¡Cielos! creo que va a temblar XD (ok ok... mal chiste 9-9 tomando en cuenta que ha temblado bastante aquí en Chile XD y que casualmente vivo muy cerca del epicentro de los sismos XD), en fin... pero seguro después de que suba esto tiembla XDD
Me quiero disculpar de antemano por cualquier error, dedazo o cosa mal escrita que tenga este capítulo, la verdad es que me dio algo de pereza releerlo completo, lo releí, pero así al peo XD ¿alguna vez han leído algo "al peo"?
Ya mejor me dejo de tonterías y aclaro lo realmente importante, primero... probablemente el fic tendrá algunos elementos del nuevo juego de Zelda (como lo tiene de otros Zeldas, después de todo es una cosa rara XP, así que espero que a nadie le moleste), de todas formas no creo que alcancen a considerarse spoiler, tomando en cuenta la bomba de spoiler que hay por todos lados XD, segundo... si... efectivamente estoy jugando el nuevo Zelda, por eso mismo el primer punto y tercero... después de este capítulo no me hago responsable de traumas, cada uno lee bajo su propia responsabilidad.
Aclaraciones: Como siempre los personajes de este fic no me pertenecen, hago esto sin ningún fin de lucro.
Ahora sin más... y como lo prometido es deuda... los dejo con el fic ;)
UN HEREDERO PARA HYRULE
En el capítulo anterior...
Un silencio sepulcral acompaño sus pasos, tan pronto como estuvieron todos en el comedor el Rey se levantó de su asiento observando fijamente a la pequeña niña que estaba detenida justo al lado de Link.
Fue entonces cuando un raro escalofrió recorrió la espalda del rubio, aquella intensa mirada no era más que el presagió de algo que sabía iba a pasar.
– Pero si es...
Estaba acabado... estaba realmente acabado...
¡Era obvio que el Rey iba a reconocer a su hija aunque esta se hubiera encogido increíblemente!
¿En qué demonios había estado pensando cuando creyó que iba a engañarlo?
¿Qué iba a hacer ahora?
.-.-.-. Capítulo 11: Una cita especial .-.-.-.
Y tan sólo basto un segundo para ver su final, si el Rey reconocía a la niña estaba acabado, todo su esfuerzo por mantener oculta la realidad habrían sido en vano y él... él tendría que resignarse a perder a Zelda para siempre y vivir en un solitario y oscuro calabozo...
– Pero si es...
Aquellas palabras se repetían una y otra vez en su cabeza, sintiendo como si el mundo se desmoronara, cada segundo que pasaba era un implacable instante en donde sentía que la vida se le iba con cada exhalación.
Estaba perdido...
El Rey se había levantado de su asiento y había dejado de lado su plato... o si... que peor señal que esa podía indicarle que todo estaba perdido. Y entonces cuando sentía que sus piernas temblaban e iban a flaquear vio al hombre muy serio justo frente a él.
Tenía que disculparse, debía disculparse y pedir clemencia.
– Pero si es... –volvió a repetir como si nadie lo hubiera escuchado anteriormente– ¡Es un encanto de muchachita! –Exclamó con ojitos soñadores, tomando entre sus brazos a la niña para estrecharla con fuerza.
– ¿Qué? –Link había vuelto a fijar su mirada en el soberano, había cerrado sus ojos tratando de no escuchar lo que a continuación sucedería, pero... pero en verdad no era "eso" precisamente lo que creyó iba a pasar.
– ¿Quien es esta adorable muchachita? –Preguntó enseguida liberándola al fin.
– Es la hermanita de Link –la presentó Ashei notando que Link parecía pasmado, totalmente choqueado.
– ¡Que maravillosa noticia! –El Rey parecía dichoso, mucho más que cuando comía sus galletas con chip de chocolate favoritas, y eso... eso si que era mucho decir– ¡Es una maravillosa noticia Link, no tenía idea que tenías una hermanita tan encantadora! –Ahora el hombre abrazaba a su yerno efusivamente.
– Señor... disculpe... no... respiro –casi no podía hablar, Nohansen lo apretaba con tal fuerza que cada vez que respiraba perdía un poco su capacidad para volver a "juntar" aire.
– Su majestad va a matar a Link –le advirtió Impa acercándose para separarlos.
El Rey asustado soltó a Link, quien cayó sentado al suelo respirando con dificultad, "Aryll" también se acercó al muchacho y hincándose a su lado apoyo una de sus manitos en el pecho del joven, preocupada.
– ¿Link está bien? –Le preguntó inclinando ligeramente su cabeza a un lado, observándolo fijamente.
– Estaré.. bien... de verdad... no te preocupes –le respondió al tiempo que sentía como el valioso oxígeno volvía a su cuerpo, reconfortándolo en más de una manera. Pero al notar que la niña no dejaba de mirarlo, le sonrió, apoyando su mano en la cabeza de ella– Estoy bien... en serio.
– ¿No son lindos? –Insistió Ashei tomando el brazo de Shad emocionada al ser testigo de esa escena, a su parecer era muy tierno ver como la pequeña niña se preocupaba de sobremanera por su hermano mayor.
– Si son toda una monada –Respondió el Rey quien se había acercado a la chica y manteniendo sus manos juntas delante de su cara los observaba con ojitos soñadores.
– Nohansen, la pequeña Aryll tenía muchas ganas de conocerlo –agregó Impa quien sonreía de una forma extraña observando al joven héroe– ¿No es así Link?
– ¿Qué? –Aquella pregunta lo había tomado por sorpresa, pero inmediatamente se compuso y poniéndose de pie volvió a hablar– Si... claro que si, Aryll tenía muchas ganas de conocerlo su majestad.
– Es un placer –hablo bajito parándose al lado de su ahora hermano, realizando una educada reverencia como lo había hecho anteriormente con Impa.
– El placer es mío, pequeña –le dijo el Rey sin poder evitar sonreír al ver a la muchachita, hacía muchos años que no había niños en el castillo y él... él adoraba a los niños– ¿Qué tal si nos sentamos a la mesa y tenemos una buena merienda en honor a la hermanita de Link?
El rubio suspiró aliviado, al parecer el peligro había pasado y ya todo se desenvolvería de una manera "normal", después de todo el Rey no había sospechado nada e Impa tampoco, ¿qué podría salir mal?, sólo tenían que fingir ser hermanos durante el almuerzo y después podrían dirigirse tranquilamente a la biblioteca del castillo y encontrar una solución para este horrible problema.
Unos minutos más tarde...
Todo lo que había comenzado como un tranquilo almuerzo había terminado convirtiéndose en un caos, una verdadera guerra de... ¿de comida?
