Presente, en NY

Ibrahim oyó -al teléfono-, las explicaciones de Janine sobre el caso, con toda la paciencia de la que era capaz.

Por su Jani y por su Kiz, haría todo lo que estuviera en sus manos.


"¿Así que... seremos abuelos?. ¿Y nuestra Kiz necesita dinero porque son dos?".

Resumió.

¿Esa sonaba a satisfacción en tu voz, Zmey?

"No lo hace fácil, ¿eh?. Así que... ella puede -al menos-, y no por eso del Espíritu. Ok. Aunque puede muchas cosas con eso, me temo... Veamos. Sí. Necesitan un auto. ¡Nop. No insistas!, ¡son nuestros Torum, Janie mi amor!, ¿y cómo pretendes llevar a Rose y a los bebés?, ¿en bus?, ¡no!, y, claro... sí... ¿18 años, dices?. Sí, mi amorcito. Rose dijo lo mismo... ¿250 mil dólares cubrirá esa falta de mi parte?".

Y Janine abrió los ojos como ovnis, y deletreó la cantidad a Rose, que parecía calcular qué hacer con toda esa... ¿mesada?. jeje

" Sólo por ese pago, y no incluyo regalos o nada... Y si te gusta el penthouse, lo voy a comprar, y Tony sólo tiene que seguir pagándolo... la hipoteca no se paga sola, tú sabes... ¿estamos, mi amor?. Ahora, cuando despierte, espero que todo esté listo... deberá estarlo. Lo estará. lo aseguro".

"Eso salió mejor de lo esperado", sonrió Janine -al dejar el teléfono en la mesita-, y miró a Rose. "Todo listo, amor. Anda, vamos a dormir un poco. Baba y Anne están aquí para mimarte. Y a nuestros Torun".

¡Y no había que decirle que durmiera!.

Y lo hicieron por cuatro.

Rose, los dos bebés, y Janine, todos amontonados cuál gallina con sus pollitos.

Gatitos y perritos incluídos.


Pensilvania

La corte moroi

El amanecer del nuevo día trajo el fin de la cuarentena de... ensayo en la Corte.

Y mucho alivio para su reina y su Capitán General.


"¿Nada, Croft?", suspiró la reina.

"Nada".

"¿Y?, ¿entonces fue una broma de mal gusto de esa... niñita?"

"Distracción, diría yo. Sabía bien que no nos ocuparíamos de ella, si temíamos... algo más importante".

"¿Importante, ella?".

"Bueno... ella es la hija de Mazur. Y Sabemos como es Mazur. Además, otro de sus condiscípulos de St. Vladimir solicitó el traslado, casi al mismo tiempo. ¿Y dos, al mismo tiempo?, ¡eso sí encendió mi alarma!. Habría pensado que intentaría llevarse a la Princesa, pero... al parecer, ya no se hablaban. Como si ese vínculo no existiera más".

"Es lo raro, me dijo que no la rescataría más. ¿Será posible que ese vínculo se rompiera, con eso que pasó en el rescate?, necesito que lo indagues, Croft. ¡No sé!, habla con las personas, entrevista, ¡interroga!, ve a Tarasov, con la niñita malcriada Lazar. Adrián tiene la misma magia, y tan poco sabemos, que casi mataron a Vasilissa por ella... ¡y dos veces!. No volveré a permitirlo. No bajo mi mandato... Y Croft, ¿a dónde fue Hathaway Jr?, quiero que lo averigues... exactamente. Que los guardianes en el área la vigilen. organiza bien sus turnos. ¿Dos Mazur sueltos, por alguna parte del mundo?, ¡no bajo mi guardia!".


Como en cada mañana moroi, ¿5 o 6 de la tarde? -según fuera invierno o verano, claro-, la Princesa Vasilissa Dragomir partió con sus infaltables rutinas de belleza.

Debía mantenerse... prístina, sobre todo para parecer -más que ser-, la princesa perfecta.

Después de decir chaíto a su guardián nocturno -uno nuevo, porque Grant murió en su rescate, ¿recuerdan?-, salió con su guardiana diurna -Serena, ¿recuerdan?-, a tomar desayuno en alguna cafetería.

O sea, Serena se quedaba de pie.

Mientras Vasilissa comía algo.

Y luego, lo cargaba a la cuenta del Principado Dragomir, cuyos viáticos y costes los pagaba la corte misma.

Abusadora.


