Cuenta Regresiva: 26.280 horas.
Instinto de Conservación.
Vegeta estaba de pie en su antigua habitación, vestido aun con su ropa de entrenamiento. Miraba a su esposa que dormía apaciblemente, recargada en su lado izquierdo.
Era un maldito hábito verla dormir y lo sabía, pero no podía evitarlo. Lo había retomado solo porque en cierta forma lo tranquilizaba.
Se aproximó lentamente, a acariciar el rostro de su mujer, como solía hacerlo de vez en cuando, como anhelando que esta despertara y lo invitara a quedarse con ella. Pero sabía que si eso ocurría él soltaría algún comentario mordaz, ella otro y así sucesivamente, lo que podría terminar en sexo salvaje o en una nueva pelea, aumentando su lejanía. Desechó la idea, ya que, en su mente, aun creía que era ella quién debía buscarlo ahora.
"¿Quién lo diría? Yo el gran príncipe de los saiyajins unido a una insignificante terrícola… Pero debo reconocer que de insignificante no tiene nada, no… ella es quién despertó en mi al súper guerrero saiyajin que ahora soy… Si alguien me lo hubiera dicho solo un par de años atrás, seguramente hubiese asesinado al portador de tan inverosímil noticia… Sin embargo, no me arrepiento. A pesar de que sea una mujer escandalosa y vulgar, es audaz e inteligente… y debo aceptar que eso es lo que llamó mi atención. Su maldito carácter, tan similar al de nuestra raza… Hmn, si tan solo no fuera tan terca… Supongo que deberé ser paciente, no tengo otra opción…"
Miró la hora en el despertador de Bulma y decidió que era momento de ir a su habitación. Retiró la mano del rostro de su mujer. Ella murmuró algo y se acomodó, quedando de espaldas en la cama, cubriendo casi toda la superficie.
Vegeta frunció.
"Hmn… Maldita acaparadora… Y ahora vienen los ronquidos…"
Bulma, efectivamente, comenzó a roncar como motor fuera de borda.
Sonrió complacido consigo mismo al percatarse de lo bien que la conocía y observó la ya notoria barriga, que había quedado totalmente descubierta. Pero al hacerlo abrió sus ojos un poco, con sorpresa, al notar un leve movimiento en ella. Acercó lentamente su mano y la posó sobre la blanca piel de Bulma, sintiendo lo tersa y tensa que estaba. Sin embargo, algo lo hizo contener la respiración y sus ojos se abrieron en completo asombro "¡Es el cachorro!" relajó su gesto y recordó que ya había experimentado aquello. Cerró sus ojos un momento y vio vagamente la pequeña barriga de su madre frente a él mientras su mano la acariciaba con temor sintiendo a su hermano en su interior. Pero esta vez era su cachorro el que hacía notar su presencia. En su planeta, los cachorros eran extraídos antes de alcanzar la madurez en el útero de sus madres y llevados a incubadoras para mantener a las hembras activas y listas, ya fuese para luchar o para aparearse nuevamente. Pero la reina, por una antigua costumbre, debía parir a sus hijos de manera natural para demostrar su fuerza.
A pesar de la grata sorpresa de poder sentir por primera vez a su hijo, frunció en profundidad la notar que el ki de su hijo parecía ahora más humano que saiyajin. Eso lo hizo en un comienzo extrañarse, pero pensó luego que era absolutamente factible, pues recordaba que Gohan ocultaba su verdadero potencial, mostrando un poder bajísimo en el rastreador cuando lo tuvo secuestrado Raditz.
Retiró su mano y se quedó observando los leves movimientos un momento más y luego salió de la habitación por donde había llegado.
…
Sonó la alarma de su despertador y Bulma rezongó por tener que levantarse tan temprano. Miró a su lado, solo para verificar que, como todos los días, estaba sin compañía. De todos modos, se removió entre las sábanas y disimuladamente, olfateó la almohada del lado de Vegeta y suspiró, al comprobar que otra vez no había venido a dormir.
Se estiró, se sentó en la cama, y observó su barriguita.
-Supongo que tendremos que acostumbrarnos a esto… Tu padre es tan…Ay, ¡qué más da! – se encogió de hombros - Ya se le pasará… supongo.
Salió de la cama y se dirigió a abrir las cortinas, luego fue hacia el baño y poniéndose de lado frente al espejo, sujeto su camisón y observó su ya bastante notoria barriga.
- ¡Oh, vaya! Parece que tendré que cambiar completamente mi guarda ropa. Veamos si logro entrar en el traje celeste…
Se duchó, se maquilló y peinó. Luego se colocó la blusa, aunque con algo de dificultad. Sus senos parecían querer escapar de la prenda por lo que comentó - Espero que logre que me vean a los ojos, je, je… - intentó enseguida entrar en los pantalones, pero el cierre no subió - Supongo que los pantalones ya no son una opción… - comentó, lanzando los pantalones sobre la cama y volviendo a hurguetear en su closet. En eso estaba cuando golpearon a su puerta.
- ¿Si? Adelante- respondió sin voltear, mientras sacaba una falda blanca.
Bunny entró, con cuidado - Hola, hija. Permiso. Venía a avisarte que te esperan en los laboratorios… ¿otra vez dormiste sola?
