Advertencia: Este capítulo puede contener escenas no aptas para todo público, abstenerse de leer al menos la primera parte si no les gusta las escenas subidas de tono XD

Creo que esta vez no diré demasiado XDD, sólo que este fic es una mezcla de lo más alocada y rara de muchas sagas de Zelda, así que no se sorprendan del popurrí de cosas y personajes que he agregado X"D

Sin más los dejo con el fic.


UN HEREDERO PARA HYRULE


En el capítulo anterior…

Con cuidado la jaló y logró subirla hasta la parte alta de la carreta. Zelda suspiro cansada y se quitó el cráneo de la cabeza, la verdad es que le pesaba bastante.

— ¿Y él?

— Es Terry —respondió Link como si nada, había otra cosa que le preocupaba mucho más que presentar a su recientemente conocido amigo.

— Mucho gusto aguerrida señorita —le guiñó de forma simpática— les puedo vender unas pomadas y algunas vendas para sus heridas si gustan.

Link sintió como una gotita de sudor frío recorría su cien, pero en ese momento la sugerencia de Terry le venía como anillo al dedo.

— Me vendría bien, amigo. Y una botella de agua, si tienes… por favor —sonrió rascándose la cabeza y regresando su mirada hasta Zelda— ¿Estás bien?

— Claro, es sólo un rasguño —sonrió algo más calmada, sintiendo como toda la adrenalina del caos comenzaba lentamente a desaparecer de su sistema al estar nuevamente a salvo y junto a su pareja—. ¿A dónde vamos?

Finalmente habían dejado atrás Kakariko, y ahora avanzaban rápidamente atreves de uno de los caminos de la pradera de Hyrule.

— Quien sabe —sonrió divertido.

Y ella le devolvió aquella afable y simpática sonrisa, aún vestida de chica vikinga y con todo el cuerpo y la cara pintada.

— Quizás me excedí un poquito.

Link soltó a reír divertido.

— Pero me gusta tu atuendo —se acercó con un aire coqueto y le susurro algo al oído para que Terry no pudiera escucharlos.

Zelda se sonrojó y con un empujoncito lo alejo de ella mirándolo con reproche.

— ¡¿Terry dónde están esas vendas?! —Exclamó la chica tratando de desviar totalmente el temita.

Ahora que finalmente habían escapado de la guardia real podrían continuar con aquella alocada travesía por Hyrule, tenían todo un mundo extenso e increíble por descubrir, juntos.

Y un intenso sentimiento que los unía fuertemente a pesar de la adversidad… y la locura de la autora de esta historia…


.-.-.-. Capítulo 18: Bienvenidos a Ordon .-.-.-.


Sus manos bajaron con prisa recorriendo su espalda bajo el agua, sus bocas mantenían un ritmo esclavo, un avance que dejaba en evidencia su indudable deseo.

La luna creciente seguía adornando un cielo despejado y estrellado, mientras el sonido de la vertiente que caía sobre las rocas aplacaba sus respiraciones agitadas. Estaban rodeados de un mundo salvaje, cargado de sonidos nocturnos, pequeñas luciérnagas sobrevolando la lagunita, escabulléndose entre el follaje de ese pequeño oasis verde en medio de ese viaje precipitado que realizaban.

— No era mi intención traerte... hasta acá... para esto —agregó a duras penas entre beso y beso. La boca hambrienta de ella parecía no desaprovechar segundo alguno para volver a arrebatarle el aliento.

Y él... él simplemente se sentía prisionero de ese sentir, era vasallo de sus caricias, de sus besos, de cada incitante roce con su cálida y húmedo piel.

— ¿En serio? —Se distancio ligeramente para observarlo con picardía, su rostro aún mantenía las marcas de aquella pintura que se había aplicado, probablemente tardaría en salirse—. Por cómo me mirabas durante la tarde, no parecía así.

Las mejillas de Link se encendieron ante el comentario de ella, siempre tan suspicaz.

— No... yo...

— Bueno... aún podemos jugar a otra cosa —sonrió enredando sus brazos en su cuello al mismo tiempo que sus piernas abrazaban las caderas del rubio bajo el agua cristalina—. Haré lo que me pidas —le susurro incitantemente junto a su oído.

