquí, así que deja de cuestionarme … Saldré a practicar mis técnicas y espero que no me interrumpas… - comentó, avanzando hacia la salida.

- ¿Cómo crees que podría interrumpirte?

Vegeta se giró y respondió, retomando su seriedad habitual - Te conozco lo suficiente para saber que dentro de las cosas que guardaste en las cápsulas debe venir el rastreador… Ni se te ocurra seguirme. Este lugar no es como el pacífico Namekusei, así que si lo haces, será bajo tu propio riesgo.

Dicho esto, salió del cuarto, dejándola sola.

Bulma miró enojada hacia la compuerta y frunció, cruzándose de brazos - ¿Cómo si quisiera estar con ese pesado? - luego lo pensó mejor y sonrió feliz - Aún así ¡volvió por mi!… Es buen material de novio después de todo… Creo que lo mejor será buscar en qué matar el tiempo mientras regresa Vegeta y prepararle algo delicioso de cenar como agradecimiento - se quedó pensativa unos momentos – Mmm, si mi madre empacó mis cosas, el rastreador debería de estar encapsulado en alguna parte… No. Es mejor esperar a que vuelva ya que bien lo dijo, este planeta no parece ser como Namekusei... ¡Aún no puedo creer que estoy nuevamente en el espacio y además con Vegeta! - Se sonrió y terminó de beber lo que había en su taza. Después de todo ella había ganado la partida.

Al terminar, se puso de pie, pero aún se sentía algo mareada, por lo que se recostó en el sofá donde había estado sentado el saiyajin. Iba a cerrar sus ojos un momento, pero algo la hizo sobresaltarse.

-¡Demonios! ¡Si estuve en coma dos días, son dos días que no he tomado mis píldoras!

Corrió como pudo a la bodega y dejó un desorden mientras buscaba sus pertenencias. Por fin dio con una caja que tenía su nombre.

Se sentó en el suelo y comenzó a revisar su contenido, hasta que al fin dio con lo que buscaba. Por suerte las había dejado en un pastillero sobre su mesa de noche junto con él de su maquillaje y sus capsulas, así que para su madre debió ser muy sencillo enviarle todo y estaba sumamente agradecida por eso. Se llevó las manos al pecho y suspiró aliviada - Aquí están… Me tomaré las dosis faltantes y espero que no ocurra nada malo… De todos modos, creo que puedo dilatar esto un poco más, supongo… no sé si esté preparada aún…

Dicho y hecho, fue por un vaso de agua y luego de tomar su medicamento, regresó a la bodega a buscar sus otras cosas, yendo enseguida al cuarto donde había despertado y, después de vestirse adecuadamente, se dedicó a guardar su ropa en los compartimentos inferiores de la cama junto con sus otras cosas, mientras pensaba en que sería bueno preparar para la cena.

Una vez fuera, el príncipe soltó el aire y observó el cielo mientras hacía una mueca de desaprobación. Había estado tan ansioso de volver a ver a la humana que no había pensado en el día a día solo con ella. Se sintió algo estúpido por no haber analizado más a fondo la cuestión, pero ya no había nada que hacer. Ahora eran solo ellos dos y deseaba concretar lo antes posible el asunto de tomarla, pero sabía que debía ser paciente, aunque eso le tomara unos días más. Por suerte había solicitado la nave unipersonal al profesor, ya que si se hartaba de ella o le causaba muchos problemas podría enviaría de vuelta a la Tierra y si llegaba a necesitarla, simplemente la solicitaría de vuelta. Para eso tenía en su poder ahora una nave unipersonal, con mayor velocidad que la actual y que, al ser encapsulable era mucho más fácil de transportar.

Y en cuanto a los sentimientos que había desarrollado por ella, aunque al principio pensó que no eran más que estupideces de esa débil raza, debía reconocer que después de todo, le habían sido útiles, ya que sin ellos no podría haber alcanzado su tan deseada transformación.

Observó el amarillento paisaje, recordando la vez que había estado en ese extraño planeta. Lo había tomado para Freezer unos años antes de viajar a la Tierra, pero con la muerte de éste, ahora solo era un mundo abandonado, sin dueño ni habitantes. Frunció al recordar lo trabajoso que había sido conquistarlo, ya que teniendo recursos naturales debieron hacer el menor daño posible. Lo que les significó solo eliminar a la población, pero el problema era que los habitantes solían vivir bajo tierra, por lo que demoraron más de lo esperado recibiendo solo un regaño por parte del lagarto, en vez de la acostumbrada paga.

Sacudió su cabeza, desechando los malos pensamientos y se elevó por los grisáceos cielos, en búsqueda de algún lugar apropiado donde practicar su transformación. Ya no tenía preocupaciones, por lo que no volvería a la nave hasta poder dominar completamente sus nuevos poderes. Además, su fuerza se había incrementado, por lo que debía aprender a contenerse nuevamente para cuando estuviera lista la humana.

Bulma se sentía exhausta luego de haber guardado las cosas. Se regañó por no haber descansado un poco más, pero por fin ya estaba todo en su lugar, así que se dejó caer en la cama, con una sonrisa en los labios. Pero no alcanzó a cerrar sus ojos nuevamente cuando un pitido fue el que la sobresaltó esta vez. Se levantó de la cama y subió al centro de mandos, donde estaba el comunicador y oprimió el botón, arrepintiéndose al instante.

- ¡HOLA, QUERIDA!

La muchacha casi queda pegada al techo.

-Mamá, no tienes por qué gritar. Te escucho y veo perfectamente…

-Ay, disculpa… es que estoy tan emocionada… Este sistema de comunicación es fabuloso… ¿Dónde están? ¿Lo están pasando bien?

Bulma frunció - Gracias por preguntar por mi salud… Mmm, no sé dónde estamos… Pero dime ¿Cómo fue eso de que me sedaron?

Su madre puso cara de culpable.

-Amor, lo lamento, pero era la única forma de que descansaras…

-De acuerdo, pero me hubiera gustado saber que estaba dejando la Tierra… y despedirme de ustedes…

- ¡Ah! Eso… Pero dime ¿no fue una linda sorpresa por parte de Vegeta?... ¡Es tan romántico!

Bulma la miró extrañada - ¿Vegeta? ¿Romántico? Mamá, ¿Qué dices?... Esas palabras están tan alejadas la una de la otra que diría que son antónimos perfectos – su rostro cambio a uno de tristeza - Además, te recuerdo que solo vine para que este maníaco no se mate antes de lo de los androides…

Su madre al percatarse del cambio en la actitud de Bulma, prefirió cambiar de tema.

-Hija… ¿sabías que encontré una tienda de pasteles eróticos?

- ¿Dé que me estás hablando? Tú siempre con tus cosas… Dime ¿Cómo está papá?

Su madre se llevó un dedo a la mejilla - Bueno… él tuvo que salir... Pero apenas llegue le diré que te llamé…

-Mamá…

-Adiós, cariño… Ah, y dale mis saludos al apuesto de Vegeta ¡Se portó como un verdadero caballero!

La comunicación se cortó y la muchacha volvió a dejarse caer en la cama.