-Hola, mamá, gracias… Y sí… ¿Aun traumatizada por lo de la otra vez? – preguntó mirando el ancho de la prenda.
-No, amor… pero no quisiera interrumpirlos nuevamente si están en medio de una reconciliación… ¿Aun no se hablan?
-De hablarnos lo hacemos… - respondió comenzando a ponerse la falda y frunciendo un poco - Pero ambas sabemos cómo es de orgulloso y cabeza dura…
-Creo que deberías hablar con él e intentar arreglar las cosas – dijo sentándose en la cama – No es bueno para una pareja estar distanciada. Mucho menos si viene un bebé un camino…
-Mamá… - le llamó la atención, logrando con suerte subir el cierre de la falda - te dije que no voy a ser yo la que ceda… Si él se molestó por una tontería que sea él quien se disculpe.
Bunny puso cara de angustia y argumentó - Pero no quiero ver que has estado llorando nuevamente… ni tampoco quiero verlo a él escondiéndose, como un animalito asustado… ¡Parece alma en pena!
-Ay, mamá… - dijo poniéndose los zapatos - Él lo hace por llamar la atención, … y de soberbio y malcriado que es… y yo lloró porque mi embarazo me tiene así. Imagina que el otro día lloré porque no quedaban fresas…
Bunny le sonrió - Entonces no insistiré, cariño… Sin embargo, sería lindo que estuvieran en buenos términos otra vez ¡Hacen tan linda pareja!
Bulma rodó sus ojos y tomando su cartera, se dirigió a la puerta diciéndole antes de salir - No te preocupes… Como tú misma me dijiste una vez, siempre vuelve… Solo espero que se le pase la rabieta antes de que nazca el bebé…
Su madre solo se la quedó viendo. Para ella los dos eran igual de testarudos pero ya no le estaba agradando para nada que pelearan tanto.
…
Mientras, en la cámara de gravedad. Vegeta estaba disminuyendo su transformación gradualmente, pero de un momento a otro regresó de golpe a su estado natural. Se quedó viendo la nada y gruñó con molestia. Desde que se había enojado con Bulma, su concentración se había ido a la mierda.
Secó el sudor de su frente y cuerpo con la toalla. Luego la arrojó lejos y cogió una botella de agua de las tres que estaban tiradas en el suelo. La abrió y bebió con avidez el contenido. Acto seguido, salió de la cámara y cerró sus ojos.
Su ceño se frunció aún más.
-Maldita sea… - murmuró entre dientes.
Su mujer estaba con visitas, en los laboratorios. Sabía que había ocurrido muchas veces antes, pero nunca antes la había sorprendido justo en ello al salir de la cámara. Por lo que pensó que ya era momento de marcar su territorio y recuperar a su humana.
…
Bulma era seguida por las instalaciones por un grupo de hombres vestidos de traje. Sobre su tenida se había puesto la bata de laboratorio abierta, y avanzaba con soltura por uno de los laboratorios. A pesar de ir hablando, iba pensando sobre lo agradecida que estaba de que su barriga estuviese creciendo solo hacia el frente, lo que haría probablemente que su cintura se mantuviera aun después del embarazo. Sabía que se veía atractiva porque muchos de los tipos esos, la miraban como queriendo desvestirla.
De repente se detuvo y volteó, haciendo que el grupo de hombres hiciera lo mismo - Y aquí, señores, es donde nuestros técnicos especializados trabajan en los próximos modelos de robots asistentes – dijo, indicando a unos prototipos que estaban sobre unas mesas – Si lo desean podemos hacer una demostración en la…
Se quedó callada de golpe, ya que sus ojos se encontraron con unos negros, intensos y muy familiares. Vegeta, vestido de civil, esto es, de polera azul y pantalón de vestir negro, estaba apoyado en uno de los muros y no le sacaba la vista de encima.
Sintió el corazón en la garganta y un leve mareo.
-Señorita Briefs ¿se siente bien? – le preguntó uno de los visitantes.
-E-este, sí… - respondió algo contrariada, afirmándose en una mesa y volviendo a mirar al grupo – Como les decía, podemos ir a la sala de pruebas… Es por aquí – dijo indicándoles el camino – los alcanzo en un minuto…
Todos asintieron con entusiasmo, mientras Bulma llamaba a uno de los empleados - Rod, podrías…
-Sí – respondió un joven rubio, de cabello corto, comprendiendo de inmediato, llevándose a los visitantes por una puerta lateral.
Bulma volteó su vista hacia donde había visto a Vegeta y vio como éste le sonreía burlesco, lo que hizo que ella se cabreara. Sabía que esto ocurriría tarde o temprano pero no se esperaba que sucediera justo en un día donde le tocaba recibir justamente a los más altos ejecutivos de las empresas asociadas a la Corporación. Por lo que avanzó lo más veloz que sus tacones se lo permitieron y llegó frente al saiyajin para de inmediato increparlo - ¿Qué haces aquí? Acaso ¿estropeaste la cámara?
- ¿No puedo solo venir a verte? – respondió Vegeta, desviando su mirada hacia los trabajadores.
- ¿Ahora quieres verme?... Por si perdiste la memoria me has estado evitando...