Link se estremeció y apoyo ambas manos en los glúteos de ella, en el agua la joven era como una pluma, tan liviana que por un segundo maldijo no poder percibir la presión entre sus cuerpos al tenerla sobre él presa de la gravedad.

El agua no era muy profunda, pero cubría su cuerpo hasta el pecho, dejando a vista sus hombros angulosos y algo descubierto su escote. Para Link era una vista maravillosa, pero aún insuficiente, teniéndola tan cerca como para poder admirar su perfecta desnudes, bañada por el astro que reinaba la noche y por aquellas pequeñas y traviesas luminiscencias, con ese color verdoso, que se acercaban curiosas, pero se intimidaban ante cada gemido que soltaban los rubios.

— No me hagas esto —suplicó al tiempo que ella se movía haciendo que sus cuerpos se frotaran y su miembro erecto rozara la entrepierna de ella.

— ¿Por qué tan tímido? —sonrió divertida, en verdad le hacía gracia lo tenso que él se ponía cada vez que lo provocaba—. ¿Le temes a tú esposa?

Ciertamente esa era una buena pregunta.

¿Qué era lo que temía? ¿Qué era lo que estaba tratando de contener?

La joven sobre su cuerpo era su mujer, había atado su vida a ella en una ceremonia terrenal, algo rara... un poco improvisada, pero era un hecho que se habían casado. Eran almas afines, unidas desde tiempo memoriales, donde el mundo mortal alcanzo el de los Dioses. Según las leyendas el poder sagrado que heredaban las primogénitas de la familia real era el legado de Hylia, la Diosa que había sacrificado su inmortalidad para reencarnar junto al guerrero legendario, un mortal que había alcanzado la eternidad al unirse a esa Diosa en ese bucle infinito, donde iban y venían una y otra vez a través de las eras... cruzando los límites del tiempo.

Y aquí estaban nuevamente, atados por un sentimiento que despertaba con el fervor de una mirada, al verla... al sentirla podía jurar que habían estado toda una vida así, que aquí y ahora no era la primera vez que se veían.

— A veces... temo perderte —se sinceró ocultando su rostro en el cuello de la princesa—. No quiero... no quiero herirte... siento que este deseo consume mi razón.

— ¿Lo dices por la maldición de la anciana? —agregó un tanto más seria, arrullándolo entre sus brazos, escuchando el clamar del bosque, vivo y latente.

— Era una bruja Zel.

— Era una anciana loca —sonrió obligándolo a separarse, sujetando su rostro entre sus manos—. Olvídate de ella.

— ¿Y la bestia?

— Tranquilo —beso con ternura la perlada frente del muchacho notando esa ligera angustia en su mirada—. Te aseguro que podre domarla —bromeó.

Link soltó una risilla, rompiendo ese breve, pero tenso ambiente.

— Creo que eso me asusta más —agregó sonriendo divertido, aquella espontaneidad en ella y esa seguridad que transmitía lo habían cautivado desde siempre.

— Eres un cobarde —soltó juntando la punta de su nariz con la de Link mientras volvía a retomar esa pícara sonrisa.

— ¿Eso crees? —Sonrió justo antes de jalar su rostro para renovar esos besos ansiosos, aquella apasionada muestra de afecto con la que habían comenzado esta "inocente" velada.

Sus cuerpos ardidos buscaban aplacar aquel fuego interior, aquella llama que se había encendido sin control. Porque aún en medio de aquella lagunilla, con la traviesa y fresca brisa de la noche, y esa expectante luna casi llena sobre sus cabezas, sentían calor... mucho calor.

Aunque esto era sólo el ápice de algo que venían sumando hecho tras hecho durante la tarde de ese día que podría haber sido aparentemente tranquilo, pero como en Hyrule no hay días tranquilos gracias a la loca autora de esta historia... retrocederemos unas horitas hacia al pasado para entender lo que está pasando.

Porque me pregunto ¿A nadie le da curiosidad eso de la maldición?


Después de acomodar algunas chucherías al interior de la carreta de Terry, quien seguía al mando y dirigiendo el transporte quien sabe hacia dónde. Link y Zelda habían bajado de la parte superior para tener algo de "privacidad" y para poder obviamente terminar asuntos que tenían pendiente.

