Cuenta Regresiva:26.280 horas.

Lo mío es mío y lo tuyo…también.

Bunny corría desesperada hacia el laboratorio de su esposo.

Había hablado con él en la sala, acerca de lo que había dicho Bulma y eso los había dejado muy angustiados. Su esposo iba tras ella, ya que debían contactar urgentemente a Vegeta, para convencerlo de que la hiciera recapacitar. Después de todo, era el padre de la criatura y tenía derecho a saber lo que tenía planeado hacer Bulma.

Llegaron a la oficina y ella preguntó con impaciencia - ¿Cuál es el botón?

-Emm… Creo que es ese verde de la esquina – dijo, indicándole hacia el tablero, bajo el monitor.

Bunny no esperó a confirmar y aproximándose al aparato presionó el botón.

Ambos contuvieron el aliento. Ninguno sabía realmente por que Bulma había dejado a Vegeta, más que lo poco que comentó de haberla engañado. Para ambos era poco probable, por no decir completamente imposible que ahora el príncipe estuviera con otra pareja, lo conocían lo suficiente para saber que él sería incapaz de algo así.

Luego de unos minutos eternos, en que el aparato solo emitía el sonido de intento de comunicación, apareció ante ellos una mujer de cabello negro.

Las mandíbulas de ambos cayeron.

- ¿Quiénes son ustedes?

Bunny se recompuso de la sorpresa inicial y dijo, lo más calmada que pudo - Hola, mi nombre es Bunny …y él es mi esposo, el doctor Briefs… Disculpa la intromisión, linda… pero ¿sabes dónde está Vegeta?

La muchacha los miró extrañada primero, después frunció y les dijo - No tengo ni idea de quién hablan… - respondió, encogiéndose de hombros - Ahora esta nave es mía y pagué por ella.

- ¡¿Qué?! ¿Quién te vendió la nave, muchacha? – preguntó el profesor, exaltado.

Li-Ka hizo un gesto de desagrado y dijo - No voy a decirles… ¿Saben? Ya no quiero hablar con ustedes.

La comunicación se cortó.

-Y ahora… ¿qué haremos? – preguntó Bunny, girándose hacia su esposo, comenzando a llorar.

-No lo sé, querida… - le respondió él, abrazándola y acariciando su espalda para consolarla - Creo que solo debemos confiar en que Bulma tomará la decisión correcta…

- ¿Y si le decimos la verdad sobre su hijo?

-No… Ya hemos hecho suficiente. No sabemos qué consecuencias habrá si seguimos inmiscuyéndonos, cariño.

La señora comenzó a llorar, apoyándose en el hombro de su esposo mientras volvían a la casa.

Luego del incidente del desmayo, Bulma se levanto a comer algo y volvió a su cuarto. Aquella revelación la había dejado totalmente descolocada, por lo que le costó conciliar el sueño, pero después de conseguirlo durmió mucho más de lo que esperaba, despertando pasado el medio día del día siguiente. Con lo que no contaba, era que junto con la noticia de su embarazo, aparecieron las náuseas y, aunque no vomitó, se sentía decaída y con un malestar estomacal que la puso de inmediato de mal humor.

Llegó a desayunar y encontró a su madre, que la esperaba con un más que contundente desayuno, obviamente pensando en que su hija ahora debía comer por ella y por un saiyajin.

-Hola, mamá…

-Oh, querida ¿durmieron bien?

Bulma solo hizo una mueca de fastidio. Bunny a pesar del gesto, intentó animarla - Ven… tengo un desayuno completo para ti… Hay hot cakes, carnes frías, fruta, huevos revueltos, tostadas, leche con chocolate y un delicioso jugo de manzana.

La cara de asco no se hizo esperar por parte de Bulma, por lo que se llevó las manos a la boca aguantando una arcada pero, al alejarse de la mesa un olor nuevo llamó su atención. Olfateó el aire con interés, aproximándose a una cacerola, y levantando un poco la tapa, preguntó - ¿Qué es esto?

- ¡Oh!… es carne que tengo rebosando para la cena…

La boca de Bulma se llenó de saliva, teniendo inclusive que tragar duro - ¿Puedo? -preguntó, destapando totalmente la cacerola.

-Em… supongo que sí, cariño.

Bulma no esperó a que su madre terminara de hablar y sacó un trozo, llevándolo con avidez a su boca.

-Mmmm… está delicioso…. -comentó, chupándose los dedos.

Bunny la miró con curiosidad y luego sonrió, comentándole - Supongo que se debe a su padre… ¿Sabías que Vegeta también hacía lo mismo? Ji, ji, ji… él creía que no me daba cuenta hasta que lo sorprendí un día, ji, ji, ji...

Bulma tragó lo que tenía en su boca y miró furiosa a su madre - ¡Ni me recuerdes a ese idiota!… Por su culpa estoy metida en este lío…

-Pero amor, aunque lo niegues eso no cambia el hecho de que estés esperando un bebé saiyajin…

-No por mucho tiempo… - murmuró, tomando otro bocado de carne y dándose cuenta enseguida, de que las náuseas habían desaparecido.

-Cariño, ya te dije que ese bebé no tiene la culpa… - le dijo Bunny a su espalda. Ella se giró de inmediato - Uy, ¿crees que no lo sé? Pero entiéndeme, mamá, no es el momento adecuado... No estoy lista para esto… No quiero ser una madre soltera ¡Nunca ha estado en mis planes serlo!

-Pero querida… no estarás sola… tendrás a tu hijo… y a nosotros

-No me importa. Tengo mucho que vivir aun antes de ser madre…

-Solo imagínalo, Bulma. Un bebé hermoso y fuerte, además de muy inteligente… ¿no te tienta la idea de presumirlo frente a tus amigos?

Bulma frunció - Mamá, creo que estás proyectándote en mí. Deja de presionarme…

-Bulma ¿Qué diría Vegeta si se entera?

- ¡Me importa un soberano cacahuate lo que opine ese miserable! – exclamó tomando asiento y cogiendo el vaso de jugo.

Dejó de ponerle atención a su madre… Debía tomar una decisión y que su madre le diera solo argumentos a favor de conservar al bebé, no ayudaba en nada.

- Bla, bla, bla… bla, bla, bla, bla… - era lo único que oía salir de la boca de la señora, por lo que sintió que su cabeza estallaría en cualquier momento y no aguantó más - ¡Basta!… ¡déjame en paz, mamá! – exclamó, poniéndose de pie - ¡Lo que decida hacer será mi problema! – salió de la cocina, pero al instante regresó y tomó varias cosas de la mesa, luego le dio una mirada de furia a su madre y volvió a salir para ir a encerrarse en su cuarto, donde dejó salir sus lágrimas mientras comía algunos hot cakes con la mano. Después simplemente arrojó el plato al suelo y se dejó caer de espaldas sobre su cama, exhausta.

- ¿Qué haré?... No puedo continuar con esto… Solo quisiera que todo fuera una pesadilla y al fin poder despertar… ¡Como me gustaría que Vegeta no se hubiese comportado como un idiota!... Sin embargo, si decido no tenerlo es mejor que nunca lo sepa…

Cerró sus ojos y cayó en un profundo sueño.

Por suerte para ella, durmió el resto del día, despertando a eso de las dos de la mañana, recordando inmediatamente su dilema y que tenía que continuar pensando en lo que haría. Resopló al sentir sus tripas gruñir nuevamente. Estaba harta y no quería ver a nadie, así que planeó su escape. Pero primero paso por la cocina e hizo un asalto a la nevera. Frunció mientras engullía, al recordar que el saiyajin hacía lo mismo cuando entrenaba.

Cuando quedó satisfecha subió a su habitación y reunió algunas cosas en una mochila. Hecho esto, fue a los laboratorios y sacó a escondidas una aeronave. La desencapsuló en el jardín, y subiendo en ella, partió sin rumbo fijo. Solo quería estar lejos de las miradas de compasión y ruego de sus padres. Lejos de su casa, que también le recordaba al culpable de su desdicha. Lejos de todo lo que pudiera afectarla en su decisión.

Al día siguiente Bunny fue a ver a Bulma, ya que era casi media tarde y le extrañó que no saliera a comer algo. Luego de dar unos golpes a la puerta, entró, pero su sorpresa fue mayúscula al darse cuenta que la muchacha no estaba en su habitación. La buscó por toda la casa y cuando tuvo la certeza de que no estaba en la propiedad, buscó a su esposo para darle la mala noticia.

El profesor estaba en la nave en la que llegó su hija, observando absorto las grabaciones de las cámaras externas, sorprendido por la inmensidad del universo y por los diferentes planetas captados en estas.

Cuando ingresó Bunny, justó se había encontrado con una escena muy tierna, a su parecer. Su hija estaba de pie, fuera de la nave preparando algunas cosas para ver algún espectáculo y unos momentos después Vegeta se le aproximaba, para luego acompañarla.

La señora al ver la imagen, se llevó una mano a su mejilla, olvidando por un momento lo urgente de su visita.

Luego de unos momentos, vieron en la pantalla, que Vegeta se aproximaba por detrás de Bulma y la rodeaba con sus brazos. Ella respondió a su abrazó girando un poco su rostro y besándolo en los labios. Así permanecieron un par de minutos, hasta que se apartaron y entonces, Bulma, mientras decía algo, comenzaba a jalarlo de la mano, hacia la nave.

Una lágrima rodó por el rostro de la mujer. No podía entender que esos dos tortolitos ahora estuvieran tan distanciados. Para ella era evidente que ambos se amaban, y de una manera tan profunda, que hacía que el amor de sus novelas quedara como un estropajo al lado de la relación de su hija con el saiyajin.

-Ay, ¡Pero que hermoso! - comentó con algo de pesar.

-Sí – le respondió el profesor, limpiándose una lágrima furtiva por el costado de sus anteojos - Es una verdadera lástima que se hayan separado.

La señora salió de su ensoñación y exclamó - ¡Casi se me olvida, querido!… ¡Bulma se ha marchado!

- ¡¿Qué dices?!

-La he buscado por todas partes y no está.

El profesor meditó un momento, luego del cual se cruzó de brazos y le dijo - Creo que lo mejor es dejarla sola…

- Es cierto, pero… si tan solo él estuviera aquí… - comentó la señora, viendo hacia la pantalla, donde estaba congelada la imagen del saiyajin mirando a Bulma, de una manera muy especial. Sin mirar a su marido, insinuó - ¿Podrías…

El profesor respondió de inmediato - Sí, te daré una copia de esa imagen para tu álbum, amor.

Bunny se sonrió, satisfecha.

El hotel donde se alojaba no era muy lujoso, pero pensó que eso no era importante. Tenía solo un ambiente, con vista al mar y un pequeño baño con tina. Había una cama grande, un par de sillones rústicos y una pequeña mesa. Lo sencillo del lugar no le importó, es más le pareció perfecto para ella. De todas formas, solo necesitaba un espacio tranquilo donde pensar. Además, la vista era maravillosa, desde el piso donde estaba podía ver perfectamente las puestas de sol y algunas pequeñas islas aledañas. Era ideal para poder sopesar todo y tomar una decisión en paz.

Había transcurrido casi una semana, desde que dejó su hogar y solo se había dedicado a dormir, comer y dar una que otra caminata por la playa. Pero aun no podía tomar su decisión, se sentía angustiada y muy confundida, ya que extrañaba a Vegeta, a pesar de maldecirlo de vez en cuando.

Ahora mismo estaba sobre su cama, abrazando sus piernas, mientras su vista observaba una parte del cielo azul que se alcanzaba a ver por sobre su balcón "¿Habrá decidido quedarse en el espacio y cumplir su sueño de emperador?... Tonta, le diste la oportunidad perfecta para que se alejara… ¿Me habrá olvidado? …Yo no dejo de pensarlo, y me gustaría que volviera... eso significaría que quiere estar conmigo y que comprendió que lo que hizo está mal… ¡Pero es que fue tan imbécil! Irse tras esa mujer y creer que yo lo perdonaría de buenas a primeras… ¿Qué mierda tenía en mente? ¿Quedarse con las dos?... ¡Maldito saiyajin!... No sé qué siento, mi alma se debate entre ir a buscarlo o esperarlo… ¿y si jamás vuelve? En ese caso tendré que aceptar que él no me amaba, como yo pensaba… O quizás, yo era la que estaba equivocada… Todos me dijeron que era un tipo malvado y yo me aferré a mi idea de que era diferente… que lo podía cambiar… Sin embargo, no me arrepiento de los días que pasamos solos… Se portó tan… humano. ¿Cómo fingir ese tipo de cosas?… Pero ¿Y si su plan fue usarme desde el principio?… Aun lo amo, pero lo odio ¿como lidiar con eso?"