-Te recuerdo, Bulma, que tú me evitaste primero…
- ¡Porque estaba cansada!
- ¿Ahora no lo estás? – preguntó inocentemente, volviendo a verla.
- ¿Qué estás insinuando?
-Solo pregunto por tu salud, escandalosa… Hace mucho que no te veía… ¿Notaste que estas más gorda?
-Por supuesto que estoy gorda… ¡Estoy embarazada, idiota!
Vegeta se inclinó y se llevó una mano a la barbilla. Luego se enderezó y comentó - No… No es solo eso... Te vez hinchada ¿tal vez deberías ver al matasanos?
La vena en la sien de Bulma se hinchó y Vegeta se la quedó mirando - Tus venas también se ven hinchadas…
- ¿Qué es lo que quieres? Si vienes a hacer las paces, no lo estás haciendo correctamente… Además, este no es el momento. Por si no lo notaste estoy ocupada.
-Si… lo noté. Pero no vengo a hablar de eso… Necesito que diseñes robots…
Bulma pestañeó, incrédula - ¡¿Qué?!
-Lo que oíste. Necesito nuevos robots… para mi nueva cámara.
Bulma se dio cuenta de que estaban llamando la atención más de lo que quisiera.
-Vete… - susurró, jalándolo del brazo invitándolo a salir - No voy a trabajar para ti en este momento. Pídeselo a mi padre... Además, me estás dejando en vergüenza.
-No necesitas mi ayuda para eso… - dijo, soltándose del agarré de su mujer y cruzándose de brazos - Y no me moveré de aquí. No hasta que me des una fecha de entrega de los robots.
Bulma frunció, comprendiendo que el saiyajin intentaba nuevamente manipularla – Olvídalo, Vegeta… Si quieres quedarte, de acuerdo, hazlo – dijo, bastante molesta, alejándose hacia la sala de pruebas.
Vegeta se sonrió.
Bulma entró a la habitación lateral y notó que los ejecutivos ya estaban viendo el segundo prototipo, el que estaba siendo descrito por Rod.
Cuando terminó la presentación, que duró aproximadamente una hora, Bulma les habló a los visitantes
-Bien, señores… ¿Alguna pregunta?
Un tipo de baja estatura, levantó una de sus manos, pero fue interrumpido, por el sonido de un altavoz. A continuación, una voz femenina, que Bulma reconoció de inmediato dijo
- Señora Bulma, su esposo la espera con ansias en su oficina…
-Argg, ¡Yo no dije que dijera eso!
-Oh, que dice que es urgente.
- ¡Mejor cállese!
Bulma miró consternada hacia el altavoz sintiendo que su rostro enrojecía mitad por la furia y mitad por la vergüenza. Luego sonrió nerviosa y miró al grupo - Este, lo lamento mucho, señores… Debo irme… Pero pueden hacerme las consultas que quieran por teléfono o al fax– dijo, entre dientes, con una gotita en su cabeza.
Los hombres se miraron, entre confundidos y sorprendidos.
- ¿Su… esposo? – se atrevió a preguntar uno, de cabello alborotado rojo
El cuarto completo comenzó a murmurar. Bulma suavizó su tono de voz, intentando acallar los murmullos.
-Sí… Les agradezco mucho por venir y espero sus llamadas. Rod, por favor acompaña a los señores – dijo, saliendo de la sala de pruebas, lo más calmada que pudo.
Una vez hubo cerrado la puerta, casi corrió a su oficina, pensando en todo lo que le diría a ese par.
Cuando llegó, efectivamente se encontró a su madre y al saiyajin. Bunny sonreía, mientras estaba siendo empujada por la espalda por Vegeta, que intentaba inútilmente sacarla de la habitación.
- ¿Qué mierda están tramando ustedes dos?
Bunny la miró, mientras Vegeta solo se cruzó de brazos y giró su cabeza para no verla.
-Oh, querida…
- ¡Querida nada! - la interrumpió Bulma - ¡Me acaban de dejar en vergüenza!
-Amor, no fue mi intención… - se disculpó Bunny - Pero es que Vegeta…
-No intente culparme, señora… – se defendió el saiyajin – ¡yo no le dije que dijera eso!
- Pero, querido, era la única forma de que arreglen sus diferencias…
- ¡Usted es incapaz de seguir una simple instrucción!
-Pero si eso es lo que querías, cariño…
Bulma no soportó más y gritó - ¡SILENCIO LOS DOS!
Ambos se quedaron mirándola, sorprendidos.
-No te alteres, Bulma… Después me agradecen – respondió su madre, poniendo una mano en el hombro de su retoño y apresurándose a salir de la habitación.
Una vez los dejaron solos, Bulma miró furiosa a Vegeta - Y ¿Cuál es tu escusa? – lo interrogó, llevándose las manos a las caderas. Vegeta se la quedo viendo u momento y le respondió - Tu madre tiene la culpa…
-Oh, no, Vegeta… No intentes culpar a mi madre… ¿En qué mierda estabas pensando?
Él la miró con calma, aunque en el fondo quería saltarle encima. Verla tan furiosa, después de tanto tiempo, simplemente lo enloquecía.
- ¿Yo? – preguntó Vegeta - ¿Qué hay de ti?
