Antes que nada quiero disculparme por la gran demora, la verdad es que he estado muy atareada con el tema del trabajo de titulación que entregue hace nada y del cual tengo fecha para defenderlo el 13 de este mes, T-T deséenme suerte XD.

Por otra parte :S como aquí en Chile hubo "feriado largo" viaje a visitar a mis padres y XD estúpidamente me traje el computador y no el cargador, me di cuenta cuando mi súper y sensual computador me estaba pidiendo a gritos que lo enchufara y T-T fue demasiado tarde XD y por esa razón no pude actualizar antes XP

Advertencia: Este capítulo puede contener escenas que no sean aptas para todo público, lean bajo su propio juicio.

Ahora si no molesto más y los dejo con la historia...

UN HEREDERO PARA HYRULE

En el capítulo anterior...

Ella se detuvo frente al ventanal y sin decir palabra alguna juntó las cortinas, sintiendo como la fina tela se deslizaba entre sus dedos al alejar sus manos de ella.

Link parecía como hipnotizado, había seguido cada uno de sus movimientos y no podía sacarle la vista de encima.

Una extraña sensación se había apoderado de la pareja... ambos lo sabían... sabían que estaban completamente solos...

Pero aquella intimidad que tanto habían estado anhelando se veía ofuscada por su propia inexperiencia y nerviosismo, quizás el entablar una conversación sería un excelente comienzo, pero desde que habían ingresado en su "nueva habitación" se habían mantenido mudos.

¿Por cuánto tiempo podrían estar manteniendo este incómodo silencio?

.-.-.-. Capítulo 8: Extraña noche de bodas .-.-.-.

Era algo conocido por todos lo que se suponía que debía ocurrir durante una "noche de bodas", normalmente los recién casados esperaban esta especial noche para estar "solos", después de una larga fiesta llena de invitados, tanto conocidos como los típicos desconocidos oportunistas, y después de tanto ajetreo no quedaba más que este momento, esta última parte de "la boda", en donde se suponía las parejas hacían de una íntima velada algo inolvidable, o eso era lo que la mayoría de las novias esperaba para una noche tan especial como esta.

Para la Princesa de Hyrule no era la excepción, ella no era ajena a este sentimiento que empezaba a apoderarse de ella aferrándola a una invisible red de nervios y temores, no era tan ingenua como para creer que Link sólo querría abrazarla y recostarse junto a ella para que finalmente pudieran descansar sus agotados cuerpos de tan "extraño" e "inusual" día. ¿Y a quién pretendía engañar? Ella tampoco quería sólo abrazarlo y acostarse. Evidentemente eso no era algo que estaba entre sus planes.

Deja de pensar estupideces –se regañó al mismo tiempo que sentía como el calor comenzaba a apoderarse de sus mejillas.

Podía ver su perfecta figura como una tenue sombra tras la fina tela que cubría su cuerpo, la cálida luz que otorgaban las velas le daba al cuarto una atmósfera especial, y aquel mismo titilante fulgor que se reflejaba sobre la joven la hacían parecer rodeada de un fino y bonito halo. Pudo sentir como su cuerpo se estremecía al notar que ella comenzaba a girar, rápidamente desvió su mirada, no quería que ella lo descubriera observándola.

No la mires... no la mires –se repetía una y otra vez, estaba tan nervioso que sabía que sus manos estaban temblando notoriamente, podía sentirlo– ¡Maldición!¡Hazte hombre y cálmate de una vez por todas!

¿Qué clase de "gran héroe" actuaba como él lo estaba haciendo? ¿Cómo podía estar tan nervioso de mirar a su pareja? ¡Era Zelda, era su esposa ahora!

Una sonrisa surco el rostro de la joven al notar el "extraño" comportamiento del chico, si ella estaba tensa, era evidente que él lo estaba el triple.

Sin pensarlo dos veces avanzó hasta donde Link se encontraba detenido, sabía que no lo notaría porque el parecía "muy" interesado observando el pulcro blanco de la pared como si fuera la cosa más interesante que existiera.

Pudo sentir claramente cuando sus manos hicieron contacto, y sin siquiera pensar volvió a clavar su mirada en los ojos de ella.

– Estás helada –agregó preocupado. Sin darse cuenta había roto el incómodo silencio.

– Y tú estás temblando –se defendió ella dedicándole una coqueta sonrisa– no me mires así, ambos estamos nerviosos ¿no?, nuestros cuerpos lo reflejan de una manera diferente, eso es todo.

– En verdad me siento como un tonto –confesó soltando a reír, nada había cambiado entre ellos, seguían siendo los mismos y él seguía tratando de buscar inútilmente aquella diferencia, aquello que hacía un antes y un después del matrimonio, en realidad... era un tonto ¿Qué importaba estar o no estar casados?

Nada había cambiado y no tenía porque cambiar.

– Bueno... eres el "tonto" más apuesto que he conocido –agregó soltando una de las manos del muchacho y recorriendo con ella torso de su compañero.

Su corazón dio un pequeño brinco y su mirada bajo desde los ojos de ella hasta sus labios, fue entonces cuando aquel carnal deseo volvió a sobreponerse a sus nervios. Con su mano libre rodeo su estrecha cintura, acercándola un poco más a su cuerpo e inclinando ligeramente su rostro comenzó a acortar lentamente la distancia que había entre ellos.

Ella no opuso resistencia alguna, deseaba tanto como él aquel contacto. Juntó sus párpados y entreabrió sus labios, pronto pudo sentir como la entrecortada respiración de su compañero chocaba contra su rostro, para ese entonces su corazón latía con tanta fuerza que casi creyó estar escuchándolo, ¿por qué estaba tan nerviosa? No era más que un simple beso... no... claro que no lo era... aquel sería el primer paso que daría pie a lo que vendría después, ella lo sabía.

Se detuvo a una tentadora distancia, quería ir más allá, claro que lo quería... pero... ¿no estaba marchando muy rápido? ¿No se estaba saltando algo?

¡Oh vamos! ¿No puedes estar pensando en eso justo "ahora"? –Era irónico pensar lo difícil que se le estaba haciendo dar este paso– ¡¿Qué demonios estás pensando tanto Link?! ¡Sólo bésala!

¡Por el amor de Nayru! Se veía tan bonita, le parecía tan... tan perfecta... su cabello claro cayendo por sobre sus hombros con gracia, sus mejillas teñidas de un sutil rosa le daba un toque de dulzura a sus facciones, sus labios ligeramente entreabiertos poseían un exquisito tono melocotón, fresco y deseable...