– Demonios... no sé como terminamos así –murmuró Link quien escondía su cabeza detrás de un plato limpio, esquivando una chuleta que pasaba justo por su lado– en realidad... si lo sé... –ahora observaba molesto hacia donde se encontraba escondida su "hermanita", ella estaba siendo protegida por una de las sillas del comedor, pero no perdía oportunidad para lanzar puré a sus contrincantes que estaban al otro lado de la mesa– Zelda... te dije que no hicieras eso –la regaño molestó tomándola del brazo haciendo que ella dejara caer una bola de puré de patatas al suelo.
– Pero es muy divertido –sonrió como si nada, como si todo lo que estaba pasando fuera totalmente normal.
– ¿Qué fue lo que dijiste Link? –Impa estaba a unos cuantos metros de donde ellos se encontraban y era parte de su "equipo".
– ¡Nada Impa! –Respondió el chico golpeándose la frente con una de sus manos al notar que en vez de llamar a la pequeña por el nombre de Aryll, la había nombrado sin querer como "Zelda"– maldición... soy un estúpido –se regañó mentalmente, rogando para que la mujer no hubiera alcanzado a escuchar lo que él le había dicho a la pequeña.
– ¡Hermano, cuidado! –Gritó la niña apuntando al frente un segundo antes de agacharse para cubrirse del "ataque" de sus contrincantes.
Pero Link no fue lo suficientemente rápido para esquivar ese nuevo "proyectil" y tan pronto como se dio cuenta de lo que estaba pasando su cabeza ya estaba totalmente tapada por un enorme pastel, el mismo que se hizo pedazos al chocar contra el rostro del chico.
Zelda soltó a reír divertida al ver el rostro del chico cubierto en torta, la blanca crema no sólo se había esparcido por todo su rostro, sino que ahora caía a su ropa. Link rápidamente se quitó con su mano parte del pastel de sus ojos, boca y nariz para poder ver y respirar y entonces fulminó con la mirada al autor de semejante acto barbárico.
– Muy bien... esto no se quedara así –soltó levantándose y tomando lo primero que tuvo a su alcance para lanzárselo al pelirrojo, quien había sido el que le había lanzado todo el pastel– ¡Me las pagaras caro Shad!
– ¡Cuidado hemos despertado a la bestia! –Se burlo Ashei riendo divertida al ver rostro de Link totalmente lleno de crema pastelera.
– ¡Tú puedes hermanito! ¡Acaba con ellos! –Gritó la niña animando a Link, quien lanzaba con precisión sus ataques sobre el letrado, el mismo que a duras penas podía cubrir su cuerpo de los golpes de comida, salsa y bebestibles.
– ¡Maldición Link, eres un pésimo perdedor! –Soltó molesto al notarse totalmente pegoteado y sucio– ¡Ashei acabemos con él y su hermanita! ¡No pueden vencernos!
– ¡Métanse con alguien de su tamaño! –Alegó el rubio defendiendo a la pequeña Zelda parándose justo delante de ella.
No sabía en que momento la molesta situación se había transformado en un verdadero juego para él. Y ahora, por primera vez en el día había olvidado por completo lo complejo de su situación actual y se divertía con todos ensuciando el "pulcro" comedor, atacando al equipo del Rey con todo lo que estuviera sobre la mesa, el hombre reía divertido por el juego que él y la pequeña hermanita de Link había comenzado, justo antes de que todo se saliera de control se habían intercambiado cómplices miradas y bueno... lo demás ya era historia.
– ¡Impa, Aryll cúbranme! –Gritó Link quien ahora parecía determinado a ganar este jueguito.
Y entonces se lanzó sobre la mesa, atrapando a Shad quien estaba justo al frente. En medio del forcejeo ambos cayeron, resbalando con quien sabe que cosa que había en suelo, cayendo los dos "abrazados", Link abajo y Shad encima.
– Auch –se quejó Shad sin oponer ya demasiada resistencia.
– ¡Tenemos un prisionero! ¡No hagan movimientos en falso! –Agregó Link amenazando al letrado aún en el suelo con un tuto de pollo.
– ¡Tienen un rehén! –Agregó el Rey llevándose las manos a la boca impresionado, no se había esperado ese movimiento de parte del joven guerrero.
– ¡¿Shad como demonios te dejas atrapar tan fácil?! –Se quejó Ashei viendo como Link se levantaba aún sujetando al pelirrojo, usándolo como un verdadero escudo humano.
– ¡Ríndanse ahora o Shad sufrirá las consecuencias! –Amenazó sonriendo sabiéndose victorioso, de ninguna manera perdería, eso no estaba entre sus planes.
– ¡Así se habla hermanito!
Un minuto de silencio acompañó el lento recorrido que hizo Link junto a Shad por el comedor, volviendo a posicionarse en el otro lado de la mesa, donde estaba su "equipo".
– ¡Si, será mejor que se rindan! –Impa se había levantado jugueteando con una gran bola de algo pastoso en las manos– ¿O dejaran caer a uno de sus aliados? –Agregó sonriendo muy convincentemente, su mirada dura y firme caló los huesos del Rey y la joven castaña, quien observaba la cara de angustia que ahora tenía su pareja, atrapado por el guerrero que aún lo amenazaba con el trozo de pollo.
– Maldición –Murmuró molesta sabiéndose derrotada en el juego, no tenían idea como odiaba perder. Pero sabía que de su boca no saldría aquella palabra, nunca... nunca lo diría. E indirectamente observó al hombre que estaba a su lado, si ella no podía, él debía hacerse cargo de esa misión.
– Está bien... está bien –El Rey dejo caer lo que tenía en las manos, levantando los brazos para demostrar que no tenía nada con que atacar– ustedes ganan, nos rendimos.
– ¡Ganamos! –La niña brincó una y otra vez dichosa de saberse victoriosa.
– ¡Genial! –Link soltó a Shad y empuñó sus manos contento y luego fue a abrazar a su hermanita, levantándola al tiempo que giraba y reían– ¡Hemos ganado, ¿no es increíble?!
– ¡Link eres el mejor! –Soltó la niña abrazándolo con fuerza mientras el chico giraba, rodeando con sus pequeños brazos el cuello del Hylian, quien enternecido por la acción sólo sonrió dejando de dar vueltas.
Era sumamente dichoso de verla a ella contenta, no sabía porque, pero sentía como si la sonrisa de la muchachita fuera el verdadero premio al haber ganado esta alocada competencia.
Todos sonrieron al verlos, a pesar de que estaban completamente sucios y el lugar era un completo desastre, ahora sus rostros eran adornados por bonitas sonrisas, hacer una travesura como esa a cada uno le había recordado que la vida era algo más que responsabilidades y apariencias, quizás... quizás a veces no era tan malo salirse un poco de esa rutina y volver a ver la vida de una forma más simple, tal y como lo hacia la pequeña Aryll ahora.
Fue entonces cuando una de las sirvientas del castillo ingreso en el cuarto llevando consigo una bandeja con más postres, la misma que terminó estrellándose con el suelo al ver la horrenda escena del comedor.
