Cuenta Regresiva:26.280 horas.

¡Ahí está la madre del cordero!

Luego de encarar al saiyajin, Bulma corrió a su cuarto y bloqueó la compuerta. Enseguida retrocedió unos pasos mientras negaba con su cabeza, mientras mordía su labio inferior y las lágrimas bañaban su rostro. Entonces se encontró con el borde de la cama y se sentó soltando de inmediato un grito de rabia para después ocultar su rostro y comenzar a llorar desconsoladamente, como hace mucho tiempo no lo hacía. Así estuvo por mucho tiempo, maldiciendo a Vegeta y también a su sino, que no le traía más que sufrimientos a causa del amor.

-¿Por qué siempre es lo mismo? ¿Tan mala persona he sido que solo me merezco sufrir por amor? No es justo… Incluso he ayudado para salvar la Tierra y así me lo pagas Kami Sama?… Eso me pasa por no haber pedido mi deseo a Sheng Long… Seguramente es alguna clase de maldición de las esferas… - levantó su vista y miró hacia la puerta, parando en seco su llanto - ¿? ¿Vegeta? – susurró, al oír un ruido en el exterior. Extrañada, decidió ir a verificar si efectivamente era el saiyajin. Por lo que se incorporó, secándose un poco las lagrimas y fue a cerciorarse de aquello. La puerta de enfrente estaba cerrada y no se oía ni un ruido por lo que se le ocurrió entrar a echar un vistazo - ¿Vegeta? - preguntó, con un hilo de voz, pero no obtuvo respuesta, así que encendió la luz, notando enseguida que efectivamente el saiyajin no estaba allí y que además estaba todo revuelto, inclusive las gavetas de debajo de la cama. Se acercó a ellas y de pasada recogió una camiseta que estaba en su camino, dándose cuenta de que era la misma que llevaba él por la mañana. Se acuclilló a revisar las gavetas y entonces dedujo que Vegeta solo se había llevado lo indispensable, dejando casi toda su ropa humana atrás.

- Maldito orgulloso… - cerró los gabinetes y se sentó en la cama, doblando inconscientemente la camiseta – Para marcharse sí que tiene palabra, pero para serme fiel nada… ¡Saiyajin idiota! ¿Quién lo entiende? Primero se queja de lo débil que somos los humanos, casi gritándome a la cara que jamás mezclará su estúpida sangre real con una raza inferior y luego ¿quiere tener descendencia?... ¿Cree que soy estúpida? Eso no fue más que una táctica desesperada por no perder lo que yo le daba… Pero vio a una de su especie y de inmediato le propone continuar con su especie… ¡LO ODIO! - gritó, dejando la camiseta a un lado y yendo luego hacia la salida mientras decía - Supongo que es lo mejor que pudo haber pasado… ya es momento de que me convenza de que jamás podremos estar juntos porque su modo de ver la vida es diferente al mio y no importa cuanto lo intente, eso no va a cambiar… - apagó la luz y salió al pasillo, caminando en dirección a la plataforma - Y pensar que yo solo quería su amistad cuando llegó a la Tierra... Pero terminé enamorada de él como nunca imaginé que amaría a alguien, entregándole todo y fue así como me pagó…¡Tonto! - iba a subir por la plataforma pero se detuvo y se llevó una mano a su mejilla - ¿Habrá dormido con ella?... Uy ¡No quiero ni imaginarlo! Me duele demasiado siquiera pensar en que estuvo con ella y conmigo al mismo tiempo… pero a él… a él solo le importa su estúpida raza… - sus ojos comenzaron a aguarse nuevamente, mientras apretaba sus puños a los lados, para poder controlarse - …Y yo que pensé que realmente me amaba, puesto que así me hizo sentir las últimas semanas… ¡Cuán equivocada estaba! … Terminó siendo un cretino, como todos los demás… ¡Ya! ¡Suficiente de llorar por alguien que no lo merece!… - se secó las lágrimas con la yema de sus dedos - La vida me ha enseñado a golpes a no sufrir por hombres que no se lo merecen… ¡No más! Esto se acabó y debo afrontarlo como tal… - volvió sobre sus pasos y entró al baño para mojarse la cara y poder sentirse más despejada. Acto seguido, se quedó mirando al espejo viendo que sus ojos estaban hinchados y su rostro lucía demacrado - Luzco horrible… - comentó, pasando sus dedos bajo sus ojos, pero entonces notó que Vegeta no se había llevado sus útiles de aseo. Miró la maquina de afeitar, que estaba empacada ordenadamente en su estuche y sonrió momentáneamente, pero enseguida volvió a sentir sus ojos aguarse y gritó - ¡Estúpido Vegeta! Acaso ¿Todo en esta tonta nave me lo va a recordar? - respiró hondo y agregó - No puedo dejar que esto me afecte…- nuevamente mojó su cara y luego de secarse, miró a su reflejo a los ojos "No puedo seguir llorando por cada cosa que me lo recuerde… terminaré deprimiéndome y yo no soy así…"

Era momento de tomar una decisión y lo haría en uno de sus lugares favoritos. Así que preparó la bañera con agua tibia y esencias.

Cuando tenía todo listo, se desvistió y se miró en el espejo. Suspiró al notar que aun podía apreciar algunas de las marcas de la pasión del saiyajin sobre su piel, pero enseguida sacudió su cabeza, alejando los recuerdos y así, sin pensarlo más, cogió unas tijeras de uno de los cajones y agarrando gran parte de su cabello, hizo el primer corte.

Los mechones turquesa comenzaron a decorar el suelo del cuarto, mientras ella dejaba escapar las últimas lágrimas que derramaría, según ella, por el engaño del saiyajin.

Una vez lista, asintió con una sonrisa a su melena y se metió en la bañera por cerca de una hora.

Vegeta pasó una noche de perros en el exterior. Había entrenado muy duro por varias horas, transformado en súper saiyajin, hasta que cayó exhausto perdiendo su forma dorada. Su estómago rugió con fuerza y entonces recordó que no había comido nada desde el desayuno del día anterior. Soltó el aire con fastidio, pensando en que antiguamente podía estar varios días sin comer y que ahora estaba mal acostumbrado a la buena vida que le habían dado ella y su familia.

Notó que en un par de horas amanecería, por lo que decidió recostarse para dormir un poco, ignorando los gruñidos de su barriga, pero le pareció que el suelo estaba demasiado duro "Por un demonio… este lugar es demasiado incómodo… ¿Cuando me volví un marica quejumbroso? He dormido en lugares peores y ahora me quejo por dormir en la hierba… ¡Maldito sea el día que acabe en la Tierra!" A pesar de intentarlo un par de veces más, no lo soportó y buscó entre sus cosas la capsula de la nave personal que le había solicitado al profesor. Cuando lo halló, miró el objeto en su mano unos instantes, recordando la cantidad de tiempo que le llevó convencer al anciano de implementar el sistema de encapsulamiento, sin contar las amenazas, que le hizo pero que al parecer ya no eran tomadas en serio por la familia de la humana - ¡Tsk! - chitó molesto para luego activarla y lanzarla a una distancia prudente para de inmediato entrar en ella, esperando poder descansar.