Zelda había vuelto a fijar su mirada en su pareja, la que estaba a sólo escasos centímetros de ella.

– ¿Pasa algo? –Le preguntó preocupada.

Nuevamente sus miradas se encontraron.

– No... es solo... tú –estaba balbuceando palabras sin sentido. Respiró profundo y lo intentó nuevamente– Te ves tan hermosa –soltó finalmente, había estado queriendo decirle aquello desde hace mucho y ahora que finalmente había conseguido hilar la frase podía concentrarse en lo que había estado a punto de hacer.

Se sonrojó notoriamente, pero no tuvo oportunidad de decir palabra alguna, porque antes de que ella pudiera articular algo Link eliminó la distancia que existía entre sus rostros y la beso, el contacto fue suave, muy lento, muy pausado, parecían disfrutar cada movimiento, cada instante en ese encuentro.

Poco después aquel suave contacto comenzó a profundizarse, ambos deseaban más, sus cuerpos estaban demandando más. Sus corazones latían fuertemente y su temperatura corporal comenzaba a elevarse de forma rápida e implacable.

Las manos de Link comenzaron a recorrer el cuerpo de la joven Princesa sin dejar de besarla, deseaba más, estaba agitado y comenzaba a experimentar aquel conocido deseo que venía atormentándolo por meses.

Se estremeció al sentir como su compañero recorría su cuerpo aún sobre la fina tela que la cubría, una extraña pero placentera sensación la embargo al percibir que él bajaba más de lo acostumbrado y sin poder contenerse soltó un suave pero gustoso gemido.

Una sacudida como la de una descarga recorrió todo su cuerpo al escucharla gemir junto a su oído, comenzaba a excitarse notoriamente y tenía la imperiosa necesidad de sentir más, deseaba sentir mucho más. Sin detener el recorrido de sus manos y habiendo abandonado sus labios seguía deleitándose al sentir como ella se estremecía con cada beso que depositaba sobre su cuello, sobre sus hombros... pero no era suficiente...

Sin aviso alguno la elevó entre sus brazos, ella sorprendida de tan repentina acción lo observó confundida a lo que Link respondió sólo con una sonrisa, avanzó aún sin decir palabra alguna y al acercarse a la cama depositó suavemente el cuerpo de la muchacha sobre ella, y luego antes de volver a acercarse se apresuró a desabotonarse el primer botón de la parte superior de su traje, se estaba sofocando.

Zelda sentada sobre el colchón sujetó al chico jalándolo hacia la cama, Link sin resistirse dejo que ella lo guiara, rápidamente sus bocas volvieron a encontrarse al mismo tiempo que con algo de torpeza él se sentaba en uno de los bordes de la cama. Ella cruzó sus brazos por sobre los hombros de Link, y él profundizo ese beso apoyando una de sus manos en la nuca de la muchacha.

Para ese entonces las palabras ya estaban de más...


En otro lugar del castillo.

– ¿Estas segura que esto es correcto? –Preguntó tratando de hacer entrar en razón a su pareja, en verdad no le gustaba nada la idea que ella le había propuesto.

– ¡Claro que no es correcto! –Le respondió como si fuera de lo más normal.

Shad se detuvo en seco al escuchar aquella "inesperada" respuesta, en verdad se estaba esperando algo totalmente diferente.

– ¿Lo dices en serio? –Un pequeño tic había aparecido en su ojo derecho.

– No seas idiota ¿Cuándo se ha sabido que es correcto espiar a la gente?

– Entonces ¿por qué estamos a punto de hacer "justamente aquello"?

– Es elemental mi querido Shad –se acercó hasta donde su compañero estaba detenido y retirándole los lentes continuó hablándole muy cerca de su oído como si lo que pretendía decirle fuera un secreto– vamos a cerciorarnos de que Link no meta la pata, tú mismo lo viste hace un rato... te aseguro que aún ni siquiera se han tocado y si es así... vamos a tener que pensar en algo –finalizó volviendo a poner los lentes del muchacho en su lugar al mismo tiempo que sonreía al ver como el rojo se había apoderado de las mejillas del letrado.

– ¿A... al... algo... cómo... cómo qué? –Se le había hecho un tanto difícil articular esa frase, pero en verdad estaba considerando seriamente lo muy mala que era la idea.

– Bueno... no se... tocas la puerta y lo sacas a patadas para darle un buen remezón y ya... asunto arreglado.

– En verdad pienso que sería mejor dejarlos solos.

–No seas cobarde y sígueme –tomó una de las manos del aún avergonzado muchacho y lo jaló para que siguiera avanzando– comprobaremos que todo sigue su curso, si es así nos marcharemos.


Mientras tanto en el cuarto del Rey de Hyrule se encontraban él, Impa y la adorable mascota del soberano.

Nohansen se había puesto su pijama, una camisola larga rosadita con unos bonitos encajes y vuelitos en la parte inferior, era manga larga y en los puños también tenía las mismas decoraciones.

– Muy bien señor, se quedará en su cuarto y se portará como el buen soberano que es.

– ¡Claro que si Impa! –Agregó el Rey acomodando su gorrito felpudito sobre su cabeza completando su atuendo nocturno– ven minina, vamos a acostarnos.

La gatita obedientemente dio un ágil brinco hasta la cama y se acurrucó sobre uno de los muchos cojines que había en la cama del Rey.

Impa se mantenía de pie con los brazos cruzados sobre su pecho, el Rey se estaba portando "demasiado" bien, tanto que estaba segura que "algo" estaba planeando. Era muy raro que el hombre no le hubiera hecho un escándalo hasta llegar al cuarto y aún más… se había puesto su pijama sin siquiera mencionar el asunto de la noche de bodas de su hija.

– ¿Me promete que no hará nada estúpido? –En verdad estaba desconfiando.

– No lo haré Impa –el Rey ya se había arropado y parecía casi listo para conciliar el sueño– ¿no confías en mí?

– Ese es justamente el problema.

El Rey soltó una carcajada divertido, al parecer Impa era más intuitiva de lo que él se hubiera esperado.

– No haré tonterías... lo prometo –había cruzado sus dedos bajo las sábanas que cubrían ahora sus manos.

– Muéstreme sus manos señor.

– ¡Oh vamos Impa! ¿En verdad me tienes tan poca fé?

La mujer alzó una ceja sin cambiar la posición que había mantenido desde que habían ingresado al cuarto.

– Ahora –ordenó esperando que el Rey hiciera lo que ella le pedía.

