Presente.

La corte moroi, a continuación de la escenita de la iglesia

Rose POV

"¡No ahora!", me aterré y salí corriendo y sosteniendo mi guata.

Rogándole que aguantara esas pocas semanas que -aún-, faltaban para abrazarles.

Afuera, el frío sol de noviembre auguraba una Navidad sin corazón.

No.

Auguraba que laterían pronto dos corazones más.

Pero laterían.

Me aseguraría de ello.


Y, ¡para colmo!, Lissa venía hacia mí, presurosa.

Tras ella, venía su Guardiana, la que fue aprobada por la Reina -bruja-, misma.

Serena era su nombre.

También venía Cristian, siempre acostumbrado a ser la sombra de Lissa.

¿Alguien más?, ¿la prensa?, ¿los reporteros de chismes?, ¿nadie más quería oír los chismes desde la fuente?.

Qué decepción.


"¡Qué hiciste ahora, Rose!. Te lo advertí, ¿cierto?". Y allá partimos.

Le fueron con el chisme, al parecer.

Bueno, esa bofetada la oyeron hasta en la luna... pero de algún otro planeta, jeje.

¡Y bien puesta que la dejé!.

" ¡Te dije que lo dejaras en paz, que no estaba listo para verte!, ¡por todos los cielos, qué tengo que hacer para que me hagas caso! ¿acaso tengo que pedir a la mismísima Reina que te envíe lejos de la Corte... y para siempre? ¡Después de todo lo que yo he hecho por tí!".

¿Haber?, ¿hecho qué, Su Alteza?.

Me la llevé -evitando que la mataran-, la rescaté de una muerte segura en manos de su quiridi Viktor. La rescaté de Avery, ¡y la rescaté de Dimitri!.

¿Quién tiene la deuda, ahora, eh?.

Al parecer, no soy yo.

Y ya buscaré cómo eliminar ese vínculo que ya es malsano, para las dos.

Así que yo parpadeé, asombrada por la frialdad y crueldad de LIssa.

¿Era el remanente de la compulsión de Avery Lazar?

¿O era producto de toda la oscuridad que yo ya no tomaba de ella?.

"¡Respóndeme, dhampir! ¿eso quieres? ¡oh, a la Reina le encantará deshacerse de tí!".


A Ambas les encantaría, probablemente.

Y recordé que también me habló así en el pasado, cuando volvimos.

Esa no era Avery o la oscuridad.

Era toda ella, cuándo se juraba omnipresente y que -ya-, había neutralizado A TODAS las amenazas.

No asumiendo que apenas -y sí-, había bloqueado a una.


De pronto, todo mi mundo se vino abajo.

Y me di cuenta de que estaba sola.

Lissa... era la Princesa que siempre quiso ser.

La que jugaba a serlo de niña aún cuando sabía que André era mayor que ella..

Eddie -el fiel Eddie-, vio su carrera cortada de raíz -destruída, mejor dicho-, por mis acciones en el pasado, y no sólo una vez.

Dimitri ya no me amaba.

Nop. Ese pelmazo desgraciado nunca me amó.

Me usó como muñeca de plástico.

Y luego me echó a la basura, a la vera del camino, y sin mirar atrás.

Fue sólo ese maldito Conjuro, todo el tiempo.

Ya me lo había dicho antes, ¿verdad?.

Y la tonta fui yo, que creía que él llegaría montado en un unicornio a rescatarme de las sombras que me rodeaban.


Y, por una -única-, vez, permití que la lucha me dejara.

Que el mundo dejara de posarse sobre mis cansados hombros.

Y, por primera vez, no tenía una ruta trazada desde Michigan.

Y eso era lo emocionante, ¡al fín podría vivir la vida como yo la quería, y sólo para mí!.

Bueno, para los tres.


