Aclaración: Los personajes de esta historia *en su mayoría* no me pertenecen, sólo escribo esto a modo de diversión, sin intensiones de molestar, ni profanar mentes inocentes, ni tirar por el suelo dignidades ni nada por el estilo.

ADVERTENCIA: Bueno, me veo en la obligación de advertir que este capítulo tiene una escena MUY subida de tono, quizás no es lemon o si XD no sé... ya no sé ni lo que abarca la definición de lemon XD, pero... ¡SE LOS ADVIERTO!

Sin más los dejo con la historia...


UN HEREDERO PARA HYRULE


En el capítulo anterior...

Una briza cálida chocó contra sus cuerpos y agitó ligeramente la delicada tela que cubría parte de la cabeza de Link, su mirada encantadora como siempre terminó por atraparla y pronto su razón se fue al carajo.

— Eso nunca lo permitiría —agregó sobreprotectoramente y con la mano que tenía libre tiró el velo que cubría el rostro del chico y pasando por alto la sorpresa en su rostro, lo jaló para besarlo apasionadamente, allí en medio de la ciudadela y delante de miles de personas.

— ¡Oh cielos! ¡La Princesa es gay! —Se escuchó que alguien entre la multitud exclamaba, seguido de miles de murmullos que parecían ir en aumento.

— Creo que deberíamos decirles que...

— No digas tonterías Shad, ¿A quién le importa lo que parezca? ¡Se ven adorables! —Suspiró Ashei con ojitos soñadores admirando la "perfecta escena".

Porque al parecer Link también se olvido que aún vestía de doncella Gerudo y que estaban en medio de la plaza llena de gente, besándose con la mujer que sin duda alguna le quitaba el aliento.

Probablemente esta escenita traería más de algún malentendido.

Después de todo a ojos de los ciudadanos, la Princesa se estaba besando con "otra chica" y Link el día anterior... bueno... él había declarado públicamente que era un pedófilo al estar de novio con una menor de edad.

¿Había algo de malo en todo eso?

Seguramente pronto lo descubrirían...


.-.-.-. Capítulo 14: Perfume Afrodisíaco .-.-.-.


A veces los segundos se convierten en horas y los minutos parecen una eternidad y hay veces... en verdad hay veces que deseamos que esos instantes que rememoramos en nuestras mentes duren como si el tiempo fuera infinito y los límites inquebrantables del espacio se desmoronaran sin más...

Y hoy... hoy casualmente era uno de esos días.

Un día tan extraño y lleno de "particularidades" no podía terminar normal... claro que no.

— Link —Le susurró ella muy sensual junto a su oído, respirando entrecortadamente mientras sus manos bajaban recorriendo el torso desnudo del muchacho, quien se estremecía con cada roce, con cada suave caricia que ella le otorgaba al avanzar por su piel ligeramente humedecida.

El vapor inundaba la habitación creando una cálida y a la vez sofocante atmósfera, una que los envolvía como si fuera un sueño, extraño... pero placentero.

Estaban atrapados en uno de los baños de visita que había a lo largo del castillo, bueno... técnicamente él era el atrapado. Zelda quien había estado actuando "rara" junto a muchas otras muchachas del palacio; se había fugado del comedor para alcanzarlo en el baño, donde él se había estado dando una rápida ducha para quitarse parte de la tarta que le había aventado "casualmente" una de las sirvientas.

— Zelda... nos están... —ahogó un quejido placentero mordiéndose su labio inferior al sentir como la lengua de ella recorría lentamente su cuello— nos están... esperando —terminó a duras penas mientras se aferraba al lavamanos al mismo tiempo que sentía como el cuerpo de su compañera se pegaba al suyo semi-desnudo.

— Pueden esperar... —mordió suave y lentamente parte de la piel desnuda del cuello del joven guerrero, quien seguía insistiendo con un esfuerzo muy vano y poco convincente de detenerla— pueden esperar un poco más —Insistió sintiendo como su respiración entrecortada parecía dejar en evidencia lo rápido que galopaba su corazón en su pecho.

En verdad no entendía bien que diantres le estaba sucediendo, pero definitivamente después de ese peculiar encuentro con el maestro de educación sexual, algo... algo había cambiado en Link y por alguna misteriosa razón al estar en su compañía sentía una imperiosa necesidad de tocarlo... de sentirlo... de estar cerca... aún más cerca. No podía detenerse... tampoco es que quisiera, ni mucho menos que estuviera tratando de ponerle alguna traba a esa exótica sensación de "calentura" que de un segundo a otro pareció unificar ese profundo afecto que le tenía con un mezquino y lujurioso deseo de poseerlo. Pero...

¿Por qué tenía que ser ahora?

¿Por qué no esperar a que anocheciera?

¿Qué demonios tenía Link ahora que estaba nublando su razonar y dejando que sus más íntimas añoranzas se hicieran realidad en un juego peligroso e incitante?

El tiempo corría y pronto sus invitados notarían la ausencia de sus anfitriones y... pasaría lo inevitable.

¿Cuánto tiempo tendrían?

¿Cuál sería la mejor forma de aprovechar esos segundos a solas?

Sonrió.

Sus manos dejaron de moverse, por primera vez en todo el tortuoso trayecto se habían topado con un obstáculo, uno que estaba dispuesta a eliminar, más aún a sabiendas que él estaba tan excitado como ella, podía sentirlo... podía sentir el miembro endurecido de su pareja contra su cuerpo, el que seguía moviendo sobre él lenta y provocadoramente en una danza muy alejada de la cordura.

Link se tensó al sentir como su cuerpo ahora caliente rozaba el de su mujer, quien no le daba espacio, ni respiro. Y a pesar de lo extraño de las circunstancias y la prisa que parecía llevar, lo estaba disfrutando. El sólo hecho de tenerla tan cerca encendía sus más profundos anhelos y... algo más.

Y presa de ese creciente deseo, sus manos recorrieron la espalda de ella, aún sobre esas molestas prendas que ahora más que nunca sentía que le estorbaban en demasía, pero sin pensarlo demasiado y abusando de lo extremadamente apremiante de las acciones de ella, se aventuró a bajar más, apoyando una de sus manos justo sobre la zona donde comenzaba su espalda y terminaba la exquisita curvatura de sus glúteos.

— Te deseo —Agregó ella en un tonito excitante, tratando de expresar con palabras aquello que su cuerpo ya no podía soportar.

Link se paralizó, sintiendo que un hueco profundo y asfixiante se había formado en su pecho, aquello no podía ser real... no podía estar despierto ¿o sí?

¿En verdad estaba sucediendo?

Pero por más que intento corroborar de alguna manera que aquello que estaba sucediendo fuera un sueño... la lógica, el tiempo... este increíble instante... aquella agobiante atmósfera cargada de humedad... este insoportable calor y ella... moviéndose sobre él, le decían que aquello que sentía era real, tan real y tangible como poder sentir entre sus temblorosas manos la perfecta figura de la doncella.

