Advertencia: Este capítulo puede contener escenas no aptas para todo público, lean bajo su propio juicio.

Aclaraciones: Los personajes de esta historia no me pertenecen, hago esto sólo a modo recreacional, sin ningún fin de lucro.

Bueno, en verdad lamento la horrible tardanza, pero ya que estoy de vuelta, me voy a poner al día... lamento todas las molestias y espero desde el fondo de mi corazoncito... que esto sea de su agrado.

Sin más los dejo con la historia...

UN HEREDERO PARA HYRULE

En el capítulo anterior...

Se detuvieron junto a la puerta, temerosos de dar un nuevo paso, al parecer ambos tenían ese mal presentimiento recorriendo sus cuerpos. En verdad ver esa puerta cerrada era aterrador, el sólo tratar de imaginarse que cosas podrían encontrar ahora detrás de ellas lo era aún más perturbante.

– Creo que no me siento preparado para esto.

– Yo tampoco –murmuró la princesa aferrándose a la mano del muchacho.

– ¿En verdad tenemos que hacerlo?

– No tenemos opción.

Juntos y casi decididos se acercaron un poco más.

– Bueno... –tragó saliva aún más nervioso– aquí vamos –agregó.

Y con aquella misma desconfianza la puerta comenzó a abrirse haciendo un crujido molesto un chillido típico de una puerta mal engrasada.

¿Qué clase de lección tendría preparada el demente profesor para los recién casados?

.-.-.-. Capítulo 10: Juego de niños .-.-.-.

Ahora sí que estaba en problemas, en "graves" problemas.

Suspiró.

Estaba cansado, muy cansado.

Ni siquiera habían pasado dos horas desde que se había levantado y ya sentía que debía hacer un profundo pozo y enterrarse vivo antes de que alguien descubriera lo que acababa de hacerle a la princesa.

– ¿Qué vamos a hacer ahora? –Pensó en voz alta observando a la joven princesita corretear por el jardín, escondiéndose detrás de unos arbustos para sorprender a una pequeña mariposa que estaba siguiendo– Ven aquí Zelda, más tarde podremos jugar, te lo prometo –la llamó haciéndole una seña para que se acercara.

– ¡Pero yo quiero jugar ahora! –Lo contradijo la pequeña niña haciendo un puchero desde donde se encontraba.

En verdad estaba en problemas...

– Bien, tu ganas –Le dijo levantándose para acercarse a donde se encontraba la pequeña. Acababa de tener una idea que seguramente era una "mala idea", pero en momentos de crisis todo era valido ¿no?– vamos a jugar a las escondidas ¿está bien?

– ¡Eso es genial! –Había tomado una de las manos del joven con sus pequeñas manitos y la trató de agitar a duras penas, contenta – soy muy buena jugando a las escondidas –afirmó orgullosa, mientras una amplia sonrisa adornaba su infantil rostro.

– Eso es perfecto Zel –la felicito enternecido, en verdad la niña era encantadora y a pesar del horror de descubrir que su esposa había sido convertida en una infante, se estaba empezando a acostumbrar a esta dinámica de "hermano mayor".

– ¡¿Quien va primero?!

– No... nada de eso. –Hizo una pausa tratando de ordenar sus ideas, no quería confundir a la pequeña– Vamos a hacer un equipo, tú y yo nos esconderemos de TODO el castillo ¿Qué te parece?

Necesitaba tiempo.

Si lograba descubrir como revertir ese hechizo podría traer de vuelta a la princesa y hacer un borrón y cuenta nueva. Sino la opción dos era esperar sólo unos diez años y volver a casarse, ¡¿En qué estaba pensando?! No podía esperar diez años para volver a ver a la mujer que amaba como lo que era, ¿cómo la iba a tratar ahora siendo una niña? ¿Cómo podría soportar toda una vida viéndola así?

– ¡Wow! ¡Eso suena increíble! –Agregó dando pequeños saltitos de felicidad, aquel juego sería el mejor juego de escondidas que hubiera jugado en su vida.

Link rió divertido al ver el entusiasmo de su ahora diminuta esposa.

Y entonces volvió a sentir el peso de esa terrible realidad. Estaba casado con una niña de menos de diez años ¿qué demonios iba a hacer ahora? Parecía todo, menos el marido de la princesa, digo... en la mañana habían estado a punto de hacer cosas de adultos y ahora estaba ¿jugando a las escondidas? en verdad esto tenía que ser una broma, una broma de MUY mal gusto.

¿Cómo le iba a explicar al Rey que su hija se había rejuvenecido increíblemente?

¿Cómo le iba a decir a Impa que su pupila tendría que aprender nuevamente todas las técnicas de defensa personal?

¿Cómo le iba a explicar a Hyrule que no era un depravado pedófilo que trataba de aprovecharse de una pequeña niña?

Se sentía terrible, no podía sentirse peor. En verdad estaba en un problema mayúsculo y no sabía como salir de él, no sin la ayuda de Zelda, pero ella ya no estaba allí, ya no era la misma de antes.

Pero nuevamente la chica lo sacó de sus pensamientos, ella se había acercado más de la cuenta, aprovechándose de lo distraído que parecía y le había dado un corto y rápido beso en la boca.

¡¿Qué demonios había sido eso?!

