Como lo prometido es deuda, aquí les dejo la actualización que debía XP

Sé que dije que iba a hacer una intro más corta XD, pero si alguien normalmente se las salta les recomiendo leer esta, porque esta vez no redacte sólo algo similar a lo que había quedado en el capítulo anterior, sino que agregué algunos detalles que no puse en el capítulo que venía antes.

Sin más los dejo con el fic…

UN HEREDERO PARA HYRULE

En el capítulo anterior…

El baile seguía un curso normal, ya gran parte de los invitados se habían unido y a pesar de que Link había estado cambiando constantemente de pareja, sólo se limitaba a decir un monótono "hola, es un gusto" y después seguía con lo que había estado haciendo… buscar con su mirada a su esposa, la misma que destacaba entre la multitud al vestir totalmente de blanco.

De hecho en el último cambio que había hecho ni siquiera se había molestado en observar a la persona con la que estaba bailando, ¿el motivo?, Zelda había terminado bailando junto a un joven alto, elegante y muy bien parecido. El sujeto se había acercado más de la cuenta a la muchacha y le sonreía con una amplia y larga fila de piezas blancas bien alineadas. Definitivamente todo un casanova.

Que se cree ese tipo –pensó muy molesto al notar como la muchacha incómoda empujaba disimuladamente al enorme sujeto para que este tomara algo de distancia.

Evidentemente los celos estaban haciendo su trabajo, y si es que Link no se estaba imaginando cosas y ese tipo osaba con sobrepasarse con su mujer, se las vería con él.

¿Su mujer? En verdad aquello sonaba bastante posesivo si se ponía a analizarlo fríamente, pero… igualmente comenzaba a agradarle sentirla de esa manera, saber que ahora ella era algo más que su amiga de la infancia o su prometida.

Y estaba tan inmerso en aquello que no pudo más que llevarse una sorpresa cuando la pareja con la que había comenzado a bailar hace tan sólo unos segundos le dirigía la palabra.

– Tanto tiempo sin vernos muchachito.

Un escalofrió recorrió su espina dorsal, esa voz seca y dura se le hacía muy familiar. Y aún con algo de recelo dejó de observar lo que pasaba con Zelda y el tipo grandote ese, para dirigir su mirada hasta la mujer que ahora tenía en frente.

– Usted… usted es…

.-.-.-. Capítulo 7: ¿Y qué harás esta noche? .-.-.-.

Casi no podía respirar, ver aquel duro semblante observándolo fijamente había sido más de lo que se veía en capacidad de enfrentar.

¡¿Cómo demonios había vuelto?!

– Por su cara, veo que no me esperaba.

¡Obvio que no la esperaba! ¿Estaba enferma o qué? ¿Cómo iba a esperar a que se apareciera en su matrimonio después de que él y Zelda la mandaran por correspondencia?

– Usted...

No podía hablar, todos a su alrededor seguían en su mundo, hasta ahora nadie se había percatado de la conmoción en la que en esos momentos se encontraba el joven heredero al trono de Hyrule.

Retrocedió, chocando con una de las parejas. Y ahí quedo la grande, la chica perdió el equilibro y golpeó a otra joven que estaba a su lado, esta a su vez cayó sobre su pareja quien al no esperarse algo como esto se fue de espaldas al suelo chocando a su paso con otra pareja y así pronto más de la mitad de las parejas que estaban bailando terminaron o en el suelo o discutiendo con quien tenían más cerca.

– No puedo creerlo –Zelda también había sido empujada por una de las parejas, había mucha gente bailando así que estaban todos muy pegados, y al perder el equilibrio había golpeado al enorme tipo con el que estaba bailando, ambos habían caído al suelo, pero la chica ajena al pobre sujeto que ahora estaba bajo ella se levantó pisándolo y se quedó allí, sobre él ya que le daba un poco de altura para observar aquella imagen que casi le pareció sacada de una película de terror– es... es... mi maestra de historia.

Era como para no creérselo, ahí estaba Link justo frente a la momificada mujer. Y como si todo ocurriera en cámara lenta pudo ver como su querido padre se acercaba hasta la escena donde todo el desastre en el que se había convertido el baile había comenzado.

Tenía que hacer algo... tenía que impedir que el Rey alcanzara a la momia.

Y pisando a todo el que se le atravesara, comenzó a avanzar.

– ¡Link! ¡Mi padre se acerca! –Le gritó desesperada al ver que sus infructuosos intentos por moverse en medio del caos que se había generado de un momento a otro eran totalmente inútil.

Al escucharla, supo que necesitaba un plan, no podía quedarse allí paralizado mirando a la mujer más arrugada en la historia de Hyrule.

– Venga conmigo –agregó casi por inercia y sujetando uno de sus huesudos brazos la jaló con fuerza.

– ¡¿Estás loco o qué?! –Alegó muy molesta la mujer sin la posibilidad de oponer resistencia. El joven tenía muchísima más fuerza que ella.

– No sea mal agradecida, le estoy ayudando a salir de este desorden para que no salga lastimada –le mintió al tiempo que apartaba a dos parejas que discutían acerca de quien había sido el que había golpeado a quien primero.

– ¡No quiero ir a ninguna parte! –Volvió a quejarse furiosa.

– Y no irá a ninguna parte, Nora.

Link se detuvo en seco, justo delante de él estaba Impa. A lo lejos Zelda había dejado de observar la escena, cubriendo con sus dos manos sus ojos. Iban a matarlos, Impa la iba a castigar de por vida.

– Impa –Link sonrió nervioso, estaba atrapado y condenado– Sólo estaba dando un paseo por aquí con la maestra de Zelda.

– ¡Pero que gustazo, Nora... querida! –Agregó el Rey jubiloso al darles finalmente alcancé al escurridizo chico y la maestra.

– Para mí no es un gusto, Daphnes.

El soberano sonrió nervioso, era evidente que la mujer aún mantenía su mal carácter.

– Tan adorable como siempre –comentó tratando de romper la tensión del momento.

Fue entonces cuando Zelda logró llegar hasta donde todos se encontraban reunidos, había planeado un ingenioso plan que sin lugar a dudas daría buenos resultados.