-¡Ahhhh! – exclamó, mesándose los cabellos – Si sigo así mi cabeza estallará.

La plateada nave cruzaba el sistema solar, sobrepasando a los gigantes gaseosos y cruzando después, sin problemas, el cinturón de asteroides. Sus ojos se abrieron lentamente, mientras el gas se iba desvaneciendo. Divisó al fondo, aquella esfera azul, que tantos dolores de cabeza le había causado desde que supo de su existencia. Sin embargo, el sentimiento que lo agobio no fue de odio, sino de una profunda añoranza, casi melancolía. Apoyó una mano contra el cristal y sintió una especie de alivio, al ver como cada vez estaba más cerca de aquel planeta, que se mostraba en todo su esplendor. "Tan frágil como ella… podría destruirlos a ambos con solo desearlo…"

Poco a poco comenzó a disminuir el efecto de la hibernación, hasta desvanecerse por completo. Fue entonces que frunció molesto, culpando al efecto del gas por provocarle sensaciones tan patéticas.

Tenía planeado aterrizar justo en la Corporación, para hacer aspaviento de lo capaz que era de volver por sus medios y fastidiar a Bulma por pensar que podría deshacerse de él tan fácilmente. Además, si sus suposiciones eran correctas, aunque ella lo despreciara, no podría recriminarle su regreso, ya que, según él, ahora tenía tanto derecho como ella de vivir en la Corporación.

Sacó de su armadura el control de la nave y digitó algunas coordenadas, no pudiendo evitar que una sonrisa maliciosa se formara en sus labios "Haré una entrada diga del príncipe de los saiyajin..."

Nuevamente se oyó un ruido sordo en la corporación, pero esta vez no había sido en el jardín anterior, sino que fue en medio del jardín de flores, justo encima de la pagoda. Un gran cráter había hecho desaparecer casi por completo el lugar.

-Excelente – dijo con satisfacción, al salir de la nave y avanzar fuera del agujero, observando el desastre causado - Ahora saldrá a gritarme y podré sacarle en cara su patético intento de escape.

Para su mala suerte, no fue Bulma la primera que salió a recibirlo, sino Bunny, que al ver que era él el que aparecía desde las profundidades, corrió y lo abrazó como si fuera un náufrago que se aferra a una tabla en medio del océano. Vegeta se tensó por el contacto de su suegra, que casi lo tira hacia el cráter, pero no se atrevió a apartarla, prefirió esperar a que la mujer le dijese algo. Se mantuvo firme en su sitio, con los brazos a los lados pero comenzó a inquietarse cuando la sintió sollozar sobre su hombro.

- ¡Oh, Vegeta! ¡Qué bueno que has vuelto! – dijo al fin - ¡Es terrible!… ¡nuestra Bulma! – terminó gritando entre llanto.

Al oír "terrible" y "Bulma" en la misma frase, el saiyajin sintió un escalofrío recorrer su espalda. No esperó más y apartó a Bunny, tomándola por los hombros, para poder mirarla a los ojos y obtener más información - ¿De qué demonios está hablando? - Bunny se secó un poco las lágrimas y le dijo

-Bulma se ha marchado y planea deshacerse del bebé… ¡Debes hacerla recapacitar!

Vegeta abrió sus ojos y quedó helado. No esperaba que le confirmarán sus sospechas de esa forma. "Un bebé… Entonces estaba en lo correcto… pero ¿qué es eso de deshacerse de él? ¿acaso tanto me odia?... No puedo permitirlo. Es mi poderosa descendencia la que está en riesgo… Le demostraré quién es el príncipe de los saiyajin y que nadie puede interponerse a sus planes"

Luego del shock inicial, soltó a la mujer y se cruzó de brazos, volvió a su estoicismo y comentó, como si nada pasará, mientras su vista se desviaba hacia la casa - No me interesa en lo más mínimo… - gruñó, comenzando a alejarse hacia el interior de la casa – Estaré en mi habitación… Y dígale al profesor que necesito hablar con él más tarde, acerca de la nueva cámara de gravedad.

Bunny lo vio alejarse, mientras pestañeaba un par de veces. Sin embargo, se sonrió y terminó de secar su llanto - ¡Se ve muy guapo con esa barba!... Bulma no podrá negarse a volver con él y a conservar a nuestro nieto.

Dicho esto, y ya más tranquila, se dirigió a hablar con su esposo.

Mientras tanto, Vegeta subió a su habitación y se concentró en sentir la presencia de su compañera. Sonrió al encontrarla y poder corroborar por él mismo, que efectivamente la humana cargaba con su semilla "Ese es el ki saiyajin que había sentido en Temkari… Así que siempre fue ella… Por lo menos aún estoy a tiempo de impedir que cometa una estupidez"

Se dirigió al baño y se aseó, sin dejar de vigilar a Bulma. La sintió moverse por lo que decidió ir a buscarla inmediatamente. Ella estaba lejos y supuso que habría ido a algún lugar donde lograr su cometido. Así que salió con prisa y se vistió con lo primero que encontró, debía detenerla antes de que cumpliera con su amenaza.

Ese día Bulma se había animado a ir de compras. Dejó las bolsas en la entrada y suspiró cansada. Luego se miró en el largo espejo, cerca de la puerta y observó su rostro. Lucía radiante a pesar de lo poco que había dormido y su melena, peinada al lado, le daba un aire bastante juvenil. Además, notó con gusto que aún conservaba su figura, a pesar de tragar como un condenado a muerte.

Salió al balcón a meditar y ver el atardecer, mientras esperaba que le trajeran comida a la habitación. Su vestido veraniego se mecía suavemente por la suave brisa marina, junto con su melena. Algunas nubes oscuras se comenzaban a formar en el horizonte, señal inequívoca de que pronto llovería en la isla. Suspiró, apoyando sus manos en el borde del balcón y disfrutó de los colores que comenzaban a crearse por el paso de los últimos rayos que lograban traspasar aquel muro de negro y rosa algodón. Enseguida apoyó su codo derecho en el balcón, dejando descansar su rostro sobre su mano. Luego recorrió con su vista el cielo y con su otra mano acomodó un mechón tras su oreja, viendo como las nubes intentaban tapar al sol.

-Vaya lío en el que estoy metida… "Por más que lo pienso aun no me decido … Nunca imaginé que me embarazaría bajo estas circunstancias. Siempre soñé con una boda y que luego de eso planificaría un hijo o tal vez dos… ¿Qué haré? Definitivamente no es el mejor momento para tenerlo, no con esto de los androides a la vuelta de la esquina… ¿Qué tal si todo sale mal? ¿Podría ser capaz de cuidar de un pequeño en un mundo totalmente destruido? ¿Podré protegerlo de aquella amenaza?... Soy una mujer intrépida e inteligente, puede que logré sobrevivir a eso, pero es muy distinto cuidar el propio pellejo que proteger a un bebé – sacudió su cabeza con fuerza - ¡Es totalmente irresponsable!... ¿Y Vegeta? El me pidió un hijo, pero ahora no somos nada… Supongo que estará de acuerdo con no ser padre por ahora … De todas formas, a él solo le interesa ser el más fuerte y derrotar a Gokú, y siempre me advirtió que no quería descendencia… Pero ¿y si muere? ¿Sería muy egoísta de mi parte negarle la oportunidad de que sepa lo que es tener una familia propia? …digo antes de…"

Se irguió y exclamó - ¡Demonios! Necesito un cigarrillo con urgencia, pero… - dudo un momento - ¡Qué diablos! Solo será uno…

Recordó que en el pasillo había visto una máquina expendedora, así que salió del cuarto y un minuto después, volvió con una cajetilla. Cogió un encendedor de su mochila y se dirigió nuevamente al balcón, donde sacó un cigarrillo y lo golpeó contra la baranda. Después lo colocó en su boca, e iba a encenderlo, cuando su encendedor se apagó por una ráfaga de aire que se coló hacía el balcón.

Intentó nuevamente, pero otra vez aquella brisa entrometida se lo impidió, comenzando a frustrarse, por lo que optó por girarse de espaldas al mar para cubrirse de la brisa. Pero al hacerlo, su vista dio con un par de zapatillas. Subió lentamente su vista y el calzado era seguido por unos pantalones deportivos negros. Comenzó a temblar, sin atreverse a terminar su recorrido hacia el rostro del desconocido, aunque podía imaginarse perfectamente de quién podría tratarse. Tragó duro, armándose de valor y levantó finalmente su vista, para estrellarse con ese par de ojos negros, intimidantes y profundos, que la observaban fijamente.

- ¡¿Ve-vegeta?! – exclamó, retrocediendo unos pasos, chocando con el balcón.

Él se sonrió ladinamente - ¿Sorprendida, Bulma?

Bulma comenzó a balbucear primero, pero luego logró preguntar – Yo… Tú… ¡¿Qué haces aquí?! - el saiyajin le respondió, con un tono de muy pocos amigos - Si creíste que te podrías deshacer de mí tan fácilmente, estabas muy equivocada…

Bulma, apretó sus dientes y lo miró furiosa - Oye, para que lo sepas no lo hice para deshacerme de ti, saiyajin idiota. Sabía que en algún momento regresarías … Y si te dejé, fue por el bien de ambos…

Él la miro escéptico, mientras se le acercaba y le arrebataba de las manos el cigarrillo, la cajetilla y el encendedor.

- ¿Que-qué haces?… devuélvemelo… - le solicitó Bulma, mirándolo molesta, pero él hizo caso omiso y guardó las cosas en su bolsillo, mientras le respondía - No me hagas reír, embustera. No soy un maldito cachorro para que decidan que es bueno o malo para mí. Soy un saiyajin y yo decido lo que quiero o no quiero hacer…

Ella notó el resentimiento en las palabras de su ex. Era como si la estuviera culpando a ella de lo ocurrido y al mismo tiempo reafirmando que lo que hizo, lo hizo porque quiso. Eso le recordó que su traición aún estaba latente, y sin importar lo que él opinara, ella seguía pensando que fue la mejor decisión que pudo tomar - ¿Y qué querías que hiciera? ¿Qué me mantuviera a tu lado a pesar de lo que me hiciste?

-Ya te dije que tuve mis motivos para ello y que dejarás de cuestionarme…

- ¡Tú tampoco tienes derecho sobre mí para decirme que debo o no hacer!…

Vegeta frunció profundo, él si creía que tenía todo el derecho del mundo sobre ella - Sigues siendo mi maldita compañera te guste o no… - la científica pestañeó incrédula ante la declaración de él - ¿En serio? – preguntó de manera sarcástica – ¡Oh! Y yo que pensaba que lo nuestro se había terminado porque me fuiste infiel… - luego volvió a ponerse seria – Por si te perdiste de algo, cuando las parejas rompen es porque no funcionó… o acaso ¿tu dura cabeza de gigolo interestelar no lo puede comprender?

Vegeta soltó el aire, antes de responder - Tu eres la que no comprende o ¿acaso dije en algún momento que estaba de acuerdo con eso?

Bulma recordó que él le había dicho en alguna oportunidad que esa relación no podía romperse unilateralmente, por lo que encontró lógico su razonamiento, pero no se dejaría ganar por el saiyajin. Ella tenía la razón de su parte, lo encontró con otra, besándose. Era él el que debía aprender que eso no era parte del acuerdo y que con eso cualquier relación entre ellos quedaba totalmente anulada. Así que decidió contra atacar de manera hiriente, diciendo con los dientes apretados, cargando las palabras con veneno - ¿Disculpa?… ¡Oh! ¡Por supuesto! ¡Había olvidado que a su alteza había que notificarlo!... No, Vegeta. Me engañaste y es motivo suficiente para que se acabe lo nuestro – empuñó sus manos a cada lado, comenzando con sus descargos -… No puedo estar con alguien que sobrepone su infinito ego por sobre todas las cosas. No puedo estar con un idiota que apenas ve una cola meneándose corre a aparearse. No puedo estar con un imbécil que no puede entender que una pareja es algo que se respeta y no simplemente un pasatiempo… Ya tuve suficiente de eso. Ya tuve suficiente de sufrir por bastardos que solo buscan su beneficio personal, creyendo que una es idiota y que les perdonará todo, por el simple hecho de que los ama… ¡Ya no quiero más de eso! - terminó apartando su vista, ya que sintió las lágrimas saltarían en cualquier momento de sus ojos.