Link se sonrojó a más no poder al sentir los pequeños labios de la jovencita, sólo se habían rozado, había sido un contacto fugaz, pero de inmediato su mirada siguió a la protagonista de aquel travieso acto esperando encontrarla tan avergonzada como él se sentía en ese preciso instante, pero Zelda no parecía verle nada malo a su accionar, porque le sonreía con el encanto y la frescura que sólo podía tener la inocente miradita de una niña.

– No quiero ver a Link triste –le dijo juntando sus manitos detrás de su espalda.

Sin darse cuenta estaba sonriéndole, ¿cómo iba a enojarse con ella si sólo había estado tratando de darle animo?

– No estoy triste –le dijo acariciando la cabecita de la pequeña mientras le sonreía agradecido.

A pesar de que estaban en problemas y en una nueva e inigualablemente incómoda situación, estaba agradecido de tener ahí al frente, a pesar de que la joven ya no era la mujer que solía ser seguía manteniendo ese bonito y único brillo en su mirada.

– Zelda es muy feliz ahora –le confesó sujetando con toda su mano el dedo pulgar de Link, jalándolo para que avanzara– a Zelda le gusta estar con Link.

El chico volvió a sonrojarse, en verdad era una situación muy extraña, pero sin chistar se levantó y comenzó a avanzar siendo guiado por la muchachita.

Entonces y sin poder evitarlo, recordó la molesta cara del "profesor de educación sexual", ese maldito hombre los había puesto en esta situación, debía de alguna forma advertirle al Rey que ese hombre era peligroso, no podía andar suelto por allí haciendo de las suyas. Sería terrible si ese mismo hechizo que se había estrellado contra Zelda cayera sobre el Rey.

– Bueno quizás no habría mucha diferencia –pensó nuevamente en voz alta, imaginándose al padre de Zelda de niño, en realidad debía ser... igual como era ahora sólo como mil veces más joven y con más energía.

– ¿Diferencia? –Preguntó curiosa, indagando con su mirada el rostro del muchacho.

– Zel, mira... un guardia justo delante –le advirtió notando que el hombre estaba comenzando a voltearse justo en la dirección por donde ellos iban avanzando.

– Por aquí –Agregó la niña jalando al muchacho, metiéndose entre los arbustos del jardín.

Para ella era muy fácil, pero Link siendo tan grande tuvo que esquivar muchas ramas, astillando más de alguna.

– Auch – se quejó al sentir como una de esas astillas rozaba su rostro, pero ya habían atravesado los arbustos y se quedaron ahí, ocultos por los follajes al otro lado del sendero.

– ¿Link? – Lo llamó preocupada.

– Estoy bien –le dijo tratando de tranquilizar a la jovencita.

Pero la niña no le quitaba los ojos de encima. Estaba observándolo muy fijamente. Poco después pudo ver como la pequeña manito de ella iba a posarse justo sobre su mejilla, acariciándole muy despacio.

– Link se lastimo –aún parecía más preocupada de lo normal– ¿duele?

El chico soltó una suave risita divertido, la preocupación de la pequeña le causaba gracia, esa era una "herida" muy pequeña, en realidad no era más que un pequeño rasguño, como guerrero había sufrido heridas mucho más grandes que esa, heridas que habían dejado más de alguna cicatriz en su cuerpo.

– Hey, no pasa nada –le habló dulcemente sujetando la pequeña manito de la niña y entonces la observó, aquellos pequeños dedos sobre su palma la hacían ver enorme a él – soy muy fuerte ¿lo recuerdas? –agregó acunando entre sus manos la pequeña manito de ella.

La niña asintió con gran entusiasmo con su cabeza.

– Link es un gran héroe –lo alagó sonriendo, podía verse la gran admiración que ella sentía en su clara mirada.

– Si... eso creo –estaba avergonzado y como siempre lo hacía cada vez que se ponía nervioso, rasco su cabeza.

– ¡Link es el más grande de los héroes! –Insistió la niña extendiendo sus brazos como queriendo mostrarle que era enorme.

El chico volvió a reír, en verdad le hacía gracia la forma en que Zelda veía ahora las cosas, su inocencia y ese encanto infantil que ahora poseía lo tenía embelesado, no supo en que momento comenzó a sentir algo nuevo, una sensación que no había tenido nunca en su vida, una sensación que crecía cada vez que observaba a la muchacha.

– Tenemos que seguir Zel –le dijo apoyando nuevamente su mano sobre la cabeza de la niña, sonriéndole– tenemos que llegar a la biblioteca del castillo y nadie debe vernos –insistió, en verdad no quería que nadie los encontrara antes de que tuviera una posible solución.

– ¡Yo llegaré primero! –Lo desafió dando un brinquito y comenzando a correr, pillando totalmente desprevenido al muchacho.

– ¡No Zelda, espera! –Asustado se levantó y comenzó a correr tras la pequeña que ya le llevaba bastante de ventaja– por Din... es muy rápida.

Aquella persecución le trajo recuerdos del pasado, cuando ambos eran unos niños y recorrían corriendo los pasillos del castillo siendo regañados en más de una ocasión por Impa, quien siempre los descubría justo antes de que se metieran en verdaderos problemas.

– Zelda espérame –le pidió dando vuelta a un pasillo buscando con la mirada a la niña, la chica no pareció escucharlo por lo que siguió corriendo y al llegar al límite del pasillo la vio mirar a un lado lanzarse al suelo y meterse detrás de una cortina– ¿pero qué...?