– Esta bien… esta bien, tú ganas –dejó ambas manos sobre el cubrecama para que la Sheikah pudiera verlas.

– ¿Y bien? –Insistió.

– Prometo comportarme –agregó a regañadientes.

Impa sonrió conforme con la respuesta obtenida.

– Que tenga dulces sueños señor –le dijo al mismo tiempo que realizaba una pequeña reverencia, para luego retirarse del cuarto sintiéndose victoriosa.

– Dulces sueños –murmuró el Rey esperando impaciente a que la mujer cerrara la puerta.

Cuando la tutora de Zelda desapareció, Nohansen dio un solo brinco desde su cama hasta el suelo, para él la noche estaba recién comenzando.

– Impa no tenía en mente que podía cruzar los dedos de mis pies, ¡soy muy astuto! ¿No lo crees? –era evidente que estaba hablando con su felina amiga, quien sólo se limitó a levantar perezosamente su cabeza y dando un prologando y profundo bostezo volvió a la posición que hasta entonces había estado manteniendo.

Evidentemente los planes que el Rey tenía para la noche no le eran atractivos, en ese momento la cama era una tentadora opción que de ninguna manera dejaría de lado.


Sus cuerpos cayeron sobre la acolchada superficie, ella se encontraba atrapada bajo el cuerpo del joven, quien se había detenido momentáneamente para observarla.

Le dedicó una intensa mirada, pero pronto se vio atrapado en aquellos bonitos ojos azules, como dos brillantes aguamarinas. Su respiración era corta y superficial, sus labios ligeramente enrojecidos por el roce lo estaban tentando, pero no se detuvo allí, siguió recorriendo todo la extensión de la blanca piel que cubría su cuello, tan tersa, tan luminosa y más abajo...

Sin pensarlo mordió su labio inferior mientras observaba como el pecho de ella subía y bajaba una y otra vez, con un acelerado galope.

– ¿Estas... estas segura... de esto? –Le costaba hilar la frase, estaba muy agitado.

Ella observó el rostro de su pareja un tanto perdida, aquel cabello claro y alborotado que caía sobre su frente, el mismo que siempre había considerado algo rebelde, hoy parecía poseer un extraño encanto, aquello acompañado de sus maravillosos ojos, los mismos que la observaban con tanta intensidad y sus mejillas notoriamente enrojecidas, le dedicaban un secreto mensaje, él sin decirlo le estaba transmitiendo algo que no podía ocultar... algo que ella no quería que siguiera conteniendo.

– Estoy... estoy... muy segura –había tomado el rostro del joven entre sus manos y lo había jalado suavemente hasta el lugar en donde la punta de sus narices se rozaban– nunca... nunca he estado... más segura –agregó con en un tono muy sugestivo y luego inclinó su cabeza para besar a su pareja.

Link sonrió enternecido al sentir aquel cariñoso contacto, sus labios tan suaves, tan cálidos. Con el dorso de su mano izquierda acaricio suavemente una de las sonrojadas mejillas de la muchacha, mientras sin darse cuenta ambos fueron profundizando aquel beso, pronto sus respiraciones entrecortadas se entremezclaron con movimientos precipitados e inexpertos.

Las manos de ella recorrieron sobre la ropa del joven casi todo su torso, no llevaban prisa, pero si una creciente curiosidad, se detuvo al encontrarse con el cinturón y con un suave y calculado movimiento consiguió soltarlo.

Él fue más atrevido, bajo recorriendo una de las piernas de la Princesa hasta que finalmente encontró su piel y ahora regresando por el mismo camino dejó que su mano subiera presa entre la suave piel de ella y aquella fina tela que la cubría.

Zelda se estremeció al sentir el firme contacto y poco después dejo escapar un suave gemido, muy tímido, muy recatado, aún estaba nerviosa y no quería que su pareja notara la gran ansiedad que comenzaba a apoderarse de sus sentidos.

– Es injusto –murmuró con un aire juguetón– llevo ropa más ligera que la tuya.

Link sonrió divertido.

– Quizás puedas hacer algo al respecto –agregó muy sugestivamente.

La Princesa se sonrojó más de lo que ya estaba, e inconscientemente flexionó ambas piernas consiguiendo únicamente que toda la falta del vestido se deslizará hacia abajo arrepollándose sobre su vientre, poco después no pudo evitar tensarse al sentir que de pronto sus piernas quedaban completamente descubiertas y quizás... algo más...

¡Por el amor de Nayru! –Él también se había tensado– deja de ver su ropa interior... ohh cielos... es... es...

La braga blanca de la muchacha tenían un bonito encaje en la parte superior, además de una delicada cinta rosa que terminaba juntándose en el centro dibujando una bonita rosa.

– ¿No... no te gusta? –Preguntó inocentemente al notar que el chico se había detenido.

– ¿Eh? –La pregunta evidentemente lo había tomado por sorpresa y pronto el rojo había alcanzado hasta la punta de sus puntiagudas orejas– ¡Claro que sí! –Le respondió enseguida arrepintiéndose enseguida de sus precipitadas palabras– Digo no... este... no es eso... es que –no sabía como explicarse, tenía tanto calor y estaba tan avergonzado de haberse quedado mirando como estúpido la ropa interior de su pareja que no sabía que responderle– Si me gustan... tienen un bonito detalle –había desviado su mirada hacia un lado, estaba tan rojo que era evidente la vergüenza que sentía– ¡¿Tienen un bonito detalle?! ¡¿Qué demonios fue eso?! ¡¿Por qué no pensaste en algo más... más elocuente?!

Zelda sonrió divertida y Link al notarlo también le devolvió una tímida sonrisa.

– ¿Y tú? –Le preguntó en un tono un tanto insinuante al mismo tiempo que apoyaba una de sus manos en el muslo del muchacho, comenzando a subir lentamente.

El Hylian se tensó notoriamente, era evidente que el bulto entre sus piernas ya no podía ser más notorio, no sabía si ella se había percatado, pero si no lo había hecho seguro lo haría muy pronto, aún sobre la tela de sus pantalón ella lo notaria.

– Espera –le dijo al tiempo que sujetaba la mano de la chica con una de sus manos.

– He esperado mucho tiempo –agregó con seguridad, liberando su mano para seguir su recorrido.

Link sintió como el reflejo de su cuerpo hacía que los músculos de sus piernas se tensaran repentinamente y poco después se escapaba de su boca un profundo gemido, una de las manos de ella estaba en su entrepierna y ahora lo acariciaba suavemente.

