¡Hola! :) un gusto volver a saludarlos, nuevamente con no se cuanto tiempo de atraso jajaja XD es tradición (9.9 si claro XD), el caso es que como sabrán, estaba haciendo reediciones de fic antiguos y ya me logre poner al día con uno, el que estoy también a unos tres capítulos de finalizar, así que en vista de esas buenas noticias :""") le sigo a esta alocada historia que de aquí en adelante se pone bien encendida.

Advertencia: No puedo empezar sin antes dejar este aviso, ¡ADVERTENCIA DE LEMON! Para las puras e inocentes mentes que aún puedan estar leyendo esta historia, les aviso que de aquí en adelante hay muchas escenas subidas de tono y sexo explícito.

Sin más los dejo con la historia…


UN HEREDERO PARA HYRULE


En el capítulo anterior…

Un fuerte trompetazo lo hizo asomarse extrañado junto a ella por la ventana.

— Son guardias del castillo —murmuró como ido, aún sin creer lo que sus ojos veían. Los hombres parecían reunir a parte de los habitantes de Kakariko para hacer un breve interrogatorio— deben estar buscándonos —conjeturo luego lo más lógico y obvio.

— Ayy mi padre —resopló cansada y frustrada, llevando una de sus manos a su frente sintiéndose repentinamente molesta.

— ¿Qué vamos a hacer?

Un minuto de silencio acompañaron sus palabras y cuando la joven consiguió encontrar una respuesta, levantó su rostro y clavó sus claros orbes sobre la confundida mirada del Hyliano.

— Jugaremos a las escondidas.

Definitivamente no pensaba volver aún al Palacio y su padre no le iba a ganar esta partida… claro que no.


.-.-.-. Capítulo 16: Ducha matutina .-.-.-.


Al parecer, la Princesa se había adelantado a la excéntrica mente de su padre, porque para sorpresa de Link, entre sus cosas traía dos trajes Sheikah, uno para ella y otro para su compañero.

Habían decidido darse una ducha rápida y salir de esa posada cuanto antes, mientras menos tiempo pasaran en Kakariko disminuirían las posibilidades de que los encontraran, aunque... para Zelda los guardias no eran un problema ya que nunca... pero nunca habían conseguido atraparla.

Zelda atravesó la modesta puertecita de madera aún envuelta en la sabana y observo con cuidado el pequeño cuarto de baño, aunque la tina ocupaba la mitad del cuarto, era un "hoyo" en el suelo, revestido de azulejos de colores que no tenían ninguna armonía uno con otros, probablemente había sufrido durante el tiempo varios "parchados", en una esquinita se alzaba una cañería algo antigua, con mucho sarro acumulado, subía casi hasta alcanzar el techo y hacia un giro para abrirse en una especie de plato con muchos agujeros pequeños, por donde seguramente caía el agua. Además de la tina, había un espejo pequeño, un lavamanos modesto y un wc, junto al lavamanos reposaba en una banquita sin respaldo dos toallas.

— ¿No vas a venir? —Le pregunto devolviéndose tras sus pasos para buscar a su ahora marido que aún se encontraba sobre la cama.

A Link inmediatamente se le subieron los colores a la cabeza, y de pronto su mente empezó a trabajar muy rápido tratando de entender si lo que ella le estaba proponiendo era... "eso" o "aquello". Su respiración comenzó a agitarse con tanta presión, ¿en verdad ella lo estaba invitando a bañarse juntos?

— Este... yo... —tartamudeo tratando de encontrar las palabras adecuadas para su discurso, la moral y las buenas costumbres ya las habían echado por la borda entre el ajetreado encuentro en el baño de visitas del castillo y su primera vez en esta pocilga la noche anterior.

— ¡¿Qué pasa?! No hay nada de malo —ella soltó a reír divertida como si bañarse con él fuera la cosa más natural de la vida, como si lo hubiera hecho una y mil veces, aunque hasta este día sólo habían tenidos encuentros algo "subidos de tono" en los baños— estamos casado... y ahorraremos tiempo si lo hacemos juntos.

El corazón de Link dio un brinco.

¿De verdad pensaba que ahorrarían tiempo bañándose juntos?

¿De verdad creía que podría ver su cuerpo desnudo frente al suyo y no verse tentado ni siquiera a tocarla?