La nave era pequeña, a petición de él mismo. Por fuera se veía similar a las de los saiyajin, pero de color blanco y con un diámetro mayor, ya que tenía algunas comodidades, como un pequeño cuarto de baño y una bodega. Se dejó caer sobre el único asiento del lugar, presionó un botón y el asiento se transformó en una cama. Suspiró y cerró sus ojos, esperando encontrar la paz en su descanso, pero le fue imposible conciliar el sueño. Definitivamente era más cómodo que dormir a la intemperie, pero no era lo mismo que dormir en una cama, ni tampoco era lo mismo que dormir acompañado. Se maldijo por haberse acostumbrado a dormir en compañía de ella y se giró con fastidio varias veces, optando por dormir sentado "¡Esto es el colmo! Yo, el príncipe de los saiyajin lloriqueando por no poder dormir en una cama mullida… o en la de ella… sintiendo al despertar su aroma, teniéndola entre mis brazos, gimiendo… ¡Demonios, yo soy un guerrero de élite! Debo sacármela de la cabeza y recuperar mi dignidad de saiyajin… (Sintió su rostro sonrojarse al tiempo que fruncía aún más al pensar en lo que le había dicho a Bulma) … ¿Le propuse tener un hijo? No sé cómo mierda se escapó eso de mi boca… Debió parecerle el intento más patético y desesperado por retener a una hembra que jamás haya oído… ¿Qué diablos me hizo Bulma? No logro pensar con claridad, no logro sacármela de la piel, no logro sacármela de la cabeza… Maldito el día que en que me obsesioné con ella… Si tan solo no hubiera gritado a los cuatro vientos que derrotaría a esas chatarras y destruiría a Kakaroto… Porque sin dudarlo secuestraría a esa imbécil, le daría su merecido por altanera y conquistaría el maldito universo de una estúpida vez, olvidándome para siempre de esa excusa de planeta" No lo pensó más y activó el sistema de hibernación para descansar por unas horas, pero al hacerlo gruño al darse cuenta de que el padre de la humana había incluido una advertencia electrónica que decía, con una voz que identificó de inmediato:

"Iniciando sistema en tres, dos..."

-¡Hijo de… - no alcanzó a terminar el insulto y cayó profundamente dormido.

"...uno"

Por la mañana Bulma se levantó con el cuerpo algo entumecido, pero más tranquila. Aunque lloró hasta caer rendida cuando se fue a dormir, le había servido para hacer catarsis y ahora estaba más que convencida de que debía seguir adelante. Pero a pesar de tener claro lo que debía hacer, no se sentía con la determinación necesaria para ello. Por lo mismo anduvo por la nave como alma en pena, vestida solo con una bata. Con suerte comió algo y solo se dedicó a ver películas, recostada en el sofá de la cocina, comiendo helado y durmiendo de vez en cuando, esperando reunir la fuerza necesaria.

Cuando estaba por anochecer le bajó el apetito por algo sólido, por lo que se sirvió una cantidad bastante abundante de comida, bebió una cerveza y decidió que era momento de dejar todo atrás, literalmente.

Así que se vistió y una vez lista, subió al centro de mando. Activó las cámaras externas y solo pudo ver aquel desierto, rodeándola por todos lados, sumergido en la más absoluta oscuridad.

- ¿Dónde estará? ¿Habrá vuelto a la ciudad?... Si yo fuera él lo haría, buscaría algún lugar donde dormir…Pero supongo que con lo orgulloso que es preferirá pasar la noche a la intemperie… No, Bulma. Deja de preocuparte por ese idiota saiyajin que no fue capaz de serte fiel… Sé que será difícil acostumbrarme a su ausencia...pero... – Miró la consola y suspiró – No. No puedo flaquear en mi decisión… Esto será lo mejor para ambos... Supongo que encontrará la forma de volver a la Tierra, si es que quiere hacerlo alguna vez… Pero no le perdonaré tan fácilmente lo que me hizo, ya no soy la misma tonta de antes.

La noche había caído sobre el desierto de Temkari y un viento frío recorría cada tanto la superficie.

Sobre la fogata, un animal despellejado estaba ensartado en un palo y se asaba lentamente cerca del fuego, mientras Vegeta, sentado sobre una roca, fruncía, con la piel del tirjo que había cazado sobre su espalda.

Jugaba con las llamas, controlándolas con su ki, intentando mantener su mente en blanco, pero otra vez volvía a repasar lo ocurrido y su responsabilidad en los hechos, lo que lo hacía sentirse miserable y a la vez furioso - ¿Cómo pude confundir a esa miserable con una saiyajin… Puede que haya sido solo la expectación pero estoy seguro de que lo sentí… - de repente abrió sus ojos y se quedó mirando las llamas, cuestionándose - Si el poder que sentí no era de ella, entonces ¿de quién era? ¿Sería que esa muchacha a pesar de su apariencia fuese mitad saiyajin? - cerró sus ojos y se concentró en sentir la presencia saiyajin nuevamente, pero no lo encontró. Eso lo hizo sobrecogerse desde lo más profundo - ¿Cómo es posible que ya no esté? ...No puede ser, estoy prácticamente seguro de que era un ki saiyajin … - frunció confundido - ¿Qué mierda ocurre aquí?

Se puso de pie como un resorte, mientras la piel del animal caía al suelo, buscando de inmediato la presencia de Bulma, ya que su instinto le indicó que algo andaba mal, pero al hacerlo sus ojos se abrieron en sorpresa al percatarse de que tampoco estaba. Sus latidos aumentaron y sintió su boca secarse por completo. Espero un momento y lo intentó nuevamente, mirando hacia la dirección donde sabía que se encontraba la nave, pero el resultado no fue diferente, por lo que sus puños se apretaron inconscientemente.

Salió volando en dirección a la nave "Espero que esa impostora no haya ido a vengarse… ¡Demonios! Debí asesinarla por intentar engañarme. Si llega a tocarla siquiera, la haré sufrir la peor de las muertes"

Descendió de golpe y se quedó observando a la nada, pero enseguida apretó sus puños e hizo chirriar sus dientes. La nave no estaba y en su lugar solo había marcas del despegue. Se agachó y tocó la arena, sintiéndola tibia aun "Maldición... ¿sería capaz de dejarme varado en este planeta?… (sonrió un momento, con algo de pesar) Sí, la humana escandalosa que conozco lo haría… (luego frunció en profundidad) Pero no encuentro ese estúpido ki… No. Definitivamente debió ser esa hembra de juguete la responsable…"

Se puso de pie e inmediatamente voló hacia la cuidad a toda velocidad.