– ¡Perdónenos maestra! –Exclamó arrodillándose frente a la mujer– usted sabe que la admiró y reconozco que he sido una mala alumna, pero... no condene a su pupila que en ese entonces no sabía lo que hacía –se había aferrado a la tela del vestido de la mujer y la observaba con los ojos bien abiertos e inclusive se había esforzado por aparentar el haber estado llorando, realmente arrepentida– le prometo que seré una buena alumna, que llegaré a tiempo a sus clases y me esforzaré por escribir los mejores ensayos que ha leído en su vida.

Impa sonrió divertida, en verdad Zelda se estaba esforzando.

– Jovencita –la dura voz de la mujer la hizo callar.

– ¿Dígame maestra?

– ¿Podrías tener la amabilidad de soltar la falta de mi vestido? –Le dijo levantando una ceja manteniendo ese impenetrable y serio semblante en su rostro– la está arrugando.

Zelda sintió como su sangre comenzaba a hervir, como odiaba a esa detestable mujer. Se esforzaba por ser amable y verse arrepentida, pero ella... ¡arg! De verdad no se arrepentía de haberla enviado por correspondencia hace un año atrás. Link al notar que su pareja apretaba con más fuerza la tela del vestido de la escuálida mujer se arrodilló junto a ella y con cuidado apartó la temblorosa mano de la princesa del vestido.

– Tranquila –le susurró sabiendo que ella estaba realmente molesta– recuerda que es sólo una ancianita.

¿Ancianita? ¿De verdad Link la había llamado "ancianita"?

¡Ancianita mis nalgas! A esa vieja amargada seguro se le había secado el corazón hace años.

– Bueno, ya que estamos todos aquí y mientras esperamos que todos los invitados vuelvan a componerse –el Rey parecía estar ansioso por soltar su nueva y gran noticia– Les debo confesar que me di el trabajo de buscar a Nora por todo Hyrule –y luego dedicándole una mirada a la mujer agregó– aunque nunca me espere que llegaras tan pronto.

– Dejémonos de rodeo –la mujer parecía no estar dispuesta a alargar esa conversación– desde hoy me encargaré de educar al futuro Rey de Hyrule.

Un minuto de silencio.

– ¡¿Qué?! –Link casi no podía creer lo que estaba escuchando.

– ¿Es en serio padre?

– Por supuesto que sí, querida –y sonrió, como si nada hubiera pasado.

Y no se habló más.


Todo este escándalo por… ¿por nada?

Se sacó la armadura que cubría su pecho y sus hombros, dejándolas tiradas a un lado. Al menos sin ese peso se sentía medianamente mejor.

Esto debía ser una broma, en serio… ¿cómo podía ser posible que el padre de Zelda volviera a contratar a la mujer más fea y arrugada de todo Hyrule para que él estudiara?

¿Qué le vio cara de súper mega genio sabiondo? ¡Oh cielos!, ese papel le venía muy bien a Shad no a él, digo… sabía leer, obviamente. Pero... pero de eso a... a... ¿estudiar? Desde que era niño no recordaba haberse sentado a estudiar nunca en su vida, de hecho… la única vez que había hecho un singular intento de hacerlo fue ese día que habían mandado a la momia por correspondencia.

Que día aquel… en verdad había sido toda una locura…

Después de haber pasado las mil y una peripecias tratando de atrapar a Zelda para que asistiera a su dichosa clase de historia, finalmente se acercaban a la biblioteca, donde se suponía era la clase, pero Zelda insistía en negarse a ir y como si eso no fuera poco iban retrasados, "muy" retrasados. ¿Por qué Impa lo había tenido que dejar a cargo de la muchacha? ¡Aquello era demasiada responsabilidad!

Además, le dolía en lo más profundo de su ser ver a la pobre muchachita sufriendo por tener que enfrentar a la que ella denominaba "una mujer terrible", pero si no llegaban a esa clase Impa se encargaría de acabar con su vida.

¿Qué iba a hacer?

¡Tengo una idea! –Le había dicho la princesa tomándolo de su brazo– ¿Qué te parece si vamos y disfrutamos nuestros últimos segundos de vida juntos? –Y le sonrió ampliamente.

No volveré a caer en tus juegos –le aclaró mirándola de reojo, ya lo había engañado más de una vez y no volvería a caer ante esa… esa sonrisita manipuladora– entraremos y punto.

Se acercó decidido a la puerta y sujetó la manilla para comenzar a girarla.

¡Por favor! –Le rogó ahora la muchacha abrazándolo con fuerza, juntando su cuerpo al del chico, sus ojos se habían llenado de lágrimas para ese entonces– ¡Te aseguro que no quieres conocer a "esa" mujer furiosa!

Link sintió como su corazón se aceleraba notablemente, sentir el cálido cuerpo de la joven pegado a su espalda, estrechándolo con fuerza… aquello… aquello era algo que en verdad no se había esperado.

Su cuerpo se había tensado y su respiración comenzaba a denotar el nerviosismo que comenzaba a apoderarse de él…

Definitivamente no se había esperado aquello, ni mucho menos se esperó lo que paso un segundo después…

Por favor, dime que si –agregó la chica liberándolo del abrazo, al mismo tiempo que se interponía entre la puerta y él– por favor –volvió a suplicarle juntando sus manos sobre su pecho y clavando su vidriosa mirada sobre el guerrero.

Sus bonitos y claros ojos se veían más cristalinos que de costumbre a causa de las lágrimas, y aquella expresión que sumaba sus finas cejas ligeramente arqueadas y sus labios dibujando un puchero formaban en conjunto una expresión que no podía pasar por alto.

¡¿Cómo demonios se iba a negar a su petición si lo miraba con esa carita?! ¡Maldición!

Por favor –agregó con voz suplicante y quebrada, acercándose otro poco. Sabía que lo tenía… sólo un poco más.

Me rindo –dijo finalmente desviando su mirada al suelo, sabiendo que había sido derrotado por la princesa y su conmovedora actuación– tú ganas –estaba sonrojado y resignado, no tenía poder sobre ella, eso estaba muy claro.

¡Gracias! –Exclamó la jovencita abalanzándose contra Link para abrazarlo.

Pero este repentino movimiento había conseguido que el chico perdiera el equilibrio y se fuera derechito al suelo junto a la princesa que ya le tenía los brazos puestos alrededor del cuello.

¡Princesa! –Era evidente que la anciana que acaba de aparecer en escena estaba furiosa por tan indecorosa escenita.