Era una mala idea... una pésima idea... de hecho era tan mala que con el sólo pensamiento su virilidad ya delataba sus mezquinos pensamientos.

Cubrió esa parte de su anatomía con las sábanas, no quería que ella lo notara, parecía un pervertido y definitivamente no quería que ella pensara que se la estaba imaginando desnuda en la ducha y...

— ¿Link?

El chico se sobresaltó al ver su rostro contra el suyo, su inocente miradita y su encantadora sonrisa.

— Zelda —casi se ahogó al nombrarla y tosiendo sacudió su mano delante de su rostro percibiendo como el sofocante calor de su cuerpo hacia que ese casi "tranquilo" despertar se fuera por la borda.

— ¿Estas bien? —Sus manos se apoyaron inocentemente o quizás no tan inocentemente sobre los muslos firmes del guerrero, quien al primer roce se tensó de pies a cabeza, pero ella no se detuvo y deslizó sus dedos lentamente.

¡Ella no debería estar haciendo eso! ¡No debería!

Y es que cada milímetro que avanzaba lo hacía temblar, estaba tan tenso que casi no respiraba, pero ella parecía estar ajena a aquello que realmente lo aquejaba, porque lo miraba con tanta naturalidad que casi se sintió un vil y cochino pecador. No quería seguir viendo esos ojos, por lo que bajo su mirada... craso error.

— Zelda —apoyo sus manos sobre los hombros de la muchacha y mordió su labio inferior tratando de controlar ya el incontrolable deseo de probar sus bonitos pechos, los mismos que se asomaban por el borde de esa tela delgada, casi traslucida que dejaba muy poquito a la imaginación— ¡Deberíamos ducharnos! —Exclamó de pronto parándose de un brinco, casi haciendo que ella se fuera de espaldas al suelo de la impresión.

Eso necesitaba... una ducha... una ducha con agua muy muy pero muy fría.

— Eso decía yo...

Y sin más, juntos se metieron en el cuartito de baño.


En la aldea Kakariko, los guardias seguían con su exhaustivo trabajo, la búsqueda de la Princesa Zelda y su marido eran la prioridad… o al menos debería serla.

— Voy a ganar… voy a ganar —murmuró el armado muchacho sentado en el suelo junto a un árbol y frente a él un compañero.

— No te dejaré ganar —le dijo tremendamente concentrado en sacar la pieza de la enorme torre de palitos sin que se movieran las otras, si cometía, aunque fuera un mínimo error, toda la torre se iría al piso y él sería el perdedor.

— Vas a perder amigo… no puedes conmigo.

— ¡Ustedes par de idiotas no van a poder con el castigo si no levantan sus nalgas del piso y se ponen a buscar a la Princesa Zelda!

La voz del jefe de escuadrón los hizo reaccionar de golpe, se pararon con tanta prisa que la torre se fue al piso de bruces y el juego termino abruptamente.

— Pero señor… ¿qué haremos si encontramos a la Princesa?

— Es cierto señor… no tenemos el poder para enfrentarla, ¿piensa llevarla a la fuerza al castillo?

— Son unos cobardes.

— Sólo le somos sinceros, a mí me da miedo ir tras la Princesa.

— Eso… eso

— ¡Basta de tonterías y pónganse a trabajar!

— ¡A la orden! —Exclamaron al unísono poniendo sus manos en la frente del casco y saliendo disparados a reunirse con los demás guardias que en ese momento seguían con el interrogatorio de la gente.


El agua tibia empezó a caer desde la parte superior de la ducha, y ella poco después de tantearla, dejo que la sabana cayera al piso para dar un paso al frente y bajar, introduciéndose en la bañera para dejar que el agua cayera por su cuerpo desnudo.

Link trató... de verdad que trató, de no mirar; pero... ¿Qué idiota no miraría un espectáculo como aquel?

Y si antes ya tenía a su amiguito listo para la acción, ahora sí que parecía una bestia desatada, estaba tan erecto que le molestaba, sin pensarlo cubrió con sus manos y una vergüenza inexorable su virilidad, y trato de calmarse.

"Respira profundo... respira lento... exhala" se repetía una y otra vez mentalmente.