- ¿?... Mi madre estaba más extraña de lo habitual…

Pasaron tres semanas desde que habían aterrizado y Vegeta solo se dedicaba a entrenar, cazando para alimentarse y durmiendo en unas antiguas ruinas de una ciudad. Aún le costaba dominar su transformación a la perfección. Podía convertirse en súper saiyajin pero solo conseguía mantenerse así por algunos minutos, lo que no era insuficiente para una batalla como la que planeaba enfrentar. Se estaba comenzando a molestar porque no encontraba explicación para ello, ya que por más que entrenaba y trataba de mantener su transformación, perdía la concentración demasiado pronto. Así que llegó a la conclusión de que probablemente se debía a que aún no completaba la unión física con la mujer y que eso, inconscientemente, le estaba molestando e interrumpiendo su concentración. Así que dio por finalizado su entrenamiento y cruzó sus brazos sobre el pecho, descendiendo.

-Suficiente. Para variar ella sigue interrumpiendo mi entrenamiento… - comentó molesto, para enseguida agregar con una media sonrisa - Pero eso lo solucionaremos muy pronto…

No esperó más y emprendió el vuelo hacia la nave.

Un hora después ingresó a la nave y buscó a la humana para ver en que estaba, pero cuál sería su sorpresa al darse cuenta de que Bulma no estaba por ninguna parte. Intentó concentrase en encontrar el ki de la muchacha y lo halló, pero a varios kilómetros de distancia.

-Era de suponerse… Esa mujer no puede estarse quieta… Pero ni crea que iré tras ella ¡Maldita sea! Se lo advertí y aun así no fue capaz de seguir una simple orden.

Se dio un baño y comió algo, decidido a encararla cuando volviera. Pero eso no pasó. Anocheció y ni rastros de ella. En ese momento Vegeta comenzó a impacientarse.

-No me importa lo que le pase, después de todo estaba advertida... – se dijo, mientras se paseaba por la sala de controles, pensando en que estupidez estaría distrayendo a la humana como para no regresar a la nave – Voy a … ¡Tsk! ¿Para esta mierda me pidió venir? Argg… ¡La haré pagar caro por su atrevimiento!

Llegó un nuevo amanecer y el príncipe despertó sentado en los asientos de control. No se había dado cuenta de que se había quedado dormido, pero apenas recordó lo ocurrido buscó el ki de Bulma pero ya no pudo detectarla. Eso fue suficiente para que Vegeta sintiera una punzada en su pecho y saliera en búsqueda de la muchacha. Con un muy mal presentimiento se elevó por los aires, decidido a hacerse respetar "maldición, seguramente está atrapada en alguna ruina y con lo débil que es no fue capaz de escapar… ¡Me las pagará!¡No tendré misericordia con ella esta vez!

Bulma abrió lentamente sus ojos, sintiendo de inmediato todo su cuerpo adolorido y la boca muy seca. Miró a su alrededor y enseguida recordó el por qué. Estaba recostada sobre un frio suelo de piedra y podía oler algo agrio que la hizo arrugar su nariz. Se sentó con cuidado sobre sus piernas y llevó su mano a su cabeza, que era donde más le dolía y pudo comprobar que tenía un enorme chichón, el cual sobó con cuidado. Se incorporó como pudo y vio con desilusión que aún estaba en aquella celda. Se acercó a los barrotes y comenzó a gritar - ¡Por favor sáquenme de aquí! ¡Ya les dije que yo no hice nada!

No hubo más respuesta que el eco de su voz.

Recostándose sobre los fríos barrotes, comenzó a sollozar, mientras se cuestionaba - ¿Por qué me tienen que pasar estas cosas a mí?… Si tan solo le hubiese hecho caso al idiota de Vegeta...

Comenzó a recordar las circunstancias que la habían llevado a aquella terrible situación.

Flash Back

La primera noche esperó con ansias ver a Vegeta aparecer en la nave, pero al parecer el saiyajin tenía otros planes en mente. Al día siguiente, preparó la mesa con la esperanza de que él la acompañara a cenar, pero se desilusionó al no verlo aparecer. Comprendió que era inútil esperarlo, desistió. Al tercer día ya solo preparó algo para ella. Después de todo estaba acostumbrada a los cambios de humor del guerrero y a las desapariciones de éste cuando algo lo incomodaba.

Pasaron los días y estaba muriendo de aburrimiento. Además, había comenzado a sentir leves temblores de tierra de vez en cuando y moría de ganas de ir a averiguar si el causante de estos era Vegeta.

A veces hablaba con sus padres, pero sus consejos no la consolaban.

Extrañaba al guerrero. Por lo que pensó que lo mejor sería ir a ver dónde estaba, y aunque le hubiera dicho que no lo interrumpiera, él no tenía por qué saber que ella iría a espiarlo, de todos modos, estaría tan concentrado en sus cosas que ni la notaria. Saldría a explorar el lugar y si se encontraba casualmente con él, tal vez podría convencerlo de que la acompañara.

-Es un insensible… Ni crea que estaré esperando como una tonta… No viajé al espacio para estar encerrada sola en una nave. Si vine, fue para estar con él y ayudarle a reconocer lo que siente por mí… Maldito terco egoísta.

Aun reclamando, se aproximó a la consola de mando. Luego de verificar que el aire era respirable para humanos, se fue al cuarto del saiyajin. Agarró la armadura que quedaba y se la llevó, junto con todos los accesorios, dirigiéndose a su propia habitación. Escudriñó en sus cosas, hasta que encontró los trajes de combate que había hecho para ella "Ni loca hubiera viajado al espacio sin un traje especial, ja, ja, ja… Menos mal que mamá me envió las capsulas que tenía en mi mesita de noche…Ya verás, Vegeta. No puedes dejarme sola y esperar a que te espere para siempre …"

Se colocó el traje elasticado, fabricado en color lila, juntó con la armadura de Vegeta y acomodó sus guantes y botas. Una vez lista, cogió su cabello en una coleta y agarró una cajita con unas cápsulas.

Aspiró hondo cuando descendió la compuerta de la nave y una suave brisa meció algunos mechones de su cabello. Luego descendió, pensando que en caso de que no encontrara al saiyajin, volvería antes del anochecer. Supuso que cuando le dijo que si salía sería bajo su propio riesgo se refería a que en aquel planeta debía haber bestias salvajes, por lo que no se preocupó ya que llevaba su arma con ella.

Con cuidado colocó el rastreador en su oreja y comenzó a buscar al príncipe, ubicándolo a varios kilómetros de distancia y se desanimó un poco pensando que sería un viaje largo hasta dar con él.

Un pitido llamó su atención e inmediatamente comenzaron a aparecer unos números en su pantalla. El ki de Vegeta se estaba incrementando de forma violenta, por lo que inmediatamente apagó la opción de lectura de poder "No vaya a ser cosa de que destruya el rastreador como aquella vez", pensó, recordando que antes ya le había ocurrido. Avanzó unos pasos, activó una capsula y se montó sobre su motocicleta.

Estaba fascinada con el lugar. Descubrió que era muy similar a la Tierra, excepto que los colores diferían y no poseía ninguna luna. También que los días tenían una duración de 32 horas y que seguramente estaban instalados cerca de algún polo, ya que el sol apenas se escondía un par de horas.

Aceleró a fondo, perdiéndose entre la alta hierba amarilla, dejando una línea a su paso.

Anduvo varios kilómetros hasta que algo llamó su atención. Viró, decidida a investigar de que se trataba.