Él sólo había alcanzado a verla de reojo, con el fuerte golpe que se había dado en la cabeza no podía recordar más que aquello…

– Y ahí comenzó todo –murmuró para sí apoyando sus codos en la baranda ancha del balcón, observando al horizonte... Desde allí tenía una bonita vista de la ciudadela.

Al menos aquí afuera hay algo de tranquilidad para poder pensar…

– ¿Qué pasa hermano, por qué tan pensativo? –Agregó una "conocida" voz tras su espalda.

Corrijo… había algo de tranquilidad…

– Linebeck –no necesitaba voltearse para saber de quien se trataba.

– ¿Parece que no me esperabas? –Le dijo desinteresadamente, haciéndose de un espacio justo al lado del chico, apoyando su espalda y uno de sus codos sobre la baranda del balcón con una copa en la otra mano– Además, tienes una cara terrible.

– ¿Tan mal estoy? –Agregó sonriendo resignadamente, volteando su rostro para observar por primera vez al sujeto.

– ¿Quieres que te diga la verdad o prefieres que sigamos siendo amigos? –Le preguntó con esa extraña sonrisa que lo caracterizaba. Era una mueca muy peculiar que sólo dejaba ver parte de sus dientes.

– ¡Esto es terrible! –Soltó de repente, ya había guardado demasiado tiempo su frustración como para seguir fingiendo que era un "feliz" recién casado– Eh estado toda la noche tratando de hablar con Zelda, luego cuando al fin consigo estar con ella viene el dichoso baile y todo hubiera estado perfecto si en medio no me hubiera tropezado con la ex maestra de Zelda que ahora será "mi" maestra, ¿Sabes lo terrible que es pensar tener clases con una mujer que mandaste por correspondencia?

Linebeck soltó una fuerte carcajada antes de responder.

– Ni que lo digas muchacho, yo te advertí que casarse era un mal negocio –al parecer al sujeto no le había hecho eco lo último que Link le había confesado.

– ¿Entiendes la magnitud de lo que acabo de decirte? –Insistió Link quien empezaba a tener un leve tic en el ojo al notar que el "marinero" seguía sonriendo como si nada.

– ¡Pues claro! –Se alejó de la baranda para pasar uno de sus brazos por los hombros del joven– te contaré un secreto, uno que seguro va animarte muchachito.

– ¿De qué demonios me estás hablando? –Cuando Linebeck se le acercaba para decirle "secretos" de verdad sentía que nada bueno podía ser, viniendo de él… ¿con qué estupidez iba a salirle ahora?

– Shhhh –lo silenció, dejando caer un poco del líquido que tenía en la copa, estaba algo borracho y no media bien sus movimientos– tengo pensado arriesgarme y tocar ese bonito trasero que tiene tu esposa.

Aquello le cayó como una enorme piedra en la cabeza.

– ¡¿Cómo demonios te atreves maldito enfermo pervertido?! –Link ya se había dispuesto a golpearlo, pero Linebeck se había adelantado a sus movimientos y con algo de torpeza lo había esquivado.

– ¡Esa es la actitud! –Exclamó elevando sus manos para aplaudir, no sin antes haber bebido todo el contenido que le quedaba a la copa.

– ¿Eh? –No alcanzaba a pillarlo, ¿Por qué diantes ahora le aplaudía?

– Tienes todo lo que hace falta, con esa misma seguridad tienes que ir y darle de frente a la princesita, que anda que si esta buena… digo… si no fuera tu mujer… uff

– Linebeck –su puño se había cerrado nuevamente, y sus dientes los mantenía fuertemente apretados.

– ¿Alguna vez la has visto desnuda? –Ahora lo apuntaba con su dedo índice, sonriéndole con un aire pervertido.

– ¡¿Qué?! –Link se sonrojó notoriamente.

– ¡Oh, vamos Link! ¿No me vas a decir que nunca has…?

– ¡Para! –Lo interrumpió totalmente sofocado, ¡Claro que había visto a la chica desnuda o casi desnuda!, no intencionalmente claro está, pero… ¡Arg! ¡Al diablo!

Y entonces alguien ingreso al balcón.

– ¿Link? –Para desgracia del chico la joven princesa había hecho acto de presencia en el momento menos oportuno.

– ¿Zelda? –Desvió su mirada con su rostro totalmente rojo.

Ella acaba de aparecer y él lo único que hacía era verla e imaginársela... ¿sin ropa? ¡¿En qué clase de pervertido se estaba convirtiendo?!

– ¡Pero que sorpresa! –Exclamó el ladronzuelo acercándose a la muchacha– justamente estábamos hablando de usted, mi honorable dama.

¡Maldito Linebeck! ¡¿No podía simplemente coserse la boca y guardar silencio?!

¡Basta! –Link acababa de perder la paciencia, algo verdaderamente raro, pero con un amigo como éste, para que iba a querer enemigos, ¿cómo no iba a sacarlo de sus casillas?

Linebeck volvió a soltar una fuerte carcajada y sin intenciones de cubrir al chico volvió a dirigirse a la princesa.

– Seguro tu esposo no se atreve a mirarte porque te esta imaginando desnu…

– ¡Voy a matarte Linebeck! –Se había abalanzado contra el hombre, pero éste dio un paso a un lado dejando en el campo de ataque de Link a la indefensa muchacha.

Pronto la inevitable colisión terminó con la princesa en el suelo y Link sobre ella.

El marinero sonrió divertido al ver lo que había conseguido y con una sugestiva sonrisa se limpió en su pecho su nudillo y luego acaricio su barbilla.

– Toma esto como mi regalo de bodas muchacho –eso fue lo último que dijo antes de desaparecer de escena.

Ese Linebeck me las va a pagar –pensó mucho antes de asimilar lo que había pasado.

– Auch –se quejó la chica abriendo sus ojos para encontrarse con su esposo tumbado sobre ella– ¿Link?

– ¿Eh? –Y entonces la vio, estaba justo bajo él observándolo.

Su rostro no pudo ocultar su vergüenza y pronto sus mejillas se tiñeron de rosa, ¿Cómo era que había terminado así?

– ¿Estás bien? –Le preguntó al notar que el joven no respondía.

– Yo… este –pero no podía articular algo coherente, finalmente estaba con ella, pero no precisamente en la posición y circunstancia que había esperado encontrarla.

