Presente, entre octubre o noviembre

Pensilvania

En la Corte moroi

Rose POV

Fue una completa montaña rusa llegar hasta acá.

La cabaña, las cuevas, su transformación.

Cazarlo por toda Rusia.

Casi morir en el intento.

Luego ser cazada por él.

El secuestro de Lissa.

Su vuelva a la vida.

Y ahora esto.

No quiere verme, pero a mí -a nosotros-, se nos acaba el tiempo, Dimitri.


"El amor se desvanece... el mío... ya lo hizo".

Dimitri suspiró y miró a la lejanía, para evitar ver a mis ojos, llenos de dolor más intolerable que todo el que él me causó, en la corta vida que tuvimos juntos.

"Vete, Rose. No tenemos... nada más que hablar", y se volvió, pesadamente.

"Pero... ¡yo si tengo algo que decirte! ¡algo pasó entre tú y yo, un milagro y...!".

Intenté acercarme, zamarrearlo, hacer lo que pudiera para hacerlo entender.

¿Acaso el proceso de ida y el de vuelta... frieron su cerebro dhampir?.

"Lo que pasó es que mi amor por tí... murió con mi último suspiro como dhampir, y no volvió cuando Su Alteza me trajo otra vez de vuelta. ¿Acaso no me oyes, Rose?, ¿acaso no me quieres entender?".

Y, desesperado, ¡él -si-, comenzó a remecerme!.

Me solté de sus brutas manos -si, algo perdió. Las bolas, evidentemente-, me paré, fría por dentro y sintiendo un profundo dolor que me aterró, más que las palabras de Dimitri.

"El amor no se desvanece así, Dimitri", y presioné un dedo en su pecho, lo suficiente como para dejarle una marca. "Eso sólo significa que nunca en realidad me amaste. Lástima, yo sí desperdicié mi amor en tí. ¡Recorrí el mundo por tí!, ¿y así me pagas?, ¡eres un cobarde de mierda, un pedófilo, que se aprovechó de mí al verme sola y... y...".

Y no bastando con eso, le di un fuerte bofetón en la cara, que casi hizo rodar su cabeza en el cuello.

"Debiste haber aceptado a tu moroi esa, Dimitri. Al menos, tendrías algo. Algo que no tendrás más conmigo".

Y me fui, furiosa.

y algo más que nerviosa, de los fuertes tirones que sentía a estas horas.

¡No!, ¡no era -aún-, la hora!


Upsy, Rose.

Parece que los gatitos se te anduvieron arrancando del saco.

¡Pero ojalá que no del tuyo!


Dimitri POV

"¿Algo que no tendría más con ella?, ¿a qué se habrá referido ahora?", y me quedé en silencio, y meditando en esas extrañas palabras. "¿De qué -otro-, milagro, me hablaba ahora?, ¿acaso había algo más fuerte -o importante-, que ser traído de vuelta?".

Y suspiré muy fuerte, y más que derrotado.

Y no me di cuenta que uno de mis... ¡ejem!, carceleros asignados, había visto -y oído todo-, y salido en silencio, a esparcir el chiste, sin dudarlo.


Flashback

Academia de St. Vladimir

Un año atrás, para el periodo navideño

"Dimka", ronroneó Natasha -la Lady Ozera de la que ya hablamos-, cuándo lo vio en el aeropuerto.

Había sido asignado -más bien le rogaron-, que fuera a buscarla allá.

"Tasha", el saludo de Dimitri no sonó del todo relajado a sus oídos, pero su Dimka era así, fuera de su familia.

Así que le sonrió.

"¿Cómo has estado, Tasha?, hace mucho que no nos vemos".

Dimitri hizo todo el esfuerzo para sonar amable, pero estaba tenso y cansado, con todo lo que había pasado y con todo lo que se veía por delante.

Ella subió sus propias maletas al auto -¿se trajo su casa entera?-, y se subió adelante.

Sosteniendo su brazo en el proceso.

y Dimitri no se opuso.

"¡Lo sé!, desde...", y acarició su brazo, y lo abrazó de medio lado, "decidí irme a una ciudad sin demasiados morois, y tomé muchas clases de defensa personal. Finalmente, me asocié a un estudio con mi dinero -que mi hermano tenía bajo su control-, y comencé a enseñar las cosas básicas de defensa, por mi cuenta y riesgo".

y Tasha Ozera se encogió de hombros, mentalmente.