- ¿De qué mierda estás hablando? – lo cuestionó, casi histérica a lo que el príncipe le respondió, también a los gritos - ¡¿Quién demonios te entiende mujer?! Primero me reclamas porque no reconozco que estamos unidos frente a los demás terrícolas y ahora que lo hago te molestas.
- ¡NO! ¡Tú no entiendes nada! Si hubieras querido reconocer que estábamos casado frente a los demás hubieras aceptado hacer la boda como yo quería ¡Pero no lo quisiste!…
-¡Sabes que era algo innecesario!
- Pero ¡Eso no te da derecho para hacerme tal espectáculo!
Vegeta frunció profundo y la miró a los ojos. Ya había conseguido su cometido por lo que no estaba interesado en seguir discutiendo. Así que simplemente le preguntó, con una voz calma – Te lo merecías… Además ya era hora de que esos gusanos se enteraran de que no eres una hembra dispuesta o acaso ¿Te agrada que te miren como a un trozo de carne?
- ¡No digas estupideces! ¿Hasta cuándo vas a aceptar que eso es parte de mi trabajo?
El saiyajin cerró sus ojos y preguntó, en un tono bajo - Hmn… Pues deberías estar descansando…
Bulma lo miró molesta - ¿Y tú qué sabes de eso? – luego dejó caer sus brazos y abrió sus ojos en sorpresa, comprendiendo de inmediato – Espera. Eso quiere decir que… - lo apuntó con un dedo - ¡Que has estado interrogando a mis médicos!
Vegeta volvió a mirarla y respondió, cruzándose de brazos - Ja, no seas ridícula… ¿Por qué haría tal idiotez? - Bulma se sonrió - Eso es fácil… Lo haces porque te importo.
Vegeta le devolvió la sonrisa, pero cargada de maldad - No, mujer… Lo que me importa es el cachorro. Tu puedes irte al diablo cuando quieras…
-Ja, ja, ja… - rio ella, dando un par de pasos y afirmándose con una mano en la mesa - ¡Eres el peor de los mentirosos que conozco, Vegeta! Si no, ¿Por qué más me harías esa escena tan rebuscada de celos frente a los inversionistas?... Admítelo. Me extrañas.
El saiyajin tragó duro, al verse sorprendido. Sin embargo, entrecerró sus ojos y buscó la salida digna -Siempre tan engreída, pero al parecer tu inteligencia se ha ido a tu panza… Supongo que deberé explicártelo de manera que lo comprendas…
-Te escuchó – respondió Bulma, obviando el insulto y cruzándose de brazos, se apoyó con su trasero en la mesa.
Vegeta se sonrió y continuó - El asunto es muy simple… Solo lo hice porque aun eres mi mujer y siendo así me debes respeto. No voy a tolerar que andes en esas fachas paseándote delante de otros machos…
Bulma lo miró incrédula - ¿Estas fachas? – preguntó indicándose a sí misma - ¡Es ropa formal, saiyajin obtuso!
Vegeta se aproximó a ella y la miró a los pechos - Supongo que tú no te das cuenta… O mejor dicho creo que lo haces a propósito, pero bastaría que estornudaras para que escapen de tu blusa… Así – dijo, al tiempo que con un rápido movimiento arrancaba el primer botón y dejaba asomarse los pechos de Bulma, solo envueltos en su brasier.
Bulma se sonrojó y se cubrió como pudo - ¡Cómo te atreves!
Vegeta ahora subió su vista y viendo que ella estaba descuidada, la tomó por las mejillas con una de sus manos y simplemente la besó.
Bulma pensó en alejarlo, pero ella también lo extrañaba. Así que respondió al beso pero lamentablemente este fue muy breve.
Vegeta se apartó de ella y entrecerró su mirada, observando hacia la puerta un segundo para volver a verla y decirle - Espero que tengas pronto mis robots, mujer vulgar… y cierra tu bata, tendrás visitas.
Y así sin más, el guerrero se retiró de la oficina.
Bulma quedó entre furiosa y frustrada por lo que se asomó a la puerta, tal como estaba y gritó
- ¡Uyy! ¡Maldito arrogante, desgraciado y misógino!
Sintió una voz detrás de ella y con velocidad juntó su bata, cubriendo sus pechos para girarse a ver a quien le hablaba.
-Disculpe, venía a ver si estaba todo bien… – dijo Rod, no muy seguro.
Bulma le respondió, con una gotita sobre su cabeza - Oh, este… sí, Rod. Gracias… - luego frunció - ¡es que no te imaginas cómo le gusta sacarme de quicio a ese mono!
El muchacho sonrió y le dijo - No solo a usted, Bulma… Aquí en los laboratorios todos le tenemos pánico a su esposo… Aunque sinceramente, admiro lo intuitivo que es, este, digo cuando venía a visitar los laboratorios… Y si no es indiscreción, apostaría mi sueldo a que por eso usted lo eligió como pareja, además de por lo fuerte que es…
La muchacha lo miró extrañada y algo sonrojada - ¿Dijiste a mi esposo? E- esto… es un malentendido, por supuesto… Es decir, yo y ese energúmeno de Vegeta. No, ¿Cómo se te ocurre? – terminó moviendo su mano en negación absoluta y sudando un poquito.