Al cabo de unos segundos se creyó preparado para regresar su vista a su esposa... pero no... no estaba listo...

Nunca estaría listo para eso.

El agua corría sobre su cuerpo desnudo, humedeciendo sus cabellos largos, que se adherían a su piel clara en un espectáculo sublime, recorrió su rostro, sus delicadas facciones mientras el agua se movía a través de su exquisito cuello... sus hombros... ¡Se estaba volviendo loco! Y entonces noto con deleite como ella pasaba sus finas manos por su desnudes, por aquella humedad que la rodeaba y las subía lentamente por su cuello hasta llegar a su rostro, parecía sonreír y mantenía sus ojos cerrados dejando que el agua cayera sobre ella de una forma tan perfecta que aquella visión sofoco cada uno de sus sentidos.

Y el vapor lentamente empezó a elevarse.

Con su mano surda agarro su miembro erecto, y lo froto tratando de bajar esa tensión que no podía tener más elevadas sus hormonas. Pero aquello que pensó que solucionaría su problema solo lo empeoró. Se volteó para que ella no notara lo que hacía, temiendo ser descubierto en tan "incauto" acto, donde movía su mano sobre su falo ardido y sentía como entre la presión que ejercía y la fricción poco a poco se endurecía más y más. Su respiración entrecortada parecía dejar en evidencia su real sentir, y aunque trataba de respirar normal; de verdad trataba de hacerlo; no podía evitar morder su labio trayendo una y otra vez a su mente la imagen perfecta de su muza bajo el agua… quería tocarla, quería tenerla entre sus brazos y recorrer con su lengua cada centímetro de su excitante piel, suave... perfecta y maravillosa.

— ¿Link?

Dio un respingo sorprendido, creyendo haber sido descubierto en medio de sus locas ensoñaciones.

— ¡No es lo que parece! —Exclamó sorprendiendo a la muchacha quien se volteó a mirarlo por primera vez.

Inevitablemente se sonrojo al ver su masculina espalda desnuda, seguramente se estaba preparando para ingresar a la ducha y le daba pena hacerlo... "Tan típico de Link" pensó.

— Hey tranquilo —le sonrió ya con el cuerpo totalmente cubierto de espuma— sólo te iba a pedir que me enjabonaras la espalda.

Hasta las orejas se le enrojecieron al escucharla, ahora si que era como un verdadero volcán a punto de hacer erupción.

¡¿Por qué diablos le pasaban estas cosas?!

¿Por qué siempre tenía que terminar en semejantes situaciones?

¿Por qué si ella era "su" Princesa seguía sintiéndose como un peligroso animal enjaulado?

Su inocente y bella mujer pidiéndole algo tan simple y cariñoso, y él, masturbándose ahí justo al lado de ella, sin dejar de pensar en poseerla, era un depravado... un maldito depravado.

— Claro, con gusto te ayudaré —respondió esperando que ella hubiera notado el color encendido de sus orejas puntiagudas— sólo voltéate, ¿sí?

La escuchó soltar una suave risilla, seguramente ella creía se él se sentía apenado de que lo viera desnudo de nuevo y en parte si era eso, pero más que el hecho mismo de estar en cueros lo que le complicaba es que no había forma de calmar al pequeño amigo que tenía entre las piernas.

¡Ella notaría a leguas que estaba demasiado prendido tan temprano en la mañana!

Zelda aún ajena al dilema interno y externo, sobretodo externo, de su ahora marido, se volteó y le indico que ya estaba lista. Link también se giró y la observo apartar sus cabellos espumados de su espalda haciéndolos a un lado, dejándolo con una bonita visión de su maravillosa y fina espalda. Estaba acuclillada en el suelo de la bañera y parecía esperarlo.

"Tranquilo... tranquilo... todo está bien... sé que puedes controlarte mini Link" se decía mentalmente una y otra vez, pero era evidente que su estúpido pene no tenía intenciones de hacerle caso, porque seguía tan erecto como una espada lista para dar una estocada mortal. Y él... poniéndole sosos apodos a su miembro tampoco conseguía bajarse la calentura.

¡Estaba acabado!

Finalmente llego al borde que delimitaba el inicio del "agujero" que era la bañera y con cuidado piso la húmeda superficie de losa para no caer. Tomando un poco de jabón lo frotó en sus manos y se hincó justo detrás de su presa... digo... de su esposa... que en este momento estaba debatiéndose por mantener a raya el repentino acelerar de su corazón.