– Zelda... no... no hagas... no hagas eso –le suplicó al tiempo que apoyaba ambos antebrazos sobre la cama, cada uno a los costados de la muchacha y su cabeza quedaba justo sobre el hombro de ella.

– ¿No te gusta? –Le preguntó en un tono muy sensual junto a su oído.

– No... no es... eso –Agregó a duras penas respirando entrecortadamente, ella seguía masajeando una zona muy sensible de su cuerpo, y él comenzaba a experimentar algo ardiente, algo que lo sacudía por dentro con fuerza, pero que al mismo tiempo le parecía muy placentero– se siente tan bien –pensó aferrando sus manos en el cubrecama al tiempo que soltaba otro gemido.

En un arrebato atrapó entre sus labios los de ella, besándola apasionadamente, pero aquello no fue suficiente para liberar aquella tensión que ahora lo estaba asfixiando por dentro. Con cuidado alejó la mano que ella tenía en su entrepierna y apoyó gran parte de su cuerpo sobre el de la Princesa, dejando que la intimidad de sus cuerpos se rozaran por primera vez aún sobre aquella física separación que formaban sus ropas.

Zelda gimió con fuerza al sentir como su pareja comenzaba a mover sus caderas y sus cuerpos se frotaban suavemente, una extraña sensación la embargó por dentro y una especie de escalofrío recorrió toda su columna.

– Link –lo llamó suplicante aferrando sus manos a la espalda del chico, jalando con fuerza de los ropajes que aún cubrían su cuerpo.

Deseaba arrancarlos de una vez, en verdad se estaban haciendo notoriamente molestos.


En verdad estaba en un gran dilema, sabía que cuando su "querida pichoncita" lo encontrara todo habría terminado, después de su último desliz seguramente ella no lo perdonaría… ¡Estaba acabado!

– Toda una vida se me va ante mis ojos –murmuró balanceando la copa justo frente a su cabeza, dejando caer su cuerpo en el alfeizar de la primera ventana que se le atravesó en aquel desolado pasillo– Jolene… mi querida Jolene.

Nunca fue su intención engañarla, en verdad la quería, pero… la carne es débil, él había sido una vil víctima de aquella arpía que se había atravesado en su camino y para colmo se había terminado apoderando del tesoro que él primeramente había robado. Aquella era toda una historia y lo más penoso es que no había nada peor que ladrón que roba y engaña a ladrón.

– Maldición.

Había sido un completo idiota, aquello debía reconocerlo.

Suspiró rápidamente para luego pasar su lengua por sus labios, elevando su mirada hasta el techo del pasillo, le quedaba poco líquido en su copa y la botella que cargaba en su otra mano ya estaba completamente vacía.

– Que más da –volvió a clavar su mirada en la copa y en el escaso licor que había en su interior– ¡Por los viejos tiempos! –agregó para luego dar el último sorbo.

Debía resignarse y volver a la realidad, quizás no todo estaba perdido y si se disculpaba con Jolene, quizás… sólo quizás… ella aún podría apiadarse de él y perdonarlo.

De pronto todos sus "profundos" pensamientos se vieron interrumpidos por la inoportuna llegada de alguien a quien evidentemente no había visto venir.

– ¡Vaya, pero si es el querido amigo de Link! –Parecía bastante emocionado de encontrarse con el embustero "marinero" – ¿Por qué tan solo en una noche tan agradable como esta?

Linebeck tardó en fijar la vista en quien ahora le estaba hablando, desde donde se encontraba lo veía un tanto "borroso", pero al concentrarse un poco pudo distinguir a la persona que le hablaba.

– Pero si no es nada más y nada menos que el distinguido Rey de Hyrule –lo saludó esbozando una sonrisa más ebrio que de costumbre, al parecer esta vez si que se le habían pasado las copas– ¿Qué trae por aquí a tan distinguida autoridad?

Ni siquiera le había parecido curioso ver al Rey en pijama, sólo por un instante le llamo la atención el "inusual" gorrito de dormir que tenía sobre su cabeza, pero al no saber si las orejas que le colgaban se asemejaban más a unas de un perro o de un conejo, no comento nada al respecto.

– Estoy en una misión –respondió el hombre sonriendo complacientemente al ver el brillo que despertaba en los ojos de Linebeck, parecía haber captado toda su atención.

– ¿Una misión? –Le devolvió aquella cómplice sonrisa al mismo tiempo que se incorporaba para acercarse hasta donde se encontraba detenido el hombre– no es que quiera entrometerme, pero… ¿Qué tipo de misión es esa? –Había pasado uno de sus brazos sobre los hombros del soberano, dejando la copa que sostenía en su mano muy cerca del rostro del él.

– Es un secreto –se estaba haciendo el difícil.

– ¡Soy un maestro en lo que respecta a guardar secretos, amigo mío! –tan confianzudo como siempre, evidentemente para Linebeck el Rey no era más que un sujeto, un simple hombre.

– ¡No se diga más! –No había bastado demasiado para convencer al Rey de soltar todo su "perfecto plan"– escuche con atención joven amigo –le dijo en voz alta para luego susurrarle todo lo que siguió como si fuera un verdadero secreto.

Linebeck sonrió con un aire pervertido a medida que escuchaba las palabras del Rey, aquello que estaba escuchando estaba por darle un giro inesperado a esa "aburrida" y "depresiva" noche suya.

– ¿Esta hablando en serio? –Le preguntó alejándose un poco del hombre para verlo con más detenimiento.

– Y bien joven… ¿Esta dentro o esta fuera?

Nuevamente sonrió, aquella propuesta era verdaderamente tentadora. Si aceptada podría chantajear de por vida a Link, el ahora futuro Rey de Hyrule, lo que evidentemente mejoraba su situación, quizás con ese beneficio bajo su manga podría conseguir el perdón de su adorada Jolene.

– Adentro, mi querido amigo, evidentemente estoy adentro.


Habían llegado hasta la supuesta entrada del "famoso cuarto matrimonial", porque de que era "famoso" lo era. El Rey se había encargado de contarle a medio Hyrule lo maravillosamente hermoso que había dejado ese cuarto, "toda una obra de arte" había dicho. Y bueno, para que vamos a estar con cosas, si la puerta de ingreso al cuarto era... impresionante.

– ¿Estas segura que es aquí? –Le preguntó pensando que quizás habían extraviado el camino hasta la dichosa pieza y en verdad esperaba que así fuera.

– Claro que estos segura, el padre de Zelda me explicó con lujo y detalle como llegar hasta acá.

– ¡Pero es una puerta enorme! ¿Cómo un dormitorio va a tener una entrada tan monstruosa?