El joven amplió su sonrisa y le dijo - No es necesario que siga ocultándolo, Bulma… Su padre nos contó que se habían casado en secreto… – comentó el joven, poniendo una mano frente a su rostro a modo de secreto.
Bulma lo quedó mirando, y a continuación no pudo evitar reírse, primero suavemente y luego de forma histérica, tanto por la ocurrencia de su padre, como por la sinceridad del muchacho, pero sobre todo por liberar la tensión que tenía en su cuerpo.
Era su turno de componer las cosas o de lo contrario, estaba segura que Vegeta sería capaz de cualquier cosa con tal de llamar su atención.
…
Esa noche, el príncipe no se presentó a cenar nuevamente. Tenía pensado en ir a comer después de que se retiraran los Briefs y luego iría a visitar a la escandalosa de su mujer, para molestarla con lo de los robots.
Estaba recostado sobre la cama, solo con su pantalón de pijama y con los ojos cerrados. Un par de golpes a la puerta lo interrumpió.
- ¿Hmn? – hizo, abriendo sus ojos y mirando hacia donde venía el sonido.
Del otro lado de la puerta se oyó la voz de Bulma - Soy yo…
Se sentó en la cama, pero no se atrevió a responder de inmediato, pues lo sorprendió que su mujer lo buscara tan pronto.
- ¿Qué quieres?
-Te traigo la cena.
Vegeta entrecerró sus ojos. Sospechaba que su mujer tramara algo para desquitarse de lo de la tarde.
-Está abierto… - dijo, intentando sonar lo más normal posible.
Bulma ingresó tímidamente, junto con ella venía un robot ancho, de los que mantenían la comida.
-Pensé que tendrías hambre… haz entrenado todo el día y mi madre me dijo que no saliste a comer nada…
-No tenía apetito – dijo, casi sin pensarlo.
Ella lo miró extrañada un momento. Luego se aproximó a la cama y acomodó el robot delante del saiyajin
-Bueno, te traje de cenar… yo, si no te importa, me voy… - dijo girándose hacia la salida
Él no respondió. Sin embargo, estiró su mano y sujetó a Bulma por la muñeca.
-Si me importa… - comentó con un dejo de desconfianza – Prefiero que me acompañes.
Bulma volteó a ver el agarré en su muñeca. Luego lo miró a los ojos y le dijo - De acuerdo… Supongo que debes estar aburrido de comer solo…
Vegeta frunció y sin dejar de mirarla, la soltó - No es eso… - dijo, cogiendo una camiseta que estaba sobre la cama y se colocándosela. Acto seguido, le hizo espacio a su lado. Ella de inmediato tomó asiento y levantó la tapa del robot.
Él miró sorprendido el contenido del dichoso robot. Traía todo para que cenaran dos saiyajins.
-Eres una…. – susurró Vegeta. Ella lo interrumpió - Lo sé… Admítelo, Vegeta. Pensaste que me vengaría…
-Para ser franco sí, era lo que esperaba…
-Bueno, no voy a negarlo… Pero luego me di cuenta de que era inútil ponerme a tu nivel… Aunque por si acaso mejor no comas esto… - dijo, retirando un recipiente con algunos rollos de anguila – es que esos los preparé yo y no quiero que te indigestes y después me culpes.
Vegeta la miró divertido y se sonrió. Ella le sonrió de vuelta y exclamó - Oye, ¡huele bien!… Mi madre sí que se lució con la cena ¿Comenzamos?
Vegeta asintió y comenzaron a cenar, en absoluto silencio, evitando mirarse el uno al otro. En el fondo ambos estaban avergonzados por haberse molestado por algo tan fácil de componer.
Cuando terminaron, Bulma suspiró feliz y miró a Vegeta.
- ¿Sabes? Tenías razón… - comentó de repente, necesitando hacer conversación.
- ¿? – levantó una de sus cejas, volteando a verla – Siempre la tengo… pero necesito que refresques mi memoria…
Bulma se recostó en la cama, quedando apoyada en sus codos - Fue una buena idea que los médicos se instalasen en la propiedad…
-Hmn… - hizo desviando su mirada hacia los platos vacíos - Era lo indicado, después de todo tendrás al descendiente de la sangre real saiyajin…
-Supongo… - murmuró Bulma, apartando su mirada también.
Vegeta tragó un poco de saliva acumulada en su boca y le dijo - Debo aceptar que tú también tenías un poco de razón…
Bulma lo miró extrañada - ¿en qué?
El saiyajin, al ver que ella lo observaba, agregó, con una sonrisa ladina - He dormido mejor solo…
Bulma frunció y se incorporó, quedando nuevamente sentada - ¡Vegeta!
- ¿Qué? - preguntó haciéndose el inocente.
-Creí que aceptarías tus errores, no que me soltarías una pesadez…. – Se puso de pie y se dispuso a marcharse – Creo que no fue tan buena idea venir ¡Eres incorregible!
El saiyajin le sonrió seductoramente y le dijo, a modo de broma - Lo sé… Pero podrías intentarlo… tengo un par de ideas…
La muchacha infló sus mejillas y salió, azotando la puerta.
…
Bulma ingresó a su habitación y se recostó sobre la puerta dando un suspiro. Sin embargo, un par de manos la sujetaron por los brazos, obligándola a quedarse pegada a la superficie, mientras sentía los labios del saiyajin adueñarse de sus labios, con una necesidad casi indescriptible.