– Este… ¿deberíamos pararnos, no? –Propuso la muchacha, quien comenzaba a sentirse algo nerviosa en esta comprometedora posición.

– ¡Si… eso! –Inmediatamente se hizo a un lado, e incorporándose ayudo a la joven a hacer lo mismo.

El silencio reino entre la pareja por unos segundos que a ambos le parecieron interminables. Link le daba la espalda a Zelda aun sintiéndose muy avergonzado de la situación, ahora no sabía cómo dirigirse a ella.

– ¿Sabes? –Fue Zelda quien rompió con el incómodo silencio– tuve que engañar a Impa para poder seguirte, ella no me quitaba la vista de encima.

– ¿Lo dices en serio? –Se volteó sin siquiera pensarlo– ¿Cómo hiciste eso?

Al parecer la tensión entre ellos ya se había roto.

– Bueno –sonrió divertida– sólo le dije "¡Mira Impa… es Bob!" –Agregó haciendo toda la dramatización del momento– Y cuando Impa volteó y no me miraba aproveché de desaparecer –finalizó su historia orgullosa de su gran hazaña.

– ¿Es en serio? –Link reía divertido al imaginarse el horror en la cara de Impa cuando Zelda le dijo que Bob estaba de vuelta– Que mala eres… pobre Impa –agregó entre risas.

– ¿Mala? –Zelda también reía divertida– es cuestión de supervivencia… sólo eso.

Le gustaba escuchar su risa, ver su bonita sonrisa… estar así junto a ella. Pero no podía evitarlo, había algo que tenía que hacer, no podía seguir esperando.

Y sin previo aviso sujetó con sus manos el rostro de la muchacha al mismo tiempo que juntaba sus labios con los de ella y la besaba.

La sorpresa se apoderó de Zelda quien evidentemente no se había esperado algo como aquello, pero no tardo mucho antes de corresponder aquella dulce caricia, sus brazos rodearon el cuello del muchacho, mientras una de las manos del joven se enredaba en sus largos cabellos y la otra recorría lentamente su espalda, haciéndola estremecer.

– ¿Y eso? –Susurró manteniendo una tentadora distancia entre sus rostros– ¿Por qué?

– Yo… sólo –sonrió, su pareja no parecía molesta por su repentina acción– llevaba horas pensando en hacer esto –le confesó.

Una suave brisa acaricio sus cuerpos, las ligeras telas que cubrían el cuerpo de la chica danzaron lentamente, y la tenue luz de la luna que iluminaba parcialmente sus rostros reflejaba aquellas claras miradas, las mismas que ahora intercambiaban.

– ¿A sido una locura, no lo crees?

– Si… una boda de locos –le respondió juntando su frente con la de ella, sonriéndole dulcemente.

Comenzaba a hacer algo de frío y Zelda quien era la que vestía más ligera pudo percibir aquello en su cuerpo, sus dedos se entumecieron un poco y la punta de su nariz también había perdido algo de calor. Link al sentirla temblar la estrechó entre sus brazos acercándola a su cuerpo.

– ¿Quieres volver a dentro?

– No… estoy bien aquí…

Y se mantuvieron así, tan cerca como estaban. La princesa apoyó su rostro en el cálido pecho de su compañero, los brazos que la rodeaban la estrecharon con un poco más de fuerza y ella sin oponer resistencia alguna deslizó sus manos por los costados del cuerpo del joven y se aferró a la tela de su ropa en la espalda de él.

Aquel tranquilo silencio nocturno era interrumpido para ella por el rítmico palpitar del corazón de su compañero, era una tonada tranquila, algo agradable sin lugar a dudas. Sonrió sin darse cuenta.

– Puedo escuchar tu corazón –susurró de pronto, había mantenido sus ojos cerrados.

Link se sonrojó ligeramente ante este comentario, había estado observando su bonito y pasivo rostro, incluso había notado esa grata sonrisa que habían dibujado sus labios.

La chica dejo escapar una suave risita divertida al notar el repentino cambio en ritmo que había mantenido hasta ese momento el corazón de su pareja.

– ¿Estas nervioso? –Preguntó separándose sólo un poco para poder observar el rostro de Link– tú cuerpo te está delatando.

Sus mejillas se tiñeron de rosa, ella tenía razón. Pero no podía evitar sentirse así, no con ella a su lado.

– ¡¿Se puede saber qué es lo que están haciendo jovencitos?!

Aquel agradable momento fue repentinamente interrumpido por una molesta y conocida voz. Pero casi como un acto reflejo los jóvenes eliminaron el contacto que habían mantenido y levantaron temerosos sus miradas para encontrarse con la enorme mujer.

– Tú padre te está buscando –agregó sin esperar alguna explicación de parte de los recién casados.

Pero ¿Qué explicación iban a darle? Digo... ¿no estaban haciendo nada malo, o si?

– Iré enseguida –respondió la joven princesa, quien dedicándole una última y resignada mirada a Link, avanzó pasando junto a su maestra de etiqueta. De verdad lamentaba aquella inesperada interrupción.

– Yo también debería acompañarla –se excusó Link con la intención de salir de ese balcón, con la gorda tapando casi toda la entrada se sentía extrañamente... ¿Acorralado?

– No es necesario –puntualizó la mujer sonriéndole con un aire indecoroso.

Link tragó saliva, asustado.

– Yo lo creo necesario –volvió a insistir avanzando un paso, pero la chancha se movió también tapándole la pasada.

– ¿Por qué tanta prisa guapo?

Aquella insinuante pregunta le heló los huesos, ahora sí que estaba sintiendo el frío que había en el exterior o quizás... quizás su cuerpo se había entumecido del terror que por un instante había gobernado su mente. ¿En verdad ésta mujer quería algo de él?

Ahora maldecía por lo bajo haberle mentido hace más de un año, estaba claro que la ballena se había creído todas sus elocuentes palabras y desde ese día no dejaba de mirarlo con otros ojos.

– Insisto –repitió buscando desesperadamente una línea de escape a esa situación– tengo algo importante que platicar con el Rey en este momento.

– Eso puede esperar bomboncito –sonrió acercando una de sus regordetas manos hasta el rostro del chico.