– No es lo que parece –trató de justificarse el hombre al ver el pálido rostro de la muchacha.
– Limpiaremos este desastre –se adelantó Impa, quien se había acercado a la estupefacta joven para jalarla fuera del lugar– traeré algo para limpiar este caos.
Poco después todos se encontraban limpiando el lugar, después de semejante espectáculo, mínimo debían enmendar aquello que ellos mismos habían originado.
– ¡Muy bien, apostemos quien termina primero de limpiar su lado del cuarto! –Los desafió Ashei, sintiendo que esta era una nueva oportunidad para vencer a Link y a su equipo.
– Parece que aún no te das por vencida Ashei –agregó Link tomando una mopa para trapear el techo, pero extendió su mano libre para estrechar la de la castaña, haciendo un nuevo pacto– pero... acepto el desafío.
– Si pierdes tendrás que vestir de mujer por un día –esa era su condición.
Link se sonrojó al escuchar semejante boba idea, pero no pensaba perder, no después de sentir que iba con una buena racha ganadora.
– Bien, pero si pierden ustedes serás tú la que tendrá que usar vestido por un día –sabía perfectamente que Ashei odiaba usar vestidos que la hicieran ver más "femenina", ella era una guerrera y odiaba que la vieran con "faldita".
– Hecho –su mirada se había clavado en los ojos del Hylian, esta vez no estaba dispuesta a perder.
– Hecho –terminó Link soltando la mano de la joven para comenzar a trapear– ¡Vamos Aryll hay mucho que limpiar! ¡Mi dignidad es la que está en juego ahora!
Fue así como comenzaron una nueva "guerra" de bandos.
Más tarde...
Venía saliendo de la ducha, después de todo lo que había pasado en el comedor, en verdad sacarse toda esa comida de encima fue como una bendición.
– Lamento haberte hecho esperar –le dijo a la niña sacudiendo su cabello mojado, dejando que pequeñas gotitas cayeran en el suelo de la estancia.
Ahora estaba casi completamente desnudo, si no fuera por la toalla que tenía puesta alrededor de su cintura. Su cuerpo perlado por pequeñas gotitas de agua que se deslizaban a su ritmo por su piel no parecían molestarle, sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas a causa del vapor y el agua caliente, pero nada de eso le incomodaba a la pequeña niña que lo observaba curiosa sentada en la cama ya vestida.
– Hermano, tienes muchas marcas en el cuerpo –soltó de pronto aún indagando con ojos curiosos al guerrero, parecía muy sorprendida de ese descubrimiento.
– ¿Eh? –Link dejo de sacudir su cabello para dedicarle una mirada a la pequeña– no me digas hermano Zel, aquí nadie puede escucharnos –sonrió divertido, había olvidado que hasta hace sólo unos minutos habían estado fingiendo ser hermanos.
– ¿Qué son todas esas marcas? –Volvió a preguntar bajando de un brinco de la cama, acercándose al semidesnudo muchacho.
Link se puso nervioso al sentir como la niña jalaba suavemente la toalla que tenía en su cintura, y rápidamente la sujeto antes de que esta pudiera caerse.
– Cuidado... estas muy pequeña para ver esto –le dijo notoriamente rojo, se avergonzaba de que la niña pudiera casualmente verlo totalmente desnudo, pero al notar que ella seguía observándolo fijamente suspiró e hincándose en el suelo volvió a hablar– estas son cicatrices, son marcas que quedan en el cuerpo cuando uno se hace daño.
– ¿Dolió mucho? –Le volvió a preguntar ahora con preocupación.
– ¿Qué? –No se esperaba que le preguntara algo como eso– Bueno... algunas si... creo... la verdad muchas de estas no recuerdo donde me las hice –le confesó sonriendo, se sentía extraño cada vez que la pequeña se preocupaba de esa forma por él, pero le parecía tierno que lo hiciera, lo hacía sentirse como una persona muy importante– veo que te quedo de maravilla ese vestido que nos presto Impa –le dijo cambiando de tema, observando con más detenimiento a la pequeña.
– Es un bonito vestido –le dijo nuevamente sonriendo, realizando una pequeña vueltecita haciendo que la falda del vestido girara con ella.
– No, yo creo que tú eres una niña muy bonita Zel –soltó de pronto viendo como la niña se quedaba estática y lo observaba con las mejillas teñidas de rosa.
– ¿De verdad lo crees Link? –Le preguntó desviando la mirada algo avergonzada.
Y entonces él también se sonrojó, esta era una conversación muy extraña y además... además el estaba casi desnudo. Cualquiera que entrara al cuarto en ese momento pensaría cosas que no eran.
– Claro que lo eres –respondió levantándose de golpe desviando la mirada, sintiendo como sus mejillas le ardían– voy a buscar algo de ropa y estamos listos ¿bien?
– A mí también me pareces guapo –soltó de pronto, haciendo que ahora hasta las orejas de Link se tornaran rojas– ¡Voy a esperar afuera! –Agregó como si nada, saliendo rápidamente de la habitación dejando completamente sólo al chico.
Link se había detenido justo frente al closet, sintiendo como su corazón se había acelerado repentinamente, no entendía que era lo que le estaba pasando, pero una rara sensación lo había embargado.
– Demonios Link, ¿Qué te pasa ahora? –Se preguntó en voz alta sintiéndose repentinamente frustrado, en verdad la situación era muy extraña, él amaba a esa mujer y ahora... ahora ella era una niña y a pesar de eso sentía cosas... cosas que no llegaba a comprender– será mejor que me de prisa.
Abrió el closet y sacó una camiseta, ropa interior, unos pantalones y una de sus túnicas verdes. El cuarto donde ahora estaban era el que él había usado antes de casarse con la princesa, por lo tanto ahí estaba aún casi toda su ropa.
– Maldición... y pensar que perdí con Ashei esa tonta apuesta –murmuró viéndose en un espejo, imaginándose lo ridículo que se vería vestido de mujer y aún peor... seguramente Zelda lo vería y quizás que cosa pensaría de él– ojala y para mañana ya esté de vuelta –pensó con una boba sonrisa en el rostro, sin importar haber perdido o no la apuesta, tenía que reconocer que extrañaba a la muchacha, la extrañaba mucho.
No podía seguir perdiendo el tiempo si quería que recuperar a su esposa, aún tenían un largo día y debía encontrar la forma de traer de vuelta a su mujer, pero... la verdad es que no sabía por dónde empezar.
Se vistió tan rápido como pudo y salió del cuarto, afuera lo esperaba "Aryll", la pequeña que fuera de esas puertas debía seguir siendo su hermanita. Ella estaba apoyada en una de las paredes y jugueteaba con su pie izquierdo, moviéndolo de un lado a otro, mientras sus manos permanecían apoyadas en la muralla.
– Estoy listo –anunció sonriéndole.
