Presente, en NY
Janine esperaba a Rose en el aeropuerto.
Algo en la voz de Ibrahim la hizo ponerse nerviosa y pedirle que la redireccionara a New York y no a cualquier otra parte.
Estaba sola en el penthouse que arrendaba su cargo (para disimular sus escapadas con sus amiguitos humanos).
Se iba solito y daba vía libre a Janine para verse con su amante.
Un buen acuerdo entre ambos (si me lo preguntas).
Janine condujo por New York, en un auto rentado a nombre suyo.
Hecho de improviso por Abe -minutos atrás-, hablando de cosas triviales).
Pero observándola de reojo.
Al llegar al penthouse y después de acomodarla en una habitación, se sentó en la cama y esperó que hablara.
Rose cayó pesadamente sobre una poltrona -de la cama, no podría moverse más-, y se frotaba la guata.
¿Estaba con su periodo, acaso?.
"¿Rose?", casi no reconoció a su hija.
Se veía pálida... y demasiado nerviosa.
Como una ardilla.
"Necesito ayuda", gimió ,"¿recuerdas tu promesa, mamá?".
"¡Pero...! ok. Pasó", suspiró.
Así que podía deberse a eso.
Y abrió los ojos como plato, esta vez.
¡Iba a ser abuela!.
No era el momento para preguntas.
Si no para ayudarla.
Como lo prometió ese día, ¿un año atrás?.
¡Cómo pasaba el tiempo!
"¿De cuánto...?" ,ojeó su vientre plano, con preocupación.
Ella misma no mostró nada... hasta como lo meses.
"Casi los 8 meses", gimió, "¡demonios, las Hicks duelen!", y se frotó el vientre.
Ante la cara de terror de su madre, se quitó el anillo mágico de Oksana ¡Y paff! asomó la guata de 8 meses -gemelos, ¿recuerdan?-, de entre la ropa apretada y rebalsando.
"¡Magia!", movió el anillo, "es en serio. Magia de Espíritu. Gentileza de la Usuaria de Rusia que me parchó... un par de veces. Se conecta en sueños conmigo y lo va recargando, cada vez que siente que su fuerza disminuye".
"Ok".
Janine comprendía perfectamente bien lo de la magia esa.
"¿Es de... Eddie?", sugirió, tentativamente.
"¡Es como mi hermano, mamá! de otra madre y padre. Claro... pero, ¡Guácala, no!".
"Adrián o el otro muchacho moroi no pueden ser, por lo que me dijiste antes", tenía que ir descartando, ¿cierto?
"¿Adrián?, ¡no!, ¿el otro... qué?, ¿Cristian?, ¡Frío!. Es un dhampir, sí".
"Es... ¿dhampir y frío? Rose... ¡dime que no es Dimitri, que no te violó en Rusia cuando...!", se aterró.
Amaba a su hija, ¿pero un nietecito mitad strigoi?, eso era terrorífico, ¿verdad?.
"Es... de él. Pero era humano. Bueno, dhampir", murmuró, "fue... la noche antes de los ataques... ¡óyeme primero, mamá, por favor!".
Janine asintió, los labios y puños apretados.
Pero para pegarle mejor -a Dimitri-, se dijo.
Roba cunas.
"Yo... me enamoré y creí que él me correspondía. Ese día... los ataques de la Maná a Lissa casi la mataron y tomé toda su oscuridad... Y la homicida al final, casi fui yo. Dimitri me sacó a la fuerza del lugar y yo no volvía a ser yo. Me estaba perdiendo en esa oscuridad. Y me aferré a él... Yo se lo permití... ¡Fue sólo esa vez, mamá! ¡yo era virgen hasta ese segundo, por favor, créeme!".
"Y él no lo sabe, supongo", cruzó los brazos y apretó los labios.
Era evidente, ¿cierto?.
¡Y el combo en el hocico y en la bolas no se lo quitará nadie!
Profanador de cunas, pedófilo.
Su hijita estaba allí, solita.
¡Y con la tremenda guata!.
"Lo... intenté. Pero dijo... que su amor de desvaneció".