El saiyajin esperó a que terminara de desahogarse para comentar - Si tanto te interesa. No forniqué con ella…

La rabia se apoderó de ella. Volvió a mirarlo con los ojos vidriosos - ¿Es lo único que escuchaste?... Uy, ¡Eres imposible!... ¡Pero de todos modos te importó una mierda tener una compañera cuando besabas a otra!… - las lágrimas saltaron - ¡Acaso no soy suficiente mujer para ti, Vegeta! ¿tuviste que buscar a otra sabiendo todo lo que me había hecho sufrir Yamcha? ¡Me importa un rábano si la besaste o se la metiste mil veces a ese peluche pretencioso!

Vegeta la miró serio y le advirtió - ¡No me compares con ese insecto!… - enseguida se cruzo de brazos y le dijo - Además, tus ridículas conclusiones son erróneas.

- ¿Así que ahora estoy equivocada? Ja… Tengo toda la información que necesito. La buscaste, según tú, para poder conservar tu ridícula especie… La besaste para saber si sentías lo mismo que conmigo… Eso me recuerda… ¿sentiste lo mismo, Vegeta?

El saiyajin, que no apartaba su vista de ella, le respondió - Eso no es asunto tuyo…

La joven hizo una mueca con sus labios, desencajada por la respuesta de él - ¡¿Qué?!... ¡Eres un bastardo desgraciado!… N-no sabes cuánto te detesto, Vegeta -volteó su rostro, para que él no la viera llorar.

Ambos permanecieron en silencio unos segundos.

El saiyajin entrecerró sus ojos, de manera casi imperceptible, sin sacarle la vista de encima "… Le demostraré que no es la única que quedó hecha mierda con esa situación… No tenía derecho a abandonarme a mi suerte en esa porquería de planeta… le haré pagar caro por ello y por no querer entender mis motivos"

Decidió acortar aún más la distancia entre ellos y acorraló con su cuerpo a la mujer contra el balcón, dejando ambas manos apoyadas sobre la baranda. Bulma no atinó a nada más que a volver a mirarlo y apegarse más hacia atrás, sorprendida por la acción de él.

El saiyajin aspiró su aroma, cerrando los ojos un momento, mientras sentía hervir su sangre como hace mucho tiempo no le pasaba. Volvió a mirarla, apreciando como el pecho de Bulma subía y bajaba, en parte por la agitación de la discusión y en parte por lo que él le provocaba.

Deseaba poseerla allí mismo y hacerle pagar por todas las noches en soledad que se vio obligado a soportar, pero pensó que eso sería premiarla con sus atenciones. Así que simplemente acercó su rostro peligrosamente al de ella y le dijo, en un susurro amenazante - Créeme, Bulma, que el sentimiento es mutuo… Pero eso no quita que aún me pertenezcas…

Bulma se debatía entre besarlo y alejarlo, sin lograr decidirse. Tenerlo tan cerca, con su cuerpo presionando suavemente el de ella, simplemente le nublaba la razón, impidiéndole pensar con claridad. Además, su gravidez la hacía sentirse lujuriosa, y saber la explicación científica no le aliviaba en nada su excitación. Finalmente reaccionó y le dijo, mientras intentaba empujarlo por el pecho, inútilmente.

- ¡Yo no soy tu maldita propiedad, Vegeta!

Él no se molesto, por el contrario le sonrió burlón e hizo ademán de besarla, acercando sus labios a los de ella, sin llegar a rozarlos, mientras murmuraba con suavidad - Eso es algo que no puedes refutar, genio… Me perteneces al igual que el hijo que cargas…

Bulma lo miró a los ojos y retiró un poco su cabeza hacía atrás, dejando de empujarlo, para preguntarle

- ¿L-Lo sabes?... ¿desde cuándo?

Vegeta se separó de ella, sin quitarle la vista de encima, mientras volvía a ponerse serio - Eso no tiene importancia ahora… Lo que realmente importa es que ese crío me pertenece también…

Bulma lo miró incrédula - ¿Acaso te estás oyendo? Este bebé también es mío y está en MI cuerpo, no en el TUYO, por lo que puedo decidir si lo tengo o no… Y déjame decirte que, en este momento, lo último que quiero es ser la madre de tu hijo.

- Te equivocas, Bulma... Solo yo tengo el derecho de decidir si le permito vivir o no... Es un saiyajin y su vida está sujeta a nuestras leyes...

- ¡Y también terrícola!... ¡Estúpido egoísta! Solo piensas en tus intereses, sin tomar en cuenta lo que sienten los demás…

Vegeta no aguantó más. Él si se preocupaba por ella y se lo había demostrado abiertamente y no una, sino varias veces. Además, Bulma parecía obviar el hecho de que él intentó explicarse, pero que ella en su terquedad le negó su perdón, abandonándolo y dejándolo varado en Temkari. Y a pesar de todo eso, él estaba allí, frente a ella, reconociendo a la criatura como suya. Efectivamente comenzaba a detestarla, por lo que no soportó y la tomó sorpresivamente por el cuello con una de sus manos, suave pero firmemente, mientras se cargaba sobre ella.

-Escúchame bien, mujer, pues no lo volveré a repetir… Me entregarás al híbrido apenas nazca, de lo contrario te juro que soy capaz de destruir este planeta…

Bulma intentaba inútilmente zafarse del agarre de hierro del guerrero, pero a pesar de eso no dejó de mirarlo de manera desafiante, gritándole - ¿PARA QUE ESPERAR? HAZLO DE UNA MALDITA VEZ – Vegeta se descontroló un momento, respondiéndole - ¡ARGG! ¡NO ESTOY JUGANDO, BULMA!

-¡YO TAMPOCO, VEGETA!… ¡Tus vacías amenazas me tienen sin cuidado, idiota!

El saiyajin se la quedó mirando con furia un momento, tentado de apretar su agarre. Sin embargo, respiró hondo, buscando calmarse. Debía convencerla de otra manera, ya que parecía totalmente determinada a deshacerse de la criatura y eso era algo que debía evitar a toda costa. La detestaba por lo que le había hecho, pero la criatura que cargaba era suya y solo él podía determinar su supervivencia. Ella no lo quería entender, así que pensó que era momento de usar otra táctica, por lo que soltó a la muchacha y retrocedió un poco, cruzándose de brazos. La miró un momento y luego levantó una de sus cejas, al decirle – Bulma, te advierto que ya no soy aquel hombre amable que compartió contigo. El tiempo que estuve solo me recordó lo que soy realmente y como príncipe de mi raza tengo derechos y también deberes que cumplir… Tu tendrás a ese engendro y si para cuando nazca, no es lo suficientemente fuerte, me encargaré de asesinarlo con mis propias manos… Así te ahorraré hacer el trabajo sucio…

Los ojos de la muchacha se abrieron como platos - ¡¿Qué?! ¿Acaso estás loco? …

Vegeta frunció al responderle - Puede que para tu patética raza eso sea inconcebible. Pero sabes perfectamente bien que nosotros seleccionábamos cuidadosamente a nuestros gobernantes…

Bulma dudó un momento antes de preguntar - Y ¿Qué tal si es fuerte?

Vegeta cerró sus ojos y luego de meditarlo un momento, le respondió - Entonces me lo llevaré y no volverás a saber de nosotros…

Algo dentro de ella se removió, algo que identificó como sentimiento de soledad y abandono que se apoderó de su corazón. Miró a al guerrero, viendo la determinación de éste y le dijo - ¡NO!… Si llego a tenerlo se quedará conmigo y tendrás que vivir con la idea de que pudiste tener una familia y que lo arruinaste.

- ¿Arruinarlo? – preguntó incrédulo, volviendo a verla – Yo no arruiné nada. Tu decidiste unilateralmente que esto se había terminado… Pero finalmente me hiciste un gran favor…

- ¿? – lo miró confundida.

-Sí, Bulma… Comprendí que mi destino es ser odiado y temido, eso es algo que ni tu ni nadie podrá cambiar… Es como debe ser un emperador.

-Yo no te temo, Vegeta…

-Pero me odias… al igual que yo a ti.

Ella guardo silencio. No podía decirle que aún lo amaba, no después de aquella declaración.

Vegeta se sonrió internamente al ver la cara de decepción de la muchacha. Era exactamente lo que quería. Hacerla sufrir y verla arrepentida.

-Ahora que está todo aclarado entre nosotros, debo irme – dijo, avanzando hasta quedar a su lado en el balcón, pero con la mirada perdida en el horizonte. Colocó sus manos en la baranda y comentó, más para sí mismo – tengo un asunto pendiente con tu padre… Así que me quedaré en este planeta por un tiempo.

- ¡Yo no he aceptado nada!… - discrepó ella, para luego pestañear confundida - ¿dijiste que te quedarás en la Tierra?

Él la miró de soslayo un momento volviendo a mirar al frente para responder - No en la Tierra… Me quedaré en la Corporación.

Ella iba a replicarle, pero el saiyajin fue más astuto y antes de que siquiera alcanzara a decir algo, la tomó con una mano de las mejillas y presionó sus labios contra los de ella con total descaro.

Bulma sintió como su corazón latía con fuerza, manteniendo sus ojos abiertos, observando inmóvil, como el saiyajin la besaba con sus ojos cerrados por un breve instante.

-Ya está acordado – sentenció Vegeta, al apartarse de ella, para luego alejarse volando y desaparecer entre las nubes del cielo.

Bulma salió de su sorpresa y se giró hacia el balcón, sacando medio cuerpo para gritar, mientras levantaba su dedo medio, con sus dientes como cuchillas - MALDITO BASTARDO DESGRACIADO… NI SE TE OCURRA VOLVER A MI CASA. ¡TE HARÉ TAN MISERABLE TU VIDA QUE DESEARAS NO HABER CONOCIDO A LA GRAN BULMA!

Estaba tan molesta y frustrada que no se había percatado que un grupo de personas, tanto en la calle como en los edificios continuos la estaban observando.

Su rostro y orejas se pusieron rojos u momento, pero enseguida sonrió y dando media vuelta, entró disimuladamente a su cuarto. Una vez dentro se dejó caer sobre la cama de espaldas. No sabía exactamente por qué, pero a pesar de haber discutido con el saiyajin, se sentía un poco menos presionada luego de su visita. Sin embargo, se levantó de golpe y comenzó a reunir sus cosas, mientras comentaba - ¡Tengo que volver ahora mismo!… No puedo permitirle que se quede en mi casa. Será el padre de mi hijo, pero eso no le da derecho a volver a vivir conmigo. ¡Uy, solo me hace pasar rabias! - paró en seco al darse cuenta que inconscientemente ya había tomado una decisión.

–Después de todo, si lo pienso bien, puede que no tenga otra oportunidad de ser madre… Lo mismo que Vegeta, si llega a morir lo hará sin saber lo que es tener una familia propia, ...Pero el muy maldito dijo que me odiaba ¿lo habrá dicho en serio?... – Tomó su mochila y comenzó a guardar cosas desordenadamente – Es un cabezota. Está muy equivocado si cree que le pertenezco, como si fuera un objeto… Aquí en la Tierra las cosas son muy diferentes. Y si insiste en que soy su compañera, tendrá que adaptarse a mis costumbres le guste o no… ¡Esto no es Vegetasei!

Terminó de guardar lo que pudo en la mochila y prosiguió a encapsular sus compras – ¡No sabes con quién te estas metiendo, Vegeta!… Aunque debo admitir que se veía muy interesante con esa barba, ji, ji, ji...