— Revisaré esa herida —dictaminó sin miramientos, ella había insistido una y otra vez que no era nada, que sólo era un rasguño y que no había de que preocuparse, pero... él era el protector de la princesa desde siempre, bueno... casi desde siempre y ahora que estaban casados, con mayor razón se preocupaba por el bienestar de su mujer, de la chica que amaba con locura y que lo había arrastrado a raptarla del castillo para tener esta aventura digna de adolescentes rebeldes.

— Ya te dije una y mil veces...

— Que no es nada —suspiró mientras liberaba el tapón de la botellita—. Lo sé, ya me lo dijiste.

¿En serio esta sería la primera discusión matrimonial? ¿Iban a pelearse por una boba herida?

Pero el culpable de esto era él. Si no lo hubieran capturado o si se hubiera liberado antes de que la chica se precipitara para rescatarlo, probablemente no tendría "esa" herida en el brazo.

— Entonces, olvídalo.

— Claro que no —se hincó junto a ella sosteniendo la botella en su mano derecha—. Sólo déjame ver —le dijo en un tonido amable, sonriéndole dulcemente.

Zelda parpadeo un par de veces tratando de no caer ante "esa" carita tan bonita, pero su corazón se aceleró ante cada milímetro que él ganaba, no podía seguir manteniendo su actitud ruda, ni mucho menos ese semblante de disgusto, Link derretía el hielo con una sola sonrisita. Era el indudable ganador de esta batalla mucho antes de haberla comenzado.

— Esta bien —suspiró resignada y giro su rostro para que él no notara el rojo en sus mejillas—. Tú ganas.

Link sonrió divertido al ver la infantil mueca que dibujaban los labios de ella, pero sin perder el tiempo se acercó otro poco y tomando el brazo herido de la muchacha examinó lo que Zelda decía que "no era nada".

— Es una herida fea —conjeturo finalmente.

— Una cicatriz no va a matarme —agregó cerrando sus ojos tratando de no darle mayor importancia.

Link no dijo nada, sólo se limitó a limpiar la herida para observarla mejor.

— Puede que esto te duela un poco —advirtió antes de realizar su siguiente movimiento.

Ella pareció ignorarlo y él sólo sonrió divertido ante su aparente indiferencia. Con sumo cuidado saco parte de la pomada que Terry les había "amablemente" vendido, y esparció la pasta sobre la herida. Zelda se tensó, pero trato de contener cualquier queja para no evidenciar que realmente le dolía.

— Ey —se acercó un poco para susurrarle junto a su oído—. No es necesario que te hagas la valiente.

La princesa abrió sus ojos de par en par y lo desafío, encontrándose con el rostro de Link muy cerca del suyo.

— Estoy bien... ya te... —pero no pudo seguir, Link volvió a deslizar la pomada ahora haciendo presión para que la pasta ingresara en la herida que aún sangraba un poco.

Se quejó al sentir un dolor punzante, apretó sus puños, tenso involuntariamente sus músculos y cerró sus ojos inhalando profundamente.

— Tranquila, ya paso —le dijo cariñosamente mientras envolvía la herida con una venda—. De noche la dejaremos descubierta para que no se infecte —agregó mientras realizaba un pequeño nudito en la tela y luego bajaba su mano por el brazo de la chica haciendo un lento recorrido hasta cruzarse con su mano.

— Impa se enfadará mucho conmigo —murmuró luego suspirando de forma sosegada percibiendo como el hyliano se aprovechaba de esa cercanía que mantenían y entrelazaba amorosamente sus dedos con los de ella.

— Claro que no —aseguró Link quien de pronto recordó las palabras de la tutora de la princesa "No se te ocurra volver si algo le pasa", le había dicho—. Yo seré el que me meta en grabes problemas si no dejo de descuidarme, lamento mucho lo ocurrido.

De pronto se sintió indudablemente culpable, ver su miradita apenada le rompió el corazón.

— Esto es culpa de mi padre —dictó sin miramientos y afianzo ese agarre que tenía entre su mano y la de él—. Si no nos estuviera siguiendo como si fuéramos delincuentes, no tendría que ponerme en modo salvaje y correr riesgos innecesarios —agregó antes de soltar a reír divertida.