"Cobarde", masculló Janine, tomando mucho aire y poniéndose roja de rabia. "Debemos hablar con tu padre".
Levantó una mano, para acallarla
"Rose. ¡Espera! él... no estará feliz ¡Ni yo, tienes 18 años!, pero vamos a apoyarte y a ayudarte... en todo. ¿Lo oyes? ¡Todo!. Yo me ocupo. Le explicaré todo. Y veremos como... ayudarte a pasar esto y salir bien".
Y se paró y la abrazó, como pudo
" Ahora, cámbiate de ropa, duerme un poco y después, ¡de compras por NY!, necesitas ropa cómoda y de todo para mi nieto o nietecita!... pero me dijiste... ¡gemelos, cierto!", y abrió los ojos como platos.
Calculando cuánto requerían de cada cosa, evidentemente.
"En efecto. Son dos bólidos contra su pobre madre".
"¿Sexo?".
"¡Espero que no!, sería guácala que fueran incestuosos... La verdad, no lo sé. mamá... Oksana me dijo que eran dos, pero... ¡auch!, caníbales ambos", masculló.
"Entonces, duerme. Cámbiate de ropa. A un obstetra y de compras", sonrió, "¡O pagará tu padre, obvio!, pero te... no. ¡Nos debe! 18 años de pagos, ¿sí?", y sus ojos brillaron.
OH. Era mujer, ¡después de todo!.
Y con una tarjeta de crédito abierta...
NY no saldrá viva de esas dos.
El flashback de lo que nunca debió pasar.
Montana, un año atrás.
Pero de pronto, pareció que todas sus profecías auto-cumplidas referente a su gusto por los hombres se cumplieron de cabo a rabo.
Se llamaba Dimitri Belikov.
Era Ruso.
Altísimo, de pelo y ojos chocolate, de piel tostada por el sol, guapísimo, fuerte... y un guardián.
O sea, dhampir.
Y era el guardián que habia sido enviado -por La Capitanía General, en Pensilvania, o sea, la reina-, a cazar a Lissa por todo el país.
Y en esos momentos, las llevaba a remolque -a Lissa-, y como encomienda -a Rose-, de vuelta a Montana.
Lissa iba en asiento de atrás, rodeada por dos guardianes.
Rose iba como copiloto de Dimitri -y esposada a la puerta-, para evitar un nuevo intento de escape.
Porque -o era eso-, o era un juego de SM del que no le habían avisado.
Dormitaba, cuando Lissa -ya despierta-, la despertó mentalmente, con la imagen que vio.
Rose -en el bamboleo del auto-, apoyó su cabeza sobre el hombro de Dimitri, que no la movió.
"¿Rose?, tu nuevo novio y tú hacen una linda pareja", le guiñó -mentalmente-, el ojo Lissa.
"¿Espera, qué?", Rose se volvió a mirarla, mientras fruncía el ceño.
"¿Acaso no es alto, guapo, y de pelo oscuro?, ¡oh, y dhampir!, así que sabrá manejarte bien", se rió Lissa.
"¡Exacto!", dijo Rose, en voz alta.
Dimitri vio a Rose, murmurando de la nada, y mirando por el retrovisor, vio a Lissa reírse, al unísono.
O tenían un intercomunicador invisible o... tal vez sí.
Estaban intercomunicadas.
A través de ese vínculo tan mágico como especial, producido entre la magia moroi y un dhampir.
Interesante.
Reteniendo a la una, podría proteger mejor a la otra, se dijo.
Rose no supo que estaba enamorada de él hasta el día en que secuestraron a Lissa.
Mejor dicho, el dia en que Viktor Dashkov- y su hija Natalie-, secuestraron a Lissa, golpeando al novio de ésta -Christian Ozera-, en la cabeza y casi dejando la cagá misma entre Dimitri y Rose.
Ellos fueron atados por un conjuro de lujuria potente e irrevocable.
Llevaba cabellos de ambos enredados dentro del pendiente del nefasto colgante.