Pero...

¿Cómo habían llegado a esto?

¿Qué había pasado que había mandado por la borda la mesura de su joven esposa?

Trató de pensar... en verdad trato de hacerlo, pero todo en conjunto le estaba impidiendo recordar con claridad.

Y aunque Link no pudiera recordar que demonios había pasado, la autora de esta alocada historia si desea hacer una breve pausa y retroceder momentáneamente en el tiempo y empezar desde el momento en que la pareja y compañía habían vuelto al castillo después de su "breve" aventura por la ciudadela...

Después del escándalo que se había armado en la plaza de la ciudad. Shad, quien en ese momento era el más cuerdo del grupo, insistió que debían regresar al Castillo. Y aún a pesar de negarse, Ashei y Zelda terminaron cediendo ante la petición de sus parejas al recordar que originalemente esta visita a la ciudadela tenía un objetivo, el cual por alguna"misteriosa" razón todos los presentes habían olvidado.

No tardaron demasiado en llegar al castillo, y una vez dentro se habían separado, Zelda había marchado en búsqueda de su padre, Ashei y Shad quienes no querían involucrarse más de la cuenta en el asunto, habían decido ir hasta una de las salas de estar donde esperarían a Link y a Zelda, y Link estaba decidido a cambiarse de ropa de una vez por todas.

Iba con prisa y distraído, como siempre, y por eso no le sorprendió demasiado chocar de frente con alguien a quien evidentemente no había visto.

Lo siento —se disculpó rápidamente, pero el horror hizo que su habitual sonrisa se reemplazara por una mueca extraña y asustada.

Justo te estaba buscando —el hombre sonrió sugerentemente, complacido de ver al muchacho justo frente a él.

Que cosas… yo… —estaba nervioso, de verdad no quería estar a solas con "ese sujeto" — yo… tengo… bueno… hay cosas que tengo que hacer. Discúlpeme.

Trato… en verdad trato de escapar, de alejarse de las garras de ese extravagante hombre, su… no muy querido profesor de educación sexual, el mismo que lo había metido en más de un lio hasta ahora.

No con tanta prisa muchacho —lo detuvo sujetando uno de sus brazos y sonriéndole afablemente— el Rey espera muchas cosas de ti y yo… yo aún más.

Tragó saliva, sintiendo esa extraña aura del hombre justo tras sus espaldas. Debía escapar… debía alejarse de ese lugar ¡ahora!

Por alguna misteriosa razón tenía un mal presentimiento, no quería ni verle la cara, sabía que le sonreía… sabía que era raro… sabía que era gay… y… ¡sabía que él era hombre y estaba en peligro porque el tipo le tenía ganas!

Estoy casado —dijo rápidamente poniéndose totalmente rojo, respondiendo como si el profesor se le hubiera acabado de confesar.

El hombre soltó a reír divertido y jalando un poco al muchacho lo apremió a seguirlo.

Claro que sé que estas casado —volvió a sonreír— pero hay quienes creen que necesitas un empujoncito.

¿Empujoncito? ¡¿De qué demonios le estaba hablando?! ¡¿Qué demonios era lo que quería ese sujeto de él?!

De pronto se imaginó la grotesca idea de estar en un cuarto a solas con el profesor de educación sexual, mientras el hombre le hacía un baile raro y le mostraba como debía "ponerlo" correctamente.

No… estoy bien… de hecho estoy súper bien —insistió Link poniéndose tenso, no queriendo avanzar, esas raras imágenes no salían de su cabeza— Zelda y yo… bueno… estamos bien…

¿Ya consumaron su matrimonio, no?

Link trago saliva, sintiendo que esa maldita pregunta lo acosaba desde el día que había formalizado su relación con Zelda. ¿Por qué demonios a todo el mundo le importaba tanto si ellos habían tenido sexo o no?

Claro… la Princesa ya se lo confirmo el otro día, ¿recuerda que bridamos?

Todavía no se volteaba, ni mucho menos había avanzado, pero el hombre había dejado de jalarlo, aunque aún lo tenía bien agarrado de su brazo.

Vaya… eso es curioso ¿sabes?

¿Qué quiere decir?

No quería preguntar, no sabía ni siquiera porque lo había hecho… pero aquello había sido el comienzo se sus problemas…

Estúpida bocota, ¿Cuándo aprendería que a veces es mejor guardar silencio?

Si la Princesa hubiera perdido su virginidad, no se hubiera convertido en niña.

Link tragó saliva…

¡El profesor lo sabía TODO! ¡Ese maldito enfermo los había puesto a prueba!

Está loco —murmuró volteándose por primera vez para enfrentar la sonrisa de ese extravagante sujeto.

No, mi querido pupilo —se acercó un poco más— eres tú el que va a enloquecer si no liberas toda esa tensión... Deseas a la Princesa, ¿verdad?

¿En verdad estaban conversando esto?

¿De verdad tenía que responder?

Más que nada en este mundo —respondió con seguridad, sin siquiera saber porque demonios se había molestado en hacerlo.

Eres un chico noble, tienes el valor suficiente para reconocerlo, pero para conseguir lo que anhelas debes dejarte llevar por tus instintos y anular tú razón.

¿Soy yo el responsable de esto?

Aquello nunca lo había meditado, nunca se lo había cuestionado en realidad. Siempre había creído que eran terceros los que acaban con lo que comenzaban, pero… ¿y si era él el culpable de todo esto? ¿si no tenía el suficiente valor para hacer suya a la mujer que amaba? ¿existiría algo de verdad en todo eso?

Puedo ayudarte —insistió el sujeto metiendo una de sus manos entre su túnica, como si buscara algo.

No… no necesito ayuda —se soltó del agarré de un solo tirón, ya estaba harto de esto, estaba cansado de que todo el mundo lo cuestionara, de que todo el mundo se metiera en su relación con Zelda, de que la mitad de la ciudad pensara que era un pedófilo y… definitivamente estaba harto de tener que seguir conteniendo sus deseos— no necesito la ayuda de usted y de nadie… Zelda es la Princesa de Hyrule y la mujer más importante en mi vida, no dejaré que ni usted, ni nadie vuelva a ponerle sus manos encima ¿entiende?

El hombre soltó una fuerte carcajada.

Eres increíble —sonrió y entonces extendió un frasquito justo frente al chico y apretando un diminuto mecanismo hizo que lo que fuera que contuviera el frasco saliera de el de forma de aspersor, liberando el líquido como diminutas gotitas que cayeron sobre el rostro del chico.

Link sacudió su mano frenéticamente delante de él, y cerró sus ojos de forma instintiva. Aquello que el hombre le había lanzado no tenía olor alguno, pero aun así penetro sus fosas nasales y lo hizo toser al mismo tiempo que trataba de alejar un extraño picor en la garganta.

