Aclaración: Los personajes de esta historia *en su mayoría* no me pertenecen, sólo escribo esto a modo de diversión, sin intensiones de molestar, ni profanar mentes inocentes, ni tirar por el suelo dignidades ni nada por el estilo, mi única intención es pasar un rato ameno y que ustedes también puedan divertirse XP.

ADVERTENCIA: Ahora sí que pongo en aviso a todos y cada uno de los lectores de este fic, porque este capítulo será el primer LEMON de la historia XD, pero no el último 9-9, quiero también aclarar que será algo "romántico" XD no pervertido… dejaremos la perversión para los siguientes (ok no 9w9 jajaja XD)

Sin más los dejo con la historia…


UN HEREDERO PARA HYRULE


En el capítulo anterior…

Adentro la pareja se separó sobresaltada, percatándose por primera vez de aquel desastre que estaban dejando.

— ¡Li...! —Fue rápidamente silenciada por él, quien volvió a cubrir su boca y la sujeto para ayudarla a levantarse.

— Debes escapar —agregó muy bajito y respirando con dificultad. Y al notar que ella parecía calmarse alejó su mano de sus labios.

Estaba empapada, y se veía sexy... muy sexy ante sus ojos con esas prendas adheridas a su cuerpo marcando el ansia de sus pechos y cada maravillosa curva de su cuerpo; ese maldito pensamiento pecaminoso no quería dejarlo, porque en verdad no quería detenerse... en verdad no quería hacerlo.

— Pero...

— Escucha... —sujetó su rostro entre sus manos y junto su frente con la de ella, casi sin procesar lo que estaba a punto de decir— está noche... escaparemos del castillo y terminaremos esto que comenzamos —le prometió.


.-.-.-. Capítulo 15: Un lugar especial .-.-.-.


Se levantó.

No había forma de que pudiera conciliar el sueño. Se daba vueltas una y otra vez sobre la cama, enredándose molestamente con las sábanas y al cabo de unos minutos de agonía opto dejar de lado el intentar dormirse.

Abandonó su cuarto refunfuñando molesta, había estado toda la tarde dándole vueltas al asunto de su pupila. Desde que Link y Zelda se habían casado no habían conseguido ese momento a solas, ella, los sirvientes, el pueblo, sus amigos, en especial el Rey... ¡Todos se estaban entrometiendo en el asunto!

Y para que no admitirlo, ella estaba especialmente molesta con Nohansen, quien definitivamente no estaba entrando en razón, una tras otra maquinaba ideas alocadas y estúpidas en su cabeza y lo que era aún peor... ahora tenía de cómplice a ese famoso profesor de "educación sexual", el que evidentemente a ella no terminaba y nunca terminaría por convencerle, había algo extraño en él.

Bueno... no había que ser vidente para notarlo, digo... caía de cajón que el sujeto era extraño, pero había algo más allá de su excéntrica forma de ser, de su indudablemente exótica forma de vestir, de su curiosa y rara manera de mirar al chico, digo... ella sabía que era gay, pero... ¿qué demonios se traía con Link? ¡¿Cómo diantres Daphness permitía que un tipo tan particular se anduviera paseando como si nada por el castillo?! Es más... estaba segura que detrás de esa estúpida sonrisita y ese detestable olorcito a perfume barato había algo más.

Y ella lo descubriría, buscaría aquello que sabía estaba mal, que su instinto de Sheikah le aullaba silenciosamente en su cabeza.

Suspiró. Deteniéndose en medio del corredor frustrada.

¿Por qué demonios al castillo llegaba la gente más extraña del reino?

¿Por qué el soberano de Hyrule tenía la manía de familiarizarse con gente tan extravagante y rara?

¿Acaso no le bastaba con lidiar con los problemas adolescentes de su rebelde hija?

Aquel último pensamiento le saco una inefable sonrisa, una de esas que expresaban sus más profundos y ocultos sentimientos. La Princesa era su pequeña niña, y aunque luchaba una y otra vez para contener aquel espíritu rebelde, aquella fuerte determinación que la llevaba a lugares peligrosos, situaciones sin control, aun cuando batallaba para educarla de tal forma que pudiera desenvolverse con la prestancia y la sabiduría que su cargo meritaba, en el fondo no quería hacerlo, deseaba que ella conociera el mundo como tanto anhelaba, quería darle la libertad de arrebatarle esa corona que cargaba y por una vez dejarla ser quien realmente era.

En ese momento los vio, a través de la ventana. Link y Zelda avanzaban entre los arbustillos de la entrada del castillo esquivando a los guardias como si fuera un simple juego.

— Ay... estos chicos —suspiró.

Verdaderamente le iban a sacar canas verdes. Y era literal... ya tenía el cabello lo suficientemente blanco como para que se le notara una cana, y es que aquella cabellera platinada era parte de su estirpe, herencia de aquella genética que la caracterizaba como una Sheikah.

Con esa agilidad y habilidad única que de la que solía hacer alarde, se montó sobre el alfeizar de la ventana y deshaciéndose con un simple hechizo del seguro de las rejillas que mantenían cerrada la ventana, se lanzó al vacío sin perder de vista a sus objetivos.