Aunque no alcanzó a terminar la frase puesto que justo cuando iba a alcanzar a la muchacha se topo de frente con la tutora de la princesa.

– ¡Cuidado Link! –Lo regañó esquivándolo, viendo como el chico iba a estrellarse con la pared más cercana.

– ¡Lo siento Impa! –Se disculpó enseguida, recomponiéndose tan rápido como pudo. Y con disimulo observó como la cortina se movía con la niña aún escondida detrás de ella.

– ¿Estás bien? –Le preguntó notando que él miraba algo "muy" fijamente y no era precisamente ella.

Pero el chico había alcanzado a notarlo, había visto en los ojos de la tutora de la princesa aquello que él no quería que descubriera y de inmediato se paró frente a la mujer impidiéndole ver lo que él mismo había estado mirando. No podía permitir que Impa descubriera lo que había tras esas cortinas.

– Si... estoy estupendamente –respondió notoriamente nervioso, tanto que hasta se trapicaba un poco al hablar– este.. yo... bueno... –tenía que cambiar el tema, tenía que decir algo, ¡Vamos Link piensa, piensa!– Lamento lo de anoche –soltó al fin, provocando que la mujer desviará toda la atención al techo notoriamente nerviosa.

Aquella simple frase los había transportado a ambos a la noche anterior, donde todo había comenzado...

Y ahí estaban, nuevamente en el tejado de la torre más alta del castillo, un lugar que conocía gracias a la princesa, cada vez que ella se sentía mal acudía a ese escondite, era un lugar solitario y esplendido, desde ese sitio se podía ver casi toda a llanura de Hyrule, era un lugar muy especial.

Lo siento tanto –se disculpó aún sin apartar su mirada de ella– nunca pensé que comenzaríamos nuestra primera noche de recién casados platicando en el techo del castillo.

Hay cosas que nunca cambian ¿no?–Volvió a mirar a su pareja, suspirando.

Ella le estaba sonriendo, no parecía estar enfadada, pero aún había rastros de las lágrimas que había derramado. Con cuidado acercó su mano hasta el rostro de ella y con su pulgar limpio aquello que evidenciaba que ella había estado sollozando.

Creo que para variar arruine todo.

No te equivoques Link –Se acercó un poco más al joven, apoyando su cabeza en el hombro de él– mi padre es un entrometido, ambos lo sabemos.

Quizás... quizás sólo se preocupa demasiado por su hija –pudo notar que ella había cerrado sus ojos y respiraba pausadamente.

¿Sabes? –Estaban nuevamente tan cerca y su mente seguía llevándola una y otra vez sobre esa cama... sobre ese inigualable instante. Debía decírselo, quizás no era la forma en que le hubiera gustado confesar algo como esto, pero... él tenía que saberlo– Encontraremos un lugar especial, uno donde nadie pueda molestarnos –se había alejado un poco y ahora lo miraba fijamente.

Link se sonrojó inmediatamente, no se había esperado una confesión como esta tan repentinamente.

Zelda... yo...

En verdad deseo terminar lo que empezamos.

Era increíble ver como el juicio de la princesa seguía intacto e inclusive aún ahora parecía tan segura, tanto que no pudo evitar recordar aquello que habían estado determinados a hacer, la había tenido entre sus brazos, había recorrido su cuerpo con sus manos... y ahora volvía a sentir ese sofocante calor al verla.

Yo... yo –sus mejillas le ardían fuertemente y su corazón había vuelto a acelerarse– yo también... también lo deseo.

Sus miradas se cruzaron y una atmósfera de complicidad pareció rodear a los enamorados.

La noche se había cernido sobre ellos con su manto oscuro, adornado por sutiles pinceladas pequeñas y luminosas. Aquella noche las estrellas parecían danzar y el basto cielo no era más que un enorme escenario.

Allí arriba nadie podría molestarlos...

Y envueltos por ese encanto nocturno y aquella fresca brisa acariciando sus cuerpos, sus rostros se fueron acercando.

Zelda –la llamó entrecerrando sus ojos, sintiendo como la cálida respiración de ella chocaba contra su rostro, mezclándose con el ligero vapor que emanaba su propio respirar, en verdad estaba mucho más fresco aquí afuera, pero no les importaba, ciertamente no les importaba.

Y ella respondió aquella suplica juntando ligeramente sus labios, en un contacto tímido, un roce tan sutil que sólo consiguió despertar aquel profundo deseo que sentían.

Link se acomodo un poco, y tomando el rostro de la joven entre sus manos profundizo ese suave toque entre sus bocas, sumergiendo su pleno deseo en un simple beso, uno que se enardecía con cada segundo, aquella excitante sensación que ahora volvía a envolverlo por completo, aquel sentimiento que sabía que compartían.

La chica no perdió el tiempo y mientras Link se afanaba en besarla con creciente pasión, ella busco con sus manos los muslos del joven, a pesar de la ligera ropa que traía y el fresco de la noche, ella sentía calor... demasiado calor.

Quítate esto –le pidió enterrando sus dedos en los firmes muslos del guerrero, haciéndolo gemir con fuerza.

No iba a desobedecer una orden directa de la futura Reina de Hyrule, y respirando aún con dificultad, pudo ver sólo la sombra que ahora era parte de su traje en sus pies. Sonrió algo atontado por el calor y la prisa que parecía que llevaban y entonces pudo verlo, casi como si fuera un sueño...