-Vegeta, no… - pudo susurrar apenas contra los labios de su esposo
Él inmediatamente, invadió con su lengua la boca de la mujer, impidiéndole hablar. No soportaría si ella se negaba nuevamente, no soportaba estar sin su olor ni su calor por más tiempo. Profundizó aún más el beso, si eso era posible, queriendo devorarla. Bulma sintió que le faltaba el aire, no tanto por el beso, sino por el peso del saiyajin sobre su cuerpo por lo que intentó acomodarse en su lugar. Vegeta, por suerte para ella, pareció darse cuenta de aquello porque la tomó por las caderas y la giró, dejándola de espaldas a él. No podía controlarse, necesitaba poseerla urgentemente, así que de un rápido movimiento levantó la falda con una mano, mientras con la otra se deshacía de las bragas.
- ¡Vegeta! – gritó ella espantada.
Él se detuvo un momento, pero solo para atacar el cuello de la mujer, mientras su mano derecha acariciaba sus senos, intentando liberarlos de una nueva blusa.
Bulma suspiró, extasiada al sentir la cálida lengua del hombre rozar su cuello y respirar agitado en su oreja. Se sentía prisionera, allí contra la puerta afirmada con ambas manos. Su respiración se volvió entrecortada y sintió a su intimidad humedecerse.
El príncipe aspiró hondo, sabiendo de inmediato que ella estaba totalmente lista para penetrarla. Con su mano libre, bajó su pantalón y tomando su miembro lo guio directamente a la intimidad de su esposa, acariciándola con este. La muchacha cerró sus ojos y mordió su labio, a la espera de que él entrara. Un gritó salió de su boca, cuando sintió que el saiyajin entraba completamente, mientras la sujetaba de su cadera con una mano y con la otra continuaba acariciando sus pechos.
Vegeta comenzó a embestirla con fuerza medida, pero aun así se vio obligada a pasar de apoyarse en sus manos a sus antebrazos, mientras su frente rozaba la superficie de vez en cuando.
El saiyajin llegó a su liberación, dando un grito ronco, que hizo a Bulma estremecerse. Ella también alcanzaría pronto su orgasmo, pero se sorprendió al sentir que Vegeta se apartaba de ella e iba a reclamarle por egoísta, pero él la tomó en brazos y la llevó hacia la cama, donde nuevamente la ubicó con el trasero expuesto hacia él y comenzó a penetrarla nuevamente, como una bestia insaciable. Ella intentó voltearse para darle una mirada recriminatoria, pero en ese instante la mano de Vegeta se dirigió a su vulva, comenzando a estimularla. Ella ya no podía contener los gemidos, sintiendo como el saiyajin entraba y salía de ella, haciéndola experimentar sensaciones que creía olvidadas. Él la sujetó con fuerza, aumentando el ritmo de sus embistes, sabiendo que llegaría pronto al clímax.
Bulma sintió su cuerpo estremecerse por la violencia de su orgasmo, mientras el saiyajin volvía a gruñir, liberándose en su interior. Permanecieron unos segundos en esa posición hasta que él simplemente, se dejó caer sobre ella, retirando su miembro del interior de su interior.
Ambos se estiraron en la cama, sin decir nada. Vegeta se apartó un instante para acomodarse y luego la abrazó por detrás. Ella se dejó consentir, feliz de sentir el calor del cuerpo de su esposo.
Poco a poco fueron cayeron en la inconsciencia, abrazados, oyendo la respiración del otro sin decirse nada.
…
Eran cerca de las dos de la mañana y Vegeta despertó por un aumento sorpresivo en el ki de su hijo. Al darse cuenta de lo que ocurría, sus ojos se abrieron con espanto.
Estaba de pie del lado contrario al que recordaba haberse acostado, enfrente de su mujer y su mano derecha estaba en alto, formando un cuchillo de ki en dirección hacia el vientre de Bulma. Se detuvo justo a tiempo, despertando completamente, al percatarse de lo que había estado a punto de hacer. De no ser por su crío, que intentó defenderse a él y a su madre, los habría asesinado a ambos.
Retiró su mano, observándola, choqueado. Sintió que sus rodillas se doblaban, por lo que simplemente se dejó caer apoyándose contra la cama. Miró sus manos, las que estaban temblorosas, sintiendo un sudor frío cubriendo su frente. "Estuve a punto de matarla… Esto… ¿qué mierda ocurrió?"
No lo soportó más y apoyó sus manos en la mullida alfombra, apretándolas con fuerza, mientras gruesas lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos no comprendiendo aun lo ocurrido. Estuvo así unos minutos, intentando tranquilizarse y cuando lo consiguió, se limpió la nariz en con el dorso de una mano y respiró hondo, volviendo a mirar a Bulma, que parecía totalmente ajena a lo ocurrido.
Se pasó una mano por el cabello, intentando pensar, pero el ki de su hijo aún estaba elevado. Casi con temor llevó su mano al vientre de su compañera.
"Yo…yo lo…"
Fue interrumpido por un movimiento rápido proveniente del interior, fue como una pequeña patada contra su mano, sin embargo, fue suficiente para hacerlo sentirse aún peor.