Grácil como un felino, cayó sobre la copa de un árbol, y haciendo uso de sus manos y sus piernas se colgó con una facilidad y una maestría envidiables, sigilosa y rápida, tanto como una sombra, aquello también era parte de algo que había aprendido de su pueblo, de sus orígenes ancestrales.

Bajo, sintiendo como el suelo parecía casi no tocarla, como sus pasos se perdían en un mudo eco, avanzaba como si no pisara algo terrenal, como si la brisa guiara sus gráciles y sigilosos movimientos.

Link y Zelda estaban a unos cuantos metros, pasando un bonito arco de flores y ese laberinto de ligustrinas y cipreses, aquellas plantas que formaban un cerco vivo y latente, podadas con esmero para formar esos camales y pasadizos, un escondite de anteaño para los juegos infantiles de aquellos ahora, enamorados.

No recordaba cuantas veces los había pillado tratando de engañar a los guardias, divirtiéndose entre sonrisas cómplices y bobas ideas pueriles, y hoy después de tanto tiempo y habiendo pasando tanto, seguían siendo los mismos... dos traviesos jovencitos.

Vio como su pupila jalaba a su compañero para evitar ser descubiertos por el guardia que inesperadamente había dado una vuelta no prevista. Link perdió el equilibrio y fue a parar al suelo, con una divertida sonrisa y aún inmersos en su mundo de ensueño, lo vio sujetar su mano y jalarla hacía él, atrapándola entre sus brazos en un cariñoso abrazo.

Escuchó sus risas suaves y alegres, y en su pecho algo se oprimió al sentir que estaba a punto de cortar aquel encanto que nacía entre los adolescentes al mantenerse cerca, al sentirse indudablemente parte del otro.

Apretó con fuerza sus puños y respiró profundo.

Su deber estaba por sobre el corazón, y lo que ellos estaban haciendo indudablemente no era correcto, sabía que estaban tratando de escapar, había leído sus movimientos desde antes de saltar por la ventana.

Y ahí estaba nuevamente, luchando para decidir entre lo que dictaba su corazón y lo que decían las normas que regían su cargo, su posición como la tutora de la futura heredera al trono.

Avanzó con cuidado y se plantó justo detrás de la pareja.

Ya no había vuelta atrás.

— Ejem —se aclaró la garganta cruzando sus brazos y clavando una acusadora mirada sobre los tortolitos.

Link y Zelda se separaron sobresaltados, descubriendo por primera vez que habían sido seguidos hasta ese lugar.

— ¡Impa! —Exclamó la muchacha sintiendo que los colores se le subían a la cabeza.

Link le tapó la boca y observó atemorizado creyendo que si alertaban a los guardias estarían realmente atrapados.

— No es lo que piensa —se adelantó a explicar mirando desde el suelo la imponente figura de la Sheikah, sintiendo como su cuerpo se estremecía del temor al observar aquellos orbes rojos y brillantes que escudriñaban sus movimientos como si fuera un animal salvaje justo delante de su presa.

¿Por qué demonios Impa tenía esa imponente mirada?

Si sumaban a eso su aura, firme y aguda, no podía más que sentirse como un cachorro asustado ante sus pies.

— ¿Qué se supone que debería estar pensando?

Los interrogo sonriendo con ese dejo de superioridad que tanto la caracterizaba, los había pillado y ahora era momento de que ellos se enfrentaran al yugo de la dura realidad y las normas.

— Pues... lo que sea que esté pensando —agregó Link queriendo mantener oculta sus verdaderas intenciones, aunque sabía que era bobo porque estaba seguro que la Sheikah había leído cada uno de sus movimientos.

Incluso podía sentir como si sus pensamientos fueran totalmente leídos por aquellos penetrantes ojos escarlata. Estaba seguro, que no había nada, ni nadie que pudiera ocultar algo a su mirada.

— Saben perfectamente que está prohibido...

— ...alejarse de las cuatro paredes que rodean el castillo —completó Zelda incorporándose para enfrentar a su tutora a su altura— lo sé.

Link observó admirado a su doncella, ese temple único y sin escrúpulos que tanto admiraba en ella y es que no importaba contra quien o quienes se enfrentara, ella siempre estaba dispuesta a plantarse de frente, sin miramientos, sin dudas.

Admiraba eso de ella, que tuviera aquella valentía que a él a pesar de ser el portador de la Trifuerza del valor, no poseía. Su carácter tímido y retraído le impedía hacer uso de aquella determinación dormida en su interior. Pero por ella había atravesado esa prisión, por ella sacrificaría incluso la vida, pero si no fuera por la Princesa quizás seguiría siendo sólo un chico extraño, viviendo en un perdido bosque ajeno a todas aquellas cosas que marcaron su destino, aquello que curtió en su alma esa fuerza que fue desarrollando con la ayuda de ella, nunca olvidaría todo aquello que su Princesa había sacrificado para guiarlo con aquella misteriosa figura de Sheikah.

— Zelda —suspiró Impa sintiendo que le corazón se le hacía pedazos con cada silaba que pronunciaba— sabes bien que no es correcto.

— No fue su idea —Link acaba de incorporarse y tomando fuerzas de quien sabe donde había alzado su voz— La Princesa es mi rehén, yo la he incitado a escaparse conmigo.