Link observó anonadado la bonita sonrisa de su mujer, y sin darse cuenta se contagió de aquella energía que ella despedía con un hecho tan simple como ese.

— La verdad —se acercó otro poco para abrazarla por la cintura acercando sus cuerpos—. Ese traje bárbaro no me deja quitarte los ojos de encima —le dijo sumando a su anterior acotación, la que le había susurrado junto a su oído cuando aún estaban en la parte superior de la carreta.

Ella se sonrojó notoriamente, sintiendo como su corazón empezaba a galopar con fuerza. Estaban tan cerca que pronto sus respiraciones se entremezclaron y sus miradas parecieron perderse en las del otro.

— No me mires así —dijo apenada, desviando la mirada aún más sonrojada.

Pero Link sonrió complacido ante esa reacción de ella, normalmente era él quien terminaba en su lugar, achunchado por los encantos de aquella dama que lo traía como loco.

La carreta dio un brinquito inesperado y luego viró con algo de brusquedad, haciendo que la inercia de sus cuerpos los llevara directo al suelo. Zelda cayó de espaldas entre un montón de especias y Link justo sobre ella. Se hubieran pegado un cabezazo de aquellos si el hyliano no hubiera atinado justo antes de colisionarse a poner sus manos a los costados de la princesa, pero aun así habían quedado a escasos centímetros uno del otro.

Su corazón delató su repentino nerviosismo, de un segundo a otro toda su seguridad se había ido al carajo. Con ella indefensa bajo su cuerpo, observándolo con las mejillas fuertemente sonrojadas y unos ojos vibrantes y claros.

¡¿Por qué demonios lo miraba así?!

Ella dobló sus piernas para intentar acomodarse, pero una de ellas fue a parar entre las de Link, haciendo que su muslo desnudo rozara la entrepierna del chico, quien tembló al sentir como un cosquilleo extraño se elevaba por su columna.

— ¿Link?

El chico comenzó a respirar con algo de dificultad y clavado a sus ojos se acercó otro poco, hasta que las puntas de sus narices se rozaron. La carreta seguía dando saltitos, haciendo que sus cuerpos vibraran al mismo ritmo que los eventos del camino.

Sus maravillosos ojos azules eran enmarcados por aquella pintura rojiza, que bajaba por sus mejillas dibujando algo parecido al ala de una mariposa y sus labios, se veían tan sugerentes con aquel mismo colorcito rojo, como el de una guinda dulce y fresca. Deseaba besarla… necesitaba besarla.

Y sin responder, entrecerró sus ojos y se dejó llevar por aquel sentimiento que había dejado de controlar desde hace mucho.

Sus labios se juntaron en un contacto acelerado, la prisa dejo en evidencia el deseo que despertaba en él tenerla tan cerca. Por un segundo se imaginó recorriendo con su lengua cada marca que ella había trazado por su cuerpo como si fuera un laberinto. En verdad quiso apartar esas locas ideas, pero cada segundo que pasaba sus ensoñaciones se mezclaban con el creciente deseo al escuchar como ella soltaba suspiros anhelantes entre beso y beso. Sus lenguas se enredaron en un juego incitante y los brazos de ella lo atraparon de forma egoísta y posesiva.

— ¿Y eso? —Preguntó ella respirando agitada cuando Link decidió liberar sus labios para tomar algo de aire.

El hyliano volvió a acortar distancia y tras morder suavemente la oreja de su pareja, disfruto de sentir como ella temblaba ligeramente al sentirlo respirar con fuerza contra su oído.

— No puedo seguir manteniendo el sigilo de un sheikah —le susurró sonriendo divertido al recordar que todavía vestía ese atuendo tradicional de los habitantes de Kakariko—. Necesito… sentirte —soltó finalmente con un aire incitante.

Zelda se estremeció al escuchar las excitadas palabras del guerrero, su fuerte respiración seguía chocando contra su cuello y poco después él volvió a recuperar el control besando su piel, dando suaves y provocadores mordiscos de tanto en tanto, consiguiendo que de la boca de la princesa se escaparan gemidos suaves, la dulce melodía que lo incitaba a ir más allá.