Su hijo lo veía como una amenaza y quería partirle la cara.
Sintió un sudor frío recorrerle ahora la espalda, comprendiendo absolutamente todo lo ocurrido. A su mente instantáneamente llegó un recuerdo que cría olvidado, de una conversación que sostuvo con Nappa en su juventud.
Flash Back
Era en una taberna, luego de purgar el planeta Sharpei 4. Los tres saiyajin estaban en la barra, ya que, al ser día de paga, el lugar estaba atestado. De un momento a otro Raditz apuró su vaso y dijo
-No sé ustedes dos, pero necesito distraerme… Me voy por unas putas… ¿se anima alguno?
Vegeta, para variar puso mala cara. Nappa, aunque tenía ganas de ir a tirarse a alguna de las nativas, al ver al príncipe de tan mal humor, prefirió quedarse diciéndole al peli largo - Está bien, idiota… Pero después no llores si se te inflama el pito…
Raditz colocó ambas manos en la barra y poniéndose de pie, le respondió - Lo que pasa es que te doy envidia, Nappa… Las hembras siempre me prefieren a mí…
-Ja, ja, ja – rio Nappa, haciendo luego un ademán de mostrar sus músculos – Todas prefieren a los hombres grandes y fuertes.
La boca de Vegeta se apretó en una mueca, mientras cerraba sus ojos.
-Lo que digas, Nappa…- replicó el peli largo, llevando su mano a su cabello - Pero sabes muy bien que yo soy más atractivo y joven… - luego volteó a verlo - ¡Tú eres un maldito viejo calvo! Ja, ja, ja…
Vegeta ahora sintió un tic en una de sus cejas.
-El cabello no importa… ¡Lo importante está siempre abajo! - le respondió el grandulón.
Raditz iba a abrir su boca, pero Vegeta los interrumpió - ¡Ya lárgate de una maldita vez, imbécil! Sabes que las putas solo te buscan por dinero… Lo mismo a ti, Nappa.
El más joven no dijo nada más, se dio media vuelta y se retiró de la barra. Nappa apartó su vista y bebió de su vaso - Eres un maldito malcriado, Vegeta… Solo nos estábamos divirtiendo un poco…
- ¡Cállate, Nappa! Ni siquiera sé por qué te quedaste…
-Mi deber es para contigo, príncipe… No puedo dejarte solo en un bar. Tenemos demasiados enemigos entre las filas de Freezer… Eso lo sabes.
Vegeta refunfuñó y se bebió el contenido de su vaso de un golpe. Acto seguido, le indicó al cantinero que quería otro, mientras decía - Me da igual… Sabes que la muerte es algo que ansío… No soporto esta maldita vida.
Nappa negó levemente con la cabeza.
Vegeta, de dieciséis años, ya estaba harto de servir al lagarto, sin mencionar que también estaba en una edad más que difícil. Había comenzado a sentir el celo hace un año, pero se mantenía casto por respeto a la tradición de Vegetasei. Cuando Freezer lo descubrió le dijo que le tenía un presente para celebrar su mayoría de edad, sin embargo, lo que hizo fue encerrarlo por tres largos meses con unas putas, las que cambiaba regularmente, y aunque Vegeta tuvo sus dudas al principio, las terminó asesinando a todas y cada una, de todas las maneras que se pudo imaginar. Sabía que el depravado lo estaría vigilando día y noche, junto con sus lacayos, a la espera de que él tomara a alguna hembra y divertirse a su costa pero no les dio en el gusto. Ese fue, según él, su primer gran triunfo contra la lagartija. Pero no duró mucho, ya que el rumor de que al príncipe le gustaban los machos corrió rápido entre la tripulación. Muchos comenzaron a murmurar y otros directamente se le insinuaban. Inclusive habían intentado violarlo en una oportunidad, por eso era que Nappa no se despegaba de su lado, no mientras no fuera lo suficientemente fuerte como para defenderse solo.
Él, era el príncipe y aunque no tuviera más que dos súbditos, era más que suficiente. A pesar de los malos tratos que recibía, a pesar de los castigos y las malas pagas, él debía conservar el orgullo de su raza hasta la muerte. Y eso era lo que buscaba ahora, morir pronto para acabar de una vez con su miserable existencia. Pero no lo haría por mano propia, se había convertido en un asesino voraz y cada misión que le encomendaban, la realizaba de manera suicida, demostrando el orgullo de su raza, pero al mismo tiempo a la espera del dulce descanso.
Durante las purgas muchas veces no comía, ni dormía. Nappa lo había regañado en más de una oportunidad por eso, porque le afectaría en su desarrollo, pero él respondía que lo hacía porque de esa formaba lograba alcanzar su mayor potencial. Obviamente mentía.
Su escolta lo sacó de sus pensamientos.
-Pues a pesar de eso, deberías estar agradecido de estar con vida, Vegeta…
Miró extrañado al calvo, que en realidad no lo era. Nappa había se había comenzado a rapar su cabeza, cuando Freezer destruyó Vegetasei. Supuso, en ese entonces, que era una muestra de debilidad, por el luto que rendía a su compañera clase baja. Una mueca de fastidio se formó en su rostro - No me vengas con idioteces, Nappa… ¿Cómo podría agradecer la mierda de vida que llevo?