La chica le sonreía con una maravillosa dulzura, y sus manos recorrían con éxtasis su propio cuerpo buscando algo... algo que al fin pudo conseguir.

Aquella suave tela se deslizó sobre sus hombros y cayó sublime como velo ligero y vaporoso, y entonces por primera vez pudo observar su esbelta figura, fina y erguida con pudor, y en medio de esa penumbra, acunados por ese velo celestial adornado de brillantes estrellas admiró extasiado su cuerpo casi desnudo, aquella blanca piel que no podía ser ensombrecida en esa noche, no ahí... no ahora.

Quiso llamarla, deseo pronunciar su nombre, pero se había quedado sin voz y casi como en trance acercó una de sus manos al hombro de ella, recorriendo su brazo como si fuera la primera vez, como si ese hechizo sagrado que envolvía sus corazones lo ahogara por dentro.

No me mires así –murmuró apenada, sintiendo que quizás había apresurado un poco las cosas.

¿Cómo quería que la mirara? ¿Qué quería que hiciera después de lo que ella misma acaba de comenzar?

Eres... eres tan hermosa –susurró aún presa de ese divino sosiego en el que se había visto envuelto después de descubrir que estaban tan cerca y a la vez tan lejos, la tenía justo al frente de él casi totalmente desnuda y no podía reaccionar.

Sus mejillas se tornaron de un bonito rosa y aún apenada desvió su mirada, cubriendo la parte superior de su cuerpo con sus manos, tratando de retroceder inútilmente el tiempo de su presuroso actuar.

Link se acercó más, desabotonando con prisa su camisa notando que ella parecía insegura, quizás hasta temerosa y entonces tomando las manos de ella entre las suyas le sonrió, y luego quitándose su propia prenda, la cubrió a ella, envolviéndola en un cariñoso abrazo.

Todo está bien –le dijo semidesnudo, acercándola más a él– no tiene por que ser aquí y ahora –le susurró junto a su oído, depositando un fugaz beso en la sonrojada mejilla de ella.

No quiero detenerme –le dijo con firmeza, no había esperado que él se quedara contemplándola embobado al quitarse el vestido, en verdad no esperaba esa reacción en él– quiero hacerlo aquí y ahora –agregó luego separando ligeramente al muchacho de ella, empujándolo suavemente para observar su torso desnudo.

Link volvió a sonreír, y con cuidado la recostó sobre el tejado, no quería hacerle daño y sabía perfectamente que las tejas no eran el lugar más cómodo ni más blando que existía en el mundo, pero por ahora era la única superficie que los rodeaba.

Fue entonces cuando volvieron a besarse, recuperando ese místico encanto, sintiendo como la cálida piel de sus cuerpos se rozaba con extrema dulzura. Sus manos recorrieron suave y plenamente cada rincón de su piel, ella se lo había pedido en una súplica silenciosa y él encantado se lo concedió.

Perdón –se disculpó al sentir como ella se tensaba bajo su cuerpo, sus manos habían bajado en ese lento recorrido cruzándose con la bragas de ella.

Está bien –Le dijo y sujetando una de las manos de él lo guió más abajo, dejando que los firmes dedos del chico se posaran sobre aquella íntima prenda que aún cubría su cuerpo casi desnudo.

Sus dedos se deslizaron lentamente por sobre la tela, y ella gimió con fuerza al sentirlo, aquel roce suave y travieso había sido como una descarga fuerte y placentera, una sensación que no quería dejar de sentir.

Su excitación fue creciendo con cada movimiento, con cada nuevo descubrimiento, el escucharla gemir era tan placentero como enloquecedor, pero quería sentir más, deseaba dar un paso más allá.

Link –gimió con fuerza arqueando su cuerpo sintiendo que el chico profundizaba ese roce, miles de sensaciones recorrían su cuerpo en ese momento y ahora nublaban su razón.

Había olvidado por completo que estaba en el tejado, que era de noche, que hacía frío y que era su noche de bodas, en verdad lo había olvidado todo, ahora eran sólo ella y él, en medio de ese manto de oscuridad.

El chico apartó su mano para remplazarla por su cuerpo, apoyando sus caderas sobre las de ella, sintiendo como su miembro firme aún oculto bajo su ropa interior se apoyaba sobre la entrepierna de la princesa. Ella lo notó y lo jaló con fuerza para sentirlo cerca, más cerca.

Sus respiraciones agitadas se sumaron al vaivén de sus cuerpos, aquella placentera sensación que los recorría era única y maravillosa, pero querían más... deseaban sentir más.

Y justo cuando ese mudo y cómplice acuerdo se había pactado, se vieron obligados a detenerse...

¿Princesa? –Era la voz de Impa la que rompió el encanto de ese nuevo encuentro.

¡Link es Impa! –Agregó la chica sintiendo que todo el calor que sentía se concentraba directo en su cabeza.

Demonios... estoy casi desnudo... –Alegó tratando de encontrar algo de su ropa para cubrirse, aún mantenía a Zelda presa bajo él.

Pero era demasiado tarde, la tutora de la princesa ya había subido hasta el tejado y se había encontrado con aquella comprometedora escena, en donde Link mantenía a Zelda bajo su cuerpo y ambos estaban casi totalmente desnudos.