– Link... hay algo... algo que quiero decirte –lo interrumpió de pronto parándose justo delante del muchacho.
– ¿Sucede algo malo? –Le estaba preocupando la seriedad con la que la niña se había dirigido a él, nunca le había hablado de esa forma.
– No, es sólo... hay algo –parecía un poco nerviosa, pero luego y tomando fuerzas volvió a hablar– ¿Cuando sea grande podemos casaros?
– ¡¿Qué?! –Aquello definitivamente lo había tomado por sorpresa, nunca espero que ella le dijera algo como eso, he inmediatamente el rojo volvió a apoderarse de sus mejillas.
– ¿Tú me quieres, no?
– Zel, yo... yo te quiero –realmente estaba metido en un gran aprieto, como le iba a explicar a la niña que realmente ya estaban casados, que ella era realmente la mujer que el amaba, pero no podía, no de esa forma– yo te quiero mucho, pero... no de ese modo.
– ¿No me quieres? –Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
– No... Zel... no llores –Le suplicó hincándose, sintiéndose culpable del sufrimiento de la pequeña– nos casaremos ¿sí?, cuando tengas la edad suficiente podremos casarnos, yo también te quiero –le dijo abrazando a la niña, sintiendo un verdadero nudo en su pecho, le dolía... le dolía pensar que quizás no podría recuperar a la Zelda que él conocía– yo también te quiero –le repitió estrechándola con más fuerza, sintiendo como una traviesa lágrima caía por su mejilla.
La niña correspondía ese cariñoso abrazo, le gustaba estar en compañía del muchacho, ella admiraba a Link en más de una forma y sentirse querida por él era más de lo que podría desear.
– Link –lo llamó un tanto insegura– hay algo... algo que quizás debas saber –le dijo aún mientras el chico la abrazaba, tenía que decírselo, no podía seguir fingiendo que no lo sabía, menos viéndola ahora– creo que Impa lo sabe todo...
– ¡¿Qué?! –Link la separó de ella y apoyando sus manos en los hombros de la niña la miró asustado– ¿Lo dices en serio?
– Muy bien Link... ¿Qué es lo que me están ocultado?
La conocida voz de Impa había sido un verdadero azote para el chico, quien de pronto sintió como su cuerpo se tensaba más de la cuenta.
– ¿Impa? –Preguntó temeroso de voltearse, no quería enfrentar la dura mirada que sabía ahora tenía la mujer en su rostro.
– ¿De verdad creíste que no reconocería a la Princesa? –Le preguntó cruzándose de brazos, ella también se había duchado y había ido en busca del parcito para aclarar las cosas de una vez por todas, en realidad había esperado que ellos confiaran en ella y le dijeran que era lo que había sucedido, pero en vista de que Link y la princesa seguían con el jueguito de los hermanos, decidió que debía aclarar todo de una buena vez.
– Impa, no te enfades con Link –la niña se había adelantado y parándose justo al frente de la mujer ahora la enfrentaba con su mirada.– Todo ha sido mi culpa.
Se sentía miserable, ahora era la pequeña Zelda quien le estaba cubriendo las espaldas, no podía creer que a pesar de haberse enfrentado a grandes desafíos, feroces monstruos e inigualables peligros, le temía a Impa.
Pero tenía que hacer algo, debía hacerse cargo de esta situación y convertirse en el "marido" que la Princesa necesitaba en un momento como este, además... ¿Cómo iba a dejar que una niña tomara una responsabilidad que sólo le correspondía a él? Había sido un tonto al creer que la mujer se había comprado todas sus tontas escusas, seguramente los había llevado frente al Rey para acorralarnos, pero tampoco ella pensó que las cosas se saldrían de control antes de que eso ocurriera y seguramente tampoco se imagino que Nohansen sería tan estúpido como para no reconocer a su propia hija.
– No es cierto –Habló levantándose con la cabeza gacha, limpiándose el rastro de su lágrima en el rostro con una de sus manos antes de voltearse. – En verdad lo lamento Impa, es mi culpa el que ahora Zelda este así.
– Esta bien Link –le dijo con una sonrisa que nunca había visto en el rostro de ella– no te preocupes, voy a ayudarte a salir de este problema –le dijo apoyando una de sus manos en la mejilla del guerrero en un acto muy maternal.
– ¿Lo dices en serio? –Le preguntó recuperando repentinamente las esperanzas de volver a ver a Zelda, en sus ojos un indudable brillo había vuelto a despertar.
– Claro que si, Zelda es más que mi pupila Link, haría esto y mucho más por ella –le respondió dándole una rápida mirada a la jovencita.
– ¡Eso significa que podemos tomarnos el día libre y tener una cita Link! –Exclamó la princesita jalando a un avergonzado chico de uno de sus brazos, tratando de llamar su atención.
Impa rió divertida al ver la escena, al parecer el guerrero estaba bastante complicado con el tema, pero la pequeña Zelda se veía tan feliz que pensó que no les haría daño un poco de tiempo a solas.
– Claro pequeña, tienes mi permiso para tener una cita con este apuesto muchacho –se burlo del guerrero sonriendo triunfante al ver como chico la miraba ahora con la boca abierta y el rostro totalmente rojo.
– ¡¿Qué?! –En verdad no podía creerlo, ¿Impa acaba de decirle que tuviera una cita con una niña de menos de diez años? ¡Tenía que estar loca!
– ¡Tendremos una cita! –La niña parecía ser la más contenta, saltaba aún sujetando al muchacho moviendo el cuerpo de este en un vaivén monótono, casi como si él fuera un muñeco sin vida.
– No pongas esa cara Link, se divertirán mucho –le dijo soltando a reír nuevamente– además... ¿No puedes pensar en casarte con la pequeña Zelda en el futuro si no se conocen ahora, no?
¡¿Qué?! ¡¿Desde cuándo que Impa había escuchado la conversación que él había mantenido con Zelda?! ¡Esto era terrible! ¡Se sentía terrible! ¡¿Cómo demonios habían terminado en una nueva "incomoda" situación?!
– Supongo que tienes razón –respondió al fin, aún con la mejillas a rojo vivo– pero... si yo salgo con Zelda... ¿Cómo encontraremos algo para traerla de vuelta?
– Por eso no te preocupes Link –aseguró la mujer muy confiada– te apuesto a que fue su maestro de educación sexual el que los metió en este embrollo, sólo dime una cosa, ¿fue una poción o un hechizo?
– Lo primero –respondió con seguridad recordando aquella fatídica clase.
Zelda había sido la primera en ingresar al cuarto, seguida de su joven marido, quien como niño temeroso parecía aún negarse al hecho de que tenía que entrar.
Y con razón ambos temían...
El cuarto iluminado por miles de velas estaba cubierto de extraños objetos de formas fálicas, por todas partes habían "cosas" extrañas, al centro de la habitación había una especie de colchón, lleno de mantas de colores con diseños exóticos, algo... que seguro era de todo el gusto del profesor.