– Con lo poco y nada que conozco al Rey, yo la verdad me esperaría cualquier cosa.

– Como te había dicho el Rey Nohansen es un poco exagerado en algunos aspectos, pero es un buen hombre.

– ¿En verdad crees que soy un poco exagerado?

La voz del soberano los tomó absolutamente por sorpresa, sus cuerpos pegaron un pequeño salto del susto que se habían llevado y ambos como si sus pies estuvieran pegados al suelo giraron sólo el rostro para ver...

– Señor... ¿Nohansen? –Ashei mantuvo la boca abierta de la impresión que le genero ver al "gran Rey de Hyrule" con el atuendo que andaba vistiendo y con semejante sujeto que lo acompañaba.

– ¿Linebeck? –Shad tampoco podía creer lo que estaba viendo, y mantenía sus ojos como plato mirando a aquella extrañísima pareja que se les acercaba. ¿En verdad no estaba soñando?

El Rey evidentemente aún traía puesto su pijama rosadito, sus sandalias felpuditas de conejito y su gorrito de dormir, también con bonitas orejitas rosas.

– Pero que tenemos aquí –el hombre de bigote exótico sonrió con un aire acusador al ver a la parejita junto a la puerta de los "recién casados"– Pensé que seriamos los primeros en llegar al espectáculo.

Ashei y Shad se sonrojaron de sobremanera, ambos ya se habían volteado por completo y ahora mantenían sus ojos clavados al suelo.

Era un momento "incómodo", muy incómodo.

Lógicamente nunca esperaron encontrarse con el padre de Zelda y el raro amigo de Link en un momento como este... ¡Que vergüenza!

– ¡Pero que gusto! –Exclamó el Rey con una amplia sonrisa en el rostro.

Evidentemente no estaba molesto de verlos allí, al menos no hasta ese momento.

La pareja intercambió miradas confundidas, había "algo" que no estaba encajando en esta historia.

– En verdad lo lamentamos mucho señor –Shad trataba de disculparse– no crea que estábamos espiando a su hija.

– ¡Lo sabía! –Exclamó Linebeck acercándose al avergonzado muchacho– Estaban pensando espiar a la parejita en su primera noche juntitos ¿no?

– ¡Claro que no! Sólo... bueno... nosotros –era obvio que no tenía una buena excusa para estar en ese lugar.

– ¿Y pretendían espiarlos por la puerta? –Era el Rey quien poniendo repentinamente un serio semblante enfrento a la pareja.

Nunca habían visto así de serio al hombre.

– Bueno... nosotros –Ashei tampoco tenía una brillante idea para salir de este "aprieto".

De pronto, en medio de ese tenso ambiente, el Rey soltó a reír divertido, el rostro avergonzado y arrepentido de los muchachos había valido el segundo de fingir estar molesto.

– ¿En verdad pensaban espiarlos a través de esta puerta? –Volvió a soltar una carcajada– ¡Esta puerta es impenetrable, es la puerta más gruesa de todo el castillo! ¡Adentro mi hija y Link no deben ni escucharnos!

– Se ve que les falta –Linebeck había llevado una mano hasta su barbilla y asentía con la cabeza a todo lo que el Rey decía.

– Tienen que aprender del maestro –les dijo luego inflando el pecho muy orgulloso de su "perfecto plan de espionaje" – Yo el Rey de Hyrule he creado este cuarto con un acceso insospechado, tendremos primera fila para ver que está pasando con mi hija y el gran héroe de Hyrule, ¿no les parece genial?

¡¿Era una broma?! ¿Les estaban hablando en serio o estaban tomándoles el pelo? ¡¿Desde cuando los habían metido a ambos en el baile?!

– ¡No se hable más! –Agregó el marinero golpeando la espalda de Shad con una de sus manos– ¡Pongamos en marcha la segunda fase del plan!

– ¡Tú lo has dicho amigo! –Lo apremió el Rey más animado que de costumbre– Vamos chicos, no tenemos tiempo que perder.

– Ehhh –Shad y Ashei no podían creer lo que acababa de ocurrir, sin tener intención alguna se acaban de integrar en uno de los "extraños" planes del Rey.

Seguramente todo esto terminaría mal, los chicos lo sabían, pero no fueron capaces de decir algo para contradecir al Rey, ni mucho menos para restarse de la osada misión.

¡Estaban perdidos!


Espiar a sus amigos le parecía una mala idea… pero… meterse por los conductos de ventilación y llegar hasta el "entre techo" creado por orden del mismísimo Rey le parecía aún más "descabellado".

– Señor, en verdad considero que su hija necesita "privacidad" esta noche –aún intentaba hacer entrar en razón al Rey, quien al ir encabezando al grupo parecía no haber escuchado sus palabras.

– No seas aguafiestas pelirrojo, esto se pondrá bueno… será como ver porno en primera fila –era obvio que ese comentario venía de parte del "amigazo" de Link, nada más y nada menos que Linebeck.

Shad se sonrojó notoriamente, el Rey ya les había tomado bastante ventaja y no había alcanzado a escuchar el "inoportuno" comentario del marinero y Ashei quien también se había ruborizado ligeramente fulminó con la mirada a Linebeck quien estaba tan pasado de copas que ni siquiera se percató de la asesina mirada que la chica le dedicaba, o quizás no era eso y al estar tan familiarizado con esa "miradita" ya ni siquiera se veía afectado.

– Eres un maldito pervertido.

– Pervertido puede ser querida mía –le sonrió como si fuera de lo más natural– ¡Oh vamos! ¿Me van a negar acaso que estaban "espiándolos" cuando yo y el Rey los encontramos? Reconozcan que también están curiosos por saber si Link va a acertar o no el golazo del siglo.

– ¡Claro que no! –Exclamó Shad aún más rojo que antes– no veníamos a eso.

– ¿A no? –Observó a ambos de reojo con un dejo de desconfianza.

– ¡Claro que no! –Insistió Ashei molesta– Sólo queríamos asegurarnos de que Link estuviera preparado.

– ¡Oh si! –Linebeck sonreía con morbo al ver los rostros avergonzados de Shad y Ashei, quienes evidentemente no tenían una clara excusa para explicar su participación en este "alocado" plan del Rey– Como el "pequeño Link" es casto y puro aún, ustedes querían hacer de buen samaritano y enseñarle como usar su espada ¿no?

– ¡Que no! –Shad no podía estar más rojo de lo que ya estaba, en verdad esta situación era bastante incómoda, de partida el nunca había estado de acuerdo con ir a espiar a la pareja.