Cuando hubo terminado, las guardó en un estuche y se quedó mirando las capsulas, pensativa. Luego sonrió - Supongo que… por algo pasan las cosas y solo me queda esperar que todo salga bien. Tal vez sea una tontería, pero creo será emocionante tener un hijo, debo verlo como una nueva aventura y a eso jamás le he hecho el quite… - metió el estuche en un bolsillo lateral de su mochila, agregando - Además, supongo que mi madre tiene razón… Este pequeño ser no tiene la culpa de que su padre sea un idiota y si ese saiyajin egoísta quiere asesinarlo o llevárselo después, tendrá que vérselas conmigo… ¡y con mi ejército de amigos!- se llevó las manos a su vientre y suspiró - Espero que sea una niña… ¡eso sí que sería divertido! …

Un par de golpes la sacaron de ensoñación.

-Señorita Briefs. Le traigo la cena.

-Sí, adelante… - respondió, yendo hacia la puerta, para recibir su comida.

La noche ya había caído en la Capital del Oeste cuando el saiyajin llegó a la Corporación. Para su sorpresa el profesor estaba en la entrada, al parecer esperándolo

-Hola, Vegeta… te tardaste – le comentó.

-Hmn… Sí, pero no por los motivos que piensas.

El anciano lo miró extrañado. Luego le dijo, con amabilidad - Bueno, ya que estás aquí. Dime ¿Qué necesitas?

Vegeta lo miró intrigado. El sujeto se veía demasiado tranquilo para la situación que estaba viviendo. Después de todo su hija se había marchado y hasta donde se suponía que el anciano sabía, planeaba matar a su nieto.

- ¿Qué tramas? – le preguntó con brusquedad.

El profesor se sobresaltó - Nada, muchacho… Mi esposa me dijo que querías hablar conmigo… Además, quería comentarte que la cámara de gravedad está lista para que la uses, sin embargo…

-¿?

-Bueno… es que Bulma me dijo que habían traído un material nuevo…

Vegeta comprendió de inmediato que ambos querían lo mismo. Él necesitaba un lugar donde entrenar sin que nadie supiera de sus avances y el anciano parecía estar ansioso por complacerlo. Se alegró por no tener que explicarle al padre de Bulma sus intenciones.

Sin decir nada, se dirigió a la nave que estaba en el ante jardín y volvió con las capsulas que contenían el material de Kedrat.

- Aquí está… - le dijo, entregándole las cápsulas - ¿Cuánto tiempo te tomará?

-Mmm, no lo sé con exactitud… - respondió el profesor, recibiendo los pequeños objetos, llevándose la mano a su barbilla para agregar – depende de la maleabilidad del elemento y del…

Vegeta frunció – Solo avíseme cuando este todo listo.

Iba a retirarse cuando el padre de Bulma nuevamente le habló - Vegeta… este… ¿cómo está Bulma?

El saiyajin lo miró a los ojos y respondió con seguridad - Pregúntale tú mismo… Ya debe venir en camino… Ah, y antes que lo olvide. ¡Tu sistema de hibernación era espantoso! - le reclamó y sin esperar respuesta, se marchó.

El profesor lo miró extrañado mientras se alejaba y luego sonrió. Estaba seguro que su yerno había conseguido lo que ellos no, pero no quiso indagar en que pudo haber fallado en el sistema de hibernación de la nave.

Vegeta caminó rumbo a la cocina, pero decidió hacer un desvío para ir a echarle un vistazo a su nueva cámara de gravedad. Había visto los planos antes de llevarse a Bulma, por lo que conocía perfectamente la ubicación de la misma y su funcionamiento.

Al ingresar quedó fascinado con lo amplio del lugar, era por lo menos dos veces más grande que la nave, y seguía la línea de la propiedad con su forma de domo. Definitivamente no era lo mismo verlo en papel que ejecutado.

Sobre su cabeza podía ver el generador de gravedad, un enorme circulo gris, que reemplazaba al estorboso sistema central de la nave. Sonrió complacido, mientras recorría el interior, imaginando todo lo que podría incrementar sus poderes en aquel lugar.

- Esto si es digno de mi estirpe… - comentó, pero enseguida sus tripas gruñeron y emprendió camino a la cocina.

Una vez allí, revisó los robots, descubriendo que la madre de Bulma le había dejado bastante comida preparada y sonrió, ya que extrañaba demasiado la comida terrícola. En todo el universo era lo mejor que había probado y, a pesar de haber disfrutado su soledad, no tenía planeado volver a vivir como indigente nuevamente. Ya había tenido suficiente de alimañas y cosas que no podía identificar. Además, en la Tierra tenían jabalíes, que era lo más parecido a la carne que consumían en su planeta o como la recordaba.

Iba a disponerse a comer cuando sintió el ki de Bulma y de su descendiente moverse "Vaya, vaya… ¿Te hice enojar?... Tú no sabes lo que es estar en el infierno, pero pronto lo averiguarás… No sabes lo que te espera, mujer… y lo mejor de todo es que yo no necesitaré mover ni un dedo para cobrarme … Solo necesito un día y eso es lo que me darás…"

No pudo evitar carcajearse solo en la cocina.

- Ja, Ja, Ja…

Estaba por amanecer en la montaña Paoz.

Cerca de un risco, el namekuseijin meditaba, mientras levitaba.

Por entre los arbustos apareció un hombre de pelo alborotado, solo vestido en ropa interior blanca.

-Piccoro, Piccoro… ¿estás despierto?

- ¿Qué demonios quieres, Gokú?

-Volvieron.

Piccoro se concentró en sentir la presencia de Vegeta. Efectivamente estaba en la Tierra, pero también notó que la mujer no estaba con él, además casi no recordaba su ki por lo que no podía saber si estaba en lo correcto o no. Se enfadó, pues el saiyajin que lo interrumpía, tenía más desarrollada que él la capacidad de sentir a los demás, pero no le dio más importancia.

- ¿Y para eso me molestas?...

-Creí que no lo habías notado… Trunks ya está en la panza de Bulma…

El hombre de tez verde abrió uno de sus ojos y lo miró de soslayo, molesto. Él no alcanzaba a sentir el ki del muchacho, por lo que solo le dijo – Si ya lo concibieron, entonces déjalos en paz.

-Lo haré… ¿Pero no te emociona saber que las cosas están sucediendo tal como nos dijo el Trunks del futuro? ¡Ya quiero que aparezcan esos androides!

Piccoro frunció y decidió usar la artillería pesada para deshacerse del intruso - Tu esposa… ¿sabe que te saliste? - el hombre hizo un mohín con sus labios, fingiendo enfado y luego sonrió - ¿Quieres ir a despertarla acaso?

Piccoro frunció aun más, mientras una vena se asomaba en su sien. Volteó a verlo y le advirtió - Vete a dormir, Gokú… recuerda que en unas horas iremos a entrenar al desierto.

El saiyajin lo miró un momento y luego comentó - Está bien, Piccoro… pero ¿A que no sabías que llegaron aparte?… Vegeta debió meter la pata esta vez…

-Mhgr… No insistas.

Gokú se puso serio y dijo - De acuerdo… Hablamos después, Piccoro.

-Mhgr…

Gokú uso la tele transportación y volvió a su hogar, apareciendo en su habitación. Se iba a meter e la cama pero se quedó observando a su esposa un momento. No supo por qué, pero sintió la necesidad de decirle algo a su mujer, por lo que se acostó quedando de frente a ella, que dormía plácidamente. Se acomodó muy pegado a ella y la abrazo, murmurándole al oído - Te quiero mucho, Milk

-Mmm…

No obtuvo respuesta, pero una sonrisa se dibujó en sus labios, mientras acomodaba su cabeza pegada a la de su esposa y cerraba sus ojos para descansar.

La oscuridad era casi absoluta en el espacio que ocupara antes el jardín de flores, de no ser por las tenues luces de la construcción central que iluminaban el corredor externo. La sombra del saiyajin avanzó lentamente sobre el cráter que había dejado al aterrizar. Descendió suavemente hasta el centro y metió medio cuerpo en su nave, comenzando a buscar las cosas que había traído con él, de sus viajes.

Sin embargo, su atención se fijó en un elemento faltante. Frunció molestó y comenzó a examinar minuciosamente el lugar, encontrando un pequeño rastro que coincidía a la perfección con su pertenencia desaparecida.

Siguió las huellas por unos minutos hasta que por fin dio con el responsable. Se cruzó de brazos y comentó, esperando sorprender al intruso - Creí que las sabandijas como tú no tenían tanta suerte…

El sospechoso volteó su cabeza, para verlo con espanto, para después huir hacia el jardín de las mascotas. Vegeta se sonrió y le amenazó - No serás tan estúpido de esconderte de mí, malnacido… Sabes que ahora vivo aquí y que en cualquier momento puedo hacerte trizas - lo vio huir con desesperación y caminó con toda calma detrás del ladrón, divertido por la situación, dándole alcance en el jardín techado. Alcanzó a atraparlo entre sus manos, justo antes de que se escondiera en un charco.

La criatura comenzó a agitarse desesperada bajo el férreo agarre del saiyajin, pero éste no lo soltó, en cambio le arrebató la pequeña bolsa de cuero de un tirón, mientras le decía -S abes que eso no te sirve de mucho ¿Qué planeas hacer? ¿Enfurecerme?... Ni eso logras hacer ahora, ja, ja, ja… No eres más que la triste y grotesca sombra de lo que eras.

-Guerep! Guerep! - replicó, con pánico la rana Guiniú, juntando sus patas, a modo de rogar por su vida.

- ¿Misericordia? Ja, Ja, Ja… Hoy no está el estúpido de Kakaroto para salvarte…

Comenzó a aplastarlo despacio, viendo como los ojos del pequeño animal comenzaban a saltarse. Pero justo cuando la rana estaba por desmayarse, la señora lo interrumpió.

-Yujuy, … Vegeta ¿eres tú?

Vegeta rodó sus ojos con fastidio y gruñó, dejando de estrujar a la rana - ¿Qué quiere ahora?

Bunny se aproximó y pudo ver al animal sufriendo en las manos de su yerno - ¡Oh!… ¿Qué estás haciendo?

El saiyajin no soltó su agarre para responder - Si no se le ofrece nada, es mejor que se vaya… - pero Bunny no le hizo caso y tomó por fuera las manos del saiyajin, diciéndole - No, Vegeta… Suelta a ese pequeño…

Comenzó un breve forcejeó, pero finalmente Bunny ganó, quitándole la rana.

- ¡Guerep!- logró al fin decir Guniú.

-Pobrecito inocente – dijo Bunny, acariciándolo.

El saiyajin exclamó, notablemente molesto - ¿Inocente? Ese desgraciado me acaba de robar

La señora miró a la ranita - ¿Eso es cierto?

La rana negó y juró con sus patitas, a lo que Bunny hizo un gesto de compasión y se acuclilló para dejar ir a Giniú. Luego volvió a ponerse de pie y miró a Vegeta - Querido… Si estas aburrido ¿porque no me acompañas? Venía a decirte que preparé un postre y como mi esposo está ocupado, se me ocurrió que sería buena idea compartirlo contigo…

El saiyajin solo volteó su rostro y frunció profundamente - ¡Tsk!

-Vamos – dijo, tomándolo del brazo y arrastrándolo hacia el edificio – Así me cuentas como salió todo… Aunque tu buen humor me lo dice todo…

El saiyajin accedió. Aunque le desagradaba la idea de aliarse con los padres de Bulma, estaba decidido a todo con tal de hacerla pagar por su abandono, y compartir con la señora sería una buena forma de comenzar a llevar a cabo su venganza.

La tormenta ya estaba sobre la isla cuando Bulma salió del hotel. No le dio importancia y subió a su aeronave, sin embargo, algunos rayos comenzaron a amenazar con alcanzarla. Hábilmente maniobró la nave, pero no pudo evitar lo que sucedió a continuación.

- ¡Oh, Maldición! Seguramente este es mi día de suerte… - exclamó, viendo que la luz de alerta de combustible comenzó a titilar.

Miró hacia abajo y buscó donde descender. Por suerte para ella divisó un faro a un par de kilómetros de donde estaba. Viró y se dirigió hacia aquella luz, descubriendo que se trataba de una ciudad puerto, por lo que no dudo en descender. Una vez en tierra firme encapsuló el vehículo, comenzando luego a buscar donde pasar la noche. Caminó un buen rato bajo la lluvia hasta que al fin encontró un pequeño hostal, al que llegó toda empapada.