¡¿Qué diantres me…?! —Se cayó de golpe al notar que el misterioso profesor de educación sexual había desaparecido.

Asustado, se pasó las manos por el rostro y luego miró sus palmas, esperando encontrar algo raro en ellas, pero no había nada. Luego agitó su cabeza y corrió por el corredor en dirección a la sala de estar donde lo estaban esperando sus amigos, pero se detuvo al cruzarse con uno de los muchos espejos que habían esparcidos por el castillo.

Todo está bien —se sonrió ya más calmado, sintiendo que en verdad su temor era injustificado y que realmente el profesor sólo había querido molestarlo.

Volvió a avanzar ahora respirando más tranquilo, sintiendo que realmente nada malo podría ocurrir a estas alturas.

O al menos eso fue lo que creyó.

Se detuvo frente a la puertecita que mantenía esa sala de estar independiente del corredor y tocando un par de veces ingreso justo después de escuchar un "adelante" como respuesta desde el interior del cuarto.

¿Y Shad? —Fue lo primero que atino a preguntar Link al ver que en la habitación sólo estaba Ashei.

Fue a buscar a la Princesa Zelda —respondió desinteresadamente aún sentada en el sofá— ¿Y tú? ¿Pensé que ibas a cambiarte?

Oh bueno —sonrió tontamente mientras se rascaba la cabeza— creo que lo olvide por el camino.

¿Te sientes bien? —se levantó, Link estaba actuando algo extraño a su parecer.

Sí, claro —vio como ella se acercaba y se sobresaltó al sentir como la puerta se cerraba justo tras de él por la suave brisita que se colaba por las ventanas de la habitación y hacía una corriente en combinación con las que se movilizaban por el pasillo.

Estaba a tan sólo un metro de distancia de Link cuando algo extraño empezó a molestarle, algo… algo muy extraño empezó a hacer que su pulso se acelerara repentinamente. Y por seguridad ante esa extraña sensación, se detuvo.

¿Ashei?

¿Te hiciste algo, no?

¿Qué?

La chica lo estaba observando intensamente, pero no se había movido del lugar donde se encontraba, aunque sí pudo notar como acercaba lentamente una de sus manos a la empuñadura de la espada que tenía colgando de su tahalí, el mismo que estaba bien sujeto al cinturón de cuero que usaba.

Tienes… algo —no sabía como explicarlo, había algo en el Hyliano que le parecía totalmente diferente.

Si, esta estúpida ropa que aún llevo puesta —bromeo tratando de eliminar la tensión de una situación que por alguna razón alertaba sus sentidos.

No seas imbécil.

Tragó saliva, Ashei era una mujer peligrosa… y quizás con sus comentarios la estaba molestando, o al menos eso parecía por la mirada tan penetrante que le estaba dedicando y con esa sátira en cada silaba que se escapaba de su boca. Pero ella volvió a avanzar una vez que su mano ya estaba sobre la empuñadura de su arma.

¿Por qué no vamos a buscar a Shad y Zelda? —sonrió tontamente y se volteó dándole la espalda, pero estaba alerta, demasiado alerta.

Y cuando creyó que esa situación no podría estar peor paso lo inesperado…

Ashei se abalanzó sobre él, blandiendo su espada. Link se giró justo antes que el ataque de la chica lo alcanzara y retrocediendo un paso sintió como la punta del filo del arma de la castaña rosaba su torso y cortaba la tela de su "peto" como si fuera papel.

¡¿Qué demonios te pasa?! —Exclamó viendo como el petito caía al suelo dejando su torso totalmente descubierto.

Pero ella no respondió y volvió a atacarlo. Link esquivó nuevamente la espada de la muchacha y corrió para alejarse de ella, dando un brinco sobre el sofá se ocultó justo detrás. Con prisa se quitó las mangas de su traje y las unió, debía quitarle el arma a la muchacha, de otra forma no podría acercarse.

Link —lo llamó en un tonito extraño.

El rubio salió de su escondite y se abalanzó contra ella con su "infalible" arma de telita, y sin saber cómo demonios lo hizo, esquivo nuevamente su espada y al mismo tiempo consiguió juntar las muñecas de Ashei con la tela para obligarla a soltar su arma, la misma que con una de sus manos consiguió clavar en el suelo para que ya no fuera un problema. Pero entre todo el forcejeo se fueron de bruces al suelo y Link cayó sobre ella.

Lo siento mucho —se disculpó avergonzado y trató de incorporarse, pero por extraño que pareciera ella no dejo que lo hiciera— ¿Ashei?

Hay algo —murmuró cerrando sus ojos mientras se acercaba un poco al joven para…

¿Olfatearlo?

¡¿Qué?! —Asustado se separó de la muchacha, cayendo sentado nuevamente al suelo.

Ashei se incorporó y con una mirada extraña, como algo hipnotizada, avanzó por el suelo aún con sus muñecas atrapadas.

No me había fijado antes —le dijo muy suave, casi como si le estuviera diciendo un secreto— pero… tienes un torso muy atractivo.

¡¿Qué?! —Link se horrorizó al escuchar aquellas palabras.

¡¿Qué demonios estaba pasando?!

Deberías liberarme, quizás pueda enseñarte un par de cosas —le sonrió sugerentemente.

Link se estremeció al ver esa sonrisa, nunca la había visto así, de hecho… no tendría porque estar viéndola así.

¿Te golpeaste la cabeza o algo? —Todavía buscaba una razón lógica a ese extraño comportamiento en la muchacha, pero ella ya lo había alcanzado y había pasado sus brazos atados por su cuello, aprisionándolo.

Hueles muy bien —le confesó como en trance, acercando nuevamente su rostro al cuerpo del chico sintiendo que algo en su interior se agitaba fuertemente.

¡¿Qué?! ¡¿En verdad le había dicho eso?!

¡Cielos! No podía creerlo, en verdad no podía creerlo, casi se le paralizó el corazón al escucharla, no sabía que pensar… lo único que sabía es que esto estaba mal… muy mal.

Ashei... no estás bien murmuró empujándola para alejarla de él, pero por más que lo intentaba no lo conseguía, ella se esforzaba por mantenerse cerca.

¿Qué podía hacer para hacerla entrar en razón? ¿Habría bebido algo raro?

¡¿Qué estaba pasando?!

Fue entonces cuando el típico sonidito de la puerta abriéndose alertó a los jóvenes, Link se levantó como pudo con la castaña aún colgada a su cuello.

En ese momento todo pareció movilizarse en cámara lenta y presa de su desesperación se vio obligado a tomar medidas extremas, explicar lo que estaba pasando no cabía dentro de sus posibilidades… claro que no.