¡Por todas las Diosas! –Exclamó cubriéndose sus ojos con ambas manos, totalmente avergonzada.

En verdad no había esperado que los chicos continuaran su noche de bodas en... ¿en el tejado?

¡Impa no es lo que piensas! –Se defendió la princesa, en verdad era una tonta excusa, era demasiado evidente lo que estaba pasando ahí arriba.

Y hechos un verdadero lio trataron de vestirse, como pudieron, cubriendo sus cuerpos tan de prisa como sus manos se lo permitían.

No... yo lo lamento princesa –volvió a insistir la mujer queriendo enterrarse viva en ese mismo instante.

Fue entonces cuando paso lo impensado, Link, quien se colocaba su pantalón resbaló con su zapato y se deslizó por el tejado junto con este, acercándose peligrosamente al borde.

¡Link cuidado! –Exclamó la muchacha lanzándose a auxiliar a su marido.

¡Link! –Impa también había ido al rescate y en medio de la prisa y con el resbaladizo suelo de tejas terminó estrellándose con la princesa.

El golpe terminó noqueando a la chica, quien se había golpeado en la cabeza al caer de bruces en el tejado y Link que observaba la escena perplejo no podía creerlo, gracias a la Diosas que había conseguido estancar su propia caída, sino serían ahora dos lesionados arriba del techo.

¡Zelda! –Corrió preocupado hasta la muchacha que ya estaba en los brazos de su tutora.

No te preocupes, creo que está bien –agregó tratando de que no se notara su propio nerviosismo, acababa de noquear a la hija del Rey y más encima había acabado con cualquier posibilidad de que los recién casados terminaran su noche de bodas como una pareja normal– lo siento Link, en verdad lo siento mucho.

Esta bien Impa –el chico suspiró cansado, quizás algo les estaba diciendo que era mejor que descansaran por esa noche, en verdad había sido un laaargo día y por alguna extraña razón ahora se sentía muy cansado– llevémosla a su cuarto, creo que es mejor que descansemos ahí, después de todo nuestro cuarto matrimonial esta hecho un desastre.

En verdad si lo pensaba, esa noche había sido todo un desastre.

Suspiró.

No quería incomodar a la mujer, pero ese era el único tema que se le había venido a la cabeza, además durante la noche en ningún momento había aclarado que no estaba molesto con ella, ni que se sentía tan apenado como probablemente la mujer se había sentido, después de todo, ellos habían comenzado ese fortuito encuentro en el tejado, Impa no tenía la culpa de aparecerse en el momento menos oportuno, a fin de cuentas ellos no estaban donde debían estar.

– Bueno, este... yo también lo lamento –se disculpó la mujer también apenada.

– No fue tu culpa Impa –le dijo sintiendo que en verdad esta conversación se estaba haciendo algo "incomoda".– Quizás nunca fue una buena idea hacer "eso" en el tejado del castillo –sonrió tontamente– no sé que estábamos pensando –en realidad esa noche no habían estado pensando en nada, ¿quién se pondría a pensar en un momento así?

– Estaba preocupada por Zelda –agregó tratando de excusarse, en realidad en vez de subir al tejado llamando a la chica debió haberse ido directo a la cama y dejar a Link encargarse de ella, debía entender que la chica ya no era la niñita que ella había protegido maternalmente por tanto tiempo y que ahora... ahora en verdad debía hacerse a un lado y dejarles ese espacio a solas que tanto se merecían. – Lamento lo de su noche de boda –insistió sabiendo perfectamente que por su culpa no habían conseguido terminar lo que habían empezado.

– No pasa nada –se rasco la cabeza, notoriamente nervioso, era extraño estar hablando de este tema con Impa, se sentía como si le estuviera dando explicaciones a su "suegra" acerca de temas que nunca debían hablarse con los padres de la mujer que amaba– Zelda no está molesta, en realidad ni siquiera está molesta con su padre, creo que en el fondo sabía que las cosas... bueno... que lo nuestro siempre... fue algo complicado.

– No seas tonto Link –rió divertida al escucharlo, en verdad sabía de primera mano que ese "romance" entre ellos nunca había sido algo muy normal, ni mucho menos tranquilo– a todo esto...

Link tragó saliva sonoramente, por alguna extraña razón sentía que esa siempre frase iba por un camino no muy favorable para su situación actual.

– ... ¿Donde está ahora la princesa?

¡Lo sabía! ¡Sabía que Impa le iba a preguntar por Zelda!, ¿y qué era lo que él le iba a decir ahora? ¿qué demonios iba a inventarse si la mujer descubría a la pequeña niña que aún se escondía detrás de las cortinas? Estaba acabado...

– Oh... eso... –comenzó sintiendo el frío sudor que comenzaba a perlar su frente y a humedecer sus manos – bueno... eso... eso... eso sí que es una buena pregunta –sonrió. ¡Eres un estúpido! ¡Un verdadero estúpido! ¡¿Qué clase de respuesta había sido esa?!

– ¿Le sucedió algo a la princesa? –Tenía que preguntarlo, la extraña reacción de Link le estaba dando mala espina.

– ¿Qué? –Otra nueva respuesta sin meditar, cada vez que abría la boca para decir algo parecía que la "cagaba" más y más– Oh, sí bueno... es... es una... una larga historia –agregó luego tratando de hacer algo de tiempo.

Achu...