Link aguantó la respiración al sentir como aquellos hinchados dedos se apoyaban en su mejilla y se deslizaban suavemente deteniéndose en la comisura de sus labios.

– Usted... usted es una mujer con clase –agregó enseguida tomando una nueva estrategia para sacársela de encima, si no puedes con ellos... únete a su juego.

La gorda sonrió, al parecer el apuesto jovencito estaba al fin cediendo ante sus indudables encantos.

– ¿Eso cree? –Alejó su mano del rostro de Link para acomodarse algunos rebeldes cabellos que se habían escapado de su apretado peinado.

– Por su puesto... una mujer con sus atributos no es fácil de pasar por alto –evidentemente era imposible no notarla, con semejante rebalse de grasa ¿Cómo no iban a verla?– Y yo... no puedo creer que estoy a punto de decir esto... y yo... siempre he tenido una fantasía, algo... demonios... ¿Qué le digo?

En ese momento se le había secado la boca, ¡¿Qué mentira iba a inventarle?! Tenía que salir de ese lugar, ¡ahora!

– Por favor... continúe –lo apremió la mujer ansiosa, aquello era más de lo que podría haberse esperado y en ese momento, lo estaba disfrutando.

– Es inapropiado para mi decir esto –agregó enseguida apoyando una de sus manos en su pecho y realizando una melodramática escena llevando su otra mano hasta su frente al mismo tiempo que dejaba escapar un largo suspiro– soy un hombre casado... no puedo más que mantener esto que ahora estoy sintiendo como un secreto.

¡¿Qué basura era esa que acaba de decir?! Vamos... Vamos... debía pensar rápido, debía salir de ese maldito balcón antes de que la ballena se le tirara encima y muriera de asfixia.

¿Qué podría ser peor que morir entre un mar de grasa?

– Joven Link...

– Oh... no hable por favor –demonios, esto era estúpido, en verdad se sentía como un verdadero bastardo– No malgastemos más palabras, en cambio le pido que cierre sus ojos y se deje llevar... sólo por esta noche olvidaré aquello que me ata.

Tenía deseos de vomitar, en verdad que los tenía.

"¿Cierre sus ojos y déjese llevar?" ¡¿Qué clase de frase enferma y rosa era esa?! ¿De verdad había sido él quien había dicho semejantes palabras?

Pero para su sorpresa la enorme mujer cerro sus ojos, o eso creía porque con tanta grasa cerca de ellos era difícil saber si en verdad los había estado manteniendo abiertos.

¡Era su oportunidad! Ahora que creía que ella no lo miraba podría escapar.

Y sin pensarlo dos veces se tiró al piso y se arrastró por el, pasando entre el diminuto espacio que quedaba entre las enormes piernas de la obesa mujer, las mismas que se mantenían completamente juntas hasta nivel de su rodilla y luego se separaban dibujando una "v" invertida.

Poco después se encontró nuevamente adentro de la estancia... y estaba... estaba siendo observado por un grupo de invitados que lo habían visto arrastrase desde la entrada del balcón hasta el interior del recinto.

– Que bonito piso... ¿no lo creen? –Comentó, sonriéndose tontamente a aquellos que lo observaban.

Bueno... al menos estaba nuevamente en la fiesta.


– Estoy esperando corazoncito –murmuró aun esperando que el joven héroe le demostrara aquello que sentía.

Pero luego de unos minutos de sepulcral silencio, volvió a abrir sus ojos encontrándose completamente sola en el balcón.

Link se había escapado.

Nuevamente se había escapado.


Al fin algo de soledad, después de hacer el loco al entrar arrastrándose a la fiesta, había decidido que de verdad necesita un momento de tranquilidad.

Y por eso había "escapado" al jardín del castillo, aquel bonito y ahora solitario lugar.

Después de que todo el mundo se entrometiera en su vida, ¿no quedaba nadie más, verdad? En realidad eso era lo que esperaba, estaba realmente cansado, nunca pensó que su dichosa "noche de bodas" estaría en boca de todo Hyrule. Y es que era esa la razón por la que finalmente había decidido abandonar la fiesta, a donde fuera escuchaba comentarios acerca de lo que pasaría esa noche, de lo afortunada que era Zelda o de lo fogoso que podía estar esperando a que todos se fueran del castillo.

Suspiró.

– Que alguien me entierre –murmuró echando literalmente su cuerpo sobre una de las bancas del jardín, ¿allí nadie debería molestarlo, no?

Pero no fue así, no tuvo más que unos segundos de silencio antes de que alguien interrumpiera aquella casi grata soledad.

– ¡Link! Por un momento creí que habías sido arrastrado por esa horda de chicas que querían raptarte antes de salir del castillo –el pelirrojo se veía indudablemente alegre y además venía acompañado.

– ¿Eh? –Estaba como ido, sólo se limitó a seguir los movimientos de la pareja con los ojos, pero aún mantenía la posición en la que había quedado después de dejar caer su cuerpo sobre la banca.

– ¡Cielos, te ves terrible! –Agregó Ashei parándose justo delante del chico para observarlo con más detenimiento.

– ¿Eh? –Y ahí estaba nuevamente su tan elocuente respuesta.

En realidad Ashei estaba en un error, no se veía terrible, ¡se sentía terrible!

– Oye amigo, ¿de verdad estas bien? –inquirió el muchacho, acercando una de sus manos apoyándolas sobre la frente del recién casado– ¿no tendrás fiebre?

– Así como estas tu primera noche con Zelda será un desastre –soltó de pronto la guerrera, haciendo reaccionar al rubio.

Fue casi instantáneo, el rojo se agolpó en sus mejillas tan rápido que por un momento pensó que a su circulación periférica le estaban pagando horas extras. Y ahí íbamos nuevamente, cuando de verdad creyó que el temita de la noche de bodas lo había dejado a un lado, la ruleta volvía a girar.

– No digas eso Ashei –el letrado también se había ruborizado.

– ¡Oh vamos Shad! –la chica soltó a reír ante la esperada reacción de su pareja– somos adultos, y sabes muy bien que es lo que sucede durante la noche de bodas, ¿no es así, Link?

Ahora sus orejas también le ardían.

– Creo que Link tiene fiebre –murmuró alejando su mano de la frente del chico, en realidad estaba buscando una excusa para desviar el "incómodo" tema– y está muy rojo.