Avanzó por las calles sin un rumbo en particular, comenzando a desesperarse. La tienda de la tedibeajin estaba cerrada, además no recordaba el ki de Li-Ka por lo que no daba con ella. Ya molesto agarró por el cuello a un transeúnte cualquiera, con apariencia de insecto, preguntándole -¿Dónde encuentro a la saiyajin?

El hombre lo miró con sus seis ojos espantado -N-no lo sé… pero por lo que más quieras, no me hagas daño…

Vegeta se quedó mirándolo a los ojos un instante, viéndose reflejado en esos extraños ojos amarillos "¿lo que más quiero?" Esa frase lo hizo descolocarse un momento, por lo que soltó al sujeto con suavidad y siguió su camino entre las construcciones. Ya se estaba desesperando cuando vio aquel cabello negro, que reconoció de inmediato saliendo de una taberna.

La siguió con destreza por los callejones, para no delatar su presencia, hasta que la vio entrar a una de las tantas casas de la periferia. Sin pensarlo, se aproximó a la puerta y de un golpe la abrió.

Era un hogar bastante humilde, pero eso no fue lo que llamó su atención. La chica estaba en su forma natural y estaba acomodando unas joyas dentro de un pequeño recipiente, donde parecía almacenarlas. Al sentir el golpe en la puerta se había girado inmediatamente y mirado al saiyajin con cara de horror

-Ve-Vegeta… quiero decir, prínci…

-Deja las estúpidas formalidades y responde ¿Qué hiciste con Bulma? Y más te vale que esta vez no trates de engañarme...

La chica lo miró entre asustada y confundida - ¿Quién?

Vegeta no pudo evitar sonreír de lado al responderle -Me refiero a la mujer que te aporreó…

Una mueca de desagrado se formó en el hocico de la joven -Yo no sé nada de ella… y espero no saber nada de usted nuevamente – terminó haciéndole un desprecio. Vegeta se quedó observando a Li-Ka. No encontró nada sospechoso en la respuesta de ella, no como la vez anterior. Cerró sus ojos un momento y se concentró en sentir el débil ki de la chica "Este no es un ki saiyajin… ni siquiera es un ki, es una mierda… Claro, debí confundirme por la ansiedad de encontrar a alguien de mi raza… Pero no deja de ser sospechoso que tenga esa cantidad de joyas… Perfectamente pudo haber vendido a Bulma como esclava"

- ¿De dónde sacaste esas gemas? – preguntó con interés, volviendo a verla, pero luego fijó su vista en aquel recipiente. Ella se defendió de inmediato, poniéndose delante de ellas con las patitas extendidas - ¡Son mías!

-Responde, maldita sea… - avanzó un paso - ¡No tengo tu tiempo!

Los ojos de la chica comenzaron a aguarse mientras le decía - No sé qué más quiere que diga…- comenzó a sollozar – No sé nada de esa mujer, y éstas, snif… estas son mis ganancias por las pieles…

El saiyajin entrecerró sus ojos y avanzó un par de pasos más, de manera amenazante, acorralándola contra la mesa. La miró hacia abajo, mientras le decía entre dientes -¿Qué las conseguiste por la venta de esos pellejos? No me hagas reír… Sería más creíble si me dijeras que las conseguiste de puta... ¡Confiesa de una maldita vez si no quieres morir!

Li-Ka luego de escuchar esas acusaciones, no aguantó. Gruesas lágrimas salieron de sus ojitos verdes, los que cubrió con sus patitas -BUUAAAAAAAAAAA

Vegeta hizo una mueca de asco.

- ¡Tsk!

-BUUUAAAAA NO ME MATE, SEÑOR PRÍNCIPE…. BUUAAAAAAA….

El saiyajin gruño y gritó, furioso - YA CÁLLATE... NO VOY A MATARTE ¡A MENOS QUE CONTINÚES CON ESE ESPANTOSO LLORIQUEO!

La mujer paró al instante y lo miró con expectación.

Vegeta suspiró con fastidió, apartándose un poco, mientras se cruzaba de brazos y cerraba sus ojos en meditación "realmente no sabe nada… Fue una estupidez venir hasta aquí… Pero entonces, eso significa que la escandalosa resentida me dejó aquí deliberadamente… De acuerdo, si no me quiere cerca no voy a rogarle. Soy un príncipe saiyajin y debo comportarme como tal, sin importar que se trate de mi compañera... Al parecer me hizo un favor, ya que ahora podré concentrarme exclusivamente en mi entrenamiento. Necesito volverme fuerte y mi nave tiene demasiadas comodidades como para poder hacerlo, sin contar que tiene un comunicador con linea directa a la Tierra y ese ridículo sistema de hibernación que habla como ella...Argg, cuando regrese a la Tierra voy a hacérselo pagar a ese viejo del demonio…"

Se quedó quieto demasiado tiempo, por lo que la tedibeajin comenzó a asustarse pues no sabía con qué le saldría ahora ese temperamental saiyajin. Lo veía serio y ensimismado, por lo que no se atrevía a preguntarle nada.

Vegeta volvió a fijarse en la chica que tenía en frente "Hmn... Creo que podré hacer un trato con esta hembra, solo espero que tenga la información que necesito… De ser así ambos ganaremos algo. No podrá negarse" . Se medio sonrió y le dijo, con suavidad, mientras se alejaba un par de pasos y apoyaba su cadera en una mesa - ¿Sabes si hay naves del imperio en los hangares?

Li-Ka lo miró extrañada. No podía comprender los cambios de humor de ese sujeto y eso la desconcertaba más de lo que pudiera aceptar. Aún así le respondió, pero con algo de recelo -Sí. Creo que he visto algunas…

Vegeta amplió su sonrisa - ¿Qué piensas de expandir tu negocio?

La tedibeajin ahora lo miró confundida.

Bulma veía pasar las estrellas por el monitor mientras estaba sentada en los controles, con sus piernas flectadas y sus talones apoyados en el asiento. Aun intentaba convencerse de que era lo correcto, pero extrañaba tanto al saiyajin que de vez en cuando dudaba de su decisión de marcharse.