Se dio una ducha y se dispuso a dormir, sin saber que era vigilada desde la distancia por un vengativo y orgulloso nativo de Vegetasei, que, a pesar de estar ocupado en otros asuntos, estaba atento a su ubicación en todo momento.

Así fue que tuvo que posponer su salida para la mañana siguiente. Lamentablemente para ella, despertó casi al mediodía y por lo mismo se apresuró en dejar el hostal y salió en busca de un surtidor donde cargar su nave. Pero un hambre feroz la hizo buscar primero donde comer y sin pensarlo mucho decidió que el puerto era la mejor opción, ya que era más que seguro que encontraría sushi y moría por algo de carne cruda.

Mientras, en la Corporación, el señor Briefs estaba en su oficina, terminando de revisar los planos de la cámara para su perfeccionamiento, pero fue interrumpido por el sonido de su compuerta, por lo que levantó su vista y lo vio, de pie en la entrada.

- Profesor, requiero de un dispositivo de comunicación – exigió Vegeta ingresando, como siempre.

-Hola, muchacho. Creí que habías acompañado a mi esposa…

Vegeta le dio una mirada de muy pocos amigos.

- Descuida… - continuó el profesor poniéndose de pie, ignorando el berrinche del saiyajin con una sonrisa - Creo que tengo algunos en mi laboratorio… ¿es para uso portátil?

-No – respondió, dando un par de pasos hacia la mesa - Necesito uno para la nave en que llegué.

El profesor lo quedó mirando un segundo, pero de inmediato le preguntó extrañado - ¿Planeas marcharte?

Vegeta llevó sus manos a las caderas - Hmn… Aun no lo he decidido… Dime ¿en cuánto tiempo estará lista la cámara?

- Bueno, según mis cálculos, en un par de semanas… Supongo que será suficiente tiempo para que a mi hija se le pase el enojo… - bromeó.

- No digas estupideces – le reclamó molesto, luego volteó su vista hacia los planos y agregó, más calmado - No me importa si está furiosa… Ya se acostumbrará… Ahora lo urgente es volverme aún más fuerte y en este lugar no puedo entrenar cómodamente… "Aun no comprendo el por qué, pero estoy al mismo nivel que ese inútil de Kakaroto…"

El profesor comprendió de inmediato que el saiyajin estaba herido en su orgullo y posiblemente también en su corazón, así que intentó animarlo - Está bien. Le haré las modificaciones necesarias a alguno y lo dejaré instalado en tu nave para que puedas viajar hoy mismo, si quieres.

-Perfecto… Mientras antes mejor – comentó, dando por terminada la conversación, comenzando a retirarse. Sin embargo, recordó algo y volteó a ver nuevamente al profesor, mientras se cruzaba de brazos - ¿Sabes algo, anciano? A pesar de todo, te has vuelto alguien de mi entera confianza, por lo que te solicitaré nuevamente tu cooperación…

-¿?... Gracias, muchacho… Pero dime ¿de qué se trata esta vez?

El saiyajin se quedó pensativo un momento y luego dijo - Bulma no debe saber bajo ninguna circunstancia que me he ido … eso podría afectarle.

- ¿Quieres que le mintamos?

Vegeta se sonrió - No exageres. Será solo una mentira piadosa, como dicen ustedes…

-De acuerdo, pero va a estar difícil… Es obvio que sabe que estás en la Tierra, por lo que no dudará en buscarte…

-Hmn… Por eso necesitaré de tu ayuda. Ella debe creer que estoy aquí… Ya se te ocurrirá algo – diciendo esto salió finalmente.

Bulma permanecía sentada en una mesa con vista al mar, observando a unos hombres que se disponían a salir de pesca. Su vista se fijó en uno de los sujetos que cargaba un balde metálico, lleno hasta el borde de gusanos y comentó para sí misma

- ¡Wow! ¡Eso es a lo que llamo una buena carnada!

Sonrió al recordar la vez en que descubrió que esa era una de las debilidades del saiyajin. "Asco, dijo él… ja, ja, ja… Eso era pánico y no lo puede negar… Eso de hacerse el tipo rudo no le funcionará conmigo. No tiene ningún derecho a tratarme como lo hizo... Pero, a pesar de ello, me alegra que esté bien y que haya podido regresar… ¿Cómo haré para que acepte que hizo mal? No fue capaz de decirme que me amaba, mucho menos conseguiré que se disculpe siquiera… Maldito mono idiota. Tan solo de recordar cuando lo vi besándose con esa tipa me hierve la sangre… Sin embargo, me encantaría volver a tener eso tan especial que compartimos… Lamentablemente deberé pedirle que se vaya de mi casa, a pesar de haberle dicho que se podía quedar. Pero es que no podría soportar verlo a diario si sigue en ese estúpido plan de creer que soy su propiedad… y de que lo que hizo fue por el bien de su raza"

Terminó de comer y recorrió un poco los muelles antes de marcharse. En su casa la esperaba una verdadera batalla para lograr delimitar su territorio ante ese quisquilloso saiyajin.

El saiyajin se disponía a ir a la cocina por algo de comer antes de preparar su nuevo viaje cuando se encontró con Bunny en un de los corredores.

-Joven y apuesto Vegeta ¡Qué bueno que al fin te encuentro! Ven, acompáñame – dijo la señora jalándolo del brazo, obligándolo a seguirla.

- ¿Hum? - hizo al verse sorprendido - ¿No le dije que se encargara de todo? – respondió, intentando zafarse del agarré de la señora inútilmente.

-Lo sé, querido… pero ¡es que es perfecto! Tienes que verlo…

Una vez llegaron a destino. Vegeta se vio libre y observó el lugar.

- ¿Qué opinas? - le preguntó Bunny.

Vegeta no dijo nada, pero la señora lo miraba atentamente, esperando cualquier reacción. Al ver que el saiyajin sonreía casi imperceptiblemente, exclamó - ¡Oh! ¡Sabía que te gustaría! Y el otro es igual de encantador… ¡Tienes que verlo! – exclamó, volviendo a arrastrarlo.

Vegeta aguantó estoicamente, después de todo había estado totalmente de acuerdo con lo propuesto por Bunny.

Bulma condujo toda la tarde, hasta que a eso de las diez de la noche al fin aterrizó en la Corporación.

Encapsuló la aeronave y se quedó de pie en medio del jardín "Tengo que hablar ahora mismo con ese canalla"

- ¡VEGETA! -gritó con todas sus fuerzas - ¡VEGETA, SAL AHORA MISMO!

No tuvo más respuesta que la voz de su madre, que avanzaba hacia ella desde la puerta principal

- ¡Querida, estás de vuelta!... ¿Pero que son todos esos gritos?

- ¿Dónde está?

- ¿Quién? - le preguntó extrañada la señora.

-Vegeta, mamá… ¿Dónde está ese desquiciado?... – puso sus manos a modo de bocina - ¡VEGETA!

- Cariño, creo que Vegeta salió un momento – le aclaró su madre - Luego lo saludas ¿Por qué no entras para que platiquemos mientras lo esperas?

Bulma miró a su madre y asintió derrotada. Acto seguido, la abrazó, como si no la hubiera visto en mucho tiempo y no pudo evitar que sus lágrimas saltaran de sus ojos - Mamá. ¡Lamento mucho haberlos preocupado!

-Lo sé, mi amor… - dijo Bunny, dándole unas palmaditas en la espalda. Acto seguido, se apartó y jaló la mano de su hija para que la siguiera a la casa.

Una vez dentro, Bunny se sentó en el sofá de la sala, haciéndole un gesto a la muchacha de que la acompañara - Ven, siéntate, querida… Debes estar cansada.

Bulma aceptó la invitación de su madre. Dejó su bolso a un lado del sofá y en eso apareció su padre

- Es bueno tenerte de vuelta, hija…. Y dinos ¿Cómo estuvo tu viaje?

-Bien, me sirvió para poder ordenar mis ideas y relajarme…

-Eso es maravilloso – comentó el profesor.

Bulma los observó con suspicacia - Oigan… acaso ¿Ninguno de los dos va a preguntarme sobre lo que decidí?

Ambos se miraron de manera cómplice. Ella lo notó - ¿Qué me están ocultando? - su madre respondió

-Bueno… Lo que pasa es que Vegeta nos contó todo...

Bulma tragó saliva - ¿Todo? ¿A qué te refieres con todo?

-No te preocupes, Bulma… - le recomendó su madre, agregando enseguida con picardía – No nos dijo nada íntimo, solo nos dijo lo importante.

- Pero ¿qué fue lo que les dijo?

-Oh, No mucho… tu sabes como es...

Bulma bajó su vista un momento - Supongo, entonces, que ya saben que decidí tener al bebé.

-Sí, amor – confirmó su padre – Y queremos que sepas que te apoyaremos en todo lo que necesites.

-Gracias – dijo ella, con un hilo de voz "¡Qué afortunada soy! Ellos siempre terminan apoyándome en todo, no importa lo descabellado que sea… Son los mejores."

Bunny al ver que su hija parecía perderse en sus pensamientos, le aconsejó - Debes estar exhausta… ¿Por qué no vas a descansar? Te llevarás una gran sorpresa…

- ¿una sorpresa dijiste?

-Sí, querida… hicimos algunos cambios en tu habitación. Pero es mejor que lo veas con tus propios ojos.

-¿? – Bulma los miró intrigada.

-Ve a descansar, hija – le dijo el profesor - mañana hablaremos y nos contarás como te fue en tu viaje.

Ella negó con su cabeza – No. Primero díganme de que se trata todo esto ¿Por qué actúan tan sospechosos?

-No te exaltes querida… Vegeta nos explicó que los embarazos saiyajins eran muy complicados…

- ¿Complicados? - preguntó extrañada - ¿cómo que complicados?

-Sí, Vegeta nos comentó que los bebés saiyajins solían hacer que sus madres desarrollaban una extraña condición que las volvía paranoicas con episodios de histeria… Lo importante es que no te exaltes, ya que eso es un gatillante de…

Bulma se puso de pie, y comenzó a pasearse mientras exclamaba - ¡¿Qué no me exalte?! ¡¿QUÉ NO ME EXALTE?!... Pero… ¡¿Qué no se dan cuenta que esta es una conspiración en mi contra?! … Yo estoy perfectamente bien…. Soy una humana, a pesar de que cargue con un hijo mitad saiyajin… ¡Maldito infeliz!… ¿Y ustedes le creyeron ese montón de basura?

-Tranquila… - dijo, su padre - Él solo quiere ayudar. Además, nosotros no sabemos cómo reaccionará tu organismo al contener un embrión de otra especie…

Bulma frunció. Conocía perfectamente esa mirada de su padre - Papá, ni se te ocurra tratarme como a un experimento…

Bunny, agregó tratando de volver al tema - Tu padre tiene razón… Vegeta está muy preocupado por ti… Además, nos dijo de la situación de ustedes…

- ¿De qué situación hablas?

Su madre comenzó a explicarle - Bulma, cálmate, por favor… Ya sabemos que ustedes están unidos, por las leyes de su raza… ¿Por qué no nos dijiste?... – junto sus manos contra su mejilla, empezando a divagar - Aunque yo hubiera preferido que tuvieran un matrimonio terrícola… Podrían hacer de igual forma una ceremonia…

Los ojos de Bulma se abrieron como platos - ¡¿QUÉ?!

- Ay, sí, querida… una ceremonia de matrimonio, con un vestido, pastel e invitados… ¡Que guapo se vería Vegeta de frac!

La vena de la sien de Bulma comenzó a expandirse - No eso, mamá… ¿Vegeta te dijo que somos esposos?

- ¡Oh, eso!... – respondió Bunny - Bueno, no así… Pero lo importante es que hayan aclarado sus diferencias… ¡Ah! Y mencionó también que tiene planeado instalarse definitivamente… ¡Aquí, contigo!... No sabes cuánto me alegré cuando me lo dijo, sobre todo por nuestro nieto... Como dijiste que estaban separados…

Bulma ahora sí que explotó - ¡Aun estamos separados! ¡No somos compañeros, ni esposos, ni nada!

Su madre quedó con la boca abierta.