– ¿Fiebre? –Volvió a reír ante la aparente "ingenuidad" del pelirrojo– ¡Claro que no es fiebre! ¡El pobre está caliente!, que es algo totalmente diferente.

En verdad una tetera hirviendo estaría mucho más compuesta que el pobre de Link, quien si no hubiera estado sentado en ese preciso instante ya estaría cavando un profundo pozo para enterrarse.

¿Por qué Ashei tenía que ser tan... tan... "directa"?

Y como si se hubiera inyectado adrenalina, se paró de un brinco, tieso y rojo como estaba. Y ante la confundida mirada de sus "amigos", comenzó a avanzar, sin decir palabra alguna.

– ¡Ey Link, ¿a dónde vas?! –Exclamó Shad sin la intención de seguir al muchacho.

Pero Link no respondió, sólo siguió avanzando.

– ¿Crees que va a estar bien?

– No lo sé Shad –murmuró la muchacha– quizás...

– ¿No estarás pensando...?

Las miradas que intercambiaron guardaban un secreto, uno que evidentemente sólo ellos conocían. ¿En que estarían pensando?


Zelda se encontraba junto a su padre, ya casi todos los invitados de la fiesta se habían marchado. Sólo quedaba uno que otro personaje rezagado, de los cuales los guardias se estaban haciendo cargo. Y aunque no lo creyera al fin había terminado la fiesta de su matrimonio.

Todavía no podía creerlo, ahora estaba oficialmente casada.

– ¡Ahí está Link! –Exclamó la muchacha alegre, corriendo al encuentro de su pareja.

Nohansen sonrió al ver a su hija feliz, era un verdadero alivio saber que ahora su pequeñita al fin había encontrado a ese alguien que la acompañaría de aquí en adelante. En verdad había sido difícil conseguir que Link despabilara y tomara la iniciativa, pero con un pequeño impulso finalmente lo había conseguido y ahora ambos formarían una familia.

– Crecen muy rápido –murmuró la Sheikah acercándose al Rey, también con una sonrisa en su rostro.

La muchacha ya había alcanzado a Link, quien al verla inmediatamente cambió el deplorable semblante que había estado cargando y ahora sonreía junto a la chica, quien al parecer se atropellaba por contarle todo los últimos importunos de la fiesta.

– Si no fuera por ti, seguramente mi hija no hubiera pasado de la adolescencia.

– Es porque heredo el impetuoso espíritu de madre –agregó recordando aquella época en donde la pequeña princesa Zelda se metía una y otra vez en problemas.

– Seguramente ella estaría orgullosa de su pequeña en este momento.

Un momento de silencio acompañaron las ensoñadoras palabras del Rey, quien ahora después de tanto tiempo podía ver como su pequeño capullo comenzaba a convertirse en flor. Se sentía indudablemente feliz de haber tenido la oportunidad de ver crecer a su hija, el único recuerdo que le había dejado la mujer a quien tanto había amado.

– Es hora señor –interrumpió la Sheikah– debe mostrarle a estos jóvenes tortolitos su cuarto.

– Lo sé Impa... lo sé.


Había tenido que alejarse momentáneamente del Rey y su hija, por razones personales e íntimas.

Y no faltaba más, lo último que se había esperado era encontrarse con ese demente al que llamaban "profesor de educación sexual", ¿por qué tenía que encontrarse con este loco justo en un momento como este?

– ¡Pero si es mi alumno favorito! –A pesar de que había asistido a una ceremonia muy importante, el sujeto seguía teniendo ese aspecto desaliñado, con esas batas de gurú y una rara cinta en la cabeza llena de corazoncitos.

– Bueno, no tiene muchos alumnos ¿no? –Agregó tratando de cortar de una buena vez con esta innecesaria conversación, tenía cosas mucho más importantes que atender en este momento, Zelda y el Rey lo estaban esperando.

Además el necesitaba ir al baño, eso sí que era algo de suma urgencia.

– Deberías alegrarte Linkcito, estás justo frente a la maquina del sexo –le dijo al mismo tiempo que le guiñaba.

Link se estremeció al escuchar y ver esa sugestiva expresión en su rostro, ¿qué diantres le estaba intentando decir?

– Tengo algo de prisa –insistió ahora un asustado muchacho, la situación se estaba haciendo cada vez más incómoda y además… ¡Estaba que se hacía! – Zelda y su padre me están esperando.

– Ohhh… así que la bella princesa Zelda te está esperando ¿Eh? –Y sonrió con evidente picardía, al parecer el maestro ya estaba entendiendo hacía donde tenía que dirigir esta conversación.

– Ella y su padre –aclaró el chico habiéndose sonrojado notoriamente, era molesto que todo con quien hablara le mencionara cosas sugestivas respecto a su noche de bodas, ¿no se suponía que eso era privado?

– ¡Aja!... pero el padre se irá tarde o temprano y cuando ello ocurra –levantó sus cejas un par de veces aún con aquella sonrisa en su rostro– estarán completamente solos.

¡Demonios, dejen de repetir eso! ¿Por qué demonios todo el mundo insistía en el hecho de que estarían completamente solos? ¿Y por qué diantres tenía tanto calor en este preciso instante?

– Bueno… es lógico pensar que estaremos solos y juntos, es nuestra noche de bodas –hasta el mismo sintió como su temperatura subía un nuevo nivel con sólo decir aquella frase, en realidad imaginarse el estar a solas con Zelda era… ufff.

Pero todo sería perfecto si tan sólo supiera que sólo él se estaba imaginado esa noche a solas con Zelda, en realidad creer que todo el mundo estaba esperando a saber que pasaría entre los dos aquella noche y se estuviera imaginando cosas era lo que le molestaba.

– ¡Exacto! –El hombre pareció dar un pequeño brinco al tiempo que se acercaba más al desafortunado muchacho– y yo… como tu maestro me veo en la obligación de aconsejarte muchacho.

– ¿Aconsejarme?

– Tener tú primera relación es complicado, es algo nuevo… diferente… imagínate ese cuarto… la penumbra y el reflejo de aquella doncella a la que amas justo delante de ti, recostada en colchón, apoyando sus manos a los costados, observándote fijamente…

Y sin saber porque, Link comenzó a echar volar su imaginación, aquella visión era tan… perfecta.