-Debo ser fuerte… - se decía - Es la única manera de enfrentar esto, de lo contrario terminaré perdonándolo y él creerá que puede usarme de tapete… ¡Uy! ¿Porque tiene que ser tan llevado de sus malditas ideas?… Estábamos tan bien y ahora esto… ¡Jamás volveré a confiar en los hombres!… Bueno tal vez en mi padre y en Gokú, aunque ahora que lo pienso ambos piensan que ese malvado científico es inocente hasta que se demuestre lo contrario… No hay caso – miró los indicadores de la consola y digitó un par de coordenadas con una de sus manos, casi con desidia – Listo… Con esa desviación me ahorraré pasar por el estúpido cinturón de asteroides… Van a ser tres días extras de soledad, pero prefiero eso que tener que salir a reparar la nave sola en caso de que ocurra algo… - cerró sus ojos un momento y frunció levemente, sintiendo repentinamente mal – Parece que algo de lo que comí no estaba en buen estado…¡Lo que me faltaba! Terminar con una indigestión como broche de oro - se levantó, de mala gana, y fue a revisar los congeladores, para verificar que todo estuviera en orden.

Nada fallaba y las fechas de vencimiento estaban a mucho de ocurrir, por lo que comentó – Debe ser entonces por las preocupaciones… ¡Estúpido saiyajin!… Por su culpa perdí mi rastreador, mi bio chip y lo peor de todo… mi corazón… - sacó un anti ácido y se lo bebió de un golpe, para enseguida buscar en que matar el tiempo, ya que se le venían varias semanas en completa soledad.

...

Luego de cerrar el trato por la nave con Li-Ka, Vegeta se quedó a pasar la noche en su casa y tenía dos razones para ello. Primero, no quería volver al desierto, pues en su mente aún estaban frescos los recuerdos del reciente rechazó de su mujer y estando completamente solo pensaba en demasía en ello. El segundo motivo era que tenía en mente utilizar a la suplantadora como su recadera por un día, ya que necesitaba adquirir ciertos bienes para llevar a cabo lo que tenía en mente y no deseaba encontrarse con más soldados del imperio. Por lo que, apenas amaneció le encargó a la hembra que le consiguiera algunas cosas en el mercado a cambio de entregarle una cápsula con artículos exóticos de un planeta desconocido, trato que la muchacha aceptó de inmediato.

Li-Ka regresó casi al anochecer.

- ¿Conseguiste todo? – le preguntó con brusquedad apenas entró.

-Este, si… - respondió, extendiéndole un morral.

Vegeta lo recibió y le dio la espalda, para comenzar a revisar las cosas sobre el catre donde había dormido. Sin embargo, no pudo evitar decirle con sorna - ¿Puedes dejar esa forma y volver a la normalidad? Me molesta en demasía verte suplantando a una saiyajin…

La chica abrió sus ojos sorprendida e hizo lo solicitado, volviendo a su forma de osita para después decirle - Cumplí con mi parte, príncipe Vegeta… ¿Dónde está lo que me prometió?

Él la miró por sobre su hombro y metiendo su mano a su armadura le lanzó una cápsula, regresando de inmediato a lo suyo.

- ¿Solo debo apretar este botón también?… - preguntó la muchacha, apenas recibió el pequeño envase.

-Sí. Dentro está lo que te prometí – le respondió él, seco.

Li-Ka no esperó ni un momento y activó el dispositivo, arrojándolo luego al centro de su casa, imitando lo que había visto hacer al saiyajin con la capsula de la nave. De inmediato apareció una caja metálica, de unos cincuenta centímetros de alto, la que se apresuró en abrir.

En el interior había una infinidad de artículos de aseo y cuidado personal, que Bunny había empacado para el saiyajin.

- ¿No me va a decir de qué planeta son estas cosas? – preguntó Li-Ka, destapando un frasco de shampú que luego acercó a su nariz para olfatearlo y agregar - ¡Todo esto es tan lindo y oloroso!

Vegeta frunció profundo y respondió, mientras comenzaba a guardar de vuelta en el morral sus nuevas pertenencias - No te incumbe de donde provienen.

Ella lo miró extrañada un momento, pero enseguida le sonrió -Tiene razón… Fue un placer hacer negocios con usted.

El saiyajin se sonrió, pues ya tenía lo que necesitaba. Así que se echó el morral a la espalda y avanzó hacia la puerta.

- ¿Ya se va? – preguntó Li-Ka.

-No tengo nada más que hacer aquí… - le respondió él, sin voltear, y agregó – Y recuerda. Ni una palabra de esto a nadie ¿comprendes?

Ella asintió y Vegeta salió de inmediato a la calle, encaminando sus pasos a lo que ahora era la casa de gobierno de aquel lugar.

Cuando arribó en la construcción, frunció extrañado al no sentir ninguna presencia custodiando el hangar. Aun así, se movió como una sombra, intentando no despertar sospechas de ninguno de los seres que circulaban por los pasillos.

Cuando llegó a la zona de despegue se sonrió, avanzó hasta las naves y comenzó a revisarlas, verificando cual estaba en mejores condiciones. En eso estaba cuando sintió una presencia muy débil cerca suyo.

- Igk… ¿Piensas robarme? – le interrogó una voz de hombre, mezclada con un chillido.

Vegeta volteó y se encontró con un temkariano, algo entrado en años, y que tenía una enorme barriga. Vestía con unos pantalones azules y camisa roja, sobre la cual se podía apreciar un enorme medallón, al parecer de oro, con una gema amarilla en su centro.

- ¿Quién mierda eres? – preguntó el saiyajin, al tiempo que se erguía y se cruzaba de brazos.

-No has respondido mi pregunta, príncipe Vegeta…

- ¡Sí que corren rápidos los rumores! – bromeó, al tiempo que avanzaba hacia el roedor.

- ¿Por qué quieres una de mis naves? – preguntó el temkariano.

- ¿Tus naves? Ja, ja, ja… Entonces eso quiere decir que eres el rey rata… Bueno, si lo consideras bien, te darás cuenta de que ahora son mías…

Un leve brillo apareció en los pequeños ojos del roedor.

-Puede ser, Vegeta… Pero no podrás sacar ninguna. No, sin el código de autorización…

- ¿Les pusiste un maldito código? Sí que eres astuto…

-Toda nuestra raza se caracteriza por ello…

-Lo sé… Aunque creí que su rey sería un idiota adicto al queso…

- Y yo que el príncipe de los saiyajins sería más que un mono roba naves…

El saiyajin lo miró serio un momento, frunciendo en profundidad. Sin embargo, una sonrisa se comenzó a formar en sus labios.

-Ja, ja, ja… - rio Vegeta - Me caes bien, imbécil… Pero dejando de lado nuestras mutuas apreciaciones. ¿Qué quieres a cambio del código?