Con rapidez agarró los brazos de la chica y con algo de brusquedad se la quitó de encima, soltando de paso el nudo corredizo que ataba las manos de la castaña y cuando sus brazos estaban libres la tomó entre sus brazos y literalmente la lanzó hacia el sofá, haciendo que ella cayera con fuerza, pero por suerte el acolchado del objeto había amortiguado esa caída. Con una fugaz mirada a la puerta se despidió del tiempo que ya no le quedaba y sin pensar se tiró un piquero al suelo para recoger la espada con la que la chica lo había atacado en un comienzo y que ahora estaba clavada al suelo de madera como si fuera una estaca.

¿Ya le disté una ojeada el libro que te presté?

Claro sonrió mientras abría la puerta y apoyaba su mano para darle amablemente el paso a la Princesa. La botánica es fascinante.

Siempre consideras todo fascinante —bromeó.

La joven soltó una risita cubriendo su boca con el dorso de su mano mientras ingresaba en la estancia, inclinando ligeramente su cabeza, agradeciendo la amabilidad del pelirrojo.

¿Link? Preguntaron al mismo tiempo viéndolo de "guata" en el suelo, con la cabeza totalmente estampada en la espada que al parecer había frenado su caída y seguía perfectamente clavada al piso.

¡Chicos! Los saludo haciéndose el tonto mientras se sentaba ocultando el dolor que en verdad sentía con el "piquero" que se había dado contra el suelo ¿Qué tarde más calurosa, no? Sonrió tontamente, sintiendo como una pequeña gotita de sudor frío se deslizaba por su frente.

Pues... si Shad estaba confundido y no podía dejar de reflejarlo en la expresión que tenía ahora en el rostro aunque… pensé que habías ido a cambiarte de ropa.

¡Oh eso! Volvió a sonreír bobamente rascándose la cabeza—. Me cruce con el maestro de educación sexual por el camino y al huir olvide que me iba a cambiar no era necesario mentir en ello, porque era justamente eso lo que había pasado... el problema era lo que sucedió después.

Entiendo —murmuró llevando una de sus manos a su mentón, reconociendo aquel peculiar objeto que estaba "clavado" al suelo— ¿Por qué la espada de Ashei está en el suelo?

¡Mierda!

Era justo uno de los temas que no quería tocar, pero no había alcanzado a sacarla del suelo, por lo que tenía que inventar algo… debía hacerlo.

Oh... eso Ashei sonrió un poco atontada, extraño en ella.

¡Se cayó! ¡Cuando entre al cuarto casualmente la asuste y se cayó la espada! Eso si era una mentira, pero se había atropellado en interrumpir lo que Ashei iba a decir para que no metiera la pata. En realidad… era demasiado improbable que la espada quedara clavada en el suelo, así como si nada, pero… no podía reconocerles que ella había intentado atacarlo y luego…

Si tan sólo pudiera entender que era lo que estaba pasando.

Hasta ese momento Zelda casi no había hablado, su mirada se había quedado pegada en Link, en ese torso descubierto... recorrió meticulosamente con su mirada cada rincón, cada cicatriz... cada marquita que poseía y que a su parecer lo hacían ver hoy... por alguna extraña razón... muy atractivo.

Ciertamente esta sensación molesta la había tenido antes, ese pulso que comenzaba a acelerarse con cada segundo que pasaba, pero... pero no recordaba haber sentido una necesidad tan imperiosa y ahogante como ahora, no sabía porque... pero... quería... no... no quería... necesitaba ¿morderlo?

¡¿Qué demonios le pasaba?!

Siempre lo había deseado... no podía negarlo, pero ahora había algo en él que la tenía... este... caliente.

Desvío su mirada tratando de controlar ese impulso primitivo y sórdido, eso no era propio de una señorita. No de la mismísima Princesa de Hyrule, ungida bajo el halo protector de las Diosas, heredera del poder de Hylia. Y ahora... ahora era una simple mortal sintiendo algo tan obsceno y mundano como el deseo.

Ashei agitó su cabeza reaccionando por primera vez, notando aquel trance que la había envuelto en una vergonzosa situación... demasiado vergonzosa. Se sonrojó sin poder evitarlo y trató de respirar más normal, pero aún Link le parecía estúpidamente atractivo.

Shad lo llamó la pelinegra tratando aún de recuperar la cordura creo que sería bueno dar una vuelta.

¿Ahora? Preguntó un tanto extrañado. ¿No íbamos a comer pastel? Ashei nunca perdía la oportunidad de comer algo dulce y delicioso.

Creo que Link tiene razón se levantó respirando ya un poco más normal, acercándose al pelirrojo hace calor, deberíamos tomar el fresco —insistió no dispuesta a verse envuelta nuevamente en otra situación extraña, de verdad necesitaba alejarse del rubio ¡Ahora! ¿O quizás el letrado sugiere otro plan para lo que queda de tarde? Le sonrió con una mirada coqueta, ya estaba justo delante de él y sujetándolo del pañuelito que tenía bien acomodado en su cuello, adornando su fina camisa, lo jaló— creo que los recién casados necesitan un minuto a solas —le susurró viendo como la Princesa contrariada, observaba a su pareja y luego desviaba la mirada con las mejillas bien enrojecidas.

Oh… claro —sonrió divertido al "comprender" la situación— hace calor aquí… será bueno dar una vuelta —le sonrió y tomando su mano, la jaló suavemente hacia él para acercarla— o podríamos aprovechar este calorcito —le susurró muy bajito junto a su oído.

Ella se sonrojó al escucharlo, pero avergonzada como estaba golpeó con uno de sus codos las costillas del pelirrojo, quien quejándose del golpe la liberó y observó con reproche al mismo tiempo como diciendo "¿Y qué hice yo?".

No te pases te listo —lo sermoneo cruzándose de brazos y empezando a avanzar— ¡Nos vemos al rato chicos!

¿Y no había sido ella la que había iniciado con las indirectas?

Definitivamente entender a las mujeres era todo un desafío. Pero encogiéndose de hombros y resignado decidió abandonar la estancia, cerrando la puerta tras de él, para dejar definitivamente solos a Link y a Zelda.

Ashei respiró profundamente en medio del pasillo, sin dejar de avanzar, como si aquel aire fuera indispensable para seguir avanzando.

¿Sucede algo malo? —Le preguntó su compañero intrigado del extraño comportamiento en ella.

Ashei le dedicó una mirada curiosa, pero al ver su rostro preocupado y sus bobos lentes enmarcando esa miradita sintió esas "típicas" mariposillas traviesas en su estómago, y entonces sonrió divertida al descubrir que todo en ella parecía haber vuelto a la normalidad, ahora lejos de ese maldito cuarto, había dejado de sentir esa rara atracción física hacia el rubio y volvía a recuperar ese sentimiento que la traía como adolescente cuando estaba junto a Shad.