Tantas analogías en doble sentido se le estaban subiendo literalmente a la cabeza, estaba muy avergonzado y comenzaba a sentir demasiado calor, mucho más del acostumbrado.

– No sean tímidos muchachos, pueden confiar en mí.

– Jamás. No creas que somos tan ingenuos como Link para confiar en un tipejo como tú.

– Oh vamos querida, no te pongas así… esa bonita carita que tienes no la aprovechas con ese semblante tan duro que traes siempre– se detuvo momentáneamente y luego agregó sonriéndole a la muchacha– y en verdad hoy te vez muy sexy con ese vestido rojo y ese tentador escote.

Ashei apretó con fuerza sus manos empuñadas, estaba conteniendo las ganas de golpearlo, pero en vista de lo estrecho que era el lugar y la situación en la que estaban, no considero que fuera apropiado hacerlo.

– No te metas con mi novia, eso si que no te lo permito –Shad estaba sacando la voz, al parecer la deslenguada boca de Linebeck lo estaba sacando de sus casillas.

Un ligero rubor y una discreta sonrisa surcaron el rostro de la muchacha, no había creído que el bien mesurado Shad levantara la voz para defenderla a ella, en verdad le parecía algo adorable de su parte.

– Tranquilo pelirrojo, la chica es tuya.

– ¡Hey! Guarden silencio, estamos justo sobre el cuarto matrimonial –les indicó el Rey quien estaba a tan sólo unos metros de donde ellos se encontraban.

Todos avanzaron arrastrándose como hasta ahora lo habían estado haciendo y se detuvieron a un lado del soberano Hyrule.

– Muy bien chicos ¿Quién va a dar el primer vistazo? –Preguntó Linebeck quien se estaba peinando sus "perfectos" bigotes.

Se miraron unos a otros, pero ninguno respondió. Justo en ese momento un extraño crujido hizo que sus músculos se tensaran.


Estaban agitados, muy agitados.

El aire comenzaba a hacerse asfixiante y ellos no tenían intensiones de detenerse.

Ella pudo sentir como sus labios húmedos y suaves volvieron a hacer un corto recorrido por su cuello, parecía hambriento, deseoso de probar más. El roce entre sus cuerpos seguía siendo un exquisito deleite, una sensación placentera y embriagante.

Con una de sus manos comenzaba a jalar de su pantalón, tan molesto, tan opresivo, en verdad ya no lo soportaba, ya no le bastaba con aquel acercamiento entre sus cuerpos, quería sentir más.

– Link espera –le dijo agitada como estaba, un extraño ruido acababa de llamar su atención y por alguna razón que aún no comprendía no podía dejarlo pasar.

– No quiero detenerme –agregó volviendo a atrapar sus labios en un beso.

– No... Link... escucha –le insistió entre besos, algo se estaba moviendo en el techo del cuarto, estaba segura de ello– hay... hay algo... en el techo.

– ¿Qué? –No podía creer que aquellas palabras lo habían hecho detenerse, había quedado con el pantalón a medio bajarse, de hecho ni siquiera se habían tomado la molestia de retirarse el calzado.

El ruido volvió a hacerse presente, aún más nítido que antes. Ahora que se habían "detenido", podían presar más atención al dichoso cielo del cuarto.

– ¿Lo escuchas? –Le preguntó comenzando a sentirse algo inquieta.

¿Qué podría estar avanzando en el techo del cuarto? Aquella pregunta que ahora ambos se estaban haciendo dio paso a una nueva y aún más misteriosa interrogante, ¿había entretecho en esta parte del castillo?

– Si... puedo oírlo ahora –era evidente que era mucho más sencillo escuchar aquello que la chica había oído no estando concentrado en otra cosa– pero... no creo que sea importante –agregó tratando de convencerla, aún estaba muy "caliente" y en verdad no podía creer que se habían detenido por un "simple ruidito" en el techo.

Por un instante aquel extraño sonido desapareció.

– ¿Y si son ratones? –Justo en ese momento el ruido había vuelto, más claro y evidente que antes– Debe ser miles ¿los escuchas?

– No podrán entrar al cuarto Zel –le respondió tratando de calmarla, pero la chica ya se había apartado de la cama y ahora de pie observaba fijamente el "dichoso techo" – si realmente hay ratones en el techo no podrán llegar hasta aquí.

– No es el problema si hay o no hay, ¿de verdad piensas que esa cantidad de ruido la haría un ratoncito?

Pero Link no tuvo tiempo de responder, poco después un fuerte crujido llamo la atención de ambos y luego un pequeño polvillo comenzó a caer justo sobre la muchacha.

– ¡Cuidado! –Exclamó lanzándose sobre la chica poco antes de que esa zona del techo se le fuera encima.

¡PAFF!

Una gran nube de polvo lleno todo el cuarto, el "entretecho" creado por el Rey no había resistido tanto peso y había terminado cediendo, llevándose junto con el a los cuatro involucrados en el "espionaje".

– ¿Estas bien? –Le preguntó levantándose un poco al tiempo que sacudía uno de sus brazos llenos de polvo y parte de escombros.

Bajo el cuerpo de Link estaba la princesa, quien aún estaba algo aturdida por el golpe, pero fuera de ello parecía encontrarse en perfecto estado.

– Sí, estoy bien –respondió al mismo tiempo que trataba de fijar su vista en lo que fuera que les había caído encima, pero había tanta partícula en suspensión que de verdad no conseguía ver nada.

Pronto entre los escombros y la nube de polvo se empezaron a escuchar quejidos de voces que se les hacían un tanto familiares.

– Les dije que era una mala idea.

– ¡Deja de quejarte y salte de encima pelirrojo!

– Me encantaría complacerte Linebeck, pero no puedo moverme, tengo algo sobre las piernas.

– Soy yo Shad, es que mi vestido está atascado bajo el Rey, estoy intentando jalarlo, pero no consigo moverlo y el Rey no despierta.

– ¡¿Qué el Rey no despierta?! ¡¿Esta inconsciente?! –Aquella frase de Ashei lo había alterado, si al Rey le pasaba algo Zelda los mataría a todos, si es que ya no lo había por interrumpir su noche de bodas.

– No hagas tanto escándalo pelirrojo, con semejante amortiguación no puede estar peor que nosotros.

– Shad, el Rey no despierta –Agregó Ashei notoriamente preocupada.

Link acababa de levantarse, olvidando por completo que aún tenía los pantalones a medio subir. Zelda también se había incorporado y ahora que el polvo se estaba disipando podía ver mejor que demonios había pasado.