Evidentemente había olvidado el lugar donde se encontraban, porque después de un tortuoso recorrido Link volvió a alcanzar la boca de su mujer, quien lo espero ansiosa, demostrándole que aquello que él sentía ya la había contagiado por completo.

Excitados recorrieron el cuerpo del otro con sus manos, frotando las yemas de sus dedos de forma rítmica sobre aquellas zonas donde ahora sabían, algo producían en su pareja. Posiblemente aún podían considerarse unos "primerizos", pero ambos habían grabado a fuego durante sus encuentros aquello que sabían que elevaba aquella erógena sensación en ambos.

Posiblemente hubieran continuado, era obvio que ninguno de los dos deseaba detenerse, pero…

— ¡Pasajeros, hemos llegado a destino!

La voz de Terry levantando la tela gruesa que cubría la carreta los trajo bruscamente a la realidad, y la potente luz de aquel brillante día soleado los encandilo, eliminando aquella oscuridad que había dominado aquel "candente" refugio.

— ¡Mis ojos! —Exclamó Link echándose al suelo tapándose la cara, haciéndose el tonto. Alejándose de la chica tan rápido como aquel "piquero" se lo había permitido.

— ¿Cómo se siente señorita? —Preguntó el muchacho sonriéndole a la joven que aun seguía "echada" sobre las especias exóticas en una posición no muy decorosa—. Parece algo mareada.

— ¡Agua! —exclamó de pronto sentándose de golpe, cerrando las piernas y cubriendo su rostro con su alborotada cabellera para que Terry no pudiera detectar el rojo que ahora reinaba en su rostro— ¡Necesito urgente algo frío… muy frío!

Terry sonrió divertido al ver la extraña escena que protagonizaban los hylianos, no había querido indagar demasiado, pero a su parecer había "algo" sospechoso en la parejita.

— Será un placer —agregó a punto de regresar tras sus pasos—. Por cierto… hemos llegado a Ordon.

— ¿Ordon? —Link se sacó las manos del rostro y observó al vendedor.

¿Por qué demonios estaban en la provincia de Farone?


Esa tarde todo fue extraño, su llegada al poblado no había pasado desapercibida, la verdad es que la carreta de Terry no era el vehículo más discreto que podrían haber encontrado.

Gran parte del pueblo los había rodeado de un segundo a otro, era como si todos hubieran estado esperando la llegada del mercader.

Link iba a bajar, pero la chica lo detuvo antes de que pudiera siquiera asomarse.

— Levantaremos sospechas si me ven vestida así y a ti de sheikah.

— ¿Y qué vamos a hacer? —Le preguntó, no tenían como diablos cambiare para usar algo más normal.

— Veo que están en un dilema.

Nuevamente Terry había aparecido de la nada sobresaltando a los dos fugitivos ocultos en la carreta.

— No somos delincuentes —agregó Link tratando de bajar las aguas, creyendo que el vendedor podría comenzar a asustarse de haberlos ayudado.

Terry sonrió amablemente.

— Les puedo vender a un muy buen precio un bonito conjunto barbárico —les dijo haciendo que ambos chicos se fueran de bruces al suelo al descubrir las verdaderas intenciones del chico—. Un clásico de ermitaños aguerridos, varonil y perfecto para la ocasión.

Definitivamente debieron adivinar que algo así podría salir de la boca del muchacho.

— No creo que eso ayude, Terry —sonrió nerviosa, en verdad no le veía la lógica de salir al pueblo de Ordon vestidos como guerreros de alguna tribu peligrosa.

— Mis viajes son largos —siguió sin darle mayor importancia a la acotación de la muchacha—. A menudo transporto gente de otras regiones. Y por la pinta que tienen las marcas sobre su piel, apostaría que uso una especie de cochinilla o algo parecido para realizarlas —sonrió orgulloso al ver como ella asentía—. Esas marcas no saldrán hasta dentro de uno o dos días, ni el agua ni el jabón van a quitarlas.

— ¿Qué? —Link le dio una rápida mirada a Zelda y notó que las marcas del brazo que él mismo había pasado a llevar al limpiar la herida seguían intactas.