Nada de qué preocuparse —se adelantó, acercándose repentinamente para robarle un fugaz beso en sus labios, dejando atontado a su intelectual acompañante—. Pero quizás… aún puedas hacer algo para sorprenderme —sonrió con un aire coqueto, dándole la espalda al mismo tiempo que seguía avanzando.

Shad, quien había quedado de piedra de un segundo a otro, la observó como en trance mientras ella se alejaba, y luego de unos segundos consiguió reaccionar y agitando su cabeza, se apuró para alcanzarla y abrazarla por la espalda cariñosamente.

Podría intentarlo —le dijo junto a su oído justo antes de voltearla para poder quedar frente a ella y así, besarla.

Quizás si estaba haciendo algo de calor.


Link se incorporó, incómodo del silencio que se formó entre ellos desde el momento en que sus amigos habían abandonado la estancia. Pero en verdad no sabía como iniciar esa conversación.

Por alguna razón que aún no comprendía, Zelda se esforzaba por evitar su mirada, una y otra vez. Era como si le viera algo raro o como si su presencia la perturbara de una forma extraña.

¿Acaso ella también intentaría atacarlo como Ashei?

¿Había algo malo en este cuarto?

Observó a su alrededor tratando de descubrir algo anormal en esa sala de estar, pero todo parecía curiosamente en orden.

Suspiró.

No podía seguir manteniendo este silencio, no podía seguir como idiota ahí en el suelo mirando a su esposa parada justo junto al umbral de la puerta como si fuera una extraña.

Zelda —la llamó suavemente al tiempo que se levantaba.

La chica inevitablemente al escucharlo volteó para mirarlo, consiguiendo que sus miradas se cruzaran en ese preciso instante.

Su corazón dio un fuerte brinco y sus mejillas enrojecidas parecieron evidenciar su creciente nerviosismo. Y lo que era peor aún… él se estaba acercando a ella.

La mirada vibrante de la muchacha lo cautivo sin lugar a dudas, aquellas bonitas facciones se le hacían coquetas con esa coleta juguetona con la que mantenía su largo cabello atado, le parecía linda… aún con esas ropas que vestía para él ella era indudablemente hermosa.

¿Tengo algo raro? —Preguntó finalmente parándose justo frente a la Hyliano, quien mantenía sus ojos bien abiertos, con ese brillito único e intrigante que lo tenía sin lugar a dudas, algo preocupado.

Creo que soy yo la que tengo algo raro —sonrió tímidamente, aun mirando al chico, tratando de controlarse.

¿Te sientes bien? —Volvió a preguntar acortando esa distancia que los separaba, apoyando su mano sobre la frente de la muchacha, creyendo que quizás ella estaba afiebrada, sus mejillas seguían muy enrojecidas y podía ser esa la explicación.

Link —tembló ligeramente al verlo tan cerca de ella, observando inevitablemente su torso desnudo, olfateando aquella fragancia única y enviciante que por alguna razón emanaba del cuerpo del muchacho.

Cerró sus parpados y se acercó un poco, apoyando sus dos manos sobre los pectorales del guerrero, mientras su rostro se ocultaba en el cuello de Link.

¿Qué sucede? —Le preguntó aún más preocupado, sujetándola suavemente desde su cintura, sintiendo como ella recargaba su menudo cuerpo sobre el de él.

Hace calor… —susurró sintiendo que aquello que estaba tratando de controlar se estaba saliendo de control— y… tienes un aroma irresistible.

Y poco después de decir esas palabras comenzó a depositar besos menguados y lentos sobre los hombros del muchacho, mientras suspiraba plácidamente.

Link se tensó al sentir lo que ella hacía, nuevamente por alguna extraña razón ahora su esposa estaba actuando algo "extraña". Es más… ella también había mencionado aquella curiosa frase que la castaña también había citado.

¿Qué demonios tenía?

Pero no alcanzó a indagar demasiado en aquella "filosófica" pregunta existencial, porque aquellas tímidas caricias que le otorgaba los labios de ella, prontamente comenzaron a adquirir un carácter algo más enardecido. Ella mordió suavemente la piel de su cuello, consiguiendo ponerle la piel de gallina. Pero a pesar de que aún parte de él tenía esa extraña sensación de que algo "raro" pasaba, decidió que cuestionarse aquello en un momento a solas con ella era algo estúpido.

Aunque aquello que comenzaban tan bien no pudo dar buen término, porque nuevamente alguien tocando la puerta interrumpía aquel magnífico instante a solas que estaban teniendo.

No importa —le susurró el sujetando el rostro de la muchacha, buscando a tientas sus labios, ansioso. Deseoso de poder besarla. Había cerrado sus ojos para poder disfrutar en su totalidad de aquellas caricias que ella le proporcionaba.

Sus labios se juntaron en un acalorado beso, y entre suspiros sosegados, volvieron a escuchar la maldita puerta que tenían justo al lado de donde ellos estaban parados.

Link… la puerta —agregó ella entre besos.

En verdad odiaba las puertas.

Siempre… pero siempre había alguien tras ellas dispuesto a interrumpir lo que sea que ellos intentaran hacer.

Era frustrante… muy frustrante.

Si… lo sé —Volvió a besarla, agitado. Sintiendo que parte de él se iba con ella con el sólo hecho de pensar que tendrían que volver a cortar este momento — no quiero… abrir.

Y la puerta volvió a sonar.

Link… por favor… —pero no estaba oponiendo ningún tipo de resistencia, sólo se limitaba a seguir respondiendo los besos de él mientras recorría con sus manos la cálida piel del joven, sus músculos firmes y su piel ligeramente erizada.

¿Siempre tiene que ser así? —Le preguntó haciendo uso de un último esfuerzo, para conseguir romper ese beso y centrarse en la dichosa puerta—. Yo abro… espérame un momento ¿sí?

Zelda le sonrió dulcemente, y asintió con la cabeza. Y haciéndose a un lado vio como él avanzaba para abrir la puerta.

¡Sorpresa! —Exclamó el hombre emocionado justo detracito de la joven sirvienta que estaba ahora de frente a Link. Había extendido sus manos, y aplaudía animosamente desde que la puerta se había abierto.

¿Majestad?

Eso era lo último que faltaba.

¿Papá? — Zelda se acercó al escuchar la voz de su padre, no entendía que hacía ahí.

Esta bonita señorita —apoyó sus manos sobre la sirvienta mientras hablaba, la joven sostenía a duras penas un platito con varios trozos de pastel— me comentó que iban a tomar el té con sus amigos y unos pasteles… y… nadie me invito —realizó un puchero, y luego soltó a reír divertido al ver la perplejidad en los rostros sonrojados de Link y Zelda— ¿Interrumpo algo?

¡No! ¡Claro que no! —Exclamaron al unísono sonriendo nerviosos, casi sintiéndose descubiertos una vez más.