– Es una invitación muchacho… una sugestiva invitación que no puedes dejar pasar –el sujeto ya estaba tan cerca de Link que casi podía susurrarle al oído– tú, ya excitado te acercas, gateas por aquella blanda superficie hasta alcanzarla… tus manos recorren sus piernas, su piel tibia y suave…

¡Por las Diosas! Aquella escena no sólo la vio en su mente, casi podía sentir como sus manos tocaban esa piel, la misma que había anhelado por mucho tiempo.

– ¿No te parece increíble?

– No… es magnífico –murmuró sin darse cuenta de que eso lo había dicho en voz alta, definitivamente en ese instante él ya no estaba en el lugar que debía estar.

– Si… lo es –agregó el profesor sonriendo al notar que no había perdido su encanto– y se pone aún mejor cuando dejas caer tú peso sobre ella y sientes sus turgentes pechos chocando contra tu cuerpo… y entonces ella gime de placer.

Ella gime de placer… aquellas palabras se repitieron una y otra vez en su mente, repasando cada paso, memorizando cada movimiento… y todo estaba bien hasta que sintió como aquel extraño sujeto lo abrazaba "cariñosamente".

– ¡¿Qué demonios le pasa?! –Exclamó horrorizado, alejando al profesor de él.

¿En qué minuto se había acercado tanto?

– Lo siento... me deje llevar –se excusó manteniendo esa pervertida sonrisa que tanto lo caracterizaba– Estas bien bueno, ¿no te gustaría practicar conmigo antes de intentarlo con la princesa?

¡Fuck!

¡¿Qué clase de asquerosa propuesta era esa?! ¡¿Ese tipo estaba demente?! Tenía que salir de ese callejón sin salida ¡Ahora! Su integridad física estaba en juego…

– ¡Recordé algo muy importante que debo hacer! –Agregó al mismo tiempo que salía disparado en dirección por donde había llegado.

Por suerte el sujeto rarito no lo estaba siguiendo, ahora… ahora sólo debía encontrar un maldito baño para poder hacer lo que se suponía iba a hacer cuando se separó de Zelda y su padre… bueno eso claro… si conseguía hacerlo.

– Zelda –susurró una vez que había dejado de correr.

Por alguna extraña razón no podía sacarse esa imagen que el pervertido maestro le había metido en la cabeza…

La figura de la muchacha iluminada tenuemente en medio de la penumbra… invitándolo a acercarse…


Y después de una visita al baño que le pareció eterna, Link logró volver al lugar donde lo esperaban la princesa y el Rey.

– ¡Al fin estás aquí, hijo! –Volvió a saludarlo un muy alegre soberano.

– Si, aquí estoy –murmuró manteniendo su vista en el suelo, no quería hacer contacto visual con la muchacha, no ahora que aún no podía sacarse esa imagen que el depravado profesor de educación sexual le había metido en la cabeza.

Zelda había notado que su pareja actuaba de una manera un tanto ¿extraña?, bueno quizás aquello era algo normal, después de todo habían vivido una fiesta de bodas de lo más rara y quizás el hecho de estar ahora con su padre sólo sumaba la guinda a la torta, después de todo el hombre les había dicho que les tenía una "gran sorpresa", algo que evidentemente le preocupaba.

– Síganme, los guiaré hasta su nuevo cuarto –el hombre frotó sus manos ansioso, estaba muy emocionado.

Un ligero rubor adorno las mejillas de los aludidos, pero ninguno agregó nada, sólo se limitaron a seguir al soberano de Hyrule, sintiendo como sus cuerpos comenzaban a tensarse con cada paso que daban.

– Es aquí –Nohansen se detuvo frente a una gran puerta doble, cargada en pequeñas decoraciones talladas en la clara madera– mandé botar algunas piezas para construir lo que será desde ahora su habitación ¿no les emociona? –Sus ojos brillaban del entusiasmo, y su amplia sonrisa no era competencia para las incómodas expresiones que se reflejaban en los rostros de los verdaderos protagonistas.

– Es genial papá –murmuró la muchacha, quien todo el camino había mantenido sus manos fuertemente entrelazadas delante de ella, tratando de que no se notara el temblor que habían adquirido.

Éste... éste era su cuarto... el de ambos.

Sus corazones dieron un pequeño brinco, pronto estarían detrás de esas puertas... solos.

– ¿Quieren que les haga un pequeño tur muchachos? –Preguntó inocentemente.

¡No! –Exclamaron al unísono, casi como si lo hubieran planeado.

El Rey sonrió divertido, observando la notoria vergüenza en el rostro de aquellos jóvenes tortolitos.

– ¿Parecen que tienen algo de prisa por quedarse solitos? –Sus cejas se elevaron un par de veces y su sonrisa ahora dejaba en evidencia aquello que todos durante la noche se habían tomado la molestia de recordarles.

– ¡Que no papá! –Alegó la chica molesta, ya no podía estar más roja de lo que estaba, en verdad aquella incómoda situación se estaba saliendo de control.

¿En verdad esto podía ser más incómodo de lo que ya estaba siendo?

– Uyyy... Link y Zelda... solitos en el cuarto –el Rey comenzó a entonar una molesta e improvisada canción.

No sé porque se molestaba en preguntárselo...

¡¿Qué alguien me mate?! –Pensó apoyando la palma de una de sus manos en su frente, en verdad lidiar con su suegro era algo complicado, pero ¿cómo lidiar con eso mientras él hacia raras insinuaciones entre lo que él podría hacerle la princesa?

– ¡Papá ya basta! –La chica sujeto a su padre de un brazo y lo jaló para alejarlo de la entrada del cuarto y de su ya extremadamente avergonzado esposo– Voy a ser amable ¿bien? –Agregó deteniéndose un momento– ¡Quiero que te largues, ahora!

Pero el Rey era un hueso duro de roer, siempre lo había sido.

– Ayyy, crecen tan rápido –le dijo suspirando mientras sujetaba las mejillas de su hija con sus manos– mi pequeña niñita...

– Papá –se estaba molestando.

– Tan pequeña –pero el Rey seguía insistiendo.

– Papá –de verdad estaba contando hasta diez.

– Mi pequeñita va a convertirse en toda una mu...

– ¡Ya! ¡Largo de aquí! –No recordaba en que número había perdido la cuenta, pero definitivamente su paciencia se había esfumado– ¡¿Es tan difícil pedir un minuto de intimidad?!