Dimitri sentía la fuerza del conjuro recorriéndolo de pies a cabeza, y borrando todo de su mente, irrevocablemente.
Rose sentía que él era lo único que debía importar.
Nada ni nadie podía impedirles estar juntos, ni ahora ni jamás.
Hasta que Dimitri arrancó de su cuello el colgante de plata, y lo arrojó al fuego de su chimenea.
Con el fuego, los cabellos se quemaron, y en el humo se evaporaron los deseos, y entonces vino la urgencia.
Por salvar a Lissa de una muerte segura.
"Fue sólo un conjuro, Rose. No me interesas así... seremos colegas en un futuro cercano. Sólo eso".
"OK", y Rose se volvió, pero para ir a interrogar a Viktor sobre sus acciones.
Necesitaba saber por qué.
Porque con él y no con Mason, por ejemplo.
Todos sabían que Mason y Rose habían sido cercanos.
Que lo eran, actualmente.
Y que, pese a todo lo pasado entre ellos -lo sabido y lo oculto por Rose, obviamente-, Rose seguía siendo su mejor amiga.
¡Pero no!, ¿quizás eran las bromas privadas de Lissa, que cayeron en oídos extraños?.
Porque nada permitía presagiar que a Rose, o a Dimitri... le gustara el otro.
"Tu jueguito no resultó, Vik", le espetó Rose, molesta -consigo y con el mundo, lógicamente-, yo no le gusto, salvamos a Lissa, y tú te pudrirás en alguna parte, ¡y bien lejos de acá!".
"¡Oh, eres dura!, pero sigues siendo una chiquilla. No eres una mujer aún. Evidentemente. De todo lo que te ha pasado, ¿y lo único que te importa saber es si le gustas o no a Dimitri?"
Y sonrió, muy maliciosamente.
" Bueno, aquí va mi punto de vista. Hay conjuros y conjuros, Rose. Unos sólo simulan, otros causan obsesión, otros estimulan, y otros... sólo hacen evidente lo oculto. Intenté usar de los 3 primeros -por seguridad-, pero sólo me resultó el último. Así que sólo lo aumenté. Ese conjuro -para resultar-, requiere un grado de... afecto -real y existente-, entre los receptores. Y eres claramente tú. Pero si él no sintiera algo -por muy pequeño por tí-, no habría resultado. Y eso le pesará por siempre, dudando si eso que vio existió o no. Pero claramente, a tí no te importa lo que él piense o sienta al respecto. Tu pasión por la vida devora toda lógica, Rose".
Y su risa, acá, fue más amargada que nada.
Porque ella, entre todos los que él conocía, había vuelto de entre las sombras.
" ¿Acaso crees que morir y volver a la vida, no dejó una huella en tí?, porque sabes lo que es perderlo todo. Tú -entre todos nosotros-, viste a la muerte a la cara. Y fuiste traída por Lissa, con su magia. Lástima que no podamos discutirlo más a fondo, porque..."
"Porque he venido a matarte", dijo una voz fría, tras ella.
Y, al volverse, vio a Natalie, convertida en strigoi.
Más tarde, Dimitri le dijo que no podía amarla.
No podía permitírselo, como si ella fuera la piedra más preciosa del mundo y él el hombre más pobre.
Que si la amara, no podría proteger a Lissa, a quien había jurado proteger (sip, era un proceso formal y casi legal).
Que si no fueran a ser colegas futuros o si la diferencia de edad ya no importara -ella 20 años y él 26, por ejemplo-, entonces sí se atrevería a pensar, a sentir y a actuar, para alcanzarla.
Y le dijo que lo olvidara.
Pero Rose no le permitió olvidar.
Se lo recordó con sus besos robados, con sus ansiosas manos, con sus miradas inflamadas.
Estaban todos muertos, cuando llegaron a la casa en que vivía Arthur Schoeremberg.
Total y absolutamente mordidos y drenados, dejados en la fría casa de los ventanales rotos.
Con la nieve y el frío entrando a raudales.
Probablemente, viendo a la muerte llegar a pasos agigantados, y sintiendo sus fríos dedos.