Era tan extraño estar en esta situación con Link y a la vez... era tan... tan... excitante, sacudió su cabeza ligeramente y trato de controlarse, seguro Link ni siquiera le veía lo pervertido a este momento y era sólo ella que de verdad estaba esperando que él se abalanzara contra su cuerpo y la tomara nuevamente como suya, aquí y ahora. Pero si una ducha sensual no había despertado nada él, no podía esperar que frotar su espalda desnuda lo hiciera. O al menos eso creía.

Link respiró profundo y acerco sus manos enjabonadas y temblorosas hacia la espalda de su Princesa, el vapor se estaba haciendo denso y el calor que sentía lo estaba sofocando. Cuando las yemas de sus dedos hicieron el primer contacto casi ahogó un quejido al escuchar como ella suspiraba plácidamente ante el resbaloso movimiento de sus dedos.

¡Por todas las Diosas! ¡La cabeza le iba a explotar!

Y aquel contacto tímido se afianzo cuando sus palmas estuvieron en total contacto con su piel desnuda, mientras su mente pedía a gritos que la caldera del agua se echara a perder y los bañara con agua helada. Deslizó suavemente sus manos temblorosas, conteniendo sus deseos con todo el ímpetu de su espíritu, era un guerrero... podía con esto... tenía que poder.

— Se siente bien —ella se estremeció ligeramente al percibir como las manos de él alcanzaban sus hombros, masajeándolos lentamente y luego volvían a bajar por su espalda.

— ¿Te... gusta? —Le preguntó con una voz tan temblorosa como sus manos.

Ella suspiró largamente, y él se estremeció al notar que la chica arqueaba ligeramente su espalda.

— Se siente increíble —suspiro de nuevo al tiempo que Link volvía a frotar sus manos húmedas y jabonosas sobre su espalda— ay Link —gimió suave e incitantemente al sentir como ahora las manos de él bajaban hasta sus caderas.

¡Por todo el poder hegemónico de las Diosas de la creación!

¡No podía con esto!

¡No podía!

Al diablo con la cordura, con la mesura, con la "inocente" ducha, todo se había ido al carajo desde el instante que había aceptado la propuesta de Zelda, ahora estaba atrapado entre su creciente excitación y ese incontrolable deseo de tenerla.

— Puedo… hacerlo mejor —le susurró con picardía contra a su oído, juntando su torso con el de ella mientras sus brazos se colaban por entre los costados del cuerpo de la Princesa para abrazarla.

— No te detengas —le suplicó sintiendo como el torso desnudo de él se deslizaba por su espalda entre el agua y el jabón, haciendo de ese contacto algo verdaderamente placentero.

Sus manos subieron traviesamente desde el vientre hasta alcanzar la base de sus pechos y mientras depositaba besos suaves sobre la piel exquisitamente húmeda se acercó otro poco haciendo que casualmente su erección chocara contra el cuerpo de ella.

La Princesa gimió al sentir el endurecido miembro de él contra su cuerpo, la enloquecía descubrir que él también la deseaba, quizás sus esfuerzos por provocarlo no habían sido en vano.

— Perdóname —le susurró contra su cuello, mordisqueándolo suavemente haciendo que ella temblara entre sus brazos— me tienes loco... estoy tan caliente que no puedo seguir conteniéndome.

La piel se le erizo por completo al escucharlo, y él aprovecho ese instante para subir descaradamente sus manos y masajear sus pechos entre la suavidad del agua que corría entre sus cuerpos y lo resbaloso de la espuma que aún tenían, se sentía tan bien... era tan estimulante, y aún más cuando ella comenzó a suspirar insistentemente, llamándolo una y otra vez.

— Por favor... no te detengas —murmuró presa de la excitación.

Ella se levantó ligeramente y el falo del guerrero se deslizo entre sus glúteos, haciendo que el chico gimiera con fuerza al sentir el inesperado movimiento, pero no perdió tiempo y frotó con insistencia los endurecidos botones que coronaban los pechos de su amada mientras su hambrienta boca dejaba marcas en su piel desnuda y húmeda y su lengua lamia cada rincón buscando inútilmente quitar la humedad de la misma, pero el agua no se detendría, por lo que no había forma de quitarla, seguía y seguiría bañándolos de una sensación agobiantemente placentera.