El rey rata lo miró con seriedad, llevando sus manos a su espalda, comenzando un breve paseo mientras el saiyajin no le sacaba la vista de encima. De un momento a otro el rey se detuvo y le dijo - Cuando asumas tu rol de emperador del Universo, quiero que te olvides de este planeta …

Vegeta se lo quedó observando un momento. Acto seguido, cerró sus ojos y comentó – Hmn, me parece justo… De todos modos, no hay nada que sea de mi interés en este mugroso lugar… - enseguida volvió a mirarlo y agregó - ¿Cuál es el código de despegue?

El gobernador se sonrió y le respondió - Igk… el código es 1234.

-Bien jugado, rey rata… - comentó, entrecerrando su mirada sobre el rey para luego darle la espalda, cogió su morral y se adentró en la nave que había elegido. Ingresó los números, desbloqueando el sistema y despegó de inmediato. No quería permanecer en Temkari un segundo más.

Pasaron casi tres semanas desde la última vez que se vieron. Tiempo en el cual Vegeta entrenó con ahínco cada día, comenzando a detestar las noches, que era cuando más la extrañaba. Se sentía patético por sufrir por ella, lo que lo llevaba a sobre exigirse más de la cuenta, intentando que el dolor de su cuerpo borrara el de su alma.

Casi tres semanas, en las que Bulma sufrió de lapsos de excesos de energía, seguidos por días de cansancio que la obligaban a dormir la mayor parte del tiempo. No había dejado de extrañar al saiyajin, pero al mismo tiempo deseaba no volver a verlo. Ya casi no lloraba por él, ahora lloraba por lo estúpida que había sido al pensar que Vegeta era distinto a los demás hombres.

Una mañana se oyó un enorme estruendo de turbinas en el patio de la Corporación.

Bunny corrió al jardín y vio con asombro que la nave estaba en medio de este.

- ¡OH! ¡HAN VUELTO! – gritó, luego gritó hacia el interior - ¡QUERIDO, APRESURATE, LOS MUCHACHOS VOLVIERON!

La compuerta descendió y bajó Bulma, vestida con su traje saiyajin. Traía su cabeza agachada y avanzaba sin prisa.

-Oh, querida. ¡Qué bueno que ya están de vuelta!

Bulma llegó a su lado e intentó sonreír -Hola, mamá…

- ¿Qué le pasó a tu cabello?

-Nada… necesitaba un cambio…

Su madre la miró extrañada y miró enseguida por encima del hombro de su hija - ¿Y el apuesto Vegeta? – preguntó la señora al ver que nadie más descendía.

Bulma hizo un puchero con sus labios, intentando contener sus lágrimas, pero le fue inútil. Sin más, se lanzó a los brazos de su progenitora. Necesitaba contacto humano para desahogarse -Lo dejé… mamá…él… me fue infiel…

Bunny abrió sus ojos sorprendida un momento, pero luego abrazó a su pequeña intentando confortarla

-Ya, Bulma… tranquila… todo se solucionará… Ven – le dijo jalándola hacia la casa – te prepararé algo delicioso y hablaremos al respecto.

El señor Briefs justo se asomaba por la cocina. Miró extrañado a su mujer y ella con un gesto de su mano le indico que todo estaba bajo control.

Ambos acompañaron a su hija hacia el interior de la casa, abrazándola. Una vez dentro, la señora recibió el bolso y dejándolo a un lado se puso a preparar té y sacó unos pastelillos de la nevera.

Su padre le ofreció asiento en una de las sillas de la cocina y se sentó al lado de la chica.

-Amor, bienvenida… ¿Cómo has estado?

Bulma pasó una de sus manos por sus ojos, para secar las lágrimas y respondió -Bien, Papá… Los eché mucho de menos…

- ¿Quieres hablar de lo que pasó?

Ella negó con su cabeza.

-De acuerdo, querida… - dijo él, poniendo una mano sobre el hombro de su hija.

Su madre colocó sobre la mesa una bandeja con pasteles y les sirvió té. Luego tomó asiento junto a ellos y comentó - Cuando quieras hablar de lo que ocurrió, nosotros estaremos a tu lado para apoyarte en lo que sea…

-Yo…se los agradezco – les dijo la muchacha, bebiendo luego de su té, pero no quería hablar de ello por lo que les dijo – Pero no me siento de ánimos para ello… Si me disculpan voy a subir un momento a mi cuarto, estoy agotada… Avísenme para cenar ¿sí?…

Los señores Briefs se miraron y luego le asintieron. La muchacha cogió su bolso y salió del cuarto, dejándolos solos.

- ¿Qué crees que pasó? – preguntó Bunny, cuando Bulma estuvo a una distancia prudente.

-No lo sé, querida… Tal vez solo se pelearon por alguna tontería, como siempre… - respondió el profesor, llevándose su taza a la boca. La señora lo pensó un momento y le comentó, preocupada - Es que me dijo que lo dejó porque le fue infiel...

Su marido casi se ahoga con el té, pero se recompuso y le preguntó -¿Cómo? ¿Qué Vegeta le fue infiel?

-Yo pensé lo mismo, cariño… No puedo creerlo...

Vegeta sonrió genuinamente después de mucho tiempo. No se había dado cuenta de cuanto extrañaba ese estilo de vida, de ir de planeta en planeta, sin tener que estar al pendiente de nadie más que de sí mismo, matando lo que le viniera en gana.

Avanzó hasta la esfera y colocó una mano sobre esta. La nave estaba bastante usada y era un modelo anticuado, pero de todas formas era mejor que la que le había construido el padre la Bulma, ya que su sistema de hibernación era como lo recordaba y eso era suficiente para él. Y no era que no le gustase el otro, pero no quería nada que le recordase a la Tierra.

Había conseguido un buen precio por la anterior, por lo que podría adquirir alimentos, además de pasar desapercibido con su nueva apariencia. No tenía ni la más mínima intención en ser reconocido por el momento, y por lo mismo sonrió al mirarse en el reflejo de la compuerta. Su barba incipiente y la chaqueta gris, que le llegaba a las rodillas, junto con los anteojos oscuros, le daban un aire de pirata espacial que sin dudar inspiraba respeto, lo que era ideal para que las sabandijas que aún quedaban por allí lo evitaran. Era justamente lo que necesitaba, volver a ser el mismo y entrenar su nuevo poder destruyendo planetas y civilizaciones, sin tener que sentir compasión, ni sentirse cuestionado por ser quien era.

Bulma se dejó caer pesadamente en su cama, rebotando un par de veces. Por fin estaba en casa y en cierta forma se sentía aliviada. Podría dedicarse a retomar la empresa y a sus queridos proyectos, sería la solución perfecta para su corazón roto, y aunque no era una solución definitiva, estaba segura de que por lo menos podría evitar pensar en lo ocurrido con Vegeta por varias horas del día. "Sí...el tiempo cura todas las heridas y espero que esta herida sane lo antes posible porque es demasiado profunda… ¿Estará molesto porque lo dejé abandonado en ese planeta? … Bueno debió pensarlo antes de engañarme… ¡Él se lo buscó!"