Detuvo el vehículo y observó con asombro que había unas ruinas, de piedras verdes, ocultas bajo un montón de plantas, evidencia de que estaban abandonadas hace mucho. Se bajó para poder avanzar hasta la construcción ya que tenía curiosidad por saber qué tipo de cultura había habitado ese lugar.

Retiró un poco de hierbas de un muro y exclamó, mientras observaba algunos grabados, en los que se veían a personas en distintas actividades cotidianas.

- ¡Vaya! Al parecer eran humanoides…

Volvió a su vehículo y regresó trayendo consigo una libreta, comenzando de inmediato a dibujar y a tomar apuntes para entretenerse después descifrando ese idioma cuando regresara a la nave.

En eso estaba cuando el rastreador se activó, dándole aviso de una presencia. Se asustó un poco, por lo que se detuvo para observar a su alrededor.

-Hola… ¿hay alguien ahí? - preguntó girándose hacia donde le indicaba el lector, pero no vio a nadie por lo que se encogió de hombros y prosiguió en su tarea, mientras decía – Tal vez fue algún animalito.

Pero el sonido se repitió, con la diferencia de que esta vez en la pantalla aparecieron varias flechas, indicándole que era más de un individuo. Se volteó y frente a ella se encontró con un grupo de unas diez personas. Eran de piel grisácea y cabellos de distintos colores, de estatura un poco más baja que la de la muchacha, pero de contextura gruesa. Sus narices eran aguileñas y sus orejas casi inexistentes. Sus enormes ojos, eran de un amarillo intenso, con dilatadas pupilas. Su vestimenta consistía en una especie de overol blanco, de una textura rugosa y con algunos adornos verdes en los hombros, los brazos, piernas y pecho, a modo de protección.

-¡Ho-hola! - intentó parecer casual y amistosa en su saludo – Mi nombre – prosiguió, llevando una mano a su pecho, mientras les sonreía – es Bulma y vengo de la Tierra.

Los individuos se miraron entre sí, extrañados. Sin embargo, uno de ellos sacó un bastón que se convirtió en una especie de lanza y apuntándola gritó - ¡SAIYAJIN!

Bulma al oírlo entró en pánico, se retiró el rastreador y comenzó a mover sus manos frente a ella

-NO… SOY UNA TERRÍCOLA… NO SOY SAIYAJIN

Ellos no comprendían su idioma y solo les bastó verla vestida como los destructores de su mundo para considerarla su enemigo. Aun así fueron un poco precavidos y con un poco de temor, avanzaron aún más hacia ella, pero ahora todos portando sus lanzas.

La muchacha estaba muy asustada, pero recordó que llevaba con ella el aparato que había diseñado para vengarse de Vegeta en caso de que se encontrara con alguna bestia salvaje. Así que llevó su mano a su armadura lo más rápido que pudo para sacar el dispositivo, pero los hombres fueron más rápidos y de un certero golpe a su muñeca lograron hacer que el objeto volara por los aires.

- ¡AUCH! – exclamó ella, mirándolos con rabia– ¡IDIOTAS!… ¡LES DIGO QUE SOY UNA DÉBIL HUMANA!

De nada le sirvió chillar y patalear. La inmovilizaron entre cuatro y le ataron los brazos a la espalda, comenzando a arrastrarla al interior de las ruinas, jalándola de una cuerda y arrastrándola por el suelo

- ¿QUÉ?... ¡NOOOOOOO! … ¡VEGETA!

Descendieron por una caverna, que parecía interminable. Después, de lo que a Bulma le parecieron horas, llegaron a lo que parecía un camino sin salida. Uno de los hombres, el más viejo, se apartó del grupo y acercándose al muro que les bloqueaba el paso, colocó su mano sobre este y pronunció unas palabras ininteligibles para la joven. Al momento la roca se sacudió y abrió paso a un corredor, por el cual prosiguieron su camino. Este estaba decorado con imágenes de lo que supuso la joven, eran como los dioses de esa civilización, pero todos tenían formas grotescas. Hubo uno en particular que llamó su atención, pues se repetía en varias escenas. Un monstruo, con apariencia de hombre insecto que tenía una especie de ventosa en lugar de boca y unos horripilantes ojos decorados con piedras azules. Tenía cuatro brazos, dos de ellos humanos y los otros dos como tenazas.

Avanzaron varios metros más, mientras los hombres continuaban en silencio y de vez en cuando, uno que otro volteaba a ver a Bulma. Ésta también permanecía en silencio, comprendiendo que de nada le serviría gritar o retorcerse y aunque temía lo peor, pensaba en como librarse de ellos y poder salir ilesa de ese malentendido, pero solo podía pensar en que Vegeta jamás se daría cuenta de lo que le estaba ocurriendo. "Estúpido saiyajin, por su culpa estoy metida en este lío… Si solo se comportara como una persona normal y no me hubiera abandonado en la nave… Esto no habría pasado… (sintió que las lágrimas comenzaban a asomarse) ¿A quién engaño? Moriré aquí y él ni cuenta se dará… ¿acaso me trajo a propósito?... Kami-Sama, no quiero morir…"

Detuvo sus pensamientos cuando los sujetos pararon frente a una enorme puerta, hecha de madera amarillenta. Dos de los hombres se acercaron y la abrieron con algo de dificultad. Una vez abierta, el grupo avanzó y Bulma abrió sus ojos sorprendida. Había toda una ciudad allí y los habitantes se aproximaban curiosos a observar la procesión. Había mujeres y niños, hombres y ancianos, todos exclamaban en su extraño idioma al verla, pero era obvio que eran insultos y amenazas a su persona.

Por fin llegaron a una enorme construcción, ubicada en el centro de la ciudad. La levantaron, dejándola de pie frente a la entrada, de donde salieron varios ancianos calvos, vestidos con unas túnicas grises. Uno de ellos comenzó a hablarle, con propiedad como acusándola de algo. Uno de sus custodios le dio un empujón, obligándola a arrodillarse frente a los viejos, para luego ir donde los ancianos y decirles algo en voz baja. Bulma supuso que eran detalles de cómo la habían encontrado.

Otro anciano avanzó y dijo algo más, de lo que únicamente se entendió la palabra saiyajin.

La muchedumbre comenzó a gritar y a levantar sus brazos.

-SAIYAJIN, SAIYAJIN

Bulma decidió que era momento de gritar por su vida.

-POR FAVOR NO ME HAGAN DAÑO… LES DIJE QUE SOY DE LA TIERRA… NO SOY UN SAIYAJIN

-SAIYAJIN, SAIYAJIN – gritó la multitud

- ¡NOOOOO! ¡SOY DE LA TIERRA, UNA HUMANA! ¡POR FAVOR TIENEN QUE CREERME! – gritó entre lágrimas, mientras se sacudía.

El segundo anciano se aproximó a ella y observándola dijo con un acento forzado - ¡No mientas, hembra saiyajin!

Bulma abrió sus ojos sorprendida al oír que alguien hablaba en su idioma - Por fin alguien que habla mi idioma… pensé que moriría aquí sin poder hacerme entender y que…

- ¡SILENCIO! – le ordenó, interrumpiendo el discurso de la muchacha – Ustedes destruyeron nuestras ciudades y mataron a nuestra gente. Somos los últimos sobrevivientes. Nosotros solíamos vivir en paz… ¡Nos engañaron para poder asesinarnos! ¡TODOS LOS SAIYAJIN MERECEN MORIR!