Y la bruma se hacía cada vez más espesa, más densa… más asfixiante.

— Te deseo —le dijo mientras volvía a gemir, aquello que estaban haciendo sólo había pertenecido a sus más alocados y excitantes sueños.

La Princesa comenzó a desesperarse, al no poder tocarlo como quisiera por la posición que mantenían, entonces se separó ligeramente y se volteó, viendo como el mordía su labio inferior al tenerla de frente, completamente a su merced.

No perdieron tiempo, ella lo abrazo cariñosamente por el cuello y se sentó sobre las piernas de él, mientras sus bocas buscaban anhelantes el volver a encontrarse, ahora en medio de esta incitante y vaporosa atmósfera.

Era como haber regresado al baño de visitas en el castillo, pero mil veces mejor, ahora nadie los interrumpiría y podrían dar rienda suelta a sus más alocadas ensoñaciones.

La Princesa se deslizó por las piernas del muchacho y entre besos dejo su entrepierna a merced del miembro del héroe, quien al sentir el ardiente contacto con su intimidad no pudo más que romper ese beso y soltar gemidos fuertes y roncos jalándola para acomodarla bien y poder sentirla mejor entre la estimulante danza que realizaba ella sobre su cuerpo caliente.

— Quiero probarte...

— ¿Qué? —Aquella petición la tomo totalmente desprevenida, en parte no había entendido o quizás no quiso analizar a que se referiría.

Y aún con esa sonrisa extasiada, la tomó con cuidado para dejarla sentada justo frente a él, entonces sus manos acariciaron los pies de la muchacha, besando sus dedos haciendo que ella se tensara, acercó más las piernas de ella y subió con besos por la piel clara y hermosa, topándose con sus rodillas, pero no se detuvo ahí, no quería hacerlo... estaba tan excitado, tanto que aquel lento camino que seguía se le hacía eterno y tortuoso, pero a la vez disfrutaba ver como ella se estremecía, le seducía cada sonido de placer que se escapaba de su boca. Los muslos firmes y codiciados de su dama los probó con sublime deleite, subiendo aún más, sintiendo como la ansiedad lo ponía en un punto sin retorno.

Y el agua continuaba cayendo.

— ¿Link... que estás... haciendo? —Le pregunto jadeando, tratando de cerrar sus piernas y viendo como su pareja seguía avanzando sin escrúpulos sonriendo traviesamente con caricias, besos e incitantes lamidas.

— Me lo debes... —le dijo succionando su piel humedecida, sintiendo como el vapor y agua nublaban su pensar, percibiendo como ella temblaba sin control ante cada acción que él realizaba.

Mantuvo sus piernas separadas y dedicándole una excitada mirada notó que ella lo observaba, indefensa y a su merced, con las mejillas totalmente sonrojadas y con algo de pena trato inútilmente de impedir que siguiera.

— Link... espe...

Demasiado tarde, su fuerte gemido y un espasmo incontrolado la hizo arquear su espalda y enloquecer ante las acciones del guerrero, quien hurgueteo entre su intimidad pasando su lengua por rincones inexplorados, deleitándose con aquel extasiante sabor de su libido, de su apetecible esencia que ahora era suya... sólo suya.

Zelda trató de acallar sus gritos de placer cubriendo su boca con sus manos, pero no podía controlar sus gemidos ante los movimientos lentos de la lengua de él sobre su sexo, los mismos que se hacían cada vez más atrevidos, más rápidos y más ansiosos.

— ¡Ah Link... para! —Le rogó percibiendo como sus músculos se tensaban ante el incontrolado placer, y como sus piernas apretaban la cabeza del chico sin poder evitarlo.

Pero el guerrero no se detuvo, siguió estimulando aquel palpitante botoncillo hasta que ella no soporto más la tensión y con fuertes contracciones pareció alcanzar un climax pleno y prolongado, uno que la hizo temblar de pies a cabeza entre las atenciones de su amado.

Y el agua seguía cayendo sobre sus cuerpos, barriendo las evidencias de su actuar impropio, de su intensa excitación y de ese pleno goce que llenaba sus sentidos.