"Está bien, Su Alteza. Me alejaré de su mascota, el Guardián Belikov. De la Corte ¡Y de usted mismísima!. ¡Me voy por mi misma! no dedicaré un día más a los moroi. ¡Ya pagué con creces mi participación en este mundo insano! ¡he pagado todo eso con mi sangre y con mi vida!, y a usted, sobre todo. No fue una la vez que la rescaté, ¡fueron tres!, estamos a mano, usted y yo. ¡Ya no le debo nada más!".

¿Qué fue eso que sentí?, ¿cómo una cadena que se trizó?, ¿eso era el vínculo, del que yo estaba renegando?, interesante.

Karma es un plato que se sirve frío, Bitch.

"Yo no dije eso... ¿o sí?", se asustó Lissa.

La sentí aterrada por el vínculo, que bloqueé ante sus ojos.

Y dilató los suyos con un terror máximo.

¿Y ahora, quién podrá defenderte, tonta y hueca Princesita moroi?.

"Tengo cosas por hacer, personas por ver, esclavitud laboral por renunciar...".

"¿Qué vas a hacer qué?", chilló Lissa, "pero... ¡cómo lo harás! es decir... no tienes nada a tu nombre...no eres nada más que... ¡nada más que... la bloodwhore que serás para siempre si me dejas!, ¡y yo me ocuparé de eso, personalmente!".

"¿Que se ocupará de qué, si no estaré aquí?, ¿acaso va a ordenar que me secuestren y me torturen a su placer, Su Alteza?, ya no soy un juguete. Mis cadenas están rotas al fin".

Y de pronto, fue como si una bola oscura salió de mí, y transitó por el vínculo hacia ella, golpeándola con toda su fuerza, y casi arrojándola al piso.

Y Vasilissa Dragomir comenzó a gritar, al fin.

"En caso de que se lo estén preguntando. Cobraré la pensión de 18 años a mi Papi, ¡que de seguro estará feliz!" me eché a reír, malignamente, "pero primero, iré a devolver todo lo que apesta a moroi", y sin mirarla más, me alejé.


Sentía la urgencia de la situación, pulsando en mi guata.

Las contracciones de Hicks estaban comenzando, aceleradas por el stress llamado Dimitri y Vasilissa.

Y entonces, las estrellas -invisibles a la fría luz del sol-, se alinearon y vi al mensajero de mi papi- ¡dije mi papi!, cómo estaría desesperada-, pululando por allí.

Vigilando mis pasos para reportarlos más tarde, seguramente.

Y era justamente lo que necesitaba.

A mi papi, ya que el papi de mis bebes, ya no estaba más para mí.

Para nosotros tres, corregí.


"Quiero su número", le dije al mensajero, a bocajarro.

"¿Qué?", él ni parpadeó.

"De Abe Mazur. De Zmey. Ibrahim es cómo mi mamá le dice. ¡Mi papi, OK!, quiero su número y lo necesito ¡ya!".

El hombre -sin parpadear-, sacó su teléfono y marcó un número de marcación rápida.

"Pavel, la chica de Zmey quiere hablar con él. Ok. Te la paso", y me pasó el teléfono, así de sencillo.

"¿Baba?", no quería equivocarme. Ante su hum, continué, "necesito el pago de la pensión de alimentos -y lo necesito ya-, para abandonar esta porqueriza y pocilga de morois babosos y cobardes. ¡Sí, me voy de la Corte! ¡a Michigan, a Chicago o dónde sea o dónde me dé la gana!... es que... Michigan es dónde todo comenzó", susurré, nostálgica, "y quizás... pueda recomenzar de allí... nop. No tengo dinero o cuenta a mi nombre o un teléfono. Ese... era de Adrián. Oki, le paso el teléfono", y se lo devolví al hombre.

Se lo llevó a la oreja.

Asintió y se lo guardó -tras terminar la llamada-, con un encogimiento de hombros.

"Órdenes de Zmey. Te daré efectivo suficiente. Te pasaré las llaves de mi auto. Ve al aeropuerto cuando estés lista y habrá un pasaje para tí... a alguna parte. Apúrate. Tienes que estar en máximo tres horas en el aeropuerto o perderás tu vuelo. Deja las llaves en una de las ruedas, yo las sabré encontrar, más tarde. Y si no las encuentro, siempre tengo un repuesto".