Los chicos sujetaron sus manos tiernamente, compartiendo aquella determinación que ahora fluía por sus venas como una vertiginosa vertiente, y ella no pudo más que sonreír rendida ante esas claras y sinceras miradas, que escudriñaban su figura amenazándola con derrotarla.

Pero no había batalla, nunca la hubo. Desde mucho antes de alcanzarlos había perdido su juicio ante aquello que susurraba con fuerza desde su pecho.

— Sólo procuren cuidarse —y sonrió llevando una de sus manos hasta el rostro de la muchacha, acariciando tiernamente su mejilla— son libres, yo no seré quien ponga las barreras.

Zelda sujeto la mano de la mujer con la suya y le devolvió aquella sonrisa, sintiendo aquel apoyo silente implícito entre sus palabras y esa sosegada mirada que le dedicaba, era como si le dijera orgullosa "Has crecido tanto, mi querida niña", pero nunca llego a escuchar esas palabras.

— No dejaré que nada le pase —le aseguró a la Sheikah sonriendo dulcemente al ver como ellas parecían terminar de despedirse con tan solo una mirada.

— No se te ocurra volver si algo le llegase a pasar —lo amenazó la mujer soltando un último y sonoro suspiro, antes de darles la espalda— los cubriré para abrirles paso.


Se sentían como dos tortolos, sonriéndose bobamente, inmersos en un mundo de ensueño en donde sólo ellos existían, se divertían de su propia travesura, aquella alocada idea que estaban llevando a cabo con mutuo acuerdo. Y ahora que estaban fuera de las grandes murallas que separaban el palacio de la ciudadela y que inclusive habían abandonado la seguridad de esas edificaciones que convertían a Hyrule en una fortaleza, unida al mundo exterior sólo por un enorme puente, vigilado por dos guardias… ahora que tenían una tierra extensa, laderas cubiertas de césped fresco y aromáticas flores de colores iluminadas por una bella luna creciente, rodeada de estrellas magníficas y un manto oscuro y de ensueño.

Al fin…

Al fin después de una breve conversación entre esos guardias y ellos, "dos viajeros sin nombre", ahora estaban fuera de esa prisión… eran libres de dejar de ser "la Princesa" y "el héroe" y inhalar esta libertad tanto como quisieran.

— Es hermoso —sonrió respirando profundamente la fragancia cargada a hierbas de aquella amplia extensión de terreno.

Con dos pequeños brinquitos y otros cuantos pasos cortos se alejó del corcel que habían arrendado para llevar a cabo semejante locura, no podían escapar con los suyos, eso levantaría inmediatamente sospechas.

Se quitó la capucha, acomodando su largo y claro cabello sujetado en esa media cola que solía usar. La fresca brisa agitó algunas hebras haciendo que delicados y ondeantes movimientos hicieran danzar su cabellera junto con la túnica de esa capa ligera que la cubría por completo. Extendió sus brazos hacia el cielo, como queriendo alcanzar las estrellas y sonrió complacida de esta renovada sensación que la llenaba de vida.

Link la observó atrapándola en un marco perfecto, sintiendo como en su pecho miles de mariposas parecían revolotear haciéndolo estremecer. A esas alturas aún podían ver a lo lejos la edificación que formaba parte de las paredes de la ciudadela, pero en ese momento no tenía ojos, ni cabeza para nada ni nadie más que no fuera su Princesa, aquella dama de una belleza sublime, una sonrisa jovial y encantadora y un espíritu aventurero, tanto como el de una pequeña avecilla queriendo conocer su mundo.

Con dos suaves palmaditas en el fibroso cuello del corcel y una corta caricia en su tusa, le indicó silenciosamente que lo esperara. Y entonces se adelantó para alcanzar a su doncella, aún inmersa en un mar de sensaciones. Ella parecía atenta escuchando aquel manso silbido del viento, ese suave susurro de diminutos insectos nocturnos, que canturreaban secretos que iban y venían en su mundo en miniatura.

— Es tarde para que una señorita de un paseo por estos campos —agregó en un tonito divertido y juguetón al tiempo que la alcanzaba— ¿Esta pérdida?

Ella dio un ligero respingo al escuchar su voz repentinamente y entonces se volteó para sonreírle de forma coqueta y traviesa.

— Puede ser —indicó bajando momentáneamente su mirada, juntando sus dos manos delante de su pecho— ¿Sería este caballero tan amable de volver a guiar mis pasos? —Le preguntó siguiéndole el jueguito a su pareja, aquella complicidad que se reflejaba en sus miradas no era más que el primer indicio de algo que sabían venían aplazando por días.

Link se inclinó ligeramente y apoyando su antebrazo derecho junto a su torso extendió su brazo izquierdo para invitarla a sujetar su mano.

— Sería un verdadero placer —y sonrió, con ese encanto único que poseía, de esa forma que sólo le sonreía a ella.

Zelda le devolvió esa sonrisa y con cuidado junto su palma con la de él, sintiendo como por un segundo su corazón daba un brinquito, nerviosa. No sabía porque… quizás era la noche… quizás los magníficos luceros que las rodeaban, o quizás esa luna que parecía sonreír sobre el cielo la que la invitaba a fundirse junto a la intensa mirada de su compañero.

Estaban solos… rodeados de un mundo de increíble, repleto de sonidos y sensaciones.