Ella exhausta y rendida, mantenía a duras penas su cuerpo ligeramente levantado del piso de la bañera con sus codos posicionados a sus costados. Pero Link no había acabado, por lo que sin aviso se montó sobre ella con su miembro aún erguido y palpitante.

— Eres tan hermosa —susurró aún perdido entre tantas emociones atiborrando cada sentido, se lo había dicho una, dos, tres... no recordaba con exactitud cuantas veces le había repetido lo mismo, pero no se cansaría de hacerlo, porque cada vez que la admiraba descubría una faceta nueva e intrigante en ella, sentía que podía perderse en el laberinto de su cuerpo una y mil veces y no se cansaría de hacerlo. Definitivamente lo volvía loco escucharla gritar de placer, gemir con un ímpetu tal que conseguían hacerlo temblar de emoción y anhelo.

Le sonrió dulcemente, acariciando con gentileza una de sus mejillas teñidas de rosa, y luego junto su frente a la de la muchacha dejando que sus miradas volvieran a encontrarse.

— Link... yo... —de pronto se sintió muy apenada de su propio descontrol, pero no podía frenar las sensaciones que inundaban cada milímetro de su ser, las mismas que él despertaba con cada caricia, con cada beso de esa boca hambrienta y sedienta de más.

— Quiero besarte —susurró agitado, respirando su mismo aire, percibiendo como el agua caía sobre sus cuerpos con insistencia.

Ella le sonrió divertida, y sujetando con sus manos el rostro del chico lo jaló suavemente para que sus bocas volvieran a reunirse en un beso placentero, lento y profundo, donde la lengua de él se jacto de que aun podía provocarla, haciéndola suspirar entre besos, mientras sus manos afanosas recorrían nuevamente la deliciosa y húmeda piel de la Princesa y sus cuerpos hacían un vaivén controlado, donde lentamente el falo del Hyliano busco poseerla por completo. Ella separo nuevamente sus piernas invitándolo a avanzar, y Link entendiendo su "indirecta" se aventuró como todo un campeón con una experticia que había adquirido en una sola noche, pero era como si hubieran nacido para esto, como si sus sentidos recordaran cada vez que la había tenido entre sus brazos en otra vida... en otra realidad.

Y ahogando un gemido excitado se deleitó con su estreches, con aquel roce maravillo de cada profana estocada con la que se apoderaba por completo de su cuerpo, de su más íntimo deseo. Ella volvió a elevar su voz, deseando que aquel movimiento que él mantenía fuera más profundo, más intenso.

— Hazlo más rápido —le pidió agitada aferrándose a la espalda fuerte y fibrosa de su pareja.

Link sonrió extasiado ante la petición de su Princesa, y como buen vasallo debía complacerla.

Había temido dañarla como durante la noche, pero ella aplacó cada temor infundado con sus ruegos, con sus besos desbordantes de excitación, con una mirada que caló tan profundo en su interior como lo hacía ese sentimiento que cargaba por ella desde que había descubierto que la amaba. Y entre suplicas jadeantes él obedeció, penetrándola con fuerza, moviendo sus caderas con más ímpetu y más poderío.

El coro de sus exaltados gemidos, de sus respiraciones entrecortadas, de su plena entrega lo acompaño hasta que su cuerpo no pudo más y juntos alcanzaron el climax, un orgasmo tan lleno y extasiante que lo hizo temblar con fuerza y casi perder el aliento en su última exhalación.

Y el agua... seguía cayendo.

¿No se suponía que se estaban duchando?

Sonrió algo atontado al recordar el objetivo de entrar al cuarto de baño juntos.

Bueno... al menos el agua que caía no dejaba que el calor de sus cuerpos fuera bañado por el sudor, pero aquel vapor que se había acumulado en el cuarto de baño cargaba la estancia de una atmósfera única, de un olorcito a jabón que ahora se quedaría grabado junto a sus emociones, transportándolos una y otra vez a este magnífico instante.

Link la mantenía sujeta entre sus brazos, no dejando que la espalda de ella tocará la superficie de la bañera. Juguetonamente coló su rostro entre el hombro y el cuello de su doncella un segundo antes de hablar.

— ¿Me enjabonarías la espalda?