— Es un poderoso pigmento —finalizó Terry—. No existe otro atuendo que haga concordancia con eso que ahora ella usa y ciertamente… —hizo una pausa que dejo sus oyentes en ascuas—. No creo que el héroe del reino y la distinguida princesa de Hyrule quieran ser atrapados en medio de su luna de miel.

Link y Zelda se sonrojaron notoriamente al escuchar sus últimas palabras, notando como Terry sonreía triunfante, era obvio que esa expresión en sus rostros había terminado por delatarlos.

— Desde cuando… —en verdad estaba tan sorprendido que no podía creer lo que acababa de pasar.

— No hay misterios para los ojos experimentados de un antiguo mercader —alardeó ampliando su sonrisa, pero al notar que ellos no captaban el chiste, agregó—. Son las personas más buscadas en todo Hyrule —sacó de entre sus ropas unos afiches con unas pinturas en donde se veían los rostros de Link y Zelda con una pequeña nota abajo que decía "se busca"—. Cuando vi a la señorita lo dude, con el maquillaje y ese atuendo no creí que fuera la misma, pero ustedes acaban de confirmármelo.

Ahora sí que el rey se había pasado.

¿Mandar a hacer carteles para que los encontraran?

— Tienes razón, Terry —habló Zelda fuerte y claro—. Ahora, tú idea no me parece tan descabellada.

Como ella misma lo había dicho, para situaciones extremas, había que tomar medidas extremas. Y este era, claramente uno de esos momentos.

— Es un placer hacer negocios con ustedes —volvió a sonreír al tiempo que se rascaba la nariz.


Después de otra breve conversación, Terry había vuelto a dejarlos solos y tapados en la seguridad de su carreta. Les había dicho que haría una visita al alcalde y que volvería con él para presentarlos.

Zelda esperaba sentada sobre un cofre a que Link se cambiara, había decidido que, para no perder el control, esta vez él se vestiría y esperarían tranquilamente a que llegara el alcalde.

— Listo —anunció sintiendo el rubor sobre sus mejillas. Debía admitir que le era extraño usar algo como eso.

Su traje consistía en un pequeño cubre pectorales de cuero, bastante rustico y lleno de detalles enchapados y sobre los hombros un trozo de piel de algún animal velludo. Sus antebrazos estaban bien protegidos con unas mangas de cuero, protecciones hechas con hueso y atadas con soga de forma bastante rudimentaria. El vientre le quedaba descubierto y su pelvis era cubierta por otro entramado de telas y cueros cortados de manera que cubrieran lo justo y necesario, con un cinturón ancho y lleno de placas y marcas.

— Me gusta —sonrió viendo como el chico cruzaba las piernas algo nervioso. Fue allí, cuando "olvido" el plan original.

Se levantó con algo entre sus manos, era una especie de frasquito, muy pequeño, con una pasta morada en su interior.

— ¿Qué haces? —Preguntó aún más rojo y nervioso al ver como la chica se le acercaba más y más.

¿No se suponía que iban a esperar tranquilos la llegada del alcalde?

— Te falta algo —agregó sonriendo divertida al ver la actitud tan sumisa del guerrero, ni siquiera con ese atuendo podía ocultar su tímida forma de ser—. Déjame ayudarte —le dijo mientras sacaba un poco de pintura con uno de sus dedos y lo apoyaba suavemente sobre el rostro del hyliano, deslizándolo lentamente haciendo un trazo—. Yo me encargaré de las marcas —susurró de forma provocativa junto a su oído.

Link se estremeció al sentirla cerca, respirando suavemente dejando que su aliento cálido chocara contra su oído y luego sus radiantes ojos lo observaran intensamente. Sentía que el azul en ellos era aún más claro siendo enmarcados por esa pintura roja que usaba. Vio, embobado como ella le sonreía, y parecía acariciar sus mejillas mientras dibujaba quien sabe qué cosa, no le interesaba… en ese momento nada podría interesarle menos que descubrir cómo quedaría la pintura de la que en ese instante estaba siendo participe.