Al cambiar a Cristian de escuela -lo puso en St. Vladimir, por recomendaciones cercanas-, lo hizo perder un año, y por eso iba -tan-, atrasado.

El muchacho ya tenía 18 años.

Y era uno de los mayores de su clase.

Ya pronto debería entregarle su fideicomiso.

Pero, mientras él no lo pidiera, ella no diría ni pío.

Aún le faltaban unos meses en la escuela, ¿verdad?.


"¿Tu familia está bien?", sólo los había visto en el funeral de Iván Zeklos, pero sabía lo importante que eran para él.

"Sí. Hablé con ellas hace pocos días", Dimitri sonrió y su cara se iluminó, "a Vika le ha ido sorpresivamente bien y quiere pasar las clasificatorias y terminar", dijo, animado, "mi madre y mi Babushka están de acuerdo, claro. Mis hermanas, no tanto, pero no son ellas quienes deben decidirlo, al final de cuentas".

"¿Y podrás... costearlo?, usualmente, se costean a los varones, ¿cierto?, como a tu sobrino. ¿Pero a tu hermana?".

"Lo haremos en familia. No veo por qué no pueda ser guardiana, Tasha. Acá hay otras dhampirs de la edad de Vika, y quieren ser guardianas, también".

"Lo sé, ¡a mí no debes decírmelo!", se defendió, "conozco a Janine, ¿cierto?, y soy su mayor fan".

"¿Y conoces a su hija, a Rose?".

"No. Cristian me escribió sobre ella, claro. Es amiga de su novia, una... bastante rebelde novicia, que aspira a ser la guardiana de Vasilissa, si la dejan, claro".

Y se encogió de hombros.

¿Qué le importaba ese par de malcriadas?, jugaría a la mujer de buena crianza, claro.

"Yo ejerzo de mentor de Rose", le explicó Dimitri, "ya los ha salvado, no lo olvides".

"Cristian no tenía nada que hacer en ese lío", gruñó, "¡No es para menospreciarla, Dimka!", se defendió. "Janine es... algo único. La he visto peleando. La he visto entrenando. Dió una que otra clase en mi estudio. Pero su hija no es Janine, y no debió involucrar a mi sobrino. ¿Ves?, toda una rebelde, esa niñita".

"Rose... algún día será similar, eso si quiere seguir sus pasos, supongo".

"¡Si Iván pudiera verte ahora, como a un serio mentor de novicias rebeldes!", se rió, algo falsamente, "¿cómo lo sobrellevas?, para mí fue un gran shock... después de mi hermano... creí que nada podría serlo".

¡Uy!, ¿es en serio, Tasha?, ¿el hermanito que te buscaba un marido, junto con Ronald Ozera?, ¿ese hermanito, que quería que sedujeras a André Dragomir y lo volvieras tu títere y toy boy?

¿Ese hermanito?.

"Dolía. Duele, pero no tanto como entonces. Lo extraño cada minuto. Su humor, su ironía. Pero la vida -la mía-, continuó. Y lo sigue haciendo, quiéralo yo o no".

"¿Una de las guardianas o una de las profesoras, Dimka?, ¡oh, estás enamorado!... espera, ¿no es la Capitana?, ¡si te lleva como 10 años!".

"La Capitana se llama Alberta y no, no estoy enamorado de ella. Lo habría estado a los 15 o a los 18 años, es seguro. Pero ya no", reconoció, algo incómodo.

"Si estás disponible...", ronroneó, pero como un tigre lo haría, "la querida Tatiana no me quiere de vuelta en la corte, ¿sí?, cree que quiero seducir a su sobrinito, a Adrián. Así que -cuando fui la última vez-, me otorgó un guardián. Porque, como vivo tan lejos... El Capi de Tatiana me presentó un listado, pero no los quiero. Te quiero a tí".

"Fui asignado a la Princesa Dragomir y es un gran honor, Tasha. Pero gracias. Puedo recomendarte a varios. Algunos, de acá mismo, que son buenos guardianes".

"¿Y si te ofrezco... que seamos algo más?, ¿una pareja?, ¿que... tengamos hijos, tú y yo?".

"Hay otros mejores que yo, Tasha, ¿por qué yo?".

"He esperado demasiado, he analizado demasiado, y al final, lo único que importa es que siempre me has gustado. ¡Y he venido por tí, tontito!".

Y para cerrar su negociación, y apenas él estacionó el auto, ella... colgándose a su cuello, lo besó.


Y llegamos al fatídico momento, que definirá la historia hacia adelante.