Ella sonrió divertida al escucharlo, y soltando una suave risita asintió con un moderado movimiento de cabeza, un poco antes de tomar algo de distancia y acomodarse detrás de un Link que se había sentado cruzando sus piernas esperando a la muchacha con una sonrisa que no podía quitarse de la cara.

— Cierra tus ojos...

El obedeció y poco después pudo sentir como las manos delicadas manos de la Princesas y sus finos dedos masajeaban suavemente la piel de su espalda.

— Tienes razón —suspiro quedadamente y disfruto del momento— se siente muy bien.

Zelda sonrió al escucharlo, comenzando a depositar suaves y cariñosos besos sobre sus hombros, su piel húmeda seguía despertando impuros deseos en su interior.

El Hyliano recibió gustoso aquellas dulces caricias que ella le regalaba, pero pronto empezó a sentir la imperiosa necesidad de besarla, y acomodándose un poco, giró su rostro y busco a tientas con ayuda de su mano el rostro de la Princesa, quien no opuso resistencia ante su idea y levantándose un poco lo abrazo colando sus manos hasta los pectorales del guerrero mientras sus pechos eran recargados contra la espalda de él.

Y volvieron a besarse, lentamente, encontrando el acople y el ritmo perfecto, dejando que sus cuerpos y sus intensas emociones guiaran sus acciones, sellando este encuentro con un renovado beso, el más dulce y perfecto; lento, profundo y húmedo.

Después de todo… seguían en medio de su baño.


Mientras en el castillo de Hyrule...

El Rey se sentó como nunca en su trono, la verdad es que en el castillo ese lujoso asiento era usado para todo fin menos para lo que te había sido concebido, pero hoy era uno de esos días donde sentía que había llegado el momento de sentar cabeza, cielos... ¡que estoy escribiendo! ¿el Rey sentando cabeza? Seguro era una broma...

— ¡Impa! —Exclamó con autoridad, inflando su pecho mientras apoyaba su espalda en el alto y decorado respaldo y acomodaba sus antebrazos en el apoya brazo grueso del trono.

— ¿Daphness? —Preguntó sin darle mucha importancia, sintiendo que su llamado había sido excesivo tomando en cuenta que ella estaba justo al lado del trono del Rey.

— ¿Han encontrado a mi hija? —Nuevamente la seriedad domino cada facción de su rostro. Ni siquiera se molestó en mirar a la mujer, en ese instante alardeaba de su autoridad con la vista indiferente clavada al frente.

— No señor —respondió en el mismo tono seco y monótono.

— ¿Y qué están haciendo para encontrarla?

— Pues... lo de siempre... los guardias están siguiendo su rastro.

Ni siquiera se percató del tonito aburrido con el que Impa le hablaba.

— Impa... dime algo —su mano se aferró al posa brazo al tiempo que volteaba su rostro para mirarla severamente— ¿Los ayudaste a escapar?

— ¿Y que si así fuera?

— ¡Lo sabía! —Se montó como loco en el trono apuntando a la Sheikah con su dedo acusador— ¡Me has traicionado!

— Ay Daphness, no digas estupideces —sacudió su mano delante de su rostro restándole importancia al tema— te dije que los dejaras tranquilos, desde antes del matrimonio.

— ¡Pero es sumamente importante que este vínculo se selle y ellos dejen descendencia!

— ¿Y tú crees que para eso necesitan de tú ayuda?

— ¡Por supuesto! ¡Es mi niñita de la que estamos hablando!

— La princesa es una mujer adulta Daphness, no necesita a su padre para hacer cosas de grandes... además —hizo una pausa y sonrió divertida— estoy segura que a estas alturas el matrimonio ya debe haberse consumado, ¿o crees que los pobres iban a soportar más tiempo? ¡Estaban con las hormonas por las nubes!

El hombre volvió a sentarse ahora con un aire soñador en el rostro.

— ¿Crees que regresen con una sorpresita?

La Sheikah soltó a reír divertida y le dio unas palmadas al hombre en la espalda. Ciertamente la idea de un nuevo heredero era algo que también despertaba gran ilusión en ella.

— Deberíamos darle vacaciones, ¿no le parece? —le dijo con un dejo de complicidad— digo... para que regresen con esa sorpresita en camino, ¿no?