Ahora, fue su padre el que preguntó - ¿Eso es cierto, querida? Pero se supone que fue a hablar contigo…

Bulma volteó a ver a su padre - Sí, papá. Él fue a verme al hotel donde estaba… - después murmuró - pero solo a fastidiarme y a decirme un montón de cosas que yo sinceramente no acepté…

Su padre se quedó en silencio un momento. Luego le dijo - Pero dime, hija… ¿acaso hizo mal en ir a buscarte?

Bulma se quedó en blanco. La verdad era que la visita de Vegeta no solo había terminado convenciéndola que debería tener a su bebé, aunque fuera en parte para darle una lección, sino que también la había tranquilizado el saber que él estaba bien y de vuelta en la Tierra.

Suspiró y bajó la vista para decir - Supongo que no… – luego volvió a mirarlos - ¡Pero eso no significa que lo aceptaré tan fácilmente de vuelta en mi vida!

-Querida… - dijo su madre, posando una mano sobre la de Bulma.

-No, mamá… - reclamó, retirando su mano - ¡No lo soporto! Es un cretino egoísta y convenenciero.

Su madre se sorprendió ante su respuesta. Sin embargo, la miró con dulzura, mientras comenzaba a divagar - A mí me ocurría lo mismo con tu padre ¿verdad, cariño? – preguntó, buscando complicidad en su esposo, quien asintió mientras ella proseguía - Cuando estaba encinta había días en que no lo soportaba ni a diez metros de distancia… Una vez lo corrí de la casa y no pudo volver hasta el día en que Tights nació… Ya verás que se te pasará…

Bulma comenzó a molestarse en serio. Sus padres no parecían comprender que ella era víctima de una maquinación del saiyajin y que ellos eran parte de ésta.

-MAMA… TU NO ENTIENDES NADA – gritó.

Su madre frunció - Entonces ¿por qué no nos cuentas que tan terrible fue lo que hizo el adorable de Vegeta, según tú, para que lo odies tanto?

Bulma se quedó mirando a su madre y luego suspiró. Estaba segura que Vegeta había usado toda su artillería con su mamá. Se lo imaginó siendo todo un caballero como el primer día que llegó a su hogar. Sí, definitivamente podía ser encantador cuando se lo proponía "Es un maldito cínico… Seguramente se comportó como un verdadero príncipe y con eso se los echó a la bolsa… Es muy astuto… No, no lo odio… Pero no puedo creer de lo que es capaz con tal de conseguir sus objetivos… Lo mejor será contarles… Es la única manera de dar vuelta las cosas a mi favor y vean lo psicópata que es" Bajó su tono para decir - Yo… la verdad es que no lo odio… Solo que es complicado de explicar… - tomo aire antes de seguir – No voy a mentirles… Nosotros estábamos bien… De hecho demasiado bien, hasta que lo sorprendí besándose con otra…

Su madre no pudo contener lo que dijo - Pero a Yamcha también y no una vez… y aun así volvías con él como si nada...

Bulma se sentía traicionada por sus padres, pero aun así tuvo que reconocer que su mamá tenía razón. Sin embargo, había una diferencia: el saiyajin había reconocido su interés en tener hijos con otra. Era momento de decirle a sus padres lo ocurrido.

Colocó sus manos sobre sus rodillas, mientras su mirada se fijaba en la mesa frente a ella - Bueno, es mejor que lo sepan de una vez… - suspiró y agregó con seguridad - Él encontró a una mujer que aparentemente era una saiyajin…

Sus padres solo la observaron atentamente y Bulma se animó a continuar - Bueno, era una mujer que se veía como un saiyajin, con todo y cola… Era de esperar que Vegeta omitiera esto, pero, en fin… Él no sabía que era una alienígena con la habilidad de transformarse en otras cosas, tal como lo hacen Puar y Oolong… - hizo una pausa antes de proseguir, pues el tema aún le afectaba. Sus ojos se volvieron vidriosos - … Yo lo descubrí y entonces él… Él me confesó que lo hizo porque tenía el deber de continuar con su raza… ¡Se portó como un idiota descerebrado!… - terminó dejando escapar algunas lágrimas, porque solo recordarlo le partía el alma.

Sus padres le dieron un poco de espacio para que se recompusiera. Ella suspiró y pasó sus manos por sus mejillas. Estaba segura de que su argumento era más que convincente para que sus padres comprendieran su postura.

-Pobrecita, hija mía… - dijo Bunny, muy afligida. Sin embargo, su pena solo le duró un instante, porque al siguiente agregó emocionada y con la clara intención de animarla - ¡Pero él ahora está aquí!… Vegeta siempre vuelve a tu lado, a pesar de lo tímido y antisocial que es… Además de reconocer que tú eres su esposa… ¿eso no te dice nada?

-¡¿?! ¿Qué no escuchaste? ¡Tenía en mente acostarse con otra!

Bunny ni se inmutó - Hijita, debes recordar que él es un príncipe y tiene deberes para con su poderosa raza...

Bulma reaccionó ante esto abriendo sus ojos en sorpresa. Esas palabras eran definitivamente de Vegeta, lo que la hizo sospechar que probablemente él ya había contado su versión de la historia.

- Era de esperarse… - dijo poniéndose de pie y luego apuntando a su madre - ¡Estás de su parte! ¿Cómo no me di cuenta antes?

-No, querida… - respondió Bunny, con naturalidad - Yo no creo que te haya sido infiel. Simplemente cumplía con su deber y me imagino que debió ser muy difícil para él tomar esa decisión…

- ¿Difícil? Eso nada más me demostró lo imbécil que es… TODOS LOS HOMBRES SON IGUALES… - miró a su padre, dándose cuenta que estaba siendo demasiado extensiva en su declaración y le dijo, mirándolo con cariño - Excepto tu papá… ojalá hubiera conocido a un hombre como tú…

el profesor se sonrió - Gracias, Bulma… pero, aun así. No creo que Vegeta sea un mal muchacho…

Bulma se cabreó. Esperaba encontrar apoyo, aunque sea en su progenitor pero tal parecía que ambos estaban embobados con el saiyajin - ¡SUFICIENTE! - gritó - ¡A ustedes les lavó el cerebro!… No volveré con él, criaré a mi bebé sola y le mostraré a ese idiota de lo que se perdió por traicionarme…

Su madre exclamó - ¡Pero él es el padre de la criatura!

-Me importa un rábano que lo sea… ¡Este bebé es solo mío!… - dijo llevando una mano a su pecho - ¿No les contó que si no nace fuerte planea asesinarlo?

Los señores Briefs pusieron cara de circunstancia. Sin embargo, a pesar de las palabras de la muchacha, ambos sonrieron - Solo debió decirlo para hacerte recapacitar… Además, tu pensabas hacer lo mismo- dijo su madre.

-Estoy de acuerdo, querida… él no sería capaz…

- ¡NO LO QUIERO CERCA DE MI HIJO!

Hubo un silencio incómodo en la habitación y Bulma decidió retirarse, ya que su presión arterial había subido lo suficiente como para enviarla a urgencias y no tenía ánimos de dar un espectáculo.

Iba a marcharse del cuarto, cuando sintió como que éste se estrechaba. Empezó a sudar, su visión comenzó a volverse un túnel y solo alcanzó a decir - Yo… no puedo…

Cayó donde estaba y sus padres corrieron a socorrerla. Sin embargo, una voz interrumpió la escena.

-Es una maldita terca…

Ambos voltearon. Vegeta estaba de pie en el umbral de la puerta, vestido con su traje de combate.

-Creí que ya te habías marchado, muchacho – comentó el profesor.

-Hmn… - hizo el saiyajin, bajando su vista un momento. Él también pensaba que debía haberse ido hace rato, pero quería asegurarse de que ella hubiera vuelto a la casa.

Vegeta volvió a mirar al grupo, enseguida avanzó hasta ellos y haciéndolos a un lado, tomó a la muchacha en sus brazos y la levantó, comentándoles - Obviamente tiene más sangre de la que los humanos debieran tener en su estado… y aun así continuó gritando como loca… "Sinceramente, esperaba que ocurriera cuando fui a verla a aquella isla…"

- ¿Vas a…? – preguntó preocupado el profesor.

Vegeta frunció y miró al profesor - No temas… por esta vez, lo haremos a tu modo. ¿Tienes todo listo?

-Sí, claro… - respondió el padre de Bulma, poniéndose de pie y avanzando hacia la salida - acompáñame.

Los cuatro salieron de la sala.

Abrió lentamente sus ojos y enfocó. Al principio no reconoció donde estaba, pero luego se dio cuenta de que era su propio cuarto. Aún estaba con el vestido verde, con el que había llegado y solo le habían retirado sus zapatillas para poder arroparla.

-Otra vez pasó… - dijo incorporándose - ¿Qué acaso voy a estar desmayándome todo el tiempo como las ridículas de las novelas?

Suspiró cansada y miró a su alrededor, descubriendo la dichosa sorpresa que le habían anticipado.

Su cama ahora era mucho más amplia y no estaba su desorden de siempre. Todo su mobiliario había sido reemplazado por muebles bastante aburridos para su gusto y sus muros ahora era blancos.

-Ay, no…

Vio que en una esquina estaba el mueble donde Vegeta dejaba su armadura, cuando no la usaba. Se llevó la mano a su frente y exclamó - Esto debió ser obra de mi madre… Supongo que podría conservar la cama… pero las cosas de él se van mañana mismo, no puede quedarse en mi habitación.

Suspiró cansada, solo agradeciendo no encontrarse con Vegeta, suponiendo que el guerrero se había marchado por su propia voluntad al ser rechazado nuevamente por ella. Miró el despertador para ubicarse en el tiempo "01:38… Vaya, hace mucho que no despertaba a esta hora…"

Se levantó y entró al cuarto de baño, solo para comprobar que ahora compartía también ese espacio con las cosas del saiyajin. Notó con un poco de nostalgia, que estaban desde su cepillo de dientes hasta su máquina de afeitar.

Abrió la llave de la bañera y se desvistió, notando que tenía un pequeño parche en su antebrazo.

- ¿Qué me pasó?... Seguramente me pusieron algún calmante… Ahora que lo pienso me siento mucho mejor. Debo saber qué fue lo que me inyectaron… ¡Es sorprendente, ni siquiera siento nauseas!

Una vez lista, se envolvió con una toalla y salió del cuarto de baño, pero al voltear su vista al frente, instintivamente se acomodó la toalla, cubriéndose lo mejor posible. Sus cejas se fruncieron y dio su más profunda mirada de furia.

Vegeta estaba acostado en la cama, cubierto hasta la cintura con la colcha, su torso desnudo y con las manos tras la cabeza.

- ¡TÚ! – exclamó fuera de sí la muchacha - ¡¿Que mierda haces aquí?! Y ¡¿Qué demonios le hiciste a mis padres?!

Él se sonrió con maldad.

- Eso te pasa por huir... – comentó con tranquilidad, sin mirarla, mientras se sentaba y apoyaba sus brazos tras de sí en la cama. Luego volteó su vista hacia ella y agregó – Te estás volviendo una experta en ese arte… De no ser tan terca podrías haberte evitado toda esta mierda…

Bulma sacudió su cabeza y obvio el comentario de él. Estaba tan molesta aun por la discusión que habían tenido el día anterior, que no vio la doble intencionalidad en las palabras del saiyajin y solo le dijo - Eso no te daba el derecho de lavarles el cerebro… ¿Que-les-dijiste? – exigió entre dientes.

- ¿Estás insinuando acaso que yo tuve que ver en esto? – preguntó Vegeta, haciendo un gesto de indicar a su alrededor - No seas ridícula. Lamento decirlo, pero no fue mi idea… Tu madre insistió en que, dada las circunstancias, deberíamos compartir habitación…

- ¡Oh, por supuesto!... – dijo muy enfadada, luego puso sus manos en las caderas - ¡Y tú aceptaste de inmediato!…

Vegeta le sonrió burlón - Supongo que me pareció un ejercicio interesante. Además, la loca puede ser muy convincente… ¿te molesta acaso?

- ¡Por supuesto que me molesta!

- Entonces, hice bien…

Bulma lo miró furiosa -¡Uy! Era de esperarse que no te quedarías tranquilo e intentarías hacerme la vida de cuadritos. Pero lamento que eso no te funcionará... nosotros no somos una pareja felizmente casada, ni siquiera somos una pareja.