-SAIYAJIN, SAIYAJIN – repitió a coro nuevamente la ciudad.

La joven lo miró a los ojos, suplicante - Ya les dije que no soy un saiyajin, créanme… por favor, déjenme ir… yo no les he hecho nada…

El sujeto dio un paso más, quedando en frente de ella entonces la sujetó por la armadura y la cuestionó -Entonces dinos ¿por qué vistes como ellos?

Bulma tragó duro y quedó de una pieza. No podía decirles la verdad.

- ¿No respondes? Eso prueba que eres culpable…

-Espera… espera, por favor - lo interrumpió Bulma – Te lo puedo explicar… y es una muy buena explicación...

El sujeto la miró a los ojos con desconfianza un momento y luego se giró a hablar con los otros ancianos. Bulma no podía entender que decían, aunque se inclinaba hacia ellos, lo que era desesperante. Estaba muy asustada, pero intentaría salir de esta situación a como diera lugar.

El viejo se giró otra vez hacia ella y le dijo - Para que veas que somos civilizados, te daremos la oportunidad de defenderte

-Se los agradezco mucho…en serio -dijo con alivio – Yo sabía que una civilización tan rica en cultura no podía ser de bárbaros como los saiyajin...

- Habla de una vez – la apuró el hombre, con impaciencia.

Bulma miró a su alrededor antes de responder. Debía inventar una buena historia, lo suficientemente convincente para que la dejaran ir y no terminar mal.

-Señor, mi nombre es Bulma y vengo del planeta Tierra – comenzó algo dubitativa. El sujeto la observó un momento y luego comenzó a traducir para los demás.

La chica, ante esto, se animó a continuar - Mi planeta fue atacado por los saiyajin también… Fue ahí donde vi estos trajes y se me ocurrió replicarlos para mi protección. He estado viajando por el espacio buscando donde instalarme, ya que no quedó nada de mi hogar, más que devastación… Les ruego que me crean, es la verdad… Sus hombres son testigos de que no soy poderosa, ni puedo volar y si se fijan bien no tengo cola…

El sujeto terminó de traducir y dándole una última mirada volvió con el grupo.

Bulma suspiró aliviada, pensando que ya estaba salvada.

Pasaron unos minutos discutiendo hasta que por fin voltearon a verla. El hombre que hablaba el idioma de Bulma volvió a avanzar hasta ella.

- ¡MIENTES!

- ¿Qué? ¡No! ¡Les prometo que es la verdad! Los saiyajin solo tienen el cabello de color oscuro y los ojos también… Yo no soy un saiyajin.

El hombre la miró con despreció y agregó - Cuando te recogieron llamaste a un tal Vegeta… Es el mismo nombre del saiyajin que nos engañó para saber dónde estaban nuestras ciudades, contándonos una historia muy similar a la tuya. Lo acogimos entre nosotros y se hizo pasar por una buena persona… Sin embargo, a pesar de lo bien que lo tratamos, nos traicionó y luego vinieron más como él a atacarnos… ¿Dónde está? ¡CONTESTA!

Bulma abrió sus ojos como platos.

-¿? … NO, DEBE SER UN ERROR… YO NUNCA DIJE ESO…

- ¡SILENCIO! – gritó el hombre.

Bulma obedeció, mientras sentía que las lágrimas nuevamente comenzaban a aparecer. Pero lo que más le dolía, fue saber que Vegeta había urdido esa clase de trampa para poder conquistar el planeta aquel. Pensó que quizás con ella también estaba haciendo lo mismo, que tal vez él era un maestro de las mentiras y que era capaz de cualquier cosa por conseguir sus objetivos. Intentó negar el sentimiento de traición, pero las evidencias eran arrolladoras. Dejó de prestar un momento atención a su alrededor.

-...No hay más que explicar… - continuó el hombre – Si no eres un saiyajin, seguramente eres un espía de ellos e irás a los calabozos hasta que el Kunda se haga cargo de ti… - terminó dándole una mirada de desprecio, dirigiéndose después a los habitantes, que miraban con expectación la escena, diciéndoles algo en su idioma.

-KUNDA, KUNDA – respondió la cuidad completa.

-NOOOOOO…¡No me lleven con el Kunda, por favor!¡Haré lo que quieran pero no me hagan eso! - volvió a gritar ella, con lágrimas en los ojos. Luego se detuvo de golpe y miró al sujeto – Oye… ¿Qué es el Kunda?

El hombre se volteó a mirarla y le explicó – el Kunda es nuestro dios.

Bulma lo miró con curiosidad primero, pero al instante recordó las grotescas imágenes del corredor. No alcanzó a reaccionar, cuando los custodios la tomaron y comenzaron a arrastrarla nuevamente. Ingresaron al edificio y bajaron por una escalera lateral, hasta llegar a una especie de caverna con olor a humedad y a podrido. Allí se podían apreciar varias celdas vacías a lo largo de las paredes y en el centro había una especie de altar, del que no logró ver mucho por la posición en que la llevaban.

Un hombre se adelantó y abrió una de las rejas para enseguida lanzarla dentro con brusquedad. Bulma chillaba y pataleaba, aun maniatada. El mismo sujeto que abrió la celda se aproximó y comenzó a revisarla.

-NO ME TOQUES, MALDITO – gritó Bulma, tratando de patearlo o de morderlo.

El sujeto la ignoró completamente, mientras le metía mano a su armadura, quitándole la caja de capsulas y la pequeña libreta.

-OYE, SI SALGO DE ESTA LE DIRÉ PERSONALMENTE A VEGETA QUE LOS MATE – gritó ella, ya no importándole nada.

El hombre hizo un ruido como de risa y se dispuso a desatarla. Pero otro sujeto le dijo algo y detuvo su labor dejándola tal cual.

- ¿QUÉ? ¿NO ME VAN A DESATAR?

Los sujetos se carcajearon en su idioma y se retiraron, cerrando la reja tras ellos.

Bulma como pudo se sentó y observó a su alrededor. Era un lugar húmedo y frío, una caverna sin tratar. Las paredes eran del mismo color que las ruinas que había visto.

Suspiró y miró los barrotes. Estaban algo oxidados y no pudo reconocer de qué clase de metal estaban hechos. En eso estaba cuando algo llamó su atención. En uno de los bordes de dichos barrotes había una marca, como de un golpe con algún otro material. Se le ocurrió acercarse para ver si podía cortar con eso las ataduras.

Se levantó con mucha dificultad y comenzó a intentar alcanzarlo con sus brazos aun en la espalda. Tuvo que hacer un gran esfuerzo, ya que al parecer las cuerdas eran bastantes resistentes.

Luego de unas horas de trabajo logró por fin liberarse. Se sobó los brazos y comenzó a recorrer el calabozo, revisando uno a uno los barrotes por si estaba alguno suelto, también las paredes por si había algún agujero por donde escapar. Nada. Se sintió derrotada y se sentó a pensar en una solución, mientras abrazaba sus piernas para intentar no congelarse en ese frio lugar.

Luego de unas horas apareció un guardia, pero ella no se molestó en disimular que estaba libre.