Nappa respiró hondo y continuó - Quizás no lo sabes, pero tú no eres el primogénito, Vegeta… antes de ti hubo otros.
Vegeta abrió sus ojos, pero no volteó a verlo.
-Así es, príncipe… - continuó Nappa, con sorna- antes de que tu nacieras, tu padre, el rey Vegeta, tuvo dos hijos más…
- ¡No digas estupideces! – comentó, dando un golpe en la barra.
-No lo son… El rey Vegeta procreó dos vástagos antes de que tú nacieras… Y no fue con tu madre…
El cantinero se aproximó a ellos, con una botella en su mano.
Nappa se quedó en silencio, mientras esperaba a que le sirvieran a Vegeta el trago que había ordenado, cuando vio que el sujeto se retiraba, continuó - Los príncipes anteriores fueron asesinados, uno por ser hembra y el otro a horas de ver la luz… y por las propias manos del rey… También mató a las perras, que murieron defendiendo a sus cachorros… Aquí entre nos, en ese momento peleaban como demonios, por lo que supe… Pero era la única manera de asegurar un linaje poderoso al trono… los saiyajins no perdonamos la debilidad – bebió de su vaso y agregó en un tono bajo - …Después de todo, debo aceptar que el maldito de Freezer tiene razón… No somos más que unas bestias…- terminó diciendo, con un dejo de melancolía.
Vegeta había quedado de piedra con el relato de Nappa, de hecho, mantuvo su mirada perdida. Sin embargo, siendo un joven rebelde, lo pensó solo un poco y supuso que todo era un embuste del saiyajin para sermonearlo.
- ¿De qué mierda hablas? ¿Crees que soy tan imbécil para tragarme ese montón de basura? ... además ¿Por qué metes a ese desgraciado en todo esto? – preguntó el príncipe, volteando recién a verlo.
Nappa lo observó un momento antes de continuar - ¡Por un demonio, Vegeta!… - se exaltó - ¡No son mentiras!
-Ja – hizo en tono de burla – Pues entonces se lo tenían bien merecido… Morían porque eran unas mierdas. Eso es todo ¿no?... Pues no me interesa, idiota.
Nappa soltó el aire cansado, ese muchacho iba a ser su ruina.
-Vegeta, sé que no te importa… pero es parte de tu herencia y harías bien en recordarlo…
- ¡Tsk! – hizo el joven saiyajin, hastiado con la compañía de grandote.
Fin Flash Back
"Mierda…"
Retiró despacio su mano de la panza de Bulma y poniéndose de pie, le dio una última mirada a la barriga de su esposa y salió finalmente de la habitación, pues temió que el cachorro dañara a su madre al sentirlo tan cerca. Pensó en ir a la cámara de gravedad, pero desechó la idea al instante, puesto que no tenía la concentración necesaria para entrenarse, su mente ahora estaba preocupada de otra cosa, sin contar que había aprendido algo nuevo: los cachorros nonatos podían sentir un ki amenazante y defenderse.
Se retiró a su nueva habitación y se dispuso a dormir. Pero no pudo conciliar el sueño pensando en aquello. Así que se levantó y salió a dar un paseo nocturno por la propiedad.
…
Eran cerca de las seis de la mañana. Vegeta estaba descalzo y solo con su pantalón de pijama, sentado en el jardín anterior, cerca de la nave, mirando despuntar el alba.
Había pensado por horas sobre el dilema de asesinar a su cachorro. Él no quería hacerlo, pero sabía que su voluntad no sería suficiente para impedir que cometiera aquella barbaridad llegado el momento.
La señora Briefs lo miraba preocupada desde la cocina. No pudo evitarlo y salió a llamarlo para que desayunara. Pero Vegeta la ignoró y continuó sentado en el césped. Entonces Bunny salió y se aproximó a él para preguntarle - ¿No tienes hambre, querido?
-Hmn…
Bunny recogió su falda y se sentó al lado del saiyajin. Este frunció.
-Deje de meterse en mis asuntos.
Bunny sonrió y miró hacia las montañas - ¿Te preocupa el futuro?
- ¿Qué parte de déjeme en paz no comprende?
Bunny, como siempre, lo ignoró y comentó - No siempre podemos saber lo que ocurrirá… Solo podemos hacer nuestro mejor esfuerzo para que las cosas resulten lo más cercano a lo que deseamos…
Vegeta volteó a verla. Esa mujer era tan enigmática, que lo descolocaba, además estaba eso de que siempre lo aconsejaba, disimuladamente.
Meditó un momento antes de responder, mirando nuevamente hacia las montañas.
-Sé lo que debo hacer. No necesito ayuda de nadie para eso.
-Lo sé, cariño… - dijo Bunny, poniéndose de pie y avanzando hacia la cocina – Pero primero debes alimentarte. Debes estar fuerte para derrotar a esos robots...
Vegeta la imitó y caminó tras ella, no sin antes dar una mirada hacia la dirección donde estaba el cuarto que compartía con Bulma.
Luego de desayunar, emprendió el vuelo, lejos de la Corporación Cápsula. Necesitaba calmarse y pensar con tranquilidad.
…
Continuará…