La sirvienta, tembló otro poco respirando con algo de dificultad viendo al joven con todo el torso descubierto, siempre le había parecido atractivo, sin lugar a dudas envidiaba la suerte de la Princesa, pero… hoy… hoy tenía algo muy… demasiado… atrayente.

Nerviosa, sintió como el plato se agitaba entre sus manos y tratando de contenerlo, avanzó un paso viendo con horror como el plato y los trozos de torta se iban contra el chico, quien al intentar sujetarla para que ella no cayera, terminó sintiendo como la crema y el betún se escurría por su torso desnudo y poco después se escuchaba como el plato se hacía añicos en el suelo.

¡Lo siento mucho! —Se disculpó totalmente avergonzada queriendo quitar con sus manos la tarta del cuerpo del chico.

Pero Zelda se le adelantó, y pasando su dedo por el torso manchado del chico se llevó una probada a su boca y sonriendo agregó.

En verdad estaba muy buena.

Link se sonrojó a más no poder y observando aún avergonzado al Rey quien seguía sonriendo divertido, decidió que ahora sí tendría que cambiarse de ropa.

No se preocupe señorita, vaya por otros trocitos… la esperaremos en esta sala —en verdad el soberano de Hyrule no se veía muy estresado por el desorden.

¡Iré a darme un baño! —Exclamó Link separando a su mujer de él, que parecía nuevamente haber entrado en un raro trance y de verdad no quería que se pusiera "cachonda" justo frente a su padre— ¡Volveré enseguida! ¡Espérenme aquí!

Fue así como Link se separó del Rey y la Princesa.

Ejem...

Bueno después de esta no muy "pequeña" pausa y regresando al baño de visita donde Link y Zelda estaban...

¿En que nos habíamos quedado?

¡Ah sí...!

Algo caliente estaba pasando.

— Te deseo.

Le repitió nuevamente con el mismo tonito excitante, eliminando la cordura del joven que aún no encontraba una explicación lógica para aquella maravillosa fantasía que estaba viviendo, que estaba sintiendo en carne propia y que la misma joven se estaba encargando de hacer realidad... una realidad tan tangible como maravillosa.

Le encantaba sentirla sobre él, excitada y agitada, tanto que podía percibir en cada actuar ese deseo incontenible que le estaba profesando.

La Princesa volvió a hacer uso del descaro inapropiado que se había apoderado de ella, y olfateando deseosa la exquisita piel, cálida y húmedo de Link, volvió a besar su cuerpo anhelantemente, mientras una de sus manos se apoyaba sin recato alguno sobre el miembro endurecido del chico, frotándolo suave e insistentemente y su otra mano buscaba una apertura para deshacerse de una vez por todas de esa toalla mojada y molesta.

Link gimió sin poder contenerse, y agitado como estaba, con el corazón pendiendo de un hilo trato de articular alguna frase...

— Zelda... espera... —En verdad su boca no estaba coordinada con su cuerpo, porque este le decía una cosa, mientras su cabeza le gritaba otra— ¿Estas... digo ... te... te sientes... bien?

¿En verdad era tan estúpido como para ponerse a buscar lógica en algo que ni en sus más lujuriosos sueños hubiera imaginado?

¡¿Qué demonios le pasaba?!

Si Zelda estaba así de excitada la lógica le dictaba que él como buen macho recio que se respeta debía estar a la altura de su amada y darle rienda suelta a ese alocado y caliente instante que tanto había deseado... pero... ¡No!

Sólo a él se le podía pasar por la cabeza que había una razón oculta tras el repentino cambio hormonal en la Princesa y si así fuera...

¡¿A quién diantres le importaba?!

Estaban casados, enamorados y sentían un profundo y alocado deseo de tenerse de una vez por todas. No estaba pecando en el baño, ni haciendo nada que dictara de lo "normal", ¿o sí?

— En realidad... —comenzó a responder ella sin dejar de moverse— tengo un calor insoportable —le confeso, dedicándole una sonrisa coqueta.

Link trago saliva conteniendo el aliento, esa profunda mirada de ella, clara y hermosa, sus mejillas sonrojadas y sus labios ligeramente enrojecidos por el roce, húmedos y turgentes...

No podía soportarlo... no podía seguir conteniendo este sentimiento que estaba a punto de paralizar su corazón dentro de su pecho.

Ansioso, la jaló con una de sus manos apoyándola en su nuca, justo bajo la coleta que aún sujetaba su claro cabello. Y entonces atrapó esos tentadores labios en un ardiente beso, cargado de deseo, ahogando más de un suspiro; mientras su otra mano bajaba con atrevimiento y apretaba uno de los glúteos de la muchacha con algo de ansiedad y apuro.

Ella, gimió entre besos, y presa de ese creciente deseo, enredo una de sus manos en los cabellos humedecidos del chico jalándolo para sentirlo más cerca, al tiempo que su otra mano sujetaba su miembro erecto, aprisionándolo firmemente, sintiendo como todo en él se tensaba al hacerlo.

Agitados rompieron el encanto de ese apasionado beso, pero ella no se detuvo y volvió a juguetear con su boca sobre la piel erizada del chico, la misma que ahora poseía un colorcito ligeramente enrojecido.

¡Mierda!

No podía pensar, tenía calor, demasiado calor, estaba agitado, había una maldita nube vaporosa caliente rodeándolos por doquier y la tenía justo ahí pegada a su cuerpo, moviéndose como una Diosa... perfecta y armoniosa en cada andar, en cada caricia, en cada enardecido beso que dejaba pequeñas marcas enrojecidas en su piel...

Si ella quería devorarlo... ¿Quién era él para detenerla?

Su respuesta enmarcó una boba y placentera sonrisa en su rostro y con esa única conclusión dejo de pensar.

No paso mucho antes de que la toalla húmeda que había estado protegiendo su hombría; haciendo un pésimo trabajo e de agregar; cayera al suelo, dejándolo finalmente total y absolutamente desnudo, a merced de la Princesa que al notar la ausencia de la prenda, sólo sonrió con un ligero dejo de malicia e inmediatamente comenzó a deslizar sus manos por el muslo del chico, recorriendo lentamente cada rincón.

— Oh... por las Diosas... —agregó temblando al sentir que ella se acercaba a su hombría totalmente descubierta.

— ¿Te gusta?

Su voz ronronearte junto a su oído lo hizo estremecer. Cerró momentáneamente sus ojos jadeando, sintiendo como la yema de los dedos de ella dibujaban pequeños círculos en su entrepierna, y se acercaban peligrosamente a su falo, ardido y firme.

— Zelda —murmuró a duras penas, jadeante y tembloroso— espera... —le rogó interponiendo su mano sobre la de ella, esperando que eso cortara aquella placentera tortura.