– Mis queridos querubines –los saludo con entusiasmo el maestro, si es que se podía llamar maestro a "eso"– ¿Y bien? ¿Hicieron sus tareas durante la noche?
Link se sonrojó notoriamente al escucharlo. Ahí empezaba nuevamente su calvario, no sabía porque demonios todo el mundo necesitaba saber si él había consumado ese matrimonio con la princesa, a ¡nadie debería interesarle!, pero por lo visto era...
Era la noticia de la semana.
– Hicimos más que eso –respondió la muchacha sintiéndose victoriosa al ver la desilusión en el rostro del hombre.
El rubio miró inquisitivamente a su pareja, confundido, ¿por qué ella había dicho algo como eso?
– Vaya... eso sí que es una sorpresa –agregó notoriamente molesto. Al parecer el comentario de la princesa le había caído como patada en el estómago.
– Si... ni siquiera puede imaginárselo –volvió a insistir provocándolo, sonriendo victoriosa al notar como el hombre parecía perder aquel "místico" brillito que lo rodeaba– no tiene idea de lo bueno que es Link con estos temas.
El chico se sonrojó aún más.
¿De qué demonios estaba hablando?
¿Acaso el golpe que se había dado en la cabeza la había hecho alucinar?
– Zelda –la llamó jalándola suavemente, aún mantenían sus manos entrelazadas– ¿De qué estás hablando? –Le susurró junto a su oído sin comprender cuál era el plan de la muchacha.
– Sólo sígueme el juego –insistió tan o más bajito que el chico– terminando esta tonta clase terminaremos lo que empezamos en la mañana.
Uff aquello sí que no se lo había esperado. ¿Desde cuándo Zelda se le insinuaba de esa manera tan directa? ¿Por qué demonios anoche no habían podido terminar lo que empezaron? Si tan sólo hubieran tenido un poco más de tiempo... habían estado tan cerca... tan...
– En la mañana Link no parecía tan seguro de eso –Agregó el maestro, sintiendo que había algo que no estaba encajando.
– Queríamos reservarnos los detalles –siguió la chica aún sonriendo, podía notar como cada palabra que decía parecía ser una estocada en el pecho del hombre. Odiaba la idea de pensar que ese demente estaba detrás de "su" hombre, no iba a dejar que un sujeto semejante humillara a Link a placer, no iba a permitirlo.– Pensamos que era un tema privado, pero al parecer nadie en este dichoso castillo opina lo mismo.
Link pudo sentir como ella sujetaba con más fuerza su mano, se notaba que comenzaba a molestarse y bueno, no era para menos, después de todo los habían interrumpido una y otra vez, en verdad era increíble pensar que el hecho de "tener sexo" fuera tan importante, además ¿qué sabía la gente si ellos eran vírgenes o no? Para él también era molesto pensar que no sólo la gente del castillo, sino todo Hyrule estaba pendiente si los recién casados habían "entregado su flor".
– Tranquila –le susurró sintiendo que esta "clase" terminaría en desastre si la conversación se dilataba por más tiempo.
Pero entonces paso algo extraño, algo que no se esperaba.
– Pues entonces –el hombre aún parecía cabizbajo, pero un segundo después levantó su mirada y observó a los muchachos sonriendo, una amplia y extraña sonrisa ahora adornaba su rostro, inclusive sus ojos parecían sonreír– ¡Mis más grandes felicitaciones para los recién casados! –Exclamó aún ante la sorpresa de los jóvenes– ¡Esto es motivo para un brindis!
– ¿Qué? ¿Está hablando en serio? –A Link aún no le entraba en la cabeza lo que estaba escuchando.
– ¡Por supuesto, mi querido alumno! –Se dio la vuelta y avanzó, deteniéndose delante de un alto y viejo armario.
El hombre lo abrió sin más y de su interior sacó tres copas, y en ellas vertió un brebaje espeso de color oscuro como la sangre, en realidad a simple vista y por la consistencia que tenía parecía que fuera sangre, pero les agregó algo más. No pudieron verlo con claridad, pero nada de esto les daba una buena espina.
– Brindemos –insistió tomando dos de las copas y acercándoselas a los estupefactos muchachos.
– Este... gracias –el Hylian tomó la copa aún con desconfianza, y mientras el maestro le entregaba la otra copa a la princesa acercó la suya a su rostro para oler lo que fuera que hubiera en su interior– ¿Qué es esto? –Se atrevió a preguntar luego de un par de segundos.
– Eso –el maestro volvió a acercarse a Link, ahora estaba tan cerca que casi sus narices podían rozarse– es un secreto –realizó un guiñó con un aire coqueto.
Link se estremeció al verlo, el hombre no le provocaba más que repulsión, cada vez que lo miraba una molesta nausea lo invadía por dentro, en especial cuando el sujeto se le acercaba de esa manera y hacia "ese" tipo de cosas.
– Huele horrible –agregó la princesa interponiéndose entre su marido y el maestro.
– Salud –dijo el hombre tomando su propia copa para levantarla– por usted mi querida princesa y por su apuesto marido, y obviamente... por sus futuros bebitos –agregó luego, evidentemente no le había tomado atención a lo que la chica había dicho. Y para sorpresa de los jóvenes él bebió hasta la última gota de ese brebaje.
Eso sería el comienzo de algo que nunca pensaron que sucedería luego de verse obligados a beber ese "extraño" líquido contenido en esas dichosas copas que el maestro de educación sexual les había entregado.
No sabía como era que había caído en esa tonta trampa, ¡Era obvio que algo pasaría!, pero nunca se imagino que el maestro buscaría "vengarse" de la Princesa por mentirle, es más... no pensó que todo lo que ella le había dicho le molestara a tal punto de cometer semejante barbaridad contra la muchacha, pero a pesar de sus sospechas y como el sujeto había tomado del mismo líquido al igual que él, nunca se imagino que pasaría una cosa como esa.
– No te preocupes Link –Impa lo había vuelto a traer a la realidad– encontraré algo que ayude a Zelda, eso tenlo por seguro, mientras... –se acercó al chico para susurrarle lo último junto a su oído– si te sobrepasas con la pequeña Zelda te las verás conmigo –sus mirada escarlata se clavó sobre la del chico .
El Hylian sintió como un escalofrió recorría su cuerpo al ver esa amenazante mirada, era como ver los ojos de una loba a punto de atacar para defender a su cría.
– No tienes... de que preocuparte Impa –Sonrió tontamente, más nervioso que antes, tratando de que ese nerviosismo no se notara.
– Me alegra que podamos entendernos –agregó sonriéndole al mismo tiempo que acomodaba el único largo lechón de cabello blanco que caía sobre su rostro.
– Si... a mí también... –Aún sonreía, en verdad Impa sabía como sembrar el miedo, era una mujer de temer, de eso si que no tenía dudas.