Abrió su boca con la intención de decir algo, pero enmudeció mucho antes de saber que decir, de pronto el ligero temblor en su mano delato aquello que sentía y él instintivamente, la jaló con suavidad para abrazar su estrecha cintura con su brazo libre.

— Disculpe mi atrevimiento —se acercó otro poco, percibiendo esa suave y dulce fragancia que la caracterizaba.

Y entonces en el volvió a renacer ese deseo, ese sentimiento cargado de intensas emociones que se fusionaban con esa devoción que le tenía, con ese profundo anhelo de ir más allá.

— No se preocupe —murmuró recargando su cuerpo en el de él, dejándose vencer por ese mar de sensaciones que la embargaban como si fuera un sueño— me es grata su compañía.

Link la estrechó entre sus brazos de forma aprensiva y protectora, sintiendo de pronto que aquella traviesa brisa nocturna le arrebataba a ella la calidez de sus manos.

— Entonces, déjeme acompañarla hasta donde sea que vaya —le susurró junto a su oído, hundiendo su rostro entre el cuello y el hombro de la muchacha, resistiendo el intenso deseo de besarla.

— Busco un lugar especial —le ronroneo estremeciéndose ligeramente al sentir la cálida respiración del Hyliano chocando contra la piel desnuda de su cuello.

Quería un lugar entre su pecho, deseaba un instante para perderse en sus besos, para descubrir junto a él aquello que en verdad deseaba desde hace tiempo.

— Puedo brindarle ese lugar —le dijo mordiendo su labio inferior con poderío, aumentando inconscientemente la fuerza con la que la contenía— sólo déjeme guiarla.

¿Por qué no simplemente besarla ahora?

¿Por qué no acabar de una vez por todas con esta suplica interna que lo mantenía sobre una verdadera cuerda floja?

Se aferró a su cuerpo y trató de controlar esas emociones que lo embargaban, este no era el lugar, ni el momento para dejarse llevar de esa manera, aún podía esperar… sólo un poco más.

Sin más eliminó esa cercanía entre sus cuerpos y antes de que ella pudiera rechistar la sujetó entre sus brazos, cargándola con prisa.

Ella se aferró a su cuello por inercia y poco después estaba montada en el lomo de su equino acompañante, único testigo de aquella locura de adolescentes que estaban cometiendo. Link, de un brincó se acomodó detrás de la Princesa y pasando sus brazos rodeando el menudo cuerpo de ella sujetó las riendas y se dispuso a avanzar. Estaba ávido de completar aquello que había empezado y comenzaba a notársele aquella creciente ansiedad.

— ¿A dónde vamos? —Le preguntó ella notando que la ciudadela se perdía y ellos avanzaban en dirección al este.

— Kakariko es un buen refugio para los forajidos —le bromeó sonriendo de buena gana, sabiendo que le pueblo no se encontraba demasiado lejos de donde ellos se encontraban.


Y estaban ahí sentados contemplándose en silencio, en la quietud de ese anochecer. Habían llegado hasta Kakariko y Link se había encargado de conseguir un cuarto en una desolada posada, justo sobre una pequeña colinita algo apartada de la calle principal.

Por alguna boba razón se sentían nerviosos, y sabiéndose completamente solos por algún tonto motivo no estaban seguros que paso dar ahora.

— Deberías descansar —le dijo finalmente algo ahogado, las manos le temblaban con fuerza y la tenue luz de esa única lamparita de aceite en una esquina del cuarto era todo lo que los acompañaba— ha sido un largo día.

Ella sintió aquellas palabras como una verdadera punzada en su pecho, igual que la agonizante llamita de esa lámpara que los acompañaba.

¿De verdad habían escapado para terminar sólo durmiendo fuera del castillo?

¿Realmente eso era lo que él quería?

Dolida, bajo su mirada apenada. No era capaz de articular palabra, hace minutos que llevaba así… totalmente muda y raramente alterada.

En verdad no sabía que demonios le pasaba.

Link notó como la mirada de ella se apagaba, como ocultaba sus ojos de los suyos y como parecía algo ensombrecer su natural y radiante semblante. Había metido la pata… lo había hecho nuevamente.

"Esta noche escaparemos del castillo y terminaremos esto que empezados"

Esas habían sido sus exactas palabras y ahora iba y le decía ¿qué se durmieran?

¡Era un idiota! ¡Uno con todas las mayúsculas y signos de exclamación que pusieran agregarse a una frase!

Pero…

¿Cómo retomar aquello que habían empezado de forma tan extraña en el baño de visitas del castillo?

De verdad no sabía por donde empezar, no sabía como dar el primer paso, ¡No tenía idea de que decirle!

¿Era tan impropio haberla raptado para traerla como un verdadero ladrón a robarse lo más sagrado que ella poseía?

Estaban casados y sentía que se merecía algo mejor, algo especial y único. No un estúpido techo en del castillo, no un encuentro apresurado dentro de un baño, no una pocilga como esta, antiguada y sin gracia. Era una habitación minúscula en comparación a los enormes y lujosos cuartos del castillo, era oscura, algo tétrica e ingresaba una fresca brisa por la ventana cubierta de unos visillos delgados.

— Buscabas un lugar especial —susurró luego apretando con fuerza sus puños, sintiendo como la frustración se mezclaba con la congoja de saberla entristecida— y estamos atrapados en este sitio, al menos por esta noche.