¿Tres horas?, ¡tres horas!, y salí disparada como cuete.


Corrí al hoyo -malsano-, que me asignaron como habitación en la Corte.

Y mi vida se redujo... a lo mismo que se redujo cuando huímos de St. Vladimir.

Dos bolsos.

Era hora de terminar con esa vida maldita.

Lo demás, quedó etiquetado para caridad, y dejado en la escalera, en dónde lo recogerían más tarde.

No debía dejar huellas, no fuera que hicieran un conjuro de amarre o algo así.

Ya nada me extrañaría de ellos.


La primera parada sería la oficina de Croft.

Así que entré en la oficina sin avisar.

No tenía tiempo de ser amable.

Había empujado a su asistente al lado, y la dejé knockout, para que no alaraqueara del ataque.

Despertaría con jaqueca, pero lo haría... más tarde, claro.

Era Zmey Jr. ahora.

Y las consecuencias las pagaría ¡Papi!

"Croft, te traje esto de regalo. No tiene devolución o ticket de cambio", y puse la bolsa de basura con la basura moroi sobre su escritorio, "y también te traje de regalo mi renuncia. Irrenunciable".

"¿Y qué harás?".

Es lo único que atinó a responder.

Obvio.

Una dhampir como yo, sin calificaciones, seguro social o nada, sólo serviría de bloodwhore, en las palabras -amables-, de la directora de mi escuela.

"Gastar el dinero de Papi, obvio, ¡qué más!".

"¿Papi? no te creía de ésas, Hathaway. ¿Qué edad tiene, 50, 60 años?".

"Papi. No Sugar Daddy, imbécil. Soy la hija de Zmey y de Janine Hathaway. Y él tiene unos 40 años. Es muy viejo para mí, si es que tendiera a esas perversiones tan comunes entre los asquerosos royals morois que tanto defiendes... Pero igual, ¿a tí que te importa que haga con su dinero?, ¿y qué es mío, por todo lo que me debe?", y salí corriendo.

El tiempo corría más rápido que yo.

Y que mi guata, obvio.


La siguiente fue la Reina misma.

Y usé la misma táctica.

Entré y le espeté -¿le escupí?, creo que fue eso lo que hice. ¡Ya ni sé!-, que me iba con Papi Zmey.

O sea, con Abe.

O sea, con Ibrahim Mazur.

¡Papi Zmey, para resumir!.


"¿Y Adrián? ¿Y Vasilissa?"

Fue lo único que la Reina atinó a murmurar.

Obvio.

Me quería para proteger a la una -sin recibir nada a cambio, ¡oh, ya no más!-, y para controlar al otro.

Tampoco iba más.

La sola noticia de que era... ¡hija de Ibrahim! la dejó... en off.

"Quédesela. Le regalo a Su Alteza. Haga con ella lo que desee... Usted no me quería con ella y ganó. Sólo tuvo que esperar. Buena jugada. Bravo. Ahora, si algo le pasa -se quiebra una uña o algo así-, soluciónalo solita".

Y aquí la reina palideció, al reconocer esa gran verdad.

El vínculo.

La había salvado antes, pero sin mí allí... ¡habría que vigilarla a sol y a sombra!.

Para eso eran los guardianes asignados, en todo caso.

Para hacer de sombra... o de papel mural, cuándo se diera el caso.

"Adrián es un buen hombre, para ser moroi. Voy... a dedicarle algunos minutos. Papi me quiere fuera de aquí en minutitos. No sé qué planea. No sé si hay una bomba en la Corte o algo así. Así que... ¡Adiosito dijo Monchito!"

Y salí a todo escape.


Adrián fue... mucho más doloroso.

Sobre todo para él.

Le expliqué con toda la paciencia que podía, lo que estaba pasando.

O lo que podía explicar.

Él revisaba mi aura, ansioso de descubrir la verdad.