El hombre abrió la celda y arrojó dentro un trozo de lo que parecía ser carne cruda. Bulma se asqueó y su rostro se tiño de azul, cuando pudo descifrar que se trataba de una clase de roedor despellejado.

-¡GUACALA! ¿Cómo se te ocurre que me voy a comer eso? – pudo al fin gritar.

El hombre la miró de arriba abajo, se encogió de hombros y sin decir más, cogió de la cola lo que le había traído. Acto seguido, se asomó a la salida, gritó algo y apareció otro guardia, que traía en su mano una de esas extrañas armas. Intercambiaron palabras entre ellos. Luego el del arma se acercó con algo de temor a la muchacha y al ver que esta no intentaba atacarlo, le dio un certero golpe en la cabeza con el mango de su lanza.

Cayó de bruces al suelo e intentando no desmayarse vio a los hombres cerrar la celda y los pies de estos alejarse, mientras su vista se nublaba volviéndose después todo oscuro.

Fin Flash Back

Soltó los barrotes y se giró, recostándose en ellos. Tenía miedo, hambre y frio. Miró su celda y vio que en una esquina habían dejado dos vasijas, una con agua y una más pequeña vacía. Suspiró sabiendo perfectamente para qué eran cada uno, y bajó su cabeza. Empezó a lloriquear y a lamentarse de su mala fortuna. Pero lo que más le dolía fue haber descubierto la clase de individuo que era su amado. Lo sabía de antes, lo había visto con sus propios ojos en la Tierra, pero la idea del engaño de Vegeta a esas personas no salía de su mente. Recostó su cabeza en sus brazos y susurró - No puede ser cierto… eso fue antes. Ahora él es distinto, sé que me quiere, pero… pero no puedo evitar pensar en que todo lo hace por solo beneficiarse… Supongo que eso ya no tiene importancia. Nunca sabré la verdad pues moriré en este lejano planeta…

Suspiró y dejó que las lágrimas continuaran fluyendo de sus ojos. En el fondo le dolía demasiado saber las cosas que hizo Vegeta en el pasado y pensar en que a ella probablemente la estaba solamente utilizando, le partía el alma. Extrañamente recordó aquel sueño en que Vegeta le solicitaba que le entregara la esfera. Llegó a la conclusión de que era un sueño premonitorio, un aviso de que Vegeta solo se le acercaría para hacerla sufrir y conseguir lo que deseaba.

Suspiró con pesar.

-Que tonta soy… - concluyó con lágrimas en sus ojos - Tal vez a él ni le importa lo que ocurra conmigo…

Un sonido la hizo voltear hacia la puerta.

Era uno de los guardias, que golpeaba los barrotes y que con mucho esfuerzo logró articular, con una voz rasposa - Saiyajin, el Kunda espera.

Mientras tanto en la superficie del planeta, Vegeta volaba, hecho una furia, hacia el último lugar donde había sentido el ki de la muchacha. Esperaba estar en lo correcto y que solo hubiese sido que ella estuviese atrapada en alguna de las ruinas de la ciudad. Sin embargo, aun tenía ese mal presentimiento. Era molesto, como un peso que no lo dejaba respirar pero lo atribuyó a que no podía saber si ella estaba viva o muerta.

Llegó hasta las ruinas y descendió, notando de inmediato que junto a estas estaba el vehículo abandonado. Cruzó un momento sus brazos con soberbia.

-Como lo supuse… debe estar atrapada en el interior… Malditas rocas que no permiten sentir el ki…

Se acercó a la estructura, pero notó un par de objetos en el suelo los que se dirigió a recoger. Uno era el rastreador y otro un extraño bastón - Ja, ja, ja… Sabía que lo traería – comentó, mientras lo levantaba del suelo y lo sostenía en su mano.

Avanzó unos pasos más y recogió el bastón, mientras metía el rastreador bajo su barzo. Lo tomó con cuidado y comenzó a examinarlo con extrañeza. Era una varilla, de unos veinte centímetros de largo y una pulgada de ancho, con un pequeño botón en un costado de lo que parecía una cubierta de goma que solo cubría una parte del objeto.

Apretó el botón, mientras sostenía el bastón con su otra mano de la parte metálica, para saber que hacía y cuál fue su sorpresa al sentir una descarga tal que lo lanzó al suelo por unos momentos.

- ¿Qué demonios? – exclamó, cuando pudo ponerse de pie "¿Cómo mierda pudo construir un aparato como este?… Argg, supongo que lo tenía reservado para mí, como venganza… Antes de venir a las ruinas estaba yendo camino hacia donde yo estaba…"

Volvió a coger el pequeño aparto y lo destruyó en su mano. Acto seguido tomó el rastreador y lo colocó en su oreja, mientras comentaba - Hace mucho que no usaba uno de estos… debería destruirlo, pero puede que me sea de utilidad en estos momentos…

Se internó en las ruinas y comenzó a avanzar por el túnel.

-Hmp… - hizo, cuando el aparato comenzó a pitear débilmente. Se concentró para verificar lo que el aparato le indicaba e hizo una mueca de fastidio – Malditos imbéciles… no eliminaron a todos los kedrats… seguramente no pudieron entrar… Hmn...pero eso significa que Bulma se encontró con ellos… Debe estar muy tranquila platicando con ellos y yo esperando que aparezca… ¡Argg, esa hembra malcriada!… - frunció con intensidad – Un momento… hay algo que no me cuadra en todo este asunto… ¿por qué dejaría su arma y el rastreador atrás?

Siguió su camino, mientras pensaba, aumentando la velocidad de sus pasos. Aún no podía percibir el ki de Bulma. Pero debía estar con vida "Tiene que estarlo…" pensó.

Se encontró con el muro de piedra verde e hizo una mueca mientras se acercaba a él. Luego, apoyando su mano en la roca, pronunció unas palabras en kedrat, consiguiendo que la roca se remeciera y le cediera el paso sin problemas.

-Estos idiotas... Por lo visto no aprendieron la lección… - dijo con arrogancia.

Emprendió el vuelo por la caverna hasta llegar a la ciudad, sorprendiéndose por la cantidad de habitantes que había allí. Pero no había tiempo para destruir, debía encontrar a su compañera y llevarla de regreso a la nave. Ya vería después que hacer con los nativos y que castigo le daría a ella por su desobediencia.

El conocía a la perfección esa cultura, pues convivió con ellos unos días, para poder saber el paradero de los otros asentamientos. Lo que le molestó es que ahora esos recuerdos no eran gratos, cierto pesar lo comenzó a invadir provocándole sentimientos encontrados, pero como siempre hacía, desde que llegó a la Tierra, culpó a los estúpidos sentimientos terrícolas que se habían arraigado en su ser.

Mientras tanto, los habitantes veían con pavor pasar la estela de luz que se dirigía su templo.

El saiyajin ingresó a la enorme estructura y al instante unos guardias intentaron detenerlo. Vegeta se sonrió y expulsando algo de energía los hizo volar hacia los muros, dejándolos inconscientes.

Iba a continuar su camino por el pasillo que conducía al interior, pero se detuvo al oír una voz tras él. Volteó y se encontró con un anciano, muy familiar para él.

- ¿Viniste a terminar lo que dejaste pendiente, Vegeta?