Pero la Princesa silenció su vano discurso muy poco persuasivo, juntando su boca con la de él, besándolo suave y amorosamente, jugueteando con su lengua sintiendo como la tensión en él desaparecía y su concentración también, por lo que tan pronto como notó que la mano del Hyliano aflojaba el agarre ella volvió a movilizarse, alcanzando finalmente el miembro del chico.

Link rompió el beso e inclinó su cabeza hacia atrás mientras su cuerpo se tensaba completamente y una sensación indescriptible subía por su cuerpo hasta alcanzar su cabeza.

— No te detengas —le rogó separando un poco las piernas y aprisionando el cuerpo de la muchacha contra el suyo con algo de brusquedad.

Ella sonrió complacida, sintiendo que su corazón daba un vuelco al escuchar sus suplicas acompañadas de jadeos fuertes y constantes. Le fascinaba ver como cada movimiento conseguía una reacción nueva y agitada en él, como mordía su labio inferior contrariado por una sensación que lo estaba dominando, sus mejillas sonrojadas y ese cabello rubio, alborotado y algo estilante cayendo apegado sobre su frente.

¡Demonios!

No podía detenerse... esa piel húmeda y ardiente la volvía loca, su cuerpo varonil y bien tonificado... totalmente desnudo y vulnerable frente a ella, en esos momentos tenía el absoluto control y no pensaba perderlo; fue entonces cuando perdida ante ese acrecentado deseo una extraña y lujuriosa idea se le paso por la cabeza y sin pensarlo…

— Puedo... —canturreo junto a su oído lamiendo lenta e incitantemente la zona tras su puntiaguda oreja— puedo... hacerlo mejor.

¿Qué?

¿Había escuchado bien o se estaba volviendo loco?

Pero no alcanzó determinar aquello antes de que ella volviera a movilizarse, bajando por su cuello hasta su torso, besando cada rincón, mordisqueando sensualmente su piel, sin dejar de mover su mano que le proporcionaba un placer indescriptible y maravilloso, uno que en verdad no creía poder mejorar... pero estaba equivocado...

— ¿Qué... qué haces? —murmuró a duras penas al sentir que ella seguía bajando, llegando con sus besos hasta su abdomen.

Debía detenerla.

¿O no debía?

¡Claro que debía!

Pero... era su esposa... tenía derechos "legales" sobre su cuerpo, técnicamente le pertenecía, quizás aún no había consumado aquel pacto que lo confirmaría... pero ¿quién era él para detenerla?

— Zelda... no tienes...

— No puedo... soportarlo —murmuró mientras apretaba con fuerza el miembro erguido del chico, entre tanto su otra mano se aferraba con fuerza a su muslo, en verdad deseaba hacer esto y mucho más... quería probar todo de él— necesito... sentirte.

Link enmudeció y totalmente rojo con el corazón casi escapando de su pecho vio como ella hincada frente a él se detenía y lo observaba, bueno... técnicamente estaba observando ese órgano viril que poseía. Estaba tan avergonzado que no podía reaccionar.

¡¿Por qué ella lo miraba así?!

Y entonces vio como la Princesa pasaba lentamente la lengua por su labio inferior y luego mordía el mismo en un gesto que no podía ser más lujurioso.

— ¿Zel... Zelda?

Pero no recibió respuesta, al menos no una expresada en palabras, porque dedicándole una última y excitada mirada, con una sonrisa algo maliciosa, dejo en evidencia sus más intimas intenciones. Y entonces la vio acercarse, levantando su miembro con la misma mano que lo sostenía observó como ella inclinaba su rostro y depositaba un suave y curioso beso.

Link volvió a tensarse y cerró instintivamente sus párpados al sentir como luego de ese contacto tímido y recatado ella reemplazaba sus labios por su lengua, subiendo desde su frenillo hacía su glande casi totalmente expuesto.

Un fuerte gemido acompañó cada tortuoso milímetro que ella recorría con ese húmedo y suave contacto, podía sentir como su pene parecía palpitar con cada roce, con cada atrevido andar, pero cuando ella llego a la cúspide, ahogó un grito ronco temblando con fuerza, sintiendo su cálido aliento sobre esa piel extremadamente sensible en su anatomía.

— Princesa... basta... —Suplicó aferrando una de sus manos en la nuca de ella, inconscientemente la estaba jalando hacía adelante cuando en realidad quería alejarla, o quizás... su mano estaba más coordinada con su cuerpo que su propio pensar.

— No parece... que quieras... —sonrió volviendo a morder su labio inferior conteniendo ese deseo que la estaba quemando por dentro— que me detenga —agregó divertida de las contradictorias acciones de él, pero mientras más se aventura, más excitada se sentía.

Y sin esperar respuesta, ahora se apoderó por completo de su hombría, haciendo que el Hyliano gimiera con fuerza cada vez que ella introducía aquel falo ardiente en la húmeda cavidad de su boca, jugueteando con su lengua recorriendo cada rincón, estimulándolo con movimientos rítmicos y eróticos disfrutando de aquellas nuevas e incitantes acciones que sólo conseguían deleitar sus sentidos y excitarla con más fuerza. Deseaba escucharlo gritar de placer, elevarlo hasta más allá de esas sensaciones mundanas y alcanzar aquello que algunos llamarían gloria.

Link se aferró a lo que pudo, y se entregó a aquella deleitante sensación, podía sentir como la boca hambrienta de ella aprisionaba su miembro, mientras su lengua recorría incesantemente su piel erógena, la misma que no podía estar más erecta aumentando con cada segundo esa tensión que lo estaba consumiendo, una sensación extraña comenzó a subir desde su pelvis hasta su pecho mientras su sangre vertiginosa se agitaba con cada acelerado palpitar, no sabía por cuando tiempo iba a poder soportar esa tensión sexual acumulada que ella le estaba provocando, pero si sabía una cosa... y eso era que ella lo estaba llevando directo a la locura.

— No puedo... no puedo más —–agregó a duras penas, consiguiendo alejarla de su miembro justo antes de llegar al clímax, sintiendo como repentinamente se descargaba toda esa tensión en contracciones musculares rítmicas que liberaban aquello que sabía ya no podía seguir conteniendo.

Ella observó como él a duras penas había conseguido girarse para no ensuciarla o al menos eso creyó que era lo que estaba intentando cuando la había alejado tan repentinamente de su cuerpo. Sonrió un tanto enternecida de su consideración, aunque en verdad con el nivel de excitación que tenía, muy poco podía importarle aquello, es más... hasta sentía curiosidad por probar.

¡Demonios! ¡¿Qué es lo que acababan de hacer?!