Y pronto su cuerpo se transformó en un lienzo, agradecía de sobremanera estar vestido, porque todo en él se había perdido en los movimientos que realizaban las dulces y diestras manos de la hechicera sobre su cuerpo, bajando por sus brazos, subiendo por su cuello. La vio hincarse frente a él manteniendo esa traviesa sonrisa, no estaba seguro de que estaba pensando, le encantaría haber podido leer su mente en ese momento, pero…

— Tranquilo —le dijo al notar que el chico se ponía más y más tenso.

Esto, ahora, formaba parte de una "pequeña" venganza, por lo que había ocurrido antes.

He hincada como estaba, apoyó sus manos sobre las rodillas del chico subiendo lentamente por sus firmes muslos. Viendo con una amplia sonrisa como él cerraba sus ojos con fuerza y apretaba sus puños mientras dejaba de respirar, parecía estar tratando de mantener a toda costa la mente fría, pero ella fue más allá y deslizo una de sus manos por debajo de la tela que cubría sólo una mínima porción de sus piernas deteniéndose justo donde ellas nacían.

— Zelda… detente —le suplicó soltado un gemido involuntario. Acababa de comprender las intenciones de la muchacha, pero ya era demasiado tarde.

— Me falta un poco —agregó con simpleza, subiendo con su mano libre a su vientre dibujando una curiosa pintura en su abdomen, sintiendo como el chico temblaba y contraría su vientre, no sabía si le producía cosquillas o algún otro tipo de sensación.

— Para —le dijo al tiempo que sujetaba su mano con la suya.

Definitivamente ya no podía seguir soportándolo. No quieto e impávido como se había obligado a estar hasta ahora.

Ella lo observó curiosa, pero al notar sus mejillas fuertemente sonrojadas y esa mirada excitada en su rostro no pudo evitar sonrojarse también. De pronto le pareció increíblemente sexy.

Tragó saliva y apartó sus manos del cuerpo de Link, a esa altura había percibido como toda la piel del muchacho había elevado su temperatura.

Link se hincó para quedar a la altura de ella y aún excitado la jaló para besarla, deseando que esta vez nadie los interrumpiera, aunque sabía que eso no podía ser posible.

— Link… calma —le dijo entre besos, pero el chico paso su mano entre sus cabellos, enredando sus dedos, mientras subía de tono ese beso.

Ella había vuelto a comenzar ese jueguito, por tanto, era una locura que ahora tratara de controlar aquello que sabía desencadenaría en el hyliano.

Y entre besos pudo escuchar como alguien se acercaba, no estaba segura si eran dos o tres personas, pero sí pudo distinguir una voz femenina entre el grupo. Se tensó, sabiendo que nuevamente los "pillarían", y empujando al muchacho lo distanció, tomó el cráneo de monstruo que antes había usado en la batalla y se lo planto a él en la cabeza.

— Tenemos que dejar esto para más tarde —le dijo depositando un rápido y fugaz beso sobre sus labios, para luego acomodarse la ropa.

Al segundo siguiente…

— ¡Permiso! —Exclamó Terry alzando la voz y levantando nuevamente la telita para que ingresara la luz—. Aquí están, como le había mencionado… son viajeros y vienen de muy muy lejos.

— ¿Qué tal jóvenes aventureros? —Sonrió un hombre bastante grande, de un bigote chistoso, ataviado de los atuendos típicos de la región—. Soy Bono, el alcalde de Ordon y esta es mi hija, Ilia —sonrió ampliamente empujando a la muchacha para que pasara al frente—. Ella tenía mucha curiosidad por conocerlos.

— Un gusto —Zelda hizo una reverencia, olvidando que ahora no era una princesa y que tampoco parecía una, haciendo que el hombre soltara una risita divertida al ver tan buenos modales en una joven con un aspecto tan aguerrido—. Soy… —se detuvo y miró de reojo Link que aún estaba sonrojado y algo aturdido, pero el casco le venía de maravilla para ocultar ambas cosas—. Soy Linkle y es el Zeil*.

— Es usted toda una belleza —agregó el alcalde extendiendo su mano para que la joven pudiera sostenerse de ella y de esa manera ayudar a bajarla del carro.

Link despabilo al instante e inmediatamente se puso delante de la princesa, tomando la mano de la chica con la suya, consiguiendo de forma muda que ella rechazara la oferta del alcalde.