– ¿Shad? ¿Ashei? –Murmuró casi sin creerlo– ¿Linebeck? ¡¿Papá?! ¡¿Qué diantres hacían en el techo?!

– No me culpen a mí, la idea fue de su señor padre –se defendió el marinero aún sin posibilidades de moverse.

– ¡Zelda tú padre no responde!

– ¡¿Qué?! –Exclamaron los recién casados al unísono, las preguntas tendrían que esperar.

La chica corrió a auxiliar a su padre, mientras Link quien pretendía seguirla tropezó con el enredo que tenía con los pantalones y se fue de bruces al suelo, cayendo justo encima de Shad y Linebeck.

– ¡Súbete el pantalón idiota! –Le gritó molesto al sentir un peso más sobre su invaluable cuerpecito.

Link se sonrojó a más no poder y luego de salir de encima se subió rápidamente los pantalones, el cinturón quien sabe donde diablos había quedado.

– Lo lamento, en verdad no queríamos molestarlos –Shad también estaba muy rojo, era "evidente" la razón por la que el rubio había estado con los pantalones abajo.

– ¡Papá! –Zelda había llegado junto a su padre y jalando de él había conseguido girarlo y hacer que quedara recostado boca arriba– ¡Papá despierta!

– ¡Ya está! –Ashei acababa de liberar la falda de su vestido y ahora que podía salir de las piernas de Shad, este también pudo levantarse.

– Al fin consiguieron moverse –murmuró molesto Linebeck, quien intentaba inútilmente sacudirse el polvo de la ropa y el cabello.

Fue entonces cuando alguien irrumpió estrepitosamente en el cuarto.

– ¡Majestad, le dije que se quedará en su alcoba! –Impa acaba de ingresar en la estancia y parecía furiosa.

– ¿Impa? –¡Diablos! Era justo lo que les faltaba para cerrar esta noche con broche de oro, primero la dichosa fiesta, después el desastroso baile, luego el regreso de la momia y el encuentro con la ballena, después su demente maestro de educación sexual tratando de aprovecharse de él y seguido a eso ¡El padre de su esposa y sus amigos cayéndoles encima desde el techo! Y para finalizar el Rey inconsciente en el suelo e Impa ingresando al cuarto viendo el desastre que habían armado.

En verdad esto no podía empeorar ¿o sí?

– ¿Qué demonios paso aquí? –La mujer no podía creer lo que estaba viendo, el "cuarto matrimonial" estaba hecho un desastre y dentro parecía haber más que una reunión social– ¿Qué hacen todos ustedes aquí?

– Es una larga historia –respondió Ashei notoriamente avergonzada.

– A mí no me metan que yo no tengo la culpa –Linebeck insistía en dejar en claro que él no había tenido nada que ver en el asunto.

– Impa –la chica sujetaba al hombre entre sus brazos y sus ojos se habían tornado vidriosos– mi papá no despierta.

– ¿Qué tú papá... qué? –Ahora su que tenía el cerebro revuelto.

¡¿Qué diantres había pasado aquí?!

La Sheikah corrió a auxiliar al hombre, se hincó junto a la princesa quien aún lo sostenía entre sus brazos, e inmediatamente corroboró su pulso.

– Él está bien –le dijo para tranquilizar a la chica y a los presentes.

Link suspiró aliviado, al menos no tendrían que pasar de una boda a un funeral.

– No lo entiendo, ¿qué hacían todos en ese entretecho? –Ahora Zelda comenzaba a reagrupar todas sus ideas dispersas, sabiendo que su padre estaba bien, aquello era lo más lógico de preguntar, ¿no?

– Es que... bueno –Ashei había comenzado a hablar, pero pronto no supo cómo continuar, no había una explicación para esto.

– Yo te diré que paso –Linebeck parecía muy seguro de sus palabras– tú padre planeo todo esto, el construyo un entretecho justo sobre su cuarto para espiarlos.

– ¿Qué mi padre hizo qué? –Evidentemente se había imaginado que su papá intentaría alguna artimaña para tratar de saber que pasaba con ellos, pero nunca se imaginó que había construido un "entretecho" para poder vigilarlos, es más... se le había hecho muy sospechoso que él fuera quien "escogiera" el cuarto donde ahora se suponía que ellos dormirían.

Llevó una de sus manos hasta su cabeza, repentinamente comenzaba a sentirse mal.

– ¿Y todos ustedes? –Agregó Link al notar que la chica no parecía con ánimos de seguir el interrogatorio.

– Yo, yo me encontré con Nohansen en el pasillo y me invitó cordialmente a acompañarlo y bueno... ellos...

– Veníamos a saber cómo te sentías, cuando estabas en el jardín parecías algo enfermo –Ashei se adelantó, interrumpiendo a Linebeck.

– Entonces nos encontramos con tú amigo y su majestad, y bueno... en realidad no hay explicación, ni justificación para lo que ocurrió después –admitió Shad, quien sabía que no podría excusarse, ellos no se habían negado a seguir el "plan" del Rey.

– En verdad no puedo creerlo –Zelda aún no podía entender como era que su "noche de bodas" había terminado en... miró a su alrededor y luego soltó un largo suspiro... ¿cómo todo había terminado en... en... eso?

– Auch... ¿Quién me atropello? –Era el Rey quien comenzaba a reincorporarse a la "reunión".

– ¡No puedo creer lo que hiciste papá! –Le gritó notoriamente molesta.

– Zelda... querida –el hombre aún no comenzaba a entender que era lo que había ocurrido.

– Esta vez sí que se pasó.

– ¿Impa? –¿Qué hacia ella ahí? ¿Qué demonios hacían todos ahí?

– ¡No te hagas el desentendido! –Le gritó aún más molesta y dolida– ¡Lo arruinaste todo! ¡Siempre lo haces! –Unas lágrimas fugitivas escaparon de sus ojos, no podía creer que su propio padre había intentado espiarla y para colmo había terminado interrumpiendo el único real momento a solas que había tenido durante toda la noche con Link.

– Querida... yo –en verdad no tenía palabras para explicar lo sucedido, porque era evidente por la cara de todos que su "plan maestro" había salido mal.

– Zelda, calma –se había acercado a la chica con la intención de contenerla, si esta situación ya era mala seguro con la Princesa furiosa se pondría mucho peor– hay que conversarlo.