Se escuchó muy bajito justo detrás de Link. El chico pareció palidecer en ese mismo instante con aquel inesperado e inoportuno estornudo de la princesita.

– ¿Qué fue eso? –No sabía si había sido sólo su idea o había escuchado el estornudo de un infante– ¿Qué escondes Link? –Necesitaba una buena explicación.

Link no sabía que hacer, estaba pálido y sentía que el corazón se le iba a salir del pecho, estaba acabado, seguramente después de que Impa descubriera que había encogido a Zelda lo condenarían a prisión y moriría en un calabozo oscuro y sombrío por el resto de su vida... y...

– ¡Me descubriste! –Exclamó como tonto, sus ojos habían recorrido los pasillos en una fracción de segundo y justo cuando creyó que todo estaba acabado había logrado divisar a la mascota del Rey– Zelda fue a buscar un doctor.

– ¿Eh?

– La gatita del Rey está enferma... –justo cuando la minina estaba casi alcanzando sus piernas la sujeto para levantarla– poooobrecita... esta tan enfermita que... que Zelda dijo que encontraría una cura para su resfrió.

– ¿Los gatos se resfrían? –Impa lo miró dudativa, la verdad es que la gata no parecía para nada enferma.

– Bueno... no lo sabemos, por eso fue a buscar a un doctor –le aseguró sintiendo que esa tonta excusa había sido otra de sus muchas peores ideas del día– achu –fingió un estornudo poniendo a la gata justo delante de su cabeza– ¿lo ves? ¿algo le pasa? –Insistió.

La minina maulló, no quería estar ahí, ella iba caminando tranquilamente y ahora ese "chico" había interrumpido su tranquilo recorrido y... se estaba molestando.

– A mi me parece que más que enferma esta... esta algo molesta –Impa observaba como el chico trataba inútilmente de sostenerla entre sus manos, pero la gata estaba tratando de librarse de ese agarre y seguramente lo conseguiría, tomando en cuenta la flexibilidad gatuna y la torpeza del chico... seguramente lo conseguiría.

– Vamos pórtate bien –le suplicó muy bajito tratando de mantenerla tranquila entre sus manos, pero la gatita se estaba oponiendo y él retrocedió un par de pasos tratando de contenerla, entonces tropezó, la gata saltó y se colgó de las cortinas rasgándolas y... la niña hizo su aparición.

– ¡Qué linda gatita! –Exclamó al tiempo que la sujetaba, sacando sus garritas de la rasgada tela– tranquila pequeña, tranquila –le susurró acunándola entre sus pequeños brazos.

La mascota del Rey pareció reconocer a la muchacha, la había olfateado brevemente y luego se había calmado, refregando su cabeza firmemente con la cara de la niña mientras ronroneaba, en verdad parecía feliz.

– ¡¿Pero qué demonios?!

– ¡No es lo que parece! –Exclamó Link parándose de un brinco, observando horrorizado la escena.

– Esa niña...

– ¡Noooo! –Link gritaba como loco, y se había abalanzado contra la pequeña.

La chica rió divertida al ver la cara de su compañero y aún con la gatita entre sus brazos dio un paso hacia el lado haciendo que Link se fuera de bruces nuevamente al suelo.

– Eres muy lento Link –soltó aún divertida por la escena.

La tutora de la princesa observaba impactada, esa chiquilla tenía un... un extraño parecido con alguien que ella conocía o en realidad... con alguien que conoció, pero ¿quién era? ¿por qué Link se molestaba en ocultarla?

– ¿Quién eres pequeña? –Le preguntó finalmente Impa a la niñita, hincándose para quedar más a la altura de ella.

– ¿Impa? –Preguntó haciendo que la duda aumentara en el rostro de la mujer– soy...

El Hylian ya se había vuelto a levantar y sin pensarlo había sujetado a la niña y le había puesto una mano en la boca para callarla, no podía seguir hablando, no podía decirle su nombre.

– Es mi hermanita Impa –Soltó al fin riendo nervioso, viendo como la muchachita lo observaba con sus grandes ojos azules con una evidente curiosidad.

– ¿Hermana? –Ahora sí que estaba confundida, ¿desde cuándo Link tenía una hermana pequeña? ¿Qué hacia ahí esa niña? ¿Cómo había llegado hasta el castillo?

– Si es mi hermanita –volvió a insistir creyendo que su estúpida mentira lo metería en más problemas de los que ya tenía, pero en verdad no se le había ocurrido nada más inteligente.

– Vaya, no sabía que tenías una hermana pequeña Link, eso sí que es una sorpresa –le dijo francamente sonriéndole a la muchachita que seguía con la boca tapada por la mano de su "hermano mayor".

– Jejejej si... qué curioso ¿no? –Estaba riendo nerviosamente, en verdad para él también era "una rara sorpresa"– yo tampoco sabía que tenía una –susurró más para sí que dirigiéndose a la mujer.

– ¿Dijiste algo Link?

– ¡No! nada... absolutamente nada –su respuesta había sido casi mecánica.

– Link –lo llamó la niña quitándose la mano del chico al mismo tiempo que liberaba a la gatita– ¿No sabía que éramos...?

Pero volvió a ser callado por el chico, quien aún manteniendo su mano sobre la boca de la niña se levantó.

– Dame un segundo Impa, tengo que conversar con mi hermanita un momento, se pego en la cabeza y esta algo... algo confundida –aclaró sonriéndole tontamente mientras se alejaba un poco con su ahora "hermanita".