Se giró completamente, para encarar al hombre y sonriendo de lado le dijo - Vaya, vaya… así que continúas con vida Rhigs… Supuse que mis hombres te habían asesinado a ti y toda tu patética raza…

-Te equivocas. Esos tontos saiyajin no eran tan inteligentes como nosotros…

Vegeta se carcajeó de lo lindo, antes de responder - Sigues igual de gracioso… - luego volvió a fruncir, para agregar – No tengo tiempo para tus ridiculeces ¡Dime de una maldita vez dónde está la mujer!

El hombre lo miró con atención unos segundos, antes de exclamar - ¡Oh!… ¿es…es tu compañera?

Vegeta al mismo tiempo se sonrojó y se enfureció - ¡NO DIGAS ESTUPIDECES, VIEJO IMBÉCIL!

El hombre se sobresaltó ante el tono usado por el guerrero. Sin embargo, se animó a decir - Es demasiado tarde… Al fin obtendremos nuestra venganza contra los saiyajin… En este mismo instante el Kunda está siendo invocado para recibirla en sacrificio y no hay nada que puedas hacer, Vegeta.

El príncipe al oír esto se congeló. Recordó las historias que el viejo le había relatado en su visita anterior, sobre aquella bestia que vivía en las profundidades del planeta. Aunque en ese momento pensó que solo eran inventos de aquella cultura primitiva o que eran inventos de un viejo muy imaginativo. Pero había tal seguridad en las palabras del anciano que repentinamente sintió un nudo en su estómago y su boca se secó por completo.

El anciano al ver la confusión del saiyajin agregó – Creó que podría hacer un trato contigo si aceptas intercambiar de lugar con ella…

El príncipe pestañeo un par de veces, retomando el control. Luego se sonrió, y con algo de burla, preguntó - ¿Intentas chantajearme, desgraciado?

El hombre no alcanzó a responder y fue tomado por uno de sus brazos, siendo arrastrado hasta uno de los muros y elevado un par de centímetros del suelo.

-Argg… maldito hijo de perra – le escupió en la cara el saiyajin - Me llevarás en este mismo instante con ella o de lo contrario tú y los tuyos tendrán una muerte lenta y dolorosa…

El hombre lo miró con algo de temor, pero aun así no desistió en dañar al príncipe, diciéndole - Aunque me asesines no podrás salvarla. Solo yo podría…

Vegeta, sin soltar su agarre, barajó sus opciones y luego de unos segundos dejó caer al anciano y le dijo, mientras cerraba sus ojos - De acuerdo, Rhigs… Llévame con ese Kunda o como se llame.

Mientras tanto, en la Corporación Capsula.

Bunny acomodaba una cantidad de pastelillos enorme en un carrito, junto con dos teteras de té y algunas tazas. Su marido la miraba hacer, sentado a la mesa. Ella se detuvo un momento para comentarle a su esposo

- Hace mucho que no hablo con nuestra hija… ¿Cómo crees que estén?

Su marido la miró a los ojos y respondió - Espero que bien… aunque ¿te digo algo? Ahora viéndolo en retrospectiva, Vegeta estaba muy extraño cuando volvió…

Su mujer lo miró con inquietud - ¿Y eso por qué?

El señor Briefs se estiró en su lugar, antes de continuar - Bueno, es que cuando Vegeta regresó, le comenté que la cámara de gravedad estaba lista y supuse que por el estado de Bulma, preferiría entrenar aquí… pero extrañamente me dijo que no la utilizaría por ahora, que prefería entrenar lejos del planeta… Supongo que necesitaba a toda costa practicar en secreto, es decir sin que los demás notaran sus avances…

Bunny se sonrió.

-Ay, amor. Para mí es muy simple. Vegeta quería estar a solas con nuestra hija… Supongo que le debía dar una vergüenza enorme pedirnos que les dejáramos la casa para ellos… ¡Es tan adorable!... Además, que más romántico que engendrar a nuestro nieto en el espacio, rodeados de las estrellas…

Su marido la miró con curiosidad.

-Supongo que tienes razón…

-¡Pues claro!… ¿Sabes? deberíamos pedirles la nave prestada cuando vuelvan… - le dijo guiñándole un ojo. Enseguida tomó la bandeja y le dijo - Bueno. Me estoy tardando demasiado ¿Nos acompañas?

-Claro que sí, querida… Hace mucho que no veíamos a Gokú – hizo un alto para ponerse de pie - ¿Cómo lograste convencerlo de que viniera?

La señora rio y le respondió - Ja, ja, ja…. Gokú nunca rechazaría una invitación a comer… Pero lo difícil no fue convencerlo a él, sino a su mujer para que le diera permiso…

-¿Y cómo le hiciste?

-Muy fácil, querido... Le dije que enviara a Gokú a recoger unos libros que teníamos para Gohan, ya que noté cuando vino, que lo más importante para ella son los estudios de ese pequeño. Además Bulma me había comentado que los perdió todos cuando viajaron...

El anciano sonrió ante lo dicho por su mujer - ¡No cabe duda de que siempre te sales con la tuya!

Ambos rieron y salieron de la cocina con rumbo a la sala, a atender a su invitado.

El carcelero entró a la celda y comenzó a arrastrar a Bulma hacía afuera, tomándola por el cuello de la pechera. Ella intentaba resistirse, pero lo único que consiguió fue que el guardia la jalara con más brusquedad. En un último intento se pudo poner de pie e intentó escapar con todas sus fuerzas pero un certero golpe a su rostro la hizo desistir, haciendo su labio sangrar, obligándola a desistir. Pero estaba decidida a resistirse hasta el final y esperaba tener otra oportunidad para un nuevo intento de escape, sin embargo, cuando ingresaron al lugar del santuario, las personas que estaba reunidas allí, le comenzaron a lanzar piedras y Bulma se cubrió con sus antebrazos mientras les respondía con groserías y amenazas varias, sin escatimar en vocabulario, pensando en que ya no había mucho que hacer.

Llegaron frente al altar, que había visto anteriormente cuando la llevaban a las celdas. Entre dos guardias, ataron sus pies y manos, obligándola a recostarse sobre una superficie hecha del mismo material que las cavernas y las ruinas.

-MALDITOS BRUTOS, ESPERO QUE SE PUDRAN EN EL INFIERNO – les gritó ella, pero nuevamente fue golpeada. Las lágrimas comenzaron a brotar, haciendo un camino desde sus ojos hasta su sien, mientras oía los gritos de los habitantes. Fue entonces que cerró sus ojos resignada, perdiendo el deseo de defenderse, suponiendo ya no tenía más opciones que esperar y morir.

Se empezó a escuchar a los ancianos hablar a coro, como recitando algo., mientras un olor, parecido al algodón de azúcar inundaba el ambiente. La caverna se remeció por completo, alertándola de que algo enorme saldría a devorarla por lo que no pudo contener un grito de horror, imaginando lo que le ocurriría a continuación.

Los ancianos dejaron de recitar y la muchedumbre exclamó con algarabía. Al parecer algo estaba pasando, que los excitaba demasiado y que ella no podía apreciar, por lo mismo intentó girarse para poder observar, pero sus ataduras se lo impedían. Luego oyó al anciano que hablaba su idioma decir algo en voz alta que no comprendió. Pasaron unos segundos de aterrador silencio hasta que sin previo aviso unos hombres se aproximaron, la voltearon y comenzaron a desatarla. Ella no comprendía que ocurría, hasta que pudo sentarse.