La joven lo miró extrañada, aquella repentina actitud en él la descoloco un poco.

— Zeil… ¿qué pasa? —Alzó las cejas tratando de mandarle un mensaje al chico.

— Yo te ayudaré a bajar —insistió con una sonrisa amable.

Terry sólo esbozo una alegre mueca, divertido ante la escenita, por suerte con esos atuendos y esos maquillajes nadie podría reconocerlos.

— Es un hermano muy sobreprotector —agregó el alcalde sacando una conclusión errada de la situación—. Me agradas chico, se nota lo mucho que la quieres.

— No ella…

Zelda le pego un pisotón disimulado para se callará y con una sonrisa boba agregó.

— Si… mi "hermano" siempre se comporta así —agregó soltando una risilla nerviosa—. Aún piensa que soy una niña.

Link abrió sus ojos como plato.

¿Por qué demonios tenían que seguirle el juego a ese hombre?

¡¿Ella era su esposa?!

De pronto se vio inmerso en ese nuevo enorme problema, ahora que el líder de la aldea pensaba que eran hermanos…

Sin pensarlo agarró el cráneo sobre su cabeza y lo apartó, quizás esa cosa no lo estaba dejando pensar con claridad.

Ilia observó atentamente al chico, en especial cuando "Zeil", quitó esa cosa de su cabeza y dejo a la vista su cabello claro, que se agitó ligeramente con ese suave meneo que realizó con su cabeza. Sus ojos de un azul profundo cautivaron inmediatamente su atención y aquella amable sonrisa que luego les dedicó al grupo termino por derretirla.

— Lo siento —Se disculpó rascándose la cabeza como acostumbraba a hacerlo—. Mis modales dejan mucho que desear, es un gusto señor alcalde, señorita —Se inclinó ligeramente y arqueó sus labios en una sonrisita nerviosa pero sincera.

"Es él" pensó la muchacha ordoniana al sentir como su corazón se aceleraba y sus manos comenzaban a sudar de los nervios.

Ilia se había "flechado" a primera vista del misterioso "Zeil", el joven bárbaro que venía de una tierra lejana a visitar esta humilde aldea junto a su "hermana".

Continuará…


¡Otra vez! Otra vez me vi obligada a cortar esto XD, es que no sé que diablos, pero los capítulos me quedan monstruosamente largos jajajaja XD eran casi 10000 palabras x0x si es que no más, así que XD no alcancé a llegar a corregir la parte de la bruja jajaja, pero como ya se darán cuenta la cosa se empieza a poner nuevamente peliguda para la parejita de recién casados, en especial ahora que Ilia esta al asecho 9w9 xD. Bueno también en el capítulo que sigue terminaré el lemon que deje a medias en este jajaja X""D la idea era darle un poco de suspenso respecto a eso de la maldición, pero como corte el cap XDDD ahora quedo "demasiado" suspenso jajaja, pero ya en la parte que sigue explicaré eso X""DDD

*Quería agregar que el nombre de Zeil, no me pertenece, se lo he pedido prestado a FoxMcCloude, es el nombre que usa para un oc suyo, hermano de Zelda del que en un par de ocasiones he tenido la oportunidad de hacer unos fan art, y para fines de esta historia Link lo usará para que no descubran su identidad. Como se habrán dado cuenta usé el nombre de la protagonista femenina de HW para Zelda jajaja XD (esto de la falta de imaginación n-nUU)

Quiero agradecer a todos los que siguen esta historia, en verdad les agradezco la paciencia (por mis infinitos retrasos), sus palabras de aliento, el apoyo de tantos años que me he tardado en este fic, en verdad estoy tratando de hacer mi mejor esfuerzo para terminar esta y todas las historias que tenía pendiente X3, además, deseo mandarle un saludo especial a Chinitha Marquez, FoxMcCloude, MexRoxas, IA99, Yahab, ambarlizgh, Maria, Generala y linkzel s, en verdad les agradezco a todos sus palabras de alientos, buenas vibras, energía positiva y :) el que se tomaran el tiempo de leer esta locura X"D

Sin más, me despido :D

¡Saludos a todos!