Durmió, como hace mucho no lo hacía y soñó, con aventuras junto a sus amigos y con Vegeta, como cuando estaba todo bien.

-Hija – escuchó a lo lejos – despierta, Bulma…

- ¿Mamá? – murmuró, aun entre sueños.

-Amor, te he estado tratando de despertar desde hace media hora y tu como si lloviera… - dijo Bunny, posando una mano sobre su hombro - ¿te sientes bien? Ni siquiera te cambiaste…

Abrió sus párpados, sintiéndolos muy pesados - Sí, estoy bien – dijo enderezándose y luego dando un gran bostezo – Awwww… disculpa… es solo que necesitaba dormir en mi cama… No me di cuenta cuando me caí rendida…

Su madre la miró con ternura - ¿vienes a cenar?

-Sí, voy enseguida.

Bunny salió de la habitación y ella se dirigió al cuarto de baño.

El sol comenzaba a ocultarse en la montaña Paoz, y los tres guerreros volvían exhaustos de una nueva sesión de entrenamiento. Divisaron la pequeña casa a solo unos kilómetros y el saiyajin de gi naranjo, apuró el vuelo, ya que para variar moría de hambre.

Piccoro y Gohan lo siguieron, hasta que descendieron frente a la puerta. Pero cuál fue su sorpresa de todos, al encontrarse con Milk, de pie en el umbral, de brazos cruzados y con el ceño fruncido, cerrándoles el paso.

Toda la tarde, mientras preparaba la cena, pensó en el asunto que tenía pendiente con su esposo. Ya llevaba un par de días dándole vueltas y ese día por fin había armado un discurso convincente para poder enfrentarlo y obligarlo de una vez por todas a obedecerle en lo que ella necesitaba.

-Gokú… - dijo - Tenemos que hablar…

El aludido tragó saliva, mientras sus acompañantes compartían una mirada de preocupación. Cada vez que la mujer decía eso significaban problemas y una consiguiente batalla de la cual cualquiera de ellos no podría salir airoso.

Al ver que ninguno decía ni hacía nada ella tomó el control de la situación -Gohan, pasa a cenar… - dijo, haciéndose a un lado sin mirarlo, ya que sus ojos estaban fijos en su marido - Tengo que hablar con tu padre…

-Sí, mamá – dijo el niño, obedeciendo al instante.

-Pero, Milk… - intentó hablar Gokú.

-Piccoro… - mencionó ella sin sacarle la vista de encima a su marido.

El namekuseijin no esperó que se lo pidieran dos veces. Luego de hacer una mueca de desagrado, se alejó volando al instante. No tenía ni la más mínima intención de intervenir en una de esas confrontaciones maritales. Siempre terminaba pagando los platos rotos, ya que esa humana terminaba culpándolo a él del comportamiento de su marido y sacándole en cara que se había llevado a su hijo por un año.

Una vez solos, Milk caminó despacio hacia el pequeño pozo que había frente a su hogar. Su marido la siguió, mientras le intentaba evadir la charla – Milk, por favor… Muero de hambre… ¿No puede esperar?

Ella se volteó y le dio su más severa mirada, a lo que el hombre solo se dispuso a seguirla en silencio.

Una vez al lado del pozo, ella comenzó a decir, mientras miraba hacia el horizonte - Gokú… ¿Recuerdas que hace un tiempo te pedí que sacaras los documentos de conducir?

-Sí, lo sé, pero ya sabes lo que…

-Da- da- da – dijo ella, volteando hacia él, parándolo con una mano frente a ella – No he terminado. Gokú, se irguió en su sitio y se cruzó de brazos, a la espera del discurso que se vendría. Aunque su mente solo podía divagar entre los sabrosos aromas que salían de su hogar, hizo su máximo esfuerzo por poner atención a su mujer.

-Cómo iba diciendo – continuó ella - para una familia como la nuestra es indispensable tener un vehículo, considerando que vivimos lejos de la ciudad y que necesito que hagas las compras por mí de vez en cuando, ya que yo tengo bastante trabajo en casa y tu prácticamente no haces nada más que entrenar… No te lo estoy sacando en cara, solo te digo que es algo necesario… Por esto mismo, he decidido que yo misma te enseñaré a manejar y tu solo deberás ir a sacar los papeles cuando lo hayas dominado por completo… Sé que te preguntarás ¿para qué aprender a conducir un vehículo, si puedo volar? … Verás, con eso en mente, me puse en tu lugar y llegué a la conclusión de que era mejor que te lo pidiera de otra manera, de una que no podrás negarte.

Gokú pestañeó un par de veces intentando digerir la enorme cantidad de información - ¿Y entonces, Milk? ¿Qué es lo que quieres ahora? – preguntó al fin.

Ella lo miró a los ojos y respondió - ¡Gokú, te desafío a aprender a manejar! - terminó apuntándolo con su dedo indice extendido como retándolo a una pelea.

Él la miró incrédulo un segundo - Milk ¿Me retas? ¿Cómo en un combate?

-Así es… Será como aprender una nueva técnica – luego levantó su índice, para dar énfasis a sus palabras - Para manejar, necesitas concentración y habilidades tanto físicas como mentales…

Él se quedó mirándola fijamente, mientras pensaba en lo que le acaba de proponer, pero, luego de unos segundos de silencio, sonrió -De acuerdo, Milk… si eso es lo que quieres, aprenderé a manejar...

La mujer suavizó su mirada y una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras se aproximaba a él, colocando sus manos sobre su fornido pecho - Gokú, sé que en este momento no será posible porque estamos muy cerca de lo de la pelea con esos dichosos androides y no quisiera que me culparas por la destrucción de la Tierra, porque no te dejé entrenar lo suficiente, ni a Gohan… Así que lo dejaremos para cuando tengas tiempo… ¿lo prometes?

Que ella le diera su espacio para entrenar lo hizo ponerse muy feliz. Por lo que tomó a su mujer en brazos y dio un par de giros, mientras le decía - Te lo prometo, Milk…

-Ahhh, Gokú… con cuidado– exclamó ella, aferrándose a al cuello de su esposo

-Disculpa… - respondió él, parando en seco -… Pero ¿será que ahora podemos comer?

Milk amplió su sonrisa y lo besó en la mejilla - Por supuesto, Gokú… - le respondió dulcemente, cambiando después su semblante a uno más severo - Pero debes prometerme también que derrotarán a esos androides…

-Por supuesto, Milk – le aseguró él.