-¡¿?!

Una emoción y una alegría enormes la invadieron. Él sí había venido por ella.

- ¡Vegeta! – exclamó, mientras sus ojos se llenaban nuevamente de lágrimas, pero esta vez eran de alegría. Sin embargo, la felicidad le duró solo un momento porque un guardia la retiró de un jalón de la piedra, mientras otro grupo de hombres colocaba al saiyajin en el lugar que antes ocupo ella. Bulma los miró confundida y horrorizada al mismo tiempo "Imposible… No puede ser que hayan reducido a Vegeta… él es demasiado fuerte para ellos"

No comprendiendo aun, fue jalada por otro guardia, que la tomó por los brazos, mientras el anciano que hablaba su idioma, comenzaba a dar lo que parecían ser instrucciones.

-NO LO MATEN, POR FAVOOOOR – gritó Bulma, mientras intentaba soltarse del agarre.

Vegeta ni la miró, estaba con los ojos cerrados en concentración y solo se dejaba hacer. Eso descolocó por completo a Bulma, que observaba atónita la situación. Pero la verdad era que el saiyajin estaba a la vez tan conforme de verla con vida, pero a la vez tan molesto con ella, que si la miraba podía sin quererlo empeorar las cosas, así que decidió ignorarla.

La caverna volvió a remecerse y los ancianos reanudaron sus oraciones. Sin previo aviso, se detuvieron y un último sacudón fue seguido de una garra que apreció de un agujero que estaba frente al altar. A esta la siguió otra y luego salió por completo la criatura, dando enormes alaridos, muy a tono con el ser que se asomaba del mismo averno.

Era Kunda, el horripilante ente que estaba gravado en las paredes de la entrada.

La multitud comenzó a gritar extasiada, a la espera del sacrificio. La bestia tomó al guerrero entre el par superior manos. Bulma estaba aún atónita, cuando vio que Vegeta la miraba furiosos y le gritaba -¡CIERRA LOS OJOS!

Ella esta vez obedeció sin siquiera pensarlo. No estaba segura de lo que planeaba el saiyajin, pero estaba segura que lo que le decía era por su propia protección.

La caverna volvió a remecerse, pero esta vez no era por la criatura. Vegeta se había transformado en súper saiyajin y con una velocidad asombrosa, zafó de las garras de el Kunda, al mismo tiempo que le enviaba una enorme bola de energía, convirtiéndolo en polvo. Volteó agitado hacia la multitud, dudando entre matarlos o no, pero no contaba con mucho tiempo. Así que les envió la sonrisa más maligna que tenía, mientras comenzaba a formar una nueva bola de energía entre sus manos. Todos quedaron boquiabiertos por un momento, sin embargo, al siguiente ya estaban corriendo por sus vidas, incluyendo el guardia que custodiaba a la muchacha.

Está cayó al suelo, pero no abrió sus ojos para nada. Como Vegeta no decía nada más, pensó por un momento que la bestia lo había devorado y que se había salido del control de los ancianos, destruyendo todo a su paso. No había escapatoria y por lo mismo tenía un miedo atroz de ver lo que ocurría.

Vegeta aún mantenía en su mano la esfera, esperando que los habitantes huyeran. Luego la lanzó al orificio de donde había salido aquel ser, cerrándolo. Pero algo salió mal y el lugar completo comenzó a remecerse nuevamente, cayendo rocas desde el techo. Sin esperar más, deshizo su transformación y volando hacía la muchacha la cogió por las axilas, comenzando su escape de aquel lugar que amenazaba con derrumbarse.

-AAAAHHHHH – gritó ella, al tiempo que abría sus ojos y volteaba a ver con alivio que era Vegeta el que la había levantado por los aires.

Estaban saliendo del templo cuando un enorme ruido les avisó que ya no existían los calabozos, ni mucho menos una entrada a ese infernal altar. El saiyajin se sentía ansioso por bajar a la humana y destruir la ciudad, pero de hacerlo sabía que ella no se lo perdonaría. Se maldijo internamente por lo blando que se había vuelto, pero se consoló pensando en el castigo que recibiría la humana al llegar a la nave.

Cuando alcanzaron el muro, Vegeta la soltó e iba a hacer volar la roca que les cerraba el paso. Sin embargo, prefirió vanagloriarse de sus conocimientos y apoyando su mano en la piedra habló en el idioma kedrat. Mientras la roca se remecía y les cedía el paso, la mandíbula de Bulma descendió un poco, pero se recompuso enseguida, recordando lo que el anciano le había comentado con respecto a la visita del saiyajin. Por una parte, estaba agradecida de que él la rescatara, pero algo dentro de ella le impedía volver a ver a Vegeta como antes "… Lo acogimos entre nosotros y se hizo pasar por una buena persona…"

No podía sacar al viejo de su mente "¿será lo mismo conmigo?" Supuso que ella era muy valiosa para él, pero quizás no por los motivos que ella creía. Las palabras del anciano habían sembrado en ella la duda.

-Salgamos de este lugar de una maldita vez – ordenó el príncipe comenzando a avanzar.

Sin embargo, la joven no se movió de su sitio. Estaba meditando y su cuerpo le dolía demasiado.

- ¿A qué mierda esperas, mujer? – gruñó el saiyajin.

Bulma le dio una mirada vacía, aún ida en sus pensamientos. Se acercó a él, levantando sus brazos para que la volviera a cargar. Le dolía el cuerpo y no deseaba correr en ese instante. Necesitaba pensar.

Vegeta solo giró sus ojos y tomándola por la cintura volvió a elevarse. La notó extraña, por lo que hizo un intento por hacerla reaccionar.

- ¿Por qué diablos vistes así?

Bulma no respondió. Aun no sabía cómo encarar al guerrero.

-¡Tsk! - hizo él, continuando con el vuelo.

Al fin alcanzaron la salida de las ruinas y una vez fuera, Vegeta la soltó suavemente sobre la grava, y, aunque aun estaba furioso con ella por desobedecerle intentaría tratar por ahora las cosas con calma - ¿Y bien? ¿cual es tu excusa? Y ¿por que se te ocurrió vestirte así? – volvió a preguntar, mientras levantaba una ceja y se cruzaba de brazos.

Bulma pestañeó un par de veces, recobrando su actitud de siempre - ¿Acaso te molesta, saiyajin estúpido?... Necesitaba estar protegida… - respondió mientras avanzaba unos pasos, sobrepasando al guerrero - … por eso los hice… No es justo que solo tú tengas una ventaja en el espacio. Además, me dejaste sola ¿Creíste que te esperaría como una tonta dentro de la nave? Estaba aburrida, yo quería conocer el planeta donde estaba y tu no volvías nunca. Tampoco tenía como saber si estabas bien o si te había ocurrido algo o si…

Mientras oía los descargos de Bulma, una vena comenzó a aparecer en la sien de Vegeta. Estaba realmente molesto y la actitud de ella no ayudaba. Pensó que era tiempo de ponerla en su lugar

- ¡ERES UNA IMBÉCIL! - le gritó al fin, interrumpiéndola - ¡Vestirte así, a sabiendas de que nos odian en todo el Universo!