– Nos veremos luego Zelda –se inclinó un poco para despedirse de la pequeña y acariciando su cabeza le sonrió dulcemente– diviértete en tu cita pequeña.
La niña sólo respondió con una gran sonrisa y una miradita soñadora, se notaba que estaba feliz y para Impa no había nada más importante que el hecho de que la Princesa tuviera una vida llena de dicha.
Para fortuna de Link la mujer finalmente se marchó, despidiéndose por última vez elevando su mano, pero no fue hasta que la perdieron de vista cuando Link volvió a respirar cayendo sentado al suelo, sintiendo que sus piernas le temblaban.
– ¿A dónde vamos a ir Link? –La niña ya se había parado justo delante de él y con sus manitos cruzadas detrás de su espalda le sonreía dulcemente.
– A cualquier parte lejos de este castillo –respondió casi por inercia, en verdad quería salir de este lugar.
– ¡Yupi! –La niña se abalanzó sobre el guerrero y lo abrazó con fuerza presa de su repentina emoción– ¡Vamos a escapar del castillo!
– Jejeje... algo así Zel... algo así.
Al principio se había sentido algo extraño con esta nueva e incómoda situación, había sentido mucha presión después de la conversación que habían tenido con la tutora de la princesa, pero con el paso del tiempo se fue relajando y sin darse cuenta comenzó esta nueva aventura junto a la pequeña Zelda, quien camina dando pequeños saltitos a su lado, notoriamente feliz. No había querido sujetar su mano, pensando que quizás alguien podría reconocerlo y empezarían a correr rumores, como solía pasar, no quería que hubieran malos entendidos, ni menos esperaba que esos "malos entendidos" llegaran a oídos de la Sheikah.
– ¿Quieres hacer algo en especial? –Le preguntó curioso observando como su pequeña acompañante parecía tararear una canción al mismo tiempo que caminaba dando pequeño brincos.
– ¿Podemos beber algo? –le respondió con una pregunta deteniéndose de golpe, elevando su mentón para poder mirar los ojos al muchacho que era mucho más alto que ella.
Sus cabellos se habían secado con a brisa y el calor que hacía en el exterior, era una agradable tarde de primavera, un bonito y tranquilo día para tener una cita.
Una cita... eso sí que sonaba extraño, por donde fuera que lo mirará no podía creer que estaba teniendo una cita con una Zelda de menos de diez años.
– Claro, además yo también tengo algo de sed –agregó con entusiasmo volviendo a avanzar, en realidad en el fondo se sentía un poco mal por mantener esa "distancia" con la chica, pero no quería que ella lo notara.
Había bastante gente en la ciudadela, tanto que era un poco difícil caminar. La niña trató de seguirle el ritmo, pero se le estaba dificultando bastante, la gente parecía no notar su presencia y caminaba mirando al frente sin prestar atención, por lo que en más de una ocasión tuvo que esquivar a alguno de los ciudadanos. Link la buscó con la mirada y observó preocupado la situación, le molestaba que la gente fuera tan desconsiderada, entonces retrocedió en sus pasos, ya no le importaba lo que dijeran, haría oídos sordos y sólo seguiría su corazón.
– Lo siento –se disculpó cerrando sus ojos al notar que había chocado contra alguien, en verdad no lo había visto venir.
– Tranquila, soy yo –le dijo sonriéndole al tiempo que se hincaba para quedar a su altura– ¿Qué te parece si te llevo sobre mis hombros? –Le propuso, quería ayudarla de alguna manera y no se le había ocurrido una mejor manera de evitar que la gente en Hyrule no la pasara a llevar.
– ¿De verdad? –Parecía dudosa, no se esperaba que él le preguntara algo como eso, no después del encuentro con Impa, tenía la ligera sospecha de que "algo" le había dicho su tutora y por eso él se comportaba de esa forma tan extraña.
– Claro que si Zel –respondió con seguridad al tiempo que se giraba aún hincado en el suelo para darle la espalda.– Vamos –la apremió observándola de reojo.
La niña sonrió y con un brinquito se montó en los hombros de joven. Link al sentirla ya sobre él se levantó, no sin tener la precaución de sujetar las piernas de la niña, para que no fuera a caerse, pero ella también se había aferrado a su cabeza al sentir que él se levantada.
– Wow, se ve muy diferente desde aquí arriba –agregó elevando una de sus manitos como tratando de alcanzar el cielo.
Link soltó una suave risita al notar que ella agitaba su pequeña mano como tratado de alcanzar algo invisible, una cálida sensación lo lleno por dentro, seguía pensando que Zelda de niña tenía un encanto especial, despertaba en él un sentimiento único que nunca antes había sentido, pero no se detuvo a tratar de comprenderlo, lo único que le importaba era que al fin había conseguido romper el hielo.
– No creo que puedas alcanzar las nubes Zel –le dijo aún sonriendo mientras comenzaba a avanzar. Fue entonces cuando recordó algo que Zelda le había contado hace años, ella le había hablado de un viejo Templo en Hyrule que sus antepasados habían construido en honor a la Diosa Hylia– ¿Pero sabes? puedo llevarte a conocer a alguien que vivió en el cielo y bajo a estas tierras para crear algo nuevo... este maravilloso mundo que hoy conocemos como Hyrule.
– ¿Alguien que vino del cielo? –Le preguntó apoyando sus codos suavemente sobre la cabeza del chico, mientras sus manitos se apoyaban sobre su mentón, soñando con ese pasado del que él le hablaba– Es increíble, Link.
Era algo curioso pensar que ahora era él relatándole algo de historia a Zelda, pero al parecer a la edad que ahora tenía la muchacha aún no era sometida a las exhaustivas clases de historia con la momia, ni había tenido clases de etiqueta con la ballena, ni nada que se le pareciera con ningún otro exótico profesor.
Pero guerrero no se detuvo ahí, al notar el interés que parecía despertar en ella la historia del pasado de Hyrule decidió seguir hablando.
– Cuentan las leyendas de que se trataba de una bella chica, su corazón puro fue refugio del alma de la Diosa Hylia. Ella junto a un valeroso caballero lucharon contra las fuerzas del mal que amenazaban no sólo el Reino de los cielos y cuando esa batalla acabo, ellos se quedaron aquí... bueno puede que me equivoque un poco –rió nervioso tratando de hacer memoria– Zelda fue quien me contó esa historia hace años.
– ¿Zelda? –La niña parecía no entender.
– ¿Eh? –Tardó sólo unos segundos en caer en cuenta que había metido nuevamente la pata, ¿cómo le iba a explicar a la niña que ella misma hace años le había contado esa historia?– ¡Mira, en ese lugar venden deliciosos jugos de frutas! –Apuntó hacia el frente mostrándole unos puestos del mercado. Quería desviar la atención de la chica a otra cosa.
– Link... pareces muy nervioso –le dijo riendo divertida al notar que el joven se detenía en seco.