Ella levantó su mirada y volvió a clavar su atención en su compañero, y entonces por primera vez en ese lapsus eterno y ahogante, se movió. Avanzó sobre la cama y alcanzó la mano de su marido, apoyando suavemente la suya sobre la de él.

Aquellas palabras la habían hecho reaccionar y finalmente había conseguido descifrar aquel silencioso mensaje que Link le había estado mandando. Ahora comprendía que era lo que pasaba, porque actuaba así de raro.

— Este es un lugar muy especial —le sonrió, levantando el rostro del muchacho con una de sus manos, obligándolo a mirarla— cualquier lugar es especial si estás aquí conmigo —agregó justo antes de plantarle un fugaz y cariñoso beso sobre sus labios, rompiendo aquel hielo que habían creado sus mudos e incomprendidos pensamientos.

— Zelda yo —de forma involuntaria llevo una de sus manos hasta el rostro de ella, deslizando suavemente ese contacto sobre su mejilla, observando como ella cerraba sus ojos y recargaba su cabeza en su mano, parecía disfrutar esa simple caricia.

Y entonces sonrió, encantado de tenerla allí junto a él, de poder ser testigo de aquella sublime belleza en su sonrisa, en sus bonitas facciones iluminadas por aquella titilante y cálida luz que dibujaba sus sombras en la pared más cercana.

No eran más que ladrillos poco trabajados los que formaban esas paredes, pero ya no le importaba, ni eso, ni los firmes varillas que cubrían de forma vertical la ventanilla del cuarto, de un instante a otro aquella tétrica oscuridad había desaparecido, ella iluminaba con su presencia cada rincón.

— Shh… está bien —había vuelto a perderse entre la intensa mirada que él le dedica.

El dedo índice de su mano derecha había terminado sobre los labios de su compañero, y cuando ella pensó en retirarlo, él se lo impidió, sujetando su mano para besarlo, bajando lentamente hasta alcanzar su palma, su muñeca… su antebrazo.

Zelda se estremeció al sentir aquel lento recorrido por su piel, la misma que pronto sintió erizada, ya que aquellos suaves besos fueron tornándose algo hambrientos y afanosos mientras avanzaba.

Su corazón había vuelto a llevar un ritmo vertiginoso, y sin darse cuenta pronto su boca estaba recorriendo el hombro de ella. Trató de controlarse, pero su mente no coordinaba con su cuerpo y succionando ligeramente aquella tersa piel de su hombro escuchó como ella soltaba un tenue, pero profundo suspiro, haciendo que todo dentro de él se revolviera. Se apartó ligeramente y observó algo avergonzado aquella marquita que había dejado sobre su blanca piel, pero antes de que pudiera hacer o decir algo, ella ya había atrapado su boca en un beso, lento y voluntarioso. Era como si le susurrara que no se detuviera.

— Link —lo llamó suavemente entrelazando sus brazos en el cuello del muchacho, suspirando entre besos y caricias.

El Hyliano recorría el cuerpo de su dama lenta y pausadamente, percibiendo con la yema de sus dedos como ella se estremecía, se tensaba y luego se relajaba dejando escapar suspiros sosegados y placenteros.

Y aquella tenue luz de la lamparita se fue apagando lentamente, pero no así esa creciente sensación que los llenaba por dentro.

Se separaron un segundo para luego permitirle a ella recorrer su piel, inclinando su cabeza ligeramente le dio un espacio que ella supo aprovechar sin lugar a dudas. Su respiración se tornó agitada, y sus sentidos se colmaron de aquellas sensaciones que como "niños" traviesos empezaban a descubrir, aquel ardor fuerte y sofocante del amor. Y por otro segundo, sin saber porque, observó perdido aquella única ventana por la que se colaba ahora traviesamente aquel suave fulgor de aquella luna sonriente que había alcanzado un punto donde su tenue reflejo azulado se filtraba curioso y travieso, bañando el cuarto de una penumbra de ensueño, ligera y tranquila.

Sin saber como, ni cuando, ella lo había despojado de su túnica, en un movimiento habido y bien calculado, y apoyando sus dos manos sobre su torso ahora desnudo lo empujó suavemente para recostarlo de forma parcial sobre esa cama, mientras su figura grácil se acomodaba sobre las piernas de él al tiempo que recorría con su lengua de forma lenta y excitante el cuello del guerrero.

Link gimió profunda y prolongadamente al percibir como ella mordisqueaba juguetonamente su cuerpo, sonriéndole traviesa y divertida. Entonces, impulsado por sus instintos, apoyó sus manos sobre los muslos de ella subiendo con algo de descaró la falda de la muchacha, adentrándose más allá de lo permitido.

La Princesa ahogó un gritito placentero al sentir como él frotaba sus dedos contra sus bragas, buscando algún pase para ir más allá. Instintivamente trató de juntar sus piernas, pero la posición que mantenía se lo impidió, entonces sólo atino a aferrarse con fuerza a su pareja dejándole libertad a sus andanzas. Soltando excitados jadeos junto a su oído consiguió que el Hyliano se estremeciera con fuerza e insistiera en su profano camino con más descaro.