Ella volvió a sonreírle, más que satisfecha, pues sabía que su esposo jamás rompía una promesa.

Bulma, después de darse una ducha y cambiarse de ropa, se miró al espejo conforme. Para ser la primera vez que cortaba ella misma su cabello, le había quedado bastante parejo, aunque debería ir al salón para que lo retocaran. Terminó de mirarse al espejo, mientras sonreía y luego bajó a cenar.

Entró al comedor y se encontró con sus padres, esperándola.

- ¿Dormiste bien, cariño? – preguntó el profesor.

-Sí, gracias, papá – respondió con una sonrisa, tomando asiento.

-Sé que no quieres hablar al respecto, pero ¿Cómo estuvo el viaje? ¿Visitaron muchos planetas?

Bulma bajó su vista "Fue un viaje increíble, lleno de aventura y romance, hasta que ese infeliz de Vegeta metió la pata…" pensó, pero luego de un momento respondió, volviendo a ver a sus padres

-En realidad no… Solo fuimos a tres lugares… - luego sonrió con desgano - Ahora que lo recuerdo traje un material nuevo, trate de comentártelo aquella vez que hablamos, pero supongo que ya no tiene importancia…

-Oh, ya veo… ¿pensabas utilizarlo para algo en especial?

-En realidad sí… Es un material que impide detectar la presencia de los peleadores…

Su padre la miró comprensivamente y asintió en silencio, mientras tanto su madre comenzaba a servir la cena. No quiso mencionarle nada porque era obvio que Bulma quería utilizar ese material para la cámara del saiyajin.

Su madre depositó un plato con pulpo en salsa frente a ella y ese fue el detonante. Sus tripas se revolvieron en agonía, ya que tan solo de sentir el aroma que despedía el platillo, tuvo que salir corriendo al baño más cercano para devolver hasta lo que no tenía.

Se lavó la cara y se miró extrañada al espejo -¿Qué fue eso? … ¿Me habré enfermado en el espacio?

Cuando al fin regreso, exclamó, mientras se agarraba el estómago - Mamá ¡¿no pudiste elegir algo más asqueroso para darme la bienvenida?!

Bunny sonrió, mientras le servía ahora una sopa - Hijita… ¿no me digas que ahora te desagrada? - ella la miró un momento y enseguida le respondió - No, pero… - tomó asiento y agregó molesta - Uy, olvídalo. Debe ser el cambio de ambiente…

Su madre no pudo quedarse callada - ¿Sabes? Cuando estabas en mi panza era una de las cosas que más odiaba… No podía ni sentir su olor, bueno también de las ostras… Recuerdo una vez que...

Bulma dejó de escucharla. Sus ojos se abrieron en sorpresa, pero al siguiente frunció, perdiendo su mirada sobre los platos de la mesa "No es posible… ¿podrá ser que…? No puede estar pasándome… No ahora… No. De ser así sería una victoria para él... Necesito salir de dudas cuanto antes"

-Yo… perdí el apetito…. – dijo finalmente, poniéndose de pie y avanzando hacia la puerta.

-Hasta mañana, hija – le dijo su padre -espero que mañana estés mejor…

-Buenas noches, Bulmita, que descansen – dijo Bunny.

Bulma se detuvo casi en la puerta - ¿Qué dijiste? - le preguntó a su madre, mientras volteaba a verla, pestañeando un par de veces.

Una gota corrió por la sien de Bunny -Yo, e-este… dije que…

-Mamá… - comenzó Bulma, volviendo sobre sus pasos - ¿Qué quisiste decir exactamente con "que descansen"?

-Debí confundirme querida… Pero es que tienes que aceptar que es posible que estés…

-¡NO LO DIGAS!...- gritó poniendo un dedo en alto - No te atrevas a terminar esa frase…

-Pero hijita….

-¡NO ES POSIBLE! - la interrumpió, apretando sus puños – Para que lo sepas yo misma cree unas píldoras para evitar que eso pasara y no he dejado de tomarlas… Deberías saberlo, ya que tu misma… - hizo una pausa y agregó consternada – Espera ...¡Tú empacaste mis cosas!

Su padre la miró sorprendido. Ella nunca había sido tan abierta con esos temas en su presencia, por lo mismo decidió intervenir - Hijita, tranquilízate… Si dices que no es posible, solo hay una forma de saber si las suposiciones de tu madre son ciertas...

Bunny comentó, mientras llevaba un bocado a su boca - No son suposiciones, querido… Estoy muy segura de que seremos abuelos, por que son los mismos síntomas.

Bulma dejó de prestarles atención, una epifanía de lo que pudo haber ocurrido la golpeo como un rayo. "Mi mamá… ella empacó mis cosas… Ahora que recuerdo dejé las cajas con las píldoras extras en mi mesa de noche, pero no estaban a la vista ni tampoco terminé de llenar todos los pastilleros… Es lógico, llenó los pastilleros con vitaminas por error, porque se parecen… ¡No! No fue un error ¡Lo hizo a propósito! ¡Ella me estaba presionando todo el tiempo por nietos!… ¡UY! ¡No puedo confiar ni en mi propia madre! ... Pero entonces, eso significa que… ¿tuve sexo con Vegeta cuidándome con vitaminas?… ¡No puede ser!" Se llevó la mano a su pecho, sintiendo su respiración acelerarse y un sudor frío descender por su espalda y frente, luego comenzó a faltarle el aire, mientras su cabeza daba mil vueltas. A duras penas logró decir de manera entrecortada - ¡Oh, por Kami!…¡Oh, por Kami!… ¡Mamá, tú! ¡Tú! - se desplomó en su sitio, mientras ambos progenitores corrían a auxiliarla.

-Debemos llamar a un médico…- dijo el profesor, saltando de su sitio a auxiliar a su niña.

-Sí, cariño – dijo Bunny, corriendo a coger el teléfono con toda calma.

Su padre levantó la cabeza de Bulma y la colocó sobre sus rodillas - Parece que la noticia le afecto bastante…

-No te preocupes – comentó su esposa, mientras marcaba - Es un paso muy importante y ya era hora de que lo diera… Además, sé que el joven Vegeta no podrá negarse a ser padre. Él adora a nuestra Bulma.

-Ya veremos, querida, ya veremos… - respondió el profesor, mientras le daba leves palmaditas en el rostro a su hija.

Vegeta despertó sobresaltado y bañado en sudor. Miró a su alrededor y no vio más que su nave y la selva donde había aterrizado.

-Solo fue un estúpido sueño… - murmuró, tranquilizándose.