— Tienes un punto mi querida Impa... tienes un punto.

— Debería desplegar la persecución.

—- ¡Nah! Que va —soltó a reír de buena gana— ¿Tú de verdad crees que los guardias del castillo pueden contra mi hija?

Impa volvió a reír, ciertamente nunca de todas las miles y miles de escapadas de la chica esa tropa de hombres armados había logrado capturar a la Princesa y en parte eso la llenaba de orgullo, porque más que mal... todo lo que la chica sabía lo había aprendido de ella como su pupila.

— Tiene razón señor.

— Además, el que los estén siguiendo le dará un poco de adrenalina a su travesura.

— Y como usted es todo un experto en el tema.

El hombre sonrió animado y se bajó del trono, acababa de recordar porque no le gustaba sentarse en el. Odiaba esa sensación de mirar a la Sheikah desde una plataforma superior, Impa era más que su mano derecha, era como… su cuerpo entero, sin ella seguro el reino sería un total desmadre.

Hay que admitirlo… entre tantos locos la más cuerda entre las paredes del castillo era la tutora de la Princesa.

— ¿Y bien? ¿Me acompañaría a tomar un aromático té de frutos rojos con unas galletitas? —Le ofreció galantemente su brazo a su compañera.

— Sería un placer, majestad —realizó una breve reverencia y sujeto el brazo del nombre con un ligero rubor adornando sus mejillas.

A veces, solo a veces Daphness Nohansen si parecía un hombre cuerdo, hecho y derecho, siempre y cuando no saliera con sus aberrantes ideas y su loco e infantil actuar.


Eran como dos traviesos críos jugando a esconderse, entre risas y sonrisas cómplices pasaban entre las viviendas de Kakariko como si conocieran cada rincón, cada refugio, cada esquinita donde sabía sus cuerpos hacían un punto ciego para aquellos que transitaban.

— ¿Estas segura de esto?

— No te preocupes… nadie nos verá.

Sonreía tan animada y desinhibida como si sintiera que tenía el control de todo, se sentía libre, feliz, amada y… quería llegar lejos, muy lejos… donde su padre no pudiera alcanzarlos, quería conseguir un mundo donde sólo existieran ellos dos, un lugar donde sus pensamientos se funcionaran con los de su compañero y nadie pudiera detenerlos.

Deseaba libertad.

Más que nunca deseaba ser libre y amar sin ataduras, sentir sin remordimientos, gritar sin inhibición.

— Hay dos más adelante… van a vernos —murmuró bajito cubriendo su boca con el cubre rostro que incluía el traje Sheikah que ahora modelaba.

— Tú sólo sígueme —le dijo aún demasiado animada, como a sabiendas que su travesura no terminaría en ese lugar, no lo permitiría— acomódate la ropa y actúa con naturalidad —también cubrió parte de su rostro con el traje.

Link se paró derecho y afirmó la atadura de la yukata corta tradicional blanca y roja que usaban los habitantes en Kakariko, bajo estas ambos tenían puesto sus trajes Sheikah bien ceñidos a sus cuerpos.

— No me parece una buena idea…

— Shhh… ahí vienen.

Continuará…


Ok XD corte el capítulo en esta parte una porque el título original era totalmente diferente, pero cuando pase al archivo a word me di cuenta que estaba algo monstruoso y XD preferí dividirlo en dos, así que la aventura continua en la segunda parte que tiene el nombre original de este capítulo XDD

Quiero agradecer a todos los que siguen esta historia, me disculpo por la enorme demora, en verdad trataré de llevar un ritmo más constante ahora que al fin estoy más ordenada con los fics XD, muchas gracias a Fox McCloude, mr fxncy pxnts, LordFalconX, Yahab, Zelink 94, Chinitha Marquez, Goddess Artemiss, Generala y linkzel s, en verdad aprecio mucho su apoyo, sé que todos esperaron mucho para el primer dilataaado lemon de la historia XD, pero seguro ahora me avientan algo porque de aquí en adelante no me hago responsable de traumas futuros xDDD

Me disculpo de antemano por cualquier dedazo o cosa rara que se me pasara XD la verdad es que revise el capítulo pero son las 1 de la mañana XDDD y estoy con algo de prisa.

¡Saludos a todos!