Al Rey se le llenaron sus ojos de lágrimas, su hija... su hija era tan cruel con él.

– Yo sólo me preocupo por ti –agregó soltando en llanto– y tú... tú así me lo agradeces.

– Oh vamos papá –¿por qué demonios todo tenía que ser tan complicado con su padre?

Fue entonces cuando Zelda notó que alguien se acercaba.

– Majestad –la mujer sujetó amablemente el brazo del soberano.

– Impa, ¿por qué tardaste tanto? –Le preguntó cuando la mujer al fin se había unido al grupo.

– Lo lamento, yo me encargaré de su padre de ahora en adelante.

– ¡Impa! ¡Mi hija no me quiere! –Chilló el hombre melodramatizando la situación.

– Venga conmigo –insistió Impa al tiempo que avanzaba jalando al Rey de una de sus orejas.

– ¡Auch, me duele Impa, ten cuidado! –Se quejaba mientras era obligado a avanzar.

– Usted se comporta como si tuviera tres años, no me deja más remedio –lo regañó la mujer al mismo tiempo que giraba su rostro para despedirse de su pupila con una sonrisa.

Zelda suspiró aliviada, ahora que su padre al fin había desaparecido de escena...

– ¿El Rey estará bien? –Link se había acercado hasta el lugar donde la princesa aún se mantenía detenida.

– Impa sabe como manejarlo –respondió sin voltearse, sabía que cada paso que diera la acercaba a... a ese momento.

– Quizás fuiste algo dura con él, se veía algo afectado.

– Seguramente estaba fingiendo esas lágrimas, ¿de verdad aún crees las farsas de mi padre? –La chica cruzó sus brazos por sobre sus pechos, era tan molesto tener que lidiar con un padre como ese.

Link sonrió divertido, eso era algo en lo que la princesa y su padre se parecían, en realidad Zelda solía engañar a Impa, los soldados e inclusive a él para escapar del castillo, ¿no podía culpar a su padre por ser algo melodramático, no?

– ¿Qué? ¿De qué te ríes?

– Nada en particular – mintió y desvió la mirada hacia la entrada del cuarto.

Nuevamente el nerviosismo comenzó a apoderarse de él, tras esas puertas estaba lo que sería la habitación que ambos compartirían de aquí en más.

Zelda notó que ahora la vista del joven estaba clavada en esas puertas, las mismas que ahora generaban en ella una extraña sensación, no sabía si era nerviosismo, incertidumbre, temor, ansiedad o quizás... una mezcla de todo. Pero lo que si sabía era que si no hacía algo estarían toda la noche parados frente a la puerta como dos idiotas.

– Deberíamos entrar –sugirió con un dejo de timidez, no quería parecer ansiosa.

El Hylian inspiró profundamente, sintiendo como aumentaba la presión en su pecho, luego al dejar escapar el aire por su boca y toda esa presión desapareció, acto seguido artículo una frase– es una buena idea –debía relajarse, debía demostrarle a Zelda que estaba tranquilo y que esta situación no lo estaba superando.

Juntos avanzaron hasta la entrada del cuarto, Link fue el encargado de abrir una de las puertas, y haciéndose a un lado dejo que la princesa fuera la primera en ingresar al cuarto, posteriormente él también hizo su ingreso, y sin preguntar nada cerró la puerta tras de si.

El cuarto estaba iluminado por un bonito candelabro de varios brazos, cada uno con una larga vela de cera blanca y algo derretida, el titilante movimiento del fuego dibujaba curiosas sombras en el lugar, la habitación era amplia, el piso de madera y sobre el mismo una alfombra grande y aterciopelada cubría casi todo el cuarto, en una esquina había un largo sofá y a ambos lados de la amplia cama habían dos pequeños veladores, y sobre uno de ellos una bandeja con dos copas y una botella de algún espumante.

No se dedicaron a observar más, quizás mañana algo más relajados podrían darle una vuelta completa al lugar, ahora... ahora ambos tenían otra cosa en mente.

Zelda avanzó lentamente hasta alcanzar el ventanal que estaba justo en la pared contraria a la puerta, y aún muda juntó las cortinas de finas telas, siempre hacia eso antes de dormir en su cuarto ¿por qué no habría de hacerlo ahora?

Link había seguido cada uno de los movimientos de la muchacha, su cabello suelto caía por su espalda deslizándose con gracia, pero sus ojos no se detuvieron allí.

Había llegado el esperado momento, después de una jornada que casi le pareció interminable, al fin estaban solos… completamente solos…

Pero la inexperiencia y el nerviosismo estaban haciendo de las suyas, y ahora que al fin conseguían algo de tranquilidad e intimidad, debían comenzar por lo básico ¿no?, y quizás entablar una conversación sería un muy buen primer paso, pero hasta ese momento ni siquiera habían comenzado a dirigirse la palabra.

¿Por cuánto tiempo podrían estar manteniendo éste incómodo silencio?

Continuará…

Muajajajjaaja XD en el siguiente si que se viene la noche de bodas, y ahora sí que hago la debida advertencia:

El capítulo siguiente contendrá algunas escenas que podrían ser perturbadoras para alguno de los lectores, por ser algo subidas de tono, pero no será el único capítulo… desde el siguiente en adelante habrá más de alguna de esas escenas. ¡Así que están advertidos!
No me hago responsables de posibles traumas futuros XD.

No puedo despedirme sin antes agradecer el apoyo de todos aquellos que siguen esta historia, en verdad se los agradezco mucho, en especial a Zelinktotal99, Generala, Magua, Ncy-Z, Zelliana, Cute Krystal, ILZZE, Yuki-Chan28, jhonatanur, linkzel s, KewCat, Teklay, DHM, Pouda-P, Shimmy Tsu, Lektorr, shade7caos, Princess Aaramath, El angel de la oscuridad, , Richard Letters, Chica Otaku, Dani-chan y Gaby-chan, FerinBlier, y seil hkah, en verdad muchas gracias a todos ustedes por sus comentarios ^^, de verdad se agradece.
Y sin más que decir, me despido... hasta una próxima actualización.

¡Saludos!

P.D: Ahora me toca actualizar el fic de Mi Verdadera Identidad, pero antes de subir el capítulo que sigue subiré el último fic de los premios que debo :P.