- ¿Cómo iba a saber que había gente en este planeta? – replicó ella, volteando un poco su cabeza para verlo a los ojos

-Argg… ¡DEBÍAN ESTAR TODOS MUERTOS! – gritó Vegeta, mientras apretaba uno de sus puños frente a su rostro y apartaba un momento su rostro de la vista de ella.

Bulma no soportó más. Esas palabras fueron como un balde de agua fría.

Se volteó a verlo completamente y las palabras salieron de su adolorida boca casi sin pensarlas

-ERES UN MONSTRUO… TU ANIQUILASTE A TODA LA POBLACIÓN DE ESTE PLANETA Y ELLOS NO TE HABÍAN HECHO NINGÚN DAÑO… LOS ENGAÑASTE PARA PODER LOGRAR TU ESTÚPIDA MISIÓN DE CONQUISTA…

Vegeta sintió como que algo se rompió dentro de él. Acudió a su orgullo de guerrero, como su infalible aliado y respondió, volviendo a verla, con una sonrisa ladina en los labios - ¿Y eso qué? ¿Crees que acaso me importa?

-CLARO QUE DEBERÍA IMPORTARTE – gritó medio histérica – Son vidas Vegeta. Vidas como la tuya o la mía… ¿Qué acaso no te remuerde la consciencia? ¿Siquiera tienes una? Por que en este momento lo dudo mucho – terminó haciéndole un desprecio.

La vena finalmente creció, cubriendo gran parte de la sien del saiyajin

- ¡TSK! – siseó - ¡Entiéndelo de una maldita vez! Las cosas no son tan simples fuera de tu cajita de terciopelo, humana escandalosa… No puedes ir y venir sin que alguien no intente aplastarte o usarte para sus propósitos… - hizo una pausa y bajó su tono de voz para agregar – Ya deberías tenerlo más que asimilado… En el Universo domina la ley del más fuerte y si no puedes vivir con eso, entonces jódete Bulma, porque tu ingenuidad no tiene cabida en este sitio.

Eso fue el detonante para la joven. Sus ojos se hicieron agua y comenzó a correr, cojeando, hacia su motocicleta. No quería oírlo, no después de aquella velada confesión.

Vegeta bufó. Siguió con su vista a Bulma, no entendiendo muy bien lo que había pasado. Apretó sus puños a ambos lados de su cuerpo. Se suponía que él la castigaría y resultaba ser que él era el que se sentía regañado. Además, odiaba lo que estaba sintiendo: remordimiento.

Supuso que había llegado demasiado lejos con sus declaraciones, tomado en cuenta por lo que había pasado ella. Intentó no hacer nada, pero pensó que de dejar las cosas así, no podría concretar su asunto con la mujer y eso definitivamente no le gustó.

Sin esperar un segundo más, voló hasta alcanzar a la muchacha y la agarró por la cintura. Bulma aun con sus ojos llenos de lágrimas, quedó de una pieza, paralizada a solo un par de pasos de su vehículo.

-Vegeta… No más, por favor… Déjame ir… - logró decir.

Esa frase fue aun peor que las anteriores palabras. Ahora fue su pecho el que fue atravesado por una especie de energía invisible y poderosa que lo hizo estremecerse de dolor. El tiempo pareció detenerse por unos momentos. La brisa sopló suavemente, remeciendo la amarilla hierba. Los corazones de ambos latían con fuerza, debido a la lucha interna que sostenían y que los obligaba a quedarse quietos, porque el más mínimo movimiento podría desatar una guerra.

Ella, necesitaba perdonarlo. Él, no sabía qué hacer, tenía miedo y no se podía explicar por qué. Optó por cambiar de estrategia. Las cosas debían volver a la normalidad.

-Bulma… ¿Por qué saliste sin mi permiso? … - le dijo de manera suave, casi imperceptible.

Ella iba a abrir la boca para reclamarle, pero no salió ni un sonido. Respiró hondo, intentando ordenar sus ideas. Lo amaba, pero enterarse de parte de su pasado de boca de una de las víctimas de una extinción casi masiva no le había gustado para nada, ya que le recordaba la clase de ser con quién estaba tratando.

Prefirió callar, pues no tenía nada más que decirle por ahora.

Vegeta, al no obtener respuesta por parte de ella pensó que lo rechazaría para siempre, perdiendo todo lo que tenía con ella. Sabía que ella estaba enojada por que creía que había asesinado a esos seres, pero su orgullo le impedía de momento decirle la verdad. Para ser franco él no había matado a ningún kedrat en esa incursión, ni en la anterior. En esos días ya estaba planeando la forma de derrotar a Freezer y encontró que era un ejercicio inútil matar a esos seres tan débiles que no le ofrecían ningún reto. Por lo que les había ordenado a los otros saiyajins que hicieran el trabajo sucio, mientras él se quedaba en el campamento, meditando sobre su dilema.

Ella no tenía por qué saberlo, sabía la vida que había llevado y si ahora era su compañera, era por que se suponía que lo había aceptado tal como era, por lo que no comprendía su actitud.

Su boca se apretó en una mueca de frustración. Una parte de su ser decía "No la necesitas, es solo una débil hembra que solo te causa problemas", mientras otra le reclamaba "No podrás estar sin ella sin pudrirte por dentro…" Decidió hacerle caso a la segunda voz y con cuidado, intentando no ejercer ninguna fuerza, rodeó con sus brazos la cintura de ella, apretándola suavemente contra su pecho y susurró, mientras recostaba su cabeza en el hombro de ella - No me juzgues más… Lo que he hecho no puedo deshacerlo y eso es lo que soy…

La muchacha abrió sus ojos sorprendida, mientras una especie de descarga la recorría por dentro. Vegeta estaba suplicando. Eso demostraba lo cambiado que estaba "¿pero si es una trampa?" Su cabeza era un completo torbellino de ideas. No sabía si había matado gente allí dentro, por lo que decidió concederle el beneficio de la duda. De todos modos, ella misma había amenazado con pedirle a Vegeta que los matara por lo que le habían hecho. Pero, por otra parte, lo que le habían hecho había sido finalmente por la culpa de Vegeta. Estaba realmente confundida.

-Yo…yo debo pensarlo… - dijo finalmente, con un dejo de frialdad en sus palabras.

Vegeta sintió un peso en su estómago. Eso no era lo que quería, él quería que lo besara y volvieran a ser como en ese tiempo en que todo estaba bien. Cuando él no se recriminaba por demostrarle afecto abiertamente. Extrañaba ese tiempo de paz junto a ella. Y por lo mismo se odio por abandonarla tanto tiempo en la nave. Se odio también por no traerla a su primera incursión, pero como siempre su instinto saiyajin y su orgullo de príncipe afloraron nuevamente, gritándole que no hubiera alcanzado su transformación al tenerla consigo en ese momento. Además, ya había actuado demasiado patético al intentar retenerla, por lo que la soltó, mientras le decía - Haz como quieras…

Ella no respondió. Al verse libre del abrazo, secó sus lágrimas con su manga y subió a su motocicleta. La encendió y aceleró a fondo, dando un brusco giro que dejó a Vegeta llenó de polvo y algunas hierbas encima.

-Hmp… - hizo él, mientras la veía alejarse y se cruzaba de brazos, notando que ya no estaba molesto con ella, sino que consigo mismo.

Continuará...