Sin perder de vista a Impa que los observaba inquisitivamente en todo momento. Bajo a la chica, dejándola de pie delante de él, se había tenido que hincar nuevamente para quedar a la altura de ella.

– Escúchame Zel, acabamos de perder el juego de las escondidas –le explicó rápidamente tratando de ser lo suficientemente convincente.

– ¿Perdimos? –Le preguntó mientras en sus ojitos se agolpaban las lágrimas desilusionada, acaso... ¿Ya no podría seguir jugando con Link?

– No... espera, espera –trató de calmarla al notar que la niña iba a llorar– no estés triste, fue mi culpa –insistió nervioso, Impa seguía observándolos y esto no le daba buena espina– pero tengo una idea Zel, un nuevo juego.

A la muchacha se le iluminó la mirada al escuchar la palabra "juego", ahora sabía que Link no estaba molesto con ella y podrían seguir jugando como lo habían estado haciendo y eso... eso la hacía muy feliz.

– ¡¿A qué vamos a jugar ahora?! –Exclamó emocionada sin poder evitarlo.

– Shhh –Link volvió a tapar su boca y observó de reojo a la mujer nervioso– no levantes la voz –insistió tratando de calmarse y de no parecer tan duro con la niña, era difícil tratar con ella, en realidad no tenía experiencia con niños y le estaba costando algo de trabajo manejar la situación– vamos a jugar a que somos hermanos ¿bien? yo seré tu hermano mayor así que debes obedecerme.

– ¡Genial Link es...!

– Shhhh tranquila –sonrió inconscientemente al notar el entusiasmo de la muchacha, para ella todo parecía simple y eso... eso le daba un poco de envidia– ven... vamos a jugar con Impa ¿bien?, recuerda que eres mi hermanita –tomó la manito de la niña y volvió a encaminarse hasta el sitio donde había dejado a la mujer.

– No me dejaste presentarme Link –agregó la mujer observando como la niña se aferraba con fuerza a la mano del joven– me llamo Impa, pero parece que me conocías ¿no?

– ¡Claro que no Impa! –respondió Link antes de que la niña pudiera hablar– lo que pasa es que mi hermana me escuchó hablando de ti hace unos momentos y bueno... ella tenía muchas ganas de conocerte –insistió nuevamente nervioso.

La chica soltó la mano de Link y dio un paso al frente, el rubio se tenso al verla, no sabía que pretendía hacer.

– Mucho gusto, señorita Impa –saludó muy formal, tomando la falda de su vestido con ambas manos haciendo una pequeña reverencia– Link me habló mucho de usted, es una mujer increíble –la alagó sonriendo.

El Hylian no podía estar más orgulloso de su "hermanita", en verdad estaba haciendo un gran trabajo y por primera vez suspiró aliviado.

– Que muchacha más bonita –agregó Impa simpatizando con la pequeña– ¿Cómo te llamas nena?

Un verdadero balde de agua fría cayó sobre su cabeza con esa simple pregunta, ese breve y sublime instante en el que había sentido esa magnífica tranquilidad se había esfumado tan rápido como un recuerdo.

– Ella... ella –tartamudeó, sintiendo la presión de la mirada no sólo de Impa, sino también de la pequeña Zelda– ella es Aryll –respondió lo primero que se le vino a la cabeza, era obvio que la muchachita no podía tener el nombre de su esposa.

– Con que Aryll ¿eh? –Link volvía a sentir esa molesta presión, pero cruzó sus dedos en un vano intento de sentir la seguridad que había perdido– es un bonito nombre –sonrió.

Link volvió a suspirar, respirando nuevamente.

– Bueno Impa... ya que todo está aclarado –comenzó queriendo escapar de ese lugar, necesitaba llegar de una vez por todas a la dichosa biblioteca– Aryll y yo vamos a...

– Van a conocer al Rey –declaró la mujer de forma muy autoritaria– sería lamentable que Nohansen se enterara que vino tu hermanita a visitarte y no la has presentado Link, ¿no lo crees?

Link volvió a palidecer, en verdad esto tenía que ser una broma.

– Tiene razón Impa –respondió riendo notoriamente nervioso, sintiendo como Zelda sujetaba nuevamente su mano jalándolo entusiasmada.

– ¡Vamos a conocer al Rey, Link! –Exclamó emocionada dando brinquitos a su lado.

Impa rió al ver pequeña, hace tanto tiempo que no habían niños en ese castillo y el estar ahora con esa pequeña le traía muchos recuerdos.

– Si... es... es genial Aryll –le dijo sin siquiera mirarla, observando tentativamente una ventana, quizás... la única que había varios metros a la redonda.

– Bueno, no se diga más –Impa se adelantó para marcar el paso– vamos a buscar al Rey.


Habían estado caminando por largo rato, alejándose mucho del sector donde estaba la dichosa biblioteca, pero no podía hacer nada, después del encuentro con Impa sus planes se habían derrumbado como lo hace un frágil castillo de arena en la playa y ahora... ahora no tenía más que seguir con la "pequeña" mentirilla que había inventado.

– ¡Link!

– No puede ser –murmuró bajando la cabeza, si las cosas estaban mal no podían estar peor si más gente se involucraba en el asunto.