Pero sé que ésta se veía serena, como un atardecer de verano.

Demasiado serena.

Más bien... debía parecer un collage.

Debía irme con cuidado.

Un desliz lo tiene cualquiera, pero yo llevaba a dos en mi guata, y revoloteaban como pterodáctilos, a esta altura.

Y sólo la magia evitaba que... la magia les pudiera detectar.


El último fue Eddie.

¡Fiel Eddie! ¡Dulce Eddie!

Le conté lo que le podía contar.

Expliqué lo que podía explicar.

Y le dije que lo llamaría cuando mi vida se pueda... enderezar.

O arreglar.

O cualquier cosa.


La magia de Oksana se iba agotando muy rápido, sobre todo bajo el estrés que estaba viviendo.

Y muy pronto quedaría en evidencia el porqué de mi fuga, o retirada, o renuncia.

O lo que fuera.

Así que huí -como si fuera la Cenicienta de la Corte Moroi-, antes de que los últimos estertores de la magia que ocultaban mi verdad, se desvaneciera ya.


Corrió a los estacionamientos, tomó las llaves del mensajero, tiré mis cosas en el asiento del copiloto y salí a todo escape.

Y llegué a tiempo al aeropuerto.

Allí me esperaba un vuelo de primera clase a... ¿New York?

¿No era dónde el cargo de mi madre estaba estacionado por unos meses?

¿Acaso iba a encontrarme con ella?

¡Perfecto! era la única que sabía que esto podría volver a pasar

Y necesitaba desesperadamente de su ayuda.


La corte moroi, en esos mismos momentos

Eddie Castile había pedido traslado a la academia de St. Vladimir, casi al mismo tiempo que Rose, cruzó las puertas de la corte, en dirección al aeropuerto.

Dijo -textual-, o me trasladan o renuncio a ser guardián.

Así que lo trasladaron, obvio.

Con efecto inmediato.

Ya con el pasaje comprado, un guardián lo fue a dejar al aeropuerto, -junto a otros más, recién resignados-, como se hacía en esos casos.

Eso no era usual, pedían traslado todo el tiempo.

Tanto, que eso no pasaba por Croft, sino que por administración general.

Pero la alerta igual entraba a su email, por temas de organización.

Dos huidas -relacionadas-, en pocos minutos, puso a Croft en alerta máxima.

Rose Hathaway y Eddie Castile fueron juntos a la academia St. Vladimir.

Ambos fueron secuestrados en Spokane, y Rose los pudo rescatar, desde adentro, y estando secuestrada, también.

En St. Vladimir, él fue tomado de rehén por los strigois, y Rose participó en el rescate.

Fueron juntos a esa escapada en Las Vegas, poco tiempo atrás.

¿Sería qué... si habría una bomba?.

El miedo de la Reina -ante las palabras de Rose-, parecía confirmarlo.

Así que hizo sonar las alertas de... ejercicios.

¿Plan Deyse, alguien?.

Todos los morois corrieron a refugiarse a sus casas o al lugar bajo cubierto más seguro.

Estos ejercicios siempre tenían un trasfondo muy real.

Hubo un ensayo cuándo se supo lo de los Bádica, otro cuándo pasó lo de los dos Drozdov, y uno total, cuándo invadieron St. Vladimir.

Se hacía para poner a los guardianes en total alerta, y distribuírlos si era necesario.

Lo fue en lo de St. Vladimir.

Esta vez, también fue total.

Mientras revisaban cada milímetro cúbico de la Corte, en cada milisegundo, Croft parecía esperar el fatídico ¡pum!.


Nota de moi

los primeros 3 capítulos fueron revisados y aumentados, sonaban planos y cortos y fomeques.

vayan dejádome sus comentarios.

¿Y Peggy?, sorry, querida, pero Dimitri es un imbécil. Lo dije en el título anterior.

Tiene la cabeza enterrada en su trasero... sólo espero que no sea en el de Lissa, ¡wuácala!.

¿StarD?, ¡gracias por leerme!