Se pasó la mano por el cabello, tranquilizándose. Cada vez eran más recurrentes las pesadillas que tenía con Bulma. Lo que más le molestaba era que empezaban como un día normal, luego todo cambiaba repentinamente y terminaba siendo despreciado por ella. "Maldita seas, mujer… cuando dejarás de atormentarme…"

Suspiró cansado y se dispuso a ir de cacería. Eso mantendría su mente ocupada en otras cosas, que no fuera la frustración y resentimiento que lo habían comenzado a invadir poco a poco desde que ella lo había abandonado. Aun la extrañaba, eso no podía negarlo, pero la rabia que sentía ante la terquedad de ella de no querer comprender sus motivos lo habían llevado casi a detestarla. Así que ahora estaba en un circuito de emociones, donde por la noche la añoraba y durante el día la despreciaba.

Corrió por la espesa jungla hasta que divisó a su presa. Se acuclilló y espero pacientemente a que el enorme animal se descuidara. Cuando lo vio en posición, saltó sobre este con un rápido movimiento y tomándolo por los cuernos, giró su cabeza, consiguiendo un tronido que se escuchó por todo el lugar.

Luego silencio.

Enseguida arrastró sin ningún esfuerzo al animal y lo asó junto a su nave, disponiéndose a cenar.

Bulma abrió sus ojos, desconcertada, pero pronto reconoció el lugar donde se encontraba. Era la enfermería que habían habilitado en el primer piso de su casa.

Su madre la miraba sonriente y su padre estaba conversando con un hombre de la misma estatura e igual de anciano, cerca de la puerta.

-Muchas gracias, doctor – dijo el profesor - Le hablaremos si ocurre alguna emergencia…

-No es ninguna molestia... Solo preocúpense de que descanse y que coma bien. Un hijo es una responsabilidad muy grande y tienen suerte de que esté todo en orden, considerando las circunstancias…

-Lo sabemos, y no dude que nos encargaremos de ella. Es algo que todos esperábamos con ansias… Lo acompaño a la salida…

-Sí, gracias – respondió el galeno.

Ambos salieron de la habitación.

-Bulma… hija… ¿Cómo te sientes? - le dijo su madre.

Apenas pudo mantener sus ojos abiertos un par de segundos más., ya que enseguida todo se volvió oscuridad otra vez.

Vegeta se quitó los guantes y los arrojó en el asiento de la nave. Hoy su entrenamiento había estado fatal y su concentración había sido nula "¡Que estupidez! Me siento ansioso… Es como si fueran a atacarme en cualquier momento… Debo estar enloqueciendo… (se cruzó de brazos) Hmn… es similar a cuando estuvimos en Kedrat… ¿Será posible que esté en peligro?... Bah, debo dejar de pensarla y sentirla… Ya debe estar en su casa y retomado sus ridículas ocupaciones terrícolas, viviendo tranquilamente, sin remordimiento alguno por lo que me hizo… Maldita vulgar, si no fuera porque se me puso delante de las narices haciendo gala de sus atributos tan similares a los de nuestra raza, no me hubiera obsesionado con fornicarla… Por suerte logré convencerla de que buscara un método eficiente para evitar preñarla" Al pensar en ello una idea se coló en su mente, algo que no había considerado. Se metió en la nave y digito su nuevo destino, con celeridad. Sacó los guantes de debajo de él y se los volvió a poner mientras la compuerta se cerraba "¿Cómo no lo pensé antes?... Eso lo explicaría…. La energía extra… El aumento de apetito… El ki saiyajin… ¿será que ella ya cargaba con mi descendiente? ... Por supuesto… Esas estúpidas píldoras que creó no eran infalibles como dijo… ¡Maldita sea!… Es obvio que no tuvo el tiempo suficiente para probar su eficacia… ¡Es una estúpida! Esas mierdas eran experimentales… ¡Demonios! Cómo pude confiarme...¡Malditos humanos y su retrasada tecnología!"

Activó el modo de sueño de la nave y se acomodó en su lugar, cruzando sus brazos y cerrando sus ojos, a la espera de que la hibernación hiciese efecto "Lo mejor es salir de dudas. De todos modos, debo volver a la Tierra en algún momento, aunque falte tiempo para la batalla me caería bien saber cómo está el nivel de ese inútil de Kakaroto…"

El gas inundó la nave y sus sentidos comenzaron a desvanecerse, mientras una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro "La ignoraré completamente, o mejor aún, le haré su vida tan miserable que se arrepentirá por dejarme varado en Temkari"

Bulma sintió un peso cerca de ella, por lo que abrió lentamente sus ojos, notando que era su madre quien se había sentado a un lado de ella, en la cama. La miraba con dulzura diciéndole - Querida, al fin despiertas… Estuviste dormida por casi un día completo…

- ¿Qué me ocurrió?

-Oh, nada grave… solo te desmayaste por un aumento en tu presión…

Bulma recordó de golpe el motivo de su desmayo - Mamá… ¿dime que todo fue una pesadilla? – preguntó, sintiendo que algunas lágrimas comenzaban a formarse en sus ojos. Su madre frunció el ceño al oír sus palabras, luego le pasó la mano por la mejilla, en un gesto muy maternal y le dijo - No, Bulma… Aunque no te guste, estás esperando un hijo. Lo confirmó el doctor…

La muchacha quedó pensativa un momento antes de responder - ¿Cuánto tiempo? - Bunny la miró extrañada y le respondió – Aproximadamente siete semanas, pero el médico no estaba seguro, amor ¿por qué?

Bulma volteó su vista y apretó las sabanas con sus puños, mientras decía entre dientes – Yo… yo no voy a conservarlo.

Bunny abrió sus ojos en confusión y sorpresa - Pero, hija… ¡Cómo dices eso!

Ella volteó a ver a su madre, sus lágrimas aumentaron, descendiendo hacia la almohada - Mamá… Por favor… ¡No estoy lista para esto!… Vegeta me engañó y no quiero nada que tenga que ver con él. Además, yo no esperaba quedar embarazada y a pesar de eso me traicionaste cambiando mis píldoras…

Su madre la miró con algo de culpa – Para serte sincera, cariño. No sabía que eran píldoras anticonceptivas ¿Cómo iba a imaginármelo si tu negaste hasta el cansancio que tenías una relación de pareja con Vegeta?… Me siento mal por lo ocurrido pero creo que es lo mejor que pudo haber pasado - enseguida cambió su mirada a una compasiva – Bulma ¿Siquiera puedes prometerme que lo pensarás? - la joven suspiró cansada y respondió – No tengo mucho tiempo para hacerlo, mamá…

-Por favor…Si no quieres hacerlo por ti hazlo por esa criatura que no tiene la culpa de todo esto...

Bulma suspiró y miró hacia el cielo raso - Está bien, mamá, lo pensaré… Pero dudo mucho que cambié de opinión…

Continuará