Agitado respiró con dificultad, sintiendo como parte de esa sustancia viscosa recorría su pierna, y aún avergonzado observo de reojo a la muchacha, que ahora estaba sentada frente a él, apoyando una de sus manos en el piso y la otra cubriendo sus labios, su rostro sonrojado acompañado de esa vibrante mirada y esa jadeante respiración en medio de esa atmósfera vaporosa y asfixiante, le genero una verdadera descarga. Un nudo se formó en su garganta y viendo como el pecho de ella subía y bajaba con un ritmo acelerado, de hincó en el suelo para quedar a su altura y levantando con delicadeza su rostro, sujetando gentilmente su mentón le sonrió y sin ser capaz de articular palabra acortó la distancia que separaba sus rostros y la beso.

Quería transmitirle con ese beso todo lo que sentía, aquel profundo sentimiento que ella despertaba en su interior y que ahora se sumaba a una sensación excitante y exaltada.

Sin notarlo, su cuerpo aprisionó el de ella, y aquello que había comenzado como un cariñoso y algo apresurado contacto entre sus bocas se transformó rápidamente en algo agitado y ardiente. Ya no podía soportarlo más, no le importaba si estaban en el baño, en la sala de estar, en el cuarto del Rey o donde fuera... necesitaba tenerla... deseaba en lo más profundo de su alma hacerla suya, apoderarse con ese beso de su alma y arrebatar aquello puro e inmaculado de su cuerpo uniéndose a ella.

Buscó con algo de prisa quitar aquello que impedía que aquel deseo nacido de algo carnal no fuera sólo un sueño, porque ella aún estaba vestida.

Y entonces cuando al fin había conseguido desajustar el cinturón del pantalón que ella usaba, algo molesto y demasiado predecible lo sacó de ese maravilloso mundo de ensueños.

— ¡Señorito Link! —Lo llamó una muchacha tras la entrada del baño, pero como no recibió respuesta decidió llamar con tres toques sobre la puerta.

— No lo puedo creer —murmuró bajito y frustrado, respirando con dificultad. Probablemente era la misma sirvienta de la sala de estar, al menos su voz sonaba similar.

¿En verdad no podía tener dentro de ese castillo un mísero momento a solas con su mujer?

¿Con quién tenía que hablar para pedir una audiencia privada con la Princesa Zelda por todo lo que restaba de tarde?

— Link... también... deben estar buscándome —agregó ella recostada en el suelo, apoyando todo su peso en sus antebrazos.

El Hyliano miró a su alrededor y sin pensar demasiado lo que hacía abrió a todo lo que daba la llave de la tina, que aún tenía el agua sobre la que él se había sumergido momentos atrás.

La joven tras la puerta escuchó el indiscutible sonido del agua cayendo, pero aquello no era suficiente para cubrir los fuertes jadeos de la respiración del rubio. Ella se sonrojó a más no poder, imaginando al chico en la tina haciendo... cosas de hombres, tomándose su tiempo a solas y ella detrás de esa puerta interrumpiendo. Pero por más que lucho por alejarse y por más que intentó ahuyentar esos pensamientos de su mente, los fuertes latidos de su corazón y una sensación que superaba la curiosidad la obligó a quedarse, esperando escuchar más.

Y en el interior del cuarto de baño...

Link se aferraba a la tina con una de sus manos mientras frotaba su cuerpo con el de ella, buscando siempre no recargar todo su peso en la muchacha, besándola intensamente ahogando los gemidos que se escapaban de la boca de la Princesa.

— Espera... —en definitiva había perdido el control, y el fuerte y viril cuerpo del guerrero parecía buscar más que un simple y apasionado beso— Nos van a...

Pero no pudo terminar la frase, ya que por mas que había intentado contener aquella creciente excitación, no lo conseguía, no después de que el chico consiguiera arrebatar su corpiño e introducir su traviesa mano por entre sus ropas para juguetear con sus endurecidos pechos. Pero sus gemidos también fueron acallados por él, quien había liberado su agarre del borde de la bañera para ocultar la presencia de ella, tapando su boca, dejando sólo para su imaginación aquellas eróticas exclamaciones que sabía ella no estaba conteniendo.

— Necesito tenerte —le suplicó junto a su oído mientras su pelvis chocaba con la de ella en un vaivén extasiante y ardiente.

Fue entonces cuando el agua que contenía la bañera no soportó más contenido e irremediablemente comenzó a rebalsarse, dejando que el líquido cayera al piso, mojando nuevamente el cuerpo de la Princesa ahora con el agua tibia, deslizándose bajo ella, y escurriendo mucha más allá.

Pero aun así ninguno pareció reparar en ello, ya que Link mantenía sus insistentes caricias, sintiendo como la ropa de ella se apegaba exquisitamente a su cuerpo producto de la humedad que absorbía rápidamente, y al mismo tiempo volvía a reemplazar su mano por su boca besándola con desespero.

Con el paso de los segundos paso... lo que tenía que pasar.

El agua que seguía cayendo de la bañera termino de abarcar todo el piso y al no tener contenedor que lo detuviera, siguió avanzando escurriendo bajo la puerta.

La chica que seguía afuera muy avergonzada, notó inmediatamente aquel translucido fluido que se escapada del cuarto de baño y aún escuchando sonidos "peculiares" en su interior, asustada se atrevió a volver a tomar la palabra.

— ¡¿Señorito... está todo bien?!

Adentro la pareja se separó sobresaltada, percatándose por primera vez de aquel desastre que estaban dejando.

— ¡Li...! —Fue rápidamente silenciada por él, quien volvió a cubrir su boca y la sujeto para ayudarla a levantarse.

— Debes escapar —agregó muy bajito y respirando con dificultad. Y al notar que ella parecía calmarse alejó su mano de sus labios.

Estaba empapada, y se veía sexy... muy sexy ante sus ojos con esas prendas adheridas a su cuerpo marcando el ansia de sus pechos y cada maravillosa curva de su cuerpo; ese maldito pensamiento pecaminoso no quería dejarlo, porque en verdad no quería detenerse... en verdad no quería hacerlo.

— Pero...

— Escucha... —sujetó su rostro entre sus manos y junto su frente con la de ella, casi sin procesar lo que estaba a punto de decir— está noche... escaparemos del castillo y terminaremos esto que comenzamos —le prometió.

Continuará...


Bobamente borre los comentarios de autor de este cap XDD, ya ni me acuerdo que decían... estoi de editar y reeditar y volver a editar XDDDD jajajajaja, estupidas faltas ortograficas xD no se quien las invento 9w9 jajajaja

Bueno :) espero que este capítulo calentón haya sido del agrado de todos :), como creo haberlo mencionado arriba, este capítulo forma parte de trabajos que realice para la semana Zelink :D

Antes de despedirme quiero agradecer a todos los que comentaron el capítulo anterior, gracias a Fox McCloude, Zelink 94, LinkJS, Yahab, LordFalconX, Zelink 94, Goodess Artemiss, linkzel s, Sheika 360, Chinitha Marquez, mr fxncy pxnts, chan y Generala, en verdad muchas muchas gracias :D

¡Saludos!