Si algo no habia en la Corte... era un servicio de catering o de comidas, como un casino.

O como en un hotel.

Faltaban muchísimas cosas, pero a nadie le parecía importar... en lo absoluto.

Así movían el dinero, además.

Sino, ¿cómo lo hacían entrar y salir?.


Lissa pensó de pronto en Rose. Y suspiró.

Iba -por el bien de lo que fuera, claro-, a hacer las paces con ella.

¡Ella! ¡La magnánima! .

Tal vez, a ayudarla en alguna cosa.

Conseguirle un cargo, ¡eso!.

¡Lo que fuera! para que estuviera más... tranquila.


Sin Lissa como cargo -tras años de planificarlo, que triste para ella, ¿verdad?, cómo si no hubiera sido planificado por ambas; además de los Dragomir, Alberta Petrova y la Directora Kirova, en su momento- y sin Dimitri como su novio oficial -aún después de lo que Rose hizo por él en Rusia, y de lo ocurrido en Las Vegas-, debía haber sido un golpe cruel del destino para ella, ¿cierto?.

No parecía tener futuro.

¡Pobrecita!, ¿cierto?.

Claro, Vasilissa, olvidas todo lo que Rose te dijo, al parecer.

Que se iría con Papi, o algo así.

¿Y sabes quién es el Papi de Rose, cierto?, ¡Oh, cherto!


Pero si Lissa iba a Lehigh -o a Pen State. Eso si la aceptaban, claro-, tal vez... y sólo tal vez, la Reina accediera a asignarla al equipo de Lissa.

Como un favor principal a Vasilissa, claro.

Pero no como la guardiana principal, obviamente.

¡Oh, Eso nunca lo sería!.

Y Lissa nunca más la querría como tal, obviamente.


¿Y si convencía a Christian o a Adrián de pedirla como guardiana?, ninguno realmente necesitaba a uno, viviendo en la corte, actualmente.

¡Pero Rose necesitaba desesperadamente un cargo, o algo que hacer, claramente!, ¿y quién mejor que uno de esos dos?


Feliz con sus opciones magnánimas, salió con paso ligero hacia su cafetería favorita.

Se premiaría con un éclair, posiblemente.

O dos.

Total, ¿quién lleva la cuenta?.


Adrián había recibido un depósito -una cuantiosa suma de esos papelitos verdes, aclaro-, totalmente inesperado esa mañana -la real, no en la mañana moroi- y, posteriormente, una llamada del turco.

Ah. Claro.

El padre de Rose.

Se corrigió.

No sea que ahora pueda leer las mentes, se dijo.


"Muchacho, te devolví -en nombre de Rose-, todo lo que le prestaste para su... viajecito a Rusia".

Corto y profesional, ese era él.

"¿Ella...?".

"¡Oh! está bien. Mejor, ahora que su Baba se está haciendo cargo. Va a dormir mejor, va a tener atención médica real, a comer bien. Todo eso" se rió, maliciosamente.

"¿Comer, y dormir?. Espere, ¿de qué Atención médica me está hablando?, ¡qué quiere decir!" gritó al teléfono, pero sólo sonó su desconección.

Y Adrián se puso a pensar.

¿Había algo raro en Rose, la última vez que la vio?.

Y entonces notó el patrón.

¡El aura, claro!.

¡Cómo no lo había visto antes!.

Era la misma desde su viaje a Rusia.

La misma en Las Vegas.

La misma en el rescate.

¡Y la misma en el último día que la vio, cuándo se fue!.

Era cómo un telón de fondo.

¡El anillo imbuido con la magia de la otra usuaria, la de Rusia!.

Lo llevaba permanentemente.

Día y noche.

Y por eso era la misma Rose.

Sin cambio alguno.

Estuvo en una pelea -permanente-, con strigois, desde que dejó St. Vladimir.

¡Era imposible que estuviera bien!.

Entonces, ¿qué era lo que estaba mal?

Acaso Rose... ¿iba a morir esta vez?.

"¿De qué podía morir una dhampir -sana y fuerte-, como ella?.

Bueno, lo fue antes del ataque, estaba claro.

¿Qué enfermedades -humanas o moroi-, podían matar a un dhampir?

Y debió reconocer que nunca le importó saberlo.

No hasta ahora.

Ahora, que ese conocimiento podía ser lo único que podría -hipotéticamente-, salvar a Rose de una muerte... ¿segura?.

Eso estaba por verse.