Vegeta fingió confusión un momento - ¿casada?... ¡Por supuesto! Te refieres a ese estúpido ritual terrestre... No, pero tu familia pareció aceptar de muy buena gana el hecho de que si lo somos según las leyes de mi planeta… Tal vez no felices, pero si atados.

- ¿Ah, ¿sí? ¿Y en qué momento yo acepté?

-Cuando me obligaste a decir que eras mi compañera…Aunque el asunto fue sellado cuando te apareaste conmigo… y te preñaste.

- ¡Deja de decirlo así, mono idiota!... ¡No lo hice a propósito! ¡Fue un maldito accidente!... Además, yo no sé nada de tus estúpidas costumbres…

-No es mi problema si finges estar amnésica… - respondió el saiyajin.

- ¡Claro que sí! ¡No recuerdo que lo mencionaras!

- ¿No?… Yo recuerdo perfectamente haberlo comentado, en aquella cantina… Que ahora convenientemente no lo recuerdes no es mi problema…

Ella masajeó sus sienes. Si seguía así sufriría algún ataque de algo, así que se calmó un poco y le ordenó - Vete, este cuarto es muy pequeño para los dos.

-Estoy de acuerdo en lo del espacio… Pero te advierto que no me mudaré. Me fue asignado este cuarto y si tanto te molesta puedes ir a dormir a otro.

- ¡Pues eso es lo que haré! - le gritó ella, sacando algunas cosas del armario y saliendo hecha una furia de la habitación, dando un portazo.

No pasaron ni dos minutos y estaba de vuelta.

Vegeta sonrió ampliamente al verla volver - ¿Que pasó? Acaso ¿La cama era muy pequeña? – preguntó sarcástico, sabiendo que ella había intentado ir a dormir a la habitación que ocupara él antes.

Sobre la sien de Bulma apareció una pequeña vena, que comenzó a crecer hasta que no aguantó más y empuñando su mano, exclamó - ¡¿Por qué no me dijiste que mi madre había preparado una habitación de bebé en tu cuarto?!

Vegeta con toda calma, le respondió - ¿Por qué te lo diría?… De todas formas, no me hubieras creído…

Bulma lo miró con suspicacia, comprendiendo de inmediato que él se estaba cobrando de lo que había pasado en Temkari. Pero estaba tan molesta que lo único que quería era que él se machara - Hay muchas habitaciones en esta casa…- argumentó - ¡Puedes ir a una de invitados!

Vegeta cambió su rostro a uno de pocos amigos - Ni lo sueñes… Está cama es más cómoda que cualquiera de esta casa – dijo saliendo de la cama, dispuesto a enfrentarla.

Los ojos de Bulma se abrieron de golpe y tuvo que cubrirse el rostro, al tiempo que lo increpaba - ¡Desvergonzado! ¿Por qué estás desnudo?

Vegeta se sonrió ampliamente - No te hagas la mojigata ahora… - respondió cruzándose de brazos – así duermo yo…y lo sabes.

- ¡Sal de una vez! – le indicó la puerta, con los ojos cerrados.

-Ja, ja, ja… No lo haré, escandalosa… Si tienes algún problema, díselo a tu madre… - replicó, recogiendo del suelo su ropa interior y procediendo a vestirse le preguntó – ¿Serías capaz de destrozarle el corazón a esa pobre mujer?

Bulma abrió un poco uno de sus ojos y al ver que él ya estaba vestido, respiró intentando tranquilizarse y volvió a mirarlo - De acuerdo, Vegeta… Si no tengo otra opción dejaré que te quedes en MI casa. Pero ni creas que eso te da algún derecho sobre mí… Tienes prohibido tocarme…

-Ni quien quisiera… - dijo volviendo a la cama, recostándose nuevamente, pero sobre el cobertor - Ya vez lo que pasó cuando lo hice...

Eso enfureció aún más a la joven - ¡¿Qué mierda estás insinuando?! – exclamó llevando sus manos a las caderas.

- ¿Acaso no es obvio? - contra atacó él.

Bulma llevó una de sus manos a su frente. Realmente el saiyajin la estaba sacando de quicio. Suspiró hondo y respondió – Escucha. Entraré al baño a vestirme y cuando salga no quiero ver tu estúpida sonrisa pegada a tu estúpida cara.

El saiyajin se sonrió de lado y volvió a sentarse, para poder verla de frente - Lo lamento, pero no puedo complacerte… - luego agregó con maldad - Pero si tanto te repugna, puedo sacarte los ojos… y la lengua.

Bulma no podía creer lo que estaba escuchando - ¿Aun te atreves a amenazarme, imbécil? Sabes que eso no funciona conmigo…

-Puede ser, mujer… Sin embargo, solo te estaba ofreciendo una solución que nos satisfaga a ambos…

La muchacha se sentía frustrada, ya que aparentemente él parecía tener respuesta para todo lo que ella le dijera. Le hizo un desprecio y se metió al baño, pasando el seguro. Comenzó a vestirse lo más rápido que podía, con su pijama de conejitos. Era lo menos sexy que tenía, pero le pareció que era lo adecuado, dada las circunstancias "Maldito idiota… ¿cree que me podrá amargar la existencia? No, señor. Dormiré en mi cuarto, aunque tenga que compartir la cama con ese descerebrado hijo de perra y conociéndolo querrá tener intimidad conmigo y me negaré… Eso lo hará irse de mi habitación y me dejará en paz de una vez por todas …. Aun no comprende que lo que hizo está mal. Mas encima insiste en culparme y para peor convenció a mis padres de que teníamos una relación feliz… ¡Uy, como lo detesto!"

De repente recordó que aún tenía una opción de sacarlo de su habitación.

Salió del cuarto de baño y buscó su bolso. Estaba segura que lo había visto en el suelo cerca de la entrada.

Vegeta no dejaba de observarla, mientras ella revisaba su mochila. De hecho, no sacaba la vista de su trasero.

- ¿Piensas huir otra vez?

- ¿Qué más te da lo que haga? … De todos modos, aprendí del mejor…

Él sonrió y le respondió - Debo decir, entonces, que eres una pésima alumna…

Bulma le dio una mirada muy fiera y a continuación sacó un frasco amarillo de tapa roja, de unos treinta centímetros de alto - ¿Así que una pésima alumna? … Vegeta, es tu última oportunidad de salir de MI habitación… De lo contrario vaciaré el contenido de este bote sobre ti – enseguida entrecerró sus ojos para agregar en tono de amenaza– Y no será para nada agradable…

Vegeta se acomodó en la cama y reposó una mano sobre una de sus rodillas, mientras con la otra se afirmaba de la superficie de la cama. La miró incrédulo al verla con el frasco entre sus manos "Es una idiota si piensa que sus inútiles inventos podrán dañarme…" - ¿Crees que le temo a un ridículo recipiente? Tus idioteces me tienen sin cuida...– respondió con seguridad.

Bulma al oírlo se envalentonó. Abrió el frasco y lanzó el contenido hacia la cama.

Una cantidad considerable de gusanos voló por los aires hacia el saiyajin.

Vegeta al ver la lluvia que caería sobre él, puso cara de pánico y de un salto quedó pegado al muro donde estaba la cabecera de la cama - ¡Mierda!

-JA, JA, JA… - rio Bulma de buena gana, de manos en las caderas - ¿Qué pasa?... No te lo esperabas ¿verdad?

Vegeta sintió su sangre hervir, pero pensó de inmediato en como tornar las cosas a su favor. Por lo que le dio una mirada de odio y levitó sobre la cama, hasta descender frente a la muchacha.

Bulma se asustó al verlo acercarse con esa mirada de asesino, que creyó que había desaparecido de su repertorio para con ella. Ella solo quería asustarlo y ahora estaba casi temiendo por su vida, por lo que instintivamente retrocedió - ¿Q-Qué me vas a hacer?

Vegeta no le respondió de inmediato. Tenía ganas de castigarla por su osadía, de hecho tenía ganas de tomar su frágil cuello y azotar esa terca cabeza contra el muro, mientras la penetraba una y otra vez hasta caer rendido. Sin embargo, debía mantenerse firme. Poseerla sería admitir que la necesitaba, que no la odiaba como le había dicho. Era momento de que ella sufriera. De hecho era la única forma de hacerla recapacitar y pagar por su falta, según él.

Se alejó un poco y cerró sus ojos. Sin decir nada, volteó y tomó el resto de su ropa con una de sus manos. Luego le dio una última mirada cargada de desprecio y salió por la puerta, dejando a Bulma totalmente confundida.

No supo por qué, pero la mirada que le envió Vegeta la dejó dolida. Avanzó hasta la cama y agarró la colcha. La tomó con cuidado de las puntas y la sacó al balcón.

"No sabía que le afectaría tanto… Solo eran unos gusanos inofensivos…"

Dejó su carga en el suelo y se apoyó en la baranda, mientras observaba las estrellas, pero de repente sus ojos se abrieron en sorpresa "¡Oh, por Kami! ¿Qué tal si ese canalla de Freezer se dedicaba a torturarlo con criaturas parecidas cuando niño?... O tal vez lo encerraba en un cuarto lleno de esas cosas cuando niño... ¡O lo obligaba a comerlos! … Ay no… Mi intención era sacarlo de mi cuarto, pero no de esta forma… No así… Fue como si lo hubiera roto… Su mirada era tan fría, tan llena de desprecio… ¿Y si ya nunca más confía en mí?... Sé que dije que criaría a mi bebé sola… Pero no puedo negar que amo a ese maníaco y lo único que quería era darle una lección por lo que me hizo..."

Un sentimiento de culpa comenzó a formarse en su pecho. Este comenzó a crecer convirtiéndose poco a poco en una pena tan grande que no pudo evitar comenzar a llorar como una niña pequeña. Odiaba sentirse tan sentimental, pero necesitaba llorar. Esta vez , desde que comenzaron los síntomas de su embrazado, tenía un motivo real para hacerlo.

- ¿Qué fue lo que hice? - se preguntó, entre sollozos.

Vegeta, vestido de riguroso negro y descalzo, estaba sentado en la cima del domo. Cerró sus ojos y frunció molesto pensando en que había estado a punto de echarlo todo a perder, aunque debía admitir que Bulma había puesto mucho de su parte. "¿Por qué siempre me provoca con sus expresiones y sus desplantes de altanería? Maldita mujer… Debo tranquilizarme, de lo contrario terminaré siendo yo el que suplique… ¡Demonios!"

Estuvo cerca de una hora en ese lugar, cuestionándose. Se sentía molesto y confundido. Debería haberse marchado hace horas, pero sentía que algo lo retenía, como si le faltase hacer algo importante u hubiese olvidado algo antes de partir. Dedujo que debía ser solo por la ansiedad de salir a entrenarse, pero enseguida se dio cuenta de que la ansiedad que sentía era porque su cuerpo necesitaba del de la humana. No podía evitar sentirse algo excitado ante la idea de tomarla, tal como solía hacerlo después de una discusión mientras viajaron juntos "Si tan solo la hubiera tomado en ese momento, cuando la tenía contra el muro… ¡No! Debo mantener a raya mis instintos. La quiero ver suplicando por mi perdón…" Abrió finalmente sus ojos y sonrió malignamente - ¿Hmn? Al fin se durmió esa terca… Creo que pasaré a "despedirme", después de todo siempre reclamaba que no le avisaba antes de marcharme…

Se dejó caer, deslizándose por el edificio y luego, levitando suavemente, descendió en el balcón de su nueva habitación para ingresar por el ventanal. Ahí estaba ella, durmiendo toda desparramada.

Agradeció que la muchacha se deshiciera del cobertor, donde habían estado esas cosas. De solo pensar en ello sintió un escalofrío recorrer su cuerpo. Respiró hondo y se aproximó sigilosamente, recostándose en el poco espacio que había dejado ella libre, ya que estaba durmiendo con sus brazos y piernas estirados. Por suerte recordó un truco que había utilizado anteriormente con ella, así que se acercó al oído de Bulma y le susurró - Mujer… muévete, para que pueda acompañarte…

Ella se removió suavemente, quedando de espaldas a él.