– ¿Nervioso, yo? –Mintió sintiendo como las manitos de ella golpeaban suavemente sus mejillas.
– No es bueno mentir, Link –estaba sonriendo, pero en realidad sentía una rara mezcla de sentimientos, unos que una niña de su edad no debería sentir.– Te gusta otra chica, ¿no?
– ¿Qué? –¿Cómo era que esa conversación tan banal había terminado en eso? Se sentía incómodo, más incómodo de lo que hubiera esperado– Claro que no... ósea... es algo... complicado –en verdad era algo muy complicado, y es que en este preciso instante estaba teniendo una cita con la chica que efectivamente le gustaba, pero... al mismo tiempo no era así. La amaba, pero no podía amarla de la forma que amaba a la "otra" Zelda, digo... eso no sería un sentimiento correcto ¿o sí?
– Eres lindo cuando te avergüenzas –le soltó de pronto como si nada, dando palmaditas en su cabeza tratando de darle ánimos.
Link se sonrojó notoriamente, en verdad esta era una situación "muy extraña" y lo peor es que no sabía porque demonios se le aceleraba el corazón cada vez que ella le decía cosas como aquellas. Quizás en el fondo no podía separar a la Zelda adulta de la pequeña o quizás... o quizás simplemente él no quería hacerlo. Tal vez Impa había sido mucho más sabia y había leído sus pensamientos cuando le había hecho esa "advertencia".
Pero para empeorar la situación había notado que al parecer estaban llamando la atención de la gente del mercado, algunos se detenían descaradamente a observarlos con miradas reprochadoras o inquisitivas, otros cuantos pasaban a su lado y se giraban a mirar sin detenerse y otros tantos murmuraban cosas que quizás se podía estar imaginando.
– Disculpe –no podía faltar alguien que se atreviera a preguntar– ¿Usted es Link, el héroe de Hyrule?
"No"
Eso fue lo que pensó que respondería, pero no fue capaz de hablar.
– ¡Claro que sí! –Exclamó la niña en forma de respuesta con gran entusiasmo– El es Link y es mi novio.
Definitivamente la niña no media el peso de lo que decía.
El chico palideció al escuchar esas palabras viniendo de la boca de la muchacha, y entonces un tumulto de gente empezó a rodearlos.
Eso no estaba nada de bien.
Lo peor de todo es que tampoco podía contradecir a la niña, después de todo el mismo había aceptado "casarse" con ella cuando ella fuera mayor. Pero lo que la pequeña Zelda no sabía es que ¡Ya estaban casados!
Aunque lo peor de todo no era eso, sino la cara de la mujer que se había acercado a hablarles y ahora lo observaba como diciendo "depravado", podía leerlo en sus ojos.
– ¿Ustedes...?
Los murmullos en la multitud aumentaron, seguro "esto" sería el nuevo escándalo de la semana.
Impa iba a matarlo. Estaba seguro de eso.
– ¡Por todas las Diosas! –Exclamó llamando la atención de todos los presentes haciéndose el sorprendido– ¡Es el Rey bailando en zunga sobre la pileta! –Dijo y cuando la gente se volteo salió disparado como si su vida dependiera de ello. Durante este tiempo en el castillo había adquirido una rara habilidad para meterse en problemas y no había encontrado mejor forma de contrarrestarla que con esta otra "nueva" habilidad.
Un maratonista estaría orgulloso de ver su marca, seguramente esta, como en tantas otras, había vuelto a batir el record mundial, y es que no sabía cómo, pero se había alejado del mercado y de la ciudadela tan rápido como un rayo, tanto que ahora que había detenido su loca carrera casi no podía respirar.
– ¡Wow! –Exclamó la niña que sólo había atinado a aferrarse con fuerza al chico para no caer cuando este empezó a correr como loco por la ciudad. Había esquivado perros, tipos durmiendo en el suelo, una ancianita que casi no caminaba, un montículo de fardos de alfalfa y hasta había saltado una inoportuna pared que se les había atravesado– ¡No sabía que podías correr tan rápido! –Lo alagó emocionada y despeinada con todo el ajetreo.
– Yo... yo... tampoco –en verdad que casi no podía respirar, le dolía el pecho de tanto esfuerzo. Se inclinó un poco y respiró profundamente apoyando una de sus manos cerca de donde se suponía que estaba su corazón, tenía la molesta sensación que en cualquier momento este se iba a escapar de su pecho.
La niña se apoyó en la cabeza de él y dio un brinquito para bajarse aprovechando que Link estaba algo inclinado y el suelo estaba más cerca. Había notado lo agitado que se encontraba y en ese momento buscaba algo, algo que no tardo mucho en encontrar.
Sin que Link lo notara se había acercado a un curso de agua e hincándose justo al frente había acunado entre sus manos un poco de fresco líquido. Se levantó y volvió a acercarse a Link tratando de mantener el agua en sus manos.
– Link, toma –le dijo aún con una amplia sonrisa en el rostro extendiendo sus bracitos tratando inútilmente de acercar el agua al guerrero.
El chico sonrió al descubrir las intenciones de la princesita y sin decir nada se sentó en el suelo y bebió de las manitos de ella la pequeña cantidad de agua que podía cargar.
– Gracias –en verdad estaba agradecido de estar en su compañía, a pesar de todo, la niña seguía teniendo ese corazón generoso que poseía su versión adulta– muchas gracias... creo que me siento mejor –le aseguró sonriéndole, viendo encantado como la niña pasaba de tener una expresión curiosa a una bonita sonrisa de felicidad.
En verdad no había nada más reconfortante que verla sonreír.
Y fue entonces cuando luego de estirar sus brazos y extender los músculos de su espalda se dejo caer en el césped, estaba algo cansado. Observó de reojo como la niña se sentaba a su lado, abrazando sus piernas con sus brazos, su cabello claro se agitaba con la brisa fresca de primavera y el sol que chocaba contra su blanca piel la hacía parecer una bonita muñequita.
Suspiró y cerró sus párpados, respirando pausadamente.
Al fin podía sentir algo de tranquilidad y era agradable estar allí, en medio del campo a las afueras de la ciudadela, solos... sin la molesta carga de las apariencias, sin tener que fingir ser hermanos, sin importar si eran amigos, novios o algo más. En un lugar tranquilo como este nada de eso tenía importancia.
Volteó su cabeza y volvió a centrar su mirada en el otro lado de la pradera y entonces notó algo que había pasado por alto. Sin decir nada volvió a incorporarse y con la atenta mirada de la niña siguiéndolo avanzó, unos pasos más allá se hincó y tomó algo del suelo y luego volvió con su pequeña compañera.
– Se que no es mucho, pero... gracias por todo –agregó extendiéndole una pequeña flor de cinco pétalos almendrados blancos y celestes con unos largos pistilos, esta flor era una de las favoritas de Zelda, la "princesa de la calma"– es para ti.