– Shad... que... grata sorpresa –lo saludó de mala gana, aún sosteniendo a la pequeña mano de Zelda.

– ¿Y esa niña? –El chico se había acercado corriendo hasta donde estaban, y detrás de él venía caminando Ashei.

Para variar se dirigían hacia el comedor, no había mejor lugar para encontrar al Rey que en ese lugar, además curiosamente ya era hora de almuerzo así que la probabilidad de encontrarlo en ese cuarto era aún más tentadora.

– Es la hermanita de Link –respondió Impa con una amplia sonrisa, viendo de reojo como el chico casi tropezaba con sus propias piernas.

– ¿Hermanita? –Shad parecía muy sorprendido con la noticia– no sabía que Link tenía una hermana.

Y ahí íbamos de nuevo...

– Soy Aryll –dijo la muchachita soltando a su "hermano" y parándose delante de los recién llegados– vivo en una isla lejos de Hyrule, por eso no nos vemos mucho con mi hermano –aclaró explicando una historia que ni el propio Link conocía.

– Si... eso es cierto –agregó adelantándose– ella vive con mi... con mi abuela –mintió sabiendo que Shad y Ashei sabían perfectamente que Link no tenía padres.

– Vaya... debe ser genial vivir en una isla –Ashei se estaba interesando por la historia de la muchacha.

– ¡Lo más increíble es el mar! –Exclamó Zelda con una mirada sonadora– adoro el mar, siempre he soñado ver una apuesta de sol en una bonita playa junto a Link.

El chico la observó y entonces sintió que esas palabras no las había dicho su "hermanita", de pronto volvió a sentirse culpable, quizás aquel deseo no era más que un profundo anhelo en el corazón de su princesa y él... él nunca lo había escuchado.

– No te preocupes Aryll –agregó hincándose frente a la niña sonriéndole dulcemente– veremos esa apuesta juntos... lo prometo.

– ¡Ayy que ternura! –Exclamó Ashei observando la escena enternecida– Tú hermanita es encantadora, y tú te ves de lo más tierno como hermano mayor.

Link y Zelda rieron al escuchar ese comentario, quizás seguir fingiendo que eran "hermanos" no sería tan difícil después de todo.

– ¿Van a almorzar? –Preguntó Shad, quien obviamente estaba ahí con Ashei por ese motivo.

– No, hemos venido a buscar al Rey, lo que pasa es que se nos hizo tarde –aclaró Link, quien no tenía intensiones de quedarse a la merienda.

– ¿Y Zelda? –Soltó de pronto la castaña, notando que la princesa no estaba con ellos.

– ¡La Princesa Zelda fue a buscar un doctor para la gatita del Rey! –Soltó la niña como si fuera lo más natural– pero seguro llegara pronto, Link ha estado triste desde que ella se fue.

Link suspiró cansado, al menos esa tonta historia sonaba mucho más creíble escuchándola de la boca de la niña.

– A todo esto Link –Shad se aceró un poco al chico para hablar más bajito– ¿Al final que paso anoche con Zelda?

El aludido se sonrojó notoriamente, y fulminando con la mirada al pelirrojo respondió.

– Hay menores aquí Shad, no podemos hablar de eso, ahora.

– No se hable más, vamos... el Rey debe estar ya en el comedor –Impa se adelantó, estaban justo a unos metros de la puerta que marcaba la entrada al "famoso" comedor.


Un silencio sepulcral acompaño sus pasos, tan pronto como estuvieron todos en el comedor el Rey se levantó de su asiento observando fijamente a la pequeña niña que estaba detenida justo al lado de Link.

Fue entonces cuando un raro escalofrió recorrió la espalda del rubio, aquella intensa mirada no era más que el presagió de algo que sabía iba a pasar.

– Pero si es...

Estaba acabado... estaba realmente acabado...

¡Era obvio que el Rey iba a reconocer a su hija aunque esta se hubiera encogido increíblemente!

¿En qué demonios había estado pensando cuando creyó que iba a engañarlo?

¿Qué iba a hacer ahora?

Continuará...

Ejem...

¡No me maten! se que estaban esperando otra cosa, sé que esto no era precisamente lo que se suponía que debía pasar... pero... 9.9 mi mente me juega malas pasadas y al final todo decanto en... en esto...

Pero no se preocupen... todo tiene una buena explicación que prometo responder en el siguiente capítulo, creo que ya se me está haciendo costumbre esto de cortar los capis XD, pero la bueno de esto es que no tardaré en subir el siguiente puesto que ya está avanzado (lo corte... lo recuerdan? XD), bueno el caso es que la "pequeña Zelda" no se mantendrá por mucho tiempo, después de todo estoy adeudando un lemon XD que he dilatado increíblemente, pero los compensaré, probablemente este fic tendrá más de uno, no por nada lo puse en "M" XD, la verdad es que todo esto tiene una razón de ser, quería hacer una escena en específico que después de una tonta conversación con mi alocada mente termino en esto y al final Zelda terminó encogiéndose, en fin... espero que... no me maten T.T

Antes de despedirme quiero agradecer a toda la gente que sigue este fic y que está esperando esa "escena" entre Link y Zelda, la verdad es que estoy algo oxidada con esto de los lemon XD así que necesitaba un poco de tiempo antes de ponerme a redactar algo así, pero cuando Zelda recupere su cuerpo les aseguro que no perderán el tiempo.

Saluda atte

Zilia-K