El saiyajin sonrió triunfal y se recostó de espaldas, con las manos sobre su pecho "Hmn… tenerla así de cerca me provoca asaltarla, pero debo controlarme. No soy un maldito clase baja..." Le dio una última vista a su ex amante, antes de cerrar sus ojos y disponerse a descansar un momento, pensando en sus planes "Dormiré un par de horas y luego me iré... Con eso bastará para dejar mi olor en la habitación y en ella misma… Se necesita más que una estúpida lata de gusanos para deshacerse de mi… Cuando regrese estará tan dócil que podré tenerla a mis pies con solo tronar los dedos..."

Comenzó a amanecer en la Capital y a lo lejos se escuchaba el trinar de las aves.

Vegeta despertó, pero se mantuvo con los ojos cerrados y totalmente quieto, ubicándose en el lugar y momento en que estaba. Cuando lo consiguió, abrió sus ojos y observó a la mujer que estaba prácticamente encaramada sobre él, con un brazo sobre su pecho y una pierna sobre su cadera.

"Maldición, me quedé dormido por más tiempo del que tenía planeado… ¿Hum? Veo que sigue con la costumbre de encimarse… Debo salir de aquí antes de sucumbir..." Frunció e intentó zafarse de la pierna que lo aprisionaba lo más suavemente posible, empujándola por la rodilla. Entonces se dio cuenta que su compañera tenía el sueño más pesado que de costumbre.

Agarró el brazo de la muchacha, lo levantó por la muñeca y dejó caer varias veces sobre su pecho. Se sonrió al percatarse que su compañera dormía como si estuviera borracha.

Siguió jugando con el brazo de Bulma, sin embargo, ella se movió y terminó dándose ella misma un golpe en la cara.

Vegeta puso cara de horror, pero se tranquilizó en seguida, al ver que ella continuaba durmiendo, mientras murmuraba.

-Mmm, Vegeta…

"¿Está soñando conmigo?... Hmn, espero que sea una pesadilla… Será mejor que me largue de una buena vez, por culpa de este asunto estoy perdiendo tiempo de entrenamiento y eso es lo que menos tengo en este momento…"

-Nos vemos, mujer gritona – susurró a modo de despedida.

Intentó incorporarse, pero su cuerpo parecía inmovilizado por una fuerza invisible que parecía jalarlo hacia ella. Maldijo para sus adentros debido a que nuevamente era acechado por aquel sentimiento que lo unía irremediablemente a ella, más allá de todos sus desencuentros y malentendidos, más allá de las leyes de cualquier raza.

Apoyó un codo sobre la cama y se la quedó observando, mientras que, con su otra mano, retiraba un mechón de cabello turquesa del rostro de la joven "Eres la mujer más irritante, vulgar, grosera y escandalosa que he llegado a conocer… Te detesto por todo lo que hiciste crecer en mí y por después dejarme, como si fuera un guante viejo… Sin embargo, ya te reclamé como mía y ni tu ni yo podemos cambiar eso… " Su vista se posó en los labios de la muchacha, que parecían llamarlo. Estaba tan cerca, a solo unos centímetros "Tal vez pueda…"

Frunció y acercó su rostro al de Bulma, sintiendo su corazón en la garganta. Tragó duro, como queriendo devolverlo a su lugar, pero solo consiguió que latiera más fuerte. Ya no lo soportó y finalmente presionó sus labios contra los de ella en un beso breve, para enseguida huir de allí antes de que la cosa pasara a mayores.

Bunny se había levantado temprano y estaba preparando el desayuno para Vegeta, cuando lo vio aparecer por la puerta que daba a la sala. Se extrañó de verlo vestido con su traje de batalla y además su aguda vista de madre la hizo percatarse de que cargaba un morral.

Se llevó las manos a su rostro y exclamó - ¡Oh, Vegeta! ¿No me digas que mi hija te corrió de la casa?

Vegeta le dio una mirada seria y dejando su carga a un lado tomó asiento.

-No… me voy a entrenar fuera…- le respondió.

- ¡Que alivio! Y ¿Por cuánto tiempo te irás esta vez?

Vegeta la miró extrañado un momento, al parecer el viejo no le había comentado nada. Eso lo hizo alegrarse en cierta forma, pero le preocupaba que ella soltara que él no estaría en la Tierra.

- Serán solo unos días… Pero necesito que Bulma crea que aún estoy aquí… ¿No le dijo nada el profesor?

La señora depositó una bandeja con tostadas delante del saiyajin, mientras le decía - Oh, claro que me lo comentó… Es un excelente plan para recuperarla… ¡Qué romántico!

Vegeta se ruborizó y respondió bastante enojado - ¡No es con esa intención!… - enseguida bajo su tono agregando - Solo quiero darle una lección por terca.

- ¡Oh!... ¿sabes, Vegeta? El otro día vi unos pajarillos… jugando, justo aquí en la ventana y uno de ellos...

Vegeta decidió interrumpirla - Señora, si me va a salir con alguna fábula, cuento o parábola, le recomiendo que se ahorre el trabajo y me diga de una buena vez lo que piensa.

Bunny sonrió.

-De acuerdo, querido …Simplemente pienso que sería una buena idea si le das un presente. Es una de las costumbres más apreciadas por las mujeres en la Tierra… Aunque si te disculparas podrían volver a estar juntos en este instante…

Vegeta frunció y miró hacia la comida que tenía delante de él, pensando en lo dicho por la señora. Sin embargo le respondió - Sabe que no me interesan esas estupideces sentimentales de ustedes los terrícolas. Y no tengo por qué pedir perdón por algo que no hice… - volvió a mirar a Bunny, para agregar - Ahora, si no le importa, quiero desayunar tranquilo para poder marcharme antes de que la cabeza dura de su hija despierte…

-Ay, no te preocupes… - comentó cerrándole un ojo - Seguramente despertará después del mediodía…

Vegeta no respondió, puesto que ya había comenzado a tragar. Pero Bunny pudo notar un leve rubor en el rostro de su yerno, que según ella lo hacía lucir adorable.

Bulma tuvo un sueño dulce, de esos que hacen que las personas despierten suspirando. En su sueño, Vegeta la rodeaba con sus brazos y la besaba con esa pasión que tanto extrañaba. Sus cuerpos se entrelazaban, al tiempo que se dedicaban todo tipo de caricias. Lo oyó susurrar su nombre, junto con la promesa tácita de nunca jamás apartarse de su lado.

Unos golpecitos a su puerta la despertaron. Inmediatamente seguidos de estos, oyó la voz de su madre, que ingresaba a su cuarto - Buenos días, hija… Venía a ver como habías amanecido…

Bulma se sentó y bostezó, estirándose, sintiéndose como renovada - Awwwwmmm… - "Otra vez ese sueño… Siempre se corta en la mejor parte" - Amanecí bien, mamá… ya me levanto.

-Espero que no te moleste que me lleve la ropa sucia…

- No – dijo, pero entonces lo notó. Su madre tomaba de los pies de la cama la ropa del saiyajin. Eso le extrañó porque recordaba perfectamente que Vegeta se había llevado su ropa cuando salió de su habitación.

- ¿Y eso?

- ¿Qué amor?

Bulma rodó sus ojos - Esa ropa, mamá – se corrigió, indicándole el canasto que sostenía su madre.

Bunny se encogió de hombros - ¡Oh! ¿esto?... Ay, Bulma. Todavía estás soñando… Es la ropa de Vegeta … ¿no lo recuerdas?

Bulma frunció. Sí, recordaba haber discutido con él, pero también recordaba perfectamente que se había ido a dormir sola, pero una idea la golpeó con fuerza - Entonces… ¿no fue un sueño?… - tomó la almohada de al lado, luego las sábanas y finalmente su propio pijama. Todo olía a Vegeta, indicándole que su día ya empezaba mal.

-Querida ¿estás bien?

Se llevó una mano a su frente, mientras intentaba ordenar sus ideas. Se ruborizó al pensar que quizás había pasado algo entre ella y Vegeta, pero luego frunció al pensar que él probablemente se había aprovechado de las circunstancias. Poco le importó que su madre aun estuviera de pie en medio de su cuarto cuando dijo - ¡Ese maldito desgraciado!… seguramente se metió entre mis sabanas mientras dormía… Es un atrevido, sinvergüenza, aprovechado… ¡Me engañó completamente, haciéndome creer que se había ofendido por lo de los gusanos! – se levantó y se dirigió al cuarto de baño, mientras continuaba reclamando – Esto no se queda así… - volteó a ver a Bunny - Hoy mismo, mamá, hoy mismo, como que me llamo Bulma, lo sacó a patadas de esta casa. No puede seguir pasándose de listo conmigo…

Bunny se sonrió y le comentó - Eso va a estar difícil, hija…

- ¿A qué te refieres, mamá? ¿Crees que no soy capaz?

- No es eso… es solo que no puedes. Me lo encontré esta mañana y dijo que volvería muy tarde… "Ji, ji, ji… pobrecito… se dio demasiadas vueltas esta mañana antes de marcharse… eso solo significa lo difícil que debe ser para él separarse de mi Bulma… ¡está tan enamorado!... y eso de jugar a esconderse ¡Me encanta!"

Bulma la miró intrigada. Su madre se había quedado en las nubes.

- No importa... supongo que tendré que encontrarlo en algún momento…

- ¡Jugarán a las escondidas! – exclamó Bunny, como volviendo a la realidad.

-¿?

-Si… ¿te comenté alguna vez que con tu padre…

Bulma decidió interrumpirla, ya que conocía muy bien la anécdota - Sí, mamá… gracias por la imagen mental que creía olvidada… Pero nosotros no estamos jugando a las escondidas… - avanzó hasta el baño, pero recordó que debía preguntarle algo a su madre, por lo que se detuvo y volteó verla – Oye, mamá... Anoche me dieron algo cuando me desmayé ¿Qué era?

Bunny puso cara de loca.

-¿No lo recuerdas? - insistió Bulma.

-Sí… pero es que más bien te sacamos algo…

- ¿Qué? ¿Qué me hicieron? – preguntó, comenzando a revisar su cuerpo en busca de alguna cicatriz. Bunny se quedó pensativa y comentó - ¿Cómo fue lo que dijo…?... – se preguntó, llevando un dedo a su mejilla, luego de un momento habló nuevamente – Ahora lo recuerdo… Los bebés saiyajin son más fuertes y crecen más rápido, y aunque es poco probable, al parecer tu organismo comenzó a producir más sangre que para un bebé humano. Lo que provocó que te desmayaras cuando te alteraste, ya que no puedes descargar esa energía extra, bueno, no de la forma que lo hace un saiyajin…

Bulma se quedó sorprendida. Era como haber escuchado hablar a Vegeta con la voz de su madre.

Finalmente preguntó - ¿Me desangraron?

-Así suena exagerado… pero, sí… un poquito, cariño... Pero no te preocupes, Vegeta dijo que era necesario y que la almacenáramos para el parto… ya que era imposible que recreáramos una incubadora adecuada…

- ¿Qué cosa? – exclamó desencajada. Ella no había considerado aun esa parte de traer un bebé al mundo.

-Ay, hija, deja de gritar… pero ¿ahora comprendes lo preocupado que está tu esposo por ti?

La muchacha rodó sus ojos y se metió al baño. Era una batalla perdida discutir con su madre.

Cuando salió del cuarto de baño, secándose el cabello con la toalla, vio algo que llamó su atención y en lo cual no había reparado.

Sobre una de las mesas de noche había un papel doblado y sobre este había algo que no comprendió hasta que se aproximó a la mesa. Era un pendiente de un metal plateado, casi blanco, que no pudo reconocer de inmediato. Tomó la joya con cuidado, observándola muy de cerca, tratando de dilucidar los materiales pero no podría hacerlo sin ir al laboratorio. Notó que el pendiente tenía una piedra azul ovalada, encastrada en él.

- ¿Qué es esto? Se ve similar a la hemimorfita, pero no sabía que hubiera en este tono tan oscuro… - su atención volvió al papel, lo desdobló y se encontró con una verdadera sorpresa.

"Este es por conservarlo.

El otro, solo si me encuentras.

V."

Abrazó la hoja contra su pecho. "Nunca imaginé que fuera a tener un gesto tan romántico… ¿esta es tu forma de disculparte?... No. Él solo está desafiándome…De acuerdo, Vegeta. ¡Acepto tu reto!"

Continuará…