La niña extendió una de sus manos y sujetó la florcilla con suma delicadeza, observándola con un encanto único, la admiraba como si fuera un tesoro sumamente valioso y único.
– La cuidaré, lo prometo –le dijo ladeando su cabeza ligeramente al tiempo que sonreía.
Él correspondió esa sonrisa y pensó que quizás todo esto que habían vivido ella no lo recordaría cuando recuperará su edad, pero aunque ella no lo recordara él no podría olvidarlo.
Pronto unos pasos acercándose llamaron su atención.
– Al fin los encuentro.
– Impa, que sorpresa –la saludo el chico notando que la mujer parecía inusualmente feliz.
– Tengo buenas noticias Link –agregó antes de que él pudiera preguntar.
– ¿Lo dices en serio?
– Claro que si –agregó orgullosa, sacando un pequeño frasquito de entre sus ropas, mostrándoselo disimuladamente al chico– ¿Cómo estuvo esa cita, Zelda? –Ahora se dirigía a la pequeña que seguía admirando la flor que Link le había entregado.
– Fue muy divertido –le sonrió, no sabía porque, pero sentía que pronto tendría que "despedirse".
– Me alegro –le dijo extendiéndole su mano a la niña para ayudarla a levantarse– volvamos a casa ¿sí?
La princesa no respondió, sólo se limitó a levantarse aceptando la ayuda de la mujer y observando a Link comenzó a avanzar a su lado.
En verdad había sido un día divertido.
Cerró la puerta tras su espalda, suspirando cansado. Había sido un largo día cargado de emociones, pero todo pronto terminaría. Según Impa la poción que le había dado la pequeña Princesa debería hacer efecto durante la noche y para cuando amaneciera la Zelda adulta ya debería estar de vuelta.
Alejando sus pensamientos volvió a concentrarse y observó a la niña avanzar arrastrando su camiseta verde, en verdad le quedaba gigante, pero no tenía nada más pequeño que pudiera usar en su ropero.
– ¡Link mira! –Exclamó feliz sujetando con sus dos manitos la espada del guerrero que había estado apoyado en una de las paredes y a duras penas la movió arrastrándola– ¡Puedo ser un héroe igual que tú!
Link soltó a reír divertido al ver como la niña caía sentada por el peso de su arma y porque se había pisado parte de la tela de su camiseta que quedaba en el suelo, por suerte la espada aún estaba en su funda así que no había peligro de que la muchacha se dañara con ella.
– Claro que si Zel –la apremió aún riendo, acercándose al lugar donde había caído la niña para ayudarla a quitarse de encima el arma– déjame ayudarte –agregó tomando el arma con su mano izquierda y levantándola con gran facilidad.
– ¡Increíble! –Exclamó la muchachita emocionada, juntando sus manitas justo al frente de sus ojos– ¡Eres muy fuerte!
El Hylian apenado al sentirse observado volvió a colocar la espada en el lugar donde estaba antes de que Zelda la tomara y luego se volteó para volver dirigirse a la niña.
– Tú también eres un niña muy fuerte, Zel... –comenzó al tiempo que se hincaba frente a la pequeña que seguía sentada donde mismo– pero para crecer y ser más fuerte debes dormir bien –apoyó su mano en la cabecita de la infante y le sonrió, notando como las mejillas de la muchacha adquirían un bonito rosa.
Zelda bostezó cansada del largo día y observando nuevamente a su compañero extendió ambos bracitos, pidiéndole indirectamente que la cargara. Link quien había entendido el mensaje sonrió enternecido por la inocente petición de la muchacha y sujetándola entre sus brazos la cargo hasta la cama. No fue hasta entonces cuando una rara idea se le pasó por la cabeza, había pasado todo el día con la pequeña y no era hasta ahora cuando comenzaba a entender ese raro sentimiento casi paternal que había estado embargándolo durante todo el día, era muy extraño, pero muy reconfortante a la vez.
– Ahora duerme ¿sí? –Le dijo arropándola bien en su cama, bueno en lo que antes era su cama. Después de todo estaban en el cuarto que había usado él antes de casarse con Zelda.
Ahora sólo tenía que encontrar alguna manta o algo que se le pareciera y recostarse en el sofá de la pieza, sólo esperaba que el brebaje que le habían dado a la pequeña princesa hiciera su efecto durante la noche y mañana, mañana todo volviera a la "normalidad".
– Link –lo llamó la pequeña justo cuando el joven comenzaba a apagar las velas de los candelabros del cuarto.
– ¿Qué sucede Zelda? –Preguntó al tiempo que volvía a acercarse a la cama.
– Es que yo... yo –dudo, le daba un poco de pena admitirlo– tengo miedo.
– ¿Miedo? ¿Le temes a la oscuridad? –Le preguntó preocupado, ya había apagado todas las velas y no recordaba donde tenía algo para volver encenderlas.
– No te vayas –le pidió, aferrándose a la manga de la camiseta que Link aún vestía.
– No te dejaré sola –le dijo al mismo tiempo que se sentaba en la cama, la pequeña se había movido bajo las sábanas y le había dejado un espacio junto a ella- no tienes de que preocuparte, no te dejaré sola –insistió sonriendo al sentir como la niña lo abrazaba con fuerza, acurrucándose junto a él.
– ¿Es una promesa? –Le preguntó levantando su cabecita para observar al chico.
Su mirada reflejaba un brillo sutil, uno que lo calo por dentro, una sensación de angustia lo embargo en un instante e impulsado por ello se inclinó un poco para depositar en cariñoso beso en la frente de la muchacha, mientras envolvía su menudo cuerpo entre sus brazos de forma sobreprotectora.
– Es una promesa –le respondió sintiendo un extraño alivio de estar ahí.
Probablemente las cosas cambiarían y aunque le costara admitirlo, en el fondo de su corazón sabía que extrañaría a la pequeña Zelda, a pesar de todo había sido divertido convertirse por un día en el "hermano mayor" y en el "novio" de la niña y ahora con una sonrisa debía despedirse...
Quizás algún día... o quizás en otra vida... volverían a encontrarse.
Continuará...
Es hora de despedirse de la "pequeña Zelda" XD creo que casi casi que me había encariñado mucho con ella XD, pero noooooo, no puede seguir en el fic porque de ahora en adelante la cosa se pondrá un poco... bueno... ya saben.
La verdad es que la idea de integrar a una Zelda en versión de niña nació de la mano con la idea de escribir una escena con la Zelda adulta vestida con una de las túnicas de Link XP, pensar que "eso" terminó convirtiéndose en "esto" XD, en fin...
Antes de despedirme quiero agradecer a todos aquellos lectores de fanfiction que se han tomado la molestia de comentar esta rara historia, en verdad se los agradezco de corazón.
Un saludo grande para todos.
Se despide atte
Zilia-K