Habían sido atacados en la seguridad de su propia casa.
Las barreras mágicas rotas por una estaca, que Rose sostenía -inanimada- en su mano.
Encontrada entre la nieve, clavada.
Traicionados por las mismas armas que debían protegerlos
"¡Y me trajiste acá para esto!", gritaba Rose, mientras lloraba entre sus brazos, "¡esto es lo que quieres para mí, tú y todos!, ¿por qué todos me quieren ver muerta, Dimitri?, ¿acaso no tengo derecho a vivir como los demás?, ¿o es porque ya estoy muerta?".
¿Cómo resistir a sus lágrimas y a su dolor?, ¿al resentimiento por su madre guardiana, que se esfumaba con cada lágrima derramada?.
Para él, Rose era una niña que abría lo ojos al cruel mundo de los adultos y sobre todo, de los guardianes.
Nunca deseó que fuera así para ella.
Pero se equivocaba.
Rose había debido crecer mucho antes.
Aquel día en que le dijeron que estaba perdiendo el embarazo de las gemelas.
Ese día, dio un salto de consciencia, quitando espacio para terminar de vivir su juventud y comenzar en buena lid su adultez.
Había quemado las etapas sin vivirlas.
No más los devaneos locos de los 14, 15 o incluso 16 años.
Esa Rose ya no existía más.
Había pasado de negarse a sentir, a amar con la fuerza de sus 17 años,
A amarlo para siempre, se dijo ella ese día.
Él se volvió más amable tras ese día.
La evitó menos.
Pero aún había algo tirante entre medio, algo que se rompió tras su secuestro, en Spokane.
Salió de él llorando la muerte de Mase -que repose en la paz, con sus hijas muertas, oraba Rose por él-, y con dos molnijas en su cuello, que ya cargaba con el peso del mundo en él.
Luego sucedió la Maná.
La oscuridad de Lissa.
Y vio a la muerte -a lontananza-, esperando por el alma que ella le iba a entregar.
La de Jesse.
Alma por alma, le decía.
Si no es la tuya, entonces me llevé a tus hijas, a su padre, a éste imbécil, a los strigois que mataste, pero siempre esperaré a la tuya, hija mía.
Dimitri la arrastró a la cabaña, en el borde de la academia.
La llamó por su nombre.
Le rogó que volviera a él.
Sí, a él.
Esas fueron sus palabras.
Las que la hicieron volver.
Y le suplicó con la mirada que se lo demostrara.
Que la amara, que se quedara con ella.
Dimitri era hombre, claramente.
Y ella, joven y fresca y hermosa.
¿Qué creen que pasó?.
Tuvieron sexo, claro.
Para Rose, fue hacer el amor.
Para él, posiblemente un revolcón.
Fue su primer hombre, su primera vez, su primera experiencia sexual.
Y fue cuándo todo se enganchó, al final.
Luego él dijo que corriera, y gritara Buria.
El ataque a la academia.
Los rehenes.
El rescate de todos los vivos.
Pero Dimitri no salió de allí con vida.
Y tampoco lo encontraron, para enterrarlo.
Mason le dijo la verdad, aunque doliera.
Él... era uno de ellos, ya.
Dos semanas después, una Rose de 18 años -no una rosa, un rosal, ya-, salió hacia Rusia.
Para cumplir su última voluntad.
Matarlo.
Liberarlo de la oscuridad eterna.
Y el resto fue historia.
Y como en la vez anterior, Lissa jamás lo supo.
Nunca supo de ese amor prohibido por los convencionalismos.
De ese amor que quemaba a su Sk, por el guardián que ella nunca pidió, porque siempre creyó que con Rose le bastaba.
Su egoísmo -absoluto-, le llevó a negarse a usar su magia en él, aunque aún hubiera podido salvarlo.
No lo habría hecho su SK, porque no quería perder a Rose por él.
sip, obviamente difiere el libro, porque Rose cree que él no siente nada.
En su dolor, no hay mas explicaciones.
Y él es un pelmazo, reconozcámoslo.
