La llegada de Cristian, Adrián y Dimitri -con sus niñeros, atrás-, a la cafetería, en dónde estaban Lissa y su guardiana -y los 3 recién llegados por diferentes lados-, puso las cosas interesantes.

"Buenos días a todos", saludó Adrián y se sentó al lado de Lissa, tomando de su mano su taza de humeante café.

Tomó un sorbo, hizo un gesto de desagrado (Lissa lo tomaba negro, ¡guácala!), y se lo devolvió a sus manitas, pidiendo un capuccino para él.

Y le mordisqueó un éclair.

Dijo que tenía hambre de otras cosas más... sabrosas.

Chismes, obviamente.


"Chispita, siéntate, y tú... grandote, hazte más inútil aún y quédate cerca de esa guardiana tan linda que mi tía le regaló a Lissa. Les tengo noticias de..." dijo, mirando despectivamente, a Dimitri. "¿En qué iba?, claro. Noticias. El papá de Rose, ¿recuerdan a Rose y al turco de su padre, el tal Abe?".

Dimitri palideció... un buen poco.

Le faltaba tomar mucho sol, al pobre.

Y allí, entre vampiros, no lo conseguiría mucho.

Claro, primero era ruso y luego... ¿strigoi?, para pasar a ser perrito faldero de Lissa, que era moroi y no toleraba el sol.


"Mazur -el padre de Rose, recuerden-, me llamó para agradecerme que yo le prestara a Rose el dinero para sus vacaciones en Rusia", y levantó las cejas hacia Dimitri, en su directa línea de visión. "Y me dijo... textual... que Rose va a dormir mejor ahora, va a tener atención médica real, y a comer bien. Y Todo eso".

"¿Atención... médica?", se alteró Lissa, sólo un poquito, claro.

Y frunció el ceño.

No la requería desde... ¿Michigan o Chicago?, algo así.

"Sigue con eso que tuvo en nuestro viaje, entonces", dijo en voz alta, y esta vez, sin pensarlo antes. "¿Rose está con su padre ahora?, ¿están acá, en la corte?, ¡quiero verla, y ya!".

Y presionó sus manitas en la mesa, en la más pura imagen de una malcriada.

"Nop, Abe Mazur no está en la Corte, Vasilissa. No dijo eso. De hecho, Rose se iba ayer de acá, y supongo que ya llegó con su Papi Abe o yo no hubiera recibido esa llamada del mismísimo diablo. Acaso... ¿Rose no le avisó a su enlazada, por la cual sacrificó su juventud -y casi su vida-, no una, sino muchísimas veces? ¡Oh, eso debió doler!".

Y le sacó la lengua a Lissa.

"¿Qué dijiste de una condición médica, Lissa?, ¿acaso no fue tratada, de vuelta en la academia?".

Casi se desesperó Adrián.

"Supongo, no lo sé", se encogió de hombros, "no me contaba nada, ya", y miró a Dimitri, de soslayo, "supongo que la trataron, pero creo que es algo que se pudo pegar entre humanos. Es decir, los dhampirs son mitad humanos, así que... Adrián, ¿dónde dijiste que está Rose?".

¡Oh, qué dulce voz, Vasilissa!, pero entre usuarios, no pueden compelerse.

Es cómo ver la suerte entre gitanos, creo yo.

"Ayer se despidió de mí, sí. Se había despedido de Croft y de mi tía. Y fue tan amable de recordarme. Tenía poco tiempo, o algo podía pasar, eso supuse... Después de todo, hubo un simulacro, ¿verdad?. ¿Coincidencias?, ¡pues no lo creo!".

"Pero, ¡Yo no lo dije realmente en serio, qué le diría a la Reina que...!", se defendió Lissa, tartamudeando, "¡era sólo porque... !", y miró a Dimitri, que no traslucía nada.

En serio.

Absolutamente nada, en su rostro pétreo como mármol.


"Dimitri, ¿a tí te dijo algo, alguna cosa?, ¿que estaba enferma o algo así?".

Inquirió Lissa, mirándolo con dulzura.

¿Compeliendo a un guardián al que trajiste de entre los strigois, Lissa?.

Oh, eso es bajeza pura.

""Nada", negó con la cabeza, "pero... algo me dijo en la iglesia, acá. Algo de que había ocurrido un milagro, o algo así".

"Y, obvio, no preguntaste", se molestó Adrián. "Eres dhampir, un guardián y estabas bien rankeado, así que debes saber algo. ¿Qué puede enfermar a un dhampir?, no pensamos en Rose, sino en general. ¿Serena?, ¿grandote?, ¿qué los puede enfermar, algo que también tengan los humanos?. Porque eso dijiste, Lissa. Algo le pasó entre los humanos. La pregunta es... qué".

"¿Y qué tiene que ver con todo esto, Adrián?, ¿con su huída de acá?".

Se enfurruñó Lissa.

"Todo. Yo creo que todo. Tenía urgencia en irse, y eso era claro. Puede haber sido de improviso la idea, pero la acción... fue planeada por su padre, para hacerlo rápido. Tenía que sacarla de acá, y pronto"


Adrián no se quedó quieto.

Fue a la oficina de Croft, y muy dulcemente, le pidió ver la ficha de Rose.

Así que revisó -y copió-, toda la información.

Sobre todo de la academia.

Y no conforme con eso...

"Croft, quiero que averigües -para mí-, qué enfermedades -humanas y moroi-, pueden afectar a los dhampirs. Y me informarás sólo a mí. ¿Está claro?".

"Sí, milord", susurró, los ojos vidriosos.

"Y otra cosa. Yo no estuve aquí, más que para traerte un recado de mi tía. Algo sobre el simulacro exitoso".

"Sí, el simulacro fue exitoso", repitió Croft, al final, y volvió a sus tareas habituales.


Nada en la biblioteca.

Nada en las bases de datos que pudo revisar.

Nada en el propio archivo de Rose.

Adrián no halló ni una brizna de información, aparte de la que todos conocieran.

La clave estaba en la -difusa-, memoria de Lissa.

Selectiva, realmente.

Que no recordaba ni dónde ocurrió ni qué síntomas tuvo.

Nada.

No habían sido importantes, porque Rose se recuperó... ¿pero de qué?.

Y, al parecer, era al único -del círculo cercano a Rose-, al que parecía importarle en algo.

Los otros eran como ceros a la izquierda, a los que poco les parecía importar lo que le pudiera pasar.

Y descubrió que -además-, a nadie le importaba -realmente-, lo que le pudiera pasar a los guardianes -en particular-, y a los dhampirs -en general-, así que no tenía nada más que perder, cuándo fue a hablar con el único que podía saber -o averiguar-, algo así.

Ambrose, el estilista favorito de las royals... y amante de su tía, la reina.

Y sólo rogaba que saliera algo bueno de eso.

Bueno, aparte de un buen masaje capilar, claro.