– ¡No quiero conversar nada! ¡Estoy harta de que mi padre se entrometa en todo! –Agregó liberando sus brazos de las manos de Link– ¡Nunca voy a perdonarte esto! –Le gritó con fuerza a su padre y luego salió corriendo del lugar, ya no quería estar allí.

– ¡Zelda! –Link corrió tras la chica, pero ella era muy rápida y no consiguió alcanzarla antes de perderla de vista.

Shad y Ashei venían corriendo atrás del guerrero.

– Te ayudaremos a encontrarla –Le dijo apoyando una de sus manos sobre el hombro de su amigo.

– No Shad, no es necesario.

– ¿No vas a buscarla? ¿Ella debe sentirse terrible? –Ashei se sentía culpable por todo lo ocurrido y quería de alguna forma enmendar su error.

– Si, lo sé. Pero no es necesario que me ayuden, creo saber a dónde ha ido. Vuelvan con Rey y díganle que no se preocupe, que mañana resolveremos este mal entendido.

– En verdad lo lamento Link.

– Tranquilo Shad, son... bueno... son cosas que pasan –sonrió, no podía hacer más que eso.

En realidad eran el tipo de cosas que sólo les podía pasar a ellos. Pero ya que más daba, conocía al Rey y sabía que nunca había sido su intención hacerle daño a su hija.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o

La conocía como a la palma de su mano, habían vivido tantas cosas juntos, habían pasado por tanto. Esta vez no podía equivocarse.

Sabía que sólo había un lugar donde podría estar...

Y efectivamente cuando llego a la torre más alta del castillo y atravesó la estrecha ventana para dar con el techo pudo verla. Estaba sentada dándole la espalda, abrazando sus piernas.

– ¿Zelda? –Se sentía mal por todo lo sucedido, sabía que ella estaba dolida y quizás no era momento para tratar de hablar con ella, pero... no podía dejarla sola. No quería que estuviera sola.

– Ha sido un día de locos ¿no? –Le dijo sin voltearse a mirarlo.

– ¿Estas bien? –Ella no parecía seguir llorando.

Zelda se volteó y enfrento la mirada del joven con una sonrisa.

– ¿La verdad? –Se encogió de hombros y soltó una suave risita– no me esperaba menos de mi padre, de hecho cuando estábamos en el cuarto me pareció extraño el haber estado tanto tiempo "solos".

Se sentía un poco mal después de haberle gritado de esa manera, pero ¿realmente se merecía un sermón, no?, mañana se disculparía, que al menos sintiera culpa por todo lo que queda de noche, después de haberle arruinado la de ella.

Se acercó más para sentarse junto a la muchacha, quien había vuelto a dirigir su mirada al horizonte, pero ahora mantenía sus dos manos apoyadas sobre las tejas y su cuerpo ligeramente reclinado hacia atrás.

–Lo siento tanto –se disculpó aún sin apartar su mirada de ella– nunca pensé que comenzaríamos nuestra primera noche de recién casados platicando en el techo del castillo.

– Hay cosas que nunca cambian ¿no?–Volvió a mirar a su pareja, suspirando.

Ella le estaba sonriendo, no parecía estar enfadada, pero aún había rastros de las lágrimas que había derramado. Con cuidado acercó su mano hasta el rostro de ella y con su pulgar limpio aquello que evidenciaba que ella había estado sollozando.

– Creo que para variar arruine todo.

– No te equivoques Link –Se acercó un poco más al joven, apoyando su cabeza en el hombro de él– mi padre es un entrometido, ambos lo sabemos.

– Quizás... quizás sólo se preocupa demasiado por su hija –pudo notar que ella había cerrado sus ojos y respiraba pausadamente.

– ¿Sabes? –Estaban nuevamente tan cerca y su mente seguía llevándola una y otra vez sobre esa cama... sobre ese inigualable instante. Debía decírselo, quizás no era la forma en que le hubiera gustado confesar algo como esto, pero... él tenía que saberlo– Encontraremos un lugar especial, uno donde nadie pueda molestarnos –se había alejado un poco y ahora lo miraba fijamente.

Link se sonrojó inmediatamente, no se había esperado una confesión como esta tan repentinamente.

–Zelda... yo...

– En verdad deseo terminar lo que empezamos.

Era increíble ver como el juicio de la princesa seguía intacto e inclusive aún ahora parecía tan segura, tanto que no pudo evitar recordar aquello que habían estado determinados a hacer, la había tenido entre sus brazos, había recorrido su cuerpo con sus manos... y ahora volvía a sentir ese sofocante calor al verla.

– Yo... yo –sus mejillas le ardían fuertemente y su corazón había vuelto a acelerarse– yo también... también lo deseo.

Sus miradas se cruzaron y una atmósfera de complicidad pareció rodear a los enamorados.

La noche se había cernido sobre ellos con su manto oscuro, adornado por sutiles pinceladas pequeñas y luminosas. Aquella noche las estrellas parecían danzar y el basto cielo no era más que un enorme escenario.

Allí arriba nadie podría molestarlos... ¿o sí?

Continuará...

Ejem... XD

Bueno sé que me tarde una semana más de lo que había dicho pero... ¡mi vida es terrible! XD nah broma...

Lo bonito y lo importante es que estoy de vuelta XP, en verdad lamento la gran tardanza y... sé que muchos esperaban un lemon, pero para agrado de algunos y disgusto de otros, en este capítulo no hay lemon XP, pero se viene... se viene... así que preparaos...

Ya, ahora volviendo a lo importante y sin intención de alargarme más, quiero agradecer a todos los que me han brindado su apoyo en esta "rara" historia XD porque de que esta rara... esta rara, pero bueeeeno, la autora también es medio rara así que no hay nada de que sorprenderse XP, quiero dejar un especial saludo a todos aquellos que se molestaron en comentar, en verdad muchas gracias a MVMM, Shimmy Tsu, Dani-chan y Gaby-chan, Zelinktotal99, ILZzE, larareshiram97, Krystal Psych, Pouda-P, BRANDON369, El angel de la oscuridad, Chica Otaku y Sister BaKawai, Agata T. Kewlie, Generala, Guest, Dialirvi, , Magua, linkzel s, Showwiie-23, Lektorr, Yuki-Chan28, Richard Letters, Ferin Sky, Leon Mega Wong, Zelliana, y kazukoNanami, en verdad muchas gracias y disculpen la gran demora x.x

Otra cosa que tengo que decir antes de despedirme es... que pronto subiré otro fic, se suponía que era para Halloween XD, pero como no tenía mi compu no pude terminarlo tampoco, así que ahora sí que lo termino y lo subo XP

¡Saludos para todos!

Zilia-K