— Quiero verte —le suplicó justo antes de atrapar nuevamente su boca contra la suya, acallando con su lengua los gemidos ahogados de su musa, apoyando ambas manos sobre sus bonitas y firmes nalgas la guio para que ella comenzara una lenta danza, frotando sus cuerpos dulcemente, generando ligeras descargas en su entrepierna con cada roce, con cada placentero movimiento de ella— deseo sentirte —soltó entre gemidos arqueando su cuerpo mientras se deleitaba con su maravillosa figura envuelta por ese halo suave y magnífico, el mismo que la siguió con cada movimiento hasta que su traje no fue más que una sombra.

Se precipitó para volver a besarla, ahora con el ímpetu de un corazón agitado y una fuerte sensación de creciente calor ahogando sus sentidos.

Al cabo de unos segundos se separaron, agitados. Y perdiéndose en el profundo océano de sus miradas se sonrieron, dulce y tiernamente, el acarició con suma gentileza la mejilla sonrojada de la heredera al trono, y entonces junto su frente con la de ella y respiró su mismo aire, aquello que ahora compartían íntima y plenamente.

— Te amo —le dijo antes de volver a besarla con aquella devoción y entrega que sólo tenía para ella, para la chica que le había robado el corazón y ahora ataba su alma con un hilo invisible, en una red de la que definitivamente no quería escapar.

La Princesa respondió en silencio aquella confesión, correspondiendo devotamente aquellas caricias, aquel dulce juego. Ella también lo amaba, tanto como para querer huir a los confines del universo junto al guerrero, y le conmovía de sobremanera sus sinceras palabras, aquellas que reflejaban aquel intenso sentimiento que nacía en lo más profundo de su pecho.

Y mientras sus bocas se fundían en los placeres de sus acciones, le arrebató el corpiño que cubría sus pechos, sintiendo como la prenda caía entre sus cuerpos que aún danzaban en un deleite que cargaba de una sensación vibrante y excitante sus sentidos. Poco después una fuerte descarga recorrió su espalda al percibir como aquellos pechos de botones endurecidos rozaban su torso desnudo entre aquella exquisita cercanía y entonces no pudo resistirse más… deseaba grabar esa imagen en su retina para siempre. Con cuidado, eliminó aquella deliciosa e íntima cercanía que mantenían y entonces observó su cuerpo fino, aquella esbelta figura que se erguía como una diosa, surgiendo entre las sombras, envuelta por esa tenue luz, su delicada desnudez, aquella que lo hizo perder su alma a través de una mirada extasiada y suspendida.

Era perfecta… simplemente perfecta.

Zelda se sonrojó notoriamente, sabía que él escudriñaba cada rincón con su mirada. Y en un acto tímido y ahogada por ese momentáneo bochorno, cubrió sus pechos con sus brazos y volteo el rostro apenada y nerviosa.

— No me veas así —agregó en un tonito suave e inquieto— ¿Tengo algo raro? —Preguntó luego bobamente, sintiéndose aún más nerviosa.

Link soltó una suave risita al escucharla, por un segundo no podía creer que después de todo lo que habían pasado ella siguiera sintiendo pudor, pero a la vez le parecía tierno y encantador aquella repentina reacción en ella, aún más si en su rostro se reflejaba aquel notorio sonrojo y esa avergonzada expresión que la hacían ver tan adorable.

Sin pensarlo demasiado la tomó entre sus brazos y de un rápido movimiento invirtió las posiciones, dejándola atrapada bajo él.

— Claro que no —sonrió dulcemente, respondiendo esa pregunta que ella misma había formulado hace tan sólo unos segundos— eres perfecta… me quede como bobo admirando aquello que por un segundo pensé que era un sueño —depositó un cariño beso sobre su frente y le dio un minuto para que se relajara.

Por primera vez en mucho tiempo no llevaban prisa, aquí no había nadie y nada que pudiera molestarlos, por fin eran libres y aspiraba a que este instante fuera especial, no quería dañarla, era su tesoro y deseaba que ella disfrutara este postergado encuentro.

— Es… es extraño al fin estar aquí… solos.

Sonrió, era justo lo que él estaba pensando.

— Es maravilloso estar aquí… solos.

Buscó nuevamente sus labios y comenzó a besarla dulcemente, mientras ella volvía a relajarse y enredaba sus manos en los claros cabellos del muchacho, olvidando que había estaba celando sus pechos, los mismos que ahora nuevamente se rozaban con el torso desnudo de Link, quien perdido en ese beso había sujetado la menuda figura de ella estrechándola con fuerza contra su cuerpo.

Pudo sentir como un intenso instinto lo guiaba directo a un descontrol que deseaba mantener sujeto, pero no estaba seguro por cuanto tiempo podría soportar aquella ardiente emoción en su pecho, la misma que se reflejaba en su entrepierna, prisionera de esa molesta prenda de la que aún no encontraba escape. Se detuvo de golpe, respirando agitada y entrecortadamente.

— ¿Qué… qué sucede?

— Si quieres… que me detenga… debe ser ahora —le confeso a duras penas, hundiendo su rostro entre el cuello y el hombro de la muchacha— no se… no sé por cuanto tiempo… podré mantener el control de mi cuerpo.

— Link…

— Te deseo… te deseo como no tienes idea.

Ella lo abrazó cariñosamente, recorriendo la piel desnuda de su espalda mientras conseguía un segundo para recuperar el aliento.

— Dejemos de usar la razón… permitámonos ser presas de nuestros deseos.

Le había susurrado suavemente sin dejar de acariciar muy lento su cuerpo, recorriendo cada milímetro de esa piel cálida, marcada por dolorosas experiencias, recuerdos que ahora y para siempre formarían parte de su ser.

— No quiero hacerte daño.

— Estaré bien… mientras estés aquí conmigo.

Sonrió y entonces retomó aquellos excitantes besos con los que volvió a recorrer su cuerpo, sujetando sus pechos endurecidos entre sus manos frotándolos mientras ella se estremecía con fuerza y soltaba un fuerte gemido cuando él comenzaba a juguetear con aquellos duros botones. Guio sus labios hasta los mismos, hambriento de sentirlos entre su boca, recorrer cada rincón con su lengua, y tener el placer de escuchar sus suplicas entre gemidos fuertes y descontrolados.

Ella arqueo su cuerpo excitada, sintiendo como él parecía disfrutar cada segundo, llevándola a un punto desconocido y magnífico, cargado de una sensación tan intensa que no podía más que gemir con fuerza y jalar los cabellos claros del muchacho pidiéndole más.

Definitivamente habían llegado a ese punto donde no había retorno, donde su cuerpo ardiente temblaba con fuerza al escucharla jadear de forma entrecortada, exclamando su nombre entre gemidos ardientes, cargados de placer. Y excitado como estaba, apartó de su cuerpo las molestas prendas que aún lo aprisionaban, y luego, entre el frenesí de sus caderas, sus sexos volvieron a encontrarse, ella se aferró con fuerza y ambos sintieron aquella electrizante sensación que avanzaba implacable por cada centímetro de sus cuerpos.

— Zelda… —la llamó tanteando ciegamente con su mano izquierda un recorrido incitante por su vientre, buscando con su mano eliminar aquella prenda que ahora era la única barrera entre sus cuerpos.

Pero al alcanzarla, se vio tentado a ir más allá y deslizando sus dedos se coló entre el vestíbulo que enmarcaban sus perfectos muslos, sintiendo como ella se tensaba con fuerza y trataba de detenerlo apoyando una de sus manos sobre su muñeca.

— Link —quería pedirle que parara, que cada milímetro que avanzaba la enloquecía, le avergonzaba sentirse repentinamente vulnerable entre sus brazos.

— Si me lo pides… —susurro junto a su oído, besando luego su mejilla enrojecida— me detendré.

Y avanzando otro poco, percibió como ella se estremecía con fuerza y trataba inútilmente de juntar sus piernas.

— Voy a gritar —le confeso muy avergonzada sintiendo como aquella humedad en su entrepierna era rápidamente descubierta por su pareja.

— Nadie va a escucharnos —sonrió divertido, mordiendo fuertemente su labio inferior al verse intensamente tentado al sentir entre sus dedos ansiosos aquel íntimo ardor en ella.

Y entonces avanzó, sin esperar respuesta. Escuchando como ella clamaba su nombre entre jadeos, se movilizó suave y con la yema de sus dedos acarició aquel latente botón, haciendo que sonoros gemidos se escaparan de la boca de ella, mientras una intensa sensación embargaba su falo cargado de deseo, sentía que se estaba quemando por dentro, escuchar sus fuertes gemidos y aquellos espasmos que ocasionaban en su cuerpo su excitante juego lo estaban enloqueciendo.

— Link… por favor —le suplicó aferrándose con fuerza a su cuerpo, enterrando sin querer sus uñas sobre su espalda, deseando sumergirse en su alma, saciando aquella intensa sed, ardida y placentera— Te necesito.

Link jadeo agitado, el sudor perlaba su frente y adhería parte de su flequillo a su piel. Pero no la haría esperar más, ella se lo pedía y él como su obediente servidor, se encargó de desaparecer la última prenda que hacía una barrera casi burda entre sus avivados cuerpos. Y exaltados como estaban, se acomodó sobre su inocente desnudes, profanando su intimidad lentamente.

Aquel hormigueo hostil y punzante la asustó. Y presa de su miedo se aferró a él con fuerza.

— Bésame —le pidió de forma suave y quedada.

Él obedeció, fundiendo sus labios con los de ella en un dulce beso, temiendo dañarla de alguna manera. Por eso se movía lenta y cautelosamente, sintiendo como su endurecido miembro se rozaba exquisitamente contra ella, deslizándose suave, siendo envuelto lentamente entre el seno de sus dulces y húmedos secretos. Y poco a poco se aventuró a más, percibiendo como ella se tensaba. Acarició su rostro, sus cabellos, sus brazos… recorrió nuevamente su grácil figura con sus manos trémulas y tiernas, tratando de contener con ellas aquellos miedos, aquella sensación profana en donde ahora él invadía lenta y punzantemente aquella entrada, estrecha y virgen.

— ¿Te duele? —Le preguntó angustiado, cortando aquel beso, observándola intensamente.

— Es una sensación extraña.

— ¿Quieres que pare?

— No. —sujetó su rostro entre sus manos y agregó— No te detengas.

Sus labios volvieron a encontrarse y con el mismo ritmo que llevaban sus bocas sus cuerpos volvieron a moverse.

Pronto su falo palpitante y osado caló con algo de fuerza su interior, adentrándose en su ser, siendo envuelto por una sensación sórdida, donde podía percibir como ella temblaba entre sus brazos, dudo avanzar, pero pronto ella se movió lentamente haciéndolo estremecer, perturbando su interior haciendo que esa sensación alborotada e incitante lo guiará a continuar, moviendo sus caderas lentamente, disfrutando de cada ida y venida, suspirando roncamente contra su pecho, escuchando como su palpitar se agitaba con cada movimiento y entonces ella libero la tensión de sus manos, y ahora de forma lánguida las reposo sobre la espalda del guerrero.

— ¿Estás bien?

Ella suspiró cerrando sus ojos, finalmente aquel dolor era rápidamente reemplazado por un envolvente cosquilleo, que subía desde su entrepierna recorriendo cada rincón en su interior.

— No te detengas.

Y no lo hizo, no lo haría.

Menos ahora que podía ver como ella se entregaba a ese placer que ahora compartían. Había vuelto a acariciarlo al tiempo que jadeaba con cada embestida, cada vez más firmes y aceleradas. Estaba perdiendo la razón y cada sentido se fue extraviando junto a sus gemidos excitados, el calor y el sudor de sus cuerpos aumento en medida que el goce de sus acciones se fusionaba rápidamente entrelazando sus almas, sus deseos y aquello que profundamente anhelaban.

Con una inefable sonrisa, cargada de avidez, se sonrieron, agitados. Y sus miradas se reunieron en aquella silenciosa complicidad.

Por un segundo esa oscura habitación se colmó de sus voces excitadas, de sus fuertes gemidos, que de forma ininterrumpida llenaban cada rincón, fusionándose con el aire, con ese preciado oxígeno hasta que en un mutuo deleite su éxtasis atiborró sus sentidos, haciéndolos fallecer.

Link se dejó caer agitado y lánguido, siendo acunado por los brazos de su Princesa, que gustosa lo recibió entre su pecho, acariciando sus cabellos lenta y pausadamente.

Respiraban de forma entrecortada y sus corazones aún mantenían la carrera de sus acciones, pero finalmente ahora… después de tanto tiempo estaban allí, solos… compartiendo ese lecho oscuro, sintiendo con agrado como la fresca brisa acariciaba sus acalorados cuerpos.

Aquella noche marcaba un antes y un después en su relación, la relación que habían mantenido por años, y que ahora se acoplaba a este momento.

Un momento que le pertenecía solo a ellos.


Sin darse cuenta la noche dio paso al día, y antes de que pudieran siquiera asimilar aquel reposo placentero entre los brazos del otro un ruido extraño y molesto los trajo de golpe a la realidad.

— ¿Qué es eso? —Preguntó algo asustada al tiempo que se asomaba por la ventanilla del cuarto para mirar el exterior, cubriendo su desnudez con una simple sabana.

Link la observó curioso, sintiéndose inmerso aún ese mundo de ensueños.

— ¿Sucede algo? —Preguntó bostezando para quitarse la pereza.

La verdad es que esta no era la forma en que esperaba su reencuentro con la realidad, le hubiera gustado sin lugar a dudas que ese despertar hubiera sido tranquilo y sosegado, pero como todo en su mundo… siempre había algo que se sobreponía a sus expectativas.

Un fuerte trompetazo lo hizo asomarse extrañado junto a ella por la ventana.

— Son guardias del castillo —murmuró como ido, aún sin creer lo que sus ojos veían. Los hombres parecían reunir a parte de los habitantes de Kakariko para hacer un breve interrogatorio— deben estar buscándonos —conjeturo luego lo más lógico y obvio.

— Ayy mi padre —resopló cansada y frustrada, llevando una de sus manos a su frente sintiéndose repentinamente molesta.

— ¿Qué vamos a hacer?

Un minuto de silencio acompañaron sus palabras y cuando la joven consiguió encontrar una respuesta, levantó su rostro y clavó sus claros orbes sobre la confundida mirada del Hyliano.

— Jugaremos a las escondidas.

Definitivamente no pensaba volver aún al Palacio y su padre no le iba a ganar esta partida… claro que no.

Continuará…


¡Al fin! Después de 15 capítulos al fin lo lograron :"") mis inocentes muchachos (XD bueno tienen todo menos inocencia jajajaja XD)

En verdad espero que el lemon no haya perturbado los castos pensamientos de nadie XD, la verdad es que traté de que fuera suave y romántico. Quería que así fuera el primer encuentro, pero 9w9 cof cof… no será el último…

No me puedo despedir sin antes agradecer a todas aquellas personitas que me han brindado su incondicional apoyo a lo largo de esta larga historia (recordemos que esto es la continuación de GPUS XD), muchas gracias a Fox McCloude, Zelink 94, LinkJS, Yahab, LordFalconX, Goddess Artemiss, linkzel s, Sheika 360, Chinita Marquez, -pxnts y Chan, en verdad muchas gracias por seguir leyendo y lamento la enorme espera para este lemon XD

¡Les deseo a todos, un muy feliz año nuevo! Espero de corazón que este año sea mejor que el anterior :3 (me atrase un par de días XD iba a publicar el sábado x0x pero entre hacer las cosas para año nuevo y limpiar la casa XD no me dio tiempo jajajaja)

¡Saludos!