Cuenta Regresiva: 26.280 horas.

Cosas de la vida.

Unos minutos después en la Corporación, el silencio habitual era interrumpido por unos alaridos capaces de atravesar los gruesos muros de la edificación.

- VEGETA… MALDITO DESGRACIADO …AAAAHHHHHHH… Uh, Uh, Uh… - gritaba a todo pulmón la peli turquesa, acomodada en la camilla situada en medio de la habitación. Sudaba a chorros y no podía dejar de sentir miedo ante lo que se le venía – ¡TE ODIO!

- ¿Por qué tarda tanto? ¡NO VE QUE SE ESTÁ MURIENDO! – Tights increpó al doctor, mientras lo remecía de la bata - ¡Maldición! ¡Haga algo!

-E-estamos en ello… pero comprendan que aún no está lista… Tranquilícese, por favor.

El doctor Soup se soltó del agarre de la rubia y se dirigió a revisar los monitores presuroso. Aunque, de haber sabido en lo que se metía cuando aceptó ser el que trajera al nieto de su amigo, no lo hubiera hecho ni por todos los zenis del mundo, ya que la hija de su amigo parecía más bien la protagonista del exorcista. Y qué decir del padre del bebé, que le provocaba escalofríos cada vez que acudía a pedir informes del embarazo.

-SÁQUELO DE UNA MALDITA VEZ… YA NO AGUANTO… Uh, Uh, Uh… AAAAHHHHHHHHHHHHH… VEGETA, VOY A MATARTE... Uh, Uh, Uh…. VOY A ENCARGARME DE QUE SUFRAS LA MAS DOLOROSA DE LAS MUERTES…AAAAAYYYYYYYY…COMO DUELE, MALDITA SEA…

Efectivamente, Bulma sentía que sus tripas se abrían desde su interior y no pensaba guardarse nada de lo que sentía.

El doctor y los demás corrían por la sala revisando instrumentales y lectores. De repente un técnico se aproximó al anciano, diciéndole algo al oído. El doctor abrió muy grande sus ojos y dijo -E-eso es imposible…

- ¿Qué le ocurre a mi hermana? ¿El bebé está bien? – preguntó Tights, Que estaba atenta a lo que ocurría.

-POR UN DEMONIO, DÍGANME QUE MIERDA ESTA PASANDO Y POR QUE NO NACE DE UNA MALDITA VEZ, Uh, Uh, Uh…

-Bulma, debes ser valiente… - le aconsejó el doctor, luego les dijo a los demás - ¡Preparen todo!

Ambas lo miraron asustadas y el doctor les dijo - Aun no estas lo suficientemente dilatada para que salga tu bebé… Pero por lo visto tu pequeño no quiere esperar…

- ¿QUÉ MIERDA SIGNIFICA ESO? – preguntó Bulma, desencajada, con sus dientes como cuchillas.

Tights puso cara de horror. Se imaginaba lo peor, por lo que preguntó - ¿Hay algo que puedan hacer?

-Sí, vamos a ayudarlo a salir lo antes posible… No te preocupes, ya fuimos advertidos al respecto…

-HAGA LO QUE TENGA QUE HACER DE UNA MALDITA VEZ O PROMETO QUE LOS ASESINARÉ A TODOS…UH, UH, UH…. AAAAAAAAAHHHHHHHHH

El hombre miró a Tights y le dijo - Ponte cerca de ella y no sueltes su mano…- Luego le dijo a la peli turquesa – Vamos a sacarlo, Bulma… ya no tardamos.

La muchacha vio con horror como los médicos aproximaban hacia ella, un carrito donde estaba instalado un refrigerador transparente, con las bolsas que contenían su sangre.

- ¿Estás lista? - le preguntó su médico.

-Mhm – asintió con su cabeza, mientras observaba el contenedor.

-Vamos a anestesiarte…- agregó el médico - y dadas las circunstancias te sedaremos completamente.

- ¡NO! – exclamó ella, fuera de sí, volviendo a mirar a su médico.

Todos voltearon a verla, extrañados.

-Bulma, tendremos que realizarte una cesárea de urgencia…- intentó convencerla el doctor Soup - Y, aun así, es mejor que permanezcas inconsciente… Voy a ser sincero contigo. Tu esposo nos dijo que su hijo saldría al precio que fuese por lo que lo ideal era adormecerte para que no seas testigo de lo que pueda ocurrir. Haré todo lo que esté en mis manos para salvarlos a ambos. Así que acepta, por favor.

- ¡NO!… - gritó, para luego agregar con un hilo de voz – Yo… AHHHHHHHH…. Uh, Uh, Uh… Yo quiero verlo nacer y estoy en mi derecho a oponerme al procedimiento… - Aguantó una nueva contracción, cerró sus ojos con fuerza, dejando caer un par de lágrimas e inmediatamente se explicó - ¡SI LLEGÓ A MORIR QUIERO HACERLO VIENDO SU ROSTRO!...

Todos quedaron consternados.

El doctor asintió en silencio y luego agregó - Muy bien, si así lo quieres, Bulma… te realizaremos el procedimiento tradicional… estarás consciente pero te adormeceremos el resto del cuerpo - luego volteó a ver al personal - ¡Vamos muévanse!

Bulma, entre lágrimas y sudor, sonrió, dejándose hacer.

La pequeña nave se dirigía a un cuadrante que le permitiera estar a una distancia segura de la Tierra, para poder volver a la brevedad, en caso de ser necesario. Por lo mismo, se había asegurado de dejar un mensaje para el señor Briefs, en un lugar donde estaba seguro que Bulma no lo hallaría. Las instrucciones dejadas, obviamente eran a su estilo. Escuetas, claras y con una amenaza al final.

En el interior de la nave se podía apreciar a Vegeta durmiendo, no muy plácidamente. Estaba bañado en sudor y su ceño estaba más fruncido que de costumbre. De un momento a otro despertó abruptamente, como si hubiese tenido una pesadilla, sin embrago no recordaba haber soñado nada.

-¡Que demonios! - exclamó, para enseguida levantar su vista y observar por la ventanilla, notando que ya había sobrepasado el límite del sistema solar hace mucho. Pero eso no lo hacía sentirse tranquilo, sino que por el contrario sintió cierta incomodidad en su pecho. Por lo mismo revisó los controles, verificando que todo estuviera en orden. Su reserva de combustible estaba casi a la mitad, lo que significaba que le alcanzaría con holgura para un viaje de un año. El sistema de navegación tampoco presentaba ninguna anomalía, pero bufó al comprobar que el gas de hibernación no lo acompañaría tanto tiempo. Además de eso, no había nada extraño, por lo que supuso que se debía a la incertidumbre que le provocaba el inminente nacimiento de su cachorro.

Chistó y activó el modo hibernación, para evitar pensar en ellos mientras llegaba a su destino.

Amanecía en la montaña Paoz y Piccoro permanecía levitando en posición de loto, observando la salida del sol mientras meditaba en si alcanzarían a estar preparados para cuando aparecieran los androides "Queda menos de un año para que esos sujetos aparezcan y realmente no se con que nos vayamos a encontrar… En este momento hemos aumentado mucho nuestros poderes, pero aun así me pregunto...¿Será suficiente?"

Tras él apareció Gokú de entre unos arbustos - Hola, Piccoro… ¿Otra vez dormiste aquí afuera? – preguntó mientras caminaba hacia el de tez verde hasta llegar a su lado. De inmediato comenzó a hacer algunos estiramientos, para agregar – Sabes que Milk te dijo que podías usar el cuarto que de visitas…

El namekuseijin frunció. Había días en que su compañero de entrenamiento estaba demasiado parlanchín, y al parecer este sería uno de esos días.

-Sabes perfectamente que no necesito una habitación… Te lo he dicho en más de una ocasión.

-Oh, es verdad… pero aun así… Es extraño que no duermas.

Piccoro decidió cortar el tema - Mhgr… ¿Dónde está Gohan?

-Ya viene… Anoche se quedó estudiando hasta tarde y me costó mucho trabajo despertarlo esta mañana. Ahora mismo debe estar desayunando y… - de repente volteó su rostro hacia el Oeste y exclamó - ¡Vaya! ¡Ya se estaba tardando!

El namekuseijin lo miró extrañado - ¿De qué hablas?

Gokú volteó a ver a Piccoro - ¿De quién más?... Por supuesto que de Trunks.

- ¿QUÉ? – preguntó, algo espantado Piccoro dejando de levitar para enfrentar al saiyajin, mientras un millar de ideas terribles lo invadieron.

-Sí, …Tu sabes – respondió Gokú - …el hijo de Bulma y Vegeta... Acaso ¿lo olvidaste, Piccoro?

Una vena comenzó a aparecer en la sien del namekuseijin, mientras oía hablar al saiyajin - Déjate de bromas, Gokú… Por supuesto que sé quién es Trunks, pero no siento el ki de ese muchacho… ¿Estás seguro?

- ¿Muchacho? - lo miró extrañado el joven y luego de unos momentos comprendió – No, Piccoro. Yo te hablo del bebé… Ya nació el hijo de Vegeta…

El namekuseijin se molestó. Él no podía sentir el ki del nuevo saiyajin, no desde esa distancia.

-Dime… ¿Cómo es que estás tan seguro?

- ¿En serio no lo notas? Si se parece mucho al de Vegeta…

Piccoro frunció. No comprendía como el saiyajin podía sentir esa presencia y él no. Prefirió no seguir hablando de aquello y le respondió - Entonces, ese asunto ya está cerrado y espero que no vuelvas a hablar de ello - tomó su postura de ataque y gritó, mientras le lanzaba un golpe - ¡En guardia, Gokú! ¡Hoy el entrenamiento irá en serio!

El saiyajin se sonrió y resistió la patada con su antebrazo, para luego devolver el ataque.

Con esto dicho se dio por comenzado el entrenamiento de aquel día.

Mientras, en la Corporación, Bulma aún estaba en la sala médica, pero ya todo había terminado. Su equipo médico aun la mantenía conectada al suero y a un par más de monitores. También habían instalado a su lado una pequeña cuna alta. Sin embargo, ésta estaba vacía.

Estaba agotada a pesar de no haber sentido nada cuando nació su bebé. Quería verlo, ya que aún no había podido cargarlo en sus brazos, producto de la anestesia que le habían suministrado, la cual terminó adormeciendo su cuerpo hasta sus brazos. Pero recordaba nítidamente el llanto de su pequeño y cuando se lo aproximaron a su rostro, pudiendo apreciar que era tan pequeño y frágil, pero que, así y todo, había heredado el ceño fruncido de su padre.

Una mujer de cabello rojizo y vestida impecablemente de blanco, revisaba sus signos vitales en uno de los monitores, luego se aseguró que el suero estuviera goteando correctamente y volteó a ver a Bulma sonriéndole, para enseguida acomodarle la almohada mientras le decía - Está todo en orden… Ya le traerán a su bebé… ¿Podrá hacerlo sola?

-Este, creo que sí… Gracias – respondió, asintiendo levemente con su cabeza.

-Será mejor que recoja su cabello, está muy largo… y los bebés suelen aferrarse a él con fuerza.

Bulma observó unos mechones que caían por su pecho. Acto seguido volvió a ver a la pelirroja y le preguntó - ¿Podrías ayudarme?

-Sí, señora.

La técnico sacó de uno de sus bolsillos un sujetador de color azul e hizo lo solicitado por Bulma.

-Está lista – dijo apartándose, luego de haber recogido el pelo de Bulma en un coqueto moño – Más tarde volveré para ver qué tal va todo…

-Te lo agradezco…

La mujer asintió y se aproximó a la puerta. Pero se detuvo, ya que justo en ese momento ingresaba Tights, que sostenía un pequeño bulto en sus brazos.

La rubia entró despacio y luego de sonreírle a su hermana, avanzó hasta quedar a un par de pasos de la cama - ¡Es tan pequeñito!… ¡Mira nada más!… Oye, ¡Es idéntico a Vegeta, pero en versión linda! – decía una orgullosa tía, sosteniendo a la criatura. Ésta comenzó a llorar y a mover sus manitas.

Bulma, aun algo adormilada y adolorida, le respondió - Acércamelo, Tights… Está llorando… Debe tener hambre…

- ¡Tú debes descansar! – le ordenó su hermana, mientras mecía al bebé para calmarlo - ¡Nunca había cargado un bebé en brazos!... bueno, aparte de ti… El pediatra dijo que estaba completamente sano y que nunca había visto un bebé tan fuerte, je, je… - luego volvió su vista a su sobrino - ¿Quién es el muchachito más fuerte? Tú lo eres… tú lo eres…

Bulma frunció.

-Tights, déjate de juegos… Debo alimentarlo…

La rubia hizo un mohín con sus labios, pero de inmediato le entregó el pequeño bulto a Bulma

- ¡Esto no me lo pierdo! - le dijo, mientras se sentaba al borde de la camilla - …Aunque pensándolo bien ¡Ugh!

Bulma se acomodó, recibiendo al bebé. No podía creer que esa criaturita hubiera salido de ella. Su hermana tenía toda la razón al comentar que era idéntico a Vegeta, excepto porque su cabecita estaba completamente calva. Lo sostuvo con cuidado, viéndolo como lloraba y movía sin control sus brazos y piernas.

Ambas mujeres se sorprendieron al ver que el bebé comenzaba a olfatear y a boquear contra el pecho de su madre.

- ¡Es simplemente asombroso! – exclamó Tights - Es decir, ¡Mira nada más como busca con desesperación su alimento…

Bulma se sonrió con ternura y liberó uno de sus pechos e intentó que su hijo mamara, tal como le había explicado la mujer que había estado con ella antes de que llegara Tights. El bebé de inmediato reaccionó, aferrándose con sus manitas a su fuente de alimento y calor, dejando de llorar al instante. Bulma amplió su sonrisa y miró a su hermana, mientras exclamaba emocionada - ¡Mira! ¡Está comiendo!... Es tan extraño, digo, esto de ser madre y amamantar…

Tights se inclinó hacia ella y le dijo, en tono de broma - Más te vale que seas una vaca lechera… porque si traga como su padre, estarás en problemas…

Justo en ese momento el pequeño abrió finalmente sus ojos y miró a su madre. Bulma se sorprendió al ver que eran del mismo color que los de ella, pero al mismo tiempo, al verse reflejada en esos pequeños orbes, sintió una calidez extraña inundarla. Cuando salió de su breve trance miró a su hermana y la regaño - ¡No digas eso! – luego bajó su tono de voz para decir - Pero es verdad, es idéntico a Vegeta… Si no fuera por el color de sus ojos…

La rubia se quedó viendo la conmovedora escena en silencio, pero luego de unos segundos comentó

-Sí, son del mismo tono tuyo, pero puede que aun los cambie… Oye, apropósito ¿No se supone que debería tener una cola?

Bulma la miró extrañada, pero al instante reaccionó - ¡Tienes razón! Lo había olvidado completamente… ¡Auch!, Sí que tenía hambre… Pero supongo que eso es porque Vegeta no la tenía cuando… - inmediatamente se sonrojó – bueno, tu sabes…

- ¡Eres toda una seductora, hermanita! Pero, para serte sincera yo creo que es por la genética…- sentenció Tights - Tus genes deben ser más fuertes que los de él…

Bulma se quedó pensativa un momento pero enseguida le respondió - Puede ser… Pero ¿entonces eso quiere decir que no será muy fuerte?

-Es hermoso y está completamente sano, eso es lo único que importa. – la reconfortó la rubia.

Bulma no dejó de pensar en aquello. Si el bebé no era fuerte, recordó que Vegeta le había dicho que lo mataría, por lo que le comentó a Tights - Pero si él no es fuerte… se supone que Vegeta deberá asesinarlo…

Tights se quedó de piedra. No imaginaba que su hermana sabía de aquello. Pero Vegeta se había alejado de ella para no hacerlo, por eso sabía que el saiyajin no tenía intenciones reales de matar a su propio hijo.

-Debió estar bromeando, hermanita… - dijo, intentando darla por su lado.

-No creo que haya estado bromeando…- le dijo muy seria – Vegeta no bromea con esas cosas… - terminó bajando la vista a su pequeño.

Su hermana al verla deprimirse, le dijo para cambiar el tema - Y ¿Ya decidiste como se llamará? No podemos seguir llamándolo bebé o cosita…

Bulma levantó su vista y le sonrió, mientras le decía - Es cierto. Debo elegir un buen nombre… y que siga la tradición de nuestra familia… No quiero que mi bebé tenga un nombre saiyajin… ¡Son horribles y me recuerdan a la lista del mercado!

-Oh, claro y los nombres de interiores son mejores…

-Sí – le respondió orgullosa la peli turquesa – Son originales y suenan muy bien.

Tights sonrió y le preguntó - Como sea… pero ¿supongo que lo dices por los otros alienígenas que vinieron con Vegeta?

-Si… ¿Puedes creerlo? ¡Uno se llamaba Raditz y el otro Nappa!

Ambas rieron en complicidad.

-Ya me lo imagino… - le dijo Tights entre risas - ¿Te imaginas llamarlo Kakaroto? ja, ja, ja.

Bulma dejó de reír y exclamó - ¡Estás loca, Tights! Ese nombre está prohibido en esta casa….

- ¿Qué? Pero ¿Por qué?

-Bueno… es que ese es el nombre del rival de Vegeta…

-No me digas… ¿Así que mi cuñado tiene un némesis?… ¿por qué no me extraña? – luego hizo una pausa y dijo, mientras se cruzaba de piernas y posaba ambas manos sobre su rodilla – Mmm… Bulma, fuera de bromas ¿Qué te parece llamarlo Trunks?

- ¿Trunks?... – preguntó Bulma, mirándola sorprendida - ¿Pero ese no era el nombre que tenías reservado por si eras madre?

-Será mi regalo para tu bebé... – comentó, acariciando la mejilla rebosante de su sobrino - Siendo sincera, ambas sabemos que eso ya no ocurrió… Además, se oye fuerte. Muy apropiado para un niño mitad alienígena…

- Te lo agradezco, hermanita… - Bulma volvió a ver a su bebé que había comenzado a llorar, por lo que lo cambio de lado para que siguiera mamando y agregó – Aunque él parece completamente terrícola…

-Eso sí… Pero tu esposo no podrá negarse… - luego agregó, haciendo un gesto de fuerza con su brazo - ¡Es un nombre poderoso!

La mirada de Bulma se volvió triste al escuchar hablar del saiyajin, Necesitaba una respuesta de lo que habían dejado pendiente antes de que entrara en labor, por lo que miró a los ojos a la rubia y le preguntó - Tights… ¿Qué pasó con Vegeta?

Su hermana se la quedo viendo. No respondió, solo apretó sus labios y desvió su mirada, incómoda. "¿Cómo decirle lo que Vegeta me dijo sin hacerlo directamente?… Debe existir la forma de hacerlo sin tener que romper mi palabra..."

- ¿No puedes? ¿acaso te amenazó? ¿Es eso? – insistió Bulma, con algo de desilusión en su rostro – Tights, si tú, tan solo pudieras decirme lo que te dijo, quizás podría comprender mejor porque se marchó o porque se comportaba tan extraño… Y no te estoy culpando de nada, en serio, pues sé lo impulsivo y obcecado que es Vegeta… Pero necesito saber él por qué de sus actos… Dime, te lo ruego, hermana ¿Qué ocurrió anoche?

La escritora volteó a verla y lo pensó un momento más. Tenía en su poder la clave para que su hermana recuperara la fe en su esposo y la completa confianza en ella "Debo hacerlo… No es justo que mi hermana esté sufriendo tanto por algo que ya no viene al caso ocultar..." dudó un segundó más, pero al siguiente abrió su boca, dispuesta a contarle a Bulma sobre lo que le había dicho Vegeta, cuando fue interrumpida por una voz maternal que la hizo apretar sus ojos.

- ¡Queridas! - exclamó Bunny.

- ¡Mamá, Papá! – exclamó Bulma feliz de ver a sus padres.

- Tal parece que nuestro nietecito no quizo esperar más, je, je, je – comentó el profesor, agregando - ¿Cómo estás Bulma?

La peli turquesa ni alcanzó a decir nada por que un flash enceguecedor la obligó a poner cara de espanto, al tiempo que Bunny exclamaba, sosteniendo aun la cámara de fotos - ¡Esta se va directo a mi álbum de favoritas!

- ¡MAMÁ! – Exclamaron al unísono las hermanas, en reproche por casi dejarlas ciegas.

El gas se disipó indicando que estaba por llegar su destino. Apenas abrió los ojos, Vegeta soltó un bufido, ya que inevitablemente volvió a pensar en su mujer y su cachorro. Así que de inmediato intento despejar su mente, pero le fue imposible, ellos eran el motivo de que ahora estuviera recorriendo nuevamente el espacio y, aunque no deseaba pensar en ello, existía la remota posibilidad de que ella, o ambos, fallecieran antes o durante el parto. Eso le hizo sentir un nudo en su estómago, pensando en que quizás no hubiera sido tan buena idea abandonar a su mujer tan cerca del parto. Pero como siempre se convenció de que era lo correcto y que como saiyajin esas cosas no debían preocuparle - Mierda… No debo pensar más en ello. Solo debe importarme mi entrenamiento y dominar perfectamente el súper saiyajin… Si nace o no el cachorro o si ella no sobrevive, debieran ser las últimas de mi preocupaciones… Ahora veamos que tanto puedo ejercitarme en ese planeta de cuarta.

Al fin la nave tocó suelo, posándose sobre un prado de color negruzco. Vegeta levantó su vista y observó el paisaje a través del cristal, reconociéndolo de inmediato. Éste variaba entre tonos aguamarina y negro, con unas cuantas rosadas orbitándolo. Se concentró enseguida en encontrar alguna presencia en el planeta y al hacerlo, una media sonrisa se dibujó en sus labios, al darse cuenta que aquel planeta estaba en el más completo de los abandonos.

La compuerta se abrió, soltando el gas presurizado y el saiyajin salió, sujetándose del borde. Enseguida aspiró hondo, sintiendo que le faltaba el aire, debido a lo delgado de este y a que la gravedad de aquel planeta era de aproximadamente treinta veces la de la Tierra.

- Perfecto. Es justo lo que necesitaba. Poder entrenar en un ambiente hostil, en completa soledad y sin reclamos ni preocupaciones… - pero contra su voluntad volvió a pensar en su pequeña familia, por lo que apretó sus puños con ansiedad. Hubiese deseado estar presente cuando naciera su cachorro, pero de solo imaginarse lo que podría ocurrir se le apretaba el estómago, ya que creía que inevitablemente lo asesinaría y que de ser así, sería frente a su mujer.

-¡Tsk!

Escupió a un lado, sintiéndose un imbécil sentimental. Era un saiyajin y tenía que comportarse como tal y si debía asesinarlo, no debía titubear al hacerlo. Aun así, muy para sus adentros, esperaba que la criatura demostrase el poder de pelea suficiente como para perdonarle la vida y poder quedarse en la Corporación hasta la llegada de los androides, entrenando en su cámara.

-Según los idiotas esos nacerá dentro de dos meses… - comentó avanzando unos pasos - Lo indicado es olvidarme de ese asunto hasta que el viejo me avise...

Se elevó en el aire y sobrevoló el lugar, en busca de un sitio adecuado y alejado de la nave para poder comenzar a ejercitarse lo antes posible y, sobre todo, para poder evitar pensar en ese asunto hasta que fuese el momento del parto.

Al día siguiente, el señor Briefs avanzaba por los laboratorios recibiendo felicitaciones por ser abuelo. Sonreía y daba las gracias a cuanto empleado se le cruzaba para saludarlo. Lo único que lamentaba era que no se había quedado para presentar su proyecto, pero el orgullo de recibir un premio ni se comparaba con el orgullo de ser abuelo.

Como venía recién apareciendo por esos lados, tenía varias cosas que revisar, pero de repente Rod lo alcanzó y le dijo - Profesor… ¡Felicidades!

-Gracias, muchacho… ¿Cómo va todo?

-Bien… - le respondió, mirando unos papeles que llevaba en su mano - Ya tengo casi en su totalidad el inventario de la bodega… - hizo un alto y miró al profesor, como pensando en si preguntarle o no. Finalmente le dijo - Pero tengo un problema...Hay algo que no he podido clasificar…

- ¿de qué se trata?

-Bueno… - dudó un momento antes de continuar - No lo sé... es una esfera y tiene un logo que no pertenece a la Corporación... - le dijo, mientras esperaba la reacción del anciano.

-¿Eh?... No tengo idea que sea... - le respondió con sinceridad, para enseguida posar una mano sobre el hombro del joven y decirle - Bueno, tengo tiempo, así que vamos a ver de qué se trata…

Llegaron a las bodegas ubicadas en un costado del último nivel e ingresaron. Caminaron entre varias filas de cajas y partes variadas de inventos antiguos. Finalmente llegaron al objeto que mencionaba el joven. El anciano se llevó una mano a la nuca y comenzó a reír. Era efectivamente una nave esférica, con un extraño logotipo en la compuerta.

-ja, ja, ja…. Me había olvidado por completo de esto…

Rod lo miró extrañado, mientras le preguntaba con algo de preocupación.

- ¿Entonces sabe que es?

-Por supuesto…ja, ja, ja… Es una nave, pero sin querer alguien la cerró y no pudimos volver a abrirla otra vez, ya que funciona con un control remoto… y este se perdió – sonrió y se giró para salir de la bodega - Solo etiquétala como nave traída desde Namekusei.

El rubio miró al anciano entre sorprendido y extrañado, pero luego hizo lo solicitado.

Luego de dejar a Rod, el profesor se dirigió a su laboratorio personal, mientras pensaba en aquella nave, la que habían ido a buscar con unos técnicos días después de que viniera su nieto del futuro a advertirles de los androides. Efectivamente se había olvidado de ella. Se sonrió e ingresó al laboratorio teniendo en mente comenzar a trabajar en algunos juguetes para su nietecito. Se acomodó en su mesa de planos y comenzó a pensar, mientras sacaba un bolígrafo. Pero al meter la mano en el bolsillo de su bata lo notó. Había un papel doblado, que ni cuenta se había dado que traía.

Lo tomó con cuidado, pensando en que quizás era alguna nota que había tomado distraídamente, pero al terminar de desdoblarlo se encontró con la letra inconfundible de su yerno.

"Me marché a entrenar fuera, en la nave que conseguí, por motivos que obviamente no mencionaré. Aun así, necesito de tu discreción en este asunto.

El comunicador esta funcional y te lo hago notar porque espero que me contactes en el caso de que llegase a ocurrir algún evento que requiera de mi presencia.

Ni una palabra de esto a tu hija o de lo contrario consideraré tal acto como traición."

Leyó con calma, se sonrió y luego volvió a guardarlo en su bolsillo. A continuación, se quitó las gafas y las limpió con la punta de su bata, comentando para sí mismo - Ay, muchacho… Primero quieres encerrarte, después huyes y luego quieres volver…

Flash Back

Ingresaron a la oficina del científico. Éste tomó asiento e invitó al saiyajin a hacer lo mismo. Vegeta aceptó y una vez estuvieron frente a frente le dijo - Necesito que refuerces la entrada de la cámara.

El profesor se lo quedó observando un momento, meditando en qué podría estar pensando hacer Vegeta para pedir aquella modificación. Cuando tuvo una idea del motivo, le comentó - Sí, podría hacerlo… pero, dime, muchacho… ¿esto tiene que ver con Bulma y tu hijo?

El saiyajin frunció, aún más - Argg… ¡Qué estupidez! – exclamó Vegeta, exaltado, dando un golpe en la mesa que hizo saltar en su lugar al señor Briefs - ¿Cómo demonios tendría que ver con esto?

El anciano se apresuró a disculparse - No era mi intención incomodarte…

-No me incomodas… Me enervas con esas preguntas tan fuera de lugar… - luego se cruzó de brazos y reclinándose en la silla, cerró sus ojos y agregó - Si necesito enclaustrarme, es porque iniciaré un nuevo entrenamiento, manteniéndome bajo gravedad aumentada las veinticuatro horas de este inmundo planeta hasta que sea hora de enfrentarme a esos androides y no quiero que tu hija se me acerque a importunarme… ya bastante tengo con que este preñada y paranoica…

El profesor solo se lo quedó viendo. Vegeta nuevamente estaba evadiendo su mirada, manteniéndose alejado de su escrutinio. Lo conocía perfectamente y sabía que el saiyajin tomaba esa actitud solo cuando intentaba ocultar algo a toda costa.

-Está bien, Vegeta… en un par de días estará todo listo.

El saiyajin volvió a mirar al científico a los ojos, mientras se ponía de pie y colocando ambas palmas sobre la mesa, dijo - Eso espero… y como siempre, ni una palabra de esto a Bulma.

El señor Briefs lo miró extrañado - ¿Pero no te parece algo extremo? digo… Ella querrá saber, ya sabes cómo es…

- Hmn… Simplemente evita decírselo - lo cortó, para luego agregar - Ya tienes experiencia con eso… Yo hablaré con ella, llegado el momento.

-Como quieras, muchacho… Te avisaré cuando esté todo listo.

Vegeta asintió, a modo de despedida y se retiró de la habitación.

Fin Flash Back

El científico se acomodó nuevamente sus gafas y comenzó a garabatear sobre la hoja. Sin embrago, luego de lanzar unas cuantas líneas, se cruzó de brazos y dijo, para sí mismo - Mmm… Supongo que querías que te avisara cuando Bulma entrara en trabajo de parto… Bueno, eso ya no se pudo…- se estiró en la silla y agregó – Lo mejor será llamarlo y avisarle que ya nació su hijo… El pobre estaba asustado por lo que creía que podría pasarle a Bulma, de eso no me cabe duda alguna… Pobre muchacho confundido…

Se dirigió al comunicador de su laboratorio y presionó el botón de llamada directa que había habilitado para esa nave. Estuvo por cerca de media hora intentando comunicarse pero no lo consiguió por lo que dijo – ¡Vaya! Supongo que está ocupado… Lo mejor será intentar mañana y así pueda al fin conocer a Trunks.

Bulma y su bebé dormían plácidamente, ahora instalados en su habitación. Tenía a su hijo acostado a su lado en la cama, abrazándolo suavemente. Tights entró al cuarto para despedirse, pero al verla tan tranquila, decidió que era mejor marcharse sin hacerlo, ahorrándose otra incómoda plática con su hermana sobre el abandono de su esposo.

Salió de la habitación e iba a ir a ver sus padres, cuando se encontró con el profesor, que llevaba algo a la habitación del pequeño Trunks.

-Hola, papá… ¿Qué es eso?- le preguntó.

-Oh, es un juguete, cariño…

-Es un muñeco muy lindo…

-Sí, lo hice yo mismo… - comentó ingresando a la habitación - pensé que debía tener cosas blandas, coloridas y amistosas en su cunita…Está inspirado en el mejor amigo de Bulma…

Tights lo siguió al interior del cuarto y preguntó - Ah, ¿sí? ¿Y quién es?

-Oh, es cierto… Tu no conoces a Gokú personalmente…

Tights ladeó su cabeza - Oh, ya recuerdo, el compañero de aventuras de mi hermana…

-Sí… por si no lo sabías, él también es un saiyajin… - le dijo el profesor, dejando el juguete en la cuna. Luego agregó - al igual que Vegeta.

-Eso es muy interesante… oye, y él… ¿tiene hijos?

-Pues claro… Tiene uno de unos diez años, creo… Es un pequeño muy inteligente. Su nombre es Gohan…

- ¡Oh! Ya veo… y ¿no supieron de ningún inconveniente cuando nació Gohan?

El profesor la miró intrigado – No lo sé… Solo vinimos a saber de él cuando ya tenía cuatro años... ¿Lo preguntas por Bulma?

La chica se quedó en silencio un momento. Tenía tantas ganas de hablar con alguien de lo ocurrido con el saiyajin y su padre no pasó por alto la ansiedad de ella, por lo que le preguntó - ¿Quieres hablar de lo que ocurrió con Vegeta?

Ella lo miró a los ojos. Si, quería, pero se sentía impedida de hacerlo - Este, sí, pero creí que tu sabrías el por qué se marchó… y mamá tal vez también, porque los he visto muy tranquilos a pesar de lo ocurrido… Pero le prometí a Vegeta que no diría nada al respecto, sin embargo yo…

Su padre la miró comprensivo y le dijo, mientras se metía las manos a los bolsillos y acariciaba dentro el papel que le dejó el saiyajin - No te angusties, cariño… Estamos tranquilos porque conocemos a Vegeta y sabemos que todo lo que hace es con un fin mayor… Y tu madre, bueno, tú sabes cómo es. Pero sé perfectamente que él haría lo que fuese por Bulma…

Tights se alteró un poco ante las palabras tan calmadas de su padre - ¡Eso lo sé! Pero entonces, ¿Solo esperarán a que vuelva?… ¿No sería mejor que te contara y ver cómo animar a Bulma?

El profesor le sonrió - No, hija… Si Vegeta te pidió no hablar de ello, es mejor respetarlo… - la rubia apretó sus puños a los lados - Pero es que me da tanta pena ver a mi hermanita desanimada. Debería estar feliz por el nacimiento de Trunks, sin embargo, ha estado muy deprimida… ¡Ella lo ama y sé que aún piensa que yo lo incité a dejarla!

-No te preocupes por eso, hijita, dudo mucho que siga pensando así… Y ella va a estar bien, ya ha pasado por cosas peores… Es una muchacha muy fuerte y Vegeta debe ser quien le explique… – La tomó del brazo y agregó – Vamos… acompáñame con una taza de té, antes de que te marches…

-Pero…

-Tranquila… Porque mejor no me platicas sobre tu próxima novela…

La rubia asintió y bajó junto a su padre.

A esa misma hora, cerca de la capital del Norte, en medio de los enormes acantilados nevados, los guerreros habían detenido sus ataques, ya que el último, para variar, había enviado lejos al más joven de los tres.

- ¿Te encuentras bien?

Gokú levantó su vista hacia el namekuseijin, comprendiendo que preguntaba el porqué estaba masajeando su hombro izquierdo.

-Sí, Piccoro… Debió zafarse mi hombro con el último ataque de Gohan… Tengo el brazo algo adolorido…

Piccoro frunció profundo y le dio una mirada suspicaz. Tuvo el presentimiento de que eso era más que un hombro fuera de lugar - ¿Estás seguro que es solo eso, Gokú?

El saiyajin lo miró extrañado, pero enseguida le respondió serio - Sí, en serio… Mañana amaneceré como nuevo… - volteó a ver dónde sentía la presencia de su hijo - ¡Gohan se ha vuelto muy fuerte! ¿no crees?

-Mhgr… Supongo – respondió el de tez verde fingiendo desinterés, aunque su mirada se unió a la del otro hombre.

Unos segundos después, Gohan ascendió hasta llegar donde estaban los adultos. Traía su ropa hecha jirones y su rostro lleno de barro - ¿Por qué quedaste tan sucio? – le preguntó Gokú

-Este… es que donde caí la nieve estaba algo derretida, papá...

El de pelos necios se aproximó a su hijo y acuclillándose para ponerse a la altura de él le dijo, mientras posaba sus manos en los pequeños hombros del niño.

-Lo lamento, Gohan… No era mi intención que te hicieras daño…

-No te disculpes, papá…- respondió mirándolo a los ojos - Esto es parte del entrenamiento… Siempre dolerá.

Piccoro sonrió con orgullo, disimuladamente.

-Vamos a casa… ¡Debes estar hambriento! – exclamó Gokú, levantando al pequeño y poniéndolo sobre sus hombros.

Los tres volaron hacia el Este, por donde en ese momento comenzaba a ocultarse el débil sol de invierno.

Paso cerca de un mes en la Tierra y Bulma estaba harta. Tenía ganas de llorar y de mandar la maternidad al demonio ya que su bebé, tan dulce y apacible los primeros días, se había vuelto una máquina de comer y defecar constante que solo paraba para dormir un par de horas. Su madre al verla tan agobiada se había ofrecido a ayudarla pero Bulma se negó rotundamente, porque creía que era lo suficientemente fuerte para lidiar sola con un bebé. Era una cuestión de orgullo, ya que quería restregarle en la cara al saiyajin el que ella era perfectamente capaz de hacerlo sola.

El pequeño había crecido un poco, al igual que el volumen de sus gritos y estaba ganando peso considerablemente. Su color de ojos seguía siendo azul y Bunny, como buena abuela, había comentado que así se quedarían y que estaba segurísima de que su cabello pronto comenzaría a crecer y le apostó al color lila, cosa que su hija le dijo que era casi imposible.

Pero esta vez, Trunks lloraba en sus brazos y no lograba tranquilizarlo con nada. Bulma se paseaba nerviosa por el cuarto, meciendo a su pequeño pero de un momento a otro no aguantó más. Tenía tanta pena y rabia contenida que, sin pensarlo realmente, gritó - MALDICIÓN, TRUNKS ¿QUÉ MÁS QUIERES DE MI?

Bunny, que justamente estaba en la habitación del bebé, acomodando unos juguetes, la oyó y se dirigió de inmediato al cuarto contiguo, para hacer recapacitar a su hija.

-Bulma, no tienes por qué tratarlo así… ¡es solo una criatura!

La peli turquesa volteó a verla con los ojos llorosos y el ceño fruncido - ¿Crees que no lo sé, mamá?… Pero ¡No quiere dormir o comer!… Ya revisé su pañal, le rasqué la espalda y ¡no se calla!… Por su culpa no he dormido casi nada desde no sé cuánto tiempo...

-Tres semanas y dos días, querida…

La muchacha rodó sus ojos y exclamó - ¡No te estaba preguntando!... ¡Solo era una expresión!

Bunny suspiró y se aproximó con calma a su hija - Cariño, tranquilízate… ¿quieres dejar de gritar? Pones de malas al pequeño Trunks…

-Lo sé… pero ¿es que acaso no puedo estar yo de malas también? Estoy harta… ¡Esto es horrible! Con suerte duerme un par de horas y es imposible alcanzar el sueño profundo en ese tiempo… ¡es idéntico a su padre!… ¡Lo único que hace es fastidiarme!

Bunny posó una mano en el hombro de Bulma y le dijo - Querida… estás cansada y eso te provoca desquitarte con el bebé… pero él no tiene la culpa…

- ¡Claro que sé que él no tiene la culpa de parecerse al maníaco desgraciado de Vegeta!

Ahora su madre abrió muy grande sus ojos y la gritó - ¡BULMA!

La muchacha volteó a ver a su madre entre asombrada y confundida, ya que jamás la había gritado así.

Bunny al notar que tenía la atención de su hija le dijo, más clamada - Hija, sé que te sientes sola y despechada, pero no es motivo suficiente para que trates así a tu hijo…

-Mamá… – iba a replicar, pero se arrepintió al darse cuenta de lo inútil que sería seguir argumentando en ese estado.

- Sé que no quieres mi ayuda, ni la de nadie… - continuó Bunny - pero desde un principio te dijimos que no estarías sola en esto. Ahora, dame a Trunks y ve a dormir… Ya verás que mañana amanecerás como nueva.

Bulma sintió que las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos sintiendo una pena enorme por lo que había dicho. Con cuidado le entregó el pequeño a Bunny y luego le dio un beso en la frente, mientras le acariciaba su cabecita y le decía - Lamento lo que dije, Trunks… Te prometo que no volverá a ocurrir…

Bunny sonrió y se llevó al pequeño de la habitación.

La joven, una vez sola, se sentó en la cama y se permitió llorar, pues se sentía tal cual dijo su madre. Extrañaba a su esposo, pero peor aún, no se sentía unida a su bebé. Era como si fuera el hijo de alguien más que le hubieran dejado a cargo, sentía que en cualquier momento alguien vendría por él y ella volvería a su antigua vida, así como si nada.

Su llanto, que había comenzado como un leve gemido, terminó convirtiéndose en verdaderos gritos.

Necesitaba desahogarse. Su corazón le dolía, y esto, sumado al estrés de no poder dormir y de pensar en porqué realmente Vegeta se había marchado, la estaba llevando a una depresión y lo intuía. Debía sacar fuerzas de donde no las tenía para ser una buena madre para ese pequeño y darle todo el cariño que seguramente su padre no había tenido. Lo último que necesitaba era que su bebé se convirtiera en un patán sin sentimientos como Vegeta. Y aunque él había demostrado tenerlos hacia ella, sabía ocultarlos muy bien y eso la desconcertaba. Definitivamente quería que su bebé creciera sabiendo expresarlos y que recibiera mucho amor. Pero a pesar de estar molesta con Vegeta, lo extrañaba y quería verlo nuevamente, sin embargo, estaba aquel tema del poder de su hijo, lo que la hacía temer el día que retornara a la Tierra.

Se llevó las manos a su rostro, y continuó llorando por cerca de una hora, hasta que la venció el cansancio y se dejó caer en la cama, exhausta, entrando casi al instante en un profundo sueño.

Gokú despertó de golpe, sintiendo su pecho apretado. De inmediato frunció, mientras una de sus manos se agarraba la camiseta a la altura del corazón.

-Agg, k-k…

Por los olores que inundaron su sentido del olfato, supo de inmediato que su esposa ya estaba preparando el desayuno.

Se asustó al pensar que lo que estaba sintiendo era producto de la enfermedad que le había advertido Trunks, ese dolor de su brazo izquierdo había persistido, pero no le había dado importancia, ya que muchas veces las lesiones podían mantenerse por un tiempo, sobre todo si no se tenían semillas del ermitaño a mano.

Apretó sus dientes, intentando no llamar la atención de su esposa, pero por suerte recordó que tenía la medicina a mano, en uno de los cajones de su mesa de noche.

Se enderezó con mucha dificultad, para luego quedar sentado, llevando la otra mano hacia el mueble. Le costaba en demasía respirar, por lo que se apresuró en abrir el cajón y una vez tuvo en su poder lo que necesitaba, destapó el frasco y bebió un sorbo del mismo envase. Acto seguido, lo dejó como pudo sobre la superficie, mientras tragaba y se dejó caer de espaldas en la cama, a la espera de que funcionara. Estuvo varios minutos así, en los cuales creyó que su corazón se detendría para siempre, sin embargo, sus latidos se normalizaron y sintió, con alivio, como su pecho se descomprimía y que nuevamente podía respirar normalmente.

Se sentó en la cama y tapó el frasco, guardándolo nuevamente en su lugar. Aunque sin querer pasó a llevar la lámpara de noche y ésta, a su vez, empujó un porta retrato al que se le trizó el vidrió al darse contra el suelo. Era una fotografía de su boda.

Justo en ese momento oyó a Milk, gritándole desde la sala.

-Gokú ¿ya despertaste?

-Este… ¡Sí! – respondió, sobresaltándose un poco.

- ¡El desayuno está listo! Por favor avísale a Gohan, para que se levante…

- ¡Ya voy, Milk!... – le respondió, agregando bajito, mientras miraba el porta retrato y lo cogía para volver a ponerlo en su sitio – Kami Sama, por favor que no se enoje por esto…– luego exclamó para sí mismo, poniéndose de pie de un salto - ¡Es fantástico! Esta medicina funcionó a la perfección… Ahora a comer y a continuar con el entrenamiento…

Tomó su ropa de una silla que estaba en la habitación, comenzando a vestirse. Cuando terminaba de amarrar sus pantalones miró hacia la ventana, donde se había posado una avecilla - ¡Vaya! Es una verdadera suerte que Trunks nos visitara…

Se terminó de vestir y se fue directo a buscar a su retoño.

Por la mañana Bulma se sentía mejor, pero al verse sola en la cama, un sentimiento de angustia la inundó y fue en busca de su bebé. Comprendió en ese instante que su madre tenía razón, al no tener a Trunks cerca de ella se le formaba una especie de vacío en su pecho, pero como buena científica que era, lo atribuyó al cambio hormonal y cerebral que sufren las mujeres al convertirse en madres. Prefirió no pensar más en ello y con premura se colocó una bata, encaminando sus pasos hacia el cuarto de Trunks. Pero tampoco estaban allí ni su bebe ni su madre por lo que entonces se dirigió a la cocina.

Allí estaba Bunny, preparando el desayuno. Pero no había ni rastros de su bebé.

-Mamá…

- ¡Buenos días, querida! ¿Dormiste bien?

-Sí, gracias… este ¿y Trunks?

La señora se sonrió de espaldas a su hija - Está con tu padre… lo llevó a los laboratorios para presumirlo.

Bulma se abrazó a sí misma y avanzó hasta la mesa, tomando asiento. Observando la nave donde habían viajado con Vegeta. Extrañaba mucho aquellos días ya que, a pesar de todo lo ocurrido, ese viaje había fortalecido aún más lo que sentía por el saiyajin.

- ¿Aun te sientes cansada? – le preguntó su madre, haciéndola volver a la realidad.

-Este… creo que no. Solo algo melancólica…

Bunny le sonrió con ternura - Yo también extraño a Vegeta… Pero sea lo que sea lo que lo llevó a marcharse, debes comprender que debió tener sus motivos…

Bulma respondió con fastidio, mientras apoyaba su cabeza en su mano y miraba un tazón de leche frente a ella - Sí. Volverse más fuerte y derrotar a Gokú… Además de abandonarme cuando más lo necesitaba…

-No, querida… - comentó su madre, acercándole una bandeja con panqueques – Ya te lo he dicho, creo que él se marchó porque se sintió abrumado con la idea de ser padre. Dale tiempo… ¡Ya verás como todo se soluciona cuando regrese!

Bulma se la quedó viendo un momento - No lo sé… Ahora me da un poco de temor que vuelva…

Su madre la miró extrañada - ¿Por qué, cariño?

-Es que… temo por la vida de Trunks.

-Ay, querida… Tu sabes perfectamente que Vegeta ladra, pero no muerde. Además, recuerda que lo que te dijo fue para el bien del pequeño…

-Sí, lo sé… pero es que cuando lo dijo parecía estar hablando totalmente en serio… Quizás quería un hijo, pero uno que fuera similar a su raza… ¡Trunks ni siquiera tiene una cola!

-Bueno… eso es un misterio que no podremos develar hasta que crezca un poco ¿no crees?... Sin embargo, estoy segura de que será un muchacho muy fuerte y apuesto. ¡Deja de preocuparte! Ahora solo debes estar bien para tu bebé… él es quien te necesita ahora.

-Sí, supongo… Es que no sé si tenga madera de madre como tú…

-Ay, querida… Tranquila. Ya verás que sí.

La señora se iba a retirar, pero Bulma le habló nuevamente - Em… ¿Mamá?

-Dime, querida… - le respondió Bunny, volteando a verla.

-Tú… este, ¿Tú me quisiste desde que supiste que me esperabas?

Bunny la miró un momento con sorpresa, pero enseguida le dio una cálida sonrisa - Por supuesto querida… Tanto a Tights, como a ti las quise desde que supe que vendrían… Aunque siempre es difícil al comienzo, ya que es un cambio tan radical en la vida de una mujer que es imposible no sentirse confundida y agobiada… ¡No te atormentes más!… Con el tiempo te darás cuenta que esa pequeña cosita es todo para ti…

Bulma le sonrió de vuelta. Esperaba sinceramente que su madre tuviera razón, porque a ella todavía le parecía ajena la idea de haberse convertido en madre. Y Aunque tuviera reacciones de ternura por su hijo, terminaba atribuyéndolo a su cuerpo y no a su corazón.

- ¿Por qué no le lees un poco? – le recomendó Bunny - Eso es ideal para que su cerebro se desarrolle sano y fuerte.

Bulma la miró sorprendida. No esperaba que su madre le diera ese tipo de ideas y era una excelente, por que su rostro se iluminó al decirle - Por supuesto, mamá. ¿Cómo no pensé en eso?… - hizo un alto y agrego de mejor ánimo - Pero esperaré a que mi papá deje de presumirlo…

Bunny sonrió complacida y salió finalmente.

Bulma se quedó meditando sobre esto, mientras desayunaba. Ella tiempo atrás había decidido hacerle frente a esta aventura y no era ninguna cobarde, además de proponerse defender a su bebé hasta de Vegeta, si la situación así lo ameritaba "Si aún no crecen en mí los sentimientos de madre, los crearé a punta de esfuerzo y ocupándome del desarrollo de Trunks… Además, si el idiota de Vegeta no desea ser parte de la crianza de nuestro hijo, no me importa... No voy a quedarme como una estúpida esperando a que regrese… Estoy harta de que crea que puede hacer lo que quiera, sin darme ni una maldita explicación… Debo criar a mi hijo como lo que es, un chico terrícola, heredero de la Corporación más grande de la Tierra… Y si a ese saiyajin retrogrado y terco no le agrada ¡bien puede irse al demonio!"

El Maestro Karin se dirigió a la planta superior y se aproximó a una vasija. En seguida frunció y fue en busca de su asistente.

- ¡Yajirobe! - gritó.

El hombre llegó corriendo, pero tuvo que regular su respiración antes de responder - ¿Qué ocurre, Maestro?

- ¿Dónde están las semillas?

-No sé de qué me habla… - dijo, desviando su rostro mientras posaba sus manos en su nuca.

- ¡No te hagas el idiota!

Yajirobe volteó a ver al viejo gato - Está bien, viejo, te lo diré… Tenía hambre y como no estaba de ánimo de cocinar, me las comí…

- ¡¿Qué?!

-Sí… – respondió, hurgándose la nariz - es que no tenía ganas de comer arroz nuevamente…

- ¿No te das cuenta de lo que has hecho, maldito irresponsable?

- ¿Cómo me llamaste?

-Eres un…. – Karin intentó buscar un adjetivo, mientras lo amenazaba con su bastón - ¡Gñau! ¿Te las comiste todas?

-No soy imbécil… Si me las comía todas reventaría…

- ¿Dónde están las que sobraron?

- ¿Qué cosa?

- ¡LAS SEMILLAS, IDIOTA!

-Ah… están en ese plato – le respondió indicando un cuenco de arcilla

El gato se dirigió presuroso a revisar donde le había dicho el muchacho, pero vio con decepción que solo quedaban diez.

Dio un salto y golpeó a Yajirobe con su bastón - Maldito gordo glotón… ¡Esas semillas eran para Gokú y los otros!

-Auch, espera… ¿por qué me culpas a mí?

- ¡PORQUE TU TE LAS COMISTE!

-Es tu culpa… Tu no dijiste nada de que no podía comerlas…

El gato refunfuño y se lo quedó viendo un momento. Enseguida miró las pocas semillas - Espero que con estás alcance – comentó tomando el cuenco y vaciando las semillas en una bolsita de cuero – Creo que tengo el castigo perfecto para ti…

- ¿Qué? ¿un castigo? – preguntó exaltado, luego se cruzó de brazos y le dijo – ¡Estás loco si piensas que voy a limpiar otra vez tu caja de arena!

- ¡Cállate, insolente!… - le gritó, luego se lavó una oreja - Miau… No tiene caso discutir contigo… Irás a ayudar en la batalla contra los androides ¿me entendiste?

-Como digas, viejo… pero quedará en tu conciencia si llego a morir…

-No tendría tanta suerte, barrigón.

-Bah!... – hizo el hombre dirigiéndose a la planta baja - Iré a dormir un rato. Mi barriga me pesa mucho…

- ¡Un sinvergüenza! – exclamó el gato, recordando el adjetivo que no había podido hallar - ¡Eso es lo que eres!¡Un maldito sinvergüenza!

Karin miró nuevamente la bolsa de cuero y gruñó. La compañía de ese muchacho le agradaba, pero al mismo tiempo había veces que deseaba matarlo con sus propias patas.

Bulma, que estaba vestida con un vestido holgado blanco y con sus cabellos tomados en una trenza, sacó un enorme libro de ciencias de la biblioteca y lo acomodó en el suelo, junto al moisés de Trunks. Estaba dispuesta a crear ese vínculo y a seguir con la tradición familiar de ser grandes científicos. Después de todo tanto ella como Vegeta eran mentes brillantes, por lo que su hijo no podía ser menos.

Levantó con delicadeza a Trunks y sentándose en el suelo, lo acomodó, recostándolo sobre sus piernas. En seguida cogió el pesado libro y lo abrió en el piso, delante de ambos y le dijo, antes de comenzar a leer.

-De acuerdo, bebé… Hoy empezaremos a conocer los libros de esta enorme biblioteca… Hay libros de muchas cosas. Pero hoy leeremos este de Física, por que es uno de mis favoritos, así que pon atención… - bajó su vista a las páginas y comenzó - La materia, incluso la que constituye los organismos más complejos, está constituida por combinaciones de elementos. En la Tierra, existen…

Trunks, con su eterno ceño fruncido miraba atento hablar a su madre casi como si le entendiera.

Así estuvieron cerca de media hora, hasta Bulma vio que Trunks comenzaba a bostezar.

-Creo que alguien quiere dormir…¿verdad bebé?

La puerta del cuarto se abrió en ese mismo instante y apareció Bunny - Querida ¡Aquí estaban! Tienes visita… ¡Oh! y el cartero te dejó esto – dijo aproximándose a ellos y entregándole un pequeño paquete café a Bulma.

Bulma volteó a ver su madre, extrañada y recibió el extraño paquete con una de sus manos, exclamando enseguida al ver el remitente - ¡Vaya! Es de Tights… ¿Será una copia de su nueva novela?

-Creo que es muy pronto para eso, cariño… Aunque con tu hermana nunca se sabe… - comentó Bunny para luego agregar – te esperan en la sala... Es el…

- ¡No me digas, mamá! … Quiero que sea sorpresa para mí también.

-Como tú digas, querida… Iré a avisar que vas en seguida… - dijo Bunny, saliendo por donde entró.

Bulma dejó el paquete sobre la alfombra y cogió a Trunks en brazos, mientras le decía imitando a Vegeta - Vamos a ver quién se atreve a poner un pie en los dominios del príncipe de los saiyajins… Quienquiera que sea, de seguro se llevará una gran sorpresa cuando conozca al delfín de los saiyajin, ja